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El diccionario de todos los diablos

5 junio 2011

Blog enlazado por El País (Comunidad Valenciana)

Ambrose. De vez en cuando, sin periodicidad fija, releo el Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce. Lo hago en la edición que publicó la Biblioteca del Dragón en 1986. Hay otras, pero yo prefiero ésta: la traducción es de Rodolfo Walsh.

De dicha obra se cumple este año el primer centenario. Puede ser un buen motivo para leerla o releerla. Resulta desternillante su sarcasmo: parece mentira que alguien haya podido reunir en un sólo volumen tanto humor negro y tanta zumba, tanto desprecio por la tontería humana. Bierce decidió ser incorrecto y lo logró: no hay entrada que no nos sea de ayuda, de mortificación.

Por lo que él mismo cuenta, no parece que a Ambrose le gustaran los diccionarios. Poner en orden alfabético un repertorio de palabras es un “perverso artificio literario”, decía. Quizá no le faltara razón: en una obra de esta índole cabe la perversidad. O la tontería. A veces, incluso, un diccionario está concebido de tal modo que no queda más que “reírse de él: está hecho sólo para los ignorantes”, apostillaba Gustave Flaubert en su propio diccionario de tópicos.

Anes.  El director de la Real Academia de la Historia, Gonzalo Anes, ha concedido una entrevista a El País con motivo de la publicación del Diccionario biográfico español. Tras el escándalo, el directivo de la institución atiende al periódico más influyente con el fin de responder, de quitar hierro a la polémica sobre ciertas voces de la obra. A los periodistas que hacen la interviú se les nota hostiles. Le formulan preguntas con irritación palpable.

No era necesario: Gonzalo Anes mete la pata sin cesar. Dice
estar cansado, agotado. Me lo creo: vaya semanita. Tras saberse qué criterios se han seguido con el Diccionario, la posición de la Academia de la Historia ha quedado seriamente dañada. No se trata de que sea una institución vetusta, que lo es.

El asunto es que no se han fijado criterios uniformes y generales para la atribución y redacción de las voces. Anes está a la defensiva y además responde calamitosamente. Pone ejemplos inadecuados para su causa y los retira de inmediato. Por otra parte, admite no haber leído las voces más conflictivas (ni siquiera ahora) y para acabarlo de rematar dice algo ofensivo e involuntariamente divertido: que ser historiador requiere muchas horas de trabajo en archivo, que eso lo hacen los varones, que las mujeres tienes tareas domésticas que las apartan de dicha faena. ¿Es una descripción? ¿Es una fatalidad? ¿Es una resignación de Anes?

De esta entrevista podría decirse algo semejante a lo que señalaba Ambrose Bierce cuando definía la conversación: “feria donde se exhibe la mercancía mental menuda” en la que el entrevistado “está demasiado preocupado en arreglar sus propio artículos como para observar los del vecino”.

Franco. Repaso otra voz del Diccionario de Ambrose Bierce. Un dictador, señala el escritor norteamericano, es el “mandatario de un país que prefiere la pestilencia del despotismo a la plaga de la anarquía”. Sin duda podríamos aplicar dicha definición a Francisco Franco. Para evitar una plaga, el Generalísimo prefirió una pestilencia: la del despotismo. Todo muy orgánico, ya ven. Como la democracia que instituyó el Caudillo mientras vivió.

¿Qué concepto de la historia maneja Luis Suárez Fernández cuando redacta la entrada dedicada a Franco en el Diccionario de la Real Academia de la Historia? Podríamos regresar nuevamente a la obra de Ambrose Bierce: para desgracia nuestra, la historia es un “relato casi siempre falso de hechos casi siempre nimios producidos por gobernantes pillos o por militares casi siempre necios”. Francisco Franco fue ambas cosas a la vez. 

¿Y la historia? Ojalá nos recuperemos de este escarnio. Ojalá podamos dedicarnos al pasado, esa “pequeña fracción de la eternidad de la que tenemos un leve y lamentable conocimiento”, según apostillaba Bierce.

Suárez. En un editorial de la semana pasada, el diario El Mundo exculpaba a la Academia diciendo que, más allá de ciertos errores, quedará el Diccionario como gran obra. Gran obra lo es, sin duda: han aparecido 25 tomos de los 50 previstos. 

