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El mal político

24 enero 2007

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1. Si reparan en el epígrafe que encabeza, advertirán su ambigüedad: puede leerse como la maldad política o como el político malo. Es decir, hay una perversidad en la gestión, en la representación, en la dirección, en la dominación; y hay mandatarios que son pésimos políticos porque obran el mal o porque, simplemente, son unos ineptos. Leía estos días En el búnker con Hitler, de Bernd Freytag von Loringhoven, un texto del que he escrito una reseña para Posdata (Levante-EMV) y que aparecerá este mismo viernes. Es un libro interesante que, a la vez, desazona. Pero no por el tema que trata (el nazismo en su estado terminal), sino por la inconsciencia y la ceguera a las que voluntariamente se sometió Von Loringhoven mientras fue oficial de la Wehrmacht: mientras estuvo con Hitler en el búnker. En estas memorias escritas varias décadas después y publicadas originariamente en 2005, no hay una página de reflexión profunda sobre el antisemitismo, sobre el exterminio: sólo sobre la experiencia de la guerra.

“Es difícil admitirlo hoy en día, en la era de la libertad de opinión y de la información globalizada”, dice el autor, “pero por razones relacionadas con la naturaleza del régimen y de las operaciones llevadas a cabo, nunca se mencionaron en esas reuniones los campos de concentración ni el destino trágico de los judíos. Hasta el final de la guerra, desconocía los nombres de los campos de exterminio. No tenía ni la menor idea del sistema creado para exterminar a los judíos”, concluye. ¿Creíble? ¿No tenía pista alguna sobre el desarrollo criminal del antisemitismo?

Von Loringhoven era un militar especializado, un técnico al servicio de los intereses bélicos de su patria, dice. Esa convicción le permitió no ver exactamente qué régimen era al que se sometía  como soldado. ¿Cometió crímenes? No. Y si pudo salir con vida del búnker fue precisamente por haber sido eso: un especialista en información bélica, información  que debía plasmar en los mapas de la contienda. Pregunto otra vez: ¿resulta creíble la protesta de ignorancia sobre el exterminio hecha por un oficial del búnker, que además había guerreado en Rusia? “La terrible experiencia de la guerra, de la dictadura nazi y del Holocausto forma parte de nuestra historia”, dice ahora. “El recuerdo lúcido del pasado no debe conducir a las generaciones futuras a un mea culpa generalizado y permanente, pero forma parte de una obligación de vigilancia”, leemos en su última página.

Produce malestar esta declaración aparentemente sensata, pues el hecho de que los germanos de hoy no deban lacerarse sin fin no excluye el mea culpa de los alemanes de ayer. Y  Von Loringhoven es un alemán de ayer: alguien que debe acarrear la ignominia de haber servido sin mayor malestar a un régimen criminal. Desde luego no son sólo los alemanes quienes deben disculparse: hay en la historia europea una larga nómina de ciudadanos que se han desentendido  y que han acrecentado el mal político con su silencio o dejación. Sin embargo, incomoda muchísimo que Von Loringhoven diga de Hitler que “era cualquier cosa menos un loco”, pues “poseía unas dotes intelectuales admirables y un agudo sentido de las relaciones interpersonales”. Incomoda esa afirmación porque no muestra la banalidad del mal (al modo de Hannah Arendt):  pregona el respeto que el líder carismático despierta en sus subordinados.

Pero Hitler era normal y diabólico a un tiempo, un tipo que supo domeñar a todo un país con el fervor de sus conquistas, con las promesas de un espacio vital: un gran empeño militar que los generales y los oficiales alemanes suscribieron básicamente sin oponerse. Ahora bien, lo que llama la atención en dicho libro no es ese dictamen que el autor maquilla, sino la pésima dirección de la guerra que Hitler asumió sin que los estrategas le frenaran. Hay una página en el volumen de Von Loringhoven que vale por todas. Es aquella en la que nos habla del apego que el dictador tenía por los mapas, como dato aproximado, pero fantasioso, de lo irreal. Ese hecho hace más incomprensible el silencio de los generales durante años de ignominia y hace más explícito lo que es un mal político, un pésimo gobernante. Permítanme reproducirla, con la apostilla final que más adelante incluye el autor. 

“Los mapas ilustran  hasta el absurdo la forma en que Hitler ejercía el poder. El Führer había abandonado el ámbito vital de la política para consagrarse a las labores del mando militar. Los mapas respondían a su obsesión por el detalle y le permitían implicarse en las decisiones tácticas más insignificantes, ya que Hitler daba órdenes de desplazamientos de tropas, de ofensivas y de movimientos a escala de batallón o de compañía. Esas órdenes habían de ser comunicadas inmediatamente a los puestos de mando correspondientes para su ejecución. Este procedimiento provocaban un gran descontento en la base, entre los comandantes y la tropa. Sobre el terreno, por desgracia, los soldados pagaron con sus vidas. 

