Home

Por qué hay que releer novelas

24 marzo 2011

Por qué hay que leer novelas. Eso es lo que me preguntaba años atrás en un libro. Ahora, si me permiten, me preguntaré algo levemente distinto: por qué hay que releer novelas. No crean, no es una tontería. Para explicarme pondré un ejemplo. Les pido paciencia. El post me ha salido muy largo. A lo mejor, en algún momento entre todo lo que digo encuentran algo de provecho. Me sentiría muy honrado. Punto y aparte.

Por sexta vez he leído El dueño del secreto (1994), de Antonio Muñoz Molina. ¿Seis veces? Sin duda, alguien puede pensar que estoy chiflado. Un tipo que lee tantas veces un mismo libro no puede estar en sus cabales.  Trataré de explicarme.

Una de las razones por las que releo dicha novela es académica. Estoy escribiendo una memoria, un ensayo en el que trato de Historia y Novela y esta obra tiene un hueco importante entre sus páginas. En estas condiciones, para analizar a un autor o una obra, releer es algo juicioso.

Pero mentiría si dijera que lo único que me motiva es lo académico. Hay, aparte, una primera y primaria razón, emocional: esta novela me une directamente a mi padre. Y eso es algo que ocurre desde que la descubrí en 1994, el año de su publicación.

Hay algo remoto y sentimental en esta elección. Creo haberlo contado ya en alguna ocasión. Antes de que yo llegara a leer una sola línea de Antonio Muñoz Molina, fue mi propio padre su principal propagandista. En mi casa, quiero decir.

“Que lo leas, que lo leas”, me repetía insistentemente. Se refería al escritor de Úbeda. ¿Qué novela?, le preguntaba yo. Beatus ille (1986) me respondía siempre con gran admiración. El hecho de que dicha obra esté ambientada en la Guerra Civil me frenaba. No tenía ganas de remontarme a aquel tiempo. Luego la he leído y releído, creo que hasta tres veces, y estoy seguro de que volveré a leerla, sí.

En cambio, El dueño del secreto me interesó desde el principio. Me recuerdo comprando un ejemplar de la novela en la Feria del Libro de Valencia. Ya digo: en 1994. La historia se desarrolla en Madrid en mayo de 1974, esto es, en plena adolescencia mía. Y además los hechos suceden por unas fechas más o menos coincidentes con mi primer viaje a la capital. La protagonizaba alguien que por aquel entonces era como yo: mejor dicho, algo mayor que yo. La historia me concernía, pues me llevaba a un pasado que podía identificar. Si además empezaba con rotundidad, no podía dejar de atraparme.

“En 1974, en Madrid, durante un par de semanas del mes de mayo, formé parte de una conspiración encaminada a derribar el régimen franquista…” Sobre esta novela escribí en Pasados ejemplares. Historia y narración en Antonio Muñoz Molina (2004), dedicándole un capítulo que, modestia aparte, creo que me quedó redondo. Ahora, años después, una fina y contundente lectora ha vuelto sobre dicha obra para escribir un ensayo interpretativo, que ha publicado en Ojos de Papel. Me refiero a Rosario Sánchez Romero. Mantengo con ella una polémica. Discrepo de su interpretación y sobre todo discuto el análisis que hace del narrador, de la voz que nos cuenta la historia.

Como digo, quien protagoniza los hechos es ese muchacho que está en Madrid en 1974, ese en quien yo proyecto indirectamente mi adolescencia. Pero quien lo cuenta es él dos décadas después, hacia 1993: cuando ya es un adulto instalado en el pueblo. De Madrid salió en 1974. Regresa a su pueblo, en efecto, y por lo que confiesa ya no ha vuelto a la capital. ¿Sabe lo que cuenta? ¿Se equivocó entonces pero ahora, en 1993, acierta al contarlo de determinada manera? Yo sostengo que el narrador tiene serios problemas cognitivos, perceptivos, desiderativos. Perdonen las cacofonías. Cuando era una persona joven confundía la realidad con sus deseos o con sus miedos o con sus fantasías. Mucho tiempo después, cuando narra, sigue confundido echando en falta lo que nunca tuvo, lo que nunca vivió verdaderamente.

