¿Freud adúltero?

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Del 4 al 14 de agosto de 1898, Sigmund Freud emprendió un viaje por el Tirol meridional y Suiza. La compañera durante ese periplo fue su cuñada Minna Bernays. No era extraño dicho viaje ni tampoco la compañía. Lo habitual, lo frecuente era que el Dr. Freud trabajara duramente a lo largo del invierno y que, llegado el verano, se tomara un descanso vacacional con toda su familia, para después reservarse algún desplazamiento de solaz. En efecto, transcurrido el veraneo, cuando llegaba el final del estío, el doctor solía prepararlo todo para viajar al Sur. No se desplazaba con toda su familia sino con algún pariente o amigo: su hermano Alexander, su cuñada Minna, Sándor Ferenczi o alguna de sus hijas, Anna por ejemplo. Leo en la prensa que “el 13 de agosto de 1898, Sigmund Freud, que entonces tenía 42 años, y Minna Bernays, de 33, se registraron como matrimonio en la habitación 11 del hotel Schweizerhaus, en la pequeña localidad de Maloja. En ese pueblo pasarían dos semanas mientras la esposa de Freud recibía en Viena tarjetas postales que describían la belleza de los Alpes, sus lagos y sus bosques«.

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 Semanas atrás, ya comenté aquí un libro en el que se reúnen las Cartas de viaje de Sigmund Freud (Siglo XXI editores). El 13 de agosto de 1898, desde Maloja, el doctor remite a su esposa una tarjeta postal que se recoge en dicho volumen. Dice así: “Tengo que expresar lo encantado que estoy, de lo contrario te sorprenderás cuando nos oigas. El viaje desde Pontresina hasta aquí y la propia Maloja, con glaciar, lago, montañas, cielo. ¡Incomparable! Tenemos los dos un aspecto; lástima que no nos podáis ver. Nos hemos hospedado en una humilde casa suiza, delante tenemos el hotel, como una fortaleza. Mañana nos quedamos aquí. Cariño, Sigm”. Según leo en el libro de las Cartas de viaje, después del 14 de agosto, la pareja abandonaba Maloja para regresar a Austria, en donde transcurriría la segunda mitad de aquel mes, ya con Martha Freud. Y, en efecto, el 20 de agosto de ese año, Sigmund Freud le remitía a Wilhelm Fliess una carta desde el bello Obertressen, en Alt-Aussee (Austria), una misiva en la que decía estar con toda la familia padeciendo un calor creciente (eso leo en otro de sus Epistolarios, el editado por Biblioteca Nueva)… El 31 de agosto, con destino a Dalmacia, el doctor iniciaba el único viaje largo en el que le acompañaría su mujer, leo en sus Cartas de viaje. 

En lo que leo y transcribo de las cartas, de sus fechas y de su localización, hay ciertos datos que contradicen lo difundido por la prensa. El doctor Freud y su cuñada dicen estar alojados en “una humilde casa suiza”, no en el hotel, que sólo tienen “delante, como una fortaleza”. ¿Existe realmente ese asiento en el libro de registro del albergue? Según habían revelado en cartas anteriores, previas a su hospedaje en Maloja, los viajeros disfrutaban del paisaje suizo, de sus glaciares, de la buena temperatura, del vino, “que es excelente y barato en todas partes”, según escribe Minna a su hermana, Martha Freud. Más aún, la cuñada del doctor precisaba los cambios tan saludables que el estudioso estaba experimentando en contacto con la naturaleza. “Tengo que contarte una cosa, aunque no me vas a creer”, dice el día 10. “Tu marido ha tomado el menú del día; le ha gustado mucho, y por la noche haremos lo mismo. Está verdaderamente como cambiado: ha hecho amistad con el médico del balneario, habla con todo el mundo, y disfruta del ambiente selecto y el confort todavía más que yo”. Pensaban irse pronto, “pero esto era demasiado fascinante: elegancia y comodidad al mismo tiempo, y los alrededores son de fábula”, concluye Minna. Y, sin embargo, no parece cierto ni verificable que Freud estuviera el resto del mes de agosto en Maloja. 

