La derecha española. ¿Qué hacemos con Franco?

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Cero. Durante los días 30 y 31 de mayo, la Asociación para la Memoria Social y Democrática (AMESDE)  organiza unas jornadas con el título Franquismo y antifranquismo en la memoria democrática. Tendrán lugar en el Aula Magna de la Universidad de Valencia, en el Edificio La Nau. Es un acto abierto al que todos ustedes están invitados. Comienza a las 19:00 horas. Coordina Pepe Reig. Intervienen:

-30 mayo: Sergio Gálvez , Jaime Ruiz, Alfons Cervera, Matías Alonso.

-31 mayo: Dolors Sánchez Durá, Justo Serna, Pedro Ruiz Torres.

“¿Qué le debe nuestra democracia, en términos simbólicos y discursivos, al antifranquismo y qué al franquismo residual? ¿Puede una democracia nacida de una transición pactada revisar los términos del pacto? ¿Puede construirse una cultura política democrática duradera sobre la base de aquel pacto? ¿Son muy diferentes nuestros déficits de memoria de los que aquejan a los europeos del siglo XXI? ¿Cómo deberían afrontarse hoy?”

Uno. Mi intervención en estas jornadas versará sobre:

La derecha española. ¿Qué hacemos con Franco?

Dos. Empecemos con una definición muy sencilla, una síntesis que resuma aquello que pienso del Régimen del General Franco.  Lo que voy a decir no es nada original, pero parece que hay que repetirlo, dada la frivolidad con la que algunos historiadores presentan la vida del Caudillo. Pido disculpas a los lectores para quienes todo esto resulte conocido, archisabido.

¿Qué es el franquismo? Es una dictadura militar; pero es a la vez un sistema político unipartidista: vale decir, formalmente constituido por un partido único (Falange o Movimiento Nacional). A la cabeza hay una jefatura del Estado rodeada de plenos poderes: el régimen se calificará como un Reino sin rey.

El franquismo es un régimen castrense o pretoriano que dirige un militar, un Jefe de los Ejércitos  que es a la vez Jefe del Estado con el título de Generalísimo o Caudillo. Al Jefe se le rinde culto: ha ganado una Guerra Civil, una Cruzada, y por tanto ha probado su valía en el campo de batalla. Su inspiración es religiosa, nacional-católica.

El alzamiento de Francisco Franco, que da lugar a la Guerra Civil, es tradicional y moderno. Primero, es una asonada típica del militarismo español. Segundo, es un movimiento de inspiración fascista. Como otros países que han experimentado los efectos de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución de Octubre, la España que Franco se propone rehacer  –la España de la quiere extirpar el marxismo y el liberalismo, la democracia y el parlamentarismo– es un país aquejado por una grave crisis económica; es un país alterado por crisis sociales duramente reprimidas y de consecuencias violentas; es un país que ha padecido derrotas militares (el africanismo) o amenazas revolucionarias (1934).

Los fascismos se presentan como una solución tajante a los males de la modernidad: el principal de ellos, la presencia de las masas. Pero a la vez los movimientos fascistas hacen uso de la técnica moderna, de la movilización intensa y extensa de la población: hay encuadramiento y hay represión feroz; pero hay también dominación ideológica, socialización política.

En los regímenes fascistas de Benito Mussolini o de Adolf Hitler, el partido y el Estado se confunden. Es por eso por lo que el totalitarismo –según la doctrina mussoliniana— tiende a eliminar las instituciones mediadoras. El objetivo es acoplar enteramente la sociedad al Estado, cuya encarnación es el Duce o luego el Führer. En la base del Régimen de Franco hay un pequeño partido o movimiento de corte igualmente fascista y hay equivalencias o similitudes con los regímenes totalitarios.

Pero en el franquismo el régimen y el partido no son lo mismo. El sistema  nace de una Guerra Civil y, por
tanto, nace de una coalición de fuerzas combatientes y políticas que luego tendrán distinta influencia o predominio. Hay diversas familias políticas con ideologías variadas: desde el falangismo hasta el carlismo, pasando por el Opus Dei o los propios militares.

Es un régimen que dura y evoluciona. Dura gracias a la circunstancia estratégica que lo beneficia –particularmente la lucha occidental contra el expansionismo soviético– y evoluciona desde el totalitarismo de corte fascista hasta el autoritarismo: desde el sistema fascista de partido único hasta la dictadura unipersonal de pluralismo político limitado. Pero lo que no dejará de ser el franquismo es un sistema represivo, antiliberal y antidemocrático, como otras dictaduras de origen fascista. El Régimen del Caudillo añade el elemento religioso, propiamente reaccionario: el catolicismo ultramontano.

El régimen de Franco fue un sistema social y políticamente  desastroso, una profunda grieta en la historia española de la que aún no nos hemos repuesto por entero.  Combinó el fascismo violento y ornamental de Falange con el confesionalismo de  la Iglesia católica y el militarismo de un ejército africanista. Impuso primero la autarquía económica –de grandísimos costes— para  luego evolucionar liberalizando sólo en parte el mercado, un mercado  frecuentemente intervenido: con numerosos frenos, con corrupciones.

