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Frank Sinatra 2

14 mayo 2013

14 de mayo de 2013. Hace quince años que murió Frank Sinatra. Repasemos y reparemos.

FrankSinatrafichapolicial1El 26 de noviembre de 1938, Frank Sinatra es detenido en la oficina del sheriff de Bergen Country, en Hackensack (Nueva Jersey). Se le arresta bajo la acusación de seducción. El expediente que incoó el FBI no tiene desperdicio y algunas de las pruebas reunidas son pistas de un mundo mojigato.

Entre el 2 y el 9 de noviembre de 1938, el joven cantante había hecho promesas de matrimonio a una muchacha del distrito de Lodi. No sólo promesas. El detenido “había tenido relaciones sexuales con la demandante, que era una mujer de buena reputación que vivía sola”. Esa relación vulneraba un código de 1937. La sanción no fue menor: Sinatra se vio obligado a abonar 1.500 dólares, suma cuyo pago le valió la puesta en libertad.

Semanas después, el 22 de diciembre de ese mismo año, se descubrirá algo nuevo: la dama con la que había mantenido relaciones no era esa mujer de buena reputación que vivía sola. No: la señora estaba casada. En esa circunstancia, la tipificación del delito cambia y a Frank Sinatra se le acusa de adulterio. La multa desciende a 500 dólares.

Años después, en 1963, la revista Plaboy le hace una entrevista al cantante, ya mayor. Le preguntan por su confesión religiosa. Él, con esa chispa cínica que tenía, habló en efecto de sus creencias:

“Yo estoy a favor de todo aquello que te hace pasar la noche, ya sea una oración, somníferos o una botella de Jack Daniel’s”
La foto de aquella detención es justamente la que ahora tienen, esta que reproduzco y en la que se atisban los rasgos del Sinatra maduro. La instantánea resulta insólita. O no tanto. Procede de un libro la mar de interesante, que leí años atrás y que te muestra la imagen policial de cantantes y actores: Fichados. Una historia del siglo XX en 366 fotos policiales, de Giacomo Papi. De cantantes y actores, pero también de asesinos múltiples, como Charles Manson, aquel tipo avenado que acribilló a Sharon Tate en 1969. Creo que sigue en prisión.

A cualquiera de nosotros, que no somos crooners ni psicópatas, nos cambiarían el aspecto si nos arrestaran. La instantánea del guardia sacaría nuestro lado más siniestro o sombrío; o desangelado y estúpido. En cambio, fíjense en Sinatra: el flash no altera la elegancia de su calavera y del calavera que ya es. Si alguna vez tienen que hacerme un regalo, por favor obséquienme con un póster, un cartel, de esta fotografía. Tony Soprano la tiene, bien ampliada, en su oficina. Es el principal elemento decorativo del Bada Bing! Y es también el principal elemento votivo, podríamos decir.

Pues finalmente unos amigos muy cariñosos me regalaron esta instánea, formato gigante…

Soprano, el mafioso de Nueva Jersey (de dónde iba a ser), recuerda al viejo crooner y, como buen italonorteamericano, lo homenajea mostrando su lado más bronco, su foto más canalla. Destacan, sí, sus ojos azules. Sobresalen esas greñas indómitas que caen. Y resultan apetecibles esos gruesos labios de joven conquistador. Qué imagen, por Dios. Sigo viendo y completando la serie (¿a destiempo?) y Los Soprano me tienen totalmente seducido. Frank Sinatra murió en 1998. Lástima. Justo un año después comenzaba la serie que protagoniza James Gandolfini. De haber vivido, me apuesto doble contra sencillo a que Frank se hubiera pasado por el Bada Bing!, el club que regenta Tony y en cuya trastienda está la foto del Sinatra joven y aún prometedor.

