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Intelectuales. La fascinación estética del fascismo

25 septiembre 2006

fasci.jpg     ¿Hubo una vía estética hacia el fascismo? ¿Hubo una vía estética hacia el falangismo? He acabado de leer La Falange Teórica (Planeta, 2006), de Manuel Penella. Este libro es históricamente correcto, aunque se maneje con una bibliografía  demasiado concisa y aunque al final deje caer alguna conclusión muy desacertada. No es el único, desde luego, que trata este asunto en España: ahí está también el libro de Jordi Gracia… Pero la lectura del volumen de Penella me sirve ahora para recordar, setenta años después del inicio de la Guerra Civil, cómo se formó por la vía estética el fascismo español, cómo se creó la corte literaria de José Antonio Primo de Rivera, cómo un grupo selecto de jóvenes universitarios u obreros, culturalmente mal acomodados, insatisfechos y desazonados con su tiempo, creyeron constituirse en vanguardia de su época frente a la inminencia bolchevique, frente a una realidad cierta o fantaseada de la que sentían su amenaza u hostigamiento. Ya lo sabemos: el fascismo italiano nacía después de la Gran Guerra, con veteranos de difícil regreso, con desempleados, con un movimiento obrero pujante y amenazador… 

“Tanto el fascismo como el nazismo se habían nutrido de grandes contingentes de soldados desmovilizados que, al volver a sus lares, encontraron todo peor que antes, sin ninguna compensación”, nos recuerda Penella. “Muchos de esos hombres, todavía muy jóvenes, se vieron sin ningún horizonte vital y, por lo tanto, en situación de añorar la vida militar (…). Los mismos hombres que habían arrasado las aldeas belgas y francesas, los mismos que habían dejado las calles sembradas de cadáveres y de botellas vacías (…) no se consideraban unos bárbaros. Actuaban por una idea, al amparo de un patriotismo extremo. Esos hombres jóvenes pero ya curtidos en hechos de armas fueron los que sirvieron de fundamento a Musolini y a Hitler”, señala Manuel Penella. 

Los falangistas nacieron en un país que no había tenido nada de eso, cosa que no les impidió forjarse su propia realidad, una poesía entre cursi y grandilocuente que añoraba la Hispanidad, un Imperio a restaurar… Admiraron el coraje de sus colegas italianos, aquellos fascistas uniformados, su escuadrismo, la dialéctica de los puños y las pistolas, la poesía arrebatadora que exalta y que empuja, que eleva y que lleva más allá de la vida muelle del burgués. “José Antonio”, dice Penella, “disfrutaba con el trato de estos escritores” españoles, castellanos viejos, muchos de ellos, que él consiguió atraer a su causa. ¿Por qué razón buscaba la proximidad intelectual? “Porque, a diferencia de su padre, quería sentirse arropado por  los intelectuales”, añade Penella.  

Sin embargo, aunque uniformados y ataviados con correajes y símbolos militares, los falangistas no venían de una guerra; y aunque eran jóvenes la mayoría de ellos no disponían de titulación universitaria: como mucho eran estudiantes en formación que envidiaban a los escuadristas italianos cuando éstos cantaban Giovinezza o exaltaban el cuerpo y el deporte al modo de la culura precristiana. Los falangistas, en cambio, solían ser creyentes, incluso beatos, con un sentido social…, cosa que no les frenó para ejercer la violencia propia de los jóvenes, cosa que no les contuvo a la hora de la represión que impuso el franquismo. Ahora bien, esa limitación –el ser fervientes católicos, a su manera– les salvó de la fiebre más exaltada y, desde luego, su acomodación al régimen de Franco les impidió construir exactamente el Estado totalitario o Imperio como el que soñaron con su retórica enardecida, cuando creían reproducir la poesía exasperada del primer fascismo, aquel que se había inspirado en la elocuencia alegre y combativa del futurismo.  Si abandonamos el falangismo y regresamos al germen del fascismo, podremos apreciar las diferencias doctrinales, algunas de las cosas que comparten estéticamente y, sobre todo, para nuestra sorpresa, el gran número de motivos que el futurismo legó a la cultura de masas de nuestro tiempo.  