Es más, creo que la obra debería dejarse tal cual, sin afeites, retoques, amputaciones o añadidos: precisamente para que los historiadores pudiéramos consultarla en sus pasajes más descacharrantes e ignominiosos. Para que pudiéramos analizar una a una las entradas: junto a voces irreprochablemente escritas encontraríamos biografías exculpatorias, hagiográficas o simplemente divertidas. ¿Y esto lo vamos a perder? Este Diccionario ha sido editado con voluntad monumental: como repertorio del pasado. Yo creo, más bien, que deberíamos conservarlo como documento.

Por lo que dice Luis Suárez, por ejemplo. Sus palabras no admiten enmienda: son vestigio de lo que cierta derecha intelectual y confesional piensa a la altura de 2011. Y además deberían tomarse como forma impropia de razonamiento histórico. ¿Y eso?

En el proceso de los hechos humanos, Dios no puede ser un factor explicativo. Es lo primero que se les enseña a los estudiantes de Historia. ¿Por qué? ¿Por nuestro ateísmo impenitente? No, por otra razón: la frase histórica no puede remitir a factores que no se puedan comprobar. No hacemos historia sagrada: si apelas a Dios para explicar una acción humana, no hay archivo en el que hacer consultas, no hay documento de su puño y letra que corrobore lo que sostienes.

Leo un pasaje de la entrada dedicada por Luis Suárez a Josemaría Escrivá de Balaguer. ¿Por qué se hizo cura? “Un día de las Navidades de 1917 a 1918 vio, impresas en la nieve, las huellas de un carmelita descalzo: provocaron en él una fuerte conmoción interior, que le llevó a intensificar su vida espiritual. Al sentir esos primeros presagios de una llamada divina, tomó la decisión de hacerse sacerdote…”. ¿Una llamada divina? El sujeto histórico puede justificar su acción como bien desee. Pero el historiador no puede aceptar causalidades inverificables (o no falsables, según Karl Popper).

“El 14 de febrero de 1930, mientras celebraba la santa misa, Dios le hizo entender que el Opus Dei estaba dirigido también a las mujeres”. ¿Dios le hizo entender? ¿Cómo puede expresarse así un historiador? ¿Ha comprobado él, personalmente,  la voluntad de Dios? Según indica Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo, razonar es “pesar probabilidades en la balanza del deseo”. Luis Suaréz no pesa probabilidades: simplemente expresa deseos. Añade Bierce: la religión es “hija del Temor y la Esperanza, que vive explicando a la Ignorancia la naturaleza de lo Incognoscible”. Pues eso.

Teología. El profesor Luis Suárez se salta todos los diques de contención que los historiadores se imponen hoy en día. Que se imponen, ¿para qué? Para no convertir la historia en materia simplemente opinable. Tiene que haber un rigor y nuestro trabajo ha de ser fiscalizado por la comunidad de los investigadores. Pregunten a los medievalistas de los últimos tiempos qué piensan de la obra de Luis Suárez…

¿Y eso que dice el profesor Suárez tiene consecuencias? Desde el punto de vista historiográfico, las posiciones que él mantiene son discutidas cuando no directamente rechazadas. Hablar de nación española ya constituida en plena Edad Media no es una licencia. Resulta un anacronismo, que es el principal reproche que a un historiador se le puede hacer.

Gonzalo Anes defendería el derecho del profesor Suárez a decir lo que dice invocando la libertad de cátedra. Pero la libertad de cátedra tiene que ver con la explicación, con la interpretación, no con la invención. Ni con la fantasía.

La teología, decía Jorge Luis Borges, pertenece a los géneros fantásticos. Cuando el profesor Suárez apela directamente a Dios para escribir la biografía del fundador del Opus Dei acepta el argumento que se da el propio sujeto histórico: la llamada de Dios.

Es como si yo investigo sobre los Machiguenga, de la Amazonía, y acepto los argumentos que dan sobre sí mismos: entre otros, que si paran de caminar se hunde el mundo. Es evidente que debo tenerlos en cuenta: obran de acuerdo con sus representaciones. Pero eso no significa que yo comparta sus concepciones.

No sé si me explico.

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23 Responses to “El diccionario de todos los diablos”

  1. aleskander62 Says:

    Diccionario biográfico, que, con toda seguridad se revisará. El tiempo sin duda ha de colocar las cosas en su sitio y a las personas, con todas sus motivaciones, sus intentos, sus errores. Fracasos o maldades.
    Ese estar al tanto por parte de los historiadores, vigilando y criticando el diccionario biográfico, me parece muy bien, porque conforma la historia.