CoversAlicante

COVERS (1951-1964). Cultura, Joventut i Rebel·lia

COVERS (1951-1964). Cultura, Juventud y Rebeldía

30/04/2013 – 27/07/2013
Sala EL CUB

Manuel Palomar Sanz, rector de la Universitat d’Alacant, té el gust de convidar-lo a la inauguració de l’exposició COVERS (1951-1964). Cultura, Joventut i Rebel·lia el dimarts 30 d’abril de 2013, a les 13 h.

30/04/2013 – 27/07/2013
Sala EL CUB

Manuel Palomar Sanz, rector de la Universidad de Alicante, tiene el gusto de invitarle a la inauguración de la exposición COVERS (1951-1964). Cultura, Juventud y Rebeldía el martes 30 de abril de 2013, a las 13 h.

Nino Bravo

18 abril 2013

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JS, “Nino Bravo”, El País, 16 de abril de 2013

Yo lo veía con mucha frecuencia. Me asomaba al balcón de la casa que habitábamos en Bétera y allí estaba. Era Nino Bravo. Llegaba con un coche de grandísimas dimensiones. No recuerdo si un Dodge Dart, el vehículo americano fabricado en Villaverde por Barreiros. Los más refinados pilotaban BMW, importados. Con un modelo de esta última marca, recién adquirido, se mató el cantante en abril de 1973. Yo envidiaba el coche alemán: mi primo Fermín, el de Andorra, venía a recogerme con uno de estos autos y me llevaba al pueblo de mi padre. Me sentía como un potentado, como un magnate que volvía a la tierra de sus mayores. Pero no quería hablarles de eso, sino de Nino Bravo.

Llegaba, ya digo, con cierto ruido. Su coche contrastaba con los turismos humildes que allí había estacionados. Bajaba saludando, repartiendo besos, firmando fotos. Desde mi balcón, yo lo veía alto y desenvuelto. Vestía camisa y pantalones vaqueros, con un toque casual que no era el de sus conciertos o actuaciones. Los tejanos que llevaba eran, por supuesto, acampanados, con esa audacia estética de entonces. Y calzaba zapatos o botas con plataforma que le daban un aire temerario. Su media melena, siempre lacia, era la misma a la que yo estaba condenado.

Acudía allí, al costado de mi casa, para hacerse los trajes. A medida, desde luego. El virtuoso de la tijera era el sastre Roldán, un auténtico perito que había adquirido fama comarcal y del que nosotros éramos orgullosos vecinos. También mi padre se hacía allí los ternos hasta que murió Roldán: ya nunca llevaría pantalones o americanas tan bien cortadas, me dijo un día.

Meses después del fallecimiento del cantante se celebró un concierto de homenaje en la plaza de toros de Valencia. Con mucha antelación, mi padre había adquirido las entradas, tales eran el dolor y la expectativa. Allá fue la familia y allá me emocioné con los restantes espectadores, con el gentío.

Yo nunca había sido mucho de Nino Bravo: tarareaba, sí, sus canciones porque a fuerza de radiarlas acababas conociéndolas. Pensaba que era un ídolo para otras generaciones, para mis padres: joven valenciano natural de Aielo de Malferit, dotado de potentísima voz y buen repertorio, triunfa. Pero lo contracultural y lo rebelde no pasaban por un solista bien trajeado que cantaba a Noelia, a la América que era un edén, a la tierra, mi tierra.

Han pasado muchos años y yo soy más viejo de lo que él nunca pudo llegar a serlo. Lo pienso y me da un respingo. Jamás alcanzó la treintena y yo dejé de ser joven hace varias décadas. Mentiría si dijera que ahora me atrae más que entonces, que solo me gustaba lo justito. Pero admito que escucho sus canciones sin condescendencia, sin esa falsa superioridad del niñato.

Hay una novela de Javier Marías que empieza así: “Dos de los tres han muerto desde que me fui de Oxford”. Podría parafrasear ese íncipit para acabar diciendo que tres de los tres han muerto desde que me fui de Bétera: Nino Bravo, el sastre Roldán y mi señor padre. Bétera no era Oxford y ninguno de los tres era tan sofisticado como los personajes de Marías, pero, ah amigos, siento la misma pena, esa congoja por un mundo ya desaparecido y entonces aún potencial: la Valencia de los setenta.

