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Jueves, 30 de mayo de 2013 a las 19:30

Fran Sanz, Ximo Puig, Justo Serna

imageDebate en la calle Blanquerías, 4 – 46003

Socialistas.
Los ciudadanos, los militantes, los dirigentes
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¿Es posible un debate entre un militante y un dirigente? ¿Una conversación entre un miembro de la base y el máximo mandatario de un partido? Los Socialistas tienen una tradición y tienen protocolos, pero las organizaciones de la izquierda también necesitan ideas, imaginación, estímulos. Que un militante y un dirigente discutan cortésmente, que lo hagan en presencia de un moderador externo, alguien que no pertenece a la organización, dice mucho de la apertura a la que se aspira. El Partit Socialista del País Valencià es una institución decisiva del sistema democrático. No podemos conformarnos con las inercias orgánicas, con las resistencias del aparato; pero tampoco podemos conformarnos con su liquidación, como algunos pretenden: como si todo pudiera hacerse en asamblea permanente.

Los Socialistas son protagonistas de la política valenciana, son interlocutores necesarios. Tienen propuestas y tienen militantes valiosos. Fran Sanz paga su cuota y es abogado. Tiene estudios. Pero sobre todo tiene lecturas, capacidad para pensar y dialogar, para idear y mejorar. Es un activo valioso de una organización política.Tiene cultura y tiene humanidad, no traiciona y es fiable: efectivamente no se fía de su saber y siempre está ampliando sus conocimientos. Es un sabio local.

Por su parte, Ximo Puig empezó como alcalde de Morella y hoy es el secretario general del PSPV. Es periodista de profesión y tiene lecturas. No es raro, no es infrecuente, verlo con un libro de Tony Judt: se vale de historiadores, de pensadores, para mejorar su proyecto, para introducir sentido común y raciocinio en una organización que ha de ser racional y práctica. Puig habla como pocos secretarios hablan: con claridad, que es la cortesía intelectual que debemos exigir a nuestros representantes.

¿Es necesario el Partido Socialista? ¿Es necesario el sistema de Partidos? Los movimientos sociales activan, estimulan y argumentan. Los partidos han de ser una caja de resonancia, una caja de herramientas y, sobre todo, la casa de todos: necesitamos discutir lo básico. Los Socialistas invocan el pasado y unos derechos, pero en realidad van más allá: vaticinan un porvenir distinto y se empeñan en recrear la política.

“Todo ha de ser examinado, todo ha de ser reorganizado, sin excepción y sin miramientos”, había establecido Diderot; y los Socialistas, herederos de la Ilustración, se empeñan en deshacer un orden lleno de defectos, de vicios. Esperamos que los Socialistas no se dejen amilanar por cataclismo alguno, no se dejen derribar. Quisieron guiar y guiarse, dirigir y capitanear su acción y el gobierno de los pueblos. Pero para eso han de escuchar al pueblo: a los militantes, sí, y también a los ciudadanos. En eso están y en eso estamos.

Qué país

15 mayo 2013

GuardiasLifeEn tiempos de crisis, de todo carecemos. Si no hay para comer, no hay para comer; y eso se entiende mal y se explica peor. ¿Cómo es posible que la Consejería de Educación adeude el catering de las escuelas públicas? En varios colegios ya no se sirven platos de caliente, sino bocadillos que imagino saludables pero escasos. Pronto, a nuestros hijos, les quitarán el pan de la boca y todo quedará olvidado.

Pongamos otro ejemplo: la educación. Si no hay para tal cosa, no hay para tal cosa: el porvenir de los estudiantes. Al final se les deja a la intemperie. Me acabo de enterar de que un joven colega, Francisco Fuster, no ha obtenido una beca de las pocas que concede la consejería del ramo. Tiene un currículum excelente y tenía un proyecto prometedor: realizar la biografía de Azorín aprovechando el archivo de la Casa-Museo del escritor. Si no me equivoco, las becas concedidas han premiado proyectos de zoología marina, ciencia molecular y economía aplicada, al menos en Valencia. Eso significa que han sido descartadas las Humanidades. Hay que ser zote para no ver que la historia, la filosofía, la filología, la psicología, la pedagogía son saberes imprescindibles con buenos investigadores, con expertos que nos hacen la vida más llevadera. Me pregunto por los criterios de la selección.