“Los mapas dibujados minuciosamente, con las indicaciones de cuerpos de ejército, divisiones y otras formaciones señaladas por pequeñas banderas, alimentaban la ilusión sobre las posibilidades reales del ejército alemán. Al mirarlos, cabía pensar que esas líneas continuas correspondían a divisiones con tropas plenamente operativas. Quienes conocían la dura realidad del frente sabían que esos mapas cuidadosamente trazados no eran más que un simulacro (…). El Führer se obstinaba en realizar sus propios análisis, arrastrado por la magia de los dibujos representados en los mapas…

“Inclinado sobre la mesa de los mapas, el Führer se perdía en conjeturas, desplazaba ejércitos y divisiones que no existían y daba unas órdenes inaplicables que cada vez éramos más incapaces de transmitir”, concluye. 

Un mal político es aquel que se deja llevar por la convicción, por la quimera, desatendiendo lo que le contraría. ¿Cómo es posible que generales bien informados dejaran hacer, dejaran pasar, a un mal estratega como Hitler? El mandatario erróneo o diabólico agranda los males del mundo, preferentemente esa parte del mundo que le es más cercana. Pésimo estratega, mal político. Insisto: ¿cómo es posible? El libro de Von Loringhoven no lo aclara.  

2. Atención. Presentación. Jueves, 25 de enero, a las 19 horas, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, se presenta Diario de un burgués. El acto contará con los editores, con uno de los autores (Justo Serna) y sobre todo y principalmente con la presencia de Antonio Muñoz Molina. No se lo pierdan.

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 3. Crónica, por Ana Serrano 

En la llamada Sala Nueva del Círculo de Bellas Artes de Madrid, se ha presentado hoy el hermosísimo libro de Justo Serna y Anaclet Pons, Diario de un Burgués. La Europa del siglo XIX vista por un valenciano distinguido

Edición cuidadosa y preciosa, tanto por la encuadernación en magnífica tapa dura y estupendo cosido, con tejuelo de tela y perfecto chiflado de guardas, como por el papel, por las cuidadas y magníficas ilustraciones y su impresión a doble columna, al tenerlo en la mano, casi podría decirse de él que es uno de esos llamados libro objeto, lo que se ha dado en llamar libro para regalo y regalo precioso, preciosísimo, a fé mía, pero no, no es sólo un libro de regalo, es un libro de consulta, erudito y magnífico, escrito por dos historiadores prestigiosos y serios, de criterios modernos y científicos que nos llevan de la mano, de modo ameno y singular, por la vida, las costumbres, los hechos y modos del siglo XIX, por medio de un diario que encontraron, de manera fortuita, de un burgués valenciano que, mejor que nada, les ha ayudado a colocarnos en ese tiempo. Hasta el lenguaje, naturalmente, nos ayuda a entender esa época de la que procedemos y de la que ya no queda nada, hasta habiendo hecho casi necesaria, para los más jóvenes, una guía de palabras en desuso a pie de página.

Ningún historiador, ningún escritor de la época, con una sola palabra, podría colocarnos del modo en que lo hace el burgués en su tiempo, porque ningún escritor profesional de la época hubiera utilizado una palabra, que sin ser vulgar, era, sobre todo de uso doméstico. Cito de memoria: “Fuimos al iluminador de fotografías…” y, de pronto, el recuerdo. Mi abuelo me contaba que iban a hacerse foto y, pocos días después, iban al “iluminador” para que colorease (iluminase) las mejores, para que viera su color y le dijeran el de las ropas. “Iluminador”. Un acierto rotundo basarse en el diario del burgués para escribir su libro de historia y de viajes.

Pero no quería yo hacer crítica del libro, que no es lo mío, quería contar que hace tiempo que entro en este blog de Justo Serna, por el que siento un gran afecto y profunda admiración  y que me avisó de este acto, al que he ido contenta.

En la Sala Nueva, unas veinte personas, han asistido entusiasmadas a las palabras del editor, de Antonio Muñoz Molina y de Justo Serna, en un acto sencillo y estupendo. He de advertir rápidamente, que en Madrid estábamos ésta tarde a 2º y con viento y, del mismo modo que, con varios bajo cero, cientos de personas son capaces de estar a la intemperie viendo correr a unos millonarios tras una pelota, para la presentación de un libro de historia y de autores valencianos, veinte son un tropel.

