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De padre y muy señor mío

9 junio 2012

1. Sigmund Freud a escena. Empecemos con una trivialidad. El padre es uno de los personajes esenciales de la vida. Le debemos parte de la existencia. E incluso lo que literalmente no nos concedió. Con él, todo son deudas… O, como se dice en castizo, con él estamos entrampados. Y sí, menuda trampa: le debemos lo heredado y también lo que suponemos que nos dio. Esto es un lío de padre y muy señor mío.

En tiempos de Sigmund Freud –a finales del siglo XIX y principios del XX–, el progenitor era también la figura indiscutida de autoridad. La madre representaba la ternura, los afectos, el roce carnal, la succión y la nutrición. En cambio, el padre encarnaba otro papel: era un tipo distante, externo, incluso malencarado, con un rictus que expresaba permanente enojo. Solía vestir de oscuro, con aspecto grave. Hemos de admitirlo: era todo un personaje…

2. Desde tu butaca gobernabas el mundo. En 1919, Franz Kafka escribió una Carta. Permaneció inédita: luego se publicó como Carta al padre. Su progenitor era un tipo al que temía. Un hombre gigantesco –precisaba– y sobre todo alguien que “podía venir a mí casi sin motivo alguno, sacarme de la cama en plena noche y llevarme a la terraza”. Kafka, incluso maduro, seguía temiendo al padre. “Me sentía ya oprimido por tu simple corpulencia”, admite. “Yo, flaco, débil, esmirriado; tu, fuerte, alto, de anchas espaldas”, reconoce. “Desde tu butaca gobernabas el mundo. Tu opinión era justa; cualquier otra era disparatada, extravagante, absurda”, dice en 1919.

Kafka y nosotros nos medimos con el padre real, pero también con su aura, con su representación. Para Sigmund Freud, el progenitor no sólo es una presencial real. Es también –y sobre todo– un espectro interior, una figura interna, todo lo que de él hemos fantaseado. Menudo acarreo, menuda carga.

   3. De padre y muy señor mío. De eso, de todo eso, tratan tres artículos que publica este mes la revista Ojos de Papel. ¿Tres artículos sobre el padre, sobre la figura paterna y con referencias al psicoanálisis? Escribimos Alejandro Lillo, María Verchili y un servidor.

“Vaya, ya es casualidad”, dirá el lector. No, no es producto de la chiripa. Todo es resultado de un interés común por el psicoanálisis, por la televisión, por el cine. Pero hay, además, una percha de actualidad. La reciente aparición de un ensayo breve de Jorge Carrión titulado Telefreud (2012), del que nos advirtió Rogelio López Blanco. Este texto prolonga su libro Teleshakespeare (2011), que aquí en este blog discutimos con mucha energía meses atrás. La ficción audiovisual –concretamente la televisiva– nos da pie a debatir con ardor, con entusiasmo, de cualquier cosa. Por ejemplo, de zombis: una, dos y tres veces.

Ahora, nos ponemos serios y severos, aunque con un puntico de zumba. Por orden de aparición en el sumario de la revista, los artículos son éstos:

Enfermos en serie. Cómo tratar a Tony Soprano (por Justo Serna).
A ras de suelo. ¿Enterrar a los muertos? (por Alejandro Lillo).
El tratamiento cinematográfico de la historia del psicoanálisis: Freud, Huston y las pasiones secretas (a propósito de Un método peligroso, de David Cronenberg) (por María Verchili).

¿Se los van a perder?

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Blogosfera:

Presente continuo, El País:

Con entradas dedicadas a Juan Roig, Rafael Blasco, etcétera.

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Papeles perdidos, El País:

Próxima publicación de La imaginación histórica (Fundación José Manuel Lara), nuevo libro de JS. El País adelanta algunos extractos y una aproximación a los contenidos.

“Aquel franquismo imaginario”, por Silvia Hernando, El País, 13 de junio de 2012.

