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Un cementerio de huesos

25 enero 2008

santacruz.jpg 

1. RESTOS

Alguien dijo en cierta ocasión que la investigación histórica sólo  es el traslado de huesos… de un cementerio a otro. Del archivo al libro: removemos cosas pasadas que ya no nos afectan, las ponemos en orden y la escribimos. ¿Es así? Desde luego los historiadores averiguan cosas de otro tiempo valiéndose de los archivos: esto es, rastrean buscando vestigios del pasado. Ahora bien, a poco que el historiador haga bien su oficio, esa remoción expresa también una emoción. Cuando acudimos a un camposanto experimentamos un sentimiento… Cuando acudimos a un archivo sentimos la experiencia de otro tiempo. Anaclet Pons y yo lo hemos vivido así, al visitar un cementerio o al consultar viejos  legajos…: y, desde luego, lo hemos visto reflejado en historiadores admirables, tal como precisamos en un artículo reciente publicado en La Torre del Virrey.

En principio, las huellas materiales del pasado del que tratan los historiadores están  reunidas en los archivos. Hace años, en un satírico Diccionario de la Cosa Pública, se definía cómica y precisamente el concepto: un archivo es el “cementerio burocrático donde tantas veces van a parar las instancias, quejas y reclamaciones de los administrados”.  Lo inservible, pues. Lo inútil: lo que habiendo podido  tener desarrollo material abortó su desarrollo. El redactor de dicha voz se refería, claro, a los archivos oficiales, a los institucionales, a aquellos que sirven para fundamentar documentalmente los derechos de los administrados.  La broma estaba en esto: las quejas, las peticiones, los procesos que se forman a partir de las reclamaciones de los individuos van al cesto de los papeles o, mejor, forman un atadijo de papeles, un expediente y finalmente un legajo que se entierra en un estante repleto o en un cajón polvoriento. El archivo, pues,  como un cementerio de restos, como un depósito de lo inactual, precisamente porque pertenece a otro tiempo. Digo vestigios, digo huellas y, desde luego, hablo con metáforas para referirme a los documentos.

Ahora bien, hay otro tipo de restos que no tienen nada de metafóricos, que son literalmente eso: restos…, en este caso humanos, cadáveres que fueron inhumados secretamente y que ahora se desentierran. Por ejemplo, en España. “Desde hace algunos años”, nos recuerda Gabriele Ranzato en El pasado de bronce (2007), “primero de uno en uno, luego con cada vez mayor resonancia, se ha ido conociendo que muchos de esos muertos yacían aún en anónimas fosas comunes cavadas y cubiertas a toda prisa allí donde habían sido pasados por las armas”. Andando el tiempo, añade Ranzato, “el fenómeno ha asumido dimensiones imponentes. Se ha localizado un número cada vez mayor de fosas, casi no hay territorio en que no hayan sido descubiertas, casi no hay día en que no aparezca en la prensa la noticia de algún nuevo hallazgo”.

Veo Santa Cruz, por ejemplo… (2005), de Günter Schwaiger y Hermann Peseckas,  un film que amablemente me ha remitido Ana Pavlova. Se lo agradezco: estremece. Es un documental en el que precisamente se nos muestran cadáveres y recuerdos, restos materiales e inmateriales de lo que fue una Guerra Civil y de lo que fue la violencia, la conversión del adversario en enemigo: propiamente su liquidación. En 1936, en Santa Cruz de la Salceda, fueron asesinados nueve vecinos. La película da cuenta de la exhumación parcial y recopila los testimonios de los paisanos más viejos.

¿No aterrorizamos? Si hablamos en general, “más que el horror suscitado por las masacres perpetradas, más que el recuerdo recuperado –incluso se podría decir que impuesto– a través de la sobrecogedora revelación de una presencia tan diseminada de despojos de víctimas espacidos en los lugares más diversos de todo el país, lo que impresiona de todo el fenómeno es el silencio”: el hecho de que, hasta el año 2000, nadie se hubiera aventurado “a denunciar públicamente lo que parientes y comunidades locales sabían”, en Santa Cruz y en otras poblaciones. O en otros términos, dice Gabriele Ranzato: que nadie hubiera osado “reclamar al menos la restitución de aquellos cuerpos y su traslado a los lugares destinado al reposo de los difuntos”.