El Manifiesto futurista de Filippo Tommasso Marinetti fue, en efecto,  el cimiento de lo que después vendría. Se publicó en Le Figaro el 20 de febrero de 1909. Formado como hombre de Leyes, de orden y de contención, Marinetti se consideró, sin embargo, un creador, alguien dotado para el empeño, para el genio. Fue el suyo el riesgo de la poesía y quiso hacer de la escritura literaria un acto de fundación y de impugnación de lo real. O mejor: quiso enfrentarse a la realidad acomodaticia concibiendo un mentís popular (es decir, antiburgués) y elitista (esto es, vanguardista); quiso pensar un movimiento moderno (vale decir, admirador del progreso técnico) y bárbaro (en otros términos, violento, agresivo).  

Desde 1919, su adhesión al fascismo fue estrecha y sin dudas. Su más célebre contribución a la cultura fascista sería ese temprano Manifiesto, un texto literario fundacional y fundamental del siglo XX. Allí se recogen algunas de las audacias a que se creyeron convocados los futuros fascistas y allí se resumen algunas de las catástrofes estéticas y éticas de la pasada centuria. Nace ese texto en un momento de conciencia decadente, tras la Europa finisecular que se juzga sumida en un declive. Nace en el momento mismo de las vanguardias, cuando la provocación eufórica, el arrojo aristocrático, el repudio de lo burgués –de evidente resonancia nietzscheana– son actitudes que se extienden entre los creadores e intelectuales. En su letra está el tópico de la decadencia, pero está también el vértigo de la velocidad, del porvenir. El progreso no puede frenarse por los patrones contemporizadores: ha de expresarse sin trabas con la tecnología que avanza y nos hace avanzar. Los hombres del futurismo no se arredran, no se contentan con la vida de provincia…  

Queremos cantar el amor al peligro, habituarnos a la energía y a la temeridad, dice el primer punto del Manifiesto. Esa forma de vida, vivir peligrosamente, es la muestra de un coraje, de la audacia, de la rebelión, que es un modo de existir y es a la vez una manera de hacer poesía, hacer de la vida poesía, afirman rotundamente en su segundo punto. Durante mucho tiempo, la literatura se conformó con el sedentarismo creativo, aquel que produce pensamientos inmóviles, aquel que es fruto del éxtasis y del sueño. Ahora, por el contrario, ha de exaltarse el movimiento agresivo que está en el hombre, el desvelo, la fiebre de quien no se acomoda, la carrera, el salto mortal, la bofetada, el puñetazo, añaden.  

Ese movimiento es, además, algo artificial, producido por la máquina, algo que es hermoso en sí mismo. Por eso, como tantas veces se ha repetido, parafraseando a Marinetti, que sí: que un coche de carreras que ruge con su motor de explosión es bello, “más bello que la Victoria de Samotracia”; que un conductor que pilota su automóvil, que guía enérgicamente su volante, es la metáfora misma de la existencia y de la naturaleza, pues ese piloto es como un asta que atraviesa la Tierra, lanzada ella misma a una carrera orbital. Por eso, el poeta es algo así como ese aeronauta que corre sin miedo, con esplendidez, con ardor, con prodigalidad: no se contiene, sino que lucha y de la lucha es de donde surge la belleza.  

Al fin y al cabo, la obra bella no es un producto involuntario o previo o estático, sino fruto de la energía agresiva de quien compone y  rehace por encima de los obstáculos que se le oponen. Por eso, lo más poético es la violencia de quien se enfrenta a lo desconocido para obligarle a postrarse. Pero esto no se dice en abstracto, sino en una centuria de avance, en lo más alto de los siglos, en una época que a la vez derriba los límites del tiempo y del espacio, una época que vive con el vértigo de la velocidad y del empuje.  