El intruso, Equipo Crónica.

http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2012/06/la-literatura-y-su-influencia-en-el-imaginario-del-franquismo.html

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26 Responses to “De padre y muy señor mío”

  1. aleskander62 Says:

    Leí Teleshakespeare de Jorge Carrión. Interesante. Estoy con Fringe, True Blood. Son textos, forman parte de nuestro mundo de ficción.
    En cuanto al padre, por supuesto es importante Y también la madre. Por igual. Son los ríos, el devenir que indefectiblemente
    viene a permitirnos continuar, hasta ayudarnos como espíritus.

  2. jserna Says:

    Gracias, aleskander62. Muchas gracias. ¿La madre?

  3. Alejandro Lillo Says:

    Muchas gracias por la mención, don Justo, tan generosas como siempre. Y por cita de Kafka que me aconsejó que añadiera al texto. Son las ventajas de ver las cosas desde diferentes ángulos: el resultado siempre es enriquecedor.

    Hablando de ángulos diferentes, me pregunto cómo afrontará el señor Carrión el desarrollo de la obra que, de alguna forma, ha motivado esos tres artículos aparecidos en Ojos de Papel. La calidad de las series de las que venimos hablando desde hace tiempo permite disquisiciones muy interesantes sobre tantos temas… y el psicoanálisis no es una excepción. Carrión tiene ante sí un reto fascinante que le reportará horas de placer y disfrute; y seguro que será capaz de trasladar esas mismas sensaciones al lector una vez publicado el ensayo final.

    Recuerdo la película que a doña María Verchili le sirve para hablar de Freud y el origen del psicoanálisis. Coincido con su diagnóstico (nunca mejor dicho). Una terapia peligrosa promete más de lo que luego da, tal y como el propio señor Serna comentó en su momento.

    Freud y Jung, en tanto que pioneros, parecen avanzar tanteando, tratando de sentar las bases y fijar los métodos de lo que para ellos es la ciencia de la psique humana. Parece razonable entonces que los límites y las relaciones entre paciente y terapeuta aún estén difusos, que los procesos de transferencia todavía no hayan sido interiorizados del todo, con los problemas que, como se ve en la película, todo eso acarrea. Digo esto y no puedo evitar comparar la relación entre Jung y Sabina con la que se establece entre Paul Weston y su paciente Laura en la serie “En terapia”. No diré nada de este extremo, peor vamos…

    Aún no he visto Los Soprano –sí, ya sé que debería fustigarme con un calcetín mojado al estilo Spielrein—pero imagino el papelón de la doctora Melfi tratando a un tipo como Tony. En realidad, por todo lo que cuenta don Justo sobre la serie, Tony parece incapaz de conciliar su vida familiar con la laboral, ¿no? Parece un personaje perdido, desorientado, con unos principios muy fijos y asentados que chocan con una realidad exterior muy distinta. ¿Cómo decir a tus hijos que eres un asesino, que toda su prosperidad nace de ahí?

    Claire, uno de los caracteres protagonistas de “A dos metros bajo tierra”, en varias ocasiones comenta lo desquiciada que está su familia. Su expresión y la forma en la que lo dice resultan muy divertidas. Entre otras cosas porque se lo comenta a otra desquiciada, y ella no hace más que juntarse con trastornados de diferente ralea. Pero no anda desencaminada la joven: en realidad todo el mundo está un poco desquiciado, un poco neurótico. Tony Soprano y el doctor Weston de “En terapia”, los propios Carl Jung y Sigmund Freud. Mientras sólo sea un poquito la cosa marchará bien: nos seguirá dando para hablar de todas estas series.

  4. Alejandro Lillo Says:

    Por cierto, señor Planas. Menudo fotograma. ¡Qué barbaridad! ¡Qué impactante! Leo que don Justo lo compara con una pantalla táctil de nuestros días. Y a mí se me ocurre ahora que también parece una losa.

  5. Mary Hall Says:

    Hola!