    Estoy corrigiendo exámenes. Revisando Tom Sawyer y Gulliver’s Travels con los alumnos, a través de ellos, con ellos.

    También releo y corrijo un poemario que estoy escribiendo.

  2. Marisa Bou Says:

    Señor Serna, es intolerable que haya todavía pensamientos como los del tal “señor” Anes y que, para más inri, ocupen cargos como los que ocupan. Es insufrible leer esas manifestaciones públicas antifeministas, en pleno siglo XXI. Y eso abundando en el descrédito con el que tratan de enfangar la digna profesión de historiador.

    Hablando de Historia, vengo de ver “Medianoche en París”, brillante -como todo lo de Woody Allen- alocución en favor del presente, como única porción del tiempo en la que podemos actuar. Es decir, que cada tiempo pasado no fué mejor: si fuera así, estaríamos todavía en la edad de piedra.

    Espero que vaya pronto a verla, pues sus análisis son siempre instructivos y amenos. Yo pienso ir a verla una segunda, una tercera vez…

  3. jserna Says:

    Sra. Bou, gracias por sus palabras.

    Sobre la última película de Woody Allen. A principios de esta semana Encarna y yo fuimos a ver dicho film. Nos llevamos una impresión menos favorable que la suya. Otra amiga que me ha escrito comentando dicha película también es de su opinión: la de usted, me refiero.

    Me parece una película menor, absolutamente menor, si la comparamos con ‘La rosa púrpura de El Cairo’, que es un film con el que tiene concomitancias. Desde luego, Woody Allen se esfuerza algo más que en las últimas películas, pero se lo garantizo: la olvidará en un par de días.

    ¿Que cualquier tiempo pasado no fue mejor? ¿Que nos aferramos a la Edad de Oro? Si me permite, son unos cuantos lugares comunes. Y los retratos de los escritores y artistas son realmente previsibles. Los pintores y los poetas que salen son como creemos que son. Con cuatro brochazos, Allen reproduce los tópicos más recurrentes. Lamento decir las cosas así…

  4. Marisa Bou Says:

    Justo, en el fondo creo que tiene usted razón. Tan previsible era, que no costaba mucho imaginar qué personaje iba a aparecer a continuación. Reconozco que lo que más me ha “embrujado” son los paisajes urbanos de París, tal vez porque aún no los he visto -en directo, digo- y me fascina la idea de ir a conocer París. Tal vez vaya unos días en septiembre…

    Pero volvamos al tema del post, que es como volver del sueño a la realidad. Me gustaría saber cómo va a terminar todo este asunto. No podemos obviarlo, hemos de buscar una solución definitiva a estos atropellos.

  5. Isabel Zarzuela Says:

    Quizá, al igual que sucede con algunos partidos políticos, la Real Academia la Historia debería plantearse la renovación de sus miembros o incluso la extinción (de algunos, claro, no de todos).

    He visto ‘Medianoche en París’ y, efectivamente, es una obra menor si la comparamos con ‘La rosa púrpura del Cairo’; pero a mí me ha entretenido bastante. A diferencia de la que estrenó Woody Allen el año pasado (que me pareció casi una tomadura de pelo), en ésta, sin ser una obra maestra, aprecias calidad y, por supuesto, no faltaron las risas y las sonrisas.

  6. Isabel Zarzuela Says:

    Mmm… querría hacer una aclaración para evitar malentendidos. Cuando hablaba de “extinción” me refería a la de algunos de los cargos, no a la extinción de los miembros…

  7. jserna Says:

    Sí, en Woody Allen casi siempre hay algo aprovechable. Raro sería salir de un film suyo en el que nada funcionara. Pero a veces la cosa no funciona…

    Fíjense en la fotografía de esta última película, la irreal fotografía gracias a la cual vemos un París inexistente. Eso, en principio, no es malo, pero…

    Si han estado en París alguna vez y en fechas distintas, no recordarán haber visto los colores que aquí apreciamos, de vieja postal. De hecho, la primera secuencia, en la que distinguimos parajes de París, es una suma de postales. ¿Eso es malo?

    Lo malo es que todo resulta muy reconocible: como de revista de los años cincuenta; como de souvenir. Rincones de París que uno no debería perderse. ¿Acaso es la imagen que tiene el escritor que protagoniza el film? Es posible, pero no hay contraste. Vemos imágenes tópicas y no hay alternativa: nos quedamos con rincones previsibles.