Es por eso por lo que la guerra es la máxima expresión de ese brío, de ese coraje, un arresto masculino que desprecia todo utilitarismo, todas blandura femenina, el sedentarismo de los museos y del patrimonio acumulado que ahora nos arrancamos de cuajo. Es ésta una energía que no es sólo la del individuo temerario, sino la de las masas agitadas por la conmoción del trabajo y del placer, ejemplo máximo de esa energía, moderna e industrial: los arsenales y las canteras, las fábricas humeantes, los puentes que se estiran como gimnastas, las locomotoras de acero, los aeroplanos…

Es ésta, en fin, una proclama italiana y mundial, que expresa y exalta una violencia arrolladora, incendiaria, la que ha de extirpar esta “fetida cancrena di professori, d’archeologi, di ciceroni e d’antiquari”. “Noi”, dice Marinetti de la nación, “vogliamo liberarla dagli innumerevoli musei che la coprono tutta di cimiteri”.  

Uf, leo lo anterior, una paráfrasis del Manifiesto, y me impresiono: yo pertenezco a esa gangrena de profesores que se ocupan del pasado, de lo viejo, de lo antiguo, de lo que se acumula en los museos y de lo que se pudre en los osarios de la historia.  Frente a los viejos –dice el futurismo, dirá el fascismo, dirá el falangismo– están esos jóvenes que no temen el riesgo y que aman la velocidad, que se enardecen con la máquina y que quieren hacer compatible la violencia y la creación. Uf, el tema del siglo… 

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28 Responses to “Intelectuales. La fascinación estética del fascismo”

  1. Javi Says:

    Interesante exposición. Parece como si en algún momento Serna sientiera èl mismo fascinación por el fascismo.

  2. Fernández del Río Says:

    Siguen existiendo esos jóvenes. Si no me equivoco en este mismo foro se habló de ellos cuando Justo escribía algo relacionado con el modelo del Neng.
    Lo que ocurre es que esos jóvenes ya no pretenden cambiar el mundo (ya lo ven a su gusto) y ellos y la política tiene bien poco que ofrecerse. Si no fuese por eso tendríamos fascistas a puñados, como los de la Kale Borroka.

  3. Russafa Says:

    Javi, tuve, hace muchos años, un profesor de historia de la política en la Escuela de Turismo. Acabamos el curso y no supimos a qué idea política se aproximaba. Cada idea, cada filosofía la exponía con tal vehemencia y convicción que igual pensabas que era anarquista, como fascista.

  4. Justo Serna Says:

    Por Dios, Javi; por Dios, Russafa: yo creo haber expuesto con vehemencia (no sé si con convicción) parte del ideario estético futurista que luego se asimila en alguna medida en el fascismo. Lo llamativo no es que me fascine a mí, que no es el caso: soy uno de esos profesores que los futuristas querrían mandar al osario. Lo llamativo, en todo caso, es la gran cantidad de corrientes estéticas que se nutren de esas ideas de juventud, energía, maquinismo, corrientes que desdeñan la historia y el patrimonio heredado.

  5. Portnoy Says:

    En un texto de Graciela Paula Caldeiro sobre Apocalípticos e integrados, de Umberto Eco, que se encuentra en aquí, se resume las caracteristicas que, según Eco, reune la estética Kitsch:

    “El kitsch: la estética del mal gusto
    Una de las características de la cultura de masas está basada en la estética kitsch. Este estilo, podría describirse del siguiente modo:

    1. Toma procedimientos de la vanguardia artística, esto es, de las expresiones artísticas más innovadoras, y los “adapta” a un nivel accesible a las grandes masas. Esto es que, simplifica y superficializa la manifestación artística para ampliar las audiencias.

    2. Tales procedemientos son empleados solo cuando las vanguardias se han difundido lo sufienciente hasta ser aceptadas (es decir, cuando dejaron de ser innovadoras), de esta forma, se evita el riesgo de rechazo.

    3. El kitsch busca siempre un efecto inmediato y fácil, para lo cual, apela a los lugares comunes, ésto es imágenes y palabras de reconocida efectividad. De esta forma, recurre a la redundancia, insistiendo con un mismo recurso.

    4. Pretende engañar al consumidor pasando tales productos por manifestaciones artísticas genuinas, cuando en realidad, solo se trata de versiones vulgarizadas.

    5. Como el consumidor cree haber accedido a la cultura, el kitsch cumple una función “tranquilizadora” que desvía el interés por otro tipo de inquietudes.”