Rosario Sánchez, por el contrario, sostiene que el narrador ha madurado, que ajusta cuentas, que hace el duelo y que asume lo que perdió, algo que no estaría perdido del todo porque él dice conservarlo en su memoria. ¿Tiene algún interés esta polémica, fuera de las dos personas implicadas? Quizá pueda aprenderse algo de lo que son las novelas, del mundo posible que hay en ellas. La ficción crea un estado potencial y quien cuenta tiene, por decirlo así, la sartén por el mango. Si no hay nadie que replique, entonces el narrador nos impone su visión y su versión. Pero el lector tiene siempre posibilidades de examinar esa visión y esa versión. Puede haber indicios suficientes que nos permitirán sospechar de los bulos o errores y confusiones de quien nos cuenta las cosas. Permítanme la comparación con el psicoanálisis. Gracias a unos amigos, estoy viendo la serie televisiva En terapia, de Rodrigo García, y es inevitable que acabe con esta analogía. En la sesión psicoanalítica, el terapeuta no accede a los hechos, sólo al testimonio sesgado y desordenado del paciente. ¿Le interesa acceder a la realidad? Lo que al analista le interesa es captar los matices de esa versión, de esa presentación, los efectos que eso tiene en el analizado. Regresemos a Muñoz Molina.

En las obras de este novelista, la voz del narrador es esencial: como en todo relato, se me replicará. Sí, es cierto, pero en este autor tiene una particularidad. El narrador es observador a veces participante, a veces ajeno a la historia que está contando. Por un lado, ese yo que se expresa capta con precisión y sutileza la emoción de las cosas, los sentimientos asociados a los hechos y a los objetos. Es capaz, es perspicaz. Suele acertar de pleno. Por otro, ese narrador no distingue bien lo que le rodea, lo que vive o lo que aprecia en los otros. No suele contar en tiempo real, cuando ocurren los acontecimientos, sino años después. ¿Qué es lo que sucede? Que si se equivocó entonces, se vuelve a equivocar ahora; que si fantaseó, que si cayó en la irrealidad absoluta, recae nuevamente. En ciertos narradores-personajes de Muñoz Molina, la quimera o el error no los corrige la edad. Eso con lo que fabularon es prácticamente lo que les queda después de una vida de derrota o de retirada. Se aferran a la ilusión y viven los hechos sin hacer un duelo correcto. Los viven obnubilados, con una suerte de melancolía llevadera.

Es algo frecuente en las novelas de Antonio Muñoz Molina: por ejemplo, El dueño del secreto (1994), Carlota Fainberg (1999) o En ausencia de Blanca (2000). En los tres casos, los narradores cuentan algo más o menos remoto que les afectó profundamente. Cuando lo rememoran tiempo más tarde, ya disfrutan de cierto acomodo o de cierta estabilidad: estabilidad mediocre, pero aceptable. Son individuos más o menos cobardes o acobardados que se han resignado. Son los damnificados de la provincia, aquellos que tuvieron expectativas, expectativas a las que renunciaron chasqueados. Cuando recuerden, lo harán con autoengaño, con la añoranza confusa de quien cree haber vivido lo que sólo fue una fantasía. La evocación no es, en este caso, madura: no redime. Es consoladora. En las tres novelas citadas, la mujer como figura evanescente, misteriosa, es el centro del error que no se percibió entonces y no se distingue ahora. Los protagonistas masculinos no se enteraron entonces y no se enteran ahora.

