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El Valle de los Caídos, cincuenta años

28 marzo 2009

valledeloscaidos1

Dentro de unas semanas rebaso el medio siglo. Dentro de unos días se cumplen cincuenta años de la inauguración del Valle de los Caídos. Me adelanto, no aguanto hasta el 1 de abril para hablar de ese 1959. Ambos hechos no tienen nada que ver entre sí, pero la simple coincidencia me produce desazón. La cronología y la chiripa te gastan estas jugarretas. Ya hablé de ello muchos meses atrás… Regreso ahora a dicho Valle y a dicho tiempo, pero de otro modo y con otros recuerdos.

Les preciso lo fundamental sin mayores didactismos: el Valle de los Caídos se levantó en Cuelgamuros, en la sierra de Guadarrama, como exaltación de la Victoria franquista, oficialmente establecida con fecha 1 de abril de 1939. El conjunto arquitectónico comienza a construirse en 1940. Sus obras concluyen en 1959. Los responsables del diseño habían sido Pedro Muguruza y Diego Méndez, arquitectos, y  Juan de Ávalos, escultor. El resultado es bien conocido. Comprende dos templos para el culto: una abadía benedictina y una basílica excavada en la roca. Pero lo más conocido es la gigantesca cruz  (ciento cincuenta metros de altura) que corona el Valle de los Caídos: como acostumbran a decir los cronistas, es visible a más de cuarenta kilómetros de distancia: es como una señal de tráfico que advierte a propios y extraños, que regula el paso temporal, que no vial.

Si la memoria no me falla, estuve en el Valle el año anterior a la muerte de Francico Franco. Concretamente en agosto de 1974. Yo era un adolescente de provincias, de viaje por Madrid. Iba acompañado por mis padres y aquella primera visita nos llevaba a algunos de los lugares más destacados de la Villa y Corte. Estuvimos en el Zoo, viendo a animales en semilibertad, cosa que me sorprendió; estuvimos en el Retiro, que para mí era un parque decimonónico y romántico, o así me lo quería imaginar; estuvimos en la Puerta del Sol, paseando entre multitudes que transitaban sin desmayo en un espacio pequeño y municipal; estuvimos en la Gran Vía, admirando el tráfico automovilístico y las dimensiones gigantescas del edificio de la Telefónica; estuvimos en El Escorial, visitando tumbas reales, criptas remotas y las dependencias de Felipe II;  estuvimos en el Valle de los Caídos.

Nos alojábamos en un modesto hotel del centro de Madrid, muy próximo a la Plaza Mayor, y desde allí programábamos las distintas visitas: practicábamos un turismo obvio y voluntarioso, con plano y guía. Hoy, aquí y mañana, allí: con  un régimen de media pensión y ciertas apreturas. Tengo un recuerdo imborrable de la muchedumbre que cada día almorzaba en el comedor de aquel establecimiento: un grupo de portugueses. Yo los observaba con curiosidad: miraban en silencio lo que la televisión española les mostraba. El 25 de abril aún estaba próximo y la Revolución de los Claveles se desarrollaba entre lo civil y lo pretoriano. Yo no acaba de entender por qué los oficiales y generales del Ejército portugués seguían teniendo tanto protagonismo si nuestros vecinos habían derribado un régimen dictatorial y ordenancista. A pesar de ignorarlo todo o casi todo de lo que se avecinaba, yo sabía que lo ocurrido en Lisboa nos afectaba. Qué quieren, había una cierta emoción contenida en lo que estaba sucediendo.

Digo esto y recuerdo una lectura muy posterior. En El dueño del secreto (1994) Antonio Muñoz Molina le hace vivir a su joven narrador aquel mismo ambiente que yo visitaba en 1974. Es también un muchacho de provincias que por entonces comienza sus estudios universitarios. Vive con aprietos en un Madrid todavía franquista. En la novela, todo es deliberadamente menesteroso y jocundo, como corresponde a la España aún retrasada de 1974. Sus páginas, tan irónicas, también tienen a Portugal como fondo: el narrador habla de “los acontecimientos jubilosos del 25 de abril, fecha que para las personas de mi generación es tan inolvidable como la del 11 de septiembre chileno, que había ocurrido unos meses antes, a finales del verano del 73: las matanzas y los hacinamientos en el estadio nacional de Santiago nos recordaban que para los militares fascistas adiestrados y protegidos por el Departamento de Estado no existía el menor escrúpulo de tibieza o piedad; los acontecimientos de Lisboa nos enseñaban la lección contraria, porque en este caso también los militares eran los protagonistas, pero traían la democracia en vez de derribarla”.

En dicho año, ese joven cree participar en una trama antifranquista. Justamente aquello a lo que yo no me atrevía. ¿Fue así? ¿Realmente el muchacho de la novela participó en un plan de la oposición armada ? “En 1974, en Madrid, durante un par de semanas del mes de mayo, formé parte de una conspiración encaminada a derribar el régimen franquista”, admite retrospectivamente. Lo admite sin asomo de duda, campanudo y orgulloso. Una vez concluida la novela, el lector tiene sus dudas y desde luego se pregunta si todo aquello no habrá sido fruto de la ensoñación aún adolescente de ese muchacho.  

Recuerdo la impresión que me causó el conjunto de los Caídos, la mezcla de  historia reciente y edificación ostentosa. Estábamos en 1974 pero aún resonaban las palabras del Caudillo. “¿Qué inspiración sería precisa para contar las heroicas gestas de nuestros caídos; para poder reflejar el entusiasmo, segado tantas veces en flor, de los que con los primeros rayos del sol de la mañana caían con la sonrisa en los labios al asaltar las posiciones enemigas”, dice Franco el día de su inauguración. Las posiciones enemigas: sin duda, en 1959 la Guerra Civil no había concluido…

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Hemeroteca

-Justo Serna, “El Valle de los Caídos”, Los archivos de JS, 20 de noviembre de 2007.