En medio de estas malas noticias me entero de una información feliz, satisfactoria, una de esas que te devuelven la confianza en el país. Me la ha hecho llegar Francisco Oltra. Se trata de una inversión que es fruto del acuerdo de dos instituciones. No es un sarao, tampoco es un evento sandunguero, de esos que se supone traerán muchos cuartos. No es una carrera de cuadrigas ni un certamen náutico; no acuden los ricos, ni se espera a armadores de buques. Aunque, bien mirado, el acontecimiento sí que tiene algo de náutico. Resulta rseapvque dentro de unos días, el 28, se inaugura oficialmente en Internet el Archivo de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Valencia.

Reparen en la palabrita, las palabritas: Amigos del País. Hay gente así, gente agrupada en una corporación que tiene más de dos siglos y que se ocupa de la vida material de los valencianos. Aún resulta esperanzadora su labor. Ahora, gracias a la colaboración con la Universidad Politécnica, su abundante archivo en papel, guardado en cajas y legajos, podrán consultarlo todos los internautas. Quienes hemos frecuentado la sede de la Económica para investigar y documentarnos sobre el pasado valenciano nos felicitamos y se nos hace la boca agua. No todo es miseria, ignorancia o recorte.

En el archivo de esta entidad está la Valencia de otro tiempo: las iniciativas que se emprendieron, los ingenios, los ensayos agrícolas y la preocupación social, las cocinas económicas. Uno echa un vistazo a sus papeles, ahora a sus enlaces, y descubre un mundo más cortés, menos bárbaro, con gentes preocupadas por el saber y la mejora material. Había concursos de ciencias y certámenes literarios. Nada de esto parece interesar hoy a quienes nos gobiernan.

La historia y las Humanidades no sacian el hambre. Toda inversión es gasto… Aunque vivir en la ignorancia resulta carísimo: la cultura no nos hace necesariamente mejores, pero la incultura no nos ayuda lo más mínimo.

JS, ‘Qué País’, El País, 14 de mayo de 2013

FOTOGRAFÍA: Eugene Smith (Life, 1950)

Enlace de interés: http://www.uv.es/rseapv/web

Yo no soy tonto

8 mayo 2013

YonosoytontoLeo en El País que los expertos convocados por la Generalitat de Catalunya postulan una desfuncionarización. Es decir, prescindir de la mayoría de funcionarios. Esta comisión propone mantener únicamente a policías, inspectores o a “quienes otorgan licencias”. ¿Y el resto de actividades? Pues que se encarguen a personal laboral, esto es, contratos indefinidos pero no de por vida como los de los funcionarios.

Hace meses, muchos meses, predije que llegaríamos a esto. Amigos y compañeros me mostraron su escepticismo… Que no, que no, apostillaban. Que no llegaremos a esto. Ahora hay superexpertos que nos diagnostican y nos laminan. Supongo que ellos serán excelentes, gente finísima, superferolítica, que saben examinarnos y suspendernos. Si es preciso.

En todo esto hay un texto –un relato lo llama Alberto Núñez Feijóo– y hay un subtexto: el subtexto es lo que no se percibe a simple vista, lo que no se dice expresamente. La intención y el programa de las derechas españolas –y entre ellas la gloriosa y nacional Derecha Catalana que encarna CiU– tienen como fin último liquidar el Estado de Bienestar.

¿Bienestar? Eso es una excepción en la historia de la Humanidad, por Dios. Ya me lo dijo mi padre: al final volveremos a la cartilla de racionamiento: sin razonamiento alguno.

La idea del Experto catalán y, seguramente, español (malgré lui) es que sólo queden como funcionarios los encargados de la seguridad, las figuras de autoridad. Los que tiene las armas, los rifles, los fusiles de asalto… En fin.

Esto nos devuelve a los orígenes del liberalismo, a los tiempos de Thomas Hobbes, de John Locke. Ah, los viejos buenos tiempos, cuando el mundo era un repertorio de Monarquías Absolutas. Ahora, en España, no hay absolutismo. Hay tomadura de pelo. Volvemos…

Yo, de hecho, devuelvo. Mejor dicho, ahora vuelvo… Y vuelvo con estupor. Los expertos siempre dicen lo que los poderes institucionales desean escuchar. No hay contradicción entre lo que juzgamos y lo que deseamos. Es un estado de Nirvana… Así, “según los gurús indostánicos, en la fase superior de la meditación, el cuerpo humano, purgado de apetitos y anhelos, se abandona con deleite a una existencia etérea, horra de pasiones y achaques, atenta sólo al manso discurir de un tiempo sin fronteras, alado y leve…”. Juan Goytisolo dixit.