    Es la primera vez que intervengo en estos debates. Mary Hall, mi alter ego de las redes internauticas, que he decidido utilizar también en este foro, oculta a la autora del tercero de los artículos, publicados en el número de junio de ojosdepapel.com, y referenciados por Justo Serna en este post. Por cierto, que expresa mi indisimulada admiración por el personaje compuesto por el largamente psicoanalizado Woody Allen (Annie).

    En primer lugar, quisiera agradecer al Profesor Serna su mención en su blog. Debo decir que, aunque como dice Alejandro Lillo, debería fustigarme por ello, no he visto AUN los Soprano, pese a las innumerables referencias de mucha gente con la que comparto intereses cinematográficos, musicales y televisivos. Pero ya tengo decidido comenzar. No será para este post, pero espero que para próximos. En todo caso, creo intuir por los múltiples comentarios que he oído sobre la serie que la clave del éxito del invento es la normalización de un personaje que pertenece a la Mafia, hasta convertirlo, con el devenir de su cotidianeidad, en una especie de vecino de al lado, desprovisto del halo que les otorgó Coppola, como he leído decir a Rogelio López Blanco recientemente-, con nuestras mismas dificultades del día a día, familiar y cercano, inconstante y contradictorio, como lo dibuja Justo serna, y que encima va al psicoanalista.

    Respecto a la serie sobre esa familia americana, alejada de todos los tópicos de sueño americano, que regenta una funeraria, algún capítulo he visto, aunque nunca una temporada entera. Recuerdo, como señala Alejandro Lillo que el padre desaparecido invade gran parte de la vida de su esposa viuda e hijos, e influye de manera constatable en sus vidas. En general, los recuerdo a casi todos bastante perdidos, “deprimidillos”, vaya. Carne de diván.

    Y respecto al texto que yo he tratado de componer, sin duda sin el siempre de agradecer sentido del humor de mis circunstanciales compañeros, tengo que decir, que mi genuina motivación siempre fue hablar de la peli de Huston, aunque para sacarla a colación recurriese a la reciente de Cronenberg. Como he constatado que coincidimos, la segunda resulta fallida, no conmueve y termina por dejarnos bastante indiferentes. Sin embargo, la de Huston me parece muy interesante como vía de acceso a las formulaciones freudianas básicas. La película enseña y conmueve, porque te permite identificar experiencias psíquicas que están en todos nosotros, en Tony Soprano o en la familia de A dos metros bajo tierra. Me quedaron en el tintero bastantes cosas, porque la concebí como una doble reseña de cine y ha terminado por ser una “tribuna”. Hoy me recordaba Justo Serna la cuestión del guión del film, escrito por Jean Paul Sartre con una complejidad y longitud ingobernables, por lo visto, y que tuvo que ser resumido y corregido. Pese a ello estoy segura de que gran parte de la precisión técnica en la explicación de las teorías psicoanalíticas se debe a la intervención, es cierto que fallida, del filósofo francés. Del director sí he dicho algunas cosas. Me gusta, siempre me resulta inquietante. Un hombre interesado por las parcelas más comprometidas de la naturaleza humana. Y de Monty Cliff, solo puedo decir que lo encuentro muy convincente, expresivo de la angustia de su personaje. Hoy recordaba el episodio del reloj que el padre de Freud le regala antes de partir a Paris desde Viena, y que éste accidentalmente (o quizá no tanto) tira al suelo. Me ha recordado a otro reloj, el del boxeador a punto de retirarse si consigue “dar un buen palo”, que interpreta Bruce Willis en Pulp Fiction. Se lo dio personalmente el compañero de su padre muerto en Vietnam siendo un niño. Como su padre lo había recibido de su abuelo…y va y su chica se lo olvida.

  6. jserna Says:

    Hola, buenas tardes. Lo primero que quiero es agradecer a Mary Hall y Alejandro Lillo sus reflexiones sobre lo que nos reúne o mancomuna. ¿El psicoanálisis? ¿Las series? ¿El cine? Si no me equivoco, lo que nos preocupa es el desarreglo de la realidad y su tratamiento (terapéutico o audiovisual). Las ficciones nos ayudan a representar lo que nos acucia y Sigmund Freud vivió rodeado de ficciones: no me refiero a aquellas en las que él mismo quiso creer, sino a las que sus pacientes le detallaban y con las que él debía cargar.