JS, “Nino Bravo”, El País, 16 de abril de 2013

David Bowie

6 abril 2013


CaratulasdeBowie

David Bowie acaba de sacar nuevo disco tras años de silencio… Se titula The Next Day. Tiene un sentido futurista, acabado, definitivo. Es lo que nos queda…

Y algo más. David Bowie es objeto de una espectacular exposición en Londres. Se titula David Bowie is. Allí se exponen las prendas que lució y los discos que ideó, con sus portadas… Algunos de esos vinilos fueron conceptuales, como por ejemplo el de The Rise and Fall Ziggy Stardust and The Spiders from Mars (1972); y otros una suma de canciones afortunadas que ni siquiera eran suyas, como Pin Ups (1973): un disco de versiones que fue mi primer Bowie. Tengo el catálogo de la Expo en mi poder, como una preciosa posesión. Repasando sus páginas confirmas a Bowie como creador de tendencias estéticas, formales. Su vestuario es como un bólido de Fórmula 1: los arreglos y los excesos después serán copiados; las mejoras y las pifias luego serán imitadas por cientos, por miles de seguidores. E incluso por individuos que no saben que repiten lo que Bowie alguna vez llevó, se calzó o lució.

Es un personaje ambivalente que despierta admiración y rechazo. Por un lado, supo hacerse y rehacerse en fases distintas del rock y del pop, adelantándose a las modas que él mismo instituía. Por ejemplo, el Gay Power, también llamado el Glam, fue una corriente estética que triunfó en los setenta y de la que él fue rey y señor, Marc Bolan aparte. Hacia 1966, aún David Jones, Bowie era un jovencito con ínfulas de rockero, un tipo que admiraba a Little Richard, Elvis y Dylan; cinco, seis años después era un compositor leído, cultivado, con carencias musicales que sabía suplir rodeándose de excelentes técnicos. ¿El principal? El productor Tony Visconti, el mismo Visconti que varias décadas más tarde ha vuelto para materializar The Next Day.

DavidBowieNextDavid Bowie es aún un tipo guapo, incluso bello y elegante. Lo comprobamos hasta cuando rebasa el buen gusto o la edad. Desde antiguo tiene una pose muy femenina, estudiadamente femenina, teatral. No en vano fue decisiva su relación con Lindsey Kemp. Por un lado, se sabe macho, macho man. Por otro, tontea con varones muy masculinos y apuestos. Abrió lo que estaba cerrado, los armarios, los estilos y los sexos… Y supo crearse estéticamente. En las distancias cortas tiene fama de ser un tipo encantador, chistoso, optimista. La imagen pública que de él se tiene no siempre es así: aparece como un individuo manipulador, engreído. Cometió varias torpezas de notable resonancia, como la de vivir enganchado a la cocaína; o como la de vivir tonteando con la estética y la cultura nazis, con el ocultismo. Luego se disculparía debidamente. ¿A qué se deben esas meteduras de pata, esos abismos? ¿A falta de estudios? ¿A simple y llana provocación? Bowie fue tempranamente un tipo muy cultivado, lector insaciable que no sabía muy bien cuál había de ser la transgresión. Hay en él la búsqueda sin fin y el deseo de éxito, de gran estrella. De esa mezcla, transgresión y mercantilismo, nacerían discos espléndidos como “Heroes” (1977) o como Scary Monsters (1980).

A principios de los setenta, yo sólo era un adolescente, un muchacho a medio hacer, y Bowie me imantaba: todo lo que era capaz de crear me interesaba. ¿Acaso porque yo era homosexual? No, no recuerdo haber sido gay en ningún momento. Y no lo digo para salvarme o exculparme. Lo digo porque me complacían su ambigüedad y su vertiente andrógina, su bisexualidad, asunto que sorprendía en un hetero. Pero yo no soy tal cosa, no sé qué cosa. Soy un ser que ama a su chica y a sus hijos, lo que no le impide admirar la belleza masculina. Y Bowie llegó a componer una figura de extrema elegancia (en parte inspirada en Frank Sinatra), vistiendo trajes anacrónicos, propios de los cuarenta y cincuenta, que siempre le han sentado enormemente bien. Quien tuvo retuvo: ha envejecido excelentemente y su porte aún resulta envidiable.