Espléndido. Mientras escribo esto –la derecha española y catalana hermanadas–, me entero de que “El Tribunal Constitucional suspende la declaración soberanista catalana”. Uy, qué dolor, qué pena. Ya tenemos razones para mostrar heridas y laceraciones. No nos quieren, no nos entienden. Mientras tanto, a los trabajadores y funcionarios catalanes, que les den…

RodillaSe pregunta Joaquín Pérez Azaústre sobre la ética y la prótesis: la prótesis de rodilla que un joven de Llíria no podía pagar. A partir de una anécdota lamentable, ocurrida en tierras valencianas (cómo no), el escritor reflexiona sobre la sociedad que estamos edificando o demoliendo. “La ética como prótesis” se titula su artículo (http://bit.ly/16dw8oF)

Yo también me he preguntado por lo mismo y, justamente por ello, me he sentido interpelado por Joaquín Pérez Azaústre. ¿Solidaridad? Solidaridad, sí, pero también camaradería: mi rodilla derecha ha sufrido distintas intervenciones. En una de ellas, aturdido pero despierto con la anestesia epidural, escuchaba los golpes que el cirujano infliglía a mi rótula, creo.

La ética es una prótesis, sí. Una defensa contra las ofensas de la vida. Es lo que nos distancia de la Naturaleza feraz y feroz, lo que nos hace sociales y sociables. Otra cosa es que te quiten la férula, la prótesis o el andamio porque no pagas. Entonces regresamos a lo salvaje, a lo inacabado.

En esta crisis, muchas casas han quedado desarboladas, sin andamio. Edificaciones sin terminar que se deterioran y que un día caerán, causando estropicio y daño. El esqueleto carcomido. Eso sí, puede que antes hayan desaparecido por el pillaje de quienes buscan restos de andamio. Allí los vemos. Van sin prótesis, sin casco.

El techo o el cielo se les cae encima. Y a mí se me cae el alma a los pies.

Juan Cotino

1 mayo 2013

Justo Serna, “Juan Cotino”, El País, 30 de abril, 2013

JCJEYa todos lo saben. El pasado domingo pudimos ver un programa dedicado al accidente del Metro ocurrido en Valencia en 2006. Los responsables de la emisión fueron Jordi Évole y su equipo (ayudados localmente por Barret Films y los jóvenes empleados de la productora). Hicieron historia. Hicieron historia en el doble sentido de la expresión: por una parte, el programa tuvo máxima audiencia; por otra, Évole investigó, entrevistó, haciendo crónica. El resultado fue un producto periodístico de excelente factura y gran efecto.

Desde la emisión, muchos nos hemos preguntado qué no habíamos hecho hasta ahora por las víctimas y sus familiares. Tal vez, la cuestión ha servido para sacarnos de la modorra. El próximo 3 de mayo, en la plaza de la Virgen de Valencia, hay convocado un acto de concentración por las víctimas. Como todos los días 3 de cada mes. A las 19.00. Allí estaremos, irritados. Irritados con los responsables políticos de aquel accidente e irritados con nuestra actitud.

A Jordi Évole se le ha cotejado con Michael Moore. La comparación suele ser malévola, no porque el periodista catalán carezca de habilidades, sino porque obraría como el cineasta norteamericano. Con tretas, con exageraciones, realizaría reportajes sesgados en los que los villanos caen en la trampa. Tal vez, muchos de ustedes recuerden el encuentro de Moore y Charlton Heston a propósito de las armas de fuego: para ridiculizar la postura de la Asociación Nacional del Rifle, el entrevistador sacaba lo peor de un Heston senil e instintivamente agresivo.

Pues no. Yo no creo que Évole y Moore sean comparables. El periodista español, valiéndose de su olfato e ironía, entrevista afablemente. Tiene recursos: es listo, es bajito, parece poca cosa, un humilde profesional. Sus preguntas no son tramposas, sino directas, corteses y envolventes: hace caer en contradicción a quien no dice o incluso miente. El montaje de sus programas suele tener algún exceso enfático, sí. Pero su habilidad para relatar lo que quiere contar es muy grande. Sus historias son sencillas, pues tratan de la condición humana, del embuste, de la arrogancia, del coraje, del valor. Contar una historia es muy difícil: has de poner a cada uno en su sitio, en su papel, sin convertirlo en marioneta.