    La parafernalia fascista y falangista es decididamente Kitsch. La hibridación de ideas y estilos de distinta procedencia y con la atracción comprobada en otros contextos crea una amalgama que de alguna manera puede ser atractiva, pero lo es sólo por el envoltorio. El contenido es nulo. Como ocurre en la mayoría de las políticas sin ideología lo más sencillo es buscarse un Otro a quien destruir.

    Un saludo

  6. Russafa Says:

    Pordios, pordios que no estoy atacando a nadie.
    Sólo (con tilde) comento un hecho que me llamó la atención. No se trata de convencer a nadie, se trata de explicar una determinada idea, de hacerla visible. Y eso solamente se puede lograr si alguien lo explica con claridad.
    Esa estética no deja de ser fascinante, kisch o no.

  7. jserna Says:

    Tiene toda la razón. Lo sorprendente de dicha estética, más allá de que sea kitsch (que lo es en su versiones más degradadas) , es que informa y conforma muchos modelos contemporáneos, con semejantes motivos, con ‘estilemas’ repetidos. Y esos movimientos no sólo son fascistas…

  8. Miguel Veyrat Says:

    Admirable y objetiva exposición de la estética fascista inspirada en el futurismo, que sin embargo dio algunos grandes pintores y escultores a Italia e inspiró a los futuristas rusos, pero ¿Cuál es la falangista?, ¿Qué dejó la Falange tras su poso como andamio ideológico —y asqueado, como en el caso del condenado a muerte por Franco Manuel Hedilla o como el de los Ridruejos, Laínes y camaradas alejados por otros motivos muy distintos— del franquismo?, ¿Qué estética, qué literatura, qué poemas, como no fueran las malas imitaciones garcilasistas de la revista “Escorial”, dejó aquella alegre y sangrienta muchachada que” no venía de una guerra”, pero que la ansiaba y la obtuvo? Sólo quedan, como inútiles cangrejos polvorientos colgados aún de las fachadas de viejas iglesias rurales, algunos haces de flechas atrapadas por un yugo. Símbolo reivindicado subliminalmente, por cierto, por el risueño alegato de José María Aznar hace unos días en nombre de sus legítimos propietarios, los Reyes Católicos Isabel y Fernando (¡Cuyo espíritu impera!, resonando aún en muchos cráneos hueros del PP)

  9. Ventura Says:

    Estoy de acuerdo con Justo.
    Puede resultar chocante que el fascismo, ese movimiento que hoy en día se identifica con el conservadurismo más rancio, tuviera como aliado en los años 20 no sólo a una corriente intelectual, sino a un movimiento que rechazaba toda herencia del pasado y ocupaba la vanguardia en la época.
    Lo que ocurre, tal vez, es que en España se tiende a identificar fascismo con franquismo, y en mi opinión éstos son dos conceptos muy diferentes: el régimen de Franco fue eminentemente conservador, aliado con la Iglesia y vinculado al tradicionalismo, a diferencia del laico y revolucionario movimiento fascista de Mussolini con el que se aliaron los futuristas.

  10. Miguel Veyrat Says:

    Estoy de acuerdo con usted, amigo Ventura: El régimen de Franco, técnicamente consistió en una dictadura militar a la que quiso añadir el andamiaje civil de la Falange. Y la Falange, que se diferenció por su acendrado catolicismo de los movimientos hitleriano y mussoniliano que quería emular, entre otros aspectos, fue una organización de corte fascista en la teoría y en la práctica.

  11. Fernández del Río Says:

    Franco, como le retrata S.G. Payne, era un zorro gallego, capaz de manipular y utilizar como apoyos tanto a la Falange como a la Iglesia como a los monárquicos, amén de a los militares.
    La Falange fue fruto de su propio tiempo (hoy no habría muchos que la hicieran el caso). Si duró algo más fue por haber sido fagocitada por el regimen del dictador, de ahí que acabara en matrimonio con los otros apoyos franquistas, los obispos por ejemplo.