Gabriele Ranzato admira la democracia española: no por ser española, sino por ser parlamentaria, por ser liberal, por ser equiparable a cualquier sistema precisamente democrático. Pero el sistema español –vuelve a recordarnos este historiador italiano– no pudo fundarse en la condena del franquismo ni en el homenaje a las víctimas, sino en una reconciliación forzada. Tras la amnistía, Marcelino Camacho decía en 1977: “Nosotros [...] que tantas heridas hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores”. Desde luego, esas palabras de Camacho no podían tomarse literalmente: los restos, los cadáveres, eran metáfora para hablar del peso del pasado, de su superación. El problema era, entonces y ahora, que la literalidad del pasado no estaba debidamente enterrada, añade Ranzato. De ahí que lo pretétiro regresara y aún regrese entorpeciendo la política actual, condicionándola.

Sorprende que, tratando estos temas, Ranzato no haya empleado el concepto de lo siniestro sobre el que Sigmund Freud reflexionara con aprovechamiento. Imaginemos un hecho, un suceso, enterrado precipitadamente: algo que habiendo ocurrido mucho tiempo atrás, que habiendo sido familiar, lo hubiéramos inhumado con el fin de olvidarlo, de relegarlo. ¿Estaríamos aliviados? Lo que se entierra con prisas y con vergüenza regresa: vuelve bajo la forma de lo siniestro. ¿Pero qué podemos hacer? ¿Entregarnos a la presencia del horror antiguo? ¿Cómo podemos asimilarlo?

2. EL PASADO Y EL PRESENTE (Domingo 27 de enero)

Desde luego, el único modo que tenemos de que la vieja herida no se emponzoñe es airearla, sanarla, sacarla a la luz. Freud basó su terapia, su discutida terapia, precisamente en esto: no es posible seguir viviendo en silencio, con este malestar que experimentamos y cuyo origen no conocemos o no conocemos bien. Hay que rastrear hasta el fondo partiendo de los vestigios actuales; es imprescindible llegar a las laceraciones antiguas cuyos síntomas desviados ahora se manifiestan. Si se dan cuenta, esto nos conduce otra vez a la idea real y metafórica de los restos: no podemos hacer como que no nos enteramos, pues eso que está mal enterrado asoma malamente, dejándose ver y produciendo desazón y encono.

Para los familiares de quienes fueron abatidos criminalmente en la Guerra Civil resulta muy doloroso no saber dónde están sus restos, no darles una sepultura digna. En efecto, el precio que a los deudos se les hizo pagar para que la democracia pudiera iniciarse en España fue extraordinariamente oneroso: dar por enterrados y bien enterrados los muertos y los rencores, como dijo Marcelino Camacho. Pero no fue exactamente así: la metáfora ocupó el lugar de la realidad para poder construir un sistema político. Dice Ranzato –y dice bien– que historia y memoria no son lo mismo, que él prefiere la historia; insiste en que la exhumación del dolor antiguo, lejos de remover huesos que nadie quiere ver, producirá un alivio: dejaremos de estar sometidos al pasado mal resuelto. No se trata de ganar guerras retrospectivamente: como tampoco se trata de convertir en héroes o campeones de la democracia actual a todas las víctimas de la dictadura. En cualquier circunstancia, ser víctima no te da necesariamente la razón política: tampoco esa condición ha ser la única referencia para dictar unas medidas gubernamentales. Las víctimas del franquismo merecen toda la reparación que pueda dárseles: la primera, si de asesinados se trata, un enterramiento adecuado, para que de esa manera no se perpetúe su profanación. Pero ni la política de hoy ha de fundamentarse en el pasado, ni los muertos del franquismo eran todos luchadores por la democracia, ni las únicas víctimas de la barbarie fueron los acribillados por los esbirros de los sublevados. Por eso, Ranzato juzga positivamente la iniciativa legal de Rodríguez Zapatero: porque es una reparación.

