¿Sin Dios, nada?

albertcamus0¿Qué hacemos (con) los periodistas? “El periodista es, de entrada, un hombre  a quien se atribuyen ideas; luego, alguien encargado de informar al público sobre los acontecimientos de la víspera. Un historiador de la realidad diaria cuya primera preocupación es la verdad”, dice Albert Camus en frases mil veces repetidas.

“Pero no hay nada más difícil”, apostilla Jean Daniel, “pues los historiadores tienen la ventaja de la perspectiva, de la que carece el periodista: además, si quiere ser objetivo, se le imponen, más que a cualquier otro, ciertas exigencias penosas, pues carecen de brillantez: la prudencia, el relativismo, la sangre fría”, concluye resignadamente Daniel en su libro Camus. A contracorriente (2008).

No, no estoy de acuerdo con Daniel: opone las gravosas exigencias del periodista a las comodidades del historiador. Mientras el reportero se las tendría que ver con hechos inmediatos, con un presente convulso que no acaba de pasar, el investigador podría demorar su respuesta gracias al tiempo transcurrido: miraría de lejos. ¿Pero cuándo creemos tener  perspectiva? ¿Cuándo creemos disponer de suficiente tiempo para analizar los hechos con prudencia, con relativismo, con sangre fría?

Miren esa fotografía de Albert Camus. Es una de las imágenes más famosas que de él se han difundido. Milagrosamente no está fumando, pero –como siempre– le vemos sus manos inquietas. Las tiene abiertas, con el gesto característico de quien argumenta, de quien se expresa, de quien razona para preguntarse o persuadir. La mirada revela que hay un tercero, alguien a quien se dirige con firmeza, con convicción. No son los ojos de un fanático, sino los de un tipo inquisitivo, torrencial. Está sentado, espera –pues lleva el abrigo puesto–, pero no aparece relajado, sino en guardia, en combate: esa palabra que tanto empleó para oponerse al espíritu del tiempo, de su tiempo. Está dispuesto a saltar en cualquier momento para enfrentarse al sentido común y a la pereza.

albertcamusjeandanielAhora, casi cincuenta años después de la muerte de Camus, Jean Daniel cree disponer ya de suficiente perspectiva para analizar sus actitudes y sus posiciones, las de su viejo amigo. ¿Cómo obra? ¿Cómo periodista, como historiador, como biógrafo? En realidad, lo que Jean Daniel hace es una autobiografía, el examen del periodista que aún es tras 88 años de vida activa. Dirige Le Nouvel Observateur. Toma a Camus como el espejo que le devuelve la imagen del reportero irreprochable que Daniel aún quiere ser. Por eso nos recuerda las obligaciones del periodismo, obligaciones que copia de Camus:

“1. Reconocer el totalitarismo y denunciarlo.

2. No mentir, y saber confesar lo que se ignora.

3. Negarse a dominar.

4. Negarse siempre y eludiendo cualquier pretexto a toda clase de despotismo, incluso provisional”.

Esta lección, ¿es fruto de la perspectiva, de esa distancia que el historiador ya tiene? No. El historiador puede no reconocer el totalitarismo y, por tanto, puede no denunciarlo; puede mentir y, por tanto, puede ocultar lo que ignora; puede contribuir a la dominación; puede facilitar el despotismo. Los periodistas pueden ser igualmente desastrosos: en busca de una exclusiva han cometido errores, cierto, pero sobre todo han llegado a falsear una información. Asimismo, los historiadores  no han sido menos calamitosos: en busca de una verdad urgente han dejado de consultar documentos, cierto, pero sobre todo han llegado a manipular su sentido.

La deontología del periodista y la del historiador se asemejan: han de obrar con lucidez instantánea buscando siempre precaria pero honestamente el significado de las cosas. Hemos de estar dispuestos a enfrentarnos a la corrupción del tiempo, al espíritu del tiempo. ¿Diciendo siempre la verdad? No, no. Camus no esperaba tanto de nosotros. En realidad, los periodistas o los historiadores deberíamos ser menos pretenciosos: no somos caballeros de la verdad, sino oficiantes de la pequeña exactitud. Aspiramos al rigor humano.  Hemos de proponernos algo modesto: no mentir, no confundir conscientemente, no justificar. Documentarnos. Pero también hemos de evitar la ufanía de quien llega al lugar de los hechos sabiéndolo todo: esa arrogancia tan frecuente del periodista informado o del historiador que se cree dueño del tiempo; esa jactancia de quien ha vivido más tarde, sintiéndose capaz de juzgar los errores y los empecinamientos de sus contemporaneos o de sus antepasados.

nietzschemunch¿Y qué hacemos con Dios?

Hablando de Dios, Camus se toma en serio la advertencia de Nietzsche y la conclusión de Dostoievski. ¿Si Dios ha muerto, todo está permitido? Evidentemente, no –se responde Camus.

Hay un empeño por ser… humano, tratando de averiguar en qué consiste esa condición ahora y aquí. Hay un esfuerzo por vivir el presente sin fantasías reparadoras, sin esperanzas ni compensaciones. Hay un propósito, el de no refugiarse en un pasado consolador. ¿Qué queda? ¿El nihilismo de un presente inacabable?

