¿Mayo del 68?

glucksmann.jpg En Francia sigue la disputa final entre los candidatos que aspiran a la Presidencia de la República. Leo en un despacho de la Agencia Efe que el centrismo es el reclamo que ambos contendientes predican, necesitados de los votos que logró François Bayrou. Tal vez por ese centrismo desesperado que los aspirantes necesitan es por lo que se cometen o se dicen más pavadas de las habituales. Una de las últimas  se la atribuyen a Nicolas Sarkozy, en concreto en el mitin que diera en París el pasado domingo. Del centrismo pasó ya, directamente, al antisesentayochismo, nada nuevo, en el fondo: es una vitola corriente con la que los conservadores franceses envuelven sus productos y mercancías. En efecto, una de las monsergas con las que éstos o los viejos izquierdistas dan la lata es con Mayo del 68: con su condena, con su repudio. Si un oyente despistado o un lector confuso o un asistente desorientado atendieran sin contexto a las palabras que este domingo pronunció Nicolas Sarkozy, creerían estar en 1969 o en 1970.

 

El candidato francés culpó a la herencia de Mayo del 68 de todos los males, leo en El Periódico: «de la imposición del “relativismo intelectual y moral”, que no establecía “ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso” y proclamaba que “todo estaba permitido”; de la liquidación de la escuela, “que transmitía una cultura común y una moral compartida”; y de la introducción del “cinismo en la sociedad y en la política”. Llegó a atribuir al Mayo del 68 “el culto al rey dinero, a los beneficios a corto plazo, a la especulación” y las “derivas del capitalismo financiero”…» Pero no acabaron ahí sus invectivas contra los opositores, en este caso, contra la izquierda. Las críticas al Mayo del 68 le sirvieron para denunciar la “hipocresía” de la izquierda en su relación con los trabajadores, los delincuentes, la policía o los okupas. «Toman sistemáticamente partido por los gamberros, los que destrozan y los defraudadores contra la policía», leo en El Periódico

 

Ese argumento de quien fuera ministro del Interior es frecuente y ha calado entre muchos comentaristas. Dos años atrás, por ejemplo, cuando estallaba la revuelta incendiaria de los barrios, José Antonio Zarzalejos dictaminaba en Abc: «Lo que sucede en Francia es una revolución nihilista que, casi por definición, consiste en un desafío a los valores y a los códigos de la civilización». Por dejación, nuestros vecinos habrían actuado con irresponsabilidad durante décadas no atendiendo moralmente a los hijos de los inmigrantes, no transmitiéndoles criterios, normas. «Porque podría resultar que hayamos querido ‘lavar’ nuestra conciencia con aportaciones materiales pero sin transmitir a los inmigrantes nuestras creencias que, sin vigencia entre nosotros, han sido suplantadas por las más sólidas de islam o, como quizá ha ocurrido en Francia, por el vacío más absoluto». Como era previsible, ese artículo se titulaba La revolución nihilista. Esa expresión rehabilitada ha cobrado gran relieve desde hace unos años y con ella numerosos periodistas e intelectuales conservadores tratan diagnosticar muchas cosas a la vez.

 

En ocasiones, el nihilismo se achaca a la Francia sesentayochista, con sus ramalazos izquierdistas; otras veces, al posmodernismo; otras, finalmente, al terrorismo islamista. Fíjense qué mezcla más interesante. Calificar de nihilista al 68 (y por extensión a toda la izquierda), como podemos hacer parafraseando a Sarkozy, serviría para atacar su presunto “relativismo intelectual y moral”, ese que no establece “ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso” y proclama que “todo está permitido”. ¿Es así? ¿Ségolèn Royal expresa un sesentayochismo contumaz? ¿Hay alguien que crea eso? Pero, a la vez, etiquetar con el nihilismo a los islamistas –como también se ha hecho desde el conservadurismo– es identificar a unos fervorosos creyentes –los más fervientes, desde luego— con la vitola de la incredulidad, lo cual es una contradicción, una incongruencia. Así lo ha sabido ver Ian Buruma en el ensayo que dedica a la muerte de Theo van Gogh: Asesinato en Ámsterdam. Lo dice expresamente: ¡cómo vamos a llamar nihilista a quien está dispuesto a sacrificar y a sacrificarse por unas ideas fundadas en una creencia absoluta!

 

El principal responsable de la rehabilitación peyorativa de ese vocablo, de la voz nihilismo,  es André Glucksmann. Ya lo dije tiempo atrás, pero ahora vuelvo sobre ello. EDostoievski en Manhattan y en Occidente contra Occidente, Glucksmann adoptó la tesis del nihilismo como clave interpretativa de las acciones mortíferas emprendidas por los radicales islamistas. Para cualquier lector avisado, el nihilismo remite a Nietzsche, a su crítica absoluta de todos los valores en los que se empeñan en creer los humanos. André Glucksmann califica de nihilista al terrorista suicida que provoca daños indiscriminados y apocalípticos, pero no lo hace en el sentido exacto que apreciamos en Nietzsche, sino en la acepción que tuvo en la Rusia del Ochocientos. En abierto contraste con la actitud de los populistas que les llevaba a prestar su confianza a la acción espontánea de las masas, los nihilistas se vieron como una elite que se contraponía a la multitud pasiva que sería incapaz de rebelarse. Proclamaron la emancipación de cada uno, o sea, la formación de caracteres fuertes e independientes—críticamente pensantes–, capaces de expresar todo su amargo desprecio a la burguesía. Insistieron en la rebelión de una vanguardia, en la tarea política de la minoría ilustrada presta a pasar a la acción, a la acción terrorista expresiva. “La suficiencia terrorista”, dice Glucksmann en Occidente contra Occidente, “adopta una visión panorámica de los seres y de las cosas, del pasado y del futuro. Sobrevuela el transcurso de un tiempo del que ya no espera nada”.

Qué contradictorio, qué incongruencia. Lo curioso es que este Gluckmann que predica con tanto fervor la llegada del nihilismo, que adjudica esa etiqueta a tanto creyente fervoroso y mortífero, es un antiguo sesentayochista que ahora apuesta por Sarkozy y que el propio candidato presentó en su mitin parisino. Gluckmann es, en efecto, uno de los intelectuales galos que ha hecho campaña por el aspirante a la Presidencia, persuadido de que es el candidato de la apertura.

 “En mi vida adulta”, leo en la autobiografía de Glucksmann (Una rabieta infantil), “una de las cosas que más siento fue haber participado por poco tiempo en los favores demasiado desprovistos de críticas que la Francia política reservaba a la persona de Mao Zedong”. La sintaxis es deliberadamente confusa y expresa de manera retorcida la pena que el autor siente por haber sido maoísta, pero expresa también un reproche que él dirige a Francia: a la colectividad que se habría declarado maoísta. El maoísmo fue en los años setenta una corriente importante del radicalismo francés, pero fue algo paradójica y verdaderamente salvífico: mientras en otros países el izquierdismo posterior al 68 llevaba al terrorismo, en Francia el maoísmo no adoptó la deriva violenta. Nunca he tenido la menor simpatía por el maoísmo ni tampoco he experimentado una nostalgia retrospectiva por aquel movimiento estudiantil. Pero creo que hay que resaltar esta virtud insólita del sesentayochismo francés: el maoísmo galo frenó la deriva terrorista. En su autobiografía, Glucksmann no es nada ecuánime con los herederos franceses de la revuelta de Mayo. Sólo habla de sí mismo y de su descubrimiento de la verdad antisesentayochista. Si leen ese texto podrán apreciar el tono airado que caracteriza al escritor, el imposible ajuste de cuentas con Mayo. El problema como también el de otros antiguos izquierdistas es que confunden sus avances personales y sus logros autobiográficos con los progresos de la civilización. Para Gluckmann, el 68 estuvo bien cuando ocurrió, pues según leo en Una rabieta infantil fue “un acontecimiento feliz pero volátil”. Desde luego no es eso lo que sostiene su discípulo Sarkozy.

2. Hemeroteca

Días después de escrito y publicado mi post, veo que Manuel Rivas aborda la misma cuestión en su columna de los sábados: Mayo 68. Joaquín Estefanía, también. Finalmente, Arcadi Espada incurre…

37 comments

Add Yours
  1. Luis Quiñones

    Estimado Justo y demás amigos:
    Nihilismo y sesentayochismo. ¿Cabe una pregunta en todo esto? Sí, quizas buscar en quiénes hay que buscar las razones del 68. Y es que el mayo francés, a veces idealizado en exceso, es el resultado social de una clase relativamente media, universitaria en muchos casos e intelectual en otros. Los obreros del mayo francés, aunque se hicieron notar, no triunfaron en sus intentos revolucionarios, sino que más bien quedaron en parte ensombrecido por bonitos lemas como “la imaginación al poder” que tienen un sesgo claramente individualista y, por tanto, burgués. El mayo burgués, por tanto, en vez del mayo francés. El fenómeno es parecido al que ocurrió en Estados Unidos a raíz de la interminable guerra del Vietnam. Las clases medias comienzan a asustarse de que sus hijos tengan que ir también a la guerra y que aquello termine en una nueva crisis económica que afecte a sus bolsillos; bolsillos, por supuesto, con bastante dinero. Así que si Gluckman dijo que fue un acontecimiento feliz, pero volátil, no se equivoca, habida cuenta de que ahora vota a Sarkosy.

    Pero que no se nos caiga el cielo encima. Que el mayo francés fue un invento pequeñoburgués es bien sabido. Si lo que ocurre ahora es por aquello que ocurrió, tampoco es de extrañar; porque se metieron a revolucionarios los que dejaron de serlo el mísmo día que acabó la revolución de 1789.

    Un fuerte abrazo.

  2. Fuca

    Supongo que todos los contertulios de este blog vamos a coincidir en el rechazo al candidato francés Sarkozy, un “neofascista” muy parecido al candidato español en las próximas elecciones, Mariano Rajoy (parece que de Galicia sólo salen estos individuos, Franco, Fraga, Rajoy…, pero no es verdad, acordaos que Pablo Iglesias era ferrolano). Días pasados, Acebes afirmaba que “el corazón de Europa se llama Merkel en Alemania, Sarkozy en Francia y Rajoy en España” y aseguraba que estos tres líderes apostaban por una Europa “pujante, liberal, dialogante y que mira al futuro con ilusión” (sin comentarios).