-JS, “Las cacerías de Franco”, Los arhivos de JS, 20 de noviembre de 2008.

-Julián Casanova, “Setenta años de la victoria de Franco”, El País, 29 de marzo de 2009.

-Tereixa Constela, “Aquel 1 de abril”, El País, 29 de marzo de 2009.

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42 Responses to “El Valle de los Caídos, cincuenta años”

  1. Juan Antonio Millón Says:

    Don Justo, mi enhorabuena anticipada por llegar a ese mezzo del camin de nostra vita. Le ando a la zaga, soy del 60, y esos viajes de niño de provincias los siento como propios, aunque los viajes de mis padres eran más menesterosos y siempre apuntaban al Sur, siempre Anadalucia, de la que tuvieron que salir. La familia de mi madre lo hizo huyendo no sólo de la miseria sino de la ignominia a que se vieron sometidos sus pocos bienes y su digndad: a Castellón fueron, uno a uno, los seis hijos de mi abuela, hasta decir “Adios a todo eso”.

    Nunca he visitado el Valle de los caídos, nunca lo visitaré. Mi abuelo murió en la cárcel de Jaén y esto lo supe después que llegara a llorar por la muerte de Franco y le compusiera una elegía que leí a mis amigos. El día que mi abuela comenzó a confesarme la muerte de mi abuelo y retazos de su historia, sentí un crujido en la memoria…tantas cosa me (nos) habían sido hurtadas, vivimos bajo tantas falsas ficciones. No, nunca iré a aquel Valle de la Ignominia.

  2. Isabel Zarzuela Says:

    Sr. Millón, tampoco he ido nunca al Valle de los Caídos, pero yo sí querría visitarlo algún día. Mis abuelos también huyeron de la miseria, los unos de Andalucía, los otros de La Mancha. Por suerte, a diferencia de ellos y de mis padres, no viví en el franquismo (nací el año de la Constitución), a mí me lo dieron todo dado, hasta el pensamiento de izquierdas. Quizá por todo ello, por la diferencia generacional, por no ser parte implicada, por simplemente haber vivido otra época, no tenga reticencias para visitar este lugar, “El Valle de la Ignominia”, como usted tan acertadamente lo ha llamado.

    Los campos de concentración de Auschwitz se han conservado para mostrar el horror; El Valle de los Caídos, por contra, para manifestar la gloria del régimen de Franco. Sin embargo, pese a esta importante diferencia, querría visitar estos dos lugares con la misma intención: la de conocer, no olvidar y poder transmitir los errores del pasado.

  3. Ana Serrano Says:

    Señor Millón, acaba de dejarme en un silencio rememorante y triste. Tampoco yo he ido nunca al Valle. Por si fuera poco mi convencimiento de que no debo hacerlo, mi padre lo tenía prohibido en casa “Hasta que no se enseñe como un monumento a la infamia”. Tampoco creo que yo vaya nunca y eso que tengo primos en Huesca y en La Coruña, que venían regularmente a Madrid y a los que yo hacía de guía, pero ya les advertía que si querían ir a ver el inmenso ninot, habrían de hacerlo solos.

    Después tuve una tierna, intensa y fugaz amistad con Juan de Ávalos ¡Quién me lo iba a decir!

    Justo, quizás no sepa, porque nunca se reseña en ningún lado, que el arquitecto, Diego Méndez (Dieguito lo llamaban en casa, porque fue compañero de juegos, con sus hermanas, de mi madre en la playa de San Sebastián), era hermano de Concha Méndez, la mujer de Altolaguirre. Sus hermanas, que fueron amigas de mi madre hasta la muerte, decían que hizo el mastodonte obligado. No lo sé, pero Ávalos me dijo lo mismo, que cualquiera decía que no, si era llamado para realizar la pirámide del dictador.

    Batallita. La casa en la que vivo, un desastre de concepción y de distribución, es obra de Diego Méndez y no me choca nada que El Valle se caiga por todos lados (mi casa también).

    Ah, el turismo de entonces. El nuestro, el de mi casa fue a Granada :-)

    Qué duros los cambios de decena, Justo, qué duros, pero luego uno no se nota nada. Es un consuelo. Yo empecé pronto, recuerdo mi dolor al cumplir los diez años, porque no volvería a tener una edad de una cifra ¡Pena de criatura!

  4. Juan Antonio Millón Says:

    Sólo una puntualización doña Isabel, si no deso visitar aquel lugar no es por olvidar, antes al contrario, por mantener viva la memoria de los que fueron represaliados, ellos no sólo no pueden visitarlo, sino que tampoco lo visitarían. Así lo entiendo, pero también comprendo su postura. No soy de los que piden la demolición de aquel engendro -aunque bien sabe Dios lo mucho que he de rprimir este deseo- pero sí convertirlo en un posible Centro de Estudios de la Represión, en donde se honre la memoria de los muertos injustamente, de las víctimas.

    Estaré con los del Fórum en el Cementerio de Valencia, honrando y recordando a los represaliados republicanos y allí recordaré, por no tengo otro sitio adónde ir, a Rafael Villena.

  5. Juan Antonio Millón Says:

    Doña Ana me alegro de coincidir con usted. Yo no puedo remediar, cada vez que paso por allí, dejar de sentir náuseas, y no sólo por lo que ya dije, además es una agresión estética a la belleza de la Sierra y repudio tajantemente esa exhibición infame de la cruz.

    Qué alegría, Ana, cuando he visto el nombre de Concha Méndez escrito por usted. Aquí en casa es nombre sagrado. Mi mujer trabaja en su obra y ha escrito algunas cosas en torno a ella y la literatura infantil. Se lo diré porque creo que no conocía el dato de su hermano arquitecto.

  6. Marisa Bou Says:

    Está visto que no se puede perder el ritmo en estre blog. Últimamente ando escasa de tiempo y, cada veza que entro, me encuentro con un nuevo post.