He escuchado con respeto e interés los testimonios que se recogen en Santa Cruz, por ejemplo… Desde luego, nadie merece ser arrancado de su casa, forzado y finalmente fusilado. La evocación de los familiares y de los coetáneos estremece: lo que horroriza es que aquellas venganzas no parecen causadas por la inquina personal, por razones particulares, por odios antiguo o nuevos; lo que espanta es que la liquidación de aquellos rojos fue algo exactamente impersonal, cometido por forasteros que realizaban ese trabajo, mientras algunos de la localidad hacían la faena equivalente en las poblaciones vecinas. En el pueblecito de mi señor padre pudieron librarse de masacres semejantes. Allí, mi abuelo había sido el último alcalde de derechas (“Canalejas” le llamaban).  En dicho lugar sólo se contabiliza una muerte, la provocada por unos milicianos del POUM recién llegados de Valencia: en el verano de 1936 asesinaron al cura párroco, a quien no conocían ni contra el que nada tenían. Esa atrocidad irreparable tuvo, sin embargo, una compensación: el cuerpo del sacerdote fue después debidamente enterrado.

Esos jóvenes, esos nietos o biznietos que ahora dedican una parte de su tiempo a dar  sepultura a sus abuelos acribillados, merecen el agradecimiento no sólo de sus familias, sino de todos nosotros. Hacen algo que no se pudo o se supo hacer años atrás y que, sin duda, provoca hoy efectos incomodísimos. Desde luego. Ahora bien, yo no justificaría su labor invocando la “memoria histórica” o la “memoria colectiva”, expresiones que, como historiador, no me agradan. Su tarea es más sencilla, más concreta y más noble: repara, da fin a una profanación. La consecuencia de estas exhumaciones ha de ser la inhumación digna del pasado, un entierro que de verdad nos permita hacer el duelo para sacurdirnos la violencia de antaño. Pero no olvidemos que la democracia que tenemos –por defectuosa que sea– es la que ahora facilita esta reparación: una repación que no es metafórica, sino bien real.  

———–

3.  LAS FOSAS COMUNES (26 de enero) 

La novela de Miguel Veyrat

En un comentario en este blog, Miguel Veyrat se refiere a su novela Paulino y la joven muerte (2004), obra en la que trata especialmente el asunto de las fosas comunes. La referencia de Miguel Veyrat a su novela puede leerse aquí. Por su interés con el asunto tratado proporciono los enlaces a las reseñas que se hicieron sobre dicha obra. Hubo polémica amistosa pero dura entre nosotros. Lamentablemente se ha perdido en la Red. Conservemos al menos las reseñas que provocaron el debate: 

-Reseña crítica de Justo Serna de la novela Paulino y la joven muerte. Titulada “Psicoanálisis de la Transición”, apareció originariamente en la primera etapa de este blog (12 de abril de 2005).  En la red, dicha reseña se mantiene aquí y aquí 

-Reseña crítica de Rogelio López Blanco de la novela Paulino y la joven muerte. Titulada “La memoria de la guerra civil y del franquismo”, apareció en Ojos de Papel (31 de mayo de 2005). En la red, dicha reseña puede leerse aquí.

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3.  HEMEROTECA JS

-”Todo un personaje“, El País, 25 de enero de 2008

-”Tres autorretratos de Aznar“, Claves de razón práctica, núm. 179 (enero/febrero de 2008)

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18 Responses to “Un cementerio de huesos”