Sus letras hablan frecuentemente del espacio, del espacio exterior, de un futuro de plásticos y de destrucción, de amor y de otras drogas, de muchachos desorientados, de héroes momentáneos, imprevistos. Es uno de los nuestros: somos tipos momentáneos que esperamos lo imprevisto. Poco más.

magacimwebUno. Los niños cantan, cuentan, corean. Leen, escuchan música e intervienen. Tararean y parafrasean. Y sueñan con un mundo exterior, de rarezas espaciales y héroes cercanos: con personajes insólitos y con personajes del barrio que son extravagantes y próximos.

A poco que tengan una ambiente hospitalario, las chicas se adueñan del espacio, se incorporan y se hacen presentes. A poco que dispongan de un entorno agradable, los chicos se afirman, se introducen y se plasman.

En Benimaclet, Valencia, se materializa dicho sueño. Desde hace meses, los niños de este barrio valenciano conducen un programa de televisión, un informativo. No es una ficción. Es la pura realidad. Eso sí: con muchos colorines, joviales y serios. ¿Recuerdan la canción When I Live My Dream (1967), de David Bowie?

Diles que tengo un sueño

Y diles que tú tienes el papel principal

Diles que soy un soñador

Y que haré realidad mi sueño

Diles que viviré mi sueño

Diles que se pueden reír de mí

Pero no olvides tu cita conmigo

Cuando viva mi sueño

Dos. El MagaCim es un programa de televisión hecho por esa infancia de Benimaclet: una producción de ZurdosTV, el TheLifeAquaticStudioSessionslaboratorio creativo de la productora Barret Films. Todo empezó por petición del Centre Instructiu Musical de Benimaclet. Y ahora se cumple un año. El Taller de Tele, donde se fabrica este programa, pretende dar voz a los vecinos del barrio a través de la gente pequeña, que es la que se encarga de grabar, entrevistar y participar en la ideación de los contenidos del programa. De esta forma aprenden a través del juego a utilizar los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de una forma responsable, defendiendo valores.

Tres. Mientras escribo esto escucho The Life Aquatic (2005), de Seu Jorge, un disco de versiones de David Bowie. ¿Quién tuvo una circunstancia más favorable cuando era un muchacho? ¿David Bowie o Seu Jorge? David Jones (David Bowie) nació en 1947, creció en la dura posguerra del Sur de Londres (ese lugar destruido tras los bombardeos de la Luftwaffe) y confió en sus capacidades creativas. Jorge Mário da Silva (Seu Jorge) nació en 1970 en SpaceOddityBelford Roxo, Río de Janeiro: fue un muchacho de favela y un homeless. Ambos sabían desde niños que querían ser creadores, músicos o comediantes. Ambos querían actuar. No tenían medios, pero se obró el milagro…

El MagaCim pone en marcha una estructura en la que puede participar todo el vecindario. Los muchachos que la realizan aspiran a convertirla en una televisión comunitaria y de barrio, un soporte en el que los propios habitantes de Benimaclet puedan publicar sus vídeos y consultarlos en la web. Recientemente, el MagaCim recogió el premio Tirant Avant Escolar de manos de ACICOM (Asociación Ciudadanía y Comunicación).

Cuatro. El jueves 14 de Marzo se celebra en el Musical de Benimaclet (calle Barón de San Petrillo, 14) a las 20 horas el primer aniversario del Magacim. Presentará la gala la gente menuda del programa. Enseñarán los mejores vídeos de la temporada descubriendo algunos de los secretos del taller de televisión al público que quiera asistir. La entrada es libre y gratuita, y el espectáculo está asegurado. Vean, si no me creen, el vídeo de promoción de la gala.