  12. Miguel Veyrat Says:

    Franco, siento llevarle afectuosamente la contraria, señor Fernández del Río, no era sólo la imagen simpática del zorro gallego —que quizás también lo fuera—, sino el “novio de la muerte”. Si manipuló como Jefe, Caudillo único, Führer, Duce, a todos los grupos que contribuyeron con armas o idelogía a la “Cruzada”, fue a causa del miedo que inspiraba su brutalidad y facilidad de pluma a la hora de dictar sentencias de muerte. No por convencimiento ni llevados a engaño. Sí que hubo grupos que se doblegaron por interés, y porque la única alternativa era el exilio, la cárcel y, sí, la muerte de una u otra forma, civil o violenta. Y por otra parte, ese “matrimonio” del que habla, ¿ no está dándose acaso de nuevo en nuestros días por parte del neofalangismo señoritil de numerosos miembros del Partido Popular? ¿No le suenan a usted a nada personajes como Zaplana, Martínez Pujalte, como el propio Aznar y otros payasiles diputados o activos militantes peperos? Incluído el propio Jiménez Losantos, perfecto jefe de centuria orgánico, porque me niego a considerarle un intelctual.

  13. Despistado Says:

    Incluído el propio Jiménez Losantos, perfecto jefe de centuria orgánico, porque me niego a considerarle un intelctual.

    Mire a ver, Veyrat, que se le escapan las letras y las tildes al desbordársele el odio y eso siempre queda muy feo en un señorito de La Moraleja.

  14. Russafa Says:

    ¡ufff¡ pordios, pongan de nuevo la mosquitera …..

    Hablando de personajes de la historia y falangistas ¿por qué ese señor con bigote antiguo, mirada aviesa y ciertamente bajito – mejor vajito – tiene patente de corso para hablar de la política de su país en los términos que le place? está claro que yo no entiendo de patriotismos, válgamedios.

  15. Miguel Veyrat Says:

    Cuando el dedo señala la luna, el tonto mira el dedo. (Proverbio hindú)

  16. Despistado Says:

    Cuando el dedo señala la luna, el tonto mira el dedo. (Proverbio hindú)

    El proverbio es chino, Veyrat, y, por otra parte, no trata de dedos, repáselo de nuevo a ver si acaba de comprenderlo. Aunque los señoritos de La Moraleja como usted ya sepan adonde mirar antes de que se lo señalen, probablemente porque estén acostumbrados a ser ellos los que dictan hacia donde señalar a la servidumbre, es complicado para los que no son adeptos de la secta y sufren el ostracismo de tan distinguidos grupos sociales, afortunadamente para ambos, saber hacia donde señala el dedo sin antes mirarlo.
    Si acepta un consejo, deje de mirarse el dedo.

  17. Cafeína Says:

    El señor Veyrat ha querido decirte, señor despistado, por si no caíste en la cuenta, que te dejes de digresiones personales y te ciñas al tema. ¿Tanto te molesta lo que se ha dicho hasta ahora de Franco y los falangistas? ¿No serás uno de ellos, emboscado en ese nick tan acertado? ¿Por qué escribes aquí si no te gusta lo que se dice? ¿O no tienes argumentos?

  18. Miguel Veyrat Says:

    Queridos amigos: Hace días, los amigos del blog de Arcadi Espada fueron tan amables que colgaron la reseña que hizo hace mucho Rogelio López Blanco en su revista Ojos de papel (http://www.ojosdepapel.com/show_article.aspx?article_id=2268) de mi novela corta “Paulino y la joven muerte”. Lo sé por el aviso del editor, que lo vió, y que hace un rato me ha llamado para felicitarse conmigo y asombrarse del fuerte tirón de ventas de la novela en la última semana, pues no es del todo lógico ya que lleva en la calle desde 2003. ¿Será por la proximidad de la fecha que mencionas en tu escrito de hoy? ¿Por los miles de lectores dispuestos a leer con que cuenta el blog de Arcadi? En todo caso, gracias amigos: Se trata de una lectura saludable y habéis hecho muy bien en recomendarla.

  19. Ana Serrano Says:

    He entrado hoy varias veces aquí y me voy, me voy porque no soporto ponerme a escribir sobre algo tan patológico, tan nauseabundo como Franco y la Falange. Pero tengo que, en primer lugar, felicitar al Señor Serna por su estupendo artículo y en segundo, al señor Veyrat por la venta repentina, hoy que las novedades literarias duran día y medio, de su libro y por sus palabras, como siempre.