  1. Pavlova Says:

    Me alegro, Justo, de que le haya interesado, emocionado, “motivado” la película. Lo suponía y por eso se la pedí a los Magos para usted. Yo asistí a su presentación en una pequeña sala de arte y, tras la impresionante visión del corto, se abrió un debate. Günter Schwaiger es un hombre apacible, de muy pocas palabras e ideas muy caras lo que hizo que sus respuestas a nuestras preguntas fuera de una contundencia y de una claridad sobrecogedoras. Una señora, siempre hay alguien así, protestó porque “Un extranjero venga a decirnos lo que hicimos mal y más un austriaco, con su pasado nazi a cuestas”. Esa salida de tono bochornosa la aprovechó Günter, con su mesura que hasta resulta, a veces, inquietante, para decirnos que en su familia había, efectivamente, nazis y que su país conocía muy bien lo que es el horror, la vergüenza y la memoria de hechos como los que sufrieron ellos, como los que sufrimos nosotros, pero que los habían resuelto de un modo contundente y completo y que a él le gustaría trasmitirnos, por medio de esa experiencia suya, por qué nosotros no hemos resuelto aún las heridas de nuestra guerra civil. Porque no se puede pasar página con la cesión única, una vez más, de los que perdieron aquella guerra atroz, en nombre de una democracia. Se claudica, se cede; nadie con más deseo de olvidar que aquellos para los que el recuerdo es una pesadilla y más si es a cambio de lo que se logró con esa claudicación, pero tiene que haber un reconocimiento de esa generosidad; tiene que haber una condena contundente e internacional de aquella atrocidad. No es admisible que haya quien se sienta con derecho a boicotear la retirada de la estatua de un asesino ni lo es que, como ocurre en Alemania, no sea un delito punible el saludo fascista del brazo en alto, pero, al menos, lo que es incuestionable es el derecho de las víctimas a honrar a sus familiares asesinados.

    Santa Cruz, por ejemplo, muestra que, para poder llevar flores a la tumba del padre, son necesarios voluntarios y no es posible identifican plenamente los restos porque las pruebas de ADN son muy caras y no hay ninguna ayuda oficial. Mientras no solucionemos eso, la ponzoña que ha quedado bajo la herida cerrada, se abrirá a la más mínima. Hay aún un dolor innecesario y una sensación tremenda de injusticia.

    Me permito, modestamente, poner aquí el enlace al comentario sobre la película en “Emboscados”:

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=1525&page=0#11872

    También de Günter Schwaiger, aunque no aparece en el enlace que nos ha puesto, porque debe ser anterior, es otra película de la que ya le hablé aquí, más sobrecogedora aún:

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=2525&page=0#18625

    En fin, Justo, muchas gracias por su comentario; me ha emocionado ver la carátula del DVD aquí. Cuando lo termine, le enviaré su enlace a Günter. No sabe en qué condiciones y con qué medios trabaja y le va a gustar mucho que usted comente ese trabajo.

  2. Arnau Gómez Says:

    D. Justo .He tenido el placer de leer su artículo de hoy en “El País” en directo y no a través de enlace.Me he alegrado y mucho.Pienso que en España, a veces, la virtud y la sabiduría son recompensadas con el reconocimiento público.Este es su caso.

  3. Pavlova Says:

    Sí, es verdad Justo, se me había pasado felicitarle por su artículo. Cada vez estoy más precipatada y más tonta.

    Mil gracias, además, por borrar lo que se me escapó y le he pedido.

  4. Paco Fuster Says:

    A mi no me sorprende tanto, Justo, que este hispanista italiano no recurra a Freud. Tu gran aprecio por este autor y tu conocimiento de su obra no es frecuente entre nuestro gremio. En las asignaturas que he cursado de literatura siempre ha habido alguna referencia a la obra freudiana, pero en nuestra facultad, sólo Anaclet – que yo sepa – habla de Freud en su asignatura. Más cerca está mi trabajo sobre el cine de Villaronga en el que P.Pedraza ponía especial énfasis en el carácter siniestro – en el sentido más freudiano – del cine de este autor.

    Dicho esto, creo que esa condena del franquismo y esta reconciliación forzada de la que habla Ranzato fue efectivamente así. Precisamente esta mañana hablabamos en clase de la difucultad que conllevo el proceso político de la Transción española y de la negociación que hubo entre los sectores del tardofranquismo partidarios del continuismo a la muerte de Franco o como mucho de una operación de maquillaje desde dentro del régimen por una parte, y el arco opositor al régimen (socialistas, comunistas, nacionalistas…) que no tenían la suficiente fuerza como para exigir el cumplimiento total de sus demandas. Estos sectores tuvieron que renunciar a sus objetivos máximos – como también los tardofranquistas; en una negociación todo el mundo debe ceder algo – para poder llegar a un consenso. Una de las condiciones fue precisamente ésta, la de hacer “borrón y cuenta nueva”, olvidando los años de represión del régimen y evitando el pasar factura a todos aquellos que habían colaborado con él.