    Donde yo discrepo con Justo Serna, y seguramente con todos los contertulios, es en su valoración del izquierdismo, incluso no me gusta la utilización de esta palabra que tiene un matiz despectivo; parece que todas las personas que no apoyamos la izquierda oficial (PSOE y EU, en España) y que nos situamos a su izquierda somos izquierdistas; creo que no, somos de izquierdas. Justo Serna relaciona el radicalismo francés de los años 70 con el maoísmo y coincido con él; en lo que discrepo es en lo que escribe a continuación: “Mientras en otros países el izquierdismo posterior al 68 llevaba al terrorismo, en Francia el maoísmo no adoptó la deriva violenta”; ¿de verdad, Justo, crees que en España partidos como el MC, comunista y maoísta, en los años 70, adoptó la deriva violenta? No estoy de acuerdo.

    En Francia también hay una izquierda que no está representada por Royal y que logró un millón y medio de votos, la LCR, liderada por un historiador metido a cartero, Besancenot, apoyada desde varias partes del mundo por artistas de “otro mundo es posible”. Sus seguidores son básicamente jóvenes y, en la noche electoral, en la sede cantaban eso de «nuestras vidas valen más que sus beneficios».

    Estoy escuchando en estos momentos el concierto de despedida de Lluís Llach y, en una de las introducciones a sus canciones, habla de la izquierda oficial, de esa izquierda que, cuando llega al poder, renuncia a transformar la sociedad, y dice que a él no lo representa, que él es un nacionalista radical, una persona que lucha por la liberación colectiva de todos los pueblos del mundo. Coincido con Lluís Llach, ¡qué temas tan maravillosos compone!

  3. jserna

    En la RFA, por ejemplo, la Fracción del Ejército Rojo era una deriva terrorista posterior al 68. O en la Italia de los setenta, el izquierdismo ‘sesentayochista’ (desde Autonomia Operaia hasta Lotta Continua) se extremó, llegando en algún caso al estricto terrorismo (Brigatte Rosse): fuera de las Birgadas Rojas, tal vez, el auténtico símbolo individual de sesentayochismo extremista que acabó muriendo mientras manipulaba una bomba es el de Giangiacomo Feltrinelli, un hombre culto, de buena familia, adinerado, propietario de la editorial que llevaba su nombre y que creyó que el capitalismo depredador y el Estado de las multinacionales debía derribarse así, a estallidos. Le recomiendo la lectura de Senior Service: biografía de un editor (Barcelona, Tusquets), escrita por el nieto de aquél: Carlo Feltrinelli. Allí podrá encontrar páginas y páginas de lo que fue la cultura del radicalismo extremista en Italia y de su parcial derivación terrorista. Eso no significa –ni allí ni en otros países– que todo el izquierdismo posterior al 68 fuera terrorista: significa que en Francia, milagrosamente, quizá por influencia concreta de “les maos”, el radicalismo no adoptó la solución de la bomba…

    Por otra parte, Fuca, dice usted que los que participamos en “este blog vamos a coincidir en el rechazo al candidato francés Sarkozy, un “neofascista” muy parecido al candidato español en las próximas elecciones, Mariano Rajoy”. No sé los demás, pero yo, desde luego, no coincido: ni Sarkozy ni Rajoy son eso que llama “neofascistas”. Me parece una exageración que denigra y que no se ajusta a la realidad. Creo que es más sencillo: Sarkozy o Rajoy son moderados cuya política económica no es la de un extremismo liberal a pesar de que tienen asesores que les empujan en esa dirección: no pueden serlo porque si adoptaran ese extremismo perderían inmediatamente las elecciones. Por eso, de grado o por fuerza, mantienen o mantendrán parte del sistema del Estado asistencial, aunque sea bajo condiciones menesterosas. En materia moral, son extremadamente conservadores, desde luego, y su cercanía al catolicismo militante, cuando no su confesionalismo expreso, les lleva a defender posturas escasamente liberales: esas posturas Sarkozy, por ejemplo, las identifica con el sesentayochismo y con el relativismo de la izquierda, ya ve.

  4. Pavlova

    Los comunistas en España sí han sido violentos; no en los 70, claro, en los setenta eran ilegales y nadie se atrevía a mover un dedo (igual que en los 60, 50, 40… Ninguna dictadura militar tan larga como la nuestra). Sus ideales son hermosos y por eso fáciles de seguir por los jóvenes a los que les interesa la política, pero me parece que, para nuestro país, bastante utópicos. No parece que, cuando llegan al poder, cumplan esos ideales y la Segunda República Española se fue al traste, entro otras muchas cosas (repito e insisto: entre otras muchas cosas) con la colaboración desinteresada de los comunistas.

    Quizás sean los años los que hacen comprender que, si no fuera por las claudicaciones de la “Izquierda Oficial”, jamás llegaría al poder en nuestro país, tras el páramo de los cuarenta años y tras la desaparición y aniquilación de las gentes de izquierdas. Del mismo modo que la transición se hizo de modo tan cojo, con la espada sobre nuestras cabezas de un nuevo golpe militar (como se vio pocos años después), porque no había más cáscaras; la izquierda que podemos tener es la que tenemos y dando muchas gracias, que los resultados siempre son por los pelos.

    Ah, y el término “Izquierdoso” no me parece peyorativo y sabemos que Galicia, como Andalucía o Castilla, no da sólo miserables, tranquila, Fuca :-)

  5. Miguel Veyrat

    No se trata del despectivo “izquierdoso” sino de “izquierdista”, del término “gauchiste”, de lo que se habla, de la antigua vindicta retórica de Lenin contra “la enfermedad infantil del comunismo”. Nada que ver con el nihilismo ni los nihilistas rusos y anarquistas en general quienes con sus sacrificios facilitaron el camino de cambios democráticos en las sociedades que pudieron contar con partidos “pequeño burgueses” (por integrados y entrecomillas) calificados inmediatamente de colaboracionistas con la burguesía por las vanguardias obreras: Pero así avanza la historia con la misma violencia que Kant atribuía a la Naturaleza y gracias alacualhemos evolucionado. Pavlova acusa de violencia en los años sesenta y setenta a los comunistas, cuando el maquis que luchaba heroica y desesperadamente, sin esperanza, contra la violencia represiva franquista, había sido ya disuelto y el PCE clandestino había dado ya la orden departicipar en las Instituciones del Régimen para hacerlo cambiar desde dentro. Así nacieron las Comisiones Obreras. En fin, no quiero hacer sangre, porque doña Ana Pavlova sufra quizás el síndrome de Estocolmo, tristemente el día Primero de Mayo.
    Suscribo también en parte la crítica de Fuca. Recordemos que en todo ell mundo, el brote neomaoísta se produjo fundamentalmente entre los hijos rebeldes de la burguesía demócrata cristiana y se fundieron, una vez alcanzadas las condiciones democráticas liberales, en partidos de izquierda normalizados como el PSOE, tras una lucha meritoria en todos los casos.
    En cuanto a Mayo del 68, quizás Justo, cuyo análisis y defensa de los ideales del 68 aplaudo, olvide que coincidió cronológicamente con fenómenos sociales y políticos tan importantes como la rebelión de Praga con todas sus consecuencias para el florecimiento del Eurocomunismo y crítica al estalinismo con su denuncia y derrumbe consiguiente en todos los foros mundiales, con todas sus consecuencias a medio y largo plazo, con el Movimiento Hippy, la muerte del Che, la invasión de la música pop portadora del espíritu pacifista de los Beatles y el estallido de las drogas alucinógenas. Yo viví aquella época cubriendo las barricadas de París y la toma de la Casa de España, entrevistando también aquél mismo año a Dubceck y a Ceaucescu. Jamás se dió, tras la Revolución Francesa, una revolución popular más incruenta pero significativa en orden a cambios mundialesen profundidad en las costumbres y en el modo de hacer arte y política. Es lógico que e neocon Sarkozy lo odie y lo combata, ignorando que su peculiar relación con su esposa Cécile, nieta de Albéniz, es tan posible socialmente hoy en día como el matrimonio homosexual. Es lógico que emplee los mottos del papado romano que han hecho suyos también Rajoy y Berlusconi (No Merkel,curiosamente). Sin embargo, desde la Ciencia Políticano existe fascismo si no se da un Partido Fascista. Y hoy por hoy, llamar fascistas a los neocons, inc luídos sus mentores eclesiásticos, no deja de ser un desahogo, eso sí, gratificante.
    Yo me quedo, desde la nostalgia y emocionalmente, con una de las consignas callejeras de aquellos días de pólvora, sangre (poca), sudor y lágrimas de alegría: “Bajo los adoquines está la playa”. Las vanguardias libertarias y/ o nihilistas han abierto siempre las puertas de cemento armado del poder absolutista con la única posibilidad de la violencia armada.

  6. David P. Montesinos

    Que Monsieur Sarkozy eche la culpa de todos los males de la sociedad francesa a Mayo del 68 revela que quien en realidad tiene el problema es la derecha, nutrida actualmente de cerebros tan “brillantes” como Ratzinger, Rumsfeld o Aznar (“when the mores invaded Spain”, recordadlo con ternura). El posible éxito electoral de este señor, cuya solución al problema de los suburbios de París se guió desde el principio de que los alborotadores “son carroña”, explica que la extrema derecha ya no sea una gran amenaza. La cosa es más grave: en realidad, es la política francesa la que se ha lepenizado, por eso, si Sarkozy alcanza la presidencia se lo deberá al miedo del francés medio a que su status social le sea birlado por los inmigrantes, que es la misma razón que explica el misterio de que en Marsella, feudo tradicionalmente obrero, los votos que tradicionalmente iban a parar al PCF se desviaran masivamente hacia el Frente Nacional.

