La Meca, otra vez. La muerte

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29 de diciembre

Leo en un despacho de la Agencia Efe que “cerca de tres millones de musulmanes de todo el planeta han comenzado el rito de la peregrinación o Hach en la ciudad sagrada saudí de La Meca, que este viernes llegará a su clímax cuando suban al monte Arafat. Con el unánime grito de Labbaik allahumma labbaik (Aquí estoy, Señor), los fieles se han dirigido a la localidad de Mina, en La Meca, donde pasarán el día y la noche dedicados al rezo, la meditación y el recogimiento. Todos ellos habían dado siete vueltas alrededor de la Kaaba, un edificio cúbico construido por Abraham, según la tradición islámica, hacia donde los musulmanes de todo el mundo dirigen sus cinco plegarias diarias”.

Hace doce meses, por estas mismas fechas, leí otro despacho de la agencia Efe, especialmente aterrador: “la sagrada peregrinación a La Meca (Arabia Saudí), que los musulmanes deben realizar al menos una vez en la vida, volvió a teñirse ayer de sangre y muerte entre los más de 2,5 millones de personas que han acudido este año a celebrarla. Al menos 345 fieles murieron en una nueva avalancha ocurrida en el puente de Yamarat. Abarrotado de peregrinos, este puente, desde el que las multitudes apedrean al diablo –representado en tres grandes pilares–, se convierte anualmente en una trampa en la que pierden la vida centenares de musulmanes. Según el ministro saudí de Sanidad, Hamid Ben Abdalá al Manei, además de los muertos hay 289 heridos. El ministro indicó que la razón de la estampida fue el intento de algunos peregrinos de recuperar sus equipajes, caídos al suelo. Desoyendo la prohibición, numerosos fieles se