    La consecuencia evidente de esto ha sido lo que estamos viviendo en los últimos años. Estamos asistiendo a una recuperación de la memoria de la Guerra Civil – sobre todo impulsada por la izquierda, pero no sólo – a través de múltiples formas: investigación sobre fosas comunes, aprovación de la ley de la memoria histórica, profiración de congresos y publicaciones…

    En este sentido de las publicaciones, recojo una cita de Santos Juliá en la que habla precisamente y define a la perfección este proceso que vivimos de retorno a la actualidad de lo se intentó ocultar forzadamente en el pasado. El pasaje merece mucho la pena porque se entiende todo mejor:

    “…asistimos a la aparición de una nueva oleada de libros sobre la Guerra Civil y primer franquismo que se presentan invariablemente a los lectores como un intento de recuperar la memoria frente al silencio o el olvido en que nos habríamos sumido por el miedo y por la aversión al riesgo diseminados por la sociedad española durante la transición a la democracia. Se habla cada día, en cada ocasión, de pacto de amnesia,
    de tiranía de silencio, de conspiración contra la memoria, de sintaxis de la desmemoria, del tabú de la guerra, de la catarsis necesaria, y no hay libro sobre cárceles, fusilamientos, trabajos forzados o fosas comunes que no se presente como un intento de romper la historia oculta o reprimida por una maquinación contra el conocimiento del pasado o por una historia
    oficial interesada en silenciar o pasar por alto los aspectos más traumáticos de ese pasado”. (Santos Juliá, “Memoria de la Guerra y del Franquismo”, Taurus, 2006)

    El pasaje pertenece al texto de presentación del libro “Memoria de la Guerra y del Franquismo”, un volumen colectivo coordinado por S.Juliá y publicado en 2006, donde se recogen los textos de un ciclo de ponencias celebrado organizado en el 2004. Yo no lo he leído pero viendo la nómina de autores (Paloma Aguilar Fernández, Alicia Alted Vigil, Carolyn P. Boyd, Jordi Gracia, Román Gubern, José-Carlos Mainer, Carme Molinero, Manuel Pérez Ledesma y Vicente Sánchez-Biosca), debe de estar muy bien.

    Dejo un enlace al índice y otro al texto íntegro de la presentación del libro:
    http://www.tiempodehistoria.com/modules.php?name=News&file=article&sid=526
    http://www.taurus.santillana.es/upload/ficheros/julia_extracto.pdf

  5. Pavlova Says:

    En cuanto al olvido, al perdón, a la reconciliación, estuve el otro día con Marcos Ana, el poeta, el preso que estuvo más años en nuestras cárceles franquistas y que acaba de publicar un libro: “Decidme cómo es un árbol”. Marcos Ana, que ni se llama Marcos ni se llama Ana, son los nombres de sus padres, a sus 88 deslumbrantes años, nos habló de sus sentimientos donde no hay rencor, ni deseos de venganza; la sensación es de que ni hay dolor en él. Dice, con una sencillez pasmosa, que le robaron la vida. Estuvo desde los 19 años hasta los 42, sin interrupción, en prisión y los seis primeros años condenado a muerte y dice que no habrá mayor venganza que el logro definitivo de la sociedad por la que lucharon y que el dolor que siente es por una sociedad que crea monstruos como los que le destrozaron la vida a él. Es un hombre alegre, luminoso, que lee sin gafas, que recita incansablemente de memoria y que no admite homenajes si no son colectivos con sus camaradas de presido y de tortura, pero Marcos Ana, Fernando Macarro Castillo, sufrió todo aquello en sí mismo, no tiene a nadie en una cuneta de cualquier carretera de España. Él me reconoció que el sentimiento sería muy distinto y sólo se indigna y pierde su hermosa sonrisa por la racanería de la Ley de la Memoria Histórica.

    “Al ser liberado en 1961, Marcos Ana recorrió Europa y gran parte de América, siendo recibido en Parlamentos, Universidades y centenares de concentraciones populares, promoviendo y organizando la solidaridad con los presos políticos y sus familias y denunciando las prácticas fascistas que, por entonces, se realizaban en España.

    Fundó y dirigió en París, hasta el final de la dictadura franquista, el Centro de Información y solidaridad con España (CISE), que presidió Picasso. Apoyado por personalidades de la cultura y la política europeas, este Centro organizó la defensa de los derechos humano, la acción por la Amnistía general y la ayuda moral y material a todas las víctimas de la represión política.”

    Creo que les debemos otro trato al que se ve tan claramente en “Santa Cruz, por ejemplo” que llevan sufriendo desde el fin de la guerra y mucho más flagrantemente, desde la muerte de Franco. Por ellos, pero, sobre todo, por nosotros mismos, por nuestra dignidad.

  6. Miguel Veyrat Says:

    ¿Cómo se me ha podido escapar el artículo de Justo en El País de ayer? he pensado tras leerles. El buscador de ayer me ha dado la clave, en Madrid no “sale” la edición valenciana. Pero cada día más, “entro” en el digital ya que mi hijo Pablo ha entrado como redactor y empieza a firmar (como bacario, de momento) algunas piezas, pero en el digital de ayer no aparecía. En todo caso, gracias a Pavlova por indivarlo y también por su generosa aportación del Documental de Schwaiger de cuya existencia y tema que había leído ya varios artículos. No lo he visto y no puedo opinar, pero les creo. Procuraré hacerme con él y verlo. El de las fosas comunes es un tema que traté hace algunos años, cuando no estaban aún en primer plano de actualidad moral en España, en mi novela “Paulino y la joven merte”. Todo aquello que pueda hacernos reflexionar sobre el profundo abismo que separa la civilización de la barbarie es absolutamente imprescindible para afrontar los tiempos que nos aguardan. A juzgar por los síntomas, un retroceso en la historia que desgraciadamente no lleva trazas de repetirse como comedia.
    Gracias también a Pavlova por recordar a Marcos Ana, encarcelado de adolescente y que conoció el amor de una mujer por vez primera ya como adulto al salir de prisión. Tuve el privilegio de escuchar sus poemas de su boca cuando colaboraba con él en el CISE en el Paris de los años 70. Doy fe —aunque no haga falta— porque lo he vivido personalmente, de su ancha humanidad y del espíritu de sacrificio por el pueblo español que ha caracterizado su vida, su lucha política y su obra literaria. Tarde le llega el reconocimiento público, pero llega, y su alegría por ello es la nuestra, la de quienes fuimos sus camaradas y aprendimos a diario de la serenidad creadora de su dolor.

  7. Miguel Veyrat Says:

    Erratum: En vez de “indivarlo”, debe decir “enviarlo” (el DVD que mandó Pavlova). Y en ver de “merte” es “muerte”, donde “Paulino y la joven muerte”). Perdón y gracias. Un deber que inculqué siempre a mis aprendices de periodistas, era corregir los textos antes de publicarlos: veo que voy olvidando las viejas normas.
    Voy a contarles una anécdota que me relataron los viejos tipógrafos del primer diario —¡ay, tiempos!— en que hice las prácticas. Un buen día se reunió un grupo de editores dispuesto a publicar un libro que no contuviera una sola errata. Fue corregido hasta la sangre, letras a letra, por todo un equipo de expertos. Cuando la obra estuvo lista, dichosos y satisfechos añadieron una coda en la última página que decía así: “Tenemos el orgullo de anunciarles que este libro, corregido con exquisita dedicación, no contiene ninguna erruta”….

  8. Pavlova Says:

    Me consta que una amiga le regaló al Señor Veyrat “Santa Cruz, por ejemplo”; que no pudo verla en seguida porque se la prestó a su hijo; traspapelada en la casa del uno o del otro, debe estar la película.