¿Qué hicieron el doctor y su cuñada en aquellos días? Más allá de lo real y documentable, que un marido sin su esposa viajara con la cuñada podía levantar todo tipo de sospechas. No extraña, pues, que pudieran llegar a registrarse como matrimonio en algunos sitios con el fin de acallar todo comentario o maledicencia, porque si eran amantes, si disfrutaban lúbricamente de sus cuerpos y de su soledad, entonces más conveniente podía haber sido mantener dos cuartos diferentes para evitar rumores. ¿Se hospedaron en una humilde casa o en el hotel-fortaleza? ¿Estuvieron sólo un par de días o un par de semanas?  

Resulta chistoso todo esto, porque estos reproches se sacan a colación para arremeter contra las teorías y contra la integridad del doctor, cuando su significado podría ser justamente el inverso: en todo caso, el adulterio real o fantaseado del burgués Freud confirmaría los hallazgos frecuentes de su clínica, las fantasías sexuales indómitas de los varones de la Europa victoriana.  ¿Freud adúltero? Los círculos psicoanalíticos, los adversarios y los periódicos disputan sobre el particular, sobre la posible incongruencia que se habría dado entre las ideas del doctor y su vida privada; entre la moral del investigador, y el comportamiento lúbrico, adúltero, del burgués rijoso, incapaz de serle fiel a su esposa. Su caso parece confirmar, en efecto, el estereotipo más previsible. Una doble moral de calavera refinado que preserva su familia de manera recatada, una familia en la que trata de conciliar el cariño conyugal con el interés. ¿Y el sexo libidinoso? El sexo libidinoso se practicaría fuera, en el mundo, un mundo contenido y hedonista a un tiempo, con tentaciones ostentosas a las que se sucumbe con decoro y reserva, un mundo de apetitos refinados y de contención. El matrimonio del burgués suele consumarse con mujeres dóciles, irritables, enfermas, aquejadas de padecimientos imprecisos, abatidas por todo tipo de postraciones inespecíficas, mujeres distantes, sumisas y sumidas en dolencias incurables, con desarreglos nerviosos, con neurastenias o abatimientos. Exactamente las mujeres que Sigmund Freud trataba con frecuencia en su consulta vienesa. 

No sé, no sé. Todo esto es muy previsible y muy interesante para quienes nos ocupamos del mundo burgués o para quienes interesados en el psicoanálisis –como Nicolás Quiroga en su blog— reflexionan con brevedad y tino sobre el adulterio (real o fantaseado). No me pidan moraleja para esta historia, que no la tiene. No hay castigo retrospectivo para el adúltero ni hay salvación posible para el genio. Pese al cuidado con que trazó su imagen, pese a quienes lo repudian, Freud seguirá entre nosotros humanizándose, como un mito frágil o como un titán algo desmejorado.

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Artículo de Justo Serna sobre Freud como turista, en Levante-EMV.

  

  1. Por fin. La vuelta de «Los Archivos» con nuevo post. Señor Serna: en el de hoy relaciona de manera interesante la actualidad con el pasado. Una noticia de los periódicos que nos lleva a otro tiempo y que es también el de todos nosotros, no? Freud vivo?

  2. Serna usted siempre salva a Freud. Al final siempre lo salva. Como hizo en el blog de Arcadi. Aun nos acordamos.

  3. Freud está de capa caida. Hasta los freudianos lo rechazan por ser adúltero. Mira lo que dice Peter Gay en «El Pais».

  4. ¿Pero como que Freud está de capa caida? ¡Desde 1900 sus ideas son discutidas o rechazadas por muchos enemigos! No hay nada nuevo.

  5. Vaya torro de post! Serna: renuevate.

  6. Ecce homo… ¡Pero que gran hombre, Freud!

  7. El incesto, el adulterio, el recato moral no son más que reglas antíquisimas para conservar una sociedad antropocéntrica.

  8. Avatar de RODERICK GUZMAN MEZA
    RODERICK GUZMAN MEZA

    No hemos reparado en la actitud de la esposa ente estos viajes del sabio. Algunas carencias, inimaginables falencias de esta relación, muy epistolar primero, muy burguesa después, han debido empujar a Freud a ingresar en ese universo en el cual había asomado su faz al tratar a sus pacientes. Investigación o sinvergüenzura, Freud siempre será eso… Freud.

  9. Este hecho no cambia en nada mi opinion sobre el Dr. Freud. Fue un genio en todo sentido mas alla de sus teorias, muy inteligente y profundamente humano como todos.

  10. me parece que el dr frud fue un genio capas de crear miles de cosas y de descubrir miles e sintomas para su emfermo,y asu vez capacidad para crear rumores,por lo que considero a freud un maestro

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