    Justo, no debe preocuparse por los 50. No dejan de ser una cifra como otra cualquiera. Ya verá, cuando pase los 60, que medio siglo no es nada, ni siquiera se platean más las sienes que cuando se cumplieron los 40. Ahora mira usted atrás con nostalgia de los años jóvenes. Después, mirará adelante con angustia de ver llegar los años viejos. Lo único cierto es que nunca nos conformamos con lo que tenemos. Hay que vivir el momento, expimirlo más bien, para que nos entregue todo lo que de interesante pueda tener. Y mañana será otro día.

    Yo lamento haber visitado el “monumento” del que hablan. Era una niña entonces, pero ya pude apreciar que no era “normal” una cruz de aquellas dimensiones, que proyecta una ominosa sombra sobre todo el valle. Recuerdo que, aunque era agosto, sentí un frío estremecedor. Cuando, años después, supe la forma en la que había sido construído y cómo su argamasa se fraguó con sangre y sudor de “rojos”, entendí de donde procedía aquel frío helador que me caló los huesos cuando niña.

    En lugar de valle de los caídos, debería llamarse “valle de los espíritus”. Allí deben seguir los de aquellos pobres presos, que tuvieron que añadir la indignidad a sus muchos padecimientos. Supe de uno, que salvó la vida pese a su voluntad de morir: era médico, pero no sólo se condolía de estar picando piedras, sino de que no le dejaban asistir a sus compañeros cuando caían fulminados por el cansancio. Desesperado, varias veces trató de arrojarse por los desmontes, sin conseguir quitarse una vida que se negó a abandonarle. Al volver a casa, era sólo un espíritu. No hablaba. Sólo miraba, con unos grandes ojos oscuros, fijamente a los ojos de los demás, como buscando en ellos la respuesta a todas las preguntas que le atenazaban. Pero creo que murió sin encontrarla.

    Doña Ana, entiendo lo que dice de Juan de Ávalos. Ví el miedo en demasiados gestos, como para no reconocer que él pudo sentirlo igual. Las figuras que sostienen la cruz son tan impresionantes, que sólo un genio atormentado pudo concebirlas.

  7. Marisa Bou Says:

    El teclado de mi nuevo ordenador es tan suave que, si pongo demasiado brío al escribir, me coloca letras se sobra. Ustedes dispensen.

  8. Isabel Zarzuela Says:

    Don Juan Antonio, en ningún momento dudé de que tuviera la intención de olvidar. Nada más lejos de mi intención. Todo lo contrario. Si lo entendió así, me expliqué mal.

    Qué curioso, en estos tiempos que corren, todavía no se ha convertido este ignominioso lugar (me gusta) en un Centro de Estudios de la Represión, como apunta el Sr. Millón. Esto significa que todavía tenemos que superar muchas cosas en España.

  9. jserna Says:

    Sr. Millón, como dice Ana Serrano y restantes contertulios, su relato es bien triste, estremecedor, muy propio –por otra parte– de la España que tuvo que silenciar a sus muertos. Qué horror: que muriera un abuelo en la cárcel y que lo tuviera que descubrir muchos años después.

  10. Juan Antonio Millón Says:

    Cierto don Justo, bien triste. Sólo el hecho de que comenzara a militar en un partido de izquierda aquí en Sagunto -el MCPV- sácó a mi abuela de su mudez y comenzó a hablarme de aquel Rafael cuyo único recuerdo era una foto de su mili en el cuerpo de caballería, acompañando a “la Chata”. Lo más triste es lo poco que me dijo, las medias verdades. Aún hoy no sé a ciencia cierta qué fue de él en la cárcel. Si bien el acta de defunción del hospital militar certificaba, como me dijo mi abuela, su muerte por tuberculosis, supe después, por la denegación de una ayuda que pidió mi abuela poco antes de morir, que los compañeros de mi abuelo -por entonces vivos en Barcelona, pertenecientes también al grupo guerrillero de los “niños de la noche”- habían declarado que fue torturado y fusilado. Eso casaba, desde luego, con lo que me contó de que no le dejaron ver el cuerpo y sólo le entregaron las ropas empapadas en sangre. ¡Cuánto pesó el miedo y el deseo de apartar el dolor y el daño en mi abuela! Pero, como usted dice, don Justo, eso fue “lo propio” de aquella España. En nosotros pesa el deseo de saber.

  11. J. Moreno Says:

    Estaba en Sevilla cuando la Revolución de los Claveles. Me había cogido unos días de vacaciones para visitar la Feria.
    Triste día para mí. Nadie, absolutamente nadie de mi entorno hizo el menor comentario sobre ello.

    Me acerqué al consulado que estaba cerca del Parque María Luisa para ver si había expectación de algún tipo, y la soledad y el desdén del pueblo sevillano fué absoluta.

    Nunca más he ido a la alienante, soberbia y elitista feria.

  12. jserna Says:

    Entonces y hoy, sr. Moreno, la Feria es expansión de las clases distinguidas en la Sevilla jaranera. Y dinero, mucho dinero. Envuelto todo de populismo y de pose interclasista, es la licencia que se conceden las buenas familias para confundirse con el “pueblo”, para sentir el contento expresivo y el regocijo de las masas. Años atrás, viví la Semana Santa y la Feria sin dar crédito a lo que veía. Pero, bueno, esa aleación de lo popular y de lo respetable también se da en las Fallas. Me callo: yo no soy un buen síntoma, pues siempre despotrico contra las fiestas “populares”.

  13. Juan Antonio Millón Says:

    Aunque esté fuera del tema que a este post concierne, quisiera comentarles una noticia que acabo de leer. Se trata de la elaboración de una Consitución Europea en verso. La iniciativa a partido de un grupo de poetas, Passaporta, “Maison Internationale des Littératures”, que agrupa a varios poetas europeos, entre los cuales está el gallego Xavier Queipo, quien ha elaborado algunos artículos, así como el leonés Antonio Gamoneda. Después del descalabro del texto sometido a referendum, este grupo ha decidido colocar el espíritu en letra poética y animar a las “autoridades políticas” a un replanteamiento del lenguaje y de los principios de ciudadanía que deben regir nuestro espacio comunitario.