En El dueño del secreto, el narrador vive en la ensoñación varias décadas después: aún confunde lo que es real con lo quiso ver y aún cree: que participó en una conspiración antifranquista. Era un muchacho impresionable, un joven provinciano que queda pasmado por el Madrid deslumbrante que un adulto fantasioso le presenta. Es una especie de mentor. ¿Su nombre? Ataúlfo Ramiro Retamar. ¿Su profesión? Abogado. ¿Su condición? Crápula. Sólo es un crápula, un espléndido mentiroso. Pero el narrador no lo vio así y sigue sin verlo. Lo cree un tipo importante y todavía cree en sus embustes. Sin embargo, todo es más prosaico: no hay, no hubo, conspiración. En realidad,  el tal Ataúlfo era un adúltero empedernido. Nada más. La operación política sólo era una tapadera narrativa, pues únicamente había una cuestión de cuernos. Ahora bien, el muchacho se cree coprotagonista de una conspiración. Luego, cuando nos lo cuente años después, aún creerá que fue copartícipe de esa operación. ¿Qué duelo va a hacer quien no sabe lo que tuvo ni lo que perdió?

El propio Muñoz Molina ya apuntó algo sobre esto y yo mismo abundé en Pasados ejemplares, algo que Rosario Sánchez no ha tenido suficientemente en cuenta. Como señaló el novelista en su momento, el personaje de Ataúlfo está inspirado en una persona que él conoció, alguien muy fantasioso y mendaz. Concretamente dice Muñoz Molina: la novela se fundamenta “sobre todo [en] un recuerdo, el de un hombre estrafalario y admirable a quien yo había conocido en Madrid en 1974, y que me había hecho creer, entre otros embustes de su imaginación alucinada y generosa, que estaba implicado en una conspiración para derribar a Franco”. Antonio Muñoz Molina sabe que eso era una fantasía. El narrador de su novela no lo sabe y aún sigue preguntándose por una conspiración de la que no hubo atisbos.

No sé. Podríamos seguir, pero creo que es suficiente. Al menos de momento. ¿Ven para qué sirve releer?  Para mirar con cuidado, cosa que no hizo el protagonista y narrador de El dueño del secreto.

About these ads

28 Responses to “Por qué hay que releer novelas”

  1. Facebook Says:

    Mar Es Pop
    y tb nos lo preguntábamos, años atrás y con mucho gusto, en una clase de Historia Contemporánea. Saludos desde Alemania, ya en primavera también, jeje

    Justo Serna
    Uf, cómo pasa el tiempo. ¿Cuántos años hace de eso?

    Francisco Javier Terrádez Amado
    Por supuesto que hay que releer novelas, porque nunca bañamos en el mismo río. Que nosotros no seamos lo mismos cuando nos volvemos a enfrentar a una lectura es algo que no creo que nadie ponga en duda, pero la pregunta es, ¿la obra en sí muta con el tiempo o es algo fijo, que dependiendo de su profundidad y atemporalidad sigue ofreciendo algo distinto a sus lectores venideros?

    Mar Es Pop
    mmmmmm, hace unos 5 anos (perdon, escribo con teclado aleman y no encuentro todavia ni acentos ni consonantes hispanas, jaja) :)

    Lorena Lorailo
    Mutamos nosotros, y con nosotros la obra. Y cada vez que releemos, revivimos lo que nos emociona…

  2. Marisa Bou Says:

    Dice usted: “Se aferran a la ilusión y viven los hechos sin hacer un duelo correcto. Los viven obnubilados, con una suerte de melancolía llevadera.”

    “Viven obnubilados”, “melancolía llevadera”… Me gustan esos sintagmas, porque reflejan mi forma de vivir y mi manera de sobrellevar la melancolía. Es decir, retratan un estado de ánimo en el que suelo encontrarme muchas veces -no siempre, claro: a veces (pero pocas)también soy una persona lúcida- y que suele ser consecuencia de la acumulación de experiencias traumáticas que, si bien todo el mundo experimenta alguna vez, en mí suelen ser tan “normales” como la necesidad de comer, dormir, trabajar, vivir… Y de las que, como usted dice, no hago el duelo correctamente.

    Releer novelas (o algunas novelas) no me parece un trabajo superfluo. Yo tendría muchas más novelas en mi particular recuento si no hubiera empleado tanto tiempo en releer las que más me impresionaron en su primera lectura. A veces, para descubrir que el paso del tiempo cambia la percepción de lo leído. Otras, para confirmar que fueron -son- obras imprescindibles, al menos para mi propio afán lector.