Por lo que sabemos, David Bowie y Seu Jorge no podrán asistir: son numerosos los compromisos previos. Lástima. Nosotros sí que podemos vivir ese sueño que una vez cantaron Bowie y Jorge.

…Tell them I’m a dreaming kind of guy

And I’m going to make my dream

Tell them I will live my dream

Tell them they can laugh at me

But don’t forget your date with me

When I live my dream

David Bowie, 1973, 2013

13 marzo 2013

bowie-pin-upsUno. English supermodel Twiggy strikes a glam-rock pose with David Bowie in Paris for the classic cover of his Pin Ups album in 1973. (Photo by Justin de Villeneuve/Hulton Archive/Getty Images)

Dos. JS, “Bandas sonoras”, El País, 30 de noviembre de 2011

Cuando yo era jovencito -a los trece o catorce años- vivía en una población cercana a Valencia. Allí había dos bandas juveniles. Una estaba formada por los seniors y otra por los juniors: los mayores eran los Cachibufas; los jóvenes eran los Semicachibufas. No es broma. Se llamaban así, literalmente: a lo pendenciero le anteponían el prefijo culto.

No eran bandas exactamente rockeras. Las formaban pandilleros de comienzos de los setenta, especializados en armar peloteras en las dos discotecas de la población. Una de las salas se llamaba Les Corones; la otra, Azor (no sé si llevaba hache intercalada para hacerla más exótica). Allí acudían los Cachibufas y los Semicachibufas para zurrar a los rivales de otros pueblos. Los broncas locales no podían tolerar las intromisiones de los foráneos, que habían tenido la osadía de acudir a aquellas discotecas. Incluso con cadenas llegaron a desafiarse. Eso ocurría los fines de semana, no sé si todos o de vez en cuando. Mi memoria agiganta los sucesos y me hace pensar que esas reyertas sucedían cada festivo. ¿Y qué hacían a diario o los sábados por la tarde? Acudían a unos futbolines.

Había allí una máquina de discos, una Jukebox, y por unas monedas cualquiera podía elegir las canciones de su preferencia: salvo que estuvieran los Cachibufas, claro. En ese caso, nadie se atrevía a estorbarlos o a enojarlos. Yo estuve en aquellos recreativos muchos sábados por la tarde o domingos por la mañana, después de la preceptiva misa: en algún sitio había que pasar los largos fines de semana de la España franquista, ¿no es cierto? Quienes merodeábamos por allí aceptábamos, por supuesto, los gustos musicales de aquellos bravucones. Con su exhibición de fuerza y su leyenda, nadie se atrevía a llevarles la contraria.

¿Y cuál era la pieza que más escuchaban? No era de Nino Bravo ni de Camilo Sesto. Era una vieja canción de los sesenta, de mediados de los sesenta: Sorrow, en versión de David Bowie. Estábamos en plena época del Glam. Nunca comprendí la elegancia de los Cachibufas. ¿Cómo era posible que unos pandilleros de tres al cuarto se deleitaran con una canción tan sofisticada?

En la Facultat de Geografia i Història de la Universitat de València llevamos varias semanas con un ciclo de mesas redondas y cine. Están dedicadas a la rebeldía juvenil y al rock. Hacemos historia y repasamos la sociología de esta manifestación musical. ¿Su título? Bandas sonoras. No sé por qué, pero cada vez que asisto a uno de esos actos organizados me acuerdo de los Cachibufas. Con agradecimiento. El rock tuvo su parte camorrista. Y tuvo su arte: era una de las bandas sonoras de aquella España raquítica y esperanzada. Sorrow significa dolor, tristeza. Si me pongo a tararear la canción de Bowie no siento otra cosa.

Tres. Continúa…

487103_480561488644035_628720627_nUno. ¿Por qué se amplía el plazo de una Exposición? Las razones pueden ser distintas. En el caso de Covers, la causa es su excelente acogida, la respuesta del público. Hasta el 3 de febrero… Ahora no hay excusa: Covers estará abierta hasta el 3 de febrero. Llevamos 20 mil visitantes. Echamos en falta a unos cuantos más.