Tres. Tal vez algún lector se pregunte por qué pongo la portada de ¡Hola! para ilustrar este post. La respuesta es bien sencilla. Resume la imagen que la dictadura quiso ofrecer al final. La moraleja sería más o menos ésta: hacia los años sesenta y sententa, España está dirigida por un viejo militar, un abuelo quizá algo severo pero capaz de sonreír, un soldado que aún viste de bonito aunque ya es sobre todo un civil. O como dice José-Carlos Mainer y reproducen Gonzalo Pasamar e Ignacio Peiró en su Diccionario Akal de historiadores españoles (1999):  Franco, en su vejez, se presenta como un “pulcro y distante anciano que alternaba el traje de tres botones, chaleco y sombrero breve, con los atuendos de patrón de yate, de sabio jugador de golf (según el modelo impuesto por Eisenhower), paciente pescador de salmón o cazador al rececho”.

 Repaso todas esas imágenes y me doy cuenta de que son, precisamente, las que he ido poniendo en los últimos años cada vez que he escrito sobre el tirano (Las cacerías de Franco, Mundo bizarro, etcétera). Detrás de esa sonrisa bonachona que ¡Hola! reproduce están el autócrata,  el dictador arbitral, el militar alzado en armas, el golpista.

Cuatro. El régimen del General Franco dura y se adapta a las condiciones del contexto internacional. Su prolongada supervivencia se basa, en primer lugar, en la autarquía: en el cierre del tráfico y en la restricción arancelaria, provocando una gran penuria; en segundo lugar, se fundamenta en el desarrollismo, en una apertura limitada del mercado, con monopolios y concesiones, con contratas y privilegios. Pero la dictadura se prolonga gracias a la represión minuciosa y constante de los opositores; se basa en el miedo, en la delación, en la vigilancia. La policía cumple celosamente con su cometido y a la vez con gran ineficacia, cosa que obliga a demostrar mayores ferocidad y crueldad.

Se dice que Franco concibió España como un cuartel. Hay mucho de cierto en ello. En realidad, la vida en España se desarrolla exactamente en el patio de un cuartel: los individuos respiran aliviados por el simple hecho de estar vivos, de estar paseando, aunque sea con temores y con dolores; respiran si se les deja en paz, si no son directamente acosados, perseguidos, eliminados. Es posible sobrevivir malamente no significándose, pasando inadvertidos.

Hay mucha gente empapelada,  sí: muchas personas que desaparecen, que son ajusticiadas, personas no pueden oponerse a la firme y punitiva represión. De repente, en el patio de un cuartel, ciertos individuos ya no están. ¿A qué se debe? Los vigilantes no responden o incluso amenazan, pero acaban estableciendo colusiones con ciertos internos. De esas  alianzas extraen beneficios unos cuantos.

Al principio, el único alimento permitido es lo que los propios internados cultivan en los pequeños huertos o lo que consiguen con la venta de lo que fabrican en los talleres penitenciarios: una magra cantidad que servirá de escaso sustento.  Hay mercado negro y avispados que hacen negocios. Con los años, el establecimiento alivia las pésimas condiciones de vida. No cesa la persecución y una parte de esa población sigue pasándolas canutas. Pero la intendencia ha mejorado.

Al alcaide, que va envejeciendo, se le recuerda por la gesta originaria, por la guerra en que se batió; pero ahora suele presentarse sin uniforme, viéndosele como un anciano civil, como un padrecito que vigila a su prole, siempre dispuesta a los desmanes. Ha traído la paz entre los internos gracias a la supervisión, la persecución y la eliminación de los díscolos o rebeldes. Ha traído la paz…, eso creen él y sus funcionarios, y así se lo hacen creer a los presos gracias a la megafonía estridente.

Hay desde luego una cierta prosperidad: esa intendencia llega a casi todos y quienes visitan el patio se sorprenden de las buenas condiciones materiales, incluso de las vistas interiores de que disfrutan los ingresados. Hay mejoría, sí, pero hay también una corrupción generalizada de la que no pocos internos participan. El alcaide, que lleva una vida austera, hace la vista gorda y deja hacer a sus subordinados: y deja hacer a su propia familia y allegados, que aprovechan esa cercanía para hacer pingües beneficios con la intendencia.

Pero todo acaba: ciertos internos, que no han conseguido escapar o que incluso han regresado, se organizan para terminar con aquello. Hay una ingratitud en la respuesta, piensan el alcaide y sus adláteres. ¿Ése es el pago a quien veló por todos ellos? ¿Hay que ser desagradecidos para oponerse a un régimen que ha facilitado una mejora y ha impuesto el orden.

Una grave enfermedad desarbola al alcaide. Todo se precipita…

Blogosfera

Las cacerías de Franco”, Los archivos de JS, 20 de noviembre de 2008

Mundo bizarro”, Los archivos de JS, 25 de enero de 2010

23 comments

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  1. Isabel Zarzuela

    Vaya, Sr. Serna, parece que volverá usted a tratar un tema interesantísimo al cuestionarse lo que hará la derecha española con Franco. Como apasionante fue la charla del pasado martes acerca del fanatismo, a la que tuve la suerte y el gusto de asistir.

