Por qué leer la vida de los otros. Frank Zappa

Fotografía de Frank Zappa: Nancy R. Schiff/Hulton Archive/Getty Images

Acabo, paso la última página de La música se resiste a morir. Frank Zappa (2021), de Manuel de la Fuente. Cierro la tapa tras una lectura vertiginosa.

El placer ha sido grande, pues conforme avanzaba por este volumen, que es como un jardín de senderos que efectivamente se bifurcan, me alegraba el día, me contagiaba esa dicha que te procuran ciertos libros.

Su prosa es límpida, eficaz y literaria (sin innecesarios oscurecimientos). Sus fuentes de información son abundantes, cosa que agradecemos quienes investigamos y procuramos documentarnos. Qué menos.

No debería sorprendernos la calidad informativa de esta obra. Es obligación para todo investigador riguroso y lo es para quien, como Manuel de la Fuente, resulta desde hace años especialista en Zappa y traductor de algunos de los libros esenciales sobre su vida y obra.

La concepción y la confección de La música se resiste a morir son generosas. ¿Por qué razón? Porque es un libro pensado para el público, para todos los públicos ávidos de saber e incluso para todos aquellos públicos ajenos al objeto o, mejor, al sujeto de la biografía.

El secreto de una biografía es ése precisamente. El autor tiene que convocar y al fin cautivar a lectores que poco o nada tienen que ver con el sujeto. Y tiene que complacer y provocar a quienes, de entrada, creen saberlo todo o casi todo del biografiado.

Manuel de la Fuente lo consigue con profesionalidad, con buen tino, con buen ritmo. Con ironías apenas veladas: explícitas, pero sin socarronerías o soberbias.

Su libro es una exposición de excelente escritura, de páginas realmente divertidas e ilustrativas, con temas varios, esos numerosos temas que acompañan al biografiado y que De la Fuente pone en contexto.

Esta actividad histórica, complementaria -la de poner en contexto—, no es aderezo ni atrezzo. De la Fuente reconstruye los diversos entornos sociales y culturales en los que se movió Zappa, esos espacios que el propio artista alteró o modificó.

El biógrafo hace muy bien su trabajo, tan bien que apenas se nota su enorme esfuerzo. Lo hace como si su indagación y escritura hubieran sido tareas livianas. Hay detrás años y años de investigaciones, pero no nos los hace pagar.

¿Qué significa esto?

Significa que el autor no se queja de los empeños y tropiezos, de los saberes que tanto ha costado reunir o de las secretos o silencios que jamás podrán desvelarse. Es un libro serio y muy entretenido. No tiene nada de frívolo pero tampoco lo lastra un empaque postizo. Es liviano y sabio.

Paso a Zappa. Lo digo en presente…

Frank Zappa (1940-1993) es un músico de rock, un compositor, un artista polivalente que fallece a comienzos de los años noventa aunque, dados los efectos que todavía provoca, nadie lo diría.

Es un buen ejemplo del individuo americano, del americano nacido libre. Pero también es ejemplo del crítico irredento, hostil a las incongruencias, faltas, errores cometidos por sus compatriotas más pacatos. No se cree mejor (o sí, de cuando en cuando), pero aspira a dar lo mejor de sí mismo.

Como en el caso de Fernando Pessoa y su inagotable baúl, también la obra de Zappa se resiste a morir, pues su legado aún no ha acabado.

Sus proyectos todavía no se han desvelado por entero, su sombra perdura, sus sones siguen amenizando y trastornando a audiencias muy variadas.

Su capacidad para crear, para imaginar, para materializar sus concepciones asombra. En vida no se dejó amaestrar por los grandes de la industria cultural y a la vez fue un emprendedor visionario. Tuvo ideas, algunas practicables y otras algo quiméricas. Quiso ser empresario de sí mismo.

En vida fue persona de mucha atracción y repulsión. ¿Por qué? Por la reacción que provocaban (y aún provocan) sus composiciones, perfomances y reales o presuntas extravagancias.

Pero también atrae o repele por sus intervenciones en la esfera pública, por sus pronunciamientos políticos en materia de libertades, de expresión, etcétera.

Supo adaptarse y rebelarse, experimentar y, sobre todo, supo ser amable y misantrópico. Supo mostrar devoción a los grandes compositores que admiraba (Edgar Varèse e Igor Stravinsky, entre otros muchos).

Y supo ser audaz, incluso temerario, atreviéndose a denunciar los altos índice de estupidez que rodean a los guardianes del rock o de la música clásica.

Ya dijo Jorge Luis Borges que la biografía es un género paradójico. Se ha repetido muchas veces pero quizá convenga reiterarlo.

Decía el autor de Evaristo Carriego: “que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero, es una paradoja evidente. Ejecutada con despreocupación esa paradoja, es la inocente voluntad de toda biografía”.

¿Por qué leemos las vidas de otros, de los otros, cuyos avatares no son los nuestros?

En épocas de incertidumbre (y todas lo son), aquello que los demás hacen, dicen, conciben o emprenden nos sirve de espejo y reflejo, de enseñanza o repudio. Las biografías, como ésta que celebro, amplían nuestra imaginación moral.

Observemos el género. La biografía es sobre todo eso: grafía, registro, escritura, narración, puesta en orden. En cambio, la vida, no.

La existencia de cada cual es un repertorio de cosas que nos ocurren simultáneamente, sin orden ni concierto, cosas a las que queremos encontrar sentido y continuidad.

Sólo al reunir esos materiales hilamos: les damos el significado y la sucesión que no tenían, añadía Jorge Luis Borges. Manuel de la Fuente ha escrito con sentido y continuidad, con significado y sucesión, una existencia plural.

¿Que no les interesa la vida de Frank Zappa? Admitamos que tal cosa sea así, que eso sea posible.

No importa.

Les garantizo que, al final del volumen, quedaremos pasmados ante un genio del que tantas cosas ignorábamos. Les garantizo que entenderemos muchas obras y derivas de la América de los sesenta, setenta y ochenta.

Si los Estados Unidos aún disponen de la hegemonía, del soft power, de la industria cultural, imaginen cuánto podemos aprender si quien nos guía es un rastreador bien perspicaz.

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Playlist de La música se resiste a morir. Frank Zappa

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