Es posible apechugar con la existencia viviéndola dignamente, asumiendo  la contingencia y la finitud. El historiador y el periodista han de luchar contra la mentira, contra esas fantasías reparadoras. ¿Y por qué ellos en particular? Porque manejan la información del presente y del pasado, porque convierten el puro dato de la existencia en sentido concreto y exhumación de contexto. Las circunstancias de un hecho dan significado: nadie como ellos — los periodistas o los historiadores– puede hacer más daño. Si se proponen mixtificar con contextos aberrantes o con religiones secularizadas, los periodistas y los historiadores no tienen igual. ¿Frente a ello, qué cabe? Como antes señalaba, la meta no es decir siempre la verdad, la arrogancia absoluta de decirla: aquello de lo que no siempre podemos estar seguros. El objetivo es más modesto: es tantear lo que creemos que es cierto, proponernos no mentir expresa, deliberadamente. En fin, la meta definitiva que nos dignifica después de la muerte de Dios es no agravar el estado del mundo.

No es poca cosa. Lean el libro de Jean Daniel sobre Camus, ese Camus a contracorriente: ese escritor contrario al espíritu del tiempo. Tiempo tendremos, precisamente, para regresar sobre él. En unos meses se cumplen cincuenta años de su muerte. Todo parece cumplir el medio siglo, salvo Dios, que lleva una eternidad de varios milenios por completar y otros tantos por vivir. Eso dicen. Camus lo da por muerto, se piensa solo y corajudo, y así vive. Aún hoy.

Avance de próximos actos.

Exposición:

trenor01

Trenor. La Exposición de una familia burguesa

56 comments

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  1. Juan Planas

    Hay cosas -¿cosas?- que no existen y, sin embargo, su espectro, su sombra y su influencia nos asaltan a cada instante. La verdad y Dios, nada menos, son puntos de referencia, señales en el mapa, estigmas, cicatrices que nos adornan.

    La experiencia religiosa está en el origen del hecho poético -pero no en su desenlace.

    Copio y pego de Los Pliegues Ocultos. (Disculpen la autocita. O no.)

    [ El silencio del cielo me aterra. Igual que el dibujo caligráfico de algunas palabras con las que intento imitarlo — dibujar sus nubes, sin éxito ]

    Siento miedo, igual que frío, calor o lujuria. Siento la enfermedad apurándose en agotar las múltiples escenificaciones de la asfixia. Es una exhibición tan cruel como irrelevante.

    Siento la verdad como un tren que se aleja y el pánico como su único pasajero.

    [ Te lo dije poco después de abrazarte y poco antes de partir de viaje. La miseria es un mal destino ]

  2. Pumby de Villarabitos

    Sin embargo, hay un aspecto, Serna, que se ha quedado en el tintero (o el microtintero, que esto creo que es una cuestión de microhistoria, o de sociología de la vida común), por ser castizo: los garbanzos.

    Sin poner en duda la propuesta de Camus y coincidiendo contigo en las ideas deontológicas ideales – ideales – que enmarcan la profesión del periodista y aún en tu apuesta por no hacer diferir radicalmente los papeles del periodista y del historiador, quisiera aportar otro elemento de análisis que no por cotidiano considero menor pues, a la postre, determina los resultados de los trabajos de unos y otros: el vínculo laboral con el que ambos viven su día a día.

    Advierto ya que si me vais – tu u otros – a sacar las excepciones, os avanzo que, en ello, en las excepciones, tenéis razón. Admitidme que hablo sólo del historiador y del periodista que no pasan por el estrellato social, del que vive su jornada laboral como funcionario de la enseñanza, en el primer caso, y del que depende de una nómina de empresa privada en el segundo. En ambos casos ¿pueden mantenerse esas sólidas basas deontológicas? Me temo que no si a los periodistas nos referimos.

    Mientras el funcionario de la enseñanza (escuela, universidad, instituto…) tiene como patrón un ente lejano, anónimo, amoral y despreocupado de todo aquello cuanto no le afecta a la inmediatez de su gobierno, el Estado, y en todo caso, a una de malas, sabe que, diga lo que diga – o contra quien lo diga – su suelo está asegurado, el periodista, por el contrario, sólo tiene para desarrollar su trabajo la limitadísima, concentradísima y duramente ideologizada oferta de medios de comunicación privados.

    Y tienes al jefe de redacción impregnando de aliento la nuca para que tu artículo o noticia no se desvie un ápice de la línea ideológica del medio; y tienes al político o empresario de turno recordándote lo importante que es para tu periódico, emisora, agencia, cadena… la publicidad que su institución o empresa paga en tu medio; y tienes al editor recordándote lo importante que es atender a tal o cual aspecto y cómo hay que soslayar este o el otro porque “de periodistas, vamos sobraos”. Y como tienes que casarte y te apetece tener hijos y hacer viajecitos, aunque sean cortos, y has de pagar las letras de tantas cosas… y no eres un héroe alfabético… transiges. Prefieres la “nota de prensa” que te da redactada el interesado, automutilas tus percepciones en aras a no perder el puesto de trabajo, limitas la investigación para no agraviar, no buscas fuentes alternativas para que nadie te recrimine nada. Y así, el periodismo se adormece en el ensueño de un prestigio pasado ganado por otros que los “despiertos” de hoy sólo instrumentalizan para dignificar su presente apesebrado.

    Los viejos periodistas salidos de la calle, criados en la redacción de un periódico, con la apresurada y torrencial formación surgida del patear la vía pública, de hablar con la gente, de desafiar al poder desde la pluma y la linotipia, esos a los que se refiere Camus, ya no existen. Existen las excepciones deslumbrantes, ya dije, pero esas no conforman una profesión, no son lo que el ciudadano recibe cotidianamente, lo que crea un caldo de opinión, un ambiente enrarecido o no sobre algún tema concreto.

    En esa presión laboral, coincidiréis conmigo, los papeles del periodista y del historiador, difieren notablemente y ofrecen como resultado unos productos intelectuales muy diferentes. Debería tenerse en cuenta, me parece.