    Y, ya que estoy aquí… Lo más lamentable es que algo tan vulgar, tan pequeñito y mísero haya hecho correr ríos de tinta y elucubrar grandes cerebros. Haya destrozado países y vidas, haya hecho infecta la historia de la humanidad. Y ha sido así aunque no se encuentre explicación a que lo intelectualmente romo y humanamente bellaco, haya tenido el predicamento y el salvaje poder que tuvo la Falange y tuvo Franco y durante ese tiempo infinito en que dejaron a la luminosa España convertida en un páramo terrible.

    José Antonio sabía bien la prisa de los jóvenes. El deseo violento de ser distinto, único. El deseo general y humano de la inmortalidad y lo manejó hábilmente. Ningún esfuerzo intelectual era necesario; no había que llegar al medio de la vida: Una camisa azul remangada, unos gritos unidos y la mirada al frente con la mayor violencia, una violencia lírica y cursi, que llenaba y cumplía los deseos de aquellos chicos que sabían ya que ni a la mitad de las vidas ni en la ancianidad, serían nada porque sabían que eran romos. La violencia extrema de unas hormonas nuevas, reprimidas y nuevas y una cursilería que daba a aquello un aire lírico. Esos chicos eran los mismos, con el pelo muchísimo más obscuro, que los que mataban judíos a destajo para salvar la patria, que era suya porque ellos la estaban haciendo así.

    Franco se aprovechó de todo eso. Se aprovecho de la Iglesia, que lo paseaba bajo palio, cuando no estaba seguro aún de todo su poder. Las primeras fotos del enano psicópata, tras terminar la guerra, aparecen con él con la camisa azul que desterró muy al poco. Una envidia atroz de lo que entonces era un porte hermoso, el de José Antonio, un complejo espantoso por las burlas de, primero sus hermanos, luego sus compañeros de la academia militar, por su escaso tamaño y por su voz castrada, hicieron de él un pozo de rencor, de odio y de deseos de venganza, que cumplió ampliamente. Destrozó, sistemáticamente, todo aquello que no era ni podía ser él.

    Y, esa masa enorme de personas que saben que nunca serán nada, lo que ellos creen que es serlo y a los que Franco y José Antonio prometían la luna, sin siquiera haberla visto nunca reflejada en el agua ni haberla deseado, sólo con la violencia, la sangre y la muerte de todos los que no querían la luna porque preferían seguirla viendo reflejada en el mar.

    El nazismo, Franco, la Falange, nuestra Iglesia católica… todos son lo mismo. Prometen las estrellas, la vida tras la muerte, una vida mejor, una raza perfecta, pero robotizada, prácticamente sin esfuerzo. La aspiración de nuestra época y de épocas cada vez más pretéritas: pintar como Picasso desde el primer día, porque es enormemente fácil, ser experto en comics (a ser posibles fascistas), en vinos y hasta en quesos. Así queremos ser distintos, destacarnos, crecer. Esos monstruos lo sabían y lo utilizaron bien. Utilizaron eso y el infinito rencor del que, desde la ignorancia, llama señorito al que ha tenido la fortuna de nacer con una mente superior y desea mejorar el mundo de los que no han tenido la fortuna de él .Jamás se perdona al que quiere hacer un mundo mejor, al que pone su talento al servicio de los demás.

    La fórmula es sencilla: Se destruye todo atisbo de talento; se enardece a la masa y se siembra el terror.

    Lo siento, es seguro que he escrito algo caótico, que faltarán comas o quizás haya de más. Mi ira es demasiada y es algo que sí que no perdono, esa ira espantosa que despiertan en mí, que soy pacífica, la envidia, el crimen y el rencor.

  20. Miguel Veyrat Says:

    Bien, Ana; no es nada caótico, sólo apasionado. Con toda razón.