El editor, Juan Lagardera, nos ha dicho del porqué y del cómo de la colección, de la edición y del libro, con una modestia encomiable y colocándose en un segundo término muy poquito frecuente en editores. Ha presentado a Antonio Muñoz Molina como a un gigante de las letras y ese escritor, del que acaba de decirme un amigo, con un símil jocoso, que es la estrella de las letras españolas y que con Javier Marías forma el Dúo Dinámico de las mismas, en un tono pausado y agradable, sin leer más que una cita literal del libro (ninguno de los tres ha leído y eso se agradece muchísimo) y con la sencillez característica de los grandes, nos ha explicado que estábamos casi frente a una novela, pero que no, que al final, un hijo del burgués muere y “ya está”. Esto es una característica de un diario, de la historia. Ha muerto y no pasa nada más. No volvemos a saber nada de Paquito, porque el hombre no debió de llagar a nada en la vida. En una novela habríamos tenido toda la información, porque es tramposa y el autor crea la mentira.

Compara el libro con alguno de los maravilloso de viajes de Eça de Queirós y se ha congratulado de tener historiadores como Serna y Pons, recordando su época de estudiante de historia en que todo era “intragable” y se estudiaba terminología, lo que él compensaba leyendo a historiadores anglosajones. No había en la historia de su época personajes, sólo la figura del tirano porque se negaba la realidad del individuo. Después, dice, aparece algo que pretendía hacer de la historia algo próximo y que es igualmente tóxico: la novela histórica.

“El conocimiento de la realidad siempre es preferible al delirio” y ha afirmado que ese delirio y ese falseamiento de la Historia que todos los tiranos han practicado, dificulta muchísimo la labor del historiador riguroso y científico.

Ha terminado diciendo que el trabajo de este libro supone una labor ética encomiable y que continúa una larga tradición, la de escribir la historia con el máximo rigor y que es falso el dicho popular de que un libro de historia es bueno porque se lee como una novela. “Eso es una tontería. La realidad es que hay novelas tan buenas que se leen como si fueran un libro de historia”.

Como detalle curioso, ha dicho, en su tono mesurado y discretísim, que a él le dan miedo los daguerrotipos, con esa inquietante sensación de realidad que dan, de realidad imposible ya hoy.

Y ha tomado la palabra Justo Serna y lo ha hecho de modo realmente ameno y grato, con la desenvoltura que da estar acostumbrado a hablar de modo claro y ameno a un montón de discípulos que seguro que no es que les de miedo un daguerrotipo, por real e imposible, por veraz y distante, es que seguro que no tienen ni idea de qué es un daguerrotipo. Con voz firme y muy clara y expresión sonriente y amable, nos ha dado el porqué de éste libro, concebido para demostrar cómo en siglos anteriores, se podía viajar desde Valencia hacia el resto del mundo y de sus lecturas, para ello, de libros entendidos como de viajes, como La Muerte en Venecia, o las Cartas de viaje, de Freud, porque en ambos se siente identificado en la búsqueda de la belleza, del arte, de la luz del Sur… Un libro de viajes y un libro de burgués. Un burgués siempre era vilipendiado, nos ha dicho, por la izquierda, mientras, curiosamente, Marx y Engels los consideraban precursores de cambios y de avances.

El burgués invierte en su preparación, quiere mejorar y lograr algo que Serna nos ha explicado minucioso lo que era en el XIX, el confort. Va, sobre todo, a Londres y a París y “no se pierde nada”. Disfruta de todas las novedades: el ferrocarril, la iluminación por gas, el agua potable canalizada. También viaja por negocios. El burgués José Inocencio de Llano y White se formó viajando de 1842 a 1895 y haciendo lo que Eça de Queirós dice que ya nadie hace: dedicar mucho dinero y tiempo a cultivarse.

Ha hecho hincapié minucioso en que han procurado que la conjetura estuviera bien señalada en su intento de reconstruir un modo y un concepto de vida que desapareció por completo con la Primera Guerra Mundial y lo han hecho de modo asequible para todos. Afirma que los historiadores suelen escribir para sus iguales, aunque nadie los entienda y en tono encantadoramente próximo, nos ha contado que su padre, un lector exhaustivo e incansable, no leía sus libros, o los comenzaba y los dejaba, pero no les entendía, aunque le jaleaba. Este libro sí lo ha leído y ha sentido la felicidad de entenderlo. Para mi padre y para las personas como mi padre, he escrito mi parte de éste libro.

Realmente un acto estupendo presidido por el talento, por los ojos profundamente inteligentes y tristes de Antonio Muñoz Molina y los ojos profundamente inteligentes y alegres de Justo Serna.

Gracias.

