Una historia de espías

Justo Serna
Cartelera Turia, núm. 2943, 26 de junio-2 de julio de 2020

¿Y quién soy yo para juzgar el comportamiento de la gente en situaciones extremas o en circunstancias ordinarias?

¿Y quiénes somos nosotros, cómodamente instalados en la Valencia de 2020, para enjuiciar lo que hicieron o dejaron de hacer los ciudadanos de la República Democrática Alemana?

Entre 1978 y 1992, un joven británico, Timothy Garton Ash, permanece en Berlín Occidental y en Berlín Oriental. Tiene el propósito de realizar una tesis sobre la resistencia alemana al nazismo.

Él es un recién licenciado en Historia y aspira a doctorarse. Va avalado por Tim Mason, uno de los más reconocidos historiadores marxistas británicos.

Durante su estancia alemana, Timothy contará con el auxilio de numerosas personas. ¿Qué hace allí exactamente?

Espera, ya digo, completar sus estudios tanto en la República Federal de Alemania (RFA) como en la República Democrática Alemana (RDA).

Cuando acude a Berlín está a punto de comenzar el principio del fin, el principio del fin de la Guerra Fría. Polonia ya tiembla…

Y Alemania, la Alemania dividida, es símbolo material e inmaterial de esa contienda ideológica y geoestratética, potencialmente nuclear.

En Berlín oriental, Tim Garton Ash tendrá numerosos contactos con personas rectas y afables, con tipos corrientes y con sujetos sobresalientes.

Son individuos que viven en un Estado dictatorial y que a la vez desempeñan sus respectivos trabajos con eficiencia y con puntualidad prusianas.

Ash tiene la oportunidad de residir en una ciudad y en un espacio atravesado por las sospechas, las tensiones. Repito: estamos a comienzos de los años ochenta y el mundo parece ir a la deriva.

Es el signo de los tiempos. En breve, los misiles de crucero norteamericanos y soviéticos amenazarán la paz mundial y sobre todo amenazarán la existencia misma del planeta.

Tim Garton Ash es un oxoniense, un inglés nacido libre, como dicta y dice la tradición, y padece las restricciones de sus hospitalarios amigos alemanes.

Vive en un mundo de suspicacias y de espionaje. Ash supone, y supone bien, que la Stasi, el Ministerio de seguridad y el Servicio de Inteligencia de la RDA, lo vigila.

Sus numerosos oficiales desplegados no pueden dejar de controlar los movimientos de quienes ingresan en el país y, en este caso, de quien ya por entonces es periodista e historiador.

Cuando caiga el Muro de Berlín y se reunifique Alemania, las nuevas autoridades decretarán la apertura de archivos, de los archivos de seguridad de la Stasi.

Con ello, las personas que se sabían vigiladas o que incluso habían colaborado vigilando (de modo informal) a sus vecinos y compatriotas podrán acceder a los expedientes. Little brother is watching you.

Se formará una Junta que regulará el acceso a la información estableciendo, de paso, los límites. Aun así, es una circunstancia excepcional.

El caudal de información es enorme y, de paso, se descubrirán o se corroborarán las formas de operar de la Stasi.

Será a comienzos de los noventa del pasado siglo cuando Tim Garton Ash regrese a Berlín y consulte documentación. ¿Qué documentación?

Principalmente, el grueso expediente que la Stasi había formado con las informaciones que sus amigos, vecinos y conocidos alemanes habían reunido en los ochenta.

Consultará los datos que de él se habían acopiado. Ash tratará de entrevistarse con algunas de esas personas que fueron amigas o próximas y que lo habían espiado.

Querrá saber, querrá averiguar motivaciones, impresiones; leerá sus versiones, contrastándolas con las entradas de su propio diario, el dietario que el inglés lleva en los ochenta.

Verá coincidencias y contradicciones. No sólo entre lo que él mismo decía y lo que sus espías decían de él. Verá la quiebra o la inestabilidad de las identidades. El yo no es fijo, la identidad muda, la autopercepción cambia.

Esta historia apasionante podemos leerla en un volumen que apareció hace un año. No es una novedad, pero ya es un clásico.

El libro se titula El expediente, lo publica Barlin Libros, que dirige aquí en Valencia con mucho gusto y buen olfato Alberto Haller.

Es una construcción sabia del periodista e historiador Tim Garton Ash.

Es una filigrana de documentos y experimentos del yo, una recreación de quien el autor quiso o creyó ser y el tipo que es cuando acomete la redacción de El expediente, ya en los noventa.

Al leerlo, el libro me ha cambiado. He tenido la suerte de descubrirlo recientemente.

Me ha hecho preguntarme sobre el yo, sobre la historia, sobre la identidad, sobre Alemania, sobre la vida, sobre el control, sobre la vigilancia, sobre la dictadura, sobre el marxismo, sobre el Estado, sobre la solidaridad, sobre la condición humana.

Es una microhistoria de la que uno aprende muchas cosas, una microhistoria que arroja luz sobre el mundo. Sobre la especie humana.

Yo aún cavilo.

Me hago cruces.

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