Ciencias o letras

Uno. Es triste que el mundo de las letras cobre actualidad por comentarios insultantes, por alardes machotes, por fantasmadas. Eso queremos creer: que sólo son secreciones o, como mucho, excreciones. En fin, algo que se expele.

Qué bajo puede caer un literato cuando tiene audiencias entregadas o micrófonos a los que encandilar o asombrar. Qué vulgar puede ponerse cuando le da un calentón verbal: o una borrachera de fama o una soberbia mal digerida.

Uno puede escribir admirablemente, con mayor o menor arte, pero siempre ha de medir las palabras, los efectos de lo que dice o de lo que publica. El más mínimo desliz será recogido por los medios, por Internet. Un comentario atrevido y desafortunado será inmediatamente registrado. Los públicos reaccionarán multiplicando el efecto recto o indirecto de lo dicho. Pero hay más.

Que estés dotado para crear mundos de ficción, para narrar, no significa que tengas razón o que tus juicios sean atendibles o sensatos. Las mayores irresponsabilidades se las han permitido los hombres de letras convertidos en parlanchines sabelotodos. Pero a la vez la palabra del intelectual entrometido es un bien de la esfera pública: por ejemplo, el escritor puede aprovechar su celebridad para hablar de lo que los poderes ocultan o censuran. O para decir las cosas con profundidad. O para equivocarse con ignorancia enciclopédica.

Leo en El País una reseña sobre el volumen de Michel Winock titulado El siglo de los intelectuales (2010). Lo que trae el periódico es una interesante crónica de J. M. Martí Font: “Cuando éramos intelectuales“. No he leído el grueso libro de Winock; tampoco lo he comprado; es carísimo y lo que cuenta no me compensa: es la historia sabida de los intelectuales en el Novecientos, una historia que ya analizó con maestría Tony Judt.

Hablamos del intelectual, esa figura a la que aquí he dedicado algún post, una figura que se alza egregia para adoctrinar a su público, para influir, para instruir. Es un modelo francés de oposición y propagación, de críticas y de declaraciones, de manifiestos y opiniones. Practica el intrusismo, disuelve lo obvio y purga lo obstruido. No está mal. O sí: para un científico, el comportamiento del intelectual puede parecer frívolo.

Dos. Lo normal es que cada uno hable de lo que sabe y que, además, lo haga en condiciones académicas. Lo demás es cháchara, podría pensar el científico cuando observa al escritor que se pronuncia.Es cierto que eso ocurre con frecuencia. Me refiero a la cháchara inconsistente de tantos intelectuales.

Pero no es menos cierto que con la excusa del rigor muchos científicos han evitado pronunciarse sobre hechos públicos que les conciernen o sobre los efectos morales o sociales de sus propias investigaciones.

Si aumenta la especialización de los saberes, si aumenta la división del trabajo científico, entonces cada uno puede recluirse en su gabinete pretextando las muchas faenas o la ignorancia de lo ajeno. Además, como el lenguaje de las disciplinas tiende a la jerga (que no a la juerga); como la comunicación científica se hace cada vez más árida y abstrusa, entonces los oficiantes pueden enmudecer tranquilamente: ésa no es mi propia materia.

Pero la materia humana es, en realidad, el material con el que trabajan los científicos: incluso los que se dedican a la naturaleza. Si la estudian no es por sí misma, sino por puro interés humano. De ahí la ética de la actividad científica: aparte de la deontología que les obliga, los protocolos que han de seguir. Por eso, el silencio de los investigadores o su escasa presencia en la esfera pública son simplemente desastrosos: su lugar lo ocuparán nigromantes o vendedores de supercherías o quizá algún literato poco escrupuloso que hablará de lo real desconociendo absolutamente las bases del conocimiento. O gente hinchada, con fama, con celebridad, que enjuicia desde la llaneza o desde la simpleza.

Tres. Pongamos, pues, que son imprescindibles los escritores y los científicos: que son imprescindibles en la esfera pública siempre que hablen desde la responsabilidad y siempre que no se jacten con soberbia, con arrogancia intelectual.

Ningún ciudadano tiene por qué estar familiarizado con los lenguajes particulares de los investigadores o de los prosistas. No tiene por qué saber de antemano qué es lo relevante científicamente o humanísticamente. ¿Significa eso que el escritor y el científico han de rebajarse? Rebajarse en el sentido literal:  ¿han de simplificar sus logros, sus descubrimientos, sus conquistas para ponerlos al alcance de ignorantes?

Significa que han de comunicar sus avances de modo persuasivo, sin el falso prestigio de lo abstruso. No podemos presentar con simplezas lo que es complejo, pero no debemos oscurecer con jerga o con lo inefable lo que puede ser pronunciado, manifestado. Porque lo que digan (o lo que callen) el científico y el artista produce conocimiento social, efectos.

De esto y de otras cosas hablaron Josep Lluís Barona y Luis Mateo Díez en el Colegio Mayor Rector Peset, de Valencia, el pasado 25 de octubre en una sesión organizada por la Fundación de Ciencias de la Salud y moderada por José Miguel Colldefors. No voy a resumir aquello que ambos dijeron. Lo que debatieron se presentó con gran corrección y elegancia (como no podía ser de otra manera) y es parte de lo que me preocupa y parte de lo que hoy expongo.

Artículo de JS:

“…Yo era pecador: digo que era, porque como dejé de ser piadoso malvivo en el infierno. En cambio, creo que el presidente católico de mi Comunidad aún tiene redención…”

Justo Serna, “Territorio católico”, El País, 27 de noviembre de 2010

16 comments

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  1. Paco Fuster

    Interesante tema el de los intelectuales y su función en la sociedad. En mi tesis dedicaré un capítulo, que en principio iba a ser corto pero que ahora – y justamente por ese interés que cito – veo que será más largo, al nacimiento de los intelectuales en España y la relación u oposición entre los intelectuales y las masas. Por supuesto, citaré ese libro de Tony Judt, “Pasado imperfecto”´, así como otros clásicos (Julien Benda, Ortega y Gasset, etc). Sobre la aparición de los intelectuales en España, lo mejor que he leído es de Santos Juliá.

    Leyendo todo esto me preguntaba a veces si todavía quedan intelectuales; si la línea trazada por Zola, Sartre, el propio Gramsci y compañía ha tenido continuidad. De los intelectuales que todavía ejercen como tales, uno de los que más me gusta es Eduardo Galeano. En España quizá Fernando Savater, cuando crítica la política desde fuera y no se mete en esos fregados de UPyD, de los que ya parece haberse distanciado un poco.

  2. Sigue...

    Dos. Lo normal es que cada uno hable de lo que sabe y que, además, lo haga en condiciones académicas. Lo demás es cháchara, podría pensar el científico cuando observa al escritor que se pronuncia. Es cierto que eso ocurre con frecuencia. Me refiero a la cháchara inconsistente de tantos intelectuales.

    Pero no es menos cierto que con la excusa del rigor muchos científicos han evitado pronunciarse sobre hechos públicos que les conciernen o sobre los efectos morales o sociales de sus propias investigaciones.

    Si aumenta la especialización de los saberes, si aumenta la división del trabajo científico, entonces cada uno puede recluirse en su gabinete pretextando las muchas faenas o la ignorancia de lo ajeno. Además, como el lenguaje de las disciplinas tiende a la jerga (que no a la juerga); como la comunicación científica se hace cada vez más árida y abstrusa, entonces los oficiantes pueden enmudecer tranquilamente: ésa no es mi propia materia.

    Pero la materia humana es, en realidad, el material con el que trabajan los científicos: incluso los que se dedican a la naturaleza. Si la estudian no es por sí misma, sino por puro interés humano. De ahí la ética de la actividad científica: aparte de la deontología que les obliga, los protocolos que han de seguir. Por eso, el silencio de los investigadores o su escasa presencia en la esfera pública son simplemente desastrosos: su lugar lo ocuparán nigromantes o vendedores de supercherías o quizá algún literato poco escrupuloso que hablará de lo real desconociendo absolutamente las bases del conocimiento. O gente hinchada, con fama, con celebridad, que enjuicia desde la llaneza o desde la simpleza.

    Continuará…

  3. Sigue...

    Tres. Pongamos, pues, que son imprescindibles los escritores y los científicos: que son imprescindibles en la esfera pública siempre que hablen desde la responsabilidad y siempre que no se jacten con soberbia, con arrogancia intelectual.

    Ningún ciudadano tiene por qué estar familiarizado con los lenguajes particulares de los investigadores o de los prosistas. No tiene por qué saber de antemano qué es lo relevante científicamente o humanísticamente. ¿Significa eso que el escritor y el científico han de rebajarse? Rebajarse en el sentido literal: ¿han de simplificar sus logros, sus descubrimientos, sus conquistas para ponerlos al alcance de ignorantes?

    Significa que han de comunicar sus avances de modo persuasivo, sin el falso prestigio de lo abstruso. No podemos presentar con simplezas lo que es complejo, pero no debemos oscurecer con jerga o con lo inefable lo que puede ser pronunciado, manifestado. Porque lo que digan (o lo que callen) el científico y el artista produce conocimiento social, efectos.

    De esto y de otras cosas hablaron Josep Lluís Barona y Luis Mateo Díez en el Colegio Mayor Rector Peset, de Valencia, el pasado 25 de octubre en una sesión organizada por la Fundación de Ciencias de la Salud y moderada por José Miguel Colldefors. No voy a resumir aquello que ambos dijeron. Lo que debatieron se presentó con gran corrección y elegancia (como no podía ser de otra manera) y es parte de lo que me preocupa y parte de lo que hoy expongo.

    Continuará…

  4. aleskander62

    Luis Mateo Díez fue Premio Nacional de Literatura: Narrativa.
    Cuando termine La noche de los tiempos de Muñoz Molina, me iré con Agustín Safón Supervía: Ética individual y revisión histórica en Gore Vidal.
    También quiero leer a Justo Serna: Héroes alfabéticos.
    Y al poeta Gamoneda: Edad.

  5. Arnau

    No le dé vueltas, D. Justo. Usted es un pecador y por tanto no pertenece a la multinacional católica. Es decir, en cuanto puedan, nos colocan en el pasapurés y nos trituran. O, mucho peor, nos hacen al “ast”. En cambio, ese católico gobernante no tiene de qué preocuparse. Peca, se confiesa. Peca, se confiesa. Paco,¿te confiesas? Luego, le absuelven de sus pecadillos, tiene el cielo eterno asegurado y no como nosotros. Y puede estar así eternamente. No es de este mundo.

  6. jserna

    Arnau, gracias por el consejo. Lo lógico es que hiciera un acto de apostasía o contrición. Pero me da una pereza… Esperaré tranquilamente mi condena eterna. De momento ya estoy en el infierno.

    En su intervención en el Rector Peset, Luis Mateo Díez habló con nostalgia y elegante ironía del limbo: el único sitio en el que le gustaba estar, dijo.

    De repente recordé un artículo mío en el que también yo hablaba melancólicamente del limbo. No sé las razones de Luis Mateo Díez: yo tengo motivos estrictamente personales para lamentar la desaparición de ese lugar o tierra de nadie, un espacio de espera eterna en el que malvivían hasta hace cuatro días tantos niños fallecidos. No es guasa. Si no me cree, lea esto que abajo enlazo. Hablo de la confesión y hablo de… En un momento determinado casi confieso por qué me interesa tanto el limbo:

    “¿La Iglesia debe pedir perdón?”, El País, 10 de diciembre de 2005.

  7. jserna

    Poesía

    Por cierto, aunque las estadísticas no dejan de crecer no parece que este post en concreto interese mucho. Pensaba castigarles con un nuevo. Pero no. La materia es relevante al margen de lo que yo haya podido apuntar.

    Mientras tanto, les invito a leer poesía. Hay varios motivos.

    1. Les enlazo un poema reciente de Juan Antonio Millón que me ha conmovido:

    http://sendasydivagaciones.blogspot.com/2010/10/la-estanca.html

    2. Entramos en el día de Miguel Hernández: 30 de octubre 1910… Recuerdo que mi primer acto público fue participar en la organización de un homenaje a Miguel Hernández. Estábamos en el curso 1975-1976. La lectura de su poesía fue un acto de sonoridad y de profundidad para un adolescente. Aún conservo mi ejemplar de Miguel Hernández, una antología en Rotativa fechada en 1974. Estos días he aprovechado para releer al poeta en aquel volumen que se me desencuaderna.

    3. Acabo de recibir un generoso envío: la reedición de un volumen de Miguel Veyrat, cuyo título no revelaré de momento y que espera ser leído justo en su momento.

    4. Exactamente lo mismo puedo decir de otro libro de poemas de Javier Jover. Tampoco desvelaré el título hasta que lo haya podido disfrutar.

    La poesía no es un expediente transitivo ni tampoco un recurso utilitario. Me permitirán demora, pues.

  8. David P.Montesinos

    1. En relación al poema, ciertamente hermoso, de Millón, y ya que ha sido excusa para entrar en su blog, desconocía que hubiera el congreso sobre el mundo clásico de Alcañiz al que se refiere, pero me recuerda al que organiza, precisamente en el pueblo de nuestro amigo -Sagunto- la asociación de profesores de Cultura Clásica, y que me parece una de las mejores cosas que ocurren por estos pagos en el mundillo de la educación secundaria.

    2. Ya que hablamos de poesía y de Hernández, al que ciertamente adoro, no puedo evitar acordarme de cierto incidente que, como diría el Lazarillo en el episodio del ciego, “me sacó de mi natural ingenuidad”. Me presenté hace una eternidad al Miguel Hernández de poesía en Alicante. Obviamente, no lo gané. El caso es que, al acabar el acto, nos dirigieron hacia un hotel donde se celebraba un pequeño ágape de homenaje a los participantes. Fui un taxi al que se me acopló una pareja. El tío estaba enfadado porque tampoco había ganado, pero a cambio su novia presumió ante mí por ser una estrella de la ópera en ciernes. Al llegar, yo estaba hambriento, pero, en cuanto aparecieron los camareros con los champanes, canapés y turrones, una jauría enfurecida de poetas se lanzó sobre las viandas, de tal manera que yo, acobardado por los codazos que me soltaron la soprano y el poeta, quedé como petrificado, sin el valor suficiente para lanzarme a aquel infierno de golpes y sabiendo que acabaría la noche en un seven eleven comprando donuts. Jamás he vuelto a rimar un verso.

    3. Creo intuir -ya saben que me creo muy listo- que el comentario inicial del post tiene algo que ver con los últimos exabruptos de Pérez Reverte sobre Moratinos. Yo puedo albergar mis dudas sobre la eficacia ministerial del ya ex mandatario -por más que me pareció siempre un honrado defensor de la paz y un amante de causas justas- pero crujirlo a insultos por un momento de debilidad ante las cámaras, unos insultos que no se aparejan con la más mínima exposición de razones -yo me quedo sin saber por qué Moratinos es “un mierda”- constituyen una infamia.

    Con todo, creo que hay que saber ponderar la polémica intervención de Don Arturo. Yo creo que su problema es que está empeñado en parecer malo, algo así como un “enfant terrible”, como si presintiera que tiene que seguir jalonando su emocionante biografía con nuevos episodios conflictivos. Como si no le bastará vender libros a mogollón y ser rico, tiene que hacer justicia a su leyenda y seguir pareciendo una mezcla de Alatriste y Quevedo, siempre irritando con sus libelos a supuestos poderes liberticidas y soltando precisos sablazos en oscuros callejones.

    Otra cosa es que merezca la pena leerle. En mi opinión no hay ni medio minuto que perder, ni con sus artículos, que son más bien tontuelos, ni con sus novelas, porque no van más allá del divertimento ligero, para lo cual prefiero leer tebeos, que molan más. Yo creo que es mejor persona de lo que intenta aparentar, y de ser un literato tan prolífico como mediocre no tiene él la culpa. Perdonémosle pues.

  9. Arnau

    D. David tiene usted toda la razón.Cuando leí Alatriste,que no se crea usted uno también lee,me recordó al Capitán Trueno y Hazañas Bélicas,tebeos de mi infancia-adolescencia y que me siguen pareciendo,los tebeos,magníficos y que llevaron, nos llevaron a muchos de nosotros a apreciar el papel como forma de difusión cultural,como ahora podría ser ahora la nintendo,si en lugar de estar bajo el dominio nipon-anglo-americano,estuviese bajo los auspicios de González Sinde,tan proclive a prohibir como aquellos mandatarios de la censura.

  10. Arnau Gómez

    No sé porque,el cacharrito que tengo en la mesa del escritorio me suprime el apellido.Quizás me haya repudiado,pues él es de buena familia.

  11. David P.Montesinos

    El cacharrito le suprime el apellido porque es un cacharrito sabio y nacional-católico: sabe perfectamente que el suyo, don Arnau, es apellido de conversos.

    Coincido con usted en lo del Capitán Trueno. Lo de que iban a prohibir este tipo de lecturas tan incorrectas en las escuelas forma parte de una cruzada secreta que se está lanzando desde hace años a los niños para matarlos a todos de aburrimiento y estupidez. Por cierto, asómese esta noche a su balcón, los va a ver disfrazados por las calles. Resulta que eso a lo que usted y yo llamamos con porte anticuado Todos los santos y que nos sirve para inflarnos de huesos de ídem es en realidad nada menos que jalogüin… ¿qué le parece?

  12. Marisa Bou

    ¡Ojo, señor Montesinos! Que lo de jalowin, en ésta nuestra Santa Ciudad de Valencia, va a desaparecer: este año, a petición del Ilustrísimo Arzobispado Valentino, los disfraces pasan a ser de Santos de toda clase y condición, en vez de los deleznables vestidos de brujitas, vampirillos y demás tontadas.

    Yo misma, para estar a tono con mi sufrimiento actual, he pensado “desvestirme” de San Esteban, que las saetas ya las llevo puestas. Aunque temo ser acusada por la Santa Madre Iglesia de trasvestismo, o lo que es peor, de tildar a San Esteban de maricón. Y perdón por el exabrupto (¿qué rayos querrá decir exabrupto?).

  13. Arnau

    El cacharrito es sabio,pero no creo que sea nacional-católico.Es meid in China.
    Lo del jalouin lo inventaron nuestros antepasados,solo que era otra cucurbitácea,la sandía, a la que le dibujaban,dibujábamos una cara,le poníamos un candil de aceite.En las noches del verano y principios del otoño,se encendía el candil y los niños paseábamos las calles cantando aquello de:”El sereno tiene un perro..”.
    Ahora lo angloamericanizamos todo.Por eso me extraña,que nuestras autoridades eclesiásticas,tan cercanas a los mandamases de la Ineducación cívica,lo quieran suprimir.Tengo una explicación.Quieren que nuestros niños se aburran,para poderles divertir con misas,rosarios,novenas…disfrazaditos de demonios,brujas,vampiros…
    ¡Ande va usted,Dña Marisa,disfrazada de Diana cazadora!.
    Una pregunta inocente:¿San Esteban es el patrón adjunto de esta Comunidad?

  14. David P.Montesinos

    Pero no se engañe, Arnau, los chinos ahora han aprendido incluso a hacer tortillas de patatas en los bares de siempre. En breve organizarán procesiones de semana santa.

    Bueno, Marisa, no hay que olvidar que los gays adoran a San Esteban y a sus flechas.

  15. R.S.R.

    Noche de difuntos y poesía.
    Días atrás me fui a ver la exposición que hay de Miguel Hernández en la Biblioteca Nacional, “La sombra vencida”.El comisario es un catedrático de Literatura de Alicante que ahora no recuerdo el nombre. La exposición cubre todas las etapas del poeta, las de su biografía y las de una parte de la historia de este país a la que va unida. Hay objetos, fotografías de Madrid en la proclamación de la República y muchas cartas originales donde cuenta la impresión que le produjo Madrid cuando llegó por primera vez, con unos zapatos medio rotos y sin dinero, un Madrid que le resultó inhóspito, habla de su relación con otros poetas y de aquella alianza de intelectuales que no sale muy bien parada
    También están las cartas que le escribía a Josefina desde que la conoció y las que le escribió desde la cárcel. Leyendo esas cartas el pasado se hace visitable. Por algunas zonas de la exposición hay una voz- que no identifiqué- recitando sus poemas, es una exposición realmente conmovedora.

    No hace mucho el Marinero de los mares del destino recitaba unos versos de él ¿se acuerdan?

    Tengo estos huesos hechos a las penas

    y a las cavilaciones estas sienes:

    pena que vas, cavilación que vienes

    como el mar de la playa a las arenas.

    Como el mar de la playa a las arenas,

    voy en este naufragio de vaivenes,

    por una noche oscura de sartenes

    redondas, pobres, tristes y morenas.

    Nadie me salvará de este naufragio

    si no es tu amor, la tabla que procuro,

    si no es tu voz, el norte que pretendo.

    Eludiendo por eso el mal presagio

    de que ni en ti siquiera habré seguro,

    voy entre pena y pena sonriendo.

    El Rayo que no cesa (1936)

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