¿Qué miran?

atrapadoenunaabsurdaratonera

1. La ratonera de Francisco Camps. Bien mirado, no hay nada trivial. La relevancia de lo que observas depende del ojo que escruta (si me permiten esta licencia): en realidad, depende del significado que atribuyes a lo que distingues. O del sentido que los otros dan a lo que tú estás viendo (o haciendo). Lo aprendimos de Max Weber, el gran sociólogo alemán. Su Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva empezaba con la acción social. La acción es un acto intencionado, no el puro reflejo del cuerpo ante el placer o el dolor. Para explicarme, yo siempre pongo el mismo ejemplo. Ustedes me perdonarán. Si me quemo la mano accidentalmente y la aparto, eso no es acción social (en el sentido de Weber), sino la reacción instintiva que manifiesta daño, que me preserva. Si me quemo la mano voluntariamente, con decisión, entonces emprendo dicho acto confiriéndole un determinado significado. Si eventualmente me observa alguien, ese individuo  probablemente tratará de interpretar un acto anormal que solemos evitar. Los actos humanos son, sobre todo, actos con significado para el ejecutante, un significado que puede ser coincidente o no con el que los espectadores.

Francisco Camps mira y a él le miran. Observa un roedor en el Hospital Clínico de Valencia. Ha hecho una visita protocolaria y un fotógrafo (J.J. Cárdenas/Efe) le saca una instantánea de las muchas, de las docenas y docenas que probablemente le haya hecho. El día 7 de julio, El Mundo decide llevar esa fotografía a su primera plana tomándola como excusa para titular su editorial (Atrapado en una absurda ratonera) y para sacar moraleja o lección de esa circunstancia: “No resulta extraño, pues, que Camps se sienta atrapado en una absurda ratonera, como el roedor que mira en la fotografía que publicamos en nuestra portada”. El editorialista convierte algo ordinario, un acto de la agenda del President, en símbolo de lo que le ocurre.

 Esa resignificación y manipulación de la fotografía -porque manipulación es, al fin y al cabo- me han hecho recordar lo que sucedía en un cuento de Julio Cortázar: Instrucciones para John Howell. Contemplando una obra de teatro abstrusa, oscura, un espectador desinhibido comentaba: “Todo es símbolo, supongo”. Pues eso: en la ratonera de Camps, todo es símbolo. Los periodistas han hecho metáfora de su condición, con un abuso icónico-semántico (perdón por los palabros) que no es infrecuente en El Mundo.

CampspensativoPero, en El País, la imagen de Camps también es objeto de selección a partir de un hecho real. De todas las instantáneas que el fotógrafo pudo hacerle –que, de hecho, le hizo– los editores de dicho periódico decidieron elegir una para ilustrar la noticia de interior que aparecía el día 7 de julio. La captó Tania Castro. Es un primer plano en que vemos al President con la cabeza gacha: un político con expresión sombría, triste, pensativa o ensimismada. Esa imagen –que es real, que existió– refuerza la impresión del espectador: ¿la ratonera en que se halla el President? Recuerdo haber visto en televisión al político valenciano: siempre esforzándose por sonreír, incluso por sonreír beatíficamente. En cambio, ya ven: en  esta fotografía, el gesto del President contradice su puesta en escena habitual. ¿Seguro que estaba triste y pensativo, cavilando sobre su inmediata circunstancia?

CampssonrienteHoy 8 de julio,  en el mismo periódico, en El País, lo vemos sonriente. Francisco Camps comparece en un acto público en Algemesí: es el día inmediatamente anterior. Esa expresión que el fotógrafo, Carles Francesc, ha captado, ¿a qué corresponde? ¿Saluda a los incondicionales, a un conocido? ¿Responde a un gesto cariñoso que se le ha hecho? En realidad, más que una sonrisa parece un gesto de reconocimiento, un “eh, hola, gracias, estoy aquí, te he visto”: quizá un ademán que afecta buen humor y entereza, un acto que dura segundos. Segundos…, los mismos que el retratista tarda en capturar lo que finalmente parece una mueca o un mohín. La pregunta sigue: ¿a qué corresponde ? Parece como si la prensa tratara de hallar un indicio que revelara el estado de ánimo. O tal vez es como si los medios quisieran transmitir a la audiencia la radiografía exacta del retratado. Pero el retrato ya no es aquella pose antigua que tardaba horas en reflejarse, un estado duradero. Es una instantánea entre miles posibles. ¿Qué o a quién mira Francisco Camps?

———–

 2. ¿Qué mira Tomás Trenor? Mirar, contemplar, escudriñar, examinar, evaluar… son, al fin, tareas que una y otra vez emprendemos. Conjeturamos el sentido de lo que pasa a partir de informaciones siempre escasas -y una fotografía lo es- y algunos se atreven además a hacer símbolo de lo banal o de un hecho que no tiene una conexión clara con otro hecho. Algunos aventuran interpretaciones audaces que están fuera de campo… 

TTA 1909

 Cuando miro esta fotografía de Tomás Trenor Azcárraga, tengo la tentación de abandonarme a todo tipo de cavilaciones, de suposiciones, de sobreentendidos. Podría suponer, por ejemplo, que el burgués observa a gentes del pueblo, apartado, protegido del sol por ese canotier tan elegante, bajo la sombra de un árbol, vestido con una indumentaria que adivinamos de buen paño. El retratista lo saca de perfil, mordiéndose el labio inferior, cruzando los brazos. Está distante y ajeno. ¿Realmente mira a esas dos personas que circulan por un camino pedregoso y polvoriento o, por el contrario, se entrega a ensoñaciones que nada tienen que ver? No lo sabemos. En realidad, lo relevante parece estar fuera de campo. O dentro de la cabeza del retratado. Como en el caso de Camps cuando mira al roedor.

Trenor807093. Nuevo artículo de Justo Serna en El País, 8 de julio de 2009:

Los burgueses 

A propósito de Trenor. La Exposición de una gran familia burguesa (Centre Cultural La Nau, Calle Universidad, 2. Valencia).

¿Qué miran los Trenor y qué miramos nosotros?

Cuatro generaciones de los Trenor viajan a 1909“, leo en Las Provincias. “Reunión de los Trénor en Valencia“, leo en Levante-Emv. Gentes de hoy, descendientes de aquellos burgueses del Ochocientos acuden a la Exposición que la Universidad les dedica para mirar una muestra que  exhibe a sus ancestros, para observar objetos de antaño. Los supongo interesados y concernidos, desde luego; pero los imagino inquietos. Esa Exposición habla de un pasado que ontológicamente no existe, un pasado que sólo sobrevive en la memoria familiar y en restos materiales (fotografías, óleos, muebles, vestidos, uniformes, libros, manuscritos), una parte de los cuales forman la base de dicha muestra. ¿Qué relación es la que mantenemos con lo pretérito? ¿Cómo miramos un mundo que ya no está pero del que procedemos?

18 comments

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  1. Hemeroteca

    Regalo o no regalo

    “…Un regalo nunca es algo libre, gratuito, como podemos pensar. En realidad, según advirtió Marcel Mauss en su Ensayo sobre los dones, es un sistema de prestaciones y contraprestaciones. Hay obligación de dar, de recibir y de devolver. Es un régimen de trueque inacabable. Quien obsequia cree deber algo. Por su parte, quien recibe y acepta se compromete a restituir un presente que tenga alguna equivalencia. No puedes admitir una dádiva y después hacerte el despistado: debes corresponder con algo parejo.

    Desde luego tiene razón Mariano Rajoy: nadie que desempeñe un empleo público como el de presidente de la Generalitat se deja enredar por un simple regalo. O precisando literalmente: “Nadie se complica la vida por tres trajes”. Yo creo lo mismo. Si aceptas los tres, te comprometes a devolver algo equivalente o superior: pongamos que sean seis trajes para el presunto donante, para Álvaro Pérez. Sería un exceso. Por eso, yo quiero pensar que Francisco Camps no los aceptó. Pero, claro, según las grabaciones, la esposa del presidente de la Generalitat recibió alguna cosilla que no quería admitir aunque parecía tenerlo ya en su poder: el generoso se había pasado veinte pueblos, decía ella. La respuesta de Álvarez restaba importancia al gesto: “Si es un…, si es un detallito”. ¿Acabaron aceptándolo los Camps? Ésa no es la cuestión. La pregunta es qué tipo de relaciones tienes que tener con alguien para que esa persona se atreva a comprometerte con su liberalidad: con sus detallitos o con sus detallazos”.

    http://www.elpais.com/articulo/Comunidad/Valenciana/Detallazos

  2. Marisa Bou

    Me permito adjuntar aquí un enlace, para que -los que anden por aquí cerca el próximo día 14- sean sabedores de un acto que se va a celebrar ese día, y que yo considero muy interesante. Si a alguien le apetece asistir, allí nos veremos:

    http://www.facebook.com/n/?note.php&note_id=104444721639&mid=bde836G4bacf0f1G9ed514Ga

    Está muy bien traído lo del ratón y la ratonera. Por cierto, el ratoncito se rajó ayer, después de anunciar a bombo y platillo que iba a celebrar un acto de su partido en Alaquàs, feudo de Jorge Alarte, y no asistió a edicho evento, para desencanto de admiradores y detractores, que le esperaban en buen número, aunque también había muchos policías autonómicos, ejerciendo de vigilantes y pidiendo carnés a diestro y siniestro. ¿Tanto queso había en la ratonera, que por comerlo, no hizo su esperada “entrada” en Alaquàs?

  3. Alejandro Lillo

    Más allá de lo sabido, no me digan que no son curiosas las declaraciones de doña Rita Barberá realizadas ayer martes y ratificadas por ella misma hoy miércoles. Partiendo de la base de que ni la señora en cuestión ni sus asesores son tontos, me pregunto a santo de qué hablar de las anchoas, de las dádivas y del artículo cuatrocientos nosecuantos de no sé qué código. Con esas declaraciones, aparentemente torpes y desafortunadas, lo que ha dejado más claro que el agua es que los famosos trajes han sido efectivamente reagalados al Molt Honorable Francisco Camps por un grupo de gente acusada de corrupción y que están -como él- siendo juzgados por ello. Las inocentes declaraciones de Rita demuestran también que el señor Camps, Presidente de la Generalitat Valenciana, le mintió al juez (afirmó en su declaración que había pagado los trajes con el dinero proveniente de la farmacia de su mujer), pero que además mintió a los ciudadanos y a las Cortes Valencianas, porque en ellas repitió hasta la saciedad que no había “nada de nada”.

    Todo el PP nacional callado cual hetaria y a una valenciana se le calienta la lengua y no para de ayudar a su colega de profesión (y de orientación). De orientación política, quiero decir. Curioso.

  4. Juan Antonio Millón

    Muy buen artículo sr. Serna, el de “Los burgueses”. Encuentro también en esa indagación -que ha llevado usted y Anaclet tan certeramente- del mundo burgués del ochocientos, la comprensión de nuestro mundo, y, con ello, nuestra implicación con él: ese mundo en crecimiento, en construcción, esa búsqueda del desarrollo y del bienestar es algo que hemos interiorizado como mundo, pero, al menos desde una perspectiva de izquierdas, ha de ponerse entre paréntesis su propuesta, hemos de anticiparnos a un futuro que pueda dejarnos hipotecados, hemos de exigir contrapartidas y controlar, en la medida de nuestras posibilidades, los límites de ese crecimiento, límites naturales y sociales. No dejarnos conducir, pues, sino ser copilotos e implicarnos en la hoja de ruta. “Logran lo que la mayoría no puede: recursos, servicios, infraestructuras”, dice usted de aquellos burgueses. Es el mismo y no es el mismo aquel tiempo y este que estamos construyendo: afinidad que hemos ido depurando, eso sí, después de tantas esperanzas rotas, tantos errores crasos y pérdidas irreparables. Sí, coincido con usted, estamos implicados.

  5. isabelbarcelo

    Observo que en la fotografía de “El País”, se ha captado, tras la cabeza del Presidente, parte del panel del acto con la palabra “Investigación” saliendo directamente de la sien del President… Seguro que también eso influyó en la elección de la fotografía. Con este nuevo look de su blog, Sr. Serna, estoy escribiedo el comentario sin ver absolutamente nada… Espero nque sea legible. Saludos cordiales.

  6. jserna

    Gracias, sr. Millón y bienvenido en su regreso. Vivimos y no vivimos en una sociedad semejante a la de aquellos burgueses. En eso consiste la investigación histórica: certificar las diferencias que nos separan de nuestros antepasados.

    Algunas cosas no cambian: los ratones, las anchoas y la alcaldesa de Valencia.

    Sra. Barcelo, dice que con el nuevo look de mi blog no se ve lo que escribe. No acabo de entender qué es lo que pasa.

  7. jserna

    ¿El juego de las imágenes, Juanvi? Por cierto, bienvenido.

    El juego de las imágenes y de la imagen pública, de la confianza o no que un político despierta. Obama tiene muy buena imagen y hay mucha gente que confía en él. Espero que no despierte fe o creencia.

    Rajoy dijo creer en Camps. Creencia es una palabra que en política debería estar proscrita.

    https://justoserna.wordpress.com/2009/06/06/

  8. Servilia

    No puedo dejar de mirar la imagen de Tomás Trenor Azcárraga. Estoy intrigada. No sabemos lo que está observando o lo que está pensando. Las únicas personas que aparecen en la fotografía no le interesan: están fuera de su campo de visión. Percibo en el burgués una mirada de deseo, de fascinación ¿Qué será aquello que le seduce? ¿está frente a sus ojos o está en su pensamiento?… ¡Uf! Este retrato me tiene embelesada… Como dice Don justo, sólo podemos hacer “interpretaciones audaces”, pero por favor, Sr. Serna, si tuviera la certeza –o símplemente una sospecha- de lo que pueda suceder realmente en esta instantánea, no dude ni un segundo en contárnosla.

    Por cierto, Don Justo, enhorabuena por su artículo ‘Los burgueses’ publicado ayer en El País.

  9. jserna

    Servilia, un saludo. Gracias por sus palabras.

    El punctum

    Efectivamente no sabemos qué mira o qué piensa Tomás Trenor Azcárraga. Como usted nos recuerda, parece observar algo que está fuera de campo. Pero, bien mirado, ese retrato tiene algo aún más intrigante: el retratista. ¿Cuál es su punto de vista? ¿Qué pretende fotografiar? Si lo que quiere es retratar a Tomás Trenor Azcárraga, ¿entonces para qué saca a esas gentes que accidentalmente pasaban por allí? ¿Hemos de pensar que quiere hacer un cuadro con personas del pueblo y con el senyoret que por allí se deja ver? En las fotografías, decía Roland Barthes en La cámara lúcida, siempre hay un punctum: algo que desentona, que sorprende, que aparece más allá de la voluntad del fotógrafo. El punctum: algo que rasga, que roza la vista. Podríamos pensar que aquí son esas gentes del pueblo. O podríamos pensar que es la incoherencia entre esas personas y el burgués. En realidad, debe de haber algo fuera de campo que justifique esta imagen. Y eso, precisamente, no nos lo quiso fotografiar el retratista.

  10. Alejandro Lillo

    Ya que hablamos de miradas… ¿que carajo está mirando, en la primera foto, el tipo con gafas y bata blanca? ¿Está alucinado, acongojado, paralizado, empanado ante la presencia del Molt Honorable? ¿O acaso ha visto a un fantasma?

    Pa mí que Trenor está esperando el autobús.

  11. jserna

    El científico con gafas y bata blanca (¿hay algún científico que no se presente así?) está mirando a su jefe, también con bata, que da explicaciones acerca del roedor: parece estar a punto de ser sacrificado. El roedor, quiero decir. No sé: o quizá manifieste sorpresa ante las cosas que en ese momento está diciendo su superior. No sé: o tal vez mire fuera de campo algo que nosotros no vemos… He dicho su superior. Qué curioso: los jefes de cualquier ramo de la ciencia son más verosímiles si llevan anudada una pajarita. Esa prenda les da un aspecto más americano o razonablemente excéntrico.

    ¿Y el fotógrafo que está al fondo de la fotografía iluminando la escena?

  12. Alejandro Lillo

    La cantidad de cosas que se pueden decir de una fotografía. Desde luego, la pajarita del científico del pelo cano le otorga un estatus superior con respecto al joven de bata blanca, que aparece con el cuello abierto, más propio del currante. No sé que explicación le estará dando el científico a Camps, pero el gesto de la mano, que se complementa con una mirada torcida hacia el roedor, es algo violento, como si fuera a estrujar algo entre sus dedos. Camps lo escucha impactado, aunque por otro lado parece temeroso de que le quiten el reloj. No sé por qué, pero me da que quien realmente sabe de que va el tema es el joven con el cuello de la camisa abierta, sus bolis de dos colores en el bolsillo y la identificación bien visible en el pecho. Podría especular más sobre este punto basándome en la experiencia, pero no voy a ser malo. Lo cierto es que parece algo cortado, con las manos en los bolsillos, como si quisiera decir algo pero no se atreviera, temiendo contradecir o importunar al jefe. También resulta interesante un cuarto hombre, ese que asoma la cabeza y parte de los hombros entre los dos científicos. Parece estar marcando el límite hasta el que pueden acceder los fotógrafos. Su rostro, serio tirando a compungido, parece más propio de un funeral que de una visita a una unidad de investigación. No sé, tal vez sea un guardaespaldas con corazoncito, uno de esos tipos fortachones e impasibles con espíritu infantil que sueltan su lagrimilla ante el destino cruel del ratoncillo… ¡naaaa!, no creo. Observándolo más de cerca, se le ve claramente la mirada perdida, completamente ida del lugar en el que se encuentra. Está pensando en lo que le ha dicho su mujer que tiene que ir a comprar al súper.

    De todos modos, si se fijan, las cabezas de Camps, del jefe de la pajarita y del –digámosle- guardaespaldas, están en perspectiva, como marcando un punto de fuga que completaría el fotógrafo del fondo, ese que está haciendo ímprobos esfuerzos por mantener la cámara en alto. Tres cabezas privilegiadas con experiencia de la vida dominando la situación, una al lado de la otra, las tres mirando en la misma dirección. Cada una de ellas representando su papel a la perfección: política, ciencia y seguridad (y, al fondo, la cámara). Frente a ellos, tan serios, tan arreglados, tan formales, tan conscientes de su lugar, de sus responsabilidades y de lo que tienen que hacer y decir (o no decir) en cada momento, el joven alucina, seguramente no entiende nada y se siente, claramente, fuera de lugar. Mientras tanto el ratón permanece tranquilo, mirando para otro lado, esperando, olisqueando aquí y allá, a que esas personas tan preparadas acaben de hablar de él y lo dejen tranquilo de una vez y para siempre.

  13. Pumby de Villa Rabitos

    ¡Que barbaridad! me descuido un poco y se acaba este post y se inicia otro… Por amor de dos, Serna, que estamos en verano, descansa, relájate.

    Una cosa he de decir ante el cachondeo que os lleváis, “los de letras”, con las pajaritas de los “de ciencias”. Explicación: dado que todavía quedan empresas con laboratorio en las que aún es de uso obligatorio una cierta uniformidad o reglas de vestimenta y dado que la corbata sigue siendo un signo de respeto social y boato público, el uso de esa estúpida prenda sigue siendo ritual en esos sitios o situaciones. Puesto que en un laboratorio – como en una cocina, carnicería o pescadería, se trabaja ante una mesa alta sobre la que el profesional se agacha, la corbata larga, pende, queda en medio de las manos, tropieza con lo que hay bajo ella y, en definitiva, molesta. La pajarita, no. He ahí la explicación.

    Con todo, ñoras y ñores de letras, si alguna imagen prototípica existe en la iconografía popular sobre alguien con pajarita, gafas, pipa cachimba en una mano, libro en otro y un prenda británica de abrigo puesta sobre la camisa, ese es el tipo de letras, sin duda. Así que, mejor, si no nos hacemos daño con esos clichés, que fotos viejas podemos sacar todos.

    Preguntaba Serna qué mira el honesto Trenor y qué el entredicho Molt Honorable Camps – el tío Paco, vamos – y yo me pregunto, además ¿y qué ven? Porque, convendréis conmigo que esas miradas están perdidas, no atienden ni lo que se le dice ni a su entorno, están ensimismados, ausentes… ¿qué ven, pues?… Pues os perdéis mis especulaciones al respecto porque ya hay otro “post” puesto. Hala, otra vez será.

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