  3. Jack

    A ver lo que dice de Dios. Cuando no sabe lo que dice habla de Dios. Es de pena. Y encima le apoya un gato!!

  4. jserna

    Vamos a ver. Les pido moderación en las acerbas críticas que se dirigen. Vamos, que no hagan uso del ultraje personal. Comparto lo que dice Pavlova, pero sólo una cosa: tiempo atrás, alguien que firmaba con varios nicks también repartía mandobles muy acerados. Y además profesaba de literato. Creo que yo era el único que se escandalizaba con sus estupideces. De todos los comentarios insultantes los únicos que he censurado son los de un tipo llamado Cazón en Adobo.

    A ver si nos centramos…

  5. Marisa Bou

    Creo que en esta tarea de centrarse con el tema de las descalificaciones es muy fácil: igual que ignoramos las intromisiones absurdas de los “trolls”, deberíamos ignorar todo aquello que excede la crítica para convertirse en insulto personal. Venga de quien venga. Supongo que si así obráramos, el ofensor se daría por aludido y “cambiaría el chip”.

    Lo que no me parece de recibo es que, en un foro en el que TODOS somos adultos (en mayor o menor proporción), tenga Justo que actuar de profe de los años del franquismo, con la regla en la mano todo el rato, para repartir mandobles a unos y otros. Por favor, señores, que el hecho de que nos guste divertirnos de tanto en tanto, no significa que no seamos serios.

    En cuanto al tema que nos ocupa, veo -como nuestro gato- importantes diferencias entre historiador y periodista, independientemente de que haya historiadores que se limitan a escribir artículos sobre momentos de la historia, igual que periodistas que
    hacen un estudio exaustivo del tema sobre el que quieren opinar. Unos pueden resultar demasiado ligeros, mientras que los otros pueden llegar a ser un poco plúmbeos.

    Desde luego, a mí sí me vale el ideal de Camus para el periodismo. Lo que no sé, es si en la Escuela se expone o no. Porque conozco a unos cuantos que nunca han oído hablar de esa deontología periodística (ni de ninguna otra).

  6. Marisa Bou

    ¡Por las barbas del profeta! Me parece que no he sido muy “exhaustiva” a la hora de corregir mi texto. Más bien diría que no lo he hecho.

  7. jplanas

    Puse, alguna que otra vez, la mano bajo la regla en mis estudios colegiales. Los que aguantábamos impasibles (aparentemente, claro) nos librábamos muy pronto del castigo. Sin embargo, con los que mostraban miedo, dolor o, siquiera, flaqueza el maestro no tenía piedad. Se ve que el sadismo le ponía:-)

    Sólo quiere ser un anécdota de la condición humana. De aquella, por supuesto.

  8. Alejandro Lillo

    De Ana Serrano ya dije en otra ocasión lo que tenía que decir y lo ratifico ahora :-)

    Comparto la opinión de Pumby con respecto a las diferencias en términos generales entre el oficio de periodista y de historiador. De todas formas, esas lecciones de Camus, son un poco tramposas. Digo tramposas en el sentido de que son válidas para la humanidad en general, y no sólo para el periodismo. Por lo demás me reservo. A la espera quedo de la aparición estelar de Dios (e inevitablemente de Jack) en todo esto.

  9. santi

    Saludos, Justo, y también a los comentaristas, pues es la primera vez que comento aquí. El periodismo según Camus hay que entenderlo de acuerdo con la época que le tocó vivir y con su biografía personal; a mí me gusta esa filosofía, pero Pumby ha explicado las dificultades de su puesta en práctica. Habrá que ver lo que da de sí internet.
    Y sobre los métodos de historiador y periodista, si el primero tiene a su favor la perspectiva, el segundo debería tener la experiencia. saludos de nuevo a todos.

  10. Pumby de Villa Rabitos

    Hola, Santi, bienvenido. En efecto, lo que apuntas sobre Internet sí puede ser esa alternativa que hacía falta. Es otra pieza – y muy importante – para la reflexión que nos propone Serna. El periodismo vía Internet es una forma de recuperar la posibilidad de expresar libremente la percepción de las situaciones e informar de las noticias sin más límite que la sensatez.

    Claro que, entonces, se ponen en marcha otros mecanismos de incierto desarrollo (incierto por su novedad). Dado el sentido democratizador de la Red, abierta, al alcance de cualquiera, cualquiera puede ser… ¿informador? ¿periodista? ¿gacetillero? ¿cotilla? ¿creador de opinión? ¿malandrín interesado?… ¿Deberemos inventar un nuevo nombre para esos cimarrones y/o corsarios de la información?… ¿un nuevo código deontológico adaptado al nuevo formato informativo?… porque… ¿es valido Camus en un mundo donde valores y conceptos se han pervertido sin que nuevos hayan venido a corregirlos? Por ejemplo, a alguna reacción contra la dominación se la tilda de “terrorismo” y a cualquier sistema donde se celebren elecciones, con mayor o menor torpeza, se le llama “democracia”? Verbi gratia: ¿es Marruecos una democracia y terrorista el Frente Polisario? ¿qué papel adopta, en este caso, el periodista con los principios camusianos del novecientos?…

    En fin, Santi, lo dicho, estupendo, me has puesto la cafetera a bullir, gracias. Serna, sólo con esta aportación y la duda razonable, la “trampa”, de la que habla Alejandro y con la que coincido en el sentido que creo que él aporta, ¿tu crees que aun queda sitio para dios en este post?

  11. Ana Serrano

    Señor Lillo: no sé qué decirle salvo que me abruma (y que Pavlova está celosa y ahoga su pena dándole al carajillo -No sé qué hacer con ella-).