    Creo que, en cualquier caso, el problema de fondo es el que diagnostica Zygmunt Bauman para todas las sociedades europeas: impotencia del Estado para ponerle semáforos realmente operativos a la turboeconomía globalizada, invasión de modelos contractuales precarizados –lo cual afecta principalmente a los sectores habitualmente más débiles, es decir, jóvenes, mujeres e inmigrantes-, profundización en la brecha social, desmantelamiento de los servicios públicos… La izquierda en el gobierno puede casar a los homosexuales y sacar a sus soldados de las guerras de Bush, puede si quiere seguir instalada en la “política del simulacro” pero mientras no tenga recetas para suturar –siquiera mínimamente- las brechas sociales, provocará desafección entre la gente y quedará expuesta a las consignas reaccionarias del rival. Llama Baudrillard “transpolítica” al estado en que, desde la impotencia para gobernar y distribuir los espacios de lo público, los partidos hacen proliferar los signos de lo político, saturando la mirada y el oído de consignas “correctas” e higiénicas. Como los signos no tienen contenido real, pueden desembarazarse de su peso y flotar libremente, formando parte de cualquier intercambio, como la moneda falsa… Por eso, siguiendo con la alusión al Che que se hizo aquí, sale tan barato lucir su icono en una camiseta precisamente porque ya no significa nada, es eso lo que explica –acaso paradójicamente- su proliferación en la semiosfera: ya no significa nada, ya no tiene transitividad política alguna, lo puede llevar cualquiera… Ese es el verdadero riesgo de la izquierda actual: morir de inanición moral, de pura banalidad.

    Una precisión sobre el tema Mao. La diferencia entre la izquierda y la derecha –y me refiero a las personas y no a los partidos- es que el izquierdista, si realmente lo es, tarda muy poco en sospechar de los líderes que le representan; por así decirlo, su entrega es crítica, reflexiva y pone condiciones, no es como la del reaccionario, que es incondicional. Eso explica porque la abstención lleva al triunfo de la derecha, no le cuesta nada movilizar a su electorado. Pues bien, creo firmemente que el maoísmo es una impostura de la izquierda y que en tan siniestra figura se defendía a uno de los peores asesinos del siglo XX. Ahora bien, esta revisión, como en su momento la del estalinismo, ya se ha hecho, ¿o son los lectores de La Razón y El Mundo los que han ido a ver las películas del nuevo cine chino donde se denuncian los crímenes de la Revolución Cultural? La izquierda fue pro-mao cuando creyó en él como un líder de la emancipación de los pobres del mundo, dejó de creer cuando empezó a descubrir que su gobierno no era mucho más que otro mandarinato. En la derecha es al revés, se ama a Franco precisamente porque era todo lo que sus defensores –y sus enemigos- han dicho siempre que era, es decir, un cruzado que puso orden moral exterminando a los rojos y expulsando a los enemigos de la patria. Y ahí no hay revisión posible.

  7. Pavlova

    Miguel Veyrat said,
    Mayo 1, 2007 at 7:51

    (…) Pavlova acusa de violencia en los años sesenta y setenta a los comunistas,(…) En fin, no quiero hacer sangre, porque doña Ana Pavlova sufra quizás el síndrome de Estocolmo, tristemente el día Primero de Mayo.(…)

    ¿Sería tan amable de, antes de arremeter contra alguien, leer atentamente lo que contesta?

    Pavlova said,
    Mayo 1, 2007 at 4:09

    Los comunistas en España sí han sido violentos; no en los 70, (…)

    No puedo poner en negrita ese no, pero me gustaría destacarlo. No coincidir en todo con alguien no supone que ese alguien sufra el síndrome de Estocolmo, ni siquiera que esté equivocado. Sería de agradecer que se discutiera sin menospreciar. Creo que me mantengo siempre en la más rigurosa cortesía y respeto.

    Aplaudo entusiasmada a David P. Montesinos por su explicación a la abstención por lo crítico de la izquierda y la incondicionalidad de la derecha, es algo que me amarga desde que tengo uso de razón, pero que está en la raíz de cada tendencia el ser gregario o crítico, qué le vamos a hacer.

    Feliz día a todos.

  8. Tobías

    Me sorprende la afirmación de la señora Pavlova sobre la culpabilidad de los comunistas en el fracaso de nuestra República, así como ese gen violento que parece atribuirles. El primer responsable del final de la República fue un salvaje golpe de Estado fascista, no nos olvidemos de esto, y en segundo lugar las propias disensiones en el campo republicano a la hora de llevar a cabo las profundas transformaciones que un país atrasado como España demandaba. Tampoco estaría de más recordar que aquellos que defendieron hasta el final el régimen legal y se negaron a plegarse siempre a la rendición incondicional fueron los comunistas.

    La evolución ideológica de intelectuales como Glucksmann no es algo que sorprenda, no tenemos que ir a Francia para encontrar casos similares. Personalmente considero que estos intelectuales transformistas carecen ahora y carecieron antes de un discurso sólido: Lukács ironizaba sobre esta falta de columna vertebral de los tránsfugas como una ventaja fisiológica que permite a estos agusanarse ante el poder.

    Básicamente estoy de acuerdo con el análisis de Montesinos ¿De verdad pensamos que puede haber diferencias de fondo entre las políticas que desarrollen Sarkozy o Royal? El capitalismo actual carece de vinculaciones nacionalistas y es en un mundo globalizado donde el capital transnacional despliega sus operaciones según su conveniencia. Ante esta situación los diferentes Estados carecen de medidas efectivas para resolver las crecientes desigualdades. Veamos el caso español, todavía no he escuchado una sola crítica de las huestes peperas sobre cuestiones económicas y, en el bando contrario no ha surgido una sola medida que pretenda afrontar la creciente precariedad del trabajo. Como me explicaron en cierta ocasión, es la “teoría del gobierno sintomático”: la actuación sin un proyecto político claro, apenas ir solventando a duras penas los asuntos que más molesten (salvo operaciones espectaculares como retirar las tropas de Irak) pero con propuestas de fondo que son meros simulacros ya que en última instancia los dos grandes partidos actuarían igual.

  9. Miguel Veyrat

    Nadie ha querido menospreciarla, apreciada Ana S. de Pavlova. Y nadie le ha faltado al respeto: ¿Recuerda el viejo proverbio español de que quien se pica ajos come? Aplíquese el cuento y lea el alegato del Joven Tobías, que no tiene desperdicio. El me ahorra una respuesta que, puede estar segura, sería mucho más contundente y esta vez quizás menos respetuosa.Y que conste que no apluado entusiasmado como usted al señor Montesinos, estoy rigurosamente de acuerdo con él.

  10. Juan Moreno

    Hasta la organización armada ETA y su brazo político Batasuna, están por plegar velas e ir buscando una jubilación a cargo de los presupuestos generales del Estado.
    Nunca antes hubo tal poder de neutralización y asimilación de los grupos políticos opositores como en estos Estados modernos.
    No obstante las contradicciones en el seno de las sociedades van en aumento, hasta la exclosión final.

  11. Pavlova

    Miguel Veyrat said,
    Mayo 1, 2007 at 16:52

    Nadie ha querido menospreciarla, apreciada Ana S. de Pavlova. Y nadie le ha faltado al respeto: ¿Recuerda el viejo proverbio español de que quien se pica ajos come? Aplíquese el cuento y lea el alegato del Joven Tobías, que no tiene desperdicio. El me ahorra una respuesta que, puede estar segura, sería mucho más contundente y esta vez quizás menos respetuosa.Y que conste que no apluado entusiasmado como usted al señor Montesinos, estoy rigurosamente de acuerdo con él.
    __________

    Si me lo permite, “El que se pica ajos come” no es un proverbio. Que me moleste que me diga que tengo el síndrome de Estocolmo, no quiere decir que me pique ni ese es un modo de debatir y no dudo que pueda ser mucho más contundente, todos podemos serlo, pero no creo que serlo o decir palabrotas, llamar gilipollas Etc. sea un modo de convencer o argumentar ni que aquí se haya dado lugar a serlo y mucho menos “menos respetuoso”. Se trata de debatir, no de imponer nuestros criterios ni de agredir con ellos a nadie, creo, y sería bueno un poco más de paciencia e, insisto, de respeto ¿no? Resulta muy cansado estar puntualizando todo el tiempo lo que uno quiere decir del mejor modo posible o ser amenazado con contundencia o faltas de respeto por sus criterios

    Pavlova, simplemente Pavlova. Los que utilizamos otro nombre del nuestro, con la autorización de Justo Serna, que es el anfitrión, elegimos el nombre que utilizamos y el mío es Pavlova. Conozco el nombre real de algunos contertulios que usan eso que ha dado en llamarse nick, en éste medio, y nunca lo utilizaría aquí. Ruego atenerse al Pavlova, por favor.

    Saludos para todos.

  12. Arnau Gómez

    Que Sarkozy abomine de 68 me parece normal.Si Sarkosy es un neoliberal,un neocon o un neo fascista solo es una cuestión de términos.Que tenga,en estos últimos tiempos,antecedentes entre los dirigentes políticos de este perro mundo, no tiene que extrañarnos.Que la a la izquierda la consideremos “domesticada”,es aceptar que existe.
    Curiosamente,hoy oía,a lo lejos, muy a lo lejos, casi indistinguible entre el ruido que producían los bongos y los bombos,los acordes de una música que se oye con nostalgia:”La Internacional”.Y si hablo de nostalgia no es porque prefiera los tiempos,en los que la oíamos en un cuarto con la ventanas y puertas cerradas,para que sus compases no nos delataran,en aquellas reuniones,en las que también se hablaba de política prohibida y acabábamos pdidiendo la trasformación del mundo,también escuchábamos “la Marsellesa”,prohibida.
    Aquellas dos marchas eran para todos nosotros la representación de la libertad,la igualdad,la fraternidad y la solidaridad.¿Alguien se acuerda del significado de aquellas palabras?.¿Alguien se acuerda del significado de la unidad internacional de la clase obrera,aquella unión que producía erupciones sanguíneas entre los mandos,los dirigentes,los detentadores del poder político,económico y social?.¿Cuantas veces hemos oido hablar de la internacionalización de los sindicatos y de los partidos obreros,para atacar esa utopía con saña?.¿Cuanto tiempo hace que no se habla de la lucha de todos los pueblos del mundo?.
    En cambio oímos permanentemente palabras como “globalización”,deslocalización”….que no son pronunciadas por los líderes obreros ¿queda alguno,todavía?.Se oyen,se leen, se dicen en los ámbitos de la clase dirigente,aquella que prohibía escuchar la Marsellesa,la Internacional.
    El fracaso del stalinismo,del maoismo se produjo cuando los dirigentes de esas dos variantes aberrantes del marxismo se instalaron en el poder.El poder no corrompe,solo. El poder cambia de personajes que lo detentan.
    Dejemos en paz a los del 68 y ni siquiera les adjetivemos.Quisieron ver la playa debajo de los adoquines,pero solo había podredumbre.¿Que podían hacer?.Diletar