    Me parece admirable y raro el trabajo que desempeña un terapeuta: incluso superior al de un profesor. Los docentes hablamos, glosamos, dictamos, comentamos. Podemos ser unos bocazas. Y escuchamos, claro. Pero un psicoanalista –concretamente, un psicoanalista– es un tipo que suele estar en silencio, alguien que no dice lo que hay que hacer, alguien que no aconseja. Se han hecho muchas bromas sobre los silencios del terapeuta freudiano. Sin ir más lejos, en ‘Los Soprano’ y en ‘En terapia’, la Dra. Melfi y el Dr. Weston suelen permanecer callados y muy raramente hablan. Bien mirado, esto es muy difícil: aunque sólo sea por las ganas de decirle al paciente que es un memo o un canalla, por ejemplo. Y si susurran algo es para provocar el habla del analizado. Los individuos que acuden a dichas consultas no están bien (¿y quién está bien?). Pero, además, no se sienten bien. Y, para más inri, se las hacen pasar canutas a quienes se acercan.

    Continuará…

  7. Hemeroteca 'La imaginación histórica' Says:

    Papeles perdidos, El País:

    Próxima publicación de La imaginación histórica (Fundación José Manuel Lara), nuevo libro de JS. El País adelanta algunos extractos y una aproximación a los contenidos.

    “Aquel franquismo imaginario”, por Silvia Hernando, El País, 13 de junio de 2012.

    El intruso, Equipo Crónica.

    http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2012/06/la-literatura-y-su-influencia-en-el-imaginario-del-franquismo.html

  8. Alejandro Lillo Says:

    Le felicito, don Justo, por la entrevista en El País y por ese adelanto editorial que aparece en ese mismo periódico. Acabo de terminar el breve ensayo que usted mismo y doña Isabel Burdiel publicaron hace algún tiempo (tampoco tanto), y me he quedado maravillado. Me parece excelente, fundamental su aregumentación de “Por qué los historiadores deberíamos leer novelas”. No me extraña que sea un texto que siga estando recomendado por algunos de sus colegas de la UNED.

    Sobre su artículo “No cabemos en el aula”, que he disfrutado mucho, me gustan las imágenes que evoca: la del quirófano sucio y lleno de gente y la del tipo con la metralla en la cabeza. Un poquito de dignidad, por el amor de los Dioses Inmortales. Si a uno tienen que abrirle las tripas que no las vea todo el vecindario. Nos meten goles, sí, uno de detrás de otro y nos pasan por encima una y otra vez. Menos mal que Rato ha renunciado a la indemnización. Ahora sólo faltaría que lo llevaran a los tribunales: allí podría tomarse un café con Carlos Dívar.

  9. jserna Says:

    1. Le agradezco, sr. Lillo, su felicitación. No puedo reproducir el ensayo de Isabel Burdiel, pero sí que puedo enlazar el mío (parasita al suyo: al de Isabel) ¿Es un texto que sigue estando recomendado por algunos colegas de la UNED? Y fuera de estos compañeros, ¿nadie más? No me extraña que no se cite. Lo que me sorprende es esa cortesía de los colegas de la UNED. ¿A santo de qué? Tampoco tiene tanta importancia. El cuaderno que usted menciona data de 1996, nada menos. Yo ya no quiero escribir así. Punto y aparte.

    2. Lo voy a decir públicamente: me toca las narices la poca respuesta que ha tenido este post. Los textos de usted, de María Verchili se merecían mayor recepción y discusión. Veo que no. Vamos acabando, pues.

    3. Hay cosas que no entiendo. Una de ellas es la portada de los periódicos. Cuando leo en papel o en iPad la primera plana ya no suelo entender gran cosa. ¿Acaso por mi ignorancia? No, señor. Tengo estudios. Lo que no acabo de captar es la predicción de la ciencia dura que fracasa un día y otro también. Lo de los economistas y expertos es de analista: no de analista financiero, sino freudiano (ustedes perdonen).