P. S. Lo de las cañas no lo cuento. Haber ido.
4. Monigote, blanco y negro (26 de enero de 2007).

Dedicado a Ana Serrano y a Miguel Veyrat…

Quisiera agradecer a Ana Serrano su magnífica y generosa crónica del acto, sus amables calificaciones… Quisiera agradecer a Miguel Veyrat su cariñosa anotación, su presencia estimulante en el acto de ayer en Madrid. Cómo es posible que yo haya tardado cuarenta y tantos años en conocer a esta persona que idolatré cuando era corresponsal de TVE en París. La tarde de ayer era imposible, pero la presencia de ambos (y de otros amigos) caldeó el acto. Hoy, cuando regresaba de Madrid en el Alaris, he visto nieve, mucha nieve. Como obsequio a ambos y como presente a los amables lectores de esta bitácora les regaló con el muñeco de Monigote: un monstruito de nieve hecho por el siempre comedido Víctor Serna. Ustedes se lo merecen. Lo pueden encontrar aquí abajo.monigotenieve.jpg 

 

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20 Responses to “El mal político”

  1. Toni Says:

    Me parece interesante la radiografia del mal politico. En Hitler o en cualquier otro dictador. Son politicos de muchos “principios”: Saludos.

  2. Juan Moreno Says:

    Hacer converger hacia una sola persona la responsabilidad del genocidio nazi es intentar enmascarar la nuestra tras la figura del general Franco.

    Así han desaparecido de la Historia la mayoría de los colaboradores franquistas que fuímos millones de conciudadanos.


  3. Me ha parecido muy interesante tu reflexión, te invito a leer mi blog, por que trata también de aquellos valores que son muy necesarios en política.

  4. jserna Says:

    Me parece igualmente interesante su bitácora: tiene aspectos con los que coincido y otros con los que discrepo. De todos modos, la tengo que leer con detalle… Merece una atención cuidadosa en tiempos de penuria analítica. Le felicito por la reflexión que promueve. Ya le diré.

  5. Kant Says:

    Me asusta ser la voz discordante en un coro de evidencias, pero voy a serlo. Tal vez por el hartazgo que conlleva el planteamiento maniqueísta del pasado imperialista europeo. No seré yo quien rompa una lanza a favor de Hitler, pero sí lo haré a favor de la cordura, la consciencia y la crítica. La “maldad hitleriana” independientemente de la razón abrumadora de Juan Moreno – que por demás, suscribo – no supone la “pulcra bondad” de sus enemigos. De todos sus enemigos. Eso incluye, además de Stalin y la URSS represiva (hasta del comunismo), a las autotitulados democracias occidentales. Hablamos de Hitler y se nos olvida que estamos hablando de las potencias colonialistas que sojuzgan continentes enteros, con políticas racistas (en ¡1968! fue cuando se aprobó la Ley de Derechos Civiles en EUA) y de higiene racial sobre los minusválidos (esterilización, aborto, experimentación médica… desde los años 20 en EUA y Gran Bretaña, creando los modelos que el nazismo se limita a copiar) absolutamente patentes, con crímenes de guerra, cuando menos, tan obscenos como los que se acusa al nazismo (campos de concentración para minorías raciales, ausencia de defensa jurídica para civiles alemanes, italianos y japoneses en territorio aliado, bombardeos indiscriminados y masivos [con más muertos civiles alemanes que los que estos provocaron a los aliados occidentales], violación reiterada del Tratado de Ginebra, limpieza étnica TRAS las guerra en Posnania, Prusia Oriental, Sudetes, Brandemburgo Este, Alsacia y Lorena…). ¿Seguimos?
    Va a ser bastante difícil que entendamos ese pasado y las consecuencias que podemos extraer de él si el planteamiento es que “hubo un señor muy malo, muy malo, muy malo, que además era bajito, estaba loco y era medio tonto, que engañó a toda Alemania para llevarla a una guerra vil contra los países de la igualdad, la libertad y la fraternidad”. Va ser bastante difícil entender quien es el buen y el mal político si sólo alcanzamos a ver la historia desde apriorismos de buenos y malos. O entendemos que “hasta el lobo tiene sus razones” (Francisco de Asís, dixit) o no habremos dado un paso adelante desde el infantilismo mental preilustrado más lerdo.

  6. jserna Says:

    Tiempo atrás hablé en este blog de la desoladora experiencia del Imperio británico en prácticas crueles de violencia que avanzaron lo que después sistematizaría el nazismo. Enzo Traverso lo explica breve y admirablemente en su libro ‘La violencia nazi’.

    http://blogs.epi.es/jserna/2006/12/18/genocidios-lean-y-vean/

    Pero que esto sea así no empaña la admiración que sentimos por lo mejor de Occidente: la Ilustración. Creo que en eso también es posible coincidir, ¿no, señor Kant?

  7. Gertraud Tilemann Says:

    \”Un mal político es aquel que se deja llevar por la convicción, por la quimera, desatendiendo lo que le contraría. ¿Cómo es posible que generales bien informados dejaran hacer, dejaran pasar, a un mal estratega como Hitler? El mandatario erróneo o diabólico agranda los males del mundo, preferentemente esa parte del mundo que le es más cercana. Pésimo estratega, mal político. Insisto: ¿cómo es posible? El libro de Von Loringhoven no lo aclara.”