    El periódico El Público reproduce un fragmento del artículo 97 redactado por Gamoneda:

    Arden los huesos, oigo la fermentación del rocío: lloran
    [los árboles torturados
    (…)
    ¿Es esta la tierra? Estaba limpia bajo las estrellas.
    Haced algo. No la dejéis morir. Daos prisa.

  14. Juan Antonio Millón Says:

    Se me ha ido la mano y he tecleado directamente el envío del texto sin revisión. Perdonen la falta de la h en la forma compuesta del verbo que falta. Y también sepan que la cuarta línea -como la segunda- no son versos distintos sino continuación del verso primero y segundo, respectivamente.

    El citado grupo passaporta tiene una página web. Espero que esta vez pueda salir bien el enlace, no como en el desgraciado link que les ofrecí del texto sobre Nietzsche. Siento ser tan chapucero en las artes de la red:
    http://www.passaporta.be

  15. jserna Says:

    Curiosa iniciativa. Nadie se escandaliza si una Constitución se pone en prosa. ¿Y por qué en prosa? Ponerla en verso quizá sea síntoma de lo que era la Carta europea: un proyecto de conmoción histórica para el que ciertos países no estaban maduros o frente al que se resistían con localismo de campanario. Prefiero el burocratismo de la Unión al narcisismo o el populismo de las naciones. Pero ponerla en verso es también signo del estado político de la Unión Europea: puede funcionar –y que siga así– aunque le falte una norma común. Esperemos que no sea indicio de una patología más grave.

    El presidente actual de la Unión da miedo, hablando como si fuera un desacomplejado antisistema. También da miedo Silvio Berlusconi, un tipo de setenta y dos años que rejuvenece con artificio y empeño en medio de una hecatombe lenta. Juega al populismo con el aplauso de muchos electores, que lo ven como el salvador de un país institucionalmente fallido. No es un viejo, ya digo, pero me pregunto qué será de Italia cuando falte este ardiente anciano. ¿Dejará el país en estado comatoso?

    Ojalá con Italia suceda lo que con la España posterior a Franco: que se pueda recuperar tras años de anemia política.

    Enlaces recientes sobre Berlusconi e Italia:

    http://justoserna.wordpress.com/2008/06/26/silvio-berlusconi/

    http://lacuevadelgigante.blogspot.com/

  16. Angel Duarte Says:

    Don Justo, no se preocupe por lo del medio siglo. En su caso, está claro, es solera. ¡Enhorabuena!

    Lo del pecio que encabeza el post sí que no tiene solución. Vamos, a mí no se me ocurre ninguna de razonable. He estado dos veces en ese lugar. La primera con mis padres. Debía ser a finales de los sesenta. Recorrimos España de punta a cabo en un 850. Una auténtica ruleta rusa.

    Por entonces mi progenitor era ‘rojo’ -después se hizo catalanista, como (casi) todos- y conserva una foto con el puño cerrado, en plan francamente estalinista, en la explanada previa. Debía ser en ese mismo viaje que al llegar a Portugal, en Fátima, no le dejaron entrar porque llevaba pantalones cortos. Era un iconoclasta, como puede intuir.

    La segunda, pocos años más tarde (1971?, 1972?) fue con motivo del viaje de fin de curso, en sexto de bachillerato. Los compañeros de clase, en La Salle Congreso -la proleta, vaya-, decidieron hacer algo así como la conga. También en la explanada. Nadie osaba hacer tonterías en el interior. De todas maneras, en esta ocasión fuimos reconvenidos agriamente.

    Desde entonces no he vuelto. Y no por falta de ganas. La última vez que visité El Escorial, tanteé la posibilidad de que nos acercáramos para ver como estaba la ‘cosa’. No me dejaron. Un silencio displicente acogió la propuesta. Como no estaba el horno para bollos, no insistí. De todos modos, en ese viaje la coca se quemó. Del todo.

    Lo del valle tiene mala solución. Si es que la tiene. Pero siempre constituirá un hito en ‘mi’ memoria.

    Amén!

  17. Pumby de Villa Rabitos Says:

    Qué curiosas vivencias las de los jóvenes del Tardofranquismo/Transición en el Valle de los Caídos. Yo también fui allí, precisamente, en aquellos años. Tiempos convulsos, recordados por mi como la televisión de entonces, en blanco y negro. Llegué acompañado por un viejo hedillista, camisa vieja de Falange Española, jonsista, por ser estricto con su origen ideológico laico, socialista y republicano.

    El hombre, ya metido en la sesentena y con su revolución pendiente a cuestas, tampoco había visitado el lugar nunca. Su antifranquismo se lo impedía. Me argüía con algunos de los argumentos que algún contertulio esgrime para explicar su ausencia del lugar. Así que fue una visita de lo más chocante porque, por aquel entonces, el MCPV no sólo albergaba a Juan Antonio sino, también, a algún joven gato veinteañero de Villa Rabitos. De tal forma que semejante pareja se plantó en la explanada del edificio en un irrespetuoso silencio.

    Caminamos juntos hasta su portón, empequeñecidos por la arquitectura ciclópea, gris, incontrovertiblemente fascista, sin despegar los labios hasta que nos encontramos con el primer ángel colosal que custodia el acceso al templo cristiano. El hombre, mirándolo, de abajo hacia arriba, como obliga la escenografía, se limitó a decir: “pero qué brutos, qué brutos”.

    Y la visita se convirtió en una especie de carrera a trote gorrinero. A él le asqueaba el lugar, era evidente; parecía como si se hubiera sumergido en una pesadilla, miraba a su alrededor con espanto. A mí, aquello me parecía tan irreal como grotesco, impostado y absurdo. Salimos con urgencia para poder respirar aire que no estuviera viciado. Aún gruñó al pasar bajo el otro angelote: “criminales…” Y notamos la primera brisa del valle.