    En su caso, además, las relecturas nos sirven, a quienes le seguimos, para replantearnos lo que leímos o para poner en la nómina de “lo que hay que leer” aquella novela de la que nos habla.

    Siga, siga usted, por favor. ¡Este post se intuye muy interesante!

  3. jserna Says:

    Gracias, sra. Bou, por su reflexión. Y gracias por su recomendación. Seguiremos. Seguiremos con el post, claro que sí.

  4. Angel Duarte Says:

    ¡Relea, relea! Que los demás salimos, como lectores, beneficiados. Y, ya se lo digo, agradecidos a la paternal insistencia.
    Me queda la duda de si la relectura académica puede ser igual de gratificante que la meramente gratuita. Es únicamente eso, una duda.

  5. jserna Says:

    Gracias, sr. Duarte. Creo que la relectura académica me resulta tan gratificante como la “gratuita”. Por mi parte, procuro no separar mis actividades: trato de releer de manera placentera y de contar lo bien que me lo paso. Si, además, tiene rendimientos académicos, pues mejor que mejor.

  6. aleskander62 Says:

    Leer y volver a leer The Great Gatsby de Scott Fitzgerald, Animal Farm de George Orwell. Los adioses de Juan Carlos Onetti. The Scarlet Letter de Hawthorne. El jinete polaco de Muñoz Molina. El teatro de Jean Genet o de Moliere.

  7. jserna Says:

    Pues sí, sr. aleskander62, convengo con usted en todos los títulos que propone. Buenas recomendaciones de lectura o de relectura.

  8. David P.Montesinos Says:

    Acabo de inyectarme mi dosis diaria de Cormack McCarthy. Al hilo de aquel artículo que publicó usted con Isabel Burdiel, se me ocurre si no habré de pedirle permiso para escribir alguna vez algo que podría titularse así: “¿Por qué los filósofos deberíamos leer novelas?”

    Se acaba de morir Liz Taylor. No olvidaré nunca aquella entrada triunfal en Roma. Tras una exhibición de signos tan grandilocuente -el viejo Egipto desfilando entre los ciudadanos romanos como una muestra ostentosa de un pasado glorioso del que ya solo queda su simulacro-, ese momento final en que se postran ella y Cesarión ante Julio. Todo un icono gay, por cierto. Le he preguntado hoy a mi madre, quien siempre la adoró: “Jo, se me están muriendo todos.”

    Jo.

  9. Rosario Sánchez Romero Says:

    Muchas gracias por lo de fina y contundente lectora, lo entiendo como un halago que agradezco en lo que vale viniendo de quien viene

    ¿Tiene algún interés esta polémica, fuera de las dos personas implicadas? Se pregunta usted. Tiene el interés, la satisfacción y el gusto de dos personas que pretenden- no como los sofistas, imponer su discurso- sino tratar de pensar nuevas interpretaciones, de enriquecer una obra literaria con el punto de vista del lector.

    Tengo que decir que discutir con el profesor Justo Serna acerca de esta obra me ha proporcionado algunos ratos de placentera y rica conversación. Seguramente no nos pondremos de acuerdo por razones profundas que tienen que ver con cada uno y que esta novela ha tocado(él de alguna manera lo apunta). También creo que no había, ni hay otro objetivo excepto el de debatir y conversar con elegancia y respeto. El otro es un adversario, no un enemigo. En esta polémica me preside el principio que decía Savater “todas las opiniones son discutibles y esta condición no encierra demérito, como suelen creer quienes utilizan ese calificativo para desacreditar las opiniones que no comparten. Si una opinión no fuese discutible dejaría de ser opinión para convertirse en axioma o dogma”
    Dicho esto que resume mi actitud, y dejando claro que la interpretación que hago de la obra es solo una posibilidad y no “la verdad”,que es solo mi mirada, y es por tanto y- como decía Montaigne- la mirada de mi entendimiento y no la medida de las cosas, discrepo en algunas “cosillas”.