    Marcos Ana:

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=2487&page=0#18349

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=2467&page=1#18843

  9. Miguel Veyrat Says:

    Gracias, Pablo ya no vive conmigo, pero le pongo un email ahora mismo, aunque no recuerdo la anécdota.

  10. Miguel Veyrat Says:

    Sí, es posible que así fuera porque recuerdo que se apuntó a la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica para trabajar durante el verano abriendo fosas, recuperando cadáveres. Debí juzgarlo una documentación importante para él.

  11. Kant Says:

    Mi felicitación para don Justo por su artículo de El País. Un aviso para don Lázaro: me impactó la contundencia de su argumento y se lo comento en el anterior “post”. Y me voy a comer. Volveré…

  12. Miguel Veyrat Says:

    A mí también me impactó la contundencia de don Lázaro. Más sobre las superestructura, don Kant, y su extensión “cultural” a una clase obrera que ya no existe como la concibieran nuestros clásicos. ¿Es la publicidad desmovilizadora pprque impulsa a un consumo inadecuado y con efectos ideológicos perversos inoculados de modo subliminal a lo más noble e incontaminado de la población? ¿Queda libre de mácula esa categoría(no clase, por favor)? ¿Puede don Lázaro diferenciarla del Lumpen? Tiene su alcance teórico. Adelante.

  13. jserna Says:

    Estimados amigos, les agradezco nuevamente sus amables palabras a propósito de mi artículo en El País, que es el principio de una colaboración espaciada. De todos modos, el destacado que como síntesis pusieron –”tenemos a un caudillo moderno que hace de la acumulación y del derroche vicario su razón”– se presta a confusión: son unas palabras mías sacadas del contexto condicional que las precede: “Si es cierto lo que leemos en Zaplana. El brazo incorrupto del PP, entonces tenemos a un caudillo moderno…” No es lo mismo decirlo de una manera que de otra.

    Mañana acabaré el post ‘Un cementerio de huesos’.

    El lunes por la noche o el martes por la mañana, el comentario que pondré –me apuesto doble contra sencillo–tendrá algo que ver con la entrevista que Pedro Jota Ramírez ha hecho a Mariano Rajoy y que va a publicar El Mundo

  14. Paco Says:

    Al final despues de tantas parole parole, todo lo que escribes es para decir que Franco era mu malo? Al final siempre salvando al progresismo. Eh Serna? Y lo de Canalejas? Venga ya hombre!

  15. Pavlova Says:

    A veces, a ésta republicana militante que soy yo y pese a la condescendencia sonriente con que soporto a Paco (me parece que como casi todos aquí), me dan ganas de citar al ciudadano Juan Carlos de Borbón en su, en mi opinión, desafortunada frase de “Por qué no te callas” y decírsela. Es que lo de Paco ya es mucho. No se cansa. Mi experta en patologías siempre me dice que, aunque la envidia no es creativa, sólo destructiva, es tenaz y tenemos que aprender a convivir con ella sin que nos afecte demasiado y, sobre todo, sin que influya en nosotros, pero es tan aburrida…

    Concuerdo, con matices que no voy a precisar, Justo, con sus mesuradas, como siempre, palabras y me encanta y agradezco su comentario que ya he enviado a Günter.

    Feliz y luminoso (al menos en Madrid) domingo para todos.

  16. Paco Says:

    No me callo sra pavlova ni me canso de jorobar a serna. Solo si me aburro dejare de castigarle. Dale dale! Y encima usted dice “concuerdo con matices” Y cuáles son los matices? Aqui todos mu politicamente correctos.

  17. Kant Says:

    Este tema, este “post”, me ha parecido un amanecer: frío y vacío, penumbroso, silencioso aunque, sin embargo, esperanzador: definitiva, tozudamente, saldrá el sol.

    Lástima que algunos botarates madruguen.


  18. [...] expresa su extrañeza por este prurito moral que ahora nos ha dado, por las fosas, por los muertos. Aquí ya lo tratamos en una ocasión anterior a partir de una película documental titulada Santa Cruz, por ejemplo…, de Günter Schwaiger y [...]


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