Dos. Ir a los años cincuenta es materialmente ilusorio, pero aproximarse virtualmente es posible. La América de 1950 o 1960 está desaparecida. Los restos que quedan de aquellas décadas (fotografías, vídeos, carteles, electrodomésticos, carátulas, portadas, etcétera) son numerosos y su reunión nos permite hacernos una idea, conmovernos con lo vivido.

Una impresión es un efecto sensorial: por fuerza nos obliga a reflexionar, a hacer patente lo que no está pero percibimos. Aunque para que tal cosa ocurra, para que tal consecuencia se dé, es preciso ordenar la amalgama: hay que narrar lo que juntamos y hay que contar una historia de objetos y de sentido.

Tres. En Covers contamos una historia, ciertamente: los reclamos de una sociedad de consumo; la publicidad de un capitalismo doméstico. Pero también detallamos una rebeldía, la oposición de los jóvenes, el malestar de unos muchachos que hicieron del rock su afirmación. Estamos en la Norteamérica colorista y glamourosa de John F. Kennedy. Estamos en una sociedad que hace del derroche y de la juventud su gloria. ¿Por qué se oponen los adolescentes al bienestar material?

Cuatro. Covers muestra y sugiere, expone y oculta: lo que fue portada tapa a la vez la discriminación, la pobreza, lo feo, lo viejo. Estados Unidos emprende una carrera espacial que es al tiempo un torneo político, un certamen atómico. La televisión recrea y multiplica. La música retiene y difunde. El rock no es sólo sexo. Es deseo, expectativa, mezcla y porvenir. Los jóvenes lo quieren todo y los esperan todo. Únicamente falta su cumplimiento.

El tiempo está de su parte…

Reunión del Comité Federal del Partido Socialista Obrero Español. Los dirigentes de la organización parecen ser conscientes de auriculares2que hay que cambiar muchas cosas, pero a la vez temen iniciar cualquier muda. La cosa huele. Esperan retrasar el proceso de primarias abiertas y esperan que todo discurra sin graves alteraciones. Estamos en ralentí y no escuchan.

¿He dicho sin graves alteraciones? La grave alteración se está dando fuera del Partido Socialista. Hay numerosos jóvenes que se han desentendido de la política, al menos de la política que llevan a cabo los socialistas. Ven esta organización como un organismo lento y escasamente sensible. Ven esta organización como un mero agregado de intereses: cuadros, cargos y empleados. No ven en el PSOE una esperanza, al modo de una vanguardia, sino como algo atávico, disfuncional y rezagado.

No me gusta la palabra ‘vanguardia’. Tiene resonancias abiertamente militares, de confrontación. Unos pocos soldados aguerridos verían lo que la mayoría no ve y esos pocos serían los únicos capaces de emprender, de acometer. Ciertamente odio la palabra ‘vanguardia’. Pero desde el punto de vista de las artes o de la sociedad, las vanguardias de principios del siglo XX atacaron el gusto burgués, el amodorramiento, las formas clásicas y adocenadas.

Conozco jóvenes con los que mantengo una excelente relación, muchachos de veintitantos que querrían activar el estado de cosas. Para estos ciudadanos, el Partido Socialista parece una institución amodorrada y, a lo que me cuentan, el debate intelectual de sus dirigentes les aburre: sus cuadros se adocenan vertiginosamente. Hace falta nivel: estudios, ganas de saber, humildad, sin convertir el Partido Socialista en el lugar de trabajo. Hace falta atrevimiento y movimiento. Están encerrados oyendo su propio sonsonete sin advertir lo que ocurre fuera, a las puertas.