  13. Hemeroteca

    Sarkozy y la batalla de las ideas

    Editorial, Abc, 1 de mayo de 2007

    NICOLÁS Sarkozy, gran favorito ante la elección presidencial del próximo domingo en Francia, apuesta fuerte en el debate ideológico. Frente al predominio de la corrección política y la conversión del «progresismo» en una rutina burocrática, el candidato del centro-derecha proclama sin rodeos la defensa de valores que supuestamente ya no están de moda: esfuerzo, humanismo y orgullo de la propia Historia frente al relativismo y la indiferencia moral que identifica con el espíritu de «mayo del 68». Desde una perspectiva espiritual, Benedicto XVI ha llamado la atención con frecuencia sobre la dictadura del nihilismo que atenaza a Occidente. Con Sarkozy, el pensamiento conservador y liberal renueva un mensaje positivo que ha sido víctima durante mucho tiempo de un extraño complejo frente a la izquierda. Ni siquiera la crisis del sistema soviético impide que los intelectuales supuestamente progresistas sigan impartiendo lecciones de democracia a pesar de que muchos de ellos no han renunciado a su simpatía por algunas dictaduras. Mientras la derecha se refugia en una gestión eficaz liberada de la política de ideas, el socialismo y sus afines mantienen el control sobre la lucha ideológica e imponen una determinada forma de ver el mundo. Como es notorio, el comportamiento electoral de muchos ciudadanos está directamente influido por este tipo de planteamientos.

    De ahí la importancia de la confrontación intelectual que plantea Sarkozy. El centro-derecha no tiene por qué ocultarse ni debe sentir complejo alguno. Su contribución al mundo moderno ha sido determinante para configurar la democracia constitucional, la economía social de mercado y la sociedad de clases medias. Nadie de buena fe puede identificar a los teóricos de la libertad con ningún tipo de fascismo o totalitarismo. De ahí que el candidato vencedor en la primera vuelta haya logrado el apoyo de los sectores menos dogmáticos (y tal vez, menos subvencionados) del mundo cultural francés. La reacción de cierta izquierda anquilosada es fiel reflejo de su temor a ser derrotada en la batalla de las ideas. Tal vez no sea justo identificar a Ségolène Royal con «mayo del 68» porque la candidata socialista ha defendido también el patriotismo y otras virtudes cívicas ajenas al relativismo. Sin embargo, es indudable que hay una izquierda de salón siempre dispuesta a buscar refugio en la cercanía del poder y ha imponer sus propias ideas a fuerza de descalificar a los demás. Sarkozy llama la atención sobre valores de gran relevancia y actualiza el discurso político de un amplio sector de ciudadanos que están hartos de sentirse menospreciados por ciertos «dictadores del pensamiento». Es una excelente oportunidad para replantear el debate ideológico frente al oportunismo de la política cotidiana.

  14. Hemeroteca

    Sarkozy rompe el tabú de la herencia política y social de Mayo del 68

    Juan Pedro Quiñonero / París

    Abc, 1 de mayo de 2007

    Ségolène Royal, socialista, partidos e intelectuales de izquierdas, solo han podido responder en orden disperso, confuso y sin vigor, contra los ataques a paso de carga de Nicolas Sarkozy, conservador, contra las herencias políticas, culturales y sociales del difunto pensamiento francés ligado a las jornadas de mayo de 1968.

    Daniel Cohn-Bendit, el más eminente de los actores de aquellas jornadas, euro diputado alemán hoy, reaccionó al ataque de Sarkozy denunciando su carácter «bolchevique». En boca de Conh-Bendit, «bolchevique» aspira a ser el insulto absoluto. Sin embargo, parte de la izquierda socialista, el PCF y todas las extremas izquierdas francesas continúan sintiendo una simpatía visceral por los mismos bolcheviques que Cohn-Bendit ya consideraba sus principales enemigos el mes de mayo del 68. Cohn-Bendit reconoce, al mismo tiempo, que mayo del 68 «también tuvo cosas nefastas».

    Ségolène, por su parte, reaccionó desconociendo profundamente en qué consistía el pensamiento 68, defendiendo la herencia tradicionalmente denunciada por Cohn-Bendit y sus amigos libertarios. Para Ségol_ne, los más positivo de aquellas jornadas fueron los acuerdos sociales de Grenelle, que, en su día, fueron denunciados por Cohn-Bendit como la traición suprema del PCF y la CGT, liquidando el movimiento estudiantil.

    Entre estudiantes, escritores, profesores, sindicalistas e intelectuales, destaca el silencio abismal ante las acusaciones de fondo de Nicolas Sarkozy: el «anti autoritarismo» del 68 liquidó la autoridad de maestros y profesores, contribuyó a dinamitar la escuela pública, aceleró la crisis de la universidad, aceleró la devaluación general de los títulos universitarios. Esa crítica de Sarkozy contra el relativismo moral asociado al 68 francés ha sido estudiada con mucha precisión por todos los sociólogos y analistas de la crisis de fondo del sistema escolar forjado por Jules Ferry, entre otros, a mediados del siglo XIX. Y el balance histórico, cultural y político es sencillamente devastador. Indisociable de la crisis generalizada del modelo escolar francés.

    En el terreno de las ideas, varios de los grandes protagonistas de las jornadas del mes de mayo de 1968, en París, comenzando por André Glucksman, votan hoy por Nicolas Sarkozy. Por razones culturales y políticas de fondo. Entre los pensadores y filósofos que vinieron más tarde, Luc Ferry es el autor de un ensayo de referencia sobre la defunción intelectual del pensamiento 68, vendido en centenares de millares de ejemplares desde hace veinte años.

    En el terreno de la política, eminentes personalidades de la izquierda cultural, como Max Gallo o Régis Debray, ya emitieron hace veintitantos años, serias dudas de fondo sobre una vieja herencia que comenzó siendo libertaria antes de precipitarse en el cinismo oportunista. Buena parte de la generación 68 comenzó en el maoísmo para acabar copando consejos de administración.

    En el terreno de la vida cívica, el 68 comenzó siendo una crítica radical contra la escuela y la universidad tradicionales… para convertirse pronto en un campo de ruinas morales: debajo de los adoquines de las grandes arterias del Barrio Latino no se encontró la playa de ningún mundo nuevo, sino la basura ética de un relativismo moral que terminó por hundir los cimientos de la antigua escuela pública.

    Los dirigentes socialistas, comunistas y troskistas que participan en la campaña presidencial han intentado maquillar sus discursos con viejas escarapelas de pasadas guerras. Quienes conocieron, conocen y sufren, en sus familias, la crisis global de la escuela y la universidad conocen a la perfección los estragos denunciados por Nicolas Sarkozy. De ahí, quizá, que los últimos sondeos continúen anunciando su victoria por 52 / 53 contra 48 ó 47.

  15. Jaime

    Tremendo pique el que arriba se puede leer a propósito de los comunistas y mayo ’68. A mi lo que me llama la atención es que una revolución tan antigua siga discutiéndose en unas elecciones de hoy. Como dice J. Serna parece que estamos en 1970. El 68 es memoria histórica o presente?

  16. Miguel Veyrat

    La “reescritura de la historia” en palabras de Royal, que pretende realizar Sarkozy, no sólo anulando de un plumazo las consecuencias morales, sociales(sindicales mayormente) y políticas dela auténtica revolución incruenta deMayo’68, es curiosamente lo mismo que pretenden sus homólogos Aznar-Rajoy-Acebes y George Bush y sus neocons, sino cambiando Francia por una reedición de la nueva revolución americana que ha intentado su admirado texano y sus secuaces multimillonarios. Convendría reflexionar muy seriamente y extraer consecuencias de todo orden en nuestro país. MAyo’68 es memoria histórica presente en los genes de la sociedad civil contemporánea, querido Jaime.

  17. David P. Montesinos

    El artículo de Quiñonero me parece algo más serio que el editorial, pero tampoco va mucho más allá del tópico que identifica con “relativismo” cualquier tipo de voluntad de cuestionamiento. Así, para Ratzinger somos relativistas porque no vamos a misa, para Aznar lo somos porque no aceptamos el trágala de que todos los terrorismos son iguales y para los escritores de ABC los mayistas no eran sino unos cínicos y oportunistas que sólo pretendían cuestionar a los que estaban en el poder para ponerse ellos. Tanto interés en desacreditar la herencia sesentayochista debería hacernos sospechar, dejémonos pues de prejuicios y zafiedades y dejemos de razonar como cierta profesora falangista que tuve, según la cual todos aquellos que protestan en la universidad no eran más “que putas y maricones”.

    En un primer nivel de análisis, Mayo puede ser considerado un feliz suceso digno de nostalgia tanto como una despreciable impostura. Tan pronto podemos considerar que lanzó a los jóvenes a rebelarse contra un modelo neoliberal que instituía nuevas formas de dominio como creer que no hizo sino devastar el sistema educativo y que la biografía posterior de muchos de sus héroes –no sólo Danny el Rojo- confirma la hipótesis de que se trataba de un hatajo de pijos pegando gritos para renovar los cuadros de mando de la Republica. Incluso dentro de la izquierda, cabe el debate –recuerdo haberlo escuchado, Nicolas Sánchez Durà versus Vte Sanfélix en la Facultad de Filosofía hace veinte años- entre quienes afirman que aquellos chicos “tan sólo defendían la minifalda y que la cuestión es regresar a las reivindicaciones de siempre” –me imagino que se refieren a la dictadura del proletariado y similares- y quienes creen que “Mayo tuvo el mérito de desclericalizar a la izquierda”

    Yo creo que el transcurso del tiempo nos permite lanzar miradas algo más luminosas sobre el problema .

