cerrado0. Cerrado por vacaciones.

Deseo que pasen un buen verano.

Tendremos la gran reapertura del blog el lunes 7 de septiembre.

Aquí les esperamos. Mientras tanto pueden consultar las entradas anteriores. Este blog reinició su andadura tres años atrás. Son muchas horas de posts y comentarios.

Hasta la vuelta.

1. El trabajo como condena. PrsioneroLeo en El País una crónica carcelaria sobre los detenidos del caso Gurtel: Francisco Correa, Pablo Crespo y Antoine Sánchez. ¿Qué se les imputa?  Un delito de blanqueo de capitales, otro de fraude fiscal, varios de falsedad, varios de cohecho, uno de asociación ilícita y varios de tráfico de influencias.

Firma dicha crónica Pablo Ximénez de Sandoval y su detallada exposición es un repertorio de tópicos carcelarios. Entiéndaseme: reúne muchas de las experiencias y vivencias de los preventivos, esas que tantas veces hemos visto en las películas.  

“Cuenta F. G. que [Francisco] Correa, el empresario que ha dado nombre a uno de los casos de corrupción más sonados de la democracia, alguna vez ha comentado en grupo: «¿Qué hago yo aquí entre delincuentes?». Se hizo esta pregunta una vez en alto, de forma retórica, y a continuación aseguró: «Yo no soy un delincuente». Dijo que todo era un problema de papeleo con Hacienda. Los que estaban alrededor se echaron a reír”. Imagino las carcajadas, el tono de sarcasmo con que recibieron ese pretexto, esa exculpación.

Por casualidad, poco antes de leer dicho reportaje periodístico, vi por enésima vez una  secuencia de Cadena perpetua (1994), aquella película que protagonizaran Tim Robbins y Morgan Freeman. En un determinado momento, cuando los presidiarios novatos se disponen a pasar su primera noche en la cárcel, el miedo cunde entre ellos. Lo que vemos es archiconocido. Los veteranos, encallecidos y crueles, hacen apuestas: a ver quién es el primero de los recién llegados que grita Esto es un error. Yo no debería estar aquí. Todos ríen. Un tipo obeso se derrumba y grita justamente eso: Yo no debería estar aquí. El carcelero lo torturará…

En ocasiones he pensado qué sentiría si me viera en la circunstancia de estar en una celda con preventivos, a la espera de ser juzgado. En mi tesis doctoral traté el tema de las cárceles, la cuestión de las prisiones en el siglo XIX.  En ella abordaba lo genérico y lo concreto del régimen penitenciario, la implantación de la pena privativa de libertad, el desarrollo del sistema disciplinario. Acudí al archivo, organicé el material y consulté la bibliografía para finalmente escribir sin pausa durante meses de encierro doctoral. Fue como una condena o al menos así viví aquel tiempo de reclusión. 

De eso hace ya veintitantos años. Yo estaba muy influido por la lectura de Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, de Michel Foucault, y por las analogías penitenciaría-fábrica y cárcel-sociedad que su autor empleaba para criticar el autoritarismo del mundo contemporáneo. Ese mundo sería como un presidio en el que todos seríamos observados permanentemente. El panóptico… Demasiado exagerado, demasiado real. Yo era un pipiolo que jamás había pisado una celda y, por tanto, alguien que escribía de oídas. O, mejor, de leídas: sólo sabía aquello de lo que me había informado.

Sigo sin conocer directamente el mundo de las penitenciarías  y, por no haber leído nuevos libros, mis erudiciones carcelarias se han reducido alarmantemente. El sentimiento que me acucia en alguna pesadilla kafkiana aún perdura (Esto es un error. Yo no debería estar aquí). Y la vivencia del encierro…, pues la vivencia del encierro reaparece cuando me veo forzado a escribir por un compromiso incumplido o retrasado: como si uno estuviera pagando finalmente una pena.

Durante los últimos días de julio he de acabar un trabajo cuya entrega he demorado. Ahora lo estoy pagando. Como si estuviera encerrado en un ergástulo, escribo para cumplir la condena. El tema que trato no me interesa especialmente, el asunto que abordo no me conmueve y cada día que pasa me digo Esto es un error. Esto es un error. Yo no debería estar aquí.

Desde luego no tengo derecho a hacer esta analogía: mi vida no se parece nada a la del presidiario. Y, además, no me rodean veteranos que se rían de mis miedos o de mis pretextos. Soy yo el único responsable de esta última condena. Por eso voy a acelerar su cumplimiento; voy a acortar el tiempo de encierro. Dejaré de hacer cualquier otra cosa para acabar lo antes posible: justamente para llegar libre a agosto.  

Por las razones que expongo, entenderán ustedes que cierre el blog hasta septiembre. ¿Cerrarlo? No. En realidad dejaré de actualizarlo. Primero para acabar lo que llevo entre manos y después para descansar, para veranear (que se decía antes, cuando la vacación duraba semanas y semanas), para viajar. En mis desplazamientos de ese mes espero no repetirme Esto es un error. Esto es un error. Yo no debería estar aquí. En fin.

CerradoporVacaciones2. Colofón. El lunes 7 de septiembre regresaré con mayor tono vital, con nuevos bríos. Seguro. Entonces ya habré cumplido mi condena. Estaré libre y sin cargos. Les espero a la vuelta, en el nuevo curso. Ahora, eso sí, cuando regresemos no se me comporten como los veteranos de Cadena perpetua: no hagan apuestas para comprobar cuánto tardo en gritar Esto es un error. Yo no debería estar aquí.

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