No es –no puede ser– el partido de los pensionados. Pero a la vez, a estos mismos jóvenes, les digo: los males del PSOE no son exclusivos. El sistema de partidos facilita la escasa circulación de los militantes, el descuido de los simpatizantes. Hasta yo mismo (que no formo parte de esta organización), estoy decepcionado y cada vez más desinteresado. Si eso me pasa a mí, que viví el final del franquismo y el proceso de transición con suma atención, ¿qué no sucederá entre los muchachos?

Hay que salir y empujar. Hay que facilitar el trabajo común. Y en el Partido Socialista deben desprenderse de la difidencia, de ese recelo con que observan todo cambio. En fin, no sé por qué, pero este reproche que hago al PSOE me recuerda una canción pegadiza de Francesco Salvi. Data de finales de los años ochenta.

Es la historia del vigilante de una discoteca. Custodia también el párking. Usando  los micrófonos del salón pide ayuda a los que allí están para que alguien salga a desplazar un coche que tiene la marcha puesta y, además, es un diésel. Obstaculiza el paso… Pesa mucho, está anclado y él solo no  puede moverlo. Necesita ayuda y todos pueden facilitársela. Nadie sale. Están cómodamente instalados.

La máquina sigue allí, a las puertas: nadie empuja y así les va, así les irá…

C’è da spostare la macchina di prima, vuole venire qualcuno a darmi una mano oppure no

Che siamo qua tutti a ballare e io sono fuori a lavorare!

C’è da spostarla… e basta!

La vogliamola spostarla o no?

E basta!

Aquí y ahora ocurre lo contrario. Los jóvenes están fuera, pero de dentro del salón nadie sale.

biografia_elvisUno. Una amiga me escribe un WhatsApp para informarme de que el 8 de enero es el cumpleaños de Elvis Presley. Y de que este mismo 8 de enero David Bowie is…: vamos, que regresa con una canción y, pronto, con un nuevo disco. Le agradezco a mi amiga esa confidencia que sin duda es pública y universal, además de íntima.

Hace dos o tres veranos leí la biografía de Elvis que escribiera Peter Guralnick en dos volúmenes. Era una minuciosa reconstrucción: Ultimo tren a Memphis y Amores que matan. Lo que más me sorprendió fue el protagonismo del Coronel Parker. Sabía de su importancia, pero ignoraba que tuviera tanta influencia en el Rey. Tanta…

Tengo en casa una biografía dedicada a David Bowie. Su autor es Paul david-bowie-29-03-12Trynka. Aún no la he leído, pero espero no tardar demasiado: la vuelta de Bowie me sirve de acicate.

Aprovechando estas noticias, yo ahora debería recomendarles a ustedes la visita a la Exposición de la que Alejandro Lillo y yo somos comisarios: Covers (Centre Cultural La Nau, Valencia). Como lo he hecho ya infinidad de veces, no repetiré la promoción.

Dos. El rock me cambió la vida: perdonen la trivialidad. Mi inglés precario no fue obstáculo para que siendo joven escuchara a Elvis, a Bowie. Etcétera. Me recuerdo solo, en mi habitación, poniendo vinilos en un tocadiscos portátil. Era rojo y marfil, unos colores muy sesenteros, aunque fue un regalo de comienzos de los setenta. Sorprendentemente lo tiré. Es curioso: procuro deshacerme de todo lo que me recuerda mi pasado. Hay una herida que no cicatriza…

Hablando de heridas: había que tener mucho cuidado con la aguja del tocadiscos (siempre amenazada por mis manazas, por el polvo y por la pelusa) y había que preservar el disco (siempre tan frágil). Recluirse en la habitación era un acto de soberanía. Te daba una potestad sobre tus pertenencias. Estabas en un mundo que tus mayores no entendían.

lou-reed-transformeRecuerdo que en la pared, junto al buró en el que estudiaba, tenía un póster de Lou Reed, una fotografía difuminada procedente del Rock ‘n’ Roll Animal (1974). La copia de mi disco español estaba censurada, por supuesto. Y para rellenar el hueco (Heroine estaba prohibida) los productores habían incluido Walk on the Wild Side (una canción extraída de Transformer, 1972). Y alguna pieza más.