Jordi Évole intentó entrevistar a Juan Cotino para el programa del Metro. El político opuso resistencia ante las preguntas insistentes del periodista. Permaneció mudo, aparentemente impasible. Su sonrisa, primero beatífica, al final se le agrió y de su silencio elocuente aprendimos mucho. “Los políticos de campanillas se saben permanentemente observados, el tintineo es constante”, digo en La farsa valenciana (2013). “Pero a la vez burlan ese escrutinio con empaque. ¿Qué es lo que hacen? Una parte de sus andanzas se urden fuera de los focos, fuera de las tablas; pero al tiempo, cuando se dejan iluminar o cuando se presentan, a algunos los vemos como una compañía de farsantes”.

En el programa de Évole, Cotino parecía el mudito de los payasos, aunque sin gracia, sin arrestos, como un presuntuoso con poder. Pero también como un figurante que ignoraba su papel, un actor sin guión haciendo muecas. En fin, no sé si era un farsante de escasas luces o un político de pocas campanillas.

Justo Serna, “Juan Cotino”, El País, 30 de abril, 2013

La farsa valenciana

22 abril 2013

Presentación de La farsa valenciana (Ed. Foca), de Justo Serna.

Lugar: Llibreria Ramon Llull, día 25 de abril a las 20:00 de la tarde.

Presenta: Pilar Carceller. Participan: Josep Torrent, Anaclet Pons y Justo Serna.

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Desde mediados de los noventa, un Gobierno autonómico y sus adláteres han obtenido celebridad no tanto por sus logros, sino por sus despilfarros y excentricidades, por su jactancia, por sus colusiones y colisiones. Y el resultado ha sido una autonomía expansiva y fanfarrona; una ruina. Sin duda, lo sucedido en Valencia es, en chiquitito o a lo grande, una metáfora y condensación de lo ocurrido en España: deuda, ostentación, despilfarro e incluso mal uso de los fondos públicos.

La farsa valenciana es un libro de examen y de combate, de análisis y de intervención, en el que se estudian los protagonistas como si en un drama o en una farsa estuviéramos, como una galería de monstruos, una parada de personajes impensables y hasta inverosímiles. Y todo ello sin perder el humor, aquel que nos permite soportar a unos individuos que se están apoderando de nuestras instituciones.

Una iniciativa de Libreria Gaia, Llibreria Ramon Llull y Editorial Foca.

Aquí les muestro lo que fue la invitación original para el acto: 

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Imágenes:

PresentacionLaFarsa

DoloresdeCospedal

Leo en El País: “Cospedal tilda los escraches de “nazismo puro” propio de antes de la Guerra Civil”.

Uno “…Si hombres corrientes de escasas luces están ahí, ¿por qué no habría de estar una mujer vulgarísima o de escasa preparación? De Cospedal hace declaraciones campanudas, de mucha hinchazón. Frecuentemente se presenta con el gesto airado, severo. No sabe hablar, pero se pronuncia sobre cualquier cosa. Demuestra ferviente ignorancia. Hace varios veranos sostuvo que, con el Gobierno de Rodríguez Zapatero, España vivía bajo un Estado totalitario. Lo dijo así, como una iletrada. Ante un yerro grave, cualquier persona con vergüenza dimitiría. Esa ignorancia tan ordinaria incapacita para seguir en política. Pero De Cospedal siguió luciendo. ¿Por qué? Alguien podría diagnosticarla: por osadía y descaro. Ella se vale de la desfachatez y a poco que te descuides se viste para el Corpus. Ahí la tienen: aparece en pantalla e irradia rayos y centellas.”

Leer más: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/07/10/valencia/1341937722_738881.html

Dos. Prometí una segunda vuelta, una continuación de Dolores de Cospedal. En Abc, 14 de abril, publican una entrevista con la secretaria general del Partido Popular. La he leído entera y es un bla bla bla insustancial. No dice nada con interés. ¿Exagero? Yo me he lanzado a la interviú en busca de respuestas. Es como cuando tienes dudas o una fe quebrantada y acudes a restaurar la confianza. Nada de nada. Dolores de Cospedal afirma cosas generales, sostiene vaguedades, lanza soflamas y con gran partidismo y ceguera describe a un PP vigoroso. Pura cháchara, ruido ambiental, voces redundantes, obviedades dichas con enfática dicción, pose.