    De toda su exposición, don Justo, me interesó especialmente el análisis de las circunstancias y los orígenes del fascismo entre el último tercio del s. XIX y el primero del s. XX. El momento de grave crisis económica y la percepción de quiebra e incertidumbre que impregnó a la sociedad del momento; el surgimiento de nuevas ideologías y la aparición de las masas en la esfera pública; la violencia… con la Primera Guerra Mundial o Revolución de Octubre. Y cómo, ante esa circunstancia, la necesidad de reestructuración es apremiante, surgiendo así el ‘ideofascismo’, la religión política.

    En fin, que después de escucharle sentí un escalofrío por todo el cuerpo: no pude evitar hacer paralelismos con los tiempos que corren. Sé que no hay que precipitarse y que debemos ser cautos con estos paralelismos pero, precisamente por saber lo que ocurrió no hace tanto tiempo, considero que siempre debemos estar alerta.

  2. Arnau

    D. Justo. La derecha española para homologarse con la derecha europea, esa que lucho contra el fascismo italiano y el nazismo austro-germano, debe condenar a Franco y sus 40 años de dictadura, enterrar a los asesinados, todos los que están en las cunetas y bajo de las tapias de los cementerios, asi como desmantelar el valle de los caídos y enterrar a Franco y sus sucesores bajo una buena capa de cemento. Amén

  3. aleskander62

    Interesante tema. La transición ha sido revisada por historiadores de la talla de Stanley G. Payne y Paul Preston. También por novelistas como Almudena Grandes, Cercas o Martínez de Pisón.

    Leí a Juan Planas: Los lugares del sitio.
    Quiero leer a Veyrat: La puerta mágica, pero hay dificultades con la distribución.

  4. Sigue...

    Dos. Empecemos con una definición muy sencilla, una síntesis que resuma aquello que pienso del Régimen del General Franco. Lo que voy a decir no es nada original, pero parece que hay que repetirlo, dada la frivolidad con la que algunos historiadores presentan la vida del Caudillo. Pido disculpas a los lectores para quienes todo esto resulte conocido, archisabido.

    ¿Qué es el franquismo? Es una dictadura militar; pero es a la vez un sistema político unipartidista: vale decir, formalmente constituido por un partido único (Falange o Movimiento Nacional). A la cabeza hay una jefatura del Estado rodeada de plenos poderes: el régimen se calificará como un Reino sin rey.

    El franquismo es un régimen castrense o pretoriano que dirige un militar, un Jefe de los Ejércitos que es a la vez Jefe del Estado con el título de Generalísimo o Caudillo. Al Jefe se le rinde culto: ha ganado una Guerra Civil, una Cruzada, y por tanto ha probado su valía en el campo de batalla. Su inspiración es religiosa, nacional-católica.

    El alzamiento de Francisco Franco, que da lugar a la Guerra Civil, es tradicional y moderno. Primero, es una asonada típica del militarismo español. Segundo, es un movimiento de inspiración fascista. Como otros países que han experimentado los efectos de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución de Octubre, la España que Franco se propone rehacer –la España de la quiere extirpar el marxismo y el liberalismo, la democracia y el parlamentarismo– es un país aquejado por una grave crisis económica; es un país alterado por crisis sociales duramente reprimidas y de consecuencias violentas; es un país que ha padecido derrotas militares (el africanismo) o amenazas revolucionarias (1934).

    Los fascismos se presentan como una solución tajante a los males de la modernidad: el principal de ellos, la presencia de las masas. Pero a la vez los movimientos fascistas hacen uso de la técnica moderna, de la movilización intensa y extensa de la población: hay encuadramiento y hay represión feroz; pero hay también dominación ideológica, socialización política.

    En los regímenes fascistas de Benito Mussolini o de Adolf Hitler, el partido y el Estado se confunden. Es por eso por lo que el totalitarismo –según la doctrina mussoliniana— tiende a eliminar las instituciones mediadoras. El objetivo es acoplar enteramente la sociedad al Estado, cuya encarnación es el Duce o luego el Führer. En la base del Régimen de Franco hay un pequeño partido o movimiento de corte igualmente fascista y hay equivalencias o similitudes con los regímenes totalitarios.

    Pero en el franquismo el régimen y el partido no son lo mismo. El sistema nace de una Guerra Civil y, por
    tanto, nace de una coalición de fuerzas combatientes y políticas que luego tendrán distinta influencia o predominio. Hay diversas familias políticas con ideologías variadas: desde el falangismo hasta el carlismo, pasando por el Opus Dei o los propios militares.

    Es un régimen que dura y evoluciona. Dura gracias a la circunstancia estratégica que lo beneficia –particularmente la lucha occidental contra el expansionismo soviético– y evoluciona desde el totalitarismo de corte fascista hasta el autoritarismo: desde el sistema fascista de partido único hasta la dictadura unipersonal de pluralismo político limitado. Pero lo que no dejará de ser el franquismo es un sistema represivo, antiliberal y antidemocrático, como otras dictaduras de origen fascista. El Régimen del Caudillo añade el elemento religioso, propiamente reaccionario: el catolicismo ultramontano.