    Por otra parte y si me permiten chinchar aún más, les diré que Owen Wilson, el protagonista de este film, es uno de los peores actores del actual elenco internacional. O al menos a mí me lo parece. Cuando sale en una película ya sabes que aquello no puede acabar bien.

  8. Sigue... Says:

    Suárez. En un editorial de la semana pasada, el diario El Mundo exculpaba a la Academia diciendo que, más allá de ciertos errores, quedará el Diccionario como gran obra. Gran obra lo es, sin duda: han aparecido 25 tomos de los 50 previstos.

    Es más, creo que la obra debería dejarse tal cual, sin afeites, retoques, amputaciones o añadidos: precisamente para que los historiadores pudiéramos consultarla en sus pasajes más descacharrantes e ignominiosos. Para que pudiéramos analizar una a una las entradas: junto a voces irreprochablemente escritas encontraríamos biografías exculpatorias, hagiográficas o simplemente divertidas. ¿Y esto lo vamos a perder? Este Diccionario ha sido editado con voluntad monumental: como repertorio del pasado. Yo creo, más bien, que deberíamos conservarlo como documento.

    Por lo que dice Luis Suárez, por ejemplo. Sus palabras no admiten enmienda: son vestigio de lo que cierta derecha intelectual y confesional piensa a la altura de 2011. Y además deberían tomarse como forma impropia de razonamiento histórico. ¿Y eso?

    En el proceso de los hechos humanos, Dios no puede ser un factor explicativo. Es lo primero que se les enseña a los estudiantes de Historia. ¿Por qué? ¿Por nuestro ateísmo impenitente? No, por otra razón: la frase histórica no puede remitir a factores que no se puedan comprobar. No hacemos historia sagrada: si apelas a Dios para explicar un acción humana, no hay archivo en el que hacer consultas, no hay documento de su puño y letra que corrobore lo que sostienes.

    Leo un pasaje de la entrada dedicada por Luis Suárez a Josemaría Escrivá de Balaguer. ¿Por qué se hizo cura? “Un día de las Navidades de 1917 a 1918 vio, impresas en la nieve, las huellas de un carmelita descalzo: provocaron en él una fuerte conmoción interior, que le llevó a intensificar su vida espiritual. Al sentir esos primeros presagios de una llamada divina, tomó la decisión de hacerse sacerdote…”. ¿Una llamada divina? El sujeto histórico puede justificar su acción como bien desee. Pero el historiador no puede aceptar causalidades inverificables (o no falsables, según Karl Popper).

    “El 14 de febrero de 1930, mientras celebraba la santa misa, Dios le hizo entender que el Opus Dei estaba dirigido también a las mujeres”. ¿Dios le hizo entender? ¿Cómo puede expresarse así un historiador? ¿Ha comprobado él, personalmente, la voluntad de Dios? Según indica Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo, razonar es “pesar probabilidades en la balanza del deseo”. Luis Suaréz no pesa probabilidades: simplemente expresa deseos. Añade Bierce: la religión es “hija del Temor y la Esperanza, que vive explicando a la Ignorancia la naturaleza de lo Incognoscible”. Pues eso.

  9. Leda Says:

    Se me ocurre que podíamos enlazar este post, ‘El diccionario de todos los diablos’, con la última película de Woody Allen. Dice el Sr. Serna a propósito del nuevo diccionario biográfico: “Este Diccionario ha sido editado con voluntad monumental: como repertorio del pasado”. Tiene toda la razón, don Justo. A lo mejor, quienes lo han confeccionado sienten que otro tiempo fue mejor y miran con melancolía –o añoran- un pasado no tan lejano, precisamente porque son incapaces de afrontar el presente.

  10. Alejandro Lillo Says:

    Desde luego, el diccionario de Ambrose Bierce es muy divertido, y si el suyo es el del Diablo, el de la Academia, exagerando un poco para forzar el contrate, es el de Dios.

    Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ingresó en la Academia en 2008. El discurso que allí pronunció, según El País, era de exaltación cristiana, con perlas como ésta: “La fe católica, se profese o no por las personas, y se quiera o no, constituye el alma de España”. (Sólo le faltó añadir: “Y punto”).