    Yo, regresé convencido de mis propias ideas y de la importancia que tenía para la sociedad no volver a caer en manos de iluminados, de cualquier iluminado. De hecho, desde mi vuelta, me alejé del MC. Por su parte, él regresó tremendamente frustrado: aquella realidad tangible, palpable, concreta, del franquismo era un monumento a la ostentación la vacuidad fascista (¡qué próximos a la arquitectura conceptual de la postmodernidad!) y a la criminalidad del régimen que ponía ante sus ojos lo que él combatía desde sus hipótesis idealistas de salón (el antifranquismo falangista no daba para más). No, no era lo mismo enfrentarse a una abstracción que mirar, cara a cara, la petulancia de una dictadura. De regreso, se apuntó a CC.OO. donde militó de forma activa y, sobre todo, alegre, hasta su muerte.

    Nunca olvidamos, ni él ni yo, aquel viaje. Extraños designios del Destino…

  18. jserna Says:

    Recordamos las visitas que hicimos al Valle de los Caídos. Fuimos con nuestros mayores: con falangistas hedillistas, con opositores, lógicamente hostiles al régimen, o con padres amedrentados por el franquismo (como era mi caso).

    Quisiera recordar ahora el simpático caso de Manuel Cantarero del Castillo, alguien de la generación de mi padre. Murió días atrás, según nos han informado los periódicos. Cantarero del Castillo fue un falangista que dejó de serlo para finalmente adoptar una ideología bienintencionada y confusa. En los años setenta, cuando se abrió el derecho de asociación política fundó Reforma Social Española. Nada menos.

    ¿Alguien puede explicar a los más jóvenes qué era aquello?

  19. Ana Serrano Says:

    Visto el efecto que les hizo el lugar a los que lo han visitado, me parece que tiene fácil solución, Don Ángel ¡Enseñarlo!, como decía mi padre, mostrarlo como una obra ignominiosa. Nuestros jóvenes saben algo de Franco por lo que han estudiado en el colegio, pero los menos estudiosos ni siquiera lo saben colocar en sus fechas, lo cual, por un lado, es una maravilla, pero mostrarles “eso” que hizo, a mayor gloria suya, con sus presos y cuando España moría de hambre, me parece un ejercicio estupendo. Yo, además, iría colocando en la explanada esa, rodeándola (supongo que habrá sitio, si se ponen apretaditas) las estatuas que quitan de plazas y placitas de nuestra triste España. Supongo que irán a almacenes y creo que ese sería un lugar mucho mejor.

    Me ha gustado eso de que el cambio de decena de Justo es Solera. Lo voy a usar para mí, con su permiso, Don Ángel. Cuando mi madre cumplió sesenta, que yo estaba estudiando musicología, le decía que ya tenía bibliografía (y alcurnia), es una broma de mi casa para todo lo añejo, decimos que tiene alcurnia y bibliografía; añadiré solera desde hoy :-)

    Ayer me mandaron una cosa de esas que bloqean los correos, pero esta me gustó; traía frases para los que tienen solera:

    Dentro de cada persona vieja hay una persona joven…. que se pregunta qué coño ha pasado…
    - Cora Harvey Armstrong-

    Los años más duros de la vida son entre los 10 y los 70.
    - Helen Hayes (a los 73) -

    Los 35 es esa edad en la que finalmente consigues tener la cabeza en su lugar, mientras que el resto del cuerpo empieza a caer.
    - Caryn Leschen -

    Si no puedes ser un buen ejemplo…. deberás ser una espantosa advertencia.
    - Catherine -

  20. jserna Says:

    Ana, espléndidas sentencias o aforismos que nos bajan los humos y nos dan ánimos. Todo a la vez.

  21. Pumby de Villa Rabitos Says:

    A mi lo que me parece espléndido de Ana es la idea de reconversión del Valle de los Caídos en una especie de Centro de Interpretación del Franquismo. Precisamente en la dirección que ella apunta (¡ojo con los parques temáticos, tan del gusto del pensamiento débil!).

    Antecedentes ya existen. Me refiero a los campos de concentración nazis en Alemania, los centros de exterminio polpotianos en Camboya, el Museo de la Memoria ubicado en la Escuela de Mecánica de la Armada de Argentina o la Casa-museo de Ana Frank en Amsterdam. Y el propósito sería, precisamente, enseñar a los chavales, no en la abstracción si no sobre la obra construida por la intransigencia, las consecuencias del pensamiento reaccionario.

    El problema es que, como apuntaba la hija de Negrín el otro día, es que España es el único país del mundo que no ha condenado su fascismo, así que, políticamente, no entra en la agenda de prioridades, bueno, ni prioridades, ni “na”, sencillamente, ni se menta. Vuelvo con Fabra y su libro de Franco. Estamos en un país en el que la Administración Pública paga libros laudatorios al dictador, los políticos responsables lo justifican con la “libertad de expresión” y la Justicia no tiene vía legal para atajar esos desafueros. ¿Imagináis algo así en Alemania, por ejemplo?… ¿Cómo vamos a explicar a los jóvenes lo que es un golpe de Estado antidemocrático, una guerra desigual, un régimen bastardo, una dictadura, la represión y el continuismo si pasan cosas así?… O sea, que no tendremos esa reutilización del Valle de los Caídos.

    Por cierto… ¿dije más arriba que la Justicia no tiene vía legal para impedirlo? ¿No la tiene?… ¿pero eso no es apología del terrorismo?, ¿eso no es incitación a la violencia?… ¿no atenta contra la democracia?… ¿para eso no hay legislación antiterrorista aplicable?… ah, no, claro… la legislación antiterrorista se aplica a “los otros”, a “los malos”, ¿y quién cataloga de “malo” el franquismo? si no se persigue, si se admite, es que es “bueno” ¿no?. Luego os quejáis de las comeduras de bola con las que van los adolescentes por la vida.

