¿Quién es quién?

REINO UNIDO G20 CUMBRECulo di ferro. Hemos visto las reuniones del G-20 por televisión. No exactamente las reuniones, sino las exposiciones que se hacen ante las cámaras, la escenificación de los encuentros, la representación de las negociaciones. Negociar es algo que siempre he admirado: hay que saber estar, hay que saber llegar al límite para conseguir logros modestos que al final sean grandes ventajas.  O se presenten como tales.

Yo  no he estado en el G-20. Pero he de decirles que me encuentro en medio de una negociación decisiva: más dura incluso.  ¿Que exagero? Me explicaré. Seguro que me entenderán, pues todos ustedes deben de haber vivido situaciones semejantes.

En  un acuerdo, en una compraventa sin precio fijo, las palabras cumplen un papel decisivo. Pero más decisiva aún es la baza con que cuentas, aquello que el otro no está dispuesto a perder o aquello que tiene la esperanza de ganar. Es lo que cada uno sopesa, evaluando las palabras del contrincante, conjeturando sus jugadas próximas, las fintas con que amagará.

Imaginen, sin embargo, que ese interlocutor es un tipo coriáceo, poco impresionable, convencido de sí mismo y, por tanto, ignorante de lo que puede arruinar su empecinamiento. Si no lo hace por temeridad o inconsciencia, entonces es que eso no le resulta tan valioso. O es que sólo está intentando adicionar toda la ganancia: obtener una suma cero, convencido de que lo que él gane, tú lo perderás. Y quiere ganarlo todo.

En realidad, en el peor de los casos, no pierde gran cosa: nos quedamos como estábamos al principio de una negociación. Es como el comprador que no se aviene con el anticuario por no ceder en parte: nadie saca ventaja de la operación  y  tú regresas evidentemente irritado. Mientras transcurren esas negociaciones, la sensación que tienes es la de una frustración inocultable. Eso te hace más débil: juzgas una posición como cerril e inamovible y eso amenaza todo lo que has hecho hasta ahora. 

En la negociación hay dos partes o más que tratan, justamente por disponer de algo que interesa a ambos interlocutores. Las gentes debaten buscando acuerdos porque creen tener ases en la manga con que sorprender al otro. Sí, ya sé que es una expresion arruinada y rutinaria, una metáfora gastada. Pero, qué quieren, sirve para acercar el juego al campo de batalla, o al frente, o a la mesa de los tahúres.

¿Saben lo duro que es discutir con una persona que cree estar en lo cierto y que, por tanto, no se apea de su posición? Puede perder su baza, me dirán. Lo que en toda negociación cuenta es, desde luego, la pérdida que no estamos dispuestos a aceptar. Si un correoso contrincante no parece dar importancia a lo que objetivamente es una pérdida para él, ¿entonces que le queda al astuto negociador? ¿Saben lo tedioso que es tratar cuando tú te expresas con radical sinceridad, con cortés contundencia, mientras tu interlocutor se mantiene en sus trece, exigiéndote que hagas o digas lo que él desea exactamente que hagas o digas?

El arte de la negociación, sobre el que hay libros de autoayuda, sirve de bien poco cuando el contrincante sospecha de ti y, por ello, no parece mostrar interés en comprenderte. Se negocia desde la fuerza y desde la sutileza, desde la cortesía y la contundencia, moviéndote en un equilibrio inestable que amenaza con quebrarse. Y entonces ves que el otro no desea negociar: sólo quiere que te atengas a sus objetivos.

Y encima, para más inri, tiene la osadía de recomendarte qué es lo que deberías hacer para llegar al ansiado acuerdo, ansiado por ti. Y eso que te recomienda es la rendición. Ríndete, te insinúa: serás acogido, apoyado, aupado, guiado. Eso te promete. Tú sientes que no puedes echarlo todo a perder y que, por tanto, has de convencer en parte a ese interlocutor; piensas insensatamente que aún hay un margen para la seducción.

El gran líder comunista italiano Enrico Berlinguer recomendaba tener un culo di ferro para soportar las largas horas de negociación. No levantarse, aguantar. Por supuesto es básico disponer de buenas posaderas. Pero más imprescindible es ponerse a negociar sólo con aquel que subjetivamente puede perder algo. Si él no lo ve, entonces el aguante es un diálogo inútil y el que está perdido eres tú.

REINO UNIDO CUMBRE G20Por supuesto describo una situación personal por la que dos amigos hemos atravesado hablando con un coriáceo contrincante. ¿Lo mejor? Pues que cuando escribo esto, aún no sé el resultado. Yo ya me he levantado de la silla. Volveré a sentarme dentro de pocas horas. Es entonces cuando comienza la tercera ronda de negociaciones. ¿Acabaremos así, como vemos en esta fotografía? ¿Quién es quién?

————

Reseña

Francisco Fuster, Reseña de ¿Por qué no hay socialismo en los Estados Unidos? (Capitán Swing Libros, 2009).

51 comments

Add Yours
  1. Alejandro Lillo

    Cuando uno se encuentra ante gente que adopta esa actitud, y más si es así de sopetón, cuando no te lo esperas, lo mejor es claudicar y confiar en que la persona en cuestión reflexione y suene la flauta. Y si no puede ser, pobrecita la tartana.

  2. Pumby de Villa Rabitos

    Dejé en el anterior post una notita, por orden de interpelación, para David, Marisa y Daalla, obviamente, abierto a cualquier contertulio interesado en su desarrollo.

  3. jserna

    Las negociaciones han ido bien, inmejorablemente bien. No les puedo detallar ni revelar de qué hemos estado tratando. Pero las propuestas aceptadas abren una vía de solución. Bien, ¿y a mí qué me importa?, podrá decir cualquiera de ustedes. Lo entiendo, lo entiendo. Pero yo les hablaba de negociaciones tomando como referente último la reunión del G-20. Y les hablaba con un tono sombrío, pesimista. Ahora debo reprimir mi contento porque los tratos han funcionado. Falta sólo –¡falta!– que todas las partes implicadas acepten el acuerdo.

    ¿A quién se encomienda quien no cree?

  4. Paco Fuster

    Ayer puse en el blog de Àngel Duarte, al hilo de la reunión del G-20 y de esa foto con Berlusconi sonriente, un enlace a la entrada que escribió ayer mismo Saramago en su blog. Como dije allí, no se me ocurre otra cosa mejor que repetirme las preguntas que se hace Saramago:

    http://cuaderno.josesaramago.org/2009/04/02/g20/

    También dije que Lluís Bassets hablaba ayer en su blog de la llegada a Europa de Obama, como la de un rey taumaturgo:

    http://blogs.elpais.com/lluis_bassets/2009/04/llega-a-europa-el-rey-taumaturgo.html

    Espero, Justo, que vuestras negociaciones secretas terminen bien.

  5. jserna

    Gracias, Paco. Por otra parte, la imagen de los tres mandatarios que aquí les ofrezco se presta a comentarios icónicos (además de irónicos). Tal vez luego lo haga al hilo de las negociaciones del G-20.

  6. Marisa Bou

    La idea de un gato vestido de cuero y armado de red y tridente, me resulta muy, muy refrescante, tan necesitados como estamos, en medio de esta crisis, de unas buenas carcajadas. ¡Gracias, Pumby! Por eso, y por tus halagos, que me honran. Y además, me encanta que te encante la perversidad de Isabel, que me demuestra -una vez más- que siempre hay algo que aprender de los jóvenes.

    También me alegro por esa alegría que trasluce Justo por el probable resultado de esa “misteriosa” negociación. Estoy segura que será algo que beneficie a muchos, no sólo a él. De ahí (de su carácter desprendido y solidario) su satisfacción.

    Bienvenido, Daalla. Pero te advierto que, en el fondo de este entretenido e ilustrativo blog, se esconde un puntito de locura. Espero que lo hayas tomado en cuenta. ¡Juas, juas, juas!, como diría la Ratita Presumida.

  7. Friedrich Nietzsche

    Me gustan los valientes; pero no basta ser un espadachín; hace falta también saber a quién se hiere. Y muchas veces demuestra más bravura abstenerse y pasar, con el fin de reservarse para un enemigo más digno.

  8. Juan Antonio Millón

    Quisiera felicitar a Daniel por su blog Los fusilados de Torrellas y a Isabel Barceló por el suyo, Mujeres de Roma, en el que incluye en su último post una alusión al Festival Ludi Saguntini que se celebre en mi población. Dos excelentes muestras de divulación del saber y el compromiso.

    Encuentro el nuevo post lleno de enigma. Pero, sobre todo, quién es este nuevo Nietzsche. No acabo de entender esa forma de emboscarse, aunque, no lo negare, me hace cierta gracia. Este blog no sólo resucita animales de cómic, sino que nos devuelve pensadores redivivos.

    No sé si habrán leído la columna de Arcadi Espada sobre la cumbre del G20 que hoy aparece en El Mundo. Vale la pena. Así termina: “Época mediática de vacas flacas, después del 11 de septiembre y la invasión de Irak, e inciertas vísperas de la Anunciación negra. Sea pues el G-20 la Pascua y sea el teatro, como entonces, la primera forma de educación política de los atenienses”.

  9. Lou Andreas-Salomé

    De descubridor de la verdad, como hasta ahora estaba considerado el filósofo, se ha tornado en cierta medida inventor de la verdad.

  10. jserna

    Parafraseemos…

    Estás a punto de empezar a leer la nueva obra de Javier Cercas, Anatomía de un instante. Relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: “¡No, no quiero ver la televisión!”. Alza la voz, si no te oyen: “¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!”. Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: “¡Estoy empezando a leer la nueva obra de Javier Cercas!”. O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.

    Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de lado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en postura de yoga. Con el libro invertido, claro.

    La verdad, no se logra encontrar la postura ideal para leer. Antaño se leía de pie, ante un atril. Se estaba acostumbrado a permanecer en pie. Se descansaba así cuando se estaba cansado de montar a caballo. A caballo nadie se le ocurría nunca leer; y sin embargo ahora la idea de leer en el arzón, el libro colocado sobre las crines del caballo, acaso colgado de las orejas del caballo mediante una guarnición especial, te parece atractiva. Con los pies en los estribos se debería de estar muy cómodo para leer; tener los pies en alto es la primera condición para disfrutar de la lectura.

    Bueno, ¿a qué esperas?

  11. Alejandro Lillo

    Extiende las piernas, alarga también los pies sobre un cojín, sobre dos cojines, sobre los brazos del sofá, sobre las orejas del sillón, sobre la mesita de té, sobre el escritorio, sobre el piano, sobre el globo terráqueo. Quítate los zapatos, primero. Si quieres tener los pies en alto, si no, vuélvetelos a poner. Y ahora no te quedes ahí con los zapatos en una mano y el libro en la otra.

  12. Marisa Bou

    ¡Justo! ¡Alejandro! ¿Qué os pasa? Os veo muy inquietos. ¿Tan difícil os resulta encontrar la postura buena para leer? ¿Habéis probado a tomar un tranquilizante?

    ¡Ay!; esta vida de ajetreo que llevamos, nos está llevando al desasosiego. Vamos, que más que “culo di ferro”, parecemos “culos de mal asiento”.

    Entre vosotros, y los trasuntos de los filósofos, me estáis poniendo un poquito esquizofrénica.

  13. jserna

    Regula la luz de modo que no te fatigue la vista. Hazlo ahora, porque en cuanto te hayas sumido en la lectura ya no habrá forma de moverte. Haz de modo que la página no quede en sombra, un adensarse de letras negras sobre un fondo gris, uniformes como un tropel de ratones; pero ten cuidado de que no le caiga encima una luz demasiado fuerte que se refleje sobre la cruda blancura del papel royendo las sombras de los caracteres como en un mediodía del sur. Trata de prever ahora todo lo que pueda evitarte interrumpir la lectura. Los cigarrillos al alcance de la manos, si fumas, el cenicero. ¿Que falta aún? Tienes que hacer pis? Bueno, tú sabrás.

  14. Juan Antonio Millón

    Tanta demora, tanto aplazamiento, tanto cuidado, lo acercan al límite de lo poético, don Justo: “royendo las sombras de los caracteres como en un mediodía del sur”. Lo convierte todo, prafraseando, en la “anatomía de un instante”. ¡Buena lectura!

  15. Alejandro Lillo

    No es que esperes nada particular de este libro en particular. Eres alguien que por principio no espera ya nada de nada. Hay muchos, muchos más jóvenes que tú y menos jóvenes, que viven a la espera de experiencias extraordinarias: de los libros, de las personas, de los viajes, de los acontecimientos, de lo que el mañana guarda en reserva. Tú no. Tu sabes que lo mejor que uno puede esperar es evitar lo peor. Esta es la conclusión a la que has llegado, tanto en la vida personal como en las cuestiones generales y hasta en las mundiales. ¿Y con los libros? Eso es, precisamente porque lo has excluido en cualquier otro terreno, crees que es justo concederte aún este placer juvenil de la expectativa en un sector bien circunscrito como el de los libros, donte te puede ir mal o bien, pero el riesgo de la desilusión no es grave…

  16. jserna

    Conque has visto en un periódico que había salido Anatomía de un instante, nuevo libro de Javier Cercas, que no publicaba hacía varios años. Has pasado por la librería y has comprado el volumen. Has hecho bien.

  17. Alejandro Lillo

    Ya en el escaparate de la librería localizaste la portada con el título que buscabas. Siguiendo esa huella visual te abriste paso en la tienda a través de la tupida barrera de los Libros Que No Has Leído que te miraban ceñudos desde mostradores y estanterías tratando de intimidarte.

  18. Juan Antonio Millón

    Don Justo me tiene confundido, desorientado o, más bien, mareado con su súbito cambio analèptico. La imprevisible aventura de un lector.

    Sr. Fuster muy interesante su recensión del libro de Werner Sombart. No sé si conocerá -aunque no sea más que una mera minucia bibliográfica- la edición que de este autor se hizo aquí en Valencia, por la editorial Prometeo, hacia 1919, traducido por el inconmensurable Rafael Cansinos-Assens. Hay dos ejemplares en la Biblioteca Valenciana. Reseñable también -en este sentido- la traducción que hizo Julián Marías -en los años del Aula Nueva, prehistoria del orteguiano Instituto de Humanidades-, en 1943, del libro de Sombart, Guerra y capitalismo.

  19. jserna

    Pero tú sabes que no debes dejarte acoquinar, que entre ellos se despliegan hectáreas y hectáreas de los Libros Que Puedes Prescindir de Leer…

    Sr. Millón, lo que empezó de broma ha acabado en una juego literario.

    Si una noche de invierno un viajero.

  20. Juan Antonio Millón

    Touché. Debí haber leído correctamente aquel “Parafraseemos”, invitación a no sé quién, y haber dudado del que yo suponía “counterpoint” de don Alejandro y no era sino extensión de la voz narrativa.

    Buena jugada, amigos. Como penitencia por mi impericia, me retiro a mi tálamo con Palomar bajo el brazo. Rememoremos.

  21. jserna

    Sr. Millón, yo no pretendía sorprender a nadie. Sencillamente, he recibido el libro de Cercas, he empezado a leerlo y creo que es prometedor. Por eso quería manifestar mi contento, en clave posmoderna (ustedes perdonen…).

    El sr. Lillo se ha subido al carro de la broma haciendo un contrapunto que he tenido la descortesía interrumpir sin decirle nada.

  22. Paco Fuster

    Muchas gracias Juan Antonio. Es usted una hemeroteca andante que rebosa erudición. Últimamente hemos perdido a contertulios de altura, pero su fichaje no tiene precio, la verdad.

    Dicho esto (que creo compartirán todos los lectores del blog), le digo que no conocía las ediciones de Sombart que me cita. Ahora sí; he buscado en Google y me he documentado (he visto que la traducción de Marías que me cita está en la biblioteca de la UV; iré a echarle un vistazo). Es un autor interesante, pero me da la sensación de que ha quedado un poco eclipsado por la figura de su amigo Weber. No deja de ser raro, que un libro tan importante como el que he reseñado, no hubiero sido publicado todavía en castellano, después de un siglo. El libro de Sombart sobre el socialismo americano ha generado un debate secular en la historiografía americana que todavía persiste. Si le interesa el tema, le puedo enviar un trabajo que he hecho para una asignatura del Master. Parte del trabajo coincide con la reseña que ha leído, pero luego hay unas páginas precisamente sobre el debate (lo que los americanos llaman el “Why is there no socialism debate”). La hipótesis que intento demostrar es que cien años después, cualquier explicación sobre la ausencia de socialismo en EEUU contínua partiendo de Sombart, lo que demuestra que es un clásico fundamental y necesario. El libro en cualquier caso, y como digo en la reseña, es una joya. Leer sociología clásica alemana (aunque sea traducida, qué le vamos a hacer) es un placer y un gozo.

    Si me escribe (francisco.fuster-garcia@uv.es), le envío el trabajo. Además, hace tiempo que quería preguntarle una cosa: si no me equivoco (no lo sé seguro, por eso quería que me lo confirmara), un buen amigo mío es compañero suyo de instituto. Ya hablamos en privado, si le parece.

  23. Friedrich Nietzsche

    Un amigo debería ser un maestro en adivinar y callar: no se debe querer saberlo todo.

    El que quiera aprender a volar, primero debe aprender a caminar, a correr, a escalar y a bailar; no se puede aprender a volar volando.

  24. Alejandro Lillo

    ¡Por Tutatis don Justo! ¿De qué descortesía habla? Ya sabemos que las cosas deben tener un fín, y no era cuestión de transcribir aquí mano a mano el libro, ¿no le parece?

  25. Marisa Bou

    ¡Hombre, Alejandro! Yo había pensado imprimir sus intervenciones, con la sana intención de ahorrarme el coste del libro. Pero, puesto que no van a continuar, me pasaré por la librería.

    Por cierto, ¿recuerda mi jóven amigo el encargo que le hice? ¿Puedo pasar el lunes a recogerlo?

  26. Pumby de Villa Rabitos

    Nos está saliendo rarito este post ¿no?… “culos di ferro” y negociaciones secretas, las fotos de los chicos del G-20, Cercas pululando por doquier, Juan Antonio tan desconcertado como yo (o yo más), juegos literarios crípticos para quien no alterna con la postmodernidad, Marisa correteando de un lado a otro, Isabel irresistible, Alejandro sorprendente, fantasmas del XIX redivivos, alguna “testa di ferro”… ¿y aún pregunta quién es quién?…

  27. Isabel Zarzuela

    Leo el título del libro que “parafraseaba” Don Justo y Don Alejandro, y me conmuevo: ‘Si una noche de invierno un viajero’.

    Qué importantes son los títulos en los libros ¿verdad? Algunos escritores dicen que primero crean un título a partir del cual desarrollarán su obra; otros trabajan al contrario, lo dejan para el final, tras concluir el libro. En cualquier caso, no debe resultar fácil ponerle nombre a las obras. El título determinará su existencia. Como el nombre propio en el ser humano, según las leyes del derecho civil.

    Hay títulos que nos conmueven, tan llenos de poesía (como el de Calvino) y tan sugerentes. ¿Qué me dicen de… ‘Vendrá la muerte y tendrá tus ojos’, ‘El oficio de oír llover’, ‘Yo, otro’, ‘Instrucciones para amanecer’, ‘Cien años de soledad’ o ‘Los ojos del hermano eterno’? Tengo tantos títulos en la cabeza que me han impactado, que quiero ponerlos todos y no me acuerdo de ninguno :-)

    ‘Si una noche de invierno un viajero’… Es precioso. Sencillamente, precioso.

    PS. Este post está resultando tan desconcertante como la reunión del G-20 o como la instantánea de Obama, Berlusconi y Medvedev, digna de análisis psicoanalítico.

  28. Isabel Zarzuela

    En vez de “análisis psicoanalítico”, mejor “estudio psicoanalítico” :-), :-).

  29. Fuca

    Sí que es raro este post, estoy de acuerdo, como casi siempre, con nuestro gatiño Pumby. Aprovecho para reaparecer; ya veis que tenía razón nuestro amigo Justo Serna cuando decía que escribía de “uvas a peras” (no sé si era exactamente esa la expresión; por aquí, por mi tierra, no la utilizamos; ¿por qué de uvas a peras y no de cerezas a melones?; no lo entiendo, porque ni siquiera riman), pero tengo poco tiempo (ahora más, hoy empiezan mis vacaciones) y los blogs caminan demasiado rápido; lo que sí hago es leeros siempre y aprender con vuestras reflexiones. No puedo hablar del último libro de Javier Cercas; sólo leí “Soldados de Salamina” y no me quedaron ganas de leer nada más de este autor.

    Quería aprovechar mi reaparición para darle la enhorabuena a Alejandro Lillo, su comentario sobre ”La actitud de Aquiles” me gustó muchísimo; ¡mira que escribe bien este chico!; es raro que yo haga elogios sobre la manera de escribir de alguien (salvo sobre nuestro querido Miguel Veyrat, sé que reaparecerá algún día, a lo mejor para presentarnos su último poemario; un abrazo), pero aquí tengo que hacer una excepción.

    También me gustaría decirle a nuestro gatito que los que no hablamos catalán no somos tontos; lo digo porque, en el anterior post, nos explica un juego de palabras sobre el apellido de nuestra amiga Marisa que creo está de más; cualquier persona es capaz de entenderlo aunque no hable catalán.

    Un saludo cariñoso.

  30. Friedrich Nietzsche

    No es raro encontrar copias de hombres importantes, y la mayor parte de las gentes, como sucede con los cuadros, tiene más interés en las copias que en los originales.

  31. jserna

    Periódicamente regresan las entradas que Francisco Fuster ha escrito en este blog. Estén atentos. Aparecen en el ránking de las más vistas.

    Está bien que se divulgue cuándo se escribe con empeño: el regreso de Fuster permite leer su prosa o volver a leerla. Aunque no haya actualidad alguna que justifique la vuelta del post ‘Fernando Savater en Valencia’, su reaparición es todo un síntoma. Enhorabuena, Paco.

    https://justoserna.wordpress.com/2008/01/16/fernando-savater-en-valencia/

  32. Paco Fuster

    Gracias, Justo. Es verdad que no tiene ninguna razón de ser ese ascenso injustificado de mis textos. Curiosamente, de esa visita de Savater -de las anécdotas que nos brindó y del texto que escribí- hablé el otro día con un amigo, cuando fuimos al Rector Peset a escuchar a Sánchez Durá y compañía. Siempre que vuelvo allí a algún acto, me acuerdo de los chistes de Savater ese día.

  33. Alfons

    Me quedo con la segunda foto con la que Justo ilustra su comentario sobre la cumbre del G-20. En ella aparece un bronceado y sonriente Silvio Berlusconi entre Barak Obama y Dimitri Medvédev. No se nos facilita conocer el contexto en el que se produjo la imagen, por tanto nos quedamos con su fuerza simbólica: tres magnatarios mundiales, dos mucho, el tercero menos, ríen de no sabemos qué.

    Primera hipótesis: sonreir es lo primero que nos pide un fotógrafo ante la cámara. Segunda: Berlusconi acaba de contarles un chiste -se supone que en inglés- al presidente ruso y americano. Tercera: los tres están felices por haber llegado a un acuerdo fundamental para salvar al capitalismo de la crisis en la que se encuentra. Hay una cuarta. Berlusconi, aquejado de un irrefrenable deseo de protagonismo se pone en medio de Barak y Dimitri para aparecer en tan importante imagen.

    Esta última hipótesis parece la más probable a tenor de dos anécdotas ocurridas en los últimos días.

    En la cena ofrecida por la Reina Isabel de Inglaterra, Berlusconi desde la puerta gritó: ¡Obama!, llamando la atención de todos los comensales. La Reina preguntó: ¿Quién es ese que grita?.

    La otra anécdota se produjo en la segunda jornada de la reunión de la OTAN. Angela Merkel recibía a los presidentes de gobierno de los países miembros de la Alianza Atlántica en el lado alemán de la frontera. Salían de sus coches blindados, y se dirigían a la anfitriona. Hasta que llegó el vehículo del presidente italiano. Berlusconi salió del coche, y se puso a hablar por su teléfono movil. Al principio, Angela Merkel río la gracia, pero con el paso del tiempo la broma dejó de serlo. En vista de que Berlusconi no terminaba su conversación, la presidenta alemana condujo al resto de invitados a cruzar el puente que separa Alemania de Francia. Al otro lado, les esperaba Sarkozy para continuar la cumbre de la OTAN.

    Berlusconi había conseguido con su actitud un protagonismo que no tenía, ni en la cumbre del G-20, ni en la reunión de la OTAN.

    A veces, algunos negociadores lo único que buscan es que se hable de ellos, aunque sea mal. Como dice Isabel Zarzuela, la imagen, en especial la de Berlusconi -añado yo- es digna de una análisis sicológico.

  34. jserna

    Realmente, me ha faltado fuelle para analizar esa fotografía sobre la que Alfons conjetura con gracia. Obsérvese que los tres hacen gestos ante el objetivo de una cámara, que no es el objetivo de esta instantánea. Ellos miran a un fotógrafo que está levemente ladeado. A nuestra izquierda. ¿Cuál es el gesto más significativo? Sin duda, el que hace Silvio Berlusconi. El mandatario italiano –o magnatario, en feliz neologismo de Alfons– abraza campechanamente a sus colegas. Se muestra franco, jovial. Se le ve satisfecho. El dirigente norteamericano saluda con gesto de aprobación, con un ok. El mandatario ruso también saluda a quienes le observan o le observarán. Silvio Berlusconi tiene gestos de anfitrión, como si fuera quien ha recibido a estos visitantes. Para abrazar así hay que ser el dueño de la escena, afectando aplomo y alegría.

  35. Alfons

    Magnánimos
    magnatarios
    que no sólo
    mandan
    mandatos.

    Enhorabuena Justo por hallar la “errata”.
    Un abrazo.

  36. Alejandro Lillo

    Paco, como me pasa siempre que leo sus reseñas, me entran unas canas horribles de leer el libro del que habla. En esta ocasión el interés es mayor aún si cabe, pues el tema me parece fascinante. Este, desde luego, no me lo pierdo.

    Fuca, muchísimas gracias por sus palabras. Me turban. Viniendo de una lectora experta y exigente como usted, me llenan de orgullo, de verdad. Me ha dejado usted sin palabras.

    Alfons, muy acertado su análisis de las fotos, y sí, señora Zarzuela, la instantánea en cuestión es digna de análisis. Berlusconi, desde luego, es un impresentable, eso está claro, un motivo de vergüenza constante para los ciudadanos italianos. Para los ciudadanos, digo.

    Pregunta el señor Serna quién es quién, y yo le respondería que en esa foto están “El bueno, el feo y el malo”. A quién corresponde cada uno de los adjetivos se lo dejo a ustedes, aunque si les apetece háganme caso: pónganse en la piel de cada uno de ellos y, desde esa posición, otorgen el calificativo. Para Obama, evidentemente, el sería el bueno, pero, ¿quién el feo y quién el malo? Pónganse ahora en la piel de Berlusconi… ¿cómo lo ven?

  37. Alejandro Lillo

    Ojo al lapsus freudiano: “Canas” tengo, y cada vez mas abundantes, pero lo que me entra cuando leo a Paco Fuster son “ganas” de leer los libros que reseña.

  38. Marisa Bou

    ¡Menos lobos, caperucita! ¿Canas, un jovenzuelo como usted? Le reconozco el lapsus, pero no las canas.

  39. Alejandro Lillo

    ¡Ay, doña Marisa, no recordaba lo de su pedido! Mándele, si le parece, un correo a nuestra intermediaria, que yo me pondré en contracto con usted vía mail diciéndole para cuando puede venir a recogerlo. Perdone mi despiste.

  40. jserna

    Hablando de canas: a lo que nos cuentan, Barack Obama ya tiene un principio de sienes plateadas. Ignoro el estado capilar del dirigente ruso. Pero Berlusconi, ay, Berlusconi. Qué envidia: cada día tiene más cabello y menos canas. Justamente lo contrario de lo que a mí me sucede. Milagroso.

  41. Marisa Bou

    ¡A ver, Justo! ¿Quién va a creer que tiene usted envidia de Berlusconi? ¡Ni tan siquiera de Barak Obama, que, si bien está muy interesante con su nuevo pelo plateado, y por mucho que debajo haya un cerebro bien apañado -no como en el caso del italiano- su posición en el mundo no es precisamente envidiable, pues tener puestos encima los ojos de -prácticamente- todo el mundo, no es algo deseable.

    Deje usted que el tiempo vacíe sus bulbos capilares, mientras que en lo profundo de su cabeza no falten nunca esas neuronas con que le bendijo la naturaleza.

  42. Paco Fuster

    Gracias, Alejandro. Y gracias por aclarar el lapsus: me alivia ser el responsable de tus ganas, no de tus canas. Si te puedes hacer con un ejemplar (el libro está publicado en una editorial modesta y joven, pero exquisita en sus publicaciones, tanto por los títulos como por las ediciones) no dejes pasar la oportunidad. El libro de Sombart es un extraordinario libro de sociología clásica. Es una suerte que lo hayan editado por fin en castellano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s