    Dice usted:
    “Mucho tiempo después, cuando narra, sigue confundido echando en falta lo que nunca tuvo, lo que nunca vivió verdaderamente”.
    Ahí es donde discrepamos, creo que el narrador, ha madurado, ha construido su historia. Ahora no está confundido, se ha distanciado de los hechos y rememora. Acepta su limitación, su cobardía, su pusilanimidad y su vida “mediocre”. No es un héroe ni nunca lo fue, él lo sabe, su rasgo melancólico está ahí.
    Necesitamos de un tiempo para poder ver los acontecimientos de nuestra vida desde otra perspectiva, es lo que hacen los personajes de Antonio Muñoz Molina, y es lo que hacemos nosotros: Ganar distancia de los hechos, recordar si se quiere, con cierta melancolía por aquello que quisimos ser y no fuimos, pero hoy- a estas alturas- también liberados y liberado de las servidumbres de la heroicidad.

    Dice usted: “Ataúlfo sólo es un crápula”. No estoy de acuerdo.Ni en esa novela ni nadie es solamente una cosa, no hay una historia única, ni de los pueblos, ni de los individuos, ni de las ficciones, querer verlo así es verlo de una manera simplificada. Las cosas y las personas nunca son unívocas. Ataúlfo es un crápula, embustero, adúltero y embaucador y además representa la crítica que AMM hace a esa generación, la crítica a aquellos que pudieron hacer una conspiración y no la hicieron. De alguna manera se burla de “la Inteligencia”.

    El que no comparta su opinión no quiere decir que no haya leído con atención y tenido muy en cuenta su ensayo “Pasados ejemplares”. Admiro su trabajo. Creo que es una reflexión sólida y argumentada acerca de la obra de este autor. Comparto muchas cosas de las que usted dice, no solo de El dueño del Secreto, pero en algunos aspectos creo que su visión es una posibilidad, solo una posibilidad de interpretación, no la única. El propio AMM deja abierta su obra a la interpretación del lector esa es la riqueza de la novela: sus diferentes posibilidades de lectura.

  10. jserna Says:

    Permítanme contestar por orden aunque brevemente. Mañana seguiré.

    1. Sr. Montesinos, si me permite, yo le diré cuál es mi película favorita de Liz Taylor: ‘De repente, el último verano’ (1959), de Joseph L. Mankiewicz. Elizabeth Taylor está tremenda. Y Montgomery Clift está torturado, con ese dolor que tan bien sabía interpretar. Lo que vemos a lo largo de la película es pura confusión y puro enredo. Al final descubrimos que hemos sido literalmente engañados. Y no digo más.

    2. Rosario, de eso, de la confusión y de la mentira, es de lo que trata ‘El dueño del secreto’, de Antonio Muñoz Molina. Del mentiroso que es Ataúlfo, un tipo muy ingenioso con sus fabulaciones que enreda a un incauto: el joven que luego será el narrador de la historia. Es muy duro envejecer y aceptar que todo fue pura filfa. El narrador se engaña pero no conscientemente. No vio y sigue sin ver. Ataúlfo es un crápula. No me diga que nadie es una sola cosa. Tony Soprano, en ‘Los Soprano’, es un mafioso. Puede que lo pase mal. Pero es un mafioso. En ‘Mad Men’, Don Draper es un embustero, un impostor. Puede que lo pase mal. Pero es un embustero, un impostor. Quien narra la historia de ‘El dueño del secreto’ interpreta muchos indicios justamente al revés: entonces y ahora.

    La primera vez que acude al despacho de Ataúlfo (perdone, pero alguien con ese nombre no puede ser fiable) ya va con una idea preconcebida. La realidad la desmiente pero él sigue creyendo lo que quiere creer. Espera tratar con un gran hombre de leyes. Y dice: “me había extrañado no encontrar junto a la puerta de la calle una de esas placas doradas que anuncian a los abogados. En la puerta del segundo derecha sí que había una placa, pero era muy pequeña y de poca calidad, como de formica”. Eso no le impide seguir pensando que es un gran hombre. Lo piensa entonces y lo piensa muchos años después, porque eso lo cuenta al cabo de dos décadas. Es un tipo que solo le da para una placa de formica.

    O cuando acude a Lhardy citado por Ataúlfo. ¿Quiénes están allí? Un cura de aspecto dudoso, una mujer de raro acento y un tipo obeso. ¿Qué traman? El narrador sigue pensando que algo muy grande. ¿Qué es lo que le dice Ataúlfo en aquel momento, cuando se quedan solos?

    “–Y ahora tú y yo nos vamos a tomar otra copa a la salud de esos cabrones que nos han pagado la cena, y que a mí me dan el cargo de conciencia de hacerme ganar tanto dinero. He dicho”.

    Este tipo es algo así como un estafador y un dandy. El narrador no lo ve de ese modo diecinueve años después. Tiene los datos pero no sabe interpretarlos.

    “Yo, que me lo creo todo”, dirá hacia el final. O como apostilla en otro momento: “Casi todo el mundo me parece [aún hoy, en el presente del narrador, en 1993] más inteligente y más prospero que yo”. Es un pobre diablo. Qué quiere, Rosario. Le tengo cariño, mucho cariño, pero el hombre es un pobre diablo.

    En otra ocasión, Ataúlfo le encarga que lleve una nota a una mujer de un club, el club ‘Azul’, con quien Ataúlfo se la pega a su mujer. Es un puticlub, pero él no sabe verlo entonces. Tampoco dos décadas después. “Quien podía sospechar, pensé admirativamente, que en ese lugar, el club ‘Azul’, estuviera uno de los centros neurálgicos de la conspiración antifranquista”. Allí, en consonancia el nombre del local, ve “un diván a lo largo de las paredes, esponjoso y sintético, como los divanes de los clubs de alterne”.

    ¿Cómo que como? Es un club del alterne. Y así una y otra y otra. Él cree que por su indiscreción fracasó una conspiración antifranquista. Eso no es hacer el duelo: para él es muy consolador y épico pensar que por su culpa se frustró una conspiración. Nada menos. Es un simpático incauto. Diecinueve años después lo sigue siendo. Y no voy a mencionar lo que es su vida en el pueblo…

    Esto es muy divertido. Seguiremos.

  11. David P.Montesinos Says:

    Perdonen que haga un alto en el apasionante debate, pero esto es un mensaje para los señores Lillo y Zarzuela. Prontamente voy a solicitar con insistencia propia de pelmazo irredento su asesoramiento experto. En agosto seré padre de una niña. Ay, qué lío.

  12. Alejandro Lillo Says:

    ¡Don David! ¡Don Daviiiiiiiiiiddddddddd! ¡Qué alegría más grande! ¡Enhorabuena! Muchas felicidades. Y felicite a su santa de nuestra parte. Y quite esa cara de miedo, leñe, que no es para tanto, sólo siete u ocho años sin dormir.

    Felicidades, de verdad.

    Jo, me “mocionao”.

  13. jserna Says:

    Sr. Montesinos, perdone que me meta en la pregunta que les hace a los sres. Lillo y Zarzuela. Enhorabuena. Y felicidades.

    Sencillamente.

    Un fuerte abrazo.

  14. David P.Montesinos Says:

    Métase, métase, que por algo lo cuento en su blog.

    Don Alejandro: ¿Sólo siete u ocho años? Ah, bueno, siendo así ya me quedo más tranquilo.

  15. David P.Montesinos Says:

    Y gracias, por supuesto, sé que se alegran de veras.

  16. jserna Says:

    Otro abrazo, sr. Montesinos. ¿Nos veremos en lo de Tony Judt?

  17. David P.Montesinos Says:

    No pienso perdérmelo.

  18. Isabel Zarzuela Says:

    ¡David! ¡Felicidades! Cómo va creciendo este blog, madre mía… ¿Se dan cuenta? Empezamos con Helena, luego con el nieto de Marisa y, ahora, en camino la hija del Sr. Montesinos. Qué alegría.

    Le daré el mismo consejo que Alejandro pero se lo diré de otro modo: duerma ahora todo lo que pueda.

  19. Marisa Bou Says:

    ¡Pardiez, caballero Montesinos! Con que… ¿en esas andamos? Yo, no es por fastidiar, pero hace más de cuarenta años que soy madre y aún estoy esperando dormir una noche entera, así que le digo -como doña Isabel- que aproveche para dormir los meses que le quedan.

    No, no, no se asuste don David, que un poco de falta de sueño es un mal menor, si tenemos en cuenta la cantidad de alegrías que nos dan nuestros retoños. Felicidades a usted, por su hazaña, y a su esposa por llevarla adelante. El abrazo correspondiente, el dia 30, en lo de Tony Judt.

    Por cierto, volviendo al tema del post, no puedo dejar de comentarles que vengo de asistir a un pequeño homenaje a Alfons Cervera, en el que le han entregado el premio Náufrago 2010 (premio consistente, como no podía ser de otra manera, en una botella con un mensaje dentro) donde ha habido sentidos parlamentos de los amigos presentes -Rafa Xambó, Paco Muñoz, y un largo etc.- y de los ausentes, a través de distintas misivas.

    No voy a transcribirles todo el discurso de agradecimiento de Alfons, ni siquiera un párrafo completo, porque mi memoria no da para eso, pero entresaco unas palabras que me han llamado la atención por su relación con el tema que aquí se debate.

    Venía a decir algo así como que “me gustan los libros que no se acaban nunca, los que empiezan en la última página y no en la primera, porque se van construyendo a través de las sucesivas lecturas”. ¿Qué les parece?

  20. Marisa Bou Says:

    P.D.: Si lo tienen a bien, lean este simpático artículo de Susana Fortes, comentando la jugada.

    http://www.elpais.com/articulo/Comunidad/Valenciana/Naufragos

  21. David P.Montesinos Says:

    Gracias, Isabel y Marisa. Me alegra saber que no son seis o siete años de insomnio, como cree ingenuamente el señor Lillo, sino cuarenta. Claro que nos vemos en lo de Judt.

  22. Alejandro Lillo Says:

    ¿Qué más da siete años que cuarenta? Le aseguro que cuando lleve seis meses sin pegar ojo le va a dar todo igual.

  23. jserna Says:

    1. Hay un post nuevo del sr. Montesinos. Lo leemos y comentamos. Yo, al menos, sí.

    2. A ver, sr. Montesinos. Me tiene que decir si se queda a la ‘picaeta’ posterior al debate sobre Tony Judt. He de comunicar quiénes vienen.

    3. Otra cosa. No olviden que el jueves presentamos los libros de Juan Planas y Javier Jover. Aquí hablando de novelas, de relecturas y de interpretaciones encontradas (hola, Rosario), y no debemos olvidar que el jueves hay una magna presentación de poesía en La Casa del Libro. Les mantendré informados. Lean, de momento, esto: http://networkedblogs.com/fSKfK

    4. Leí ayer el artículo de Susana Fortes sobre Alfons Cervera. Me sumo, claro, a los parabienes. Voy a escribirle.

  24. David P.Montesinos Says:

    Disponga de mí para la picaeta, señor serna.

  25. jserna Says:

    De acuerdo. Se lo diré al organizador. Una suerte contar con su presencia, sr. Montesinos.

  26. David P.Montesinos Says:

    Gracias a usted, señor serna. Por si se pasa por allí el señor Lillo tengo un par de cuentas que arreglar con él.

  27. Alejandro Lillo Says:

    Ay, don David. Nada me gustaría más que acudir a esa charla sobre Tony Judt, pero me va a ser imposible. Será un privilegio escuchar a los señores Serna y Romero. Les envidio por ello, pero otras obligaciones me impiden acudir a la cita. Seguro que tenemos ocasión de vernos pronto.


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.005 seguidores

%d personas les gusta esto: