Sergio del Molino. Para todos los públicos

Ayer acudimos varios amigos a La Nau. Nos habíamos conjurado para no perdernos un acto cultural.

Ya saben: a las 19 horas o das una charla o te la dan. En nuestro caso estuvimos como aplicado público.

Era una conferencia impartida por Sergio del Molino en el Aula Magna de la Universitat de València. Y era un acto organizado por Cristina García Pascual, responsable Aula de Literatura de esta Universidad.

Sergio del Molino debía hablarnos —y nos habló— con naturalidad, con autenticidad, del proceso creativo —de su proceso creativo—, de la forma de su escritura, de los géneros que cultiva, de los trucos o pericias que aplica.

Por supuesto, Del Molino quitó todo mesianismo a su oficio. No se puso egregio. Tampoco vulgar. No quiso ser o ponerse de ejemplo.

Sencillamente nos transmitió el placer que le procura escribir, dar forma a lo que carecía de existencia.

El autor no es ese Dios antojadizo que gobierna a sus personajes. Es alguien que descubre y aprende valiéndose de su experiencia y de sus recursos. Sabe plantearse problemas y, en el mejor de los casos, sabe expresarlos.

Del Molino ha sido periodista y ahora es principalmente escritor. De periodista a escritor parece haber poca distancia, apenas unas pocas tareas que separan a quienes cultivan el reporterismo o la novela.

Él es o sigue siendo periodista de opinión. Pero es ya un escritor consagrado, calificativo quizá altisonante que tiene algo de fervor religioso u oficiante de ritos.

Nada de eso. Sergio quiso ser escritor desde niño, según nos confesó. Ser escritor no es exactamente —o exclusivamente— ser novelista.

Es practicar el oficio libre de la escritura: desde la ficción hasta ensayo, pasando por la autobiografía.

Es más: es concebir libros que son relatos, obras que elaboran experiencias personales, artificios que narran o ensayan y en los que el escritor se entromete y se compromete. Ser escritor es encontrar un estilo.

Ya somos legión —qué palabra tan odiosa— los lectores que disfrutamos con su prosa fluida y ríspida a un tiempo, nunca complaciente.

No es la suya una sintaxis sonajero; tampoco argot de experto. Escribe para todos los públicos, algo muy difícil.

Disfrútenlo.

—-

Fotografía: ignoro el nombre del retratista. La imagen, sin autoría, es la que figura en la página de la Universidad.

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