No sé qué hacer. Reproducir párrafos enteros es difícil: la inconsistencia es continua. Seleccionar perlas es fatigoso: nada de lo que dice merece atención particular. ¿Por qué una política de campanillas tiene un fondo tan escaso, una cultura tan pobre? En los partidos –al menos en algunos partidos– parece que se premia al dócil frente a quien tiene una idea o dos. Yo he buscado un par de ideas en Dolores de Cospedal, relevantes quizá.

Tres. Dice De Cospedal que si no nos frenamos llevamos caminos de vivir en una España inhabitable. Ese podría un buen titular: La España inhabitable. Supongo que por aquello de los desahucios. Yo propondría otro: La España irrespirable. Por aquello de la polución política medioambiental. Años atrás hubo crispación. Hoy no la hay; hay hartazgo, una irritación antipolítica que personajes tan secundarios como ella han provocado.

Vestidos para la ocasión, con look de fin de semana, vimos a Esteban González Pons, Dolores de Cospedal y José Manuel Soria. Sentados en taburetes, luciendo prendas informales, asistían a una reunión de afines, que no de delfines (ya que no se discutía sobre la sucesión). Fue entonces cuando Dolores de Cospedal saltó como un tiburón (si es que los tiburones saltan). Mordía… Aludir al nazismo puro para identificar situaciones actuales es ignorancia. Es terquedad, es tosquedad, es mala uva.

Fue entonces cuando se le agrió el gesto, como a una pasa. O, mejor, fue entonces cuando Dolores de Cospedal esbozó su sonrisa avinagrada.

¿Dónde están los sociólogos? ¿Qué hacen? Cuando su disciplina surgió y se institucionalizó, nacía con
Durkheim1pretensiones científicas y, por tanto, con vocación predictiva. La economía, que tiene una vertiente igualmente normativa, aspiraba a describir el orden a partir del intercambio. Homo
oeconomicus, homo sociologicus: perdonen estos latinajos…

Ver para prever, decía Auguste Comte. Ciencias generalizantes (la sociología concretamente) frente a ciencias individualizantes: la historia. Teorías generales acerca del
funcionamiento de la sociedad. Teorías de alcance medio para adelantar el comportamiento o los efectos de los actos humanos.

Los sociólogos tuvieron una época de esplendor: entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Era el tiempo de Émile Durkheim y de Max Weber. De ambos autores y de otros que les son contemporáneos (de Gustave Le Bon o de Ferdinand Tönnies, entre otros muchos) se nutren los sociólogos actuales. Tratar loshechos como cosas para así evitar el subjetivismo o abordar la acción con significado para así captar el sentido del actor y del espectador fueron metas que Durkheim y Weber se propusieron.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los sociólogos eran los académicos más reclamados, los eruditos más requeridos. Tenían prestigio. La estructura o el sistema servían para enmarcar (¿o enmascarar?) la acción individual y, por tanto, para restarle singularidad. Había en la sociología un sentido de fatalidad o de fatalismo. O de determinismo (muy propio de las ciencias sociales generalizantes). Como en el marxismo más estrecho.

Las grandes teorías decayeron a partir de los sesenta, pero los oficiantes mantuvieron las teorías de alcance medio: es decir, las descripciones sectoriales y normativas que servían para predecir el comportamiento en la sociedad de masas, el orden cotidiano, los valores de la gente corriente.

¿Dónde están los sociólogos ahora? ¿Predicen o simplemente dicen? ¿Opinan o determinan? ¿Valoran o prescriben?  La sociología nació para explicar una sociedad convulsa: el mundo posterior a la revolución francesa. Nació para dar sentido a lo que parecía caos o anarquía intelectual, social y moral. ¿Qué nos dicen los sociólogos actualmente, tras el desorden? El desorden digital es un volumen que responde a algunas de estas cuestiones. No es obra de sociólogo, sino de historiador (Anaclet Pons), pero tiene gran vuelo…

Repito: ¿qué nos dicen los sociólogos? Yo me muero por saberlo. Soy un practicante de la historia, un oficiante de lo irrepetible. Me gustaría saber qué predicen. Sobre todo porque nos va la vida en ello. De hecho, sigo leyendo a los clásicos de la sociología. Mala cosa, mala cosa. La ciencia olvida sus clásicos, decía Alfred North Whitehead. Yo no olvido y me propongo seguir como Elias Canetti: “Ningún tema te ha abandonado. Todo sigue ahí, como antaño. Lo que te hostiga y lo que te complace…”

Atentamente, Justo Serna.