    Muchos historiadores, que usted conoce mucho mejor que yo, miles de supervivientes, de víctimas… han explicado eso que parece inexplicable ¿Cómo es posible? Que yo sepa, hubo dos grupos con distintas razones y un mismo resultado, el hacer posible ese disparate. Hitler no sería un loco, pero produjo en muchos, en muchísimos, una especie de locura colectiva que hacía acatar sus órdenes fueran las que fueran; una ceguera y una admiración fuera de todo límite (ese efecto no lo produjo Franco o en mínima medida); el resto, los que estaban bien informados ¿Cómo iban a contradecirle? Sabe usted bien lo que suponía contradecir al Führer, Justo.

    Hoy se ha dado en llamar “colaboracionistas” a los que soportaron a Franco durante décadas ¿Había otra alternativa para los que no estaban bajo tierra o en el exilio? Los tiranos demuestran su poder de muchos modos y creerse capacitado para todo, hasta para explicar estrategia a militares profesionales, es una característica de la personalidad narcisista. Al comienzo, se rodean de expertos que los aconsejan adulándolos y les hacen creer suyo lo que les dictan. Al fin, ya llegan al delirio de no necesitar a nadie, son dioses y los dioses lo pueden todo, entre otras cosas, decidir sobre la vida y la muerte de los demás, así no es que sea posible que le dejaran hacer, es que es lo normal. Modestamente creo.

    Hasta mañana, Justo. Iré al Círculo a su presentación y, si me lo permite, la contaré aquí. Feliz día.

  8. jserna Says:

    Gracias, Gertraud.

  9. Kant Says:

    Coincidimos, coincidimos en la admiración por la Ilustración. ¿Coincidamos también en su actual crisis? Me preocupa especialmente la desintegración del pensamiento crítico y la consecuente disolución de la praxis compleja que conlleva. En el caso que nos atañe, entiendo que nos señale, con el dedo del libro de von Loringhoven, la luna de la cualidad política pero me crispó tener como punto de partida la consideración de Hitler como un necio.

    No se la achaco a usted, faltaría más don Justo, es que desde hace un par de años, cuando se comenzó a revindicarse “otro” Hitler en círculos no nazis, la única reacción intelectual (?) que hubo – y sigue habiendo – fue la del tremendismo milenarista y la chanza disparatada. O sea, lo de siempre. Y lo de siempre es (1) aislar a Hitler del nazismo, presentándolo como una Gorgona despótica a la que sólo cabía obedecer; (2) aislar el nazismo de los alemanes, presentándolo como una medusa infiltrada a la que, claro, también cabía sólo obedecer, (3) aislar a los alemanes del resto de occidente, deformando hasta la caricatura más soez, a un pueblo europeo, ni mejor ni peor que otro cualquiera y, por ende, digno de un mínimo respeto. (4) usar la compasión y la risa como únicos instrumentos de crítica (?) Y (5), finalmente, presentar al resto de occidente cual Perseo victorioso, limpio de mácula, que, con decapitar la Gorgona zanja y resuelve el problema.

    En fin, que la cuestión del sistema represivo nazi se aleja y aleja de la realidad cotidiana de occidente, se extraña de él, de su sociedad y su política, como si fuera algo trágicamente anecdótico, anómalo, extraordinario e irrepetible, producto, a fin de cuentas, de un solo individuo que, en el colmo de la paradoja, se nos presenta como un demente, torpe, incapaz y fanático. ¡Por todos los Dioses! ¿qué estamos diciendo? ¿qué por obra de biribirloque un fantoche, él solo, sin el concurso de nadie más – tanto en el lado alemán como en “el otro” – fue capaz de provocar la más grande conmoción que han visto los siglos? No podemos seguir manteniendo semejante despropósito. La repulsión al sistema democrático, el desprecio al estado de derecho, los intereses económicos desmedidos, la ideología bastarda de la propia, querida, Ilustración, el miedo de los críticos cuando debían criticar, el triunfo de la irracionalidad y la violencia (por cierto, NO estoy hablando de la España actual ni del Partido Popular) son las aguas en las que Hitler, arropado por unos medios de comunicación instrumentalizados (gracias, Goebles), por unos grupos empresariales depredadores, intelectuales orgánicos bien apesebrados, sindicatos corruptos, partidos personalistas y ensoñaciones imperiales (insisto, que no hablo de la España de hoy), llega al poder… democráticamente, no lo olvidemos. Eso me preocupa, don Justo.