    En primer lugar, Mayo constituyó una reacción de la sociedad civil contra la presión de unos poderes cada vez más burocratizados que, desde toda la serie de promesas incumplidas de la sociedad opulenta, trataban de estrangular la posibilidad de mantener un espacio público para la circulación de ideas y la transitividad entre comunidad y gobernación. La evidencia de que todo el mundo hablaba con todo el mundo sin preguntar “¿quién eres?” y “¿de dónde vienes?” es el sello distintivo de todos los movimientos sociales emergentes. La obsesión por garantizar el orden asambleario (los sit-in) no responde tanto a una neurótica “corrección política” como a la vocación de construir poder desde abajo, cuestión que yo entiendo desde la clave del anarquismo más clásico y que ahora –pensemos en el presente- ilumina muchos de los llamados Nuevos Movimientos Sociales.

    En segundo lugar, Mayo tuvo el acierto de cuestionar la legitimidad de la autoridad académica. Como exponen Serna y Pons en “Cómo se escribe la microhistoria”, si yo lo entiendo bien, las editoriales que publicaron los nuevos ensayos de estructuralismo, francfortianos, antipsiquiatría, sociología crítica o nueva filosofía de la ciencia no sólo cargaban con una moda de lectura para chicos con melenas, estaban lanzando un órdago sobre el canon del lenguaje académico. Este movimiento editor se tradujo en las barricadas y los sit-in más allá de los cócteles molotov: se estaba cuestionando el sujeto de la enunciación, se estaban preguntando ¿de quién es la escuela? o ¿cuál es el lugar que nos asigna la República como ciudadanos?

    Finalmente, y aunque esta opinión sea acaso demasiado enigmática y aún baudrillardiana, Mayo ejerce un poder de seducción formidable. Podríamos situarla al lado de otros movimientos de la historia cuyo fracaso estaba implicitamente contenido en su “programa”, eran terremotos en el seno de la cultura, vivían conscientes de su provisionalidad, destinados a producir todo tipo de desórdenes, grupos insurgentes que dicen “pues yo no” en los momentos más abonados para la obediencia y el conformismo. No me retrotraeré hasta los esclavos de Espartaco, los dulcinistas medievales o los ludditas de la Revolución Industrial, pero podemos hablar de la Comuna de París, de los anarquistas o los trotskystas de la Guerra Civil, de Woodstock o los punks, de los okupas, las radios libres, los Foros alterglobalizadores, los colectivos “Salvem”… Hablemos.

  18. Kant

    Ayer me fui a una manifestación de nada – la del Primero de Mayo – y a mi regreso me los encuentro con toda esta cantidad de aportaciones suculentas. Ah, sí, es que yo soy de los que aun va estos eventos que ahora llaman “fiestas”… en fin, cosas de mis contradicciones. Fui rodeado de ferroviarios, limpiadoras, electricistas, funcionarios que entraron sin enchufe y emigrados que entraron por la puerta de atrás, vaya, algo bastante distinto a esta selecta concurrencia… Y me pregunto cuántos de ustedes saben qué se celebra el uno de mayo o porqué en los Estados Unidos se celebra en septiembre el Día de los Trabajadores… (¡Vd. calle, don Miguel!) Igual les parece una grosería ya que están ustedes enfrascados en la revuelta – la revuelta, don Jaime, la revuelta – del 68 en Francia.

    Es curioso, cuando estaba el PSOE en el poder llegué a sospechar que aquello de París había sido un “asunto español” porque no encontraba universitario alguno (o profesional devenido de la Universidad) que no asegurara públicamente su gloriosa participación en aquellos acontecimientos. Todos habían estado allí. Todos habían lanzado piedra, alzado barricadas y tomado unas birras con Dani “el Rojo” entre canuto y canuto. Qué contrariedad, hoy o hay amnesia general o se han delatado muchas mentiras. Tempus fugit…

    Dado lo iniciado que está el tema, no voy a ser capaz de inmiscuirme en cuanto han tratado ya pues, buena parte de los contertulios han aportado lo que yo mismo pensaba. Me limitaré pues a alguna apostilla sobre lo dicho y a apenas un par de ideas. Una, ya aportada por el señor Veyrat pero que creo que es imprescindible recalcar, no es “el Mayo”, son los “Mayos”. Occidente – entendida como comunidad cultural heredera, sumariamente, de Hegel, el Cartesianismo, la Escolástica y la Filosofía Clásica – se conmueve en Francia, en Checoslovaquia, en los EEUU… y no porque vaya a nacer nada (esto del maoísmo en Europa es poco menos que una broma que no duró ni una década y no salió de circulillos acomodados) sino porque moría el viejo sistema de pensamiento sin, por eso, dar a luz nada (ya les comenté en el anterior post mi propia teoría al respecto) Y esta era la segunda idea.

    Por lo demás:

    No sé de qué se asombra el señor Quiñones ¡naturalmente que fue una revuelta pequeño burguesa! ¿qué esperaba encontrar en la Francia del 68? ¿masas famélicas? ¿acaso pierde valor su aportación por su procedencia social? ¿quemamos en pira pública los trabajos de Engels por ser un empresario? Relajémonos con esto, por favor, y no carguemos contra aquella algarada por eso.

    A doña Francisca (Fuca para uds.) puedo decirle que, ay, por primera vez no coincidimos. Y en este caso, paso mi respuesta a la que ya le da don Justo Serna – a usted y a algún otro que ha escrito posteriormente – sobre a definición de neofascista y su diferenciación de neoconservador.

    Por otra parte, yo, señora, no me preocuparía tanto en si se nos define o no como “de izquierdas”, al fin y al cabo, el izquierdismo es un infantilismo del comunismo (Lenin dixit… et Veyrat nos recuerda) y una inmadurez del anarquismo. Valga como tibio referente electoral, pero poco más.

    Recordarle, eso sí, que además de la Liga, tuvimos ecologistas, antisistema, altermundializadores… y un sinfín de partidillos-grillos que todos sumados hacen bastante más de ese millón de votos de la LCR. Pero, claro, con la fragmentación de la izquierda, por izquierdista, precisamente, poco más se puede hacer que el lamento del impotente.

    Coincido también con el señor Serna en mi falta de interés por el maoísmo patrio pero, ya que usted cita al MC, deberé recordarles que, aún siéndolo, ese partido surgió de ETA y no para seguir su lucha armada. Si a ello sumamos los secretos de Estado que se acumulan en Brigadas Rojas (les recomiendo la lectura de la entrada Antonio Negri en la Wikipedia… sí, han leído bien, en la Wikipedia) y la peculiar relación de la FER alemana con el maoísmo, en fin, no creo que el maoísmo francés fuera especialmente especial ni que el resto del maoísmo europeo fuera distinto en extremo. Por cierto, ¿no se han preguntado qué fue de aquellos “chinos” españoles de los 70-80? repasen las listas electorales del PP y verán a muchos de aquellos que nos llamaban “abyectos revisionistas”.

    Por último, doña Francisca, yo también quiero recuperar alguna de las consignas de aquel 68, por ejemplo esta de: “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Así que cuando un partido de izquierdas alcanza el poder y renuncia a su ideario en aras del pragmatismo, realismo, sentido de Estado y estafa a sus votantes (que para eso les votaron, para llevar adelante una política de izquierda), descubrirá que ya no es de izquierdas. Por lo menos, es clarificador. Espero que doña Ana Pavlova, especialmente ella, esté de acuerdo conmigo.

    Concluyo sumándome en la práctica totalidad a lo que dice los señores Veyrat (bueno, acusados de clónicos, ya no tienen ello ninguna sorpresa), Montesinos, Tobías… aunque sería muy, muy matizable el papel del PC en la Guerra del 36 sin por eso tener que caer en esperpentos como el de Ricardo de la Cierva o Pío Moa, pero sería materia de otro post. Y con don Arnau Gómez, con algún otro matiz más moderado (¡moderando, yo!) pero, básicamente, de acuerdo.

    Y les dejo ya que últimamente me da por lanzarles unas peroratas que no sé ni cómo me aguantan. Salud.

  19. Pavlova

    Pavlova está de acuerdo con usted, Kant, porque lo está y porque la tiene fascinada con lo que usted llama “peroratas” y, sobre todo, con eso de que vaya a la manifestación del 1º de Mayo.

    Feliz y luminoso día a todos.

  20. Miguel Veyrat

    Salut et Fraternité!!!!!! En nombre de los mártires de la Comuna. Ese saludo que se dirían los Federados es e lorigen de nuestro fraterno: ¡Salud!

  21. jserna

    Hace muchos, muchos años, cuando acabábamos el bachiller superior, tuve que padecer en el último año la postrera lección que nos daban de Formación del Espíritu Nacional. En colegio al que yo entonces acudía, la asignatura la impartía un falangista valeroso, un tipo simpático y andaluz, muy distinto de los otros profesores azules que nos habían adoctrinado en los distintos cursos. Era guasón, pero era un tipo del Régimen y aquello que nos explicaba servía para realzar nuestro menguado patriotismo. Por alguna razón extracurricular (perdonen el palabro), este docente nos enseñó historia de España (y afines). El manual con que nos educaba era un libro firmado por Juan Pedro Quiñonero. Entonces me pareció una obra atendible, muy distinta de los panegíricos franquistas. No me fío: yo tenía quince años. Quién sabe: no he conservado aquel volumen. Me entristece que el finísimo Quiñonero ejerza ahora de esforzado, de empeñoso, de ideológico cronista en Abc haciendo el repaso de la prensa europea: básicamente para denostar a Rodríguez Zapatero. Me entristece su porfía contra el 68: pero no porque yo añore esa revuelta, sino porque en sus empeños se le nota el ideologismo, la Formación del Espíritu Nacional con que nos instruye. Quién me lo iba a decir: hace más de treinta años, yo creía admirar a Quiñonero; ahora deploro que un gran reportero transmita sus crónicas parisinas sólo para someterse a Sarkozy.

  22. R

    Juan Francisco Martín Seco
    La Estrella Digital

    Se nota que hay elecciones a la vista, y que el Partido Socialista considera que le es más propicio el debate en el campo económico que en otros temas como los de la política territorial o la lucha antiterrorista. Será por eso que —copiando al presidente de EEUU— ha seguido el consejo de sus asesores proamericanos y ha decidido presentar lo que allí se llama el Informe Económico Anual, eligiendo para ello el escenario de la Bolsa. ¿Habrá sido por lo de la CNMV y Endesa?