Estoy seguro de que el Rock ‘n’ Roll Animal lo he escuchado miles de veces: no exagero ni un ápice. Y estoy seguro de que las canciones del Transformer me conmocionaron entonces y después. No sabía bien cuál era el mensaje, pero aquello me distinguía.

De todo esto hace mucho tiempo, tanto como cuarenta años, pero la sensación adolescente no la he olvidado.

Aún duele.

De Harley a Velosolex

29 noviembre 2012

Uno. Hola, buenos días. ¿Hay alguien ahí? Voy a confesarme. No es frecuente que en este blog su responsable adopte dicho tono. Suelo ser una persona contenida y mis expansiones son mínimas. Y esas expansiones que tengo no pasan de asuntos puramente intelectuales. Ya me lo dijo mi remoto terapeuta: sr. Serna, no se ciña a lo intelectual. Ábrase a otras actividades.

Y así hago siempre que puedo: abrirme, marchar al aire libre. La moto la abandoné hace veinticinco años, tras un accidente. Era una Vespa de 200. Pero la bicicleta, no: en la bici aún confío.

Lamento no estar ahora mismo pedaleando: en Valencia ha salido un sol espléndido, un cielo limpio, un otoño apatecible. Pero aquí me tienen, leyendo trabajos académicos, encargos, artículos sobre los que debo pronunciarme. Aprendiendo y reprendiendo. Leyendo e inspirándome. Y luego está esta nota.

Dos. El vehículo que aquí distinguen no es exactamente la pieza a la que me refiero: la modesta bicicleta. Es, por el contrario, una Velosolex, una joya que tiene mi hijo mayor y que es el orgullo de la automoción francesa. Data de finales de los cincuenta.

En un principio, dicho vehículo iba a estar en Covers: se exportaron Velosolex a los Estados Unidos, un artefacto ingenioso y resultón. Luego pensamos que no, que mejor reducir el parque móvil a Harley y a Triumph: las motos que los jóvenes deseaban tener en la América de los cincuenta y sesenta.

Tres. Hoy, la Velosolex es un preciadísimo objeto de nostalgia vintage. Habría podido quedar monísima en la muestra: un contraste entre las Harleys y la Velosolex. Con un texto justificativo, claro: “…mientras los jóvenes americanos (y europeos) soñaban con Harleys y Triumphs, la realidad era más prosaica, pues el mundo se iba motorizando con Velosolex…”

No está la Velosolex. La miro ahora, con esa fragilidad, y me da reparo, pena: en Covers hay un mundo que no está representado. Lo sabemos… Es el de los jóvenes menesterosos, la gente del ghetto, con vehículos menores y trastos cochambrosos. En la exposición hay imágenes de coches con cromados brillantes, de perfiles angulosos, de longitudes ostentosas. Tras esa careta, tras esa tapeta, había un mundo de pobreza y dignidad. El que correspondía, por ejemplo, a la negritud.

En Covers hay velocidad. Hoy, estamos habituados a correr, a perder el fuelle con nuestras prisas. La cosa data de antiguo: aquellos jóvenes de los cincuenta fueron los primeros que plantearon la velocidad como una huida, como un escape: el repudio de la familia y del asentamiento. Lucían sus vehículos como el vaquero que marcha solo, como un caballero medieval anacrónico. Apretaban el acelerador para sentir el vértigo y la urgencia. James Dean se mató con un Porsche. Bob Dylan tuvo un accidente con una Triumph.

El 4 julio de 1956, Elvis se retrató aupado a una Harley. Muy patriótico. Era en Memphis, Tennessee. Tengo el audiolibro que reproduce aquellas fotos y aquellas canciones. Siento nostalgia de algo que no llegué a vivir. ¿O es, quizá, melancolía? La melancolía es el dolor por la pérdida de lo que nunca se tuvo. Yo llegué tarde a la automoción. Y aquí me tienen: sentado, escribiendo, a punto de regresar a mis trabajos académicos. Buenas tardes.

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