Que Dios nos asista

9 abril 2013

CampsTaciturno
Ha sido un alivio comprobar que don Francisco Camps y don Ricardo Costa han sido absueltos de la causa de los trajes. Escribí y escribí sobre esto en El País y pronto saldrá La farsa valenciana (Foca editorial). Es mi contribución al caos autonómico. Ahora, gracias al alto tribunal, compruebo que estaba confundido…Que el Partido Socialista centrara en la indumentaria todo su empeño parecía poca cosa. Regalos, comercio de textiles, obsequios de americanas. Nada, poca cosa. Ahora sabemos que, a juicio del Tribunal Supremo, el ex presidente y el ex secretario general de los Populares valencianos eran personas intachables. Por su indumentaria, propiamente intachables (sin tacha, sin mácula), y por sus rostros severos, igualmente compuestos, sabíamos que los iban a exculpar.
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Observen a Camps en la instantánea que se adjunta. Levanta la barbilla con orgullo, afilada, puntiaguda. Como un fiel convencido. O como un creyente aguerrido. Recién afeitado y lubricado. Con ojos entre doloridos y quejumbrosos. Con labios besables, bien perfilados; con mejillas hundidas, tras un dolor irreparable, tras un herida irrestañable.
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Lleva camisa blanca y uniforme de pijo local. Yo me he visto y me he vestido así alguna vez. Me refiero a americana oscura y pantalón beige. Eso sí: cuando me descubrí en el espejo regresé al vaquero. Pero admito que mi pronto y mi gesto son parecidos a los que exhibe Camps en esta foto. Rostro sin mejillas, pronto serio, barbilla afilada… y, en mi mejores momentos, figura filiforme. No soy amanerado, pero tengo mis maneras. Punto y aparte.
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No oímos nada, no leímos nada, no sabíamos nada. ¿Caso Gürtel? ¿Han sido absueltos porque el Tribunal es español? Yo no creo que la razón esté en la nacionalidad de los magistrados, sino en la habilidad de los letrados. Francisco Camps le debe todo a Javier Boix: qué habilidoso…Y la razón está en la bondad de los inculpados. Don Francisco Camps saludó a Dios cuando el Jurado Popular le declaró no culpable. Lo tenía de su parte… Más que saludar, el ex presidente le hizo un guiño, una confirmación. Si Dios corroboraba el fallo del Jurado, ¿iba el Tribunal Supremo a desmentir el juicio de la Provicencia?
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En su momento pedí, y ahora reitero, la vuelta de don Francisco Camps a la Presidencia de la Generalitat. ¿Hasta cuándo ha de padecer este ostracismo? El Partido Popular es cicatero con sus glorias autonómicas. Alberto Fabra no ha ganado unas elecciones. Francisco Camps arrasó en los comicios dejando a los socialistas hundidos. Esperamos la vuelta del ex presidente.
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Y esperamos que Dios nos asista.
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Esta historia del espárrago que aquí reproduzco es la versión extensa del artículo El capital no tiene patria (que publica El País, 3 de abril de 2013). O en otros términos: esta versión es la que escribí antes de ser editada y finalmente impresa, que es siempre más breve, ajustada a los caracteres con espacios que marca el diario. Publico este texto más largo para que vean lo que dejo fuera…

Esparragosenlatados

El capital no tiene patria (Versión extensa)

A los chinos les debemos grandes hallazgos, enormes contribuciones. Los valencianos, por ejemplo, no seríamos nada sin la pólvora de la que ellos son pioneros. Nos gusta hacer castillos en el aire para asombrar a vecinos y visitantes y nos place asustar a locales y foráneos con nuestras explosiones terrenales. Es una machada,  cosa cultural y telúrica. Somos un poco fanfarrones, ya saben.