    Me temo que seguimos anclados en el lienzo de Goya: “ellos” y “nosotros”, los “malos” (siempre, ellos)y los “buenos” (siempre, nosotros), ambos enterrados hasta las rodillas, ambos dándonos de cachiporrazos a la cabeza.

  22. Juan Antonio Millón Says:

    ¿Centro de “interpretación” del Franquismo, dicen? Espero no tener que soportar otra de esas ocurrencias de los “gestores culturales” ad usum, con su plastelina mediática y su memez posmoderna. Aunque, quizás, salga algún gestor de éstos que le allanen el terreno moral a los adocenados políticos, incapaces de llevar adelante, de forma valiente y ecuánime, la ejecución de esa mal llamada Ley de la Memoria Histórica. Cuánta razón le asistía a Martín Pallín: “Los historiadores futuros comprobarán asombrados que hubo una Causa General contra los vencidos y ni un solo procedimiento penal contra los que recibieron el apoyo de Hitler y Mussolini”.

  23. Arnau Gómez Says:

    Saludos a todas,todos.
    Reforma Social Española, partido de Cantarero del Castillo tenía un ideario difuso y confuso.De centro y avanzado en lo social.Es decir:fascista.
    Como es lógico,no convenció a nadie y se diluyó en la UCD,creo.

  24. David P.Montesinos Says:

    La neutralidad, o como dicen a veces, la “equidistancia”, es una de las excusas predilectas de la cobardía moral. ¿Cuántas veces me habré escuchado ese sonsonete? “Es que los otros también mataron a mucha gente”… y así la gente -como diría mi abuela- se “avía” mejor. El Valle de los Caídos debería en realidad dedicarse a quienes en régimen de esclavitud trabajaron para levantarlo y se quemaron allí la salud y la vida… Esos sí murieron por Dios y por España. Coincido con Pumby, el hecho de que España no haya condenado oficialmente el fascismo es la verdadera anomalía de la Santa Transición. Acuérdense de la famosa Asociación Francisco Franco sufragada económicamente por el aznarato.

    Atención a esto, lo extraigo del artículo titulado “¿La agonía de Franco? Políticas culturales…”, de Cristina Moreiras, publicado en el interesantísimo volumen dirigido por Eduardo Subirats titulado “Intransiciones”, publicado en 2002 por Biblioteca Nueva y que les recomiendo encarecidamente. Moreiras es profesora en la Universidad de Yale y experta en la obra de Juan Goytisolo. Ojo a lo que dice en relación al papel del intelectual en una cultura postfranquista de la que quízá no hemos salido tan incólumes como nos creemos:

    “Pensar la barbarie, lo que se oculta a las narrativas de la historia pero que sin embargo está ahí, interviniendo violentamente desde su afuera, es el proyecto al que se dirige el intelectual empeñado en desestabilizar las políticas de consenso y así revisar criíticamente la construcción cultural de la Historia. Si la democracia española se abre con un olvido, es este olvido el que un proyecto intelectual crítico deberá tomar como objeto. Y hacerlo supone precisamente pensar los restos, mirar directamente el Horror para desde él incorporar a la historia una genealogía violenta y excluida que, por haberlo sido, continúa ejerciendo enorme poder.”

    Hay casi algo freudiano y terrible en esa política de la amnesia en la que alguno de ustedes, por lo que cuentan, no podrá ya nunca confortarse porque su experiencia vital se lo prohíbe. Dice Isabel “nací con la Constitución y me lo dieron todo hecho”. Debo matizar aquí. Nada estuvo nunca hecho, nada nos dieron. Si la democracia fue algo alguna vez, no fue en ningún caso una “donación” graciosa de algunos jerarcas más o menos astutos que engañaron a los poderes fácticos. En todo caso fue el poder instituyente de la sociedad civil española el que propició el final del Régimen, aunque fuera en la cama y de muerte natural. Por eso mismo, no pasa un solo día sin que la democracia sea algo que hayamos de construir, y en eso usted está tan exigida como quienes sí probamos el hierro de la Dictadura. La genealogía de lo violento y de lo excluido a la que se refiere Moreiras -usted como historiadora lo entiende perfectamente- sigue siendo una tarea pendiente. Algo de eso hay, algo de esa misión de reconstrucción de engarces con movimientos recientes, de esfuerzo de pensar lo impensado de nuestros supuestos “nacionales” -pese a que el personaje del General Elío nos quede tan lejos en el tiempo- lo que se vislumbra en el transfondo de trabajos historiográficos como el que nos reunió en la Casa del Libro hace algunas semanas. La democracia es, si utilizo correctamente el término, un concepto “performativo”: se determina y constituye en el momento mismo que se nombra, se pone en práctica con cada apropiación que de ella hacemos, y en eso, insisto, lo que usted haga es tan susceptible de ser juzgado como lo que se hizo en el pasado. Nada está dado, pues, en cierto modo, seguimos en transición… y, por siniestro y pesimista que parezca, la libertad corre peligro siempre.

  25. Marisa Bou Says:

    Nunca he estado tan de acuerdo con David P. Montesinos como hoy.

    Querida niña Isabel, la democracia no es un legado de tus mayores. Es un modo de estar en el mundo, es una fórmula de convivencia de la que nos hemos dotado. Y por eso, la hacemos cada día al convivir según esa norma, que tuvo unos creadores, sí; pero que se transforma con el uso que hacemos de ella. Es tarea de todos seguir construyéndola dia a dia.

    Pero no es menos cierto que, si bien fué una hermosa construcción, no se tuvo el cuidado de asentar bien el terreno antes de empezarla, sino que se echó una tupida alfombra sobre los escombros de este país, tratando de no removerlos para no despertar fantasmas. Craso error, porque los espíritus atraviesan cualquier muralla. Y siempre están ahí. Jamás podremos ignorarlos.