    4. El otro día, una persona protestaba ante la actualidad y me decía que hay que saber de economía financiera para entender lo que pasa. No: lo que hay que analizar es la crisis política que hay detrás de este desorden. Ah, y estudiar la emergencia de Samsung, LG: ¿China, acaso? No: Corea. Escribo desde un Apple y sé que está en retirada ante la emergencia de estos productos. Los coreanos están dominando el capitalismo de consumo: para pasmo de norteamericanos, alemanes, etcétera. En fin.

    5. Sobre estos asuntos ayer leí un artículo interesante de Emilio Ontiveros: ‘Democratizar las finanzas’. Por fin un economista empieza a disculparse. Por el caos predictivo de su ciencia ‘inapelable’. Muestra gran humildad y además nos remite a un profesor de Yale que sensatamente pide relacionar economía y psicología. Bueno, algo de esto ya lo propuso hace años Herbert Simon.

    Avanzamos. ¿Hacia dónde?

  10. Alejandro Lillo Says:

    1. Pues sí, lo citan en la UNED, Concretamente en una asignatura llamada “Fuentes literarias para la historia moderna”. Aparece la primera en el listado de la bibliografía básica. Ah, y yo sí la pienso citar. Profusamente además. Y no sólo eso, así que vaya preparándose.

    2. Y su texto, don Justo, y su texto. A mí me da rabia la poca respuesta que ha tenido su adelanto editorial. Todo se andará.

    3, 4, 5. Pues sí. Los seguidores acérrimos de la ciencia económica deberían hacérselo mirar. Llevan años recetándonos medidas, “liberalizándonos”, asesorándonos y machacándonos con sus predicciones. Deberían dejar de aconsejar y hablar tanto y ponerse en faena. Aún recuerdo cuando al principio de la crisis (o de la no-crisis) se nos decía que el sistema bancario español, gracias a no sé qué reforma, había soportado mucho mejor que el resto de bancos europeos los embates de la crisis. Algunos de esos economistas duros, a los que usted se refiere, deberían dejarse de teorías, bajarse de su torre de marfil y comprobar cóno funciona el mundo real. Y lo mismo deberían hacer los banqueros. Esos sí que viven en los mundos de Yupi.

    El comportamiento de Rajoy y sus economistas afines no sólo es neoliberal sino también, y en cierto modo, muy posmoderno. Piensan que sus declaraciones van a dar forma a la realidad cuando es la realidad la que cada día desmiente sus palabras.

  11. jserna Says:

    No, yo no me refiero a mi adelanto editorial en El País. Ha tenido muy buena respuesta: en Facebook ha habido muchas personas que dicen que les gusta lo que han leído. Y hoy los medios se hacen eco de la nota de prensa en la que se convoca a la rueda de prensa el próximo 21.

    Yo me refería a este post y los artículos sobre psicoanálisis.


  12. Desde aquí quiero agradecer vivamente el esfuerzo del profesor Serna con su texto sobre Tony Soprano y el post relacionado con esta tribuna, lo mismo que a María Verchili y Alejandro Lillo por sus colaboraciones en Ojosdepapel, que han prolongado de forma muy sugerente en los comentarios que van más arriba.

    Cada vez más las nuevas teleseries vehiculan con acierto y gran riqueza en la concepción de los detalles y de los significados las preocupaciones de nuestro tiempo, y de todos los tiempos. Un buen ejemplo fue el debate sobre los zombis a partir de “The Walking Dead”, antes ocurrió, otra vez, con “Los Soprano”, “Dos metros bajo tierra”, “Mad Men” y otras. Esta oleada ha roto con el sello mediocre de la producción televisiva, que solo ocasionalmente ofrecía productos de calidad. Los canales de pago y la segmentación de los espectadores han permitido que aflorara un talento escondido, el de los creadores de las series, que echan mano del cine, la literatura y otras artes, agitan la coctelera y con mucho trabajo consiguen unos logros verdaderamente excepcionales.