  21. marpop Says:

    Sólo quiero hacer un breve comentario: a pesar de lo que fueron lso futuristas, hay que reconocer que hicieron buen cine de vanguardia, aunque no se implicaran del todo y fuera más bien como propaganda, pero creo que es un aspecto a resaltar, al igual que el surrealismo, dadaísmo…tb hicieron su cinematografía, dejando vivible ese amor a lo tecnológico y las formas novedosas entonces…

  22. Pakithor Says:

    Creo que no debemos dejar de lado la fascinación que produce el franquismo en la intelectualidad patria de izquierdas -incluidos los Bardem-, sobre todo desde que Rodríguez lo ha puesto de moda.

    Saludos.

  23. Ana Serrano Says:

    Ah, y ¿Sería posible que alguno de los virus que pueblan éste foro, además de lanzar loas a sus ídolos y dedicarse a buscar, desesperadamente, por todos los buscadores de la red, artículos que demuestren que los rojos de aquí fueron tan azules como ellos en algún momento de sus vidas, argumentaran mínimamente sus teorías? ¿Sería posible que dejaran el infantil: “Pues anda que tú” o el “tú más”? Como dice nuestra nueva amiga Cafeína, no tienen argumentos.

    Da hasta pena comprobar la vergüenza que sienten de sí mismos. Les ocurre como a los chicos que beben y que fuman, que se empeñan en que lo hagan todos, como si así, al ser todos, dejara de ser malo o mal visto. Todos hemos tenido que ser flechas o franquistas y así la cosa cambia. Y, de no haberlo sido, entonces citamos mal, no leemos bien, no sabemos escribir o somos señoritos. No es serio, ni pinta nada aquí.

    Los malditos rojos, a ser perfectos, intachables y con nombres y apellidos; ellos no. Ellos bien escondidos (menuda vergüenza si se sabe que soy yo). ¿Por qué? me parece que a la vista está.

  24. Cafeína Says:

    Gracias por la bienvenida, amiga. No, creo que lo más grave de esas descalificaciones “ad hominem”, como diría el cursi purista despistado ese, empeñado en corregir hasta las erratas en un medio en el que se escribe a todo meter, es el tipo de avisos mafiosos que difunden, tipo “sabemos quién eres y dónde vives”. Eso sólo revela la cobardía de alguien que no emplea argumentos sino insultos contra alguien que tiene la gallardía de sus propias opiniones manifestadas con nombres y apellidos. Está bien emplear un nick, da libertad, y yo lo uso. Pero no para tirar piedras y esconder la mano. Sobre todo cuando las dianas están tan bien iluminadas, tan claras como sus argumentos. ¿Qué le pasa a ese que no está tan despistado como quiere hacer creer, pues conoce tantos datos biográficos de la gente a la que odia? ¿Es policía? ¿o una simple cotilla de bata guatiné y bolsa de la compra?

  25. Miguel Veyrat Says:

    De acuerdo totalmente con Marpop, los futuristas no sólo hicieron buen cine sino arte plástica y sobre todo literatura, en cuyas propuestas estéticas — procedentes por cierto de algunos poetas del movimiento “Dada” como Alfred Jarry su su “patafísica”—, fueron seguidos por el nutrido grupo de poetas rusos en torno a Alexandra Kolontai, encabezados por el gran Mayakovsy que se suicidó en 1930, y también en Portugal por el no menos grande Fernando Pessoa (que difundió el Manifiesto Futurista en su revista Orpheu). El futurismo, que alcanzó su máxima expansión en los años 20, fue extinguiéndose paulatinamente hasta extinguirse en los cuarenta en que algunos escritores netamente fascistas españoles, sí, tomaron un relevo netamente emprobrecido llamado “Ultraísmo” y que pretendió constituír, en un momento dado, un movimiento de vanguardia dentro del Régimen. Los principales exponentes españoles del futurismo y que motivan sobradamente la argumentación de Justo Serna, fueron Ernesto Giménez Caballero y Ramón Gómez de la Serna. En Cataluña, Joan Salvat-Papasseit.

  26. Miguel Veyrat Says:

    Por supuesto, no es Mayakovsy sino Mayakovsky o Maiakovsky, como también se escribe. Valga la corrección, no sea que acabe recibiendo un palmetazo del primer Domine Cabra que pase por aquí.

  27. Gelmirez Says:

    Pío Cabanillas Alonso….¿Ficha por Acciona?


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