    El régimen de Franco fue un sistema social y políticamente desastroso, una profunda grieta en la historia española de la que aún no nos hemos repuesto por entero. Combinó el fascismo violento y ornamental de Falange con el confesionalismo de la Iglesia católica y el militarismo de un ejército africanista. Impuso primero la autarquía económica –de grandísimos costes— para luego evolucionar liberalizando sólo en parte el mercado, un mercado frecuentemente intervenido: con numerosos frenos, con corrupciones.

    Continuará…

  5. jserna

    Sra. Zarzuela, muchas gracias por sus palabras. Al hablar del fanatismo, hice lo que pude, lo que buenamente sé. Pero hablemos del franquismo. Ahora, gracias a Arnau y a la noticia de Público, nos enteramos aquí de la versión edulcorada (muy próxima a Pío Moa) que nos presenta Luis Suárez.

    Suárez es un historiador medievalista. De obediencia opusdeísta, ahora custodia los fondos de la Fundación Francisco Franco (de los cuales se beneficia prácticamente en exclusiva). O como puede leerse en el Diccionario Akal de historiadores españoles contemporáneos, dirigido por Gonzalo Pasamar e Ignacio Peiró:

    “…en los últimos años al disponer de los materiales y documentos de Franco se dedica de manera hagiográfica a la figura del dictador y la historia española más reciente”.

  6. David P.Montesinos

    Conozco unos cuantos españoles de derechas. Ni uno solo ha resuelto su conflicto con el dictador, lo cual lo convierte en un trasunto edípico. Hay algo inconsciente y tenebroso en esa manera de reaccionar tan irritada que aparece cada vez que alguien les recuerda con datos que su Roberto Alcázar es un personaje de pesadilla y, probablemente, uno de los mayores asesinos del siglo XX. El que personajes tan estrafalarios como Pío Moa puedan vivir confortablemente de la literatura se explica desde esos parámetros: les dice lo que quieren escuchar, invistiéndose de supuesto rigor documental, les entrega la verdad en la que están iniciados pero que nadie se atreve a pronunciar, por lo cual se requiere al héroe que la pronuncia sin complejos.

    Hace algunos años, con motivo de una campaña electoral, el ínclito González Pons comparó reiteradamente a MªTeresa Fdez de la Vega con Franco, obviamente con la intención de desacreditarla. Con independencia de lo desafortunado y mezquino de la comparación, el tiro le salió por la culata, a ninguno de sus posibles votantes les hizo ni la más mínima gracia el símil, no ganó ni un voto con aquello. Es para reflexionar.

  7. jserna

    “Conozco unos cuantos españoles de derechas. Ni uno solo ha resuelto su conflicto con el dictador, lo cual lo convierte en un trasunto edípico. Hay algo inconsciente y tenebroso en esa manera de reaccionar tan irritada…”

    Preciso análisis, sr. Montesinos: hay, sí, algo edípico en la relación que algunos aún tienen con ese general que empezó siendo soldado para acabar adoptando el papel de abuelito severo.

    Aparte de la violencia directa, aparte de la represión feroz, la dictadura consiguió muchas cosas: entre otras, implantar el ‘franquismo sociológico’. ¿Qué era? Atemorizar y acomodar a un par de generaciones: unos sobrevivieron con miedo y en silencio; otros adecuándose a la prosperidad raquítica, a la expectativa. O beneficiándose de la corrupción y de la contrata.

    He puesto la portada del ¡Hola! no por frivolidad, sino por ser condensación –también freudiana– de la sociedad franquista. Lo explicaré…

  8. David P.Montesinos

    Mi madre traía semanalmente el Hola a casa. Uno suele recordar algunas cosas especiales en los grandes acontecimientos: qué pusieron en la primera cadena, qué dijeron en el cole, qué hizo mi abuela… Pues bien, yo recuerdo lo que pasó con el Hola. Tras el 20-N, obviamente se centró en el entierro del caudillo y el dolor de sus familiares y de “todos los españoles”. Pero el Hola, no nos equivoquemos, se hizo para la ilusión, y la muerte ilusiona poco, de manera que no tardaron ni una semana en dedicar un número entero -debe haber sido caso único en la historia de la publicación- a la dinastía borbónica que se disponía a recuperar la jefatura del Estado. Yo creo que aquel día Hola salió del armario. Siempre fue una revista de la aristocracia, antiguo régimen y glamour de la nobleza. Lo de los militarones en el fondo tenía muy mal estilo. A mi madre, por cierto, le pareció bien que no siguieran con el muerto, pero también dijo que era un rollo un número de Hola entero para Juan Carlos and family.

    En cuanto a mi abuela, lloró varias veces durante las horas del desfile de homenaje al Caudillo, pero creo que era sobre todo por miedo a lo que pudiera venir.

