La realidad. Lo que sabemos y lo que no sabemos

Gracias a Filmin pude ver una película estrenada en 2018 de la que no me había enterado. Me refiero a The Guilty, un film danés (Den skyldige), de Gustav Möller.

La historia que se nos cuenta, la circunstancia que vemos y oímos, es la de Hom, un policía, un oficial de policía ahora recluido o confinado temporalmente en la sección de emergencias. Está en la recepción telefónica atendiendo. En el 112, diríamos por estos lares.

Un día, ese agente recibe una llamada de alguien que por los indicios está en peligro. Es una mujer la que telefonea.

Escuchamos unos ruidos característicos, reconocibles: los que hace un vehículo en marcha. La persona que llama va montada en ese automóvil.

Pero, a lo que parece, la mujer no conduce, no maneja en ese momento. Por su tono lastimero y por las voces ásperas de un varón diríamos que está siendo secuestrada por un hombre, ese que la acompaña y que, según digo, oímos en segundo plano.

Tiene un tono arisco, podríamos decir que violento. Es probable que tenga aviesas intenciones, intenciones homicidas.

Todos los hechos de que los espectadores somos testigos mudos suceden fuera de campo.

Sentimos angustia, miedo, impotencia y una desazón que crecen conforme crecen también la rabia, el furor y la frustración intermitente del Hom.

Allí sigue, encerrado en un cubículo de pocos metros cuadrados, atado a la línea telefónica.

La película gira en torno a las conversaciones telefónicas del policía con esa mujer, con el hombre, su probablemente su secuestrador, y con otros miembros de los servicios de urgencia.

La cámara no abandona a Hom, con frecuentes primeros planos de Jakob Cedergren, que es el actor que protagoniza el film. La tensión dramática depende de la expresión facial y de las palabras del agente.

El protagonista recibe información telefónica, pero esas noticias son siempre escasas, insuficientes, sin posibilidad de ser contrastadas.

Este film ha sido comparado a Buried (Enterrado, 2010), de Rodrigo Cortés. sin descartar esa afinidad, yo preferiría comparar esta película con una novela de Henry James: In the Cage (En la jaula, 1898).

Esa novela de James está narrada en tercera persona, pero con el punto de vista del personaje principal. ¿Y quién es?

Retrato de Henry James: Jacques-Emile Blanche (1861 – 1942).

‘En la jaula’ está protagonizada por una humilde telegrafista londinense que recrea el mundo exterior, el de las clases altas, a partir de los telegramas que tramita.

A diferencia de Hom, el policía de The Guilty, ella no escucha entrecortadas llamadas telefónicas.

Ella lee brevísimos telegramas, expresión de un mundo real que sólo puede intuir o, mejor, conjeturar.

En su trabajo, en su despacho de telegramas, reconstruye la vida de quienes frecuentan la oficina postal y las posibles reacciones de los destinatarios de dichos mensajes.

Se basa, pues, en una materia prima escasa y fragmentaria (las pocas palabras del telegrama), pero no se resigna. ¿Quiénes son y qué hacen esos personajes de quienes lo ignora casi todo?

La muchacha reconstruye aquello que motiva los telegramas, aquello que pudo ocurrir, aquellas reacciones que provocarán.

Con pocos datos y mucha imaginación, quizá el protagonista acierte en sus conjeturas, pero puede que se equivoque.

Y qué no producirá, se pregunta el narrador en la obra de James, la percepción embotada de una muchacha despierta.

Lo que produce es conocimiento aproximado y parcial de ese mundo externo, un conocimiento en ocasiones sorprendentemente fiel.

Pero también produce fantasías que no se corresponden en absoluto con la realidad. Es decir, la novela de James es una metáfora de la necesidad de saber.

Es también una metáfora de la necesidad de conjeturar acerca del mundo. Pero también es una advertencia: sobre la dificultad, sobre la ambigüedad y sobre la escasez informativa de nuestro punto de vista.

Exactamente como ocurre en The Guilty. Exactamente como nos ocurre a cada uno de nosotros.

La joven telegrafista, creyendo disfrutar con “el placer inofensivo de saber”, ignora hasta qué punto ve o inventa parte de ese mundo que descubre…

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