    Cierto es, también, que algunos de nuestros intelectuales hacen muy bien su tarea de transmitir, a los que vienen detrás, lo que otros se han esforzado en que quedara en el olvido. También algunos políticos honrados. Estoy pensando ahora en Juan Soto, concejal socialista del ayuntamiento de Valencia, que no ceja en su empeño -un pleno tras otro- de pedir a la alcaldesa reparaciones a la memoria histórica: una fuente inagotable de peticiones, que son ignoradas contumazmente por la ínclita Pepera… de cuyo nombre no quiero acordarme, compinche de nuestro bien vestido presidente Camps.

  26. Isabel Zarzuela Says:

    Querida Marisa, yo siempre estoy de acuerdo con el amigo Montesinos, incluso hoy :-).

    David, gracias por corregir mi frase “a mí me lo dieron todo dado” por “a mí me lo dieron todo hecho” al sacarla a colación . ¡Menudo lapsus! Perdón por el error. No obstante, aún corregida la frase, no ha resultado muy acertada, pues por sus comentarios me doy cuenta que no me expliqué bien.

    Cuando hablo de “todo hecho”, me refiero al Estado social y democrático de derecho. Un estado que evidentemente no nos vino en 1978 tal y como está en la actualidad. Ha habido un trabajo continuo de construcción (con avances y retrocesos) en los derechos y libertades, que nunca debe detenerse mientras haya democracia. Por eso se ha tardado 30 años para que los homosexuales puedan contraer matrimonio, por eso llegará una ley del aborto en condiciones (o sobre la eutanasia, algún dia), por eso una mujer dirige el Ministerio de Defensa… Por no hablar de todo el camino recorrido, que muchos se empeñan en destruir. Queda claro pues, que hay un trabajo constante. Ya saben: pequeños cambios cuantitativos para llegar a los cambios cualitativos…

    Por eso, el “todo dado” no se refiere a los derechos descritos anteriormente, se refiere a que desde el estado social y democrático podemos conseguir esos avances sociales. Desde el régimen anterior, no. Muchos de los que visitan este blog, podrían contarnos lo que suponía luchar para conquistar cualquier avance social en aquel régimen terrorífico, y que además nunca conseguían.

    Marisa, me gusta mucho su metáfora de la transición: “… se echó una tupida alfombra sobre los escombros de este país, tratando de no removerlos para no despertar fantasmas. Craso error, porque los espíritus atraviesan cualquier muralla. Y siempre están ahí. Jamás podremos ignorarlos.” Me encanta…

    David, ya sé que aquí huele mucho a historiador, pero yo estoy en la excepción, como usted ;-)

  27. Ana Serrano Says:

    Hace ya tres años que vi una película en un pase casi privado, que comenté en mi foro (Justo la conoce). Hoy sigo diciendo lo mismo, aunque ha habido una tímida, timidísima reacción del gobierno actual.

    Hasta que no sea delito punible cualquien alusión ponderativa o simplemente justificativa al régimen de Franco, no se cerrará ninguna herida. Algunos las tenemos abiertas sin haberlas sufrido directamente, como una maldición, como una cuestión ya genética.

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=1525&page=0#11872

  28. Ana Serrano Says:

    La misma persona que hizo “Santa Cruz, por ejemplo”, Günter Schwaiger, estrenó en 2007 “El paraíso de Hafner”

    http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=2525&page=0#18625

    Fui a verla y salí sobrecogida y enferma. Ya en la calle, cuando me marchaba, vi salir a Hafner y me quedé paralizada: allí estaba el monstruo, un anciano con aspecto apacible, que sonreía contento al sentirse protagonista. Muchos lo vieron, como yo y, unas diez o doce personas se acercaron a él como quien va a Compostela a besar la estatua de Santiago. No daba crédito a lo que veía, pero aquel grupo de españoles, comenzaron a preguntar al nazi asesino, mejor a tratar de confirmar “en las fuentes” las bondades del nazismo, de la España de Franco y las mentiras que los rojos vertían sobre aquellos tiempos maravillosos. En ese momento me di cuenta de por qué la democracia llegó de modo tan, tibio de por qué tuvieron que renunciar, como siempre los vencidos para que pudiera prosperar; del peligro tremendo que sigue habiendo a cada paso y ahora de la razón que tiene el Señor Montesinos. No hay nada seguro. Nada está hecho del todo.

  29. jserna Says:

    El pasado hay que hacerlo explícito, mostrarlo. Reflexiono otra vez sobre ello. Más tarde escribiré sobre esto mismo. Mi artículo de El País, que mañana sale, aborda un peque´ño aspecto de esto mismo.

    Hay que hacer expreso el pasado, sí, pero no para ganar batallas retrospectivamente, sino para entender qué queda de los muertos –de todos los muertos– en nosotros y para analizar la pertenencia colectiva a la que nos acogemos. Entre esos antepadados y yo no hay un espejo que nos refleje mutuamente, pero no puedo desentenderme de lo que mis predecesores hicieron. Para bien o para mal. El pasado manifiesto, no nos apacigua, sino que nos inquieta: nos obliga a averiguar más cosas, a rebajar nuestra soberbia: la de quienes saben cómo acabaron las cosas. ¿Y cuándo acaban las cosas? Las cosas no acaban cuando creemos, los efectos duran. El presente dura.

    Pero, claro, todo esto no interesa demasiado…

  30. Juan Antonio Millón Says:

    Sr. Serna me parece muy interesante esa mostración del pasado y ese análisis de nuestra “pertenencia colectiva” a los que usted alude y esperaré a mañana para poder leer con interés su artículo. Como, imagino, no le es novedoso, la pugna analítica de Santos Juliá con Paloma Aguilar (ley de amnistía del 77), y de Francisco Espinosa y Pedro Ruiz (sobre la memoria histórica), expone elementos muy interesantes que implican no sólo a los investigadores o profesionales, sino que extiende su implicación más allá, no sólo a otros intelectuales o gente de la cultura -como es el caso de Andres Trapiello, Javier Cercas, Muñoz Molina, et alii-, sino también al entramado cívico, social de asociaciones y grupos interesados por la guerra civil y la represión franquista. Más allá de los “réditos” políticos que les aporte a algunos concejales o diputados, mal que nos pese.