  9. jserna

    Tiene razón, sr. Montesinos, pero recuerde que ¡Hola! sacó un número especial –ese cuya portada reproduzco– dedicado enteramente al Caudillo, con un antetítulo muy significativo –“Consternación nacional”–, con un titular que lo resumía todo –“Franco ha muerto”– y con artículos destacados, como ese tan untuoso acerca de “Doña Carmen Polo de Franco: Retrato de una dama”.

    Aparte de otras reliquias conservo en casa la edición especial que sacó la revista cuando cumplió los cincuenta años (1944-1994). A la altura de 1994, la rememoración del Franco moribundo en ¡Hola! era escueta, muy escueta: nada evocaba el despliegue que la publicación había hecho en 1975. Y su mención del Generalísimo era ésta: “Franco tras treinta y nueve años en el poder, fallecía después de treinta y nueve días de larga agonía”. Una mención críptica, con simetrías inverosímiles, locas.

  10. Alejandro Lillo

    Parece que hay lío entre los historiadores, sí. Miren qué casualidad, curiosamente estoy trabajando algunos textos de Pío Moa, analizando como argumenta. Sabía que la Academia de la Historia no era el colmo de la modernidad y del progresismo, pero no pensaba que alcanzara estas cotas, la verdad. Esto no hace sino reforzar la idea de que hay que seguir destapando la verdadera ideología de toda esta gente.

    Les dejo un excelente artículo de Julián Casanova que tiene que ver con el asunto.

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/Historia/tambor/trompeta/elpepiopi/20091103elpepiopi_5/Tes

  11. Leda

    Y yo que estaba tan interesada en adquirir el nuevo Diccionario Biográfico Español: menos mal que unos amigos muy entendidos me advirtieron…

  12. Marisa Bou

    Ese título de “Historia de tambores y trompetas”, señor Lillo, define y condensa la historia de la dictadura. Años en los que los coches no eran discotecas ambulantes, como ahora, pero en cambio eran años en los que la ´”banda sonora” española era precisamente esa: un despliegue contínuo de bandas de tambores y trompetas, acompañando las procesiones constantes, con las que la iglesia amenizaba nuestras vidas, fuéramos creyentes o no. A destacar, sin duda, la banda de tambores y trompetas de “los niños de San Javier”, que provocaba tanta espectación como un moderno concierto de rock actual.

    En cuanto al tema del ya famoso diccionario de historia (perdonen las minúsculas, pero es que las mayúsculas pienso que no las merece) es tanto más preocupante cuanto que, esos 25 tomos, no han podido producirse en cuatro días, sino que lleva gestándose mucho tiempo, al parecer alentado por la idea de que este país iba a volver al redil de la derecha más espeluznante que imaginarse pueda. Alguien debe haberles garantizado que sus conceptos retrógrados, a no tardar mucho, iban a devenir en el más moderno de los estilos.

    ¡Aviados vamos! ¡Sálvese quien pueda!

  13. jserna

    He recibido un par de correos en el que me preguntaban por qué no ponía el tercer apartado de este post (Tres). Lo digo públicamente: aunque todo el post tiene relación con lo que voy a decir esta tarde, la conclusión la reservo para después de la intervención. Ustedes comprenderán.

  14. Arnau

    Oyendo al presidente de la academia de la historia,entiendo aquello de todo estaba atado y bien atado.

  15. Sigue...

    Tres. Tal vez algún lector se pregunte por qué pongo la portada de ¡Hola! para ilustrar este post. La respuesta es bien sencilla. Resume la imagen que la dictadura quiso ofrecer al final. La moraleja sería más o menos ésta: hacia los años sesenta y sententa, España está dirigida por un viejo militar, un abuelo quizá algo severo pero capaz de sonreír, un soldado que aún viste de bonito aunque ya es sobre todo un civil. O como dice José-Carlos Mainer y reproducen Gonzalo Pasamar e Ignacio Peiró en su Diccionario Akal de historiadores españoles (1999): Franco, en su vejez, se presenta como un “pulcro y distante anciano que alternaba el traje de tres botones, chaleco y sombrero breve, con los atuendos de patrón de yate, de sabio jugador de golf (según el modelo impuesto por Eisenhower), paciente pescador de salmón o cazador al rececho”.

    Repaso todas esas imágenes y me doy cuenta de que son, precisamente, las que he ido poniendo en los últimos años cada vez que he escrito sobre el tirano (Las cacerías de Franco, Mundo bizarro, etcétera). Detrás de esa sonrisa bonachona que ¡Hola! reproduce están el autócrata, el dictador arbitral, el militar alzado en armas, el golpista.

    Cuatro. El régimen del General Franco dura y se adapta a las condiciones del contexto internacional. Su prolongada supervivencia se basa, en primer lugar, en la autarquía: en el cierre del tráfico y en la restricción arancelaria, provocando una gran penuria; en segundo lugar, se fundamenta en el desarrollismo, en una apertura limitada del mercado, con monopolios y concesiones, con contratas y privilegios. Pero la dictadura se prolonga gracias a la represión minuciosa y constante de los opositores; se basa en el miedo, en la delación, en la vigilancia. La policía cumple celosamente con su cometido y a la vez con gran ineficacia, cosa que obliga a demostrar mayores ferocidad y crueldad.

