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0. Escribo sin fotografías y desmañadamente. Hay recortes y no tengo el ánimo festivo. Por tanto, este blog aparece hoy sin imagen que enseñe ni acompañe.  Tampoco le pongo colorines. Y encima no reviso la sintaxis, como un funcionario indolente. Así estoy. Es lo que hay.

1. Y lo que hay es una realidad desbocada. Es un malestar extenso y profundo, un sentimiento de agravio que se manifiesta aquí y  allí: en las conversaciones privadas y en las declaraciones públicas. Como si nos hubieran engañado a sabiendas, como si quisieran empobrecernos deliberadamente. El Gobierno de Mariano Rajoy se excusa y se escuda diciendo que las medidas del Gabinete no nos empobrecen: que ya éramos pobres, aunque por ceguera o miopía no deseáramos  verlo, advertirlo. Rajoy se ampara en la realidad: en el más acá, en la herencia recibida. Y en el más allá: en Europa, en las exigencias continentales. Y nos afea la conducta por la deuda contraída. Débitos de ricos, podríamos pensar. O mejor: de gentes que se creen pudientes. No podemos, no somos ricos y estamos mal, nos espeta Rajoy. O eso parafraseo.

2. Hace unos años, cuando ganó las elecciones autonómicas el Partido Popular de la Comunidad Valenciana, avancé un diagnóstico de la situación. Era una observación modesta sobre la realidad local. Si el PP de Francisco Camps gana sobradamente en esta autonomía, confesé,  se debe a tres razones no excluyentes. Primera, el elector se confirma: “soy rico”. Segunda, el elector se dice: “creo ser rico”. Tercera, el elector se consuela:”espero ser rico”. De acuerdo con esa realidad o expectativa vivían ciertas personas (por lo que parece, numerosas personas). Ahora toda la culpa de la crisis se atribuye a los manirrotos. ¿Quiénes son los manirrotos? Según este Gobierno, todos seríamos responsables.

3. Usted, perdone, señor Rajoy. Yo no  he gastado por encima de mis posibilidades. He hecho  cálculos y he ahorrado. Pero, por lo que parece, otros se han gastado ese monto. Monto y montañas de líquido: de lo que había y de lo que no había. Vamos a ver, repitan conmigo: el Partido Popular de la Comunidad Valenciana ha capitaneado esta autonomía con largueza presupuestaria. Ha organizado eventos por los que había que desembolsar  millones de euros. Ha levantado edificios que son una ruina material: y una ruina estética que ha afectado al buen gusto o al mal gusto local. Y ha manipulado la realidad valiéndose de Canal 9, ahora en ruinas.

Pero esa realidad se desborda…

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