    El caso es que, curiosamente, el citado informe no lo ha elaborado el Ministerio de Economía y Hacienda sino los monclovitas y, según dicen, a base de estimaciones econométricas, con lo que se disparan automáticamente todas las señales de alarma. Los económetras, al menos los de nuestro país, no suelen acertar demasiado, se parecen bastante a los antiguos escolásticos a los que les da por estudiar el sexo de los ángeles. Suelen complicar lo fácil. Construyen modelos alambicados, análisis de laboratorio que apenas tienen aplicación a la realidad, ya que en ésta no suelen darse las condiciones bajo las que aquéllos se elaboraron.

    El discurso del presidente fue triunfalista, por más que repitió una y otra vez que no quería serlo. Tanto que, en una cadena de televisión, un periodista próximo a Aznar le espetó que su intervención presentaba una gran similitud con las que el anterior presidente hacía en otras épocas. Y es que, en materia económica, los dos partidos se asemejan bastante. Lo único que le faltó a Zapatero es repetir lo de que España va bien.

    El presidente no es muy ducho en materia económica. Por eso sus afirmaciones se movían en la generalidad basándose en los mismos tópicos de siempre, con lo que la semejanza con su predecesor aparecía de forma llamativa.

    La primera referencia, hoy igual que ayer, consistió en resaltar las elevadas tasas de crecimiento de la economía, superiores a toda una retahíla de países que el presidente se tiene bien aprendidos. Lo que quizás no se dijo es que el crecimiento de la renta nacional no puede juzgarse sin ponerlo en relación con el de la población. Es la renta per cápita la variable que mide la riqueza de un país; y si consideramos su evolución, la diferencia con el resto de países desarrollados desaparece.

    Pero aún hay más, lo que le preocupa al ciudadano es cómo este incremento de la riqueza nacional repercute en su peculio, y ahí el balance para la mayoría de los españoles es francamente negativo, ya que los incrementos salariales ni siquiera han compensado la subida de los precios y todo el incremento real de la renta ha ido a engrosar los beneficios empresariales. Tenía razón el señor Acebes cuando afirmaba que el discurso de Zapatero iba dirigido a los grandes empresarios y financieros, y que la economía doméstica es otra cosa. Aunque tiene gracia que sea precisamente él quien lo diga.

    Gran parte del crecimiento económico se debe al aumento de población (población trabajadora) por la emigración, pero, como es lógico, retorna, quizás en menor medida de lo que les correspondería, a los emigrantes. Se crean, sí, puestos de trabajo, pero de una calidad y con una retribución ínfimas. Al tiempo que el presidente presentaba su informe, se hacía público un trabajo de la Fundación Adecco y de la escuela de negocios IESE por el que se conocía que España es el tercer país con peor rendimiento por hora trabajada de la Unión Europea, no sólo por los bienes y servicios que se producen de nivel añadido bajo, sino también por el tiempo que se tarda en producirlos.

    El presidente del Gobierno se vanaglorió también de los importantes éxitos conseguidos en la lucha contra la precariedad laboral. En este aspecto, se limitó a seguir la senda de su ministro de Trabajo que, desde que se firmó el pacto con los agentes sociales, no hace más que anunciar de forma reiterativa el gran número de empleos fijos creados. Al margen de la borrachera de cifras a la que nos tiene acostumbrados mes a mes, la realidad es que el porcentaje de precariedad (número de trabajadores temporales sobre el total) se mantiene anclado en el 34% y, por supuesto, a la cabeza de los países europeos. No hay razón para extrañarse. Mientras que la lucha contra la temporalidad en el trabajo se centre en la concesión de incentivos a los empresarios, será difícil que esa lacra desaparezca de nuestra economía; lo único que se consigue es que el Estado financie los puestos fijos que los empresarios iban a crear de todas las maneras. Si de verdad se quiere acabar con la precariedad, la forma es bastante sencilla; consiste en prohibir los contratos temporales allí donde no son necesarios ni tienen razón de ser.

    Estoy seguro de que sus asesores le encomendaron insistentemente al presidente que huyera de la autocomplacencia y del triunfalismo. Creo que debieron encarecerle también que evitase las cifras macroeconómicas y que hablase de la economía familiar y doméstica. De ahí sus continuas afirmaciones de que pretendía evitar tales vicios, pero tuvo desde luego poco éxito en el intento. Llegó a afirmar que el 2006 ha sido el mejor año económico de la democracia. Y es que para un presidente de Gobierno debe de ser difícil no caer en la autosatisfacción. Zapatero piensa que las piedras pueden convertirse en panes, y que resulta posible que lo blanco sea a la vez negro. Ése es el motivo de que afirme tan tranquilo que las OPAs de Endesa van a ser buenas para los accionistas y para los consumidores. Para los accionistas no hay duda, han doblado su inversión; pero, precisamente por eso mismo, se vislumbran todo tipo de nubarrones para los consumidores. De algún sitio van a salir esos miles de millones, y no me cabe ninguna duda de que va a ser de las tarifas, es decir, del bolsillo de los usuarios.

    El discurso de Zapatero se pareció mucho al que nos tenía acostumbrados Aznar; y es que Zapatero, al igual que Aznar, está encantado de haberse conocido. Por otra parte, los discursos económicos de los dos partidos no son muy distintos. Es cierto que el Gobierno actual ha tenido algunos gestos, como el del salario mínimo o el de elevar en mayor cuantía que la inflación las pensiones mínimas (esto también lo hizo el Gobierno del PP en alguna ocasión). Pero cuando un Gobierno reduce el IRPF, propone eliminar el impuesto sobre el patrimonio y da un trato de favor fiscal a las rentas de capital, al tiempo que algunas pensiones permanecen en los 300 euros mensuales, resulta muy difícil considerarlo de izquierdas y ver en su política económica grandes diferencias con la derecha.

  23. Kant

    Don Justo, el libro al que hace mención y que enarboló don José (“Bueno’ día’ a todo’ / buenos días, don Jozé / Zientenzé por favó’ / Grazia'”), el cual, por demás, hizo un curso comparativo entre las Leyes Fundamentales del Reino (antes del Estado) y las Constituciones democráticas europeas coetáneas utilizando bibliografía de Grijalbo (!) que, obviamente, estaba fuera de cualquier repertorio del centro docente (monopolizado por la editorial SM), ese libro, decía, creo que aún lo conservo – precisamente por mi bibliofilia, mire ud. por donde – así que me placeré en obsequiárselo, aunque sólo fuera por los agradables momentos que nos hace pasar.

    Feliz día también para usted, doña Ana, y felices luces nos acompañen a todos.

  24. Fuca

    Pues yo también estoy de acuerdo con la mayoría de los contertulios de este post (Arnau, Miguel, Tobías…), no tengo nada que aportar a no ser que discutamos sobre educación (la ausencia de valores, a la que alude Justo Serna en su mensaje inicial, la confusión entre autoritarismo y autoridad de los profesores, que menciona el tal Quiñonero en ABC…).

    Sin embargo, sí tengo que matizar un término que me parece que sólo Arnau entendió, el “neofascista” aplicado a Sarkozy y Rajoy; si leéis con atención, la palabra aparece entrecomillada y supongo que todo el mundo sabéis lo que significan las comillas en un lugar como este, en el que no es posible utilizar las cursivas; con estas comillas intentaba que entendierais que “neofascista” era una manera popular de llamar a estos individuos ultraconservadores, neoliberales o como queráis llamarlos; ya sé que no son fascistas, como bien explicó JS en el post anterior.

    Mi discrepancia es con el señor Kant cuando se pregunta dónde están los “chinos” de los 70-80 y nos remite a analizar las listas del PP. No sea injusto, señor, no intente juzgar a un colectivo por unos pocos individuos. Si me dijera que analizáramos las del PSOE no me parecería tan mal su comentario; conozco a bastantes personas que actualmente están en el poder que proceden del MC. Pero este partido sigue existiendo, con diferentes nombres en las distintas comunidades (Inzar, Revolta…); aquí, en Galicia, está integrado en el BNG, uno de los dos partidos que gobiernan actualmente este país. Sus militantes siguen estando en muchísimos movimientos asamblearios, sacando adelante iniciativas que nos ayuden a no adormecernos, a conservar nuestras ilusiones, a que sigamos pensando que otro mundo es posible. Ya ve, señor Kant, que en esto no estamos de acuerdo, salto como una leona cuando se meten con mis amigos, unas personas que lucharon contra la dictadura franquista, que siguieron luchando en la transición (no sabe usted cuánto le debemos las mujeres a estos grupos, el movimiento feminista aquí, en Galicia, lo organizaron esos/esas que usted llama “chinos”) y que siguen luchando en la actualidad.

  25. jserna

    Estimados amigos, como es habitual, tenía previsto poner hoy miércoles un nuevo post, pero me ha sido imposible: simplemente la faena se ha multiplicado y no he podido cumplir con lo que tenía previsto. Salvo catástrofe, mañana a partir de las 14 horas renovaré con un nuevo texto el blog. A quienes leen con regularidad esta bitácora les pido disculpas.

    ——–

    P.s.: Al señor Kant, gracias por el generoso regalo que me ofrece: el viejo libro de J. P. Quiñonero. Lo estudiaré, ahora, treinta y tantos años después a ver qué sorpresas me depara.

  26. Hemeroteca

    El País, 2 de mayo de 2007. Crónica referida al mitin de Ségolèn Royal:

    “…Rebatió con humor no exento de provocación la tesis de Sarkozy de que los problemas de Francia provienen de la revolución de Mayo del 68, que los socialistas encarnan. ‘¿Qué mosca le ha picado con lo de Mayo del 68?’, preguntó. ‘Esto sucedió hace 40 años, y el domingo todo parecía muy calmado en torno a Bercy [el estadio parisiense donde Sarkozy celebró su mitin], pero escuchándole daba la impresión de que estaba rodeado por barricadas, con los policías antidisturbios fajándose contra los manifestantes’…

  27. Kant

    Señora mía, doña Francisca (Fuca para uds.), de todos los campos donde deberíamos haber cruzado los aceros, el menos apropiado, este.