    Se dice que Franco concibió España como un cuartel. Hay mucho de cierto en ello. En realidad, la vida en España se desarrolla exactamente en el patio de un cuartel: los individuos respiran aliviados por el simple hecho de estar vivos, de estar paseando, aunque sea con temores y con dolores; respiran si se les deja en paz, si no son directamente acosados, perseguidos, eliminados. Es posible sobrevivir malamente no significándose, pasando inadvertidos.

    Hay mucha gente empapelada, sí: muchas personas que desaparecen, que son ajusticiadas, personas no pueden oponerse a la firme y punitiva represión. De repente, en el patio de un cuartel, ciertos individuos ya no están. ¿A qué se debe? Los vigilantes no responden o incluso amenazan, pero acaban estableciendo colusiones con ciertos internos. De esas alianzas extraen beneficios unos cuantos.

    Al principio, el único alimento permitido es lo que los propios internados cultivan en los pequeños huertos o lo que consiguen con la venta de lo que fabrican en los talleres penitenciarios: una magra cantidad que servirá de escaso sustento. Hay mercado negro y avispados que hacen negocios. Con los años, el establecimiento alivia las pésimas condiciones de vida. No cesa la persecución y una parte de esa población sigue pasándolas canutas. Pero la intendencia ha mejorado.

    Al alcaide, que va envejeciendo, se le recuerda por la gesta originaria, por la guerra en que se batió; pero ahora suele presentarse sin uniforme, viéndosele como un anciano civil, como un padrecito que vigila a su prole, siempre dispuesta a los desmanes. Ha traído la paz entre los internos gracias a la supervisión, la persecución y la eliminación de los díscolos o rebeldes. Ha traído la paz…, eso creen él y sus funcionarios, y así se lo hacen creer a los presos gracias a la megafonía estridente.

    Hay desde luego una cierta prosperidad: esa intendencia llega a casi todos y quienes visitan el patio se sorprenden de las buenas condiciones materiales, incluso de las vistas interiores de que disfrutan los ingresados. Hay mejoría, sí, pero hay también una corrupción generalizada de la que no pocos internos participan. El alcaide, que lleva una vida austera, hace la vista gorda y deja hacer a sus subordinados: y deja hacer a su propia familia y allegados, que aprovechan esa cercanía para hacer pingües beneficios con la intendencia.

    Pero todo acaba: ciertos internos, que no han conseguido escapar o que incluso han regresado, se organizan para terminar con aquello. Hay una ingratitud en la respuesta, piensan el alcaide y sus adláteres. ¿Ése es el pago a quien veló por todos ellos? ¿Hay que ser desagradecidos para oponerse a un régimen que ha facilitado una mejora y ha impuesto el orden.

    Una grave enfermedad desarbola al alcaide. Todo se precipita…

  16. jserna

    El episodio de la Real Academia de la Historia, que ayer glosé brevemente en la intervención que tuve en las jornadas, da pie a preguntarse para qué sirve la historia hoy. Da motivo también para preguntarse por los controles académicos y la ideología y la objetividad.

    Desde luego, algunas veces me han preguntado sobre estas cuestiones y algo señalé ayer. Un nuevo correo ordinario me plantea este asunto. No quiero contestar al trote. Es mi intención desarrollar un post con este particular. Aunque no inmediatamente.

  17. David P.Montesinos

    Lo que más me ha gustado es cuando el autor de la voz “Francisco Franco” en el diccionario de marras ha dicho que no puso “dictadura” o “sistema totalitario” porque la palabra “régimen autoritario” la pueden entender mejor los jóvenes. Claro, como no han vivido ninguna dictadura no van a entenderlo. Se me ocurre -usted como historiador debería aplicarse el cuento- que en la Edad Media no deberían hablar de feudalismo, pues como no lo han vivido no pueden entenderlo. Podrían decir “el gobierno de Sauron”, que eso fijo que lo entienden.

  18. Alejandro Lillo

    Con este asunto es difícil dar crédito, pero es una asunto muy sigificativo. Una de las cosas que me han dejado pasmado han sido las declaraciones del director de la Academia, Gonzalo Anes. El señor, para justificarse, dice que “es muy difícil conseguir la objetividad absoluta”. También, como apunta don David, afirma con total desfachatez (nunca mejor dicho), que “autoritario” viene a significar los mismo que “totalitario”. ¿Cómo que “viene”? ¿Pero qué rigor es ese? ¿Y éste hombre es el presidente de la Academia de la Historia? Ay, señor, señor.

  19. jserna

    El rigor, efectivamente: la capacidad de discernir y de persuadir –de convencer con pruebas– y la capacidad para combinar documentos con explicaciones e interpretaciones argumentadas –que ha de compartir– son lo que distingue a un historiador de un propagandista.

    Esto tenemos que discutirlo. Quizá más adelante.

  20. La Academia y La Historia en Facebook

    Julián Casanova Ruiz en Facebook:

    ¿Para qué sirve la Academia y la historia?

