1. Ya están aquí.

Pues sí. Pues ya están aquí, encima de la mesa. Mi libro titulado Héroes alfabéticos ya está encima de la mesa. Que yo sepa aún no está distribuido. Supongo que estará en las librerías a principios de noviembre. De momento lo anuncian ya en la página de novedades PUV, según me informa Francisco Fuster. En el momento de escribir estas líneas no sobrepasa la decena el número de personas que tienen este libro.  

¿El subtítulo? Por qué hay que leer novelas. Ese subtítulo no figura en la cubierta, sino en la portada del volumen. Allí, al frente, destaca, por encima de todo, esa caricatura de Boris Karloff que ustedes ven: un retrato del monstruo de Frankenstein realizado por Monigote.

Cada capítulo está encabezado por una viñeta dibujada por él, un motivo escueto que mejora sustancialmente el resultado del volumen, su presentación. En la contracubierta, un breve texto anuncia los contenidos. Dice así:

 Los personajes literarios nos ayudan a pensar en los otros. Son nuestros héroes alfabéticos: por delegación nos muestran qué deseamos o qué tememos. Con ellos vivimos e incluso hablamos: forman una populosa demografía de tipos admirables o ruines con los que tratamos.   Este libro empieza con los Adúlteros de novela y acaba con los Vampiros de cuento: de Bovary a Drácula. Los capítulos son ensayos ordenados alfabéticamente: una crónica personal, la del historiador que lee ciertas novelas como documentos culturales. Sin duda se trata de un elenco subjetivo, aunque no arbitrario: además de los Vampiros y los Adúlteros, también pasan por aquí los Espías, los Licántropos, los Monstruos, entre otros. Viven en algunas de las novelas que más nos han conmocionado, aquellas que expresan un contexto al tiempo que lo rebasan. Ese hecho los convierte en materia de historia cultural, pero también en objeto de disfrute. 

2. Un ejemplo tratado en Héroes alfabéticos: los Marcianos.

En estos días finales de octubre de 2008 celebramos el septuagésimo aniversario de la emisión radiofónica de Orson Welles titulada La invasión desde Marte (1938), inspirada en la novela La guerra de los mundos (1898), de H. G. Wells. El dibujo de Monigote que reproducimos en el libro es minimalista y en sus trazos el autor prescinde básicamente de las descripciones literarias de 1898 y 1938. Por eso recrea dicha figura a partir del imaginario de posguerra, el del extraterrestre de Roswell (Nuevo México) en 1947. ¿Qué digo de los marcianos en el capítulo que les dedico en Héroes alfabéticos? Tendrán que esperar… Veamos, de todos modos, cómo se describía al marciano en las obras precedentes. 

El narrador de La guerra de los mundos (1898) retrataba así a los marcianos:

Los que no hayan visto un marciano vivo, se imaginarán difícilmente el horror extraño de su aspecto, la singular boca en forma de V con el labio superior puntiagudo, la ausencia de barba por debajo del labio inferior, que es una especie de rincón, el temblor incesante de esta boca, el furioso, el gorgóneo grupo de los tentáculos, la tumultuosa respiración de los pulmones en atmósfera distinta a la habitual, la pesadez y el esfuerzo notorios de los movimientos, debidos a la mayor gravitación de la tierra y, sobre todo, la extraordinaria intensidad de los ojos inmensos.

Por su parte, el locutor de La invasión desde Marte (1938) los describía así:

¡Dios mío, algo acaba de salir reptando de la sombra! ¡Es como una serpiente gris! Ahora aparece otra, y otra. Parecen tentáculos. Ahora puedo ver el cuerpo de la cosa. Es grande como un oso y brilla como el cuero mojado. Pero esa cara… es… Es indescriptible. Tengo que hacer un esfuerzo para seguir mirándola. Sus ojos son negros y brillantes como los de una serpiente, la boca tiene forma de “V”, y de esa abertura sin labios que parece estremecerse y palpitar, brota un líquido semejante a la saliva. El monstruo, o lo que sea, se mueve con dificultad. Es como si cargase con un gran peso… pero tal vez se deba a la gravedad, o algo parecido. La cosa se yergue.

3. Presentación de Héroes alfabéticos. La presentación del libro en sociedad  tendrá lugar en la Casa del Llibre, de Valencia, el día 26 de noviembre. Es decir, prácticamente dentro de un mes. Ya les confirmaré fecha y hora, y ya les anunciaré quién nos acompañará esa tarde. De momento quedan todos ustedes invitados. Al finalizar el acto, la Casa del Llibre acostumbra a obsequiar a los presentes con una copa de cava… o dos. Más no se puede.

Confirmado: miércoles 26 de noviembre, a las 19:30 horas en la Casa del Llibre, de Valencia.

4. El autor. Pues sí, aquí me tienen. Nuevamente, Monigote me saca un retrato. No salgo muy favorecido, la verdad. Se me ve añoso y algo cansado, con sombras y arrugas, con pliegues sobrantes, fláccidos, y  con unos ojos penetrantes aunque ya extinguidos. Menos mal que me mejoran los anteojos que luzco: me dan un porte elegante que, de natural, no tengo. La instantánea se tomó hace meses, después de horas de lectura y escritura, justo cuando acababa el capítulo dedicado a los monstruos. El retratista me decía que me iba pareciendo a mi objeto, que me iba reflejando. Me pareció una exageración, por supuesto. Sin duda la suya era una percepción errónea: fruto de las envidias creadoras. Yo, aquí, sólo veo a un tipo de mirada fija y algo demente que parece estar mordisqueándose las uñas, en espera de la aprobación que no llega.

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A. Blogosfera:

-Pasajes. Revista de pensamiento contemporáneo, núm. 27 (otoño de 2008) en Grafosfera

-El arte de manejar las impresiones (4 de junio de 2008). “…Las imágenes más frecuentes que hemos contemplado en la campaña de Barack Obama nos presentan a un candidato en ciernes: recién rasurado, recién planchado, siempre impoluto, con aspecto descansado y animoso, con un toque kennedyano. De hecho, el sastre y los asesores que lo visten han acentuado ese aspecto. Parece salido de una película de los años sesenta. Los ternos son de buen paño, por supuesto oscuros, perfectamente cortados y abotonados, con excelente caída para un cuerpo delgado, alto, incluso filiforme. Piénsenlo bien: con una mano en el bolsillo del pantalón,  no habrá varón más elegante que aquel que sepa moverse vistiendo una americana con el talle exacto, sin estrechuras, al modo en que lo hacía Cary Grant en las películas de Alfred Hitchcock”. Leer más, leer otra vez.

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 B. Hemeroteca:

Última Hora: -“Napoleón ha muerto“, El País, 30 de octubre de 2008, artículo de Justo Serna en El País.

-Expertos internacionales debaten en Gandía los hechos de 1808, El País, 30 de octubre de 2008.

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