    En el pasado. Sepa usted que ese partido, precisamente, fue el primero que hizo acto de presencia en la vida política de mi barrio de entonces (Orriols) y también en el mismo centro educativo del que hablaba más arriba, lo hizo cuando aún estábamos en Sexto de Bachiller, incluso con la presencia de don Carles Dolç, una de las personas más lúcidas que conocí en aquellos años; que por ellos conocí el antifranquismo de primera mano, lo que era una octavilla y un encuentro clandestino; que transité mi carrera universitaria teniendo como amigo personal y muy próximo, a unos de los elementos más destacados del MCPV (permítame que no cite su nombre pues me delato, sólo le diré que era Enric P.); que ese partido fue el primero (y único) que ofreció, a mi modo de ver, una alternativa consistente en la izquierda extraparlamentaria; que por él llegué a ser consciente de la condición de la mujer y que me honré en asistir a profundas disensiones con ellos sin encontrar el clima cenobítico e intransigente de otros “chinos” (PT, ORT, JGR…) que parecían, éstos, más “iluminados” que otra cosa. Entienda, pues, que no es un buen ejemplo para aplicar a mi diatriba.

    Así pues, aunque me alejé del contacto cotidiano del MCPV tanto por mis desavenencias ideológicas como por que, una vez acabada la carrera, las vidas de Enric y la mía se separaron (él destinado a un Instituto de las profundidades de España mientras yo servía forzosamente a su rey), su recuerdo permaneció agradablemente en mi y diáfanamente claro y separado del resto de “chinos”.

    En el presente. Si Revolta – que es como se llama hoy MCPV-LCR en el País Valenciano – ha sabido extraer del Mayo del 68 (o de los Mayos) las partes positivas de esa conmoción y ha abandonado dislates de vergüenza ajena cual pueda ser el milenarismo de la “decadencia de occidente” (un tema sonrojante, por lo semejante al nazismo más prístino) y hoy, desde Ca Revolea, su sede, indiscutiblemente abierta a cualquier ciudadano y con una actividad cultural muy meritoria en esta ciudad páramo intelectual, se mantiene como una ventana abierta por la que las ideas (todas) circulen, las propuestas alternativas obtengan un espacio y es capaz de estructurar algo diferente al esclerótico panorama político de la izquierda valenciana, bienvenida sea.

    Aunque, lamentablemente, no veo superados los elementos que desacreditaron, ante mis ojos, su propuesta: el sectarismo larvado, el susurro de un incontrovertible “yo tengo razón tu estás equivocado” (Edward de Bono, dixit) del que el otro día me quejaba en la derecha y que, por dignidad (un valor muy poco considerado e incluso objeto de mofa, lo se, pero del que no puedo renunciar), no puedo silenciar en la izquierda.

    Discúlpeme, pues si se sintió ofendida o si ofendí a algunos de sus amigos, nada más lejos de mi propósito, pero entienda también mis razones que como librepensador – que a la postre, es lo que soy – me han hecho tomar una prudencial distancia de dicho movimiento, al que, le insisto, no negaré ninguna de sus muchas virtudes pero del que no puedo abstenerme de señalar sus defectos.

    NB: Respecto al sustantivo “chinos”, sepa que no es que yo los llamase así por especial inquina, es que mi propio amigo Enric, se autodefinía, entre carcajadas, como tal… ¡y despectivamente a sus otros “competidores” (PT, ORT…)!. Sí, nos reímos mucho. Y reír, en política, reír de verdad, sanamente, es algo tan difícil, tan extraño, en ese mundo de cenicientos hombrecillos de gris (si Momo me permite parafrasearla) que, vea usted, cómo me alegro aún al recordarlo.

    PS: Le ruego que no me lacere con el “usted”. Ya nos explicó en que circunstancias lo empleaba y, conmigo, siempre me ha tuteado… ahora, verme tratado de “usted” por usted… me ha dolido, señora.

  28. Fuca

    Gracias, Kant, por la aclaración. Aunque nunca milité en ese partido ni en ninguno (yo también soy librepensadora y el centralismo democrático es incompatible con mi forma de ser), sí estuve muy unida a él y a sus militantes, con ellos conocí también el antifranquismo y el feminismo de primera mano, con ellos aprendí muchas cosas positivas y sigo aprendiendo, por ello me parecía injusta tu diatriba. No me parece mal que señales sus defectos, yo soy la primera que, en otros tiempos, tuve muchísimas discusiones con ellos acerca del nacionalismo, no lo entendían, ahora parece que han cambiado. Aunque dices que no te referías a ellos, el ejemplo que yo puse de partido maoísta era el MC, de ahí mi confusión. Todo aclarado. Y estoy de acuerdo contigo en que reír, en política o en cualquier otro campo, es difícil pero muy saludable; ya lo dice Javier Marías en su página web, “Ride si sapis”.
    Y tienes razón, el usted sólo lo utilizo en muy pocas ocasiones, pero en tu penúltimo mensaje estuviste un poco faltón, ¿de verdad crees que no sabemos qué se celebra el 1 de mayo?; ¿y tú sabes qué se celebra el 8 de marzo? (broma por broma). Un saludo cariñoso, Kant, ya me olvidé del incidente, sabes que es un placer leerte y debatir contigo.

  29. Tobías

    Muy divertido el artículo de ABC. Yo pensaba que eso de la rutina burocrática, que entenderé como gestión eficaz desideologizada, era patrimonio de los partidos de orden. Lo de humanismo en una derecha que ha asumido gran parte de las políticas lepenianas respecto a los inmigrantes suena a broma y, respecto al discurso sobre el esfuerzo y el orgullo patrio, es como estar escuchando al patán de Reagan.

    Parece que escupan cada vez que nombran la palabra relativismo. Pues hombre, resulta que los relativistas por excelencia, los sofistas, están en la génesis de la democracia y son ellos los que establecieron que la política es asunto de todos y no un conocimiento especializado propio de élites. Me pregunto porqué hemos de pensar que relativismo es lo que dice Ratzinger y no lo que dice Montaigne.

    Yo siempre he imaginado la escuela pública que denostaban los estudiantes franceses como la que aparece en “Los cuatrocientos golpes”. Si se cargaron esa escuela y esos profesores no me parece una gran pérdida.

    David ha analizado excelentemente el 68, pero aceptando esas posibles imposturas de las que habla considero que lo que molesta a los conservadores y a sus apoyos mediáticos es la manifestación del poder del pueblo, no en su versión domesticada a través de elecciones periódicas, sino de esa forma desatada e impresionante que pone verdaderamente en peligro un sistema de dominación injusto.

  30. Hemeroteca

    De Charléty a Charléty

    Gilles Finchelstein

    El periódico de Catalunya, 3 de mayo de 2007

    Polémica sobre… ¡Mayo del 68 en el Estadio Charléty! Hace casi 40 años, fue el escenario del do de pecho del Mayo del 68 y de la concentración de la izquierda contra el poder gaullista. El miércoles, también lo fue del do de pecho de la campaña de Ségolène Royal. Pero, más allá de la coincidencia del lugar, lo asombroso es la coincidencia del contenido: Mayo del 68, ayer como hoy.

    Uno puede contrariarse viendo a Nicolas Sarkozy iniciar su campaña “asumiendo la historia de Francia en su totalidad” y acabarla fustigando con violencia el Mayo del 68. Uno puede divertirse viendo a Ségolène Royal devuelta al Mayo del 68 cuando ella encarna un socialismo más tradicional que libertario. Pero a través de esta polémica sobre el Mayo del 68 se perfilan dos estrategias de campaña.

    El ataque de Sarkozy se sitúa en el terreno ideológico: quiere ganar la batalla de las ideas. Y acusa a los herederos del Mayo del 68 de haber “impuesto el relativismo cultural y moral”, “liquidado la escuela”, “introducido el cinismo en la sociedad”, e incluso… “contribuido a debilitar la moral del capitalismo”. La respuesta de Royal se sitúa en el terreno político: intenta constituir un frente anti-Sarkozy. Se sirve, pues, de la amenaza de un nuevo Mayo del 68, de un nuevo bloqueo, para llamar a la reforma… pero “sin brutalidad”.

    Y un último aspecto: del Mayo del 68, Sarkozy lamenta la quiebra de la autoridad, mientras que Royal asume la libertad, la liberalización de la moral, la libertad de las mujeres. De Charléty a Charléty, hay de hecho una continuidad, la de la brecha entre la izquierda y la derecha…

  31. Kant

    Sea, pues, la paz entre nosotros, dilecta dama. Pero, aclarado el asunto y aceptada su broma cuando me pincha por ser faltón (me hubiera gustado más resultar burlón, pero, en fin, no puedo llegar a todo), le sorprendería, le sorprendería tristemente, doña Francisca, hasta qué punto se ignora el tema de tan señeras fechas. Me lo señaló don Floreal Palanca, antropólogo, anarquista y enérgico polemista, al comprobar, él mismo, en sus clases la Universidad, cómo sus alumnos ignoraban por completo tanto una como otra. La prueba la hizo a principios de este siglo y en ella se incluían delicias tales como la misma ignorancia aplicada a saber quien era Jimi Hendrix o la película Easy Ryder.

    Y más le diré, el mismo doctor Palanca comentaba, entre sarcástico y entristecido, cómo en la plaza de Chicago donde se produjeron los incidentes del Primero de Mayo, su municipalidad había instalada ¡el monumento a la policía!. Hoy día, los propios chicagolenses ignoran lo que ocurrió en sus calles, nada recuerda aquello. Sólo que, todos los años, ese mismo día, “alguien” lanza botes de pintura (o llega a pintar de arriba abajo la estatua) contra el citado monumento. Y todos los años se debe limpiar. Y todos los años se detiene o a jovencitos que creen que es posible cambiar el mundo de raíz o abuelos que piensan que ellos no lo verán pero, tal vez sus nietos…

    Llegaremos también a olvidar el Mayo/los Mayos del 68 absorbido en el sumidero de la intrascendencia postmoderna. Y les dejo los interrogantes (¿?) para que ustedes los pongan o no, a su placer, en la anterior frase.