    Puede ser que haya llegado la hora, como hace María Verchili, cuando se fija en Huston y su seguimiento e interpretación de la historia del psicoanálisis, de que comencemos a preocuparnos o, mejor dicho, interesarnos por quiénes son esos guionistas. Pero no sólo en saber en qué otras producciones televisivas anteriores aprendieron, sino dónde estudiaron, si fueron investigadores universitarios, si leyeron tesis doctorales, si han escrito novelas, si fueron críticos de cine, etc. Porque creo, no estoy seguro, que los antecedentes de esta revolución televisiva no están tanto en su estricto aprendizaje del oficio como en los contextos culturales en los que se formaron.

    Reitero mi agradecimiento por el esfuerzo y el interés puesto en las colaboraciones y comentarios.

  13. Mary Hall Says:

    Me incorporo al debate un poco rezagada. Y la verdad es que lo siento porque ahora se me acumula el trabajo, pero esta semana, qué digo, casi todas las semanas, me cuesta encontrar el tiempo, entre el trabajo, quehaceres varios, e intentar avanzar con el proyecto de tesis en el que me embarqué hace seis meses.

    En primer lugar, respecto a la intervención de Justo Serna sobre “las ficciones” y “el desarreglo de la realidad”, supongo que desde su perspectiva de análisis histórico de las ficciones literarias, o de otra naturaleza, se refiere a esa tendencia tan humana a no aceptar ciertos aspectos de la realidad que nos incomodan. De esta manera las ficciones no son solo eso, sino más bien legítimos ejercicios de supervivencia, que por un lado necesitamos, y que por otro nos hacen pagar ciertos peajes…Se supone que el psicoanálisis sirve para desenredar la madeja, al menos parcialmente. Y así cura.

    También quería felicitar al autor por la publicación de “La imaginación histórica”. Es el libro por el que ha recibido un importante premio literario recientemente, no?? He leído que es la obra de toda una vida de formación histórica y lectura de ficciones. Enhorabuena, pues.

    Sobre “No cabemos en el aula”,…ay, prefiero ser escueta esta vez…Llevo, llevamos, supongo, ya varios meses, reivindicando un principio que me parece sencillo: la base del progreso socio-cultural de un grupo humano está en la educación de calidad, además, pública y laica (a mi me parece un escándalo el trato que se dispensa en un país aconfesional, o al menos eso dice nuestra Constitución, a la educación católica concertada). Voy a recurrir a unas palabras que se le atribuyen a Victo Hugo, y que fueron pronunciadas hace siglo y medio, “El porvenir está en manos del maestro de escuela”. Por cierto, que el aumento de la ratio en el aula sí que es un desarreglo de la realidad, je, de la realidad deseada, que nos han plantado “como un pino”.

    Sobre la economía y sus analistas, es que estoy saturada. Me quedó sin leer el artículo de Oliveros en El País, pero lo haré este fin de semana.

    Y por último, coincido plenamente con Rogelio García Blanco en la oportunidad de indagar en los contextos culturales en que se formaron los guionistas de esas series que admiramos. Sé que en este blog participan fervientes seguidores de “Los Soprano”, “A dos metros bajo tierra”, “Mad men”,…Yo por mi parte sí que he indagado un poco en una serie que me enganchó irremediablemente hace como año medio, que vi del tirón, que me parece brillante, en su forma y en su contenido, responsable y social, muy bien interpretada, ambientada, en fin…En ojosdepapel.com ya se hizo referencia a este prodigio televisivo en el pasado. Se llama “The wire” (la escucha) y su guionista principal David Simon fue durante años periodista del diario The sun de Baltimore. Un hombre comprometido con los valores del progreso, que pudo observar de primera mano los entresijos de los poderes fácticos de su ciudad… y luego nos los contó.

  14. Mary Hall Says:

    http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4144

    esta reseña no podrái contener mejor mi impresión sobre la serie “The wire”.


