Nada del otro mundo. Kate Winslet y nosotros

Veo con mucho interés y con creciente escepticismo Mare of Easttown (2021).

Admito que el mío es un prejuicio culpable. Sé por dónde va a ir cada giro de guion. ¿Acaso por mi perspicacia? No: por mi experiencia.

Admito igualmente haberme enfrentado a esta serie de HBO con cierta prevención o incluso con hostilidad manifiesta conforme avanzaban los capítulos.

La cadena y su algoritmo saben qué darnos, qué alfalfa espiritual proporcionarnos, para así hacernos sentir inteligentes y sutiles. Kate Winslet, productora, sabe qué papel la puede beneficiar.

Una mujer en apuros que saca fuerzas de flaqueza…

¿Quién podría oponer resistencia a una historia que se resume así? Sin duda, el mundo es un lugar inhóspito, incluso espantoso.

Que una dama de belleza ajada se sobreponga ante la adversidad que también hay en la América opulenta nos hace sentirnos solidarios y corresponsables. Y nos hace sentirnos mejores.

Los espectadores deberíamos pedir o reclamar habilidades narrativas insólitas, no relatos previsibles, trillados, en unos Estados Unidos que conocemos hasta la extenuación.

Quien conmigo va, quien conmigo examina el mundo, ve esta serie con mejor disposición que yo, pero me subraya algunas cosas.

Por ejemplo, me dice: ¿por qué a las mujeres de cierta edad que son polis, que han demostrado calidad y habilidad para llevar una investigación en curso, nos las presentan siempre dañadas?

Es como si las damas maduras, en la crecida de la edad, sólo pudieran alcanzar la excelencia televisiva o cinematográfica, mostrándose dolidas.

No lo digo yo. Me lo dice quien conmigo va. Y yo comparto.

¿Por qué ese escepticismo? Porque la serie, calidades técnicas al margen, parece condescendiente.

Nadie se acordará de esta historia en tres meses: sólo la evocaremos para admirar el papel de Kate Winslet, que es una atriz capaz de presentarse con los mejores o los peores atavíos.

Como buena actriz que es, merecerá ese recuerdo.

No hay como aturdir a la audiencia con una estrella de show business sometiéndola a estragos temporales y personales.

No hay como mostrar a una mujer elegante en un papel basto que exige cara lastrada, rostro envejecido, cuerpo abandonado y belleza ajada.

Y un pasado que pesa.

Por supuesto, el guion debe ser de calidad, no calamitoso. Pero el truco se descubre.

Vean esta serie.

Por supuesto, Kate Winslet merece todo reconocimiento.

Pero no se engañen. La serie parece ideada por un algoritmo. Idónea para espectadores moderadamente exigentes, que es lo que soy yo: nada del otro mundo.

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