  10. jserna Says:

    Le agradezco, admirado Kant, las precisiones tan oportunas que hace. Yo nunca he pensado que el mal radical que representa Hitler se reduzca a él.Hay –como dijo Goldhagen– verdugos voluntarios que participaron o que no quisieron ver lo que Alemania en particular estaba edificando: un régimen de exterminio. Hay, por supuesto, otros casos. Ahora, si me permite, admirable Kant, he de dejarle: me voy a Madrid a presentar ‘Diario de un burgués’ (con Muñoz Molina). Mañana le prometo continuar este interesante debate. Mañana, además, se publicará en ‘Levante-EMV’ mi reseña sobre este libro…

    Abrazos ilustrados…

  11. Ana Serrano Says:

    Crónica, por Ana Serrano 

    En la llamada Sala Nueva del Círculo de Bellas Artes de Madrid, se ha presentado hoy el hermosísimo libro de Justo Serna y Anaclet Pons, Diario de un Burgués. La Europa del siglo XIX vista por un valenciano distinguido

    Edición cuidadosa y preciosa, tanto por la encuadernación en magnífica tapa dura y estupendo cosido, con tejuelo de tela y perfecto chiflado de guardas, como por el papel, por las cuidadas y magníficas ilustraciones y su impresión a doble columna, al tenerlo en la mano, casi podría decirse de él que es uno de esos llamados libro objeto, lo que se ha dado en llamar libro para regalo y regalo precioso, preciosísimo, a fé mía, pero no, no es sólo un libro de regalo, es un libro de consulta, erudito y magnífico, escrito por dos historiadores prestigiosos y serios, de criterios modernos y científicos que nos llevan de la mano, de modo ameno y singular, por la vida, las costumbres, los hechos y modos del siglo XIX, por medio de un diario que encontraron, de manera fortuita, de un burgués valenciano que, mejor que nada, les ha ayudado a colocarnos en ese tiempo. Hasta el lenguaje, naturalmente, nos ayuda a entender esa época de la que procedemos y de la que ya no queda nada, hasta habiendo hecho casi necesaria, para los más jóvenes, una guía de palabras en desuso a pie de página.

    Ningún historiador, ningún escritor de la época, con una sola palabra, podría colocarnos del modo en que lo hace el burgués en su tiempo, porque ningún escritor profesional de la época hubiera utilizado una palabra, que sin ser vulgar, era, sobre todo de uso doméstico. Cito de memoria: “Fuimos al iluminador de fotografías…” y, de pronto, el recuerdo. Mi abuelo me contaba que iban a hacerse foto y, pocos días después, iban al “iluminador” para que colorease (iluminase) las mejores, para que viera su color y le dijeran el de las ropas. “Iluminador”. Un acierto rotundo basarse en el diario del burgués para escribir su libro de historia y de viajes.

    Pero no quería yo hacer crítica del libro, que no es lo mío, quería contar que hace tiempo que entro en este blog de Justo Serna, por el que siento un gran afecto y profunda admiración  y que me avisó de este acto, al que he ido contenta.

    En la Sala Nueva, unas veinte personas, han asistido entusiasmadas a las palabras del editor, de Antonio Muñoz Molina y de Justo Serna, en un acto sencillo y estupendo. He de advertir rápidamente, que en Madrid estábamos ésta tarde a 2º y con viento y, del mismo modo que, con varios bajo cero, cientos de personas son capaces de estar a la intemperie viendo correr a unos millonarios tras una pelota, para la presentación de un libro de historia y de autores valencianos, veinte son un tropel.

    El editor, Juan Lagardera, nos ha dicho del porqué y del cómo de la colección, de la edición y del libro, con una modestia encomiable y colocándose en un segundo término muy poquito frecuente en editores. Ha presentado a Antonio Muñoz Molina como a un gigante de las letras y ese escritor, del que acaba de decirme un amigo, con un símil jocoso, que es la estrella de las letras españolas y que con Javier Marías forma el Dúo Dinámico de las mismas, en un tono pausado y agradable, sin leer más que una cita literal del libro (ninguno de los tres ha leído y eso se agradece muchísimo) y con la sencillez característica de los grandes, nos ha explicado que estábamos casi frente a una novela, pero que no, que al final, un hijo del burgués muere y “ya está”. Esto es una característica de un diario, de la historia. Ha muerto y no pasa nada más. No volvemos a saber nada de Paquito, porque el hombre no debió de llagar a nada en la vida. En una novela habríamos tenido toda la información, porque es tramposa y el autor crea la mentira.

    Compara el libro con alguno de los maravilloso de viajes de Eça de Queirós y se ha congratulado de tener historiadores como Serna y Pons, recordando su época de estudiante de historia en que todo era “intragable” y se estudiaba terminología, lo que él compensaba leyendo a historiadores anglosajones. No había en la historia de su época personajes, sólo la figura del tirano porque se negaba la realidad del individuo. Después, dice, aparece algo que pretendía hacer de la historia algo próximo y que es igualmente tóxico: la novela histórica.