  15. Exactamente, sigo la intervención de María Verchili, si lo sabemos casi todo de la formación de Vargas Llosa, sus orígenes familiares y sociales, su devoción por la cultura francesa, la influencia de Flaubert, el temprano compromiso ideológico, seguido del desencanto y la ruptura, su actitud de independencia y un largo etcétera de cosas, cómo no vamos a preguntarnos dónde ha estudiado y qué ha hecho antes David Simon.

    Porque no sólo es la obra maestra “The Wire” (escrita junto a poli retirado Burns) y la profesión periodística que le llevó a Baltimore y le enseñó la podridas entrañas de la ciudad, es que está con su nuevo proyecto (esperemos que dure), “Treme”, que es una obra sobrecogedora del Nueva Orleans postKatrina, centrado, de nuevo, en una representación coral de un universo social bien perfilado y con una amplia paleta de registros, trágicos, cómicos y mediopensionistas (tragicómicos), muy característica del autor, donde un eje de descomunal gravitación, el jazz, la música, la mayor aportación de su país a la cultura mundial, según el creador, hace que las neuronas nos bailen de forma trepidante y nos emocionemos de ese mestizaje social, racial y cultural tan peculiar que las autoridades están dejando morir. Quizá porque Nueva Orleáns no sea un buen concepto de parque temático: cuando en una ciudad un músico callejero planta su música en una esquina y el espectador muy bien puede ser cualquier artística de talla mundial que se admira, es que esa ciudad es otra cosa.

    Por ejemplo Grandpa Elliot http://www.youtube.com/watch?v=KEw85guU4rs&feature=related

  16. Marisa Bou Says:

    Acabo de ponerme al día con este estimadísimo blog. Y no tengo más remedio que aceptar mi cuota correspondiente de su enfado por el poco seguimiento de este post, que realmente merecía muchas más intervenciones; tiene usted toda la razón.

    No sería de buen gusto poner excusas -aunque las tenga- pero debo decir que me han gustado mucho las de María Verchili, las de Alejandro Lillo (cómo no, mi amigo) y las de Rogelio López Blanco, que se han convertido ya en habituales de este blog, afortunadamente para los que acostumbramos leerlo.

    Y, ni qué decir tiene, me he “bebido” con fruición ese sabroso aperitivo de su libro, sin que se calme mi impaciencia por leerlo completo.

    Una cosa más: gracias por escribir en el “alter blog”, el de El País, sobre ese personaje del que le reprochaba yo, poco tiempo ha, que tenía usted un poco abandonado. ¿Ve usted cómo es -aún- de actualidad?

    Reciba mi afecto, que no es menor aunque me asome poco.


  17. Olvidaba otra soberbia serie de David Simon que se estrenó hacia 2008-2009, “Generation Kill”, que describe y disecciona las peripecias de un batallón ligero de marines que se adentra en vanguardia en las tierras de “otro” criminal más, Sadam Hussein (no muy distinto, puede que peor y más sanguinario que el actual sátrapa de Siria), durante la segunda y (poco) definitiva guerra de Irak (Bush II). Está basada, cómo no, en el libro del periodista Ewan Wright.

    Detrás de la estética marine se encuentras jóvenes que se han profesionalizado por muy diversos motivos, cuyas relaciones se tensan, muchas veces hasta extremos de agresividad pandillera pero que mantienen la unión del grupo y perciben nítidamente las contradicciones y ambiciones de los mandos, medios y altos, con su entrega, debilidades y flaquezas, pero en medio de la guerra, armaditos, lo que, claro, hace que el conflicto, en el que se juegan la vida, se revista de un profundo dramatismo y tensión.

    Toda esta amalgama de sensaciones, percepciones y vivencias, trae consecuencias porque el contacto casi siempre es con población civil necesitada, desconcertada, que no entiende, sin que falte el acoso militar iraquí. Los soldados se ven inmersos en situaciones críticas y ambiguas que no casan con las simples reglas y consignas de que van a encontrar un enemigo nítido al que “barrer” y vuelta a casa después de “hacer el trabajo”. No es una serie apta para los seguidores de simples “hazañas bélicas”.