    La Academia de la Historia no representa a nadie, ni a los historiadores ni a sus investigaciones, y su utilidad es nula. Son un grupo de amigos, reclutados entre ellos, ausentes la mayoría, aunque hay excepciones, de la docencia y de la investigación, de los proyectos de investigación, de los congresos y debates historiográficos. Pueden mantenerse como académicos, pero no pueden elaborar versiones bochornosas sobre la historia con dinero, y mucho, público. La polémica sobre el Diccionario ha dañado sustancialmente al oficio del historiodor, dado que mucha gente cree que la historia depende de quien la cuenta, que es una empresa totalmente subjetiva o cercana a la ficción. La verdad absoluta es inalcanzable, y la objetividad un sueño noble, pero entre ese sueño y la historia como una pura construcción del historiador hay una vía de diálogo entre el historiador y el pasado, a través de la cual mantenemos una relación estrecha con una parte de la realidad del pasado. No inventar libre y arbirtrariamente, escuchar las voces del pasado y hacer preguntas al material investigador para ofrecer la narración y análisis más fidedignos posibles. Ese es nuestro desafío, y quienes lo respetan, lo hacen bien y lo demuestran, son también respetados por sus colegas, por la comunidad científica y por el público que lee libros de historia. La Real Academia de la Historia es materia para la historiografía, para analizar sus orígenes, evolución y servicios al poder. Y ya no debería existir, ni ésta ni otra reformada. Nosotros, los historiadores, no necesitamos guardianes de las esencias de la historia.

    Alicia Soriano Ibañez

    Es una explicacion clara y concisa a la vez que necesaria,con tu permiso la comparto.Yo no lo podria esplicar mejor

    Agencia Febus

    Buen texto Julián. A título personal, no quisieron incluir a mi abuelo en el mencionado diccionario, ahora entiendo por qué. Quieren hacer lo que Joseph Paul Goebbels les enseñó: “repite 1000 veces una mentira y se convertirá en verdad”.

    Alicia Soriano Ibañez

    Perdon por la falta de la “s” en vez de x,.Es tres xxx

    Justo Serna
    Comparto casi todo lo que dice Julián Casanova y cómo lo dice. En efecto, el daño que se ha infligido a la profesión histórica es notable, pero en parte nos lo merecemos. Muchos historiadores descuidan a los lectores, a los destinatarios de sus obras: sólo se dirigen a sus pares intelectuales. Encima, no pocos investigadores disfrutan empleando una jerga indescifrable creyendo que así hacen ciencia. Yo no creo que la historia sea una ciencia, un vocablo noble que ha servido de excusa frecuente para pasar de rondón pura ideología. Pero el historiador no hace ficción: no describe un mundo inventado o arbitrario. La historia es una práctica sometida a reglas, a procedimientos, a pautas convenidas que permiten afirmar documentadamente y con control. La historia debe ser un conocimiento riguroso, un proceso de búsqueda en el que la frase –la enunciación—ha de fundamentarse. Desde luego el historiador no se rige por el ‘anything goes’, por el todo vale: se basa en pruebas, se ciñe a los documentos y cuando conjetura avisa. Pero la historia no es puro dato: es interpretación de las acciones humanas y de su significado; es explicación de lo que los sujetos históricos no saben o no pueden ver; y es designación: rotulamos, nombramos. El proceso de designación ha de compartirse y validarse y ha de ser sometido a la inspección de los otros historiadores. El repudio del subjetivismo ideológico que hay en el Diccionario biográfico es una prueba de esa inspección. Lamentablemente llega tarde: los recursos públicos ya se han gastado.
    En fin, al hablar de la historia y de los historiadores, no digo nada que no sepamos. Si me permiten, remito a un artículo de prensa que publiqué hace cinco años. Lo titulé ‘Defensa del historiador’.

    http://www.uv.es/jserna/Defensadelhistoriador

    Alberto Montaner

    Estoy completamente de acuerdo con lo que dice Justo Serna y con casi todo lo que dice Julián Casanova, incluyendo la necesidad de, como mínimo, fumigar la apolillada RAH. Sin embargo, el Diccionario biográfico no se puede descalificar in toto por algunos desafortunados artículos hechos por los capitostes de la Academia o sus aláteres, porque allí ha colaborado muchísima gente y me consta personalmente que un elevadísmo porcentaje de voces ha sido hecho por personas competentes y que han actuado de acuerdo con las pautas del rigor histórico exigibles a cualquier profesional. Justamente, lo grave es que los académicos cavernícolas se hayan parapetado tras una labor mayoritariamente bien hecha para intentar colar de matute sus particulares visiones ideológicas, haciendo así un daño irreparable a una obra que, de suyo, no se lo merecía, al menos hasta donde yo la conozco.

    Ana Muñoz

    Gracias, por poner voz a lo que muchos pensamos.