    “El conocimiento de la realidad siempre es preferible al delirio” y ha afirmado que ese delirio y ese falseamiento de la Historia que todos los tiranos han practicado, dificulta muchísimo la labor del historiador riguroso y científico.

    Ha terminado diciendo que el trabajo de este libro supone una labor ética encomiable y que continúa una larga tradición, la de escribir la historia con el máximo rigor y que es falso el dicho popular de que un libro de historia es bueno porque se lee como una novela. “Eso es una tontería. La realidad es que hay novelas tan buenas que se leen como si fueran un libro de historia”.

    Como detalle curioso, ha dicho, en su tono mesurado y discretísim, que a él le dan miedo los daguerrotipos, con esa inquietante sensación de realidad que dan, de realidad imposible ya hoy.

    Y ha tomado la palabra Justo Serna y lo ha hecho de modo realmente ameno y grato, con la desenvoltura que da estar acostumbrado a hablar de modo claro y ameno a un montón de discípulos que seguro que no es que les de miedo un daguerrotipo, por real e imposible, por veraz y distante, es que seguro que no tienen ni idea de qué es un daguerrotipo. Con voz firme y muy clara y expresión sonriente y amable, nos ha dado el porqué de éste libro, concebido para demostrar cómo en siglos anteriores, se podía viajar desde Valencia hacia el resto del mundo y de sus lecturas, para ello, de libros entendidos como de viajes, como La Muerte en Venecia, o las Cartas de viaje, de Freud, porque en ambos se siente identificado en la búsqueda de la belleza, del arte, de la luz del Sur… Un libro de viajes y un libro de burgués. Un burgués siempre era vilipendiado, nos ha dicho, por la izquierda, mientras, curiosamente, Marx y Engels los consideraban precursores de cambios y de avances.

    El burgués invierte en su preparación, quiere mejorar y lograr algo que Serna nos ha explicado minucioso lo que era en el XIX, el confort. Va, sobre todo, a Londres y a París y “no se pierde nada”. Disfruta de todas las novedades: el ferrocarril, la iluminación por gas, el agua potable canalizada. También viaja por negocios. El burgués José Inocencio de Llano y White se formó viajando de 1842 a 1695 y haciendo lo que Eça de Queirós dice que ya nadie hace: dedicar mucho dinero y tiempo a cultivarse.

    Ha hecho hincapié minucioso en que han procurado que la conjetura estuviera bien señalada en su intento de reconstruir un modo y un concepto de vida que desapareció por completo con la Primera Guerra Mundial y lo han hecho de modo asequible para todos. Afirma que los historiadores suelen escribir para sus iguales, aunque nadie los entienda y en tono encantadoramente próximo, nos ha contado que su padre, un lector exhaustivo e incansable, no leía sus libros, o los comenzaba y los dejaba, pero no les entendía, aunque le jaleaba. Este libro sí lo ha leído y ha sentido la felicidad de entenderlo. Para mi padre y para las personas como mi padre, he escrito mi parte de éste libro.

    Realmente un acto estupendo presidido por el talento, por los ojos profundamente inteligentes y tristes de Antonio Muñoz Molina y los ojos profundamente inteligentes y alegres de Justo Serna.

    Gracias.

    P. S. Lo de las cañas no lo cuento. Haber ido.

  12. Miguel Veyrat Says:

    Como asistente, igualmente entusiasta que Ana Serrano, al acto de ayer en Madrid, no tengo nada que añadir y sí mucho aplaudir a la simpática cronista por su detallado relato. He comenzado la lectura del libro y quiero manifestar mi admiración por el “tono” conseguido por los autores, que convierten un probablemente tedioso y prolijo diario en un auténtico documento de lo que fue la vida en la España del XIX, vista por español al que costaba tres días viajar a Madrid en diligencia y que aparece dotado de las anteojeras de clase que le impedían observar, apreciar y analizar la auténtica realidad que le rodeaba. Una lectura altamente recomendable y el nacimiento de un género a caballo entre el auténtico rigor histórico y la amena escritura que lo hace olvidar en aras del disfrute.
    Otrosí, gracias por el hondo y civilizado debate protagonizado por Kant y Serna.