    Bueno, fuera de bromas. Si yo hubiera participado en alguna de las entradas del Diccionario llevaría un cabreo enciclopédico. Allí deben haber escrito
    numerosos historiadores siguiendo la metodología y los dictados que requiere una disciplina tan exigente como la historia. Que por un número indeterminado de entradas biográficas –faltaría verlas y analizar otras muchas, como por ejemplo la de los Reyes Católicos etc.- el diccionario de la historia quede tan desprestigiado es muy lamentable. De cualquier forma, lo que se ve a través de las respuestas de Anes a los reporteros de El País es que el diccionario ha sido organizado y gestado de forma un tanto chapucera. Me recuerda a una serie, histórica por lo mala que era (y sigue siendo), que ya no se emite: “Manos a la obra”

    Pues eso.

    Con respecto a lo de conservar el diccionario tal y como ha salido, creo que sí, que se podrían guardar unos cuantos ejemplares para consulta futura de historiadores y estudiosos. Lo que ha pasado estos días con ese asunto pone de manifiesto una vez más la lentitud con la que cambian las mentalidades. Y si no que se lo pregunten a los miembros de nuestra jerarquía eclesiástica.

  11. Alejandro Lillo Says:

    Un apunte. En el último libro de Luis Suárez, titulado “En los orígenes de España: mitos y realidades”, el historiador afirma en el primer capítulo refiriéndose a la monarquía hispana: “Durante toda la Edad Media no se mostraron dudas de que se trataba de una nación, aunque por razones militares hubieran de constituirse varios reinos”(pg. 35).

    Y en la página 42 añade: “Los musulmanes (…) nunca pensaron en conservar la conciencia nacional hispana. Tomaron un nuevo nombre, al-Andalus, que aprece relacionarse de algún modo con el Atlántico, y se limitaron a lanzar golpes contra los reductos critianos”.

    pg. 43: “Sucedió que, poco a poco, los reductos del norte, que cracias a la moral cristiana iban incrementando sus dimensiones humanas (…) Pero los cristianos del norte, que invocaban la memoria de Santiago como si se tratara de los custodios de los restos del primero de los apóstoles, demostraron, como sus lejanos descendientes de 1808, que estaban en condiciones de resistir los golpes, rehaciéndose después de ellos).

    Luis Suárez es Acadéico de la Historia de Madrid, correspondiente de ls Academia de las Buenas LEtras de Barcelona y académico de mérito de la de Lisboa.

    Les aseguro que podría continuar. Pero lo dejaré aquí.

  12. aleskander62 Says:

    La rosa púrpura del Cairo, Annie Hall, Match Point y, como comedia, El dormilón, me parecen excelentes películas de Allen, aunque -como realizadores-prefiero a Robert Altman y Jim Jarmusch.

  13. Sigue... Says:

    Teología. El profesor Luis Suárez se salta todos los diques de contención que los historiadores se imponen hoy en día. Que se imponen, ¿para qué? Para no convertir la historia en materia simplemente opinable. Tiene que haber un rigor y nuestro trabajo ha de ser fiscalizado por la comunidad de los investigadores. Pregunten a los medievalistas de los últimos tiempos qué piensan de la obra de Luis Suárez…

    ¿Y eso que dice el profesor Suárez tiene consecuencias? Desde el punto de vista historiográfico, las posiciones que él mantiene son discutidas cuando no directamente rechazadas. Hablar de nación española ya constituida en plena Edad Media no es una licencia. Resulta un anacronismo, que es el principal reproche que a un historiador se le puede hacer.

    Gonzalo Anes defendería el derecho del profesor Suárez a decir lo que dice invocando la libertad de cátedra. Pero la libertad de cátedra tiene que ver con la explicación, con la interpretación, no con la invención. Ni con la fantasía.

    La teología, decía Jorge Luis Borges, pertenece a los géneros fantásticos. Cuando el profesor Suárez apela directamente a Dios para escribir la biografía del fundador del Opus Dei acepta el argumento que se da el propio sujeto histórico: la llamada de Dios.

    Es como si yo investigo sobre los Machiguenga, de la Amazonía, y acepto los argumentos que dan sobre sí mismos: entre otros, que si paran de caminar se hunde el mundo. Es evidente que debo tenerlos en cuenta: obran de acuerdo con sus representaciones. Pero eso no significa que yo comparta sus concepciones.

    No sé si me explico.

  14. camilo durruti Says:

    “En el otoño de 1.913, Ambroce Bierce, periodista y narrador norteamericano de 71 años, asmático, cruzó la frontera entre EEUU y México. Llevaba consigo un ejemplar de El Quijote, 1000 dolares deoro, un revolver y un alto grado de cínica desesperanza.
    Cada uno lleva dentro su México y sus EEUU, su frontera oscura y sangrante que sólo nos atrevemos a cruzar de noche”

    El holandés errante. El País 13.07.1983

  15. camilo durruti Says:

    A Rodolfo Walsh

    La ciudad es una gran llanura
    perdida a través de las ventanas de este sitio.