    En el fondo es un alegato antibelicista que recuerda algo a “La delgada línea roja” de Terrence Malick, más prosaico en la apariencia pero igual de duro y sin la poetización dramática y trascendente sello de la casa del autor de “El árbol de la vida”, de la que todavía no estoy seguro de si me ha convencido de que dios existe (un poco), disculpen mis lagunas.

  18. David P.Montesinos Says:

    Leo con atención y con placer casi todo lo que ustedes escriben. A veces discrepo, otras muchas tengo la impresión de concordar. Casi siempre aprendo. Después me quedo sin tiempo para platicar con ustedes. Rogelio se refiere a The wire, serie por la que tengo debilidad. Me seduce el planteamiento de Treme, extraordinariamente valiente, pero aún no he podido verla. Me gustaría mucho referirme a Freud, lo pasé muy bien con la peli de Cronenberg, aunque estoy acudiendo al cine menos que nunca, cosa que me tiene algo resentido. Tendría que decirle al señor Serna que acabo de concluir El negro del Narcissus, y que deje de creer que nadie en esta página ama a Conrad como él. Uhmm, demasiadas cosas, no sé por donde empezar. Pero ya que ha capturado usted muy certeramente el estado actual de la cuestión educativa -empezando por el título de su artículo de El País- voy a hacer algo útil. Federico Luppi explica mucho mejor que yo lo que pienso sobre la dignidad de la profesión docente.

    Estamos en Lugares comunes, de Adolfo Aristarain. El veterano profesor de la Universidad de Buenos Aires, Fernando Robles, acaba de recibir en pleno corralito la noticia de que va a ser jubilado a la fuerza y con una pensión miserable. Más que nunca, esa mañana, ante sus alumnos -todos ellos aspirantes a profesores-, advierte que es prescindible, como lo somos todos. Es muy corto pero tremendamente emotivo, no se lo pierdan, por favor. http://www.youtube.com/watch?v=hu4rUWtIiUE&feature=related

  19. Mary Hall Says:

    “Tremé” está pendiente hace ya bastante…si es que se nos aumula la faena…No conocía “Generation kill”.
    Muy certeras las valoracioens del viejo profesor ya casi retirado a la fuerza.

    Pues ya que estamos con la cuestión de la educación, -del aprender, del cuestionar, del preguntar y mantener siempre la curiosidad intacta-, también querría recordar yo otra peli sobre el valor de la formación en valores de convivencia y respeto, y el compromiso de algunos admirables profesionales de la educación. Me la recordó hace poco una de mis varias amigas de la educación con motivo de las ocurrencias del ministro del ramo.Creo que debería proyectarse en todos los centros educativos.

    “Hoy empieza todo”, de B. Tavernier.

  20. David P.Montesinos Says:

    Estoy de acuerdo, señora Hall, y tiene, por cierto, una actualidad bestial lo que relata el film de Tavernier.

  21. jserna Says:

    Fíjense que al final hemos acabado hablando de la series. Lo normal, dirán: En Ojos de Papel se habla de series y de un par de películas. Pues no: yo creo que el elemento relevante es el psicoanálisis, esa relación que se establece entre individuos silenciosos y pacientes necesitados, entre terapeutas que permanecen a la escucha y personas que hablan y hablan. Vivimos con culpa, a veces con irresponsabilidad, dañándonos, cometiendo todo tipo de necedades. Vivimos con holgura o con estrechuras, pero casi siempre con dolor, con carencias afectivas, con infantilismos. Los personajes de Woody Allen son ricos, prósperos y acuden al psicoanalista porque se sienten mal e incluso muy mal. El malestar es la palabrita clave, tan freudiana. Si cuando Freud, había malestares neuróticos, qué será ahora cuando el hedonismo o la libertad no han aliviado las desazones. Parecemos personajes inventados por Joseph Conrad…

    Y ahora acabo, de momento. Como los analistas. Ha terminado la sesión.

    Regresaremos.


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