  13. gutmaro Says:

    ¿ por qué el mal político sólo se considera que alcanza tal categoría cuando es incontrolable? Hitler es el ejemplo más claro, pero la violencia política (y en eso los historiadores fallan o fallamos) no se percibe claramente como un crimen, sino como una consecuencia política. en fin perdón, por el desvarío

  14. Tallaferro Says:

    Al margen de los detestables comentarios de mal gusto y las groserías que últimamente se están publicando, que no son más que un reflejo del carácter de sus propios autores, en primer lugar creo que es de justicia felicitar, muy cordialmente, a los autores de “Diario de un burgués”, por su reciente publicación.
    Respecto al tema propuesto, “El mal político” se podrían decir muchísimas cosas en torno a la “maldad política”, el “político malo” o la “ineptitud en la gestión”. Lamentablemente el siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI están repletos de numerosos ejemplos de “malversación de la política” en distintos espacios territoriales, especialmente en Europa y el continente americano. Mucho se ha escrito sobre los sistemas políticos de Hitler y Mussolini, el totalitarismo, el fascismo y las diferentes variantes de “gobiernos antidemocráticos”, tanto de izquierda como de derecha, pero no se puede olvidar que, en su momento, tuvieron un importante apoyo popular, como fruto de la existencia de un “desorden” generalizado y, por tanto, como es el caso concreto de Hitler y Mussolini, llegaron al poder, usando las vías democráticas, y con un gran apoyo popular, precisamente como válvula de escape, en un intento a la desesperada de lograr una estabilidad para sus países, que los “políticos” y “partidos” tradicionales eran incapaces de ofrecer. Las consecuencias negativas de la I Guerra Mundial para Alemania, tras su humillante derrota y la incapacidad del régimen de Weimar para sacar adelante el país, o la crisis generalizada en la que vio sumida Italia antes de la llegada al poder del Duce, son dos claros ejemplos de una “malversación” de la política y de las formas de hacer política de quienes tenían la responsabilidad de “hacerlo bien”.
    Frecuentemente surgen “líderes” políticos cuya ineptitud y manifiesta irresponsabilidad perjudican gravemente, no solamente los intereses de sus respectivos países, sino también los mundiales; un claro ejemplo fueron los gobiernos de Reagan y Bush padre e hijo en Estados Unidos. Los “oportunistas” políticos surgen y se aprovechan de las circunstancias cuando los partidos tradicionales son incapaces de ser una garantía y atender las demandas; por tanto, cuando se genera ese vacío, suelen llegar al poder personajes que, a pesar de sus enormes limitaciones, son capaces de generar un amplio apoyo popular o un atractivo populismo, póngase por caso, los mandatos de Jesús Gil en Marbella, y el amplio poder que llegó a tener el GIL, como partido político, no solamente en Marbella sino también en muchos municipios de la provincia de Málaga.

  15. Ana Serrano Says:

    ¡¡Gracias, Justo!!

  16. Gertraud Tilemann Says:

    Me uno, muchísimas gracias por la limpieza.

  17. jserna Says:

    Quisiera agradecer a Ana Serrano su magnífica y generosa crónica del acto, sus amables calificaciones… Quisiera agradecer a Miguel Veyrat su cariñosa anotación, su presencia estimulante en el acto de ayer en Madrid. Cómo es posible que yo haya tardado cuarenta y tantos años en conocer a esta persona que idolatré cuando era corresponsal de TVE en París. La tarde de ayer era imposible, pero la presencia de ambos (y de otros amigos) caldeó el acto. Hoy, cuando regresaba de Madrid en el Alaris, he visto nieve, mucha nieve. Como obsequio a ambos y como presente a los amables lectores de esta bitácora les regalo el muñeco de Monigote: un monstruito de nieve hecho por el siempre comedido Víctor Serna. Ustedes se lo merecen. Lo pueden encontrar en el punto número 4 del post.

    Mañana, nuevo post.

    Lodazal. He eliminado 252 comentarios de Cazón en adobo, Lola Tetazas y Hombre de Paz: el mismo comentarista con IP 80.38.135.126, que he registrado como spam. No sé por qué le consiente la máquina seguir poniendo sus caquitas…

  18. Miguel Veyrat Says:

    Fue un acto entrañable, útil y de gran altura, y un auténtico placer asistir a él. Ciertamente calienta el corazón leer que alguien como Justo Serna recuerda mis esforzadas crónicas desde Paris a una España aún predemocrática y ávida de saber cómo funciona un Parlamento republicano, cuáles son los usos y costumbres políticas en una de las viejas capitales de la democracia. Aquello me costó muchos disgustos, amenazas de muerte, etc. pero veo que valió la pena… y fue posible porque desde la direccion de TVE, una dirección que quería cambiar las cosas —Juan Luis Cebrián que después fundaría El País, entre otros— hizo a veces la vista gorda… Hace tantas décadas ya… En fin, muchas gracias de nuevo por tu libro, por este blog, por el monigote y por la limpieza que al fin te has decidido a hacer… O Tempora…


  19. [...] del Ochocientos. El libro nos lo presentó Antonio Muñoz Molina en el Círculo de Bellas Artes. De aquel acto hubo crónica. Era una tarde helada de enero y entre otras personas asistieron Ana Serrano, Miguel Veyrat, José [...]


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