    Por cierto, contertulios, cambiando de tercio pero sin dejar de mirar a Francia: ¿vieron qué dilema se le presenta al electorado francés “de centro”?… ¿votan por una mujer o por un extranjero?… mmm… Aunque peor lo tiene el 10% parafascista, puedo entender la desesperación del señor (o lo que sea) Lepen y su propuesta de abstención masiva, puedo entenderla muy bien, y eso que la hizo tras ir al monumento de Juan de Arco (¡una mujer dirigiendo al ejército – masculino – francés en el campo de batalla!)… pobre hombre… pobre diablo…

  32. Miguel Veyrat

    El pudor de juzgar a un colega (he tachado compañero) me impide opinar sobre JP Quiñonero, que sucedió de corresponsal en París a Conte en Informaciones, al tiempo que yo regresaba a España. Cuando llegó a Paris, recién muerto Franco, lo recibí con alborozo pues le tenía por antifranquista desde posiciones libertarias. Poco después comprobé la triste deriva que tomaba su trabajo como periodista y crítico literario. Valga con este apunte.

  33. Hemeroteca

    No hay tiempo que perder

    André Glucksmann

    El País, 05/05/2007

    París. Tres de la tarde. El metro está prácticamente vacío. Una joven acaba de sentarse enfrente de mí. Lleva un cochecito con un bebé precioso. El niño me sonríe. Le respondo. Una sonrisa, luego otra y otra. Cada uno en su turno. Entre nosotros se entabla toda una conversación; muda, pero apasionante. Algunas estaciones más tarde, la mujer se levanta. La criatura agita la mano: “adiós”. En ese momento, un hombre de mediana edad se acerca y pregunta en un tono afable: “¿Es usted Glucksmann?”. “Sí” -respondo-. “Le he estado observando -prosigue sin la menor agresividad-. ¿Cómo puede usted sonreír a un niño y votar a Sarkozy?”.

    En París, el candidato de la derecha sonríe desde los tablones oficiales caracterizado con el bigote y el flequillo del Fürher. “Sarko = facha”, “Sarko = Hitler”, “Sarko = Mussolini”: las pintadas de los muros despiden un tufillo a estupidez izquierdista. Los “Sarko = guiri” exhalan perfumes más nauseabundos.

    La primera vuelta de las presidenciales ha constituido una espléndida victoria para la democracia: el número de votantes y el descalabro de los extremismos -empezando por el Frente Nacional- han reconciliado a la sociedad francesa con la República. Un milagro que preservaremos si -y solamente si- en la segunda vuelta se juega limpio, proyecto contra proyecto, programa para cinco años contra programa para cinco años; si -y solamente si- las votaciones del 6 de mayo no degeneran en un atraco a mano armada referendario o en una caza al hombre. Desde el momento en que la consigna “Todo Salvo Sarkozy”, TSS, actúa como vínculo de una mayoría de churras y merinas, las elecciones se desvirtúan. La acumulación de noes de izquierdas y noes de derechas, el rechazo de los de arriba y el desdén de los de abajo, el enfurruñamiento del centro y las imprecaciones extremistas señalan un camino que no conduce a ninguna parte.

    Si gana Ségolène Royal, tiene que ser gracias a las convicciones que transmite y a las medidas que propone. Flaco favor le estarían haciendo a ella y a Francia si la coronasen presidenta de prestado, puro producto de la angustia artificial suscitada por un Sarkozy transfigurado en espantapájaros brutal y xenófobo y respaldado en el muro del dinero. Transformar la segunda vuelta, en la que se trata de escoger entre dos candidatos, en un contraplebiscito para exorcizar a uno -¡que viene el coco!- equivale a infantilizar premeditadamente al electorado y a reemplazar la inteligencia del debate de ideas por los rumores descerebrados y el qué dirán.

    Es verdad que Sarkozy divide. Las soluciones que propone no pueden gustar a todo el mundo. En lo que se refiere a Europa, desafío crucial para los próximos años, pretende poner fin a la parálisis mediante un tratado institucional mínimo ratificado en el Parlamento. Nada de nuevas consultas populares. No se puede decir que la intención sea precisamente demagógica. Por el contrario, Ségolène Royal anuncia un referéndum bis aderezado con un “protocolo social”, lo que equivale a dejar la decisión para el día del juicio final. Ni su propio partido, ni las izquierdas europeas, ni mucho menos las derechas, ni tampoco los 27 países de la Unión se entienden sobre semejante proyecto. ¿Por qué esta ideología referendaria? Los diputados disponen del tiempo y la documentación necesaria para descifrar los ampulosos términos de los textos diplomáticos, y para eso los ha elegido el pueblo.

    Respecto a la igualdad, Sarkozy perturba a propios y extraños con su llamada a la “discriminación positiva”, que obliga a las autoridades políticas y económicas a frenar las desigualdades de hecho provocadas por la pobreza, el domicilio, el apellido o el color de la piel. Respecto a la laicidad, el candidato la violenta para salvarla. ¿Cómo? Proponiendo construir mezquitas con fondos públicos para que los fieles de la segunda religión de Francia no sigan reuniéndose cuasi clandestinamente en sótanos y garajes. ¿Acaso alguien prefiere que el integrismo fermente en esos cuchitriles? ¿Acaso es mejor que unos patrocinadores más que dudosos financien prédicas terroristas? Respecto a los servicios públicos, Sarkozy sugiere un servicio mínimo de transportes garantizado a partir de este mismo año mediante un acuerdo negociado con los sindicatos o, en su defecto, mediante una ley aprobada en el Parlamento.

    Éstas y otras reformas, reclamadas desde hace lustros por una mayoría de franceses, suscitan aprensiones y corren el riesgo de molestar a algunos. Y es que Sarkozy inquieta. Tanto en estos asuntos como en otros de igual importancia (energía nuclear, disuasión, pensiones…), cuando se trata de enfrentarse a decisiones dolorosas, Ségolène Royal contemporiza, invoca una multitud de “moratorias” y aplaza las reformas urgentes para más tarde, o hasta nunca.

    Dicen que Royal “une” mientras que Sarkozy “enfrenta”. ¿La bella y la bestia? Henos aquíante dos métodos. ¿Cuál es más democrático? ¿El de Sarkozy, que no retrocede ante las disensiones y se atreve a presentar las alternativas a unos electores llamados a decidir con conocimiento de causa, o el de Royal, que promete la unidad a cualquier precio y promueve el inmovilismo?

    Francia lleva treinta años vegetando en una burbuja pospolítica. Sus dirigentes no quieren indisponerse con nadie, enseguida pretenden unir a dos franceses de cada tres (Giscard d’Estaing) o reconciliar definitivamente al país con sus representantes (Mitterrand). La misma abulia se apoderó de Chirac, que nunca se recuperó de aquel 82% accidental de 2002. Ségolène Royal se inscribe en esa herencia. Su baza es la de no tomar partido entre los defensores del sí en el referéndum sobre Europa y los que hicieron triunfar el no, entre los que algunos tachan de “socioliberales” y los que veneran sus viejas glorias estatistas, entre los propalestinos y los amigos de Israel, los laicos y los simpatizantes del islam, los atlantistas y los soberanistas, los que celebran y los que deploran las 35 horas, los que quieren limitar la inmigración clandestina y los que quieren regularizaciones masivas, etc. A todos los cuales se suman en esta segunda vuelta unos centristas hasta ahora anatemizados como “consustancialmente de derechas”. Para pescar todos esos peces, Ségolène dice una cosa y la contraria. Trascendiendo las diferencias, más allá de las oposiciones y los conflictos, pone a todo el mundo de acuerdo… sobre nada.

    A base de no querer ofender a nadie, el “círculo virtuoso” de las uniones sagradas nos condena a dar vueltas en redondo. ¿Cuándo subiremos al tren de los países europeos que han enderezado sus economías -Dinamarca, Inglaterra, Irlanda, España…-? Hasta nuestro socio alemán, afrontando con más decisión unas dificultades que son también las nuestras, ha podido integrar a 17 millones de ciudadanos pobres de la antigua RDA (los “ossis”) a partir de la caída del Muro, mientras que Francia expulsaba del mercado de trabajo a millones de jóvenes y no tan jóvenes. Ha llegado el tiempo de las reformas. Habría, no obstante, que proponerlas antes de ir a votar para que las urnas les concediesen una legitimidad democrática incuestionable.

    Queda la objeción suprema: el noqueador de Le Pen es “racista”, como demuestra su intención de crear un ministerio infernal. En mi opinión, los verdaderos lepenistas son esos beatos de izquierda y de centro que, sin dudar, presuponen que la única relación posible entre identidad nacional e inmigración ha de ser la de exclusión. ¿Por qué entender necesariamente que un ministerio de inmigración e identidad nacional tiene que ser un ministerio de la identidad contra la inmigración? ¿Qué les da derecho a tan malintencionada interpretación? A Sarkozy de nada le sirve repetir que la identidad francesa no es étnica, que la nación se ha enriquecido sin cesar con las sucesivas oleadas de inmigrantes -de las que su familia formó parte-, que frente a Vichy, la resistencia al nazismo debe mucho a los republicanos españoles, a los armenios, a los judíos… Es inútil. Un canalla inmundo acaba de saltarse la línea continua.

    A lo mejor Olivier Besancennot, François Bayrou y Ségolène Royal necesitaban que viniese el lobo feroz para abrazarse en una paupérrima comunión espiritual. El 6 de mayo, en la cabina electoral, cada ciudadano escogerá entre dos papeletas, una para Royal, otra para Sarkozy. Y no entre un sí o un no dirigidos a un fantasma. Esgrimir la fórmula mágica “Todo Salvo Sarkozy” para abrirle las puertas del Elíseo a Ségolène, diga lo que diga hoy y haga o no haga mañana, es lo más parecido a una estafa. Sería como enterrar el magnífico despertar de la primera vuelta, como reiterar el cártel del no que cortó en seco el impulso europeo y perpetuar tres décadas de estancamiento y debilitamiento francés. Y no tenemos cinco años que perder.

  34. Copypaste « Los archivos de Justo Serna

    […] -Ex jóvenes. Ahora que acaba mayo y que André Glusckmann ha vuelto con su hijo para rehabilitar en parte el viejo 68 (Mai 68 expliqué à Nicolas Sarkozy), convendrá recuperar también lo que en este blog decíamos hace justamente trece meses. ¿Sarkozy? ¿Glucksmann? Lean, lean… […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s