    Fría, serena y mesurada, como soy yo (ejem, ejem), doy la razón al Señor de Villa Rabitos, pero es que… es que Camus es mi debilidad y acato lo que dice como si me fuera la vida en ello, por eso, más vale que me calle para no estropear la fama que me precede. ¿Hay posibilidad de hacer eso que ahora llaman cursiva y que mi maestro llamaba Bastardilla? así querría haber escrito “fama”.

    Camus en esa foto seguro que había dejado el pitillo a su lado en un cenicero y tiene las manos abiertas como los hombres de bien (una mano que se cierra en un puño no puede ser estrechada). Claro que no tiene ojos de fanático, los tiene de inteligente, de talento extraordinario. Camus. Yo quiero más camuses.

    Jack. ¿Ha leído el de Daudet? “Con ka”, específicaba la madre, como un timbre de nobleza del hijo que no tenía padre, al inscribirlo en el colegio, al comenzar la terrible novela. Un timbre similar a los de nobleza, dicen ustedes que es la fé ¿no?, creo que lo llaman don divino y eso, querido, o se tiene o no se tiene (hablo de la fé del carbonero, que la otra me parece de todo punto imposible en un ser pensante). Porque la creencia en Dios es cuestión de fé ¿no? Verá, Jack, por lo que tengo visto, aquí estamos llenos de dones y de gracias, pero la fé no nos distingue. No se esfuerce, no nos ha sido dado ese divino don que usted posee.

    Además, que yo recuerde, la fé es una de las virtudes teologales y mire, eso sí que no, aquí de virtuosos, na de na :-)

  12. Marisa Bou

    Doña Ana, no se esfuerce. Sólo habría que decirle a este “señor” con “k” (¿k de qué?) que se equivoca de foro. Que entre en el de las hijas de María, o en el del Opus Dei, que aquí no se le ha perdido nada.

    Y dígale a Pavlova que se tome un carajillo a mi salud, que a mí me lo tienen prohibido. No se preocupe por ella, Ana: creo que sab cuidarse muy bien.

    A Santi: bienvenido. Además, si Pumby le da la bienvenida, está garantizado que nos llevaremos bien.;-)

  13. bertor2005

    Decir que camus era uno de los mas fervientes e ilustres personajes y como alguno por ahi ha querido transmitir que lo que el dice va a misa, ( no con estas palabras) me parece mas de gente que no es capaz de entender las realidades por si mismo, que de otra cosa. Que era un hombre culto “si” pero nadie deberia de hacer de las ideas de otro las suyas, por que no deja de ser fanatismo y es mas facil sumarte a la corriente que defender la tuya. Dios existe, en cada duda en cada pregunta sin respuesta, si quies sentir a dios por ti mismo preguntate quien podria responder a una pregunta tan simple como esta ; ¿que carajo somos? llamelo como quiera o preguntaselo al sr.Camus y luego cuentemelo porfavor

  14. Juan Antonio Millón

    Aunque imagino que muchos de ustedes la conocerán, quisiera destacar la entrevista que el pasado 18 de Enero realizó El País a Jean Daniel. En ella dice el entrevistado:

    “La historia: los pueblos la sufren, los dictadores (o los poderosos) la hacen, y los periodistas la contemplan para describirla. Los periodistas están entre el poder y la historia. Y han de saber cómo funciona el poder, con la condición de que la fascinación no caiga en la complacencia, la indulgencia y la corrupción… Con esas condiciones es muy interesante ver cómo funciona un hombre que detenta todos los poderes. En este momento hay que desconfiar de todo, hasta del más mínimo detalle.”

    Líneas más adelante Daniel hace una aseveración que sirve de títular a la entrevista:

    “La capacidad de hacer el mal que tiene el periodista es devastadora. En un día o en una hora se puede deshacer una reputación, se puede transformar a alguien que tiene fama de ser honesto en un terrible malhechor. Es un poder terrible.”

    Camus fue un gran indagador y conocedor del alma humana. Creo, Pumby, que Camus era consciente de los riesgos y límites del periodismo y de los poderes que lo acechan. Esa escueta tabla de mandamientos, no era más que el prurito de un combate siempre alerta, exigente en todo momento. El periodista, parafraseando el título de uno de los libros de Camus, es un ser que deambula entre el exilio y el reino.
    Por cierto, les encarezco la relectura de ese estupendo y sorprendente libro, repleto de extrañeza y estupor: El exilio y el reino.

  15. Juan Antonio Millón

    Olvidé anotar dos cosas: Mi bienvenida al nuevo contertulio, Santi; y mi felicitación al señor Serna por ese anuncio de la interesantísima exposición que depara ser una feliz cita con la rigurosidad y amenidad del saber histórico, que tan bien manejan usted y Anaclet Pons.

  16. Ana Serrano

    “La capacidad de hacer el mal que tiene el periodista es devastadora. En un día o en una hora se puede deshacer una reputación, se puede transformar a alguien que tiene fama de ser honesto en un terrible malhechor. Es un poder terrible.”

    Si cambiamos periodista por hombre, la frase es exactamente igual de veraz. El periodista puede destrozar una vida de modo más visible; al hombre común le costará más, pero todo es ponerse y hay muchísimos seres dispuestos a ello. El periodista, o la persona que tiene un mayor campo de expresión, sólo hace más visible la condición humana, me parece.

  17. jserna

    Vaya, perdonen mi silencio. El maldito trabajo, que se apoderó de mí.

    Bienvenidos los nuevos lectores y comentaristas. Un honor.

    Después escribo.

  18. Pumby de Villarabitos

    Ya sabéis que mi atolondrada juventud fue moderada por el Profesor Chivete (¡imaginaos cómo estaba antes!). Él me descubrió la Ciencia, el Empirismo y la Razón (la Santísima Trinidad de Sapientia) Es por eso que me voy a dar el gusto de obviar las aportaciones de algunos participantes de este post. No voy a tratar de hacer razonar a quien argumenta con la fe ni voy a admitir argumentos sustentados en creencias mágicas. Tratara de conjugar razón y fe es un oxímoron por más que el pobre Tomás de Aquino se empeñara en demostrar lo contrario. Así que lidiar a estas alturas con creyentes fanáticos (fanático = “que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas”, DRAE dixit), la verdad, no me seduce; más bien, me aburre soberanamente. Y más cuando la fe es la católica romana (fe = “en la religión católica, primera de las tres virtudes teologales, asentimiento a la revelación de Dios, propuesta por la Iglesia”, sic, DRAE dixit).

    Hecha esta aclaración, debo expresar mi desconcierto cuando se expresa un enunciado tan discutible como el que vincula a Nietzsche y Camus: “¿Si Dios ha muerto, todo está permitido?” Pero, vamos a ver, vamos a ver, rebobinemos. El dios judeocristiano sólo tiene consistencia e influencia en la vida de Occidente desde el siglo IV y se convierte en un dios universal a partir de los procesos colonizadores del siglo XV (y estoy siendo muy generoso con las fechas). La humanidad pudo vivir tan ricamente sin ese constructo deformado del Yahvé antes de su lanzamiento “urbi et orbi”; vivió aguantando carros y carretas mientras esa creencia creció y aculturó y seguirá viviendo con todas sus miserias y grandezas cuando sólo queden judíos y/o musulmanes para explicar quién fue Yahavé y qué fue la secta cristiana.

    En fin, que moral, ética, conciencia, dignidad humana… son valores universales, pluriculturales y anteriores a la irrupción del dios judeocristiano (un Yahavé contrahecho por Mitra, Plotino, Saulo de Tarso, las religiones mistéricas griegas y el culto a las estrellas y al faraón egipcio… ¡menudo mezcladillo!… así salió…). Anterior a sus cuentecillos castrantes de inteligencia (la resurrección, la vida eterna, el perdón de los pecados…), a sus artilugios atemorizadores (el pecado, el infierno, la condenación eterna…) y a su sistema inhumano de renuncia, represión y permanente frustración humana (la mejor forma de someter a una persona o una sociedad libre, autónoma y consciente de su entidad).

    Vale que en el XIX la propuesta nietzschiana fuera rompedora, desgarradora y hasta ofensiva para la mayor parte de la sociedad occidental. Pero, reconozcamos que en el XX es difícil darle el mismo impacto a las posturas existencialistas de Camus. Oh sí, claro que hubo asombros damascenos y reacciones furibundas pero ya no era el “tutti pleni” de la sociedad occidental; reaccionaron con ira, sólo, los creyentes recalcitrantes. ¿Qué nos planteamos ahora en el XXI? ¿vamos a darle pábulo a tridentinos, nacionalcatólicos y demás grey que no alcanza ni los niveles de razón y fe que podía tener un católico romano fideista del XVIII introduciéndolos en la cuestión que nos ocupa?

    En fin, que no mezclemos churras con merinas. Reflexionar sobre la labor de historiadores y periodistas, sobre el papel de la integridad humana a la hora de ser observadores y descriptores críticos de la realidad que tenemos (o tienen, los aludidos) ante los/sus ojos, no pasa ni si quiera por hacer un guiño a los atavismos irracionales de los monoteístas. Como decía Nietzsche, “la fe no mueve montañas, las coloca donde antes no había” (perdón a los puristas pero cito de memoria)

  19. santi

    Gracias por las palabras de bienvenida.
    Pumby: hasta ahora eran los editores (la empresa) quienes elegían a los que escriben en los medios -y en los libros-; las posibilidades que ofrece internet (todavía a unos pocos) permiten a los lectores (también unos pocos) elegir escritos que no están sujetos a ese condicionante: cada uno elige lo que quiere leer. Además de ésto, pienso que es necesario un periodismo profesional, pero el modelo está por definir -el que tú cuentas, que existe, es un fracaso-, por eso decía que a ver qué da de sí internet.
    Sobre el asunto de Dios y el sentido de la vida, no me conformo con no agravar el estado del mundo como dice Justo, sino que procuro mejorarlo, con mis limitaciones, claro. Y no porque espere una salvación eterna (que es lo que esperan los que creen que Dios existe, lo que viene a ser como el placebo que dan a los hipocondríacos), sino por un sentido cívico, de respeto por la convivencia. saludos.

  20. jserna

    Bienvenido, Santi. Aunque ya he visto que el minino le ha dado la bienvenida. Es como el guardián del templo. Traté de expulsarlo para que nos dejara en paz, pero ya ve cómo se las gasta el gatito. Ahora, por ejemplo, me reprocha haber mezclado a Nietzsche con Camus. No, no, gatito erudito: es Camus quien lee a Nietzsche y a Dostoievski para plantearse qué hacer tras el fallecimiento y desfallecimiento de Dios. Aunque, bien mirado, Dios es eterno, ¿eh, Jack? En cambio, los historiadores y los periodistas son humanos, demasiado humanos: por cierto, dos especies –si me permiten decirlo así– que Nietzsche detestaba particularmente. Pero lo dejo estar, que me pierdo…

  21. Marisa Bou

    Amigo Santi: la primera vez que participé en este foro, después de leerlo mucho tiempo sin atreverme a decir nada, lo hice declarando mi condición de apóstata. Nunca olvidaré que, la primera respuesta que me llegó, decía textualmente: “bienvenida al mundo de la razón”.

    Efectivamente, dejando a un lado los altercados que -de tarde en tarde, por fortuna- se producen, este es un mundo donde la razón se impone. Y el civismo, que también usted cultiva. Así que, de nuevo, bienvenido sea.

  22. Pumby de Villa Rabitos

    Santi, cuando hablas de periodismo fracasado ¿te refieres al que dio a luz a García Márquez o a toda la prensa española anterior a la Facultad de Ciencias (¡ciencias!) de la Información? No es que vaya a vindicar ahora la desprofesionalización de ninguna actividad laboral pero, me temo, que en España, una vez cercenada la Escuela de Periodismo, lo que siguió a continuación ha tenido un éxito basado en la cantidad (entre tanto licenciado, alguno ha de salir bueno, por pura estadística) y, por ahí, a mi se me despierta el escepticismo. Si ese escepticismo lo unes a la progresiva concentración editorial – empresarial – bueno, pues queda lo que queda del periodismo actual… un cierto regusto al Diálogo Duodécimo del “Dialogo en el Infierno…” de Joly, sobre todo cuando lees que su primer apartado se intitula: ‘Cómo el gobierno de Maquiavelo aniquilará la prensa haciéndose periodista’. Y, el tipo, encima, lo publica en 1864.

    Urge pues lo que tu dices, Santi, redes diferentes de difusión de las noticias con nuevos periodistas porque, de lo contrario, el elemento del vinculo salarial entre el profesional y el patrón seguirá pensando como una vaca en brazos a quien quiera mostrarse independiente, especialmente, de su propia empresa. No me preocupa lo primero, al revés, lo aplaudo y lo aliento en la línea que auguras; sí lo segundo, antesala del Ministerio orwelliano de la Verdad, lo cual en una sociedad bañada de Pensamiento Único, como la nuestra, no parece tan inverosímil como en 1948, cuando se escribió “1984”

    ¡Vale, Serna! lo escribí mal… maldita sea… tendré que volver a las clases particulares del Profesor Chivete para leer y expresarme sin tanta precipitación (ves Marisa, como a mi también me pasa)

    Ah… y nada sindiós

  23. Alejandro Lillo

    Honestidad y criterio. Esos son dos de los rasgos que considero imprescindibles para lograr ser un buen periodista (habrá más, sin duda, y éstos seguramente también se pueden aplicar a otros oficios y/o personas).

    Honestidad en el sentido de no sesgar la información. Véanse los noticieros de Tele 5. Fíjense, son todo sucesos, cada uno peor que el anterior. Allí lo que hacen es deformar la realidad con una intención manipuladora, tergiversadora y deshonesta.

    Criterio en el sentido de que el periodista debe ser capaz de discernir entre la voránige informativa y selecionar aquellas noticias que le parecen significativas. Pero criterio también para seguir esas noticias en el tiempo, enfrentándose precisamente a la celeridad que caracteriza nuestra época. Parece que las noticias lo son por su novedad. Sin embargo noticia originalmente hace alusión a algo que se conoce bien (“noscere”).

    No sólo, pues, debe haber un criterio de selección, sino también la voluntad y la capacidad de seguirlo en el tiempo con honestidad. Esa es la diferencia entre enumeración e información (o al menos una de ellas).

    Por cierto Santi, sea usted bienvenido. Espero que nos visite a menudo.

  24. Marisa Bou

    Alejandro, ¿hablas de manipulación? Pues entra en youtube y verás lo que es manipular y desinformar:

    No sé como hacer el link, pero puedes hacer un copia y pega.

  25. Isabel Zarzuela

    Qué barbaridad, Doña Marisa. Y para más inri, conforme avanza la noticia, mi nivel de mala leche va in crescedendo. ¡Arrgg!

  26. Marisa Bou

    ¡Qué curioso, Isabel! Yo lo había leído bien. Ha debido ser un automatismo… Juas, juas.

  27. Alejandro Lillo

    No creo que al señor Serna le duela eso, Jack.

    Quien sí debe estar fastidiaete es nuestro omnipotente personaje. Con la eternidad por delante (y por detrás) debe tener un reuma de aúpa. Lo imagino allí arriba, delgadito, y algo escuchimizado… y sus huesos, vamos, vamos, vamos, no quiero ni pensar en sus huesos.

  28. David P.Montesinos

    La cosa se anima: fastidiando a Serna con la existencia de Dios -como sea verdad muchos nos vamos a asar a fuego lento en el infierno-… Pero reconozco que sí me he reído con lo de “y encima le apoya un gato”. Expulse al gato Serna…

  29. Marisa Bou

    Qué quiere que le diga, David. Yo estoy por el gato. Los mininos son mucho más sociables que los creyentes. Y mucho más humanos. Incluso el nuestro.

  30. Arnau Gomez

    D. Justo .¡Si expulsa al gatito de mi infancia feliz, se las verá conmigo!.¿No le parece suficiente que hayamos perdido a Kant y Miguel Veyrat?.
    Por cierto D. Santi,¡bienvenido!.

  31. santi

    Gracias, Justo. Un blog sin gato es como un filete sin sal o sin ajo (recomendable sustituto para la tensión arterial alta).
    Pumby: Una de las mejores definiciones que he leído del fracaso del actual modelo de periodismo la has contado en tu comentario anterior: “Y tienes al jefe de redacción impregnando de aliento la nuca (…) instrumentalizan para dignificar su presente apesebrado”. A eso me refiero. Le meto la tijera para no repetir. saludos y gracias de nuevo por la bienvenida.

  32. Pumby de Villarabitos

    David… tu te has pasado con la especia… esos ojitos tan azules… En Arrakis, cuando sólo eras un freman de chicha y nabo, no me decías lo mismo, picarón… ¡ay, pero me encanta cuando te pones “brutote”!

    Para los demás, a los que le gustan los gatos, gracias por su interés por este de Villa Rabitos. Y descuiden, Don Gato, Silvestre, Félix, Links, Con Botas… el listado de felinos que inspiran mi impertinencia es demasiado largo como para que me achique por una nimiedad, una pequeña broma de David a la que no le atribuyo ninguna mala intención ¿verdad, David?

    Por cierto y hablando de cada cosa un poco, por ejemplo, ya que estamos en ello, de dios. Tal vez con celo de novicio, pero me encuentro exultante con la lectura del escritor católico Saint-Evremond. Como no es un peñazo (como lo es mi admirado Gracián… lo siento Baltasar, pero es así por más que te aprecie), le recomendaría su lectura a los creyentes católico romanos, aunque tampoco le iría mal su lectura a los reformados. Leedlo aunque sólo fuera por curiosidad intelectual y luego os propongo un juego. Planteaos (historia-ficción pura) el “what if…” (“qué hubiera pasado si…”) de una Europa en la que el Yahavé impostado de los cristianos del XVII – el trentista-calvinista, si me permitís la “boutade” – hubiese sido cincelado como el dios de Saint-Evremond y de la estirpe de filósofos de le “Grand Siècle” que, entre Montaigne y Spinoza, completaron una pléyade de pensadores que hubieran podido alumbrar “otro” Siglo de Las Luces, paradójicamente, por su procedencia fideista, menos lastrado de idealismo.

  33. Pumby de Villarabitos

    ¡Por mis bigotes! No es “Links” es “Jinks” el gato maestro al que cito, perdón, echenle la culpa al corrector automátco del Word.

  34. David P.Montesinos

    No sé por qué pero esto de Arrakis ya se lo había oído antes a algún contertulio ya tristemente desaparecido. Me ha entrado un cierto dejà vu de antiguas batallas… Nada, no hay piedad, expúlselo Serna, acuérdese de ese libro que le gusta tanto, “La gran matanza de gatos”, por cierto no lo encuentro en ningún lado… Lillo, usted que es humano y no felino, asístame en el trance bibliófilo. En cuanto a Marisa, su selvática gatofilia no habrá de salvar al sentenciado.No derrame más lágrimas por él.

  35. La ratita presumida

    Juas, juas, juas, ay… Sr. Montesinos, cómo me río con usted, juas, juas, juas.

  36. Alejandro Lillo

    ¿La glan matanza de gatlos? Intelesante, muy intelesante. Tomo nota señol Montesinos. Si le palece puedo pedil dos en la liblelía (uno pala mí y otlo pala usté). ¿Alguien más se apunta?

  37. Marisa Bou

    No sé nada sobre la matanza de gatos, Alejandlo. Me apunto a uno, por si acaso. La que tengo por ahí desde hace (??) años es una novelita de J. Kirkwood, que se llama: “Posdata: tu gato está muerto”. Me imagino que nada que ver.

    David, deje en paz al gato, que me voy a cabrear. No hace ninguna falta que lo relacione usted con nadie. Queremos que siga con nosotros (¿verdad Ana, Isabel, Alejandro, etc.?) así que no nos lo espante. Tenga en cuenta que, si anda por los tejados, podría asustarse y caer, y no sabemos cuantas de sus siete vidas lleva consumidas. Así que, chitón.

  38. jserna

    Bueno, vamos a ver. Mi broma con el minino es eso: una broma. Quien no bromea es otro interlocutor de este blog que, un poco harto, se va. No hay enigma: me lo dice en Facebook.

  39. Pumby de Villa Rabitos

    “En un carácter, es un defecto inmenso el que carezca de sentido del humor. Un carácter que está por completo privado de humor no puede suscitar respeto ni simpatía. La seriedad debe ser el ‘fondo’ de todos los caracteres de que merece hablarse. Pero una cierta infusión de filósofo jocoso, incluso en su forma menos popular; un estar abierto a esa visión de las cosas que, al mostrarlas por su lado cómico, hace que cualquier preocupación exagerada acerca de ellas parezca infantil y ridícula, es una ayuda prodigiosa para soportar los males de la vida, y pienso que ha salvado a más de una persona de volverse loca. También (el sentido del humor) es hasta necesario para que se dé un intelecto completo (…). Siempre parece haber algo de atrofia en el intelecto de aquellos que carecen de humor, por muy delicados y entusiastas que sean, y aunque sean personas altamente cultivadas, como suele ser el caso”.

    Lo extraje del “Diaro” de Jhon Stuart Mill. Lo escribió el 16 de enero de 1854.

    Serna bromeaba, bromeaba David, bromeaban Marisa, Ana, Isabel, Arnau, Santo, Alejandro… bromeaba yo. Broma, humor y un pequeño divertimento mientras reflexionábamos sobre la observación crítica de la realidad, el papel de los observadores profesionales y la dignidad humana que todo ello conlleva ¿quién puede, entonces, irritarse con un gato?… ¿o no era con el gato?… ¿consigo mismo?…

    Vuelvo a abrir el arcón de las citas. Esta es de Manuel Vázquez Montalbán, está en su artículo “Liturgia y militancia” que escribió en el extra número 4 de la revista “El Viejo Topo” (página 61) y nos retrotrae a esa microhistoria tan cara a este blog, a lo cotidiano, incluso lo anecdótico como indicativo de lo categórico. Dice: “He observado que los profesores norteamericanos se permiten hasta tres y cuatro humoradas en el transcurso de una conferencia sobre Tecnología y Comunicación, en cambio un profesor sueco sólo se permitiría una y un italiano o español ninguna porque van por la Ciencia y por la Historia con complejo de inferioridad”. Y resuena… “(…) porque van por la Ciencia y por la Historia con complejo de inferioridad”. Y su eco… “(…) con complejo de inferioridad”…

    Qué vida más triste la suya.

  40. David P.Montesinos

    Le tomo la palabra , don Lillo, y será la excusa perfecta para que visite, al fin, su librería. Téngame al corriente. Y sí, claro que bromeo… no pienso hacer nada para espantar a nadie, aquí cabemos todos, felinos y humanos, y un poco ya vamos conociéndonos.

  41. David P.Montesinos

    Qué vida tan triste, sí. Alguien dijo que no estaba dispuesto a tomarse en serio a nadie que no le hubiera hecho reír. Algún ejemplo. Unamuno recibió cierto premio literario de prestigio:

    -Gracias al jurado por este premio que sin duda me merezco…

    -“Hombre, don Manuel”, dijo el circunspecto oficiante algo contrariado por el arrebato de inmodestia, “…los premiados anteriores empezaron diciendo que no lo merecían”

    -“ya, pero es que tenían razón”.

    Y no hubo ni una sola carcajada, lo cual quiere decir que no solo hay humor entre los sabios hispánicos, tampoco entre quienes asisten a vitorearles.

    Otra, aunque con esta me salgo de varas. Dentro del clima de caza de brujas que se estila últimamente en las escuelas valencianas, se han convertido en habituales situaciones como las que les relato. En un instituto de Alicante ha sido expedientado un director por haber “consentido” que aparecieran carteles del Conseller de Educación puesto al revés. Esta es una tradición que en el País Valenciano tiene trayectoria larga, y estoy seguro que les suena a ustedes lo del cuadro del Borbón en Xàtiva, el poble “socarrat” por el ejército castellano. Luego se les llena la boca a los políticos con el panegírico sobre la acidez crítica de las Fallas y la mordacidad que los valencianos exhiben en “la nostra festa mes volguda”.

    Dejo de pedir la expulsión de Pumby para que Marisa no se me enfade y propongo que la cara del gato sea puesta del revés a partir de hoy.

  42. Marisa Bou

    Bueno, David, lo suyo con el gato ya es una manía persecutoria. Pero le advierto que es inútil que le ponga boca a bajo, porque como usted bien sabe, tienen una enorme facildad para darse la vuelta en el aire y caer sobre las patas. Y eso es lo que creo que hará nuestro amigo felino: caernos -sobre sus cuatro patas- con una de sus largas intervenciones, en la que tendrá algo para cada uno de nosotros.

    De todos modos, es el señor Serna quien tiene aquí la potestad de castigarle -o no- y poner su foto del revés, si así le place. Lo bueno del caso, es que como los demás no tenemos imagen que voltear, nos libramos del castigo. ;-)

  43. Ana Serrano

    “Quien no bromea es otro interlocutor de este blog que, un poco harto, se va. No hay enigma: me lo dice en Facebook.”

    Enigma total, Justo. Para poder leer los mensajes de Facebook hay que estar en el grupo de amigos del que los escribe o del que los recibe. Pero me parece que, al menos, el que se ha hartado sí es fácilmente adivinable.

    ¿Me he perdido algo? ¿Quién quiere echar a Pumby? ¿Hay que aclarar que nadie? Vamooooos. Creo que ya se lo he dicho: lo tengo encudernado en tela roja y con rótulo en oro. Son tres tomos. No se queje, lo tengo a usted encuadernado, qué le vamos a hacer.

    La tradición de poner símbolos boca abajo en señal de protesta también es de Madrid (supongo que será general). Conozco gente que trabaja en el Ayuntamiento y que lleva en la solapa un osito con su madroño dorado, que les dan al trabajar allí, del revés ¿Por qué será? :-)

  44. Alejandro Lillo

    Bueno, entonces encargo uno para Marisa y otro para David.

    Que un contertulio pueda sentirse harto es comprensible, y nada se le puede reprochar. Sin embargo, a mí me sabe mal, qué le vamos a hacer. Las pendencias individuales no deberían llegar a tales extremos en un lugar (supuestamente) de encuentro y debate. Aquí todas las voces cuentan y aportan experiencias, opiniones y puntos de vista que, personalmente, me resultan muy enriquecedores. Perder una de esas voces (y más aún porque a veces no he estado de acuerdo con ella) me fastidia. Pero parece una decisión firme y meditada. La próxima vez que me vea persiguiendo tijeretas me acordaré de usted. Mucha suerte, amigo.

  45. David P.Montesinos

    Pregunta al ciberespacio, que yo siempre ando algo despistado: ¿quien se va y por qué?

  46. jplanas

    La exquisita y elegante -un doble filo necesita, como mínimo, también dos adjetivos- disertación de Pumby tras el anuncio de mi abandono por parte de Serna me exime de cualquier otra aclaración. Gracias Lillo por tus palabras. Enhorabuena, Pumby.

  47. Marisa Bou

    David, decir “algo despistado”, en su caso -y en este caso- es quedarse muy corto. Señor Planas, yo también lamento perderle como interlocutor. Nos estamos quedando sin poetas… ¿Será que nos estamos volviendo prosaicos?

  48. Últimas noticias « Los archivos de Justo Serna

    […] optar por un tipo de humanidad. ¿Para qué vamos a hacer mal las cosas si podemos hacerlas bien? Los existencialistas, Camus entre otros, tuvieron el coraje de buscar una moral sin pretextos religi…. Supieron que de ellos iba a quedar lo que hicieran: no sólo su obra, su obra escrita, sino la […]

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