Hoy jueves, a las 19,30 horas en los Salones de la Sociedad Valenciana de Agricultura (calle Comedias, 12, Valencia), presentamos el libro que les vengo anunciando desde hace días. Esa presentación correrá a cargo de Isabel Burdiel, Juan Ignacio de Llano, Tomás Trénor (marqués del Turia), Fernando Villalonga y, finalmente, los autores. Después de las palabras, los presentes serán agasajados con un ágape ofrecido por el editor. Nos complacería que ustedes pudieran estar con nosotros haciéndose eco de lo que será una fiesta intelectual. Queremos concebirla así. Quedan, pues, todos ustedes invitados.
¿Cuál es el objeto del volumen? Les reproduzco la leyenda de la contracubierta, en la que sintetizamos sus contenidos:
En este libro se narra una vida del siglo XIX, la existencia de un burgués valenciano y cosmopolita, sus placeres y sus deberes. Se relata la suerte de un viajero empedernido, justamente cuando transitar por Europa era incómodo y aventurado. El protagonista se desplaza por todo el Continente, disfrutando del confort que Londres o París le ofrecían. Pero marcha también a aquellas capitales para realizar determinadas gestiones empresariales, para aumentar contactos y para ampliar relaciones mercantiles, para obtener información privilegiada y novedades. En este volumen se describe un mundo desaparecido pero muy semejante al nuestro, una Europa refinada en la que se edificaban lujosos hoteles, en la que se abrían restaurantes de buen tono, en la que se levantaban los balnearios más elegantes. El volumen cuenta con numerosas ilustraciones que nos ayudan a familiarizarnos con una sociedad refinada que es el origen de la nuestra. Por las páginas del libro transita una demografía populosa de personajes ilustres (turistas, comerciantes, industriales, aristócratas, políticos, escritores, médicos, dentistas, joyeros, cocineros, fotógrafos) y no es raro que el lector tropiece con apellidos valencianos de mucho postín, linajes de entonces algunos de los cuales aún sobreviven: Llano, Trénor, White, Morand, Lassala, Caruana, Paulín, Palavicino, Campo.
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Capítulo décimo: Viajes al más allá
(Fragmento)
«…una joven con modas, peinados y poses que reflejan el paso de los años, quizá una veintena. La muchacha que ahora vemos está también en la crecida de la edad, y es asimismo una muchacha recatada. Adivinamos un vestido oscuro, tal vez negro, que le envuelve todo el cuerpo y que cubre enteramente el cuello, sólo engalanado –otra vez– con un medallón de forma oval que, a modo de sello, cierra y salvaguarda la anatomía. Adivinamos pudor, en esta joven de cabellos claros, recogidos en un moño o rodete que no vemos. Adivinamos, en fin, a una señorita que se ha sometido al objetivo de la cámara para hacerse la típica fotografía que luego se puede ofrecer a los familiares y a las amistades. Ahora bien, la pudibundez de la imagen es evidente: el torso se difumina hurtándole al espectador cualquier curva, ni siquiera las redondeces del pecho o de la cintura, tampoco la expresividad de las manos. No hay oropel que se muestre: incluso la calidad del vestido se desvanece. Se prefiere la tela oscura, sin filigranas ostentosas, ni el brillo del raso o del terciopelo. Sólo queda, pues, la expresión del rostro, la mirada o el gesto con que la joven dama se presenta. Y se diría que, como tantos otros de aquellos tiempos, la pose es poco significativa, nada reveladora de los humores o estados de ánimo de la retratada. En este caso, es una cara suave, blanda, sin asperezas ni fuerza expresiva. Como es frecuente en esa época, la mirada no enfrenta el objetivo, pero si seguimos la perspectiva que dibuja parece perdida, ensimismada o incluso apocada. Como tantas otras damas, en fin, de aquel tiempo viril y burgués» (págs. 127 y 128).
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Información previa sobre este libro y el acto de presentación

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