  31. Pumby de Villa Rabitos Says:

    Juan Antonio, si alguien fuera ha hacerme caso con lo del Centro de Interpretación (sin comillas, que, como no ignorarás, es un tipo de equipamiento museográfico normalizado desde hace décadas) debo apresurarme a unirme a tu propuesta y aún incrementar el listado de infaustos gaznápiros de la cultura postmoderna que han estado cargándose, uy, perdón, “reconstruyendo”, los planteamientos duros (“hard”) de los servicios culturales europeos tradicionales en favor de la melíflua cultura actual.

    A los gestores culturales de pacotilla y a los políticos memos, unamos sin que nos tiemble el pulso, los arquitectos de la vacuidad conceptual, diseñadores titulados en cursos por correspondencia, comisarios de exposiciones pseudo-profesionalizados y museólogos de esos que son incapaces de distinguir entre un museo, una sala de exposiciones y, precisamente, un centro de interpretación.

    Si hoy la cultura se ha banalizado, si el pensamiento débil se ha impuesto en la sociedad, si la crítica y la ciencia han sido substituidas, en los servicios públicos prestadores de cultura, por la diversión y la imagen, si, hoy por hoy, la cultura es espectáculo, debemos buscar en esas profesiones – comenzando por la de los políticos, obviamente – los responsables del desafuero.

  32. David P.Montesinos Says:

    Se ha explicado usted perfectamente, Isabel, y no sé por qué lapsus la he incluido en la plaga gremial historiográfica que inunda este blog. Señor Millón, me gustaría que nos diera referencias de las polémicas a las que se refiere, no he leído a sus protagonistas.

  33. Pumby de Villa Rabitos Says:

    Me advierte el profesor Chivete de un error de esos achacable sólo a la corrección automática de Word (que maldita sea). No quise escribir en mi primer párrafo de mi última intervención “reconstruyendo”, me refería, claro, a ”deconstruyendo” que es el palabro al uso entre los postmodernos de pro.

    Por cierto, Juan Antonio, me parece muy interesante la petición que te hace David ¿podrías profundizar en ello?

  34. Marisa Bou Says:

    Mi felino amigo Pumby, deberías hacerte revisar ese corrector de textos de word. O, tal vez, eliminarlo. Porque el de “reconstruyendo” por “deconstruyendo” no ha sido el único gazapo. La intervención a la que aludes empieza diciendo:

    “si alguien fuera HA hacerme caso”

    Juzga tú mismo, pero yo creo que es más grave que el otro…;-)

  35. Juan Antonio Millón Says:

    Les leo la petición a punto de hervir “l´olla al forn” que diría nuestro admirado Ausiàs. Como no tengo mucho tiempo ya que he de dar clase esta tarde a las tres, les adelanto, para especificar más tarde, que la polémica de Julià con Paloma Aguilar se ha producido en la Revista de Libros -con ramificaciones en El País-, y la de Julià con Espinosa y Ruiz en la revista -que tiene expresión electrónica- Hispania Nova.

  36. Pumby de Villa Rabitos Says:

    Así es Marisa, pero mientras que el “ha hacerme” sólo es imputable a mi, que se me fue la pinza, el otro, cambiar “deconstruir” por “reconstruir”, se debe al mecanicismo absurdo de una tecnología muy primitiva que nos quieren vender como la panacea. Con lo cual, prefiero equivocarme yo solito sin necesidad de equivocarme, además, a máquina, acumulando error sobre error.

  37. Juan Antonio Millón Says:

    Polémica Juliá-Aguilar en Revista de Libros:
    -Santos Juliá, “Hermeneúticas imaginativas”, nº 131 (nov. 2007), pp. 12-14.
    -Pablo Sánchez León y François Godicheau, “Magisterio en hermeneútica”, nº 135 (marzo, 2008),pp. 48-49.
    -Paloma Aguilar, “Sobre amnistías, presos políticos y terroristas”, Idem., pp. 49-50.
    -Santos Juliá, “Cuándo y a cambio de qué fueron liberados los presos políticos de la dictadura”, nº 138 (junio 2998), p. 50.
    -Paloma Aguilar, “Respuesta a Santos Juliá sobre la amnistía de 1977 y los presos de la dictadura”, nº 141 (Sept. 2008), p. 50.
    -Santos Juliá, “Erratas y errores”, nº 143 (nov. 2008), p. 50.

    Polémica Juliá vs. Francisco Espinosa y Pedro Ruiz:

    -Santos Juliá, “De nuestras memorias y de nuestras miserias”, Hispania Nova, nº 7, 2007: http://hispanianova.rediris.es/7/dossier/07d018.pdf
    Este enlace contiene los links de los artículos de Espinosa y Ruiz. Ahorrenmelo citar.

    Yendo hacia el trabajo oigo por la radio que, después de tres meses, ninguno de los 43 juzgados a los que Garzón pidió que intervinieran en las diligencias abiertas por él, ha respondido asumiendo las denuncias. Vuelvo de nuevo a decir: Cuánta razón le asiste a Martín Pallín.

  38. Pumby de Villa Rabitos Says:

    Muchas gracias, Juan Antonio

  39. jserna Says:

    Me sumo a los agradecimientos que debemos a Juan Antonio Millón. Meses atrás, yo había seguido parte de esas polémicas, precisamente gracias a la información y a las lecturas que me había pasado uno de los intervinientes: Pedro Ruiz Torres. Les garantizo que la controversia es muy interesante.


  40. [...] El Valle de los Caídos, cincuenta años – Los archivos de Justo Serna, Microhistoria de un mundo he… [...]


  41. [...] interesante y caro, muy caro: El Valle de los Caídos (2009), de Fernando Olmeda. Me lo he traído. Me interesa documentarme sobre este monumento odioso… Luego, ese sol valenciano me dañaba. Y la muchedumbre. En cuanto frecuento un sitio ruidoso, [...]


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