A los chinos, aquí asentados, les debemos los bazares a los que acudimos. ¿Quién no ha recurrido a estas tiendas de baratijas y comestibles? Se esfuerzan por endosarnos el producto aun cuando no sea exactamente lo que buscamos. Me cuenta un familiar que la palita para remover y recoger la caca del gato, algo que necesitaba para su minina, acabó comprándola en un Chino tras la insistencia que puso el comerciante asiático. Una vez fuera del establecimiento la herramienta le resultaba inservible, pero por unos pocos céntimos, ¿qué iba a hacer?, admitió. Pues eso: premiar al esforzado negociante.

A los chinos de la China popular o de Taiwan les debemos parte de la indumentaria que vestimos. Amancio Ortega ha trasladado su producción de textiles creando puestos de trabajo en ciudades orientales. Allí los nativos, apiñados en naves propias de tiempos decimonónicos, los fabrican con salarios reducidos y en condiciones precarias. Aquí, gracias a los asalariados asiáticos de don Amancio, nos mostramos como clientes distinguidos. Al menos los miles y miles de jóvenes españoles que seguramente carecen de empleo, pero lucen muy modernos. O muy rumbosos.

A los chinos les debemos todo tipo de artefactos tecnológicos. Un amigo me muestra un smartphone de línea blanca. Literalmente de línea blanca: es de ese color y además no le veo la marca. Es una  perfecta reproducción de un móvil de gama alta y muy apreciado por todos los públicos. No se cuántas horas habrá detrás de su producción. Gracias a nuestros móviles, a nuestras tabletas, a nuestros ordenadores, alimentamos o mal alimentamos a un ejército industrial de asiáticos. Aquí, los desempleados de unas fábricas y servicios clausurados esperan una ocupación poco probable. Forman lo que Karl Marx llamó un ejército industrial de reserva.

Leo en El País que el Gobierno de la República Popular ha decretado migraciones masivas del campo a la ciudad. Tal cosa debería ocurrir en pocos años y supondría el traslado de 200 millones de chinos. Los imaginamos ya hacinados en las periferias urbanas produciendo las quincallas o las joyas industriales que los occidentales precisamos:  aumentando la fabricación que en Europa se pierde, es decir, ordenadores, tabletas, frigoríficos, móviles y escobillas de baño.

Alemania se enorgullece de su tecnología y sus productos sofisticados, tan apreciados. Nada, nada. En poco tiempo será también una industria en declive, quizá un país fallido. ¿Dónde están los ordenadores alemanes. ¿A quién se los venden? ¿Y sus teléfonos? Los coches y los electrodomésticos germanos aún se exportan y tienen prestigio, se responderá. Nada, nada. También  en pocos años, los autos y los cachivaches asiáticos sustituirán el parque móvil y semoviente de los occidentales. ¿Que eso no sucederá? No: ya está sucediendo.

A los chinos les debemos una gastronomía agridulce, con pollo, repollo, lechuga, almendras, gambas, arroz y rollitos. Es un almuerzo que nos resultaba exótico y económico, un tentempié o una comilona que en estos momentos ya no apreciamos. Pero los orientales, avispados como son, han decidido cambiar y ahora nos sirven, por ejemplo, sepia, sepionet, calamares, patatas bravas y cerveza: lo más demandado por el valenciano que sale a picar.

El mundo cambia vertiginosamente y nos aferramos a las rutinas. Yo acostumbro a comprar en distintos establecimientos las vituallas de la casa: en el supermercado o en el paquistaní de la esquina. Y cuando puedo me escapo al Mercado Central. Soy un comprador con prisas… No suelo examinar las etiquetas de los productos. Por pereza, por irresponsabilidad: qué sé yo. Pues bien, a partir de ahora lo haré. Esta semana, mi cuñada me ha hecho un gran descubrimiento: los espárragos enlatados que adquiero en Mercadona o en Consum también son chinos.

Quedé estupefacto cuando me lo confesó. Al corroborarlo me daban ganas de mandar a freír espárragos a los responsables de ambas empresas; me daban ganas de mandarlos a escarbar cebollinos. De repente pensé en los ricos trigueros de España: en trigueros, en rústicos y en carniceros. De repente pensé en Amancio Ortega y en Juan Roig, en su patriotismo. Según dice el castizo, tiene cojones la cosa. Como los espárragos de Navarra, tan cojonudos. El capital no tiene patria ni corazón, su alma ha emigrado, y nosotros estamos descolocados. O mejor, deslocalizados: como los millones de chinos a los que su Gobierno sin alma también forzará a emigrar.

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Los espárragos y yo:
http://justoserna.com/2010/04/07/interludio/

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