    Mi vida va pasando sobre los cristales

    En este bar cumplí un día 17 años
    Y una mujer bebió conmigo aquella
    tarde, en una mesa que hoy no está

    Oh silueta que vuelves
    cuando mis ojos ya alcanzaron
    una contemplación serena de las ruinas.

    Benimos como viejos compañeros.
    A la salud de la salud. Y después coronamos
    el día, en una cama, encima del local.

    Que importa que mediase en tal momento
    dinero. Ni que yo pagara.

    Como cuando la lengua corre todos los caminos
    del amor, entra, muerde,
    arranca las raices
    de un sueño oculto,

    así hubo un instante
    que cogimos la vida como un rayo.

    Estés donde estés, oh engrandecida
    por el tiempo, oh entrañable, deseo
    que sientas sobre tu piel la misma
    vibación, el mismo
    calor, la intensidad que yo siento”.

    José María Alvarez, “Museo de Cera”

  16. jserna Says:

    Gracias, sr. Durruti.

  17. jplanas Says:

    Me gustan esas metáforas… ver unas huellas de un carmelito descalzo (cómo saber si son de un carmelita, pero bueno;-) y quedarse en trance… Y más aún, por ejemplo, esa creencia de los Machiguenga, apurados en seguir en movimiento para que el mundo no se detenga… Excepcionales imágenes poéticas.

    Con todo, tienen mucho que ver con mis fantasias personales y muy poco que ver con la Historia.
    Saludos!

  18. jserna Says:

    Pues muchas gracias, sr. Planas. Tomo la imagen de los Machiguenga de una novela de Mario Vargas Llosa especialmente interesante: El hablador. La leí hace años y salvo algún pequeño reparo es una notable narración. Me conmovió la carga que los Machiguenga acarrean: el propio mundo.

    Saludos.

  19. Hemeroteca Says:

    Julián Casanova: “…Además, el conocimiento histórico tiene límites bien claros, porque la verdad absoluta es inalcanzable y los hechos, como ya puso de manifiesto Edward H. Carr hace ahora medio siglo, nunca nos llegan en estado puro. Pero eso no quiere decir que inventemos la historia…”

    E. H. Car, ¿Qué es la historia?

    http://www.revistamercurio.es/index.php/revistas/620-39ensayo-y-poesia

  20. Isabel Zarzuela Says:

    “Los historiadores tenemos que rastrear las fuentes, escuchar las voces del pasado y hacer preguntas al material investigado para ofrecer relatos fidedignos”.

    Bien por Julián Casanova. Creo que ha escrito un artículo desde la responsabilidad; ésa misma que se le exige a cualquier profesional en el desempeño de su trabajo.

  21. Paco Fuster Says:

    Hace unos años, hablando en el gimnasio de mi pueblo con Vicent Vallés, un historiador de l’Alcúdia especialista en la revuelta de las Germanías, me comentó que estaba escribiendo unas biografías de “agermanats” que le habían encargado de la RAH. No lo sé porque no lo he consultado, pero imagino que formarán parte del ya famoso Diccionario, e imagino que estarán bien escritas y documentadas, como corresponde a un historiador serio y riguroso, máximo especialista en la materia.

    Uno de los problemas del Diccionario es que, con lo que ya hemos sabido, ña gente que conozca la trayectoria del autor no se va poder fiar de esta, ni la va a poder usar como fuente de autoridad. Por decirlo de forma resumida, van a pagar justos por pecadores, pues todos los historiadores e investigadores de reconocido prestigio y solvencia que han colaborado se va a ver afectados por las malas prácticas de algunos de sus colegas.

    Del artículo de Julián Casanova suscribo todo lo relativo al “affaire RAH”, y comparto especialmente lo que dice sobre las instituciones – privadas y públicas – que publican libros infumables a profesores e historiadores que se aprovechan de sus contactos e influencias para no tener que pasar ese proceso de selección que imponen las editoriales de prestigio. Solo quien haa intentando publicar un libro en una editorial privada sin ser un autor conocido sabe lo que cuesta hoy en día publicar algo (sobre todo un libro de ensayo más o menos académico). Lo de analizar en qué editoriales publica cada cual es un tema que daría para mucho, y a más de uno se le vería el plumero, como se suele decir.


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