    Javier Blasco

    Alberto, un saludo. Estoy seguro de que lo que dices es cierto, pero tampoco se trata ahora de analizar el número de justos que se necesitan para perdonar a Sodoma o a Gomorra. Lo que dices todavía, para mí, pone de relieve algo mucho más grave: unos retrógrados impresentables, poco respetusos con su profesión, se han escudado cobardemente en el trabajo bien hecho de otros muchos para difundir sus consignas ideológicas y para manipular el pasado instrumentalizando el presente. Doble delito. Todos esos que han hecho, como dices “una labor mayoritaimaente bien hecha”, deberían estar mordiéndose la uñas de enojo. Y esto se ha hecho con dinero publico de educación y con el asentimiento (lo que les ha costado decir que lo corregirán on line) de toda una institución que ha quedado marcada per saecula… Indignante.

  21. leonardo mulinas

    Hola a todos:

    Como es mi primera entrada en el blog por tanto aprovecho la ocasión para saludar a los presentes antes de entrar en materia y de poner -entiendo que de eso va la entrada- encima del tapete el tema del ‘Diccionario Biográfico Español’ y lo asombrados que estamos todos con lo que hemos leido en la prensa de estos últimos días.

    Me llama la atención, sobre todo, el no poder disponer de los textos al completo (en la página web de la RAH no están) por lo que sólo puedo hablar de lo que he leído en los periódicos, faltando por tanto a una de las máximas de la profesion: hacer un uso exhaustivo y directo de Q, … por lo que cualquier comentario que se haga a partir de ahora cojeará en ese sentido: únicamente comentaré de lo que he visto y leído.

    Y …. queridos, … estoy con la boca abierta.

    ¿Que os parecería que un catedrático de Derecho Penal glosase sobre la formas de notificación hábiles reguladas en el derecho administrativo?

    ¿O que un catedrático de Microbiología se encargara de la voz ‘esquizofrenia hebefrénica’ en la más cualificada publicación subvencionada de los galenos españoles?

    Pensaríais que, claro, ambos son, respectivamente, juristas y médicos y, por tanto, estan capacitados para tan alta tarea encomendada, aunque, quizas, lo lógico es que dichos trabajos fueran encargados a un administrativista y a un psiquatra, también respectivamente. Todo eso sin entrar en los mamoneos sociopolíticos existentes ‘ad hoc’, tan propios de este país.

    Por que es que …

    … ¿¿¿ A alguien se le ocurre que esos textos ???,
    … que se han publicado en la prensa y, supuestamente, han tenido los arrestos (-los autores, responsables ‘in vigilando’ y subvencionadores-)de presentarlos de forma oficial a bombo y platillo con ministra incluida, …

    ¿¿¿ esos textos pasarían la prueba del algodón en el extranjero, … en Alemania, Francia, Inglaterra, Suecia o, incluso Italia …???

    Yo me pasmo.

    ¿Que pensaran Moradiellos, Thomas, Preston, Saz o Santos Juliá?

    ¿Cómo se elige a los académicos? …
    ¿Y a los glosadores?
    Porque lo que está claro es que aquí ha habido un pasteleo de aúpa.

    Y tampoco ha existido control en el final del producto, y así ha sucedido el bochorno de, además, minimizar el -seguro- excelente trabajo de muchos profesionales que sí han hecho allí bien sus deberes. Derroche de medios, caudales y talentos con sonrojo incorporado.

    Vale, señores, que cuatro iluminados prediquen, en mor de un beneficio económico encubierto, una versión sesgada de los hechos que no se daba en la historiografía del género desde la década de los cincuenta, y que todo el mundo mundial entiende superada desde el concepto clásico de Linz.

    Vale que todo el mundo mundial puede contar lo que le venga en gana y de la forma que quiera, pero no con mi dinero, por favor.

    Vale que el franquismo no fue un concepto monolítico y que evolucionó, hasta llegar a esa etapa paterno-autoritarista que tanto añoran hoy sus apesebradas plañideras.

    Pero de ahí que a monseñor Escrivá le hablase Dios … !!!!

    ¡¡¡ POR FAVOR !!!

    Más le hubiera acontecido acometer al Sr. Suarez Fernández la reseña del rey Favila y su enfrentamiento con el oso y no la onerosa tarea de su Caudillo contra las fuerzas del mal.

    Seguro que habríamos salido todos mejor parados.

    Saludos,

    Leonardo

  22. jose berganza

    Saludos de un espanol,
    No resido en Espana desde Hace curenta anos, esto dicho cuando os leo me da la impresion que sois masocas oportunistas o sera que os habeis despertado despues de un sueno que duro mientras Franco vivio, Yo vivi treze anos de pequeno durante el ‘horrible regimen’ y la gente era feliz o infeliz segun le valla,pero tanto como lo poneis… sera que estaba en otro planeta, A una persona que no tiene trabajo si le pones cualquier regimen me da que le da igual,
    y de claridad en la comprension de los verdaderos problemas.- todabia con la confusion cacofonica me temo que la mayoria vota por el que mejor promete?
    Combati al Franquismo cuando nadie se movia o muy pocos, que si era para esto me lo habria pensado.
    Saludos Y a segir masocas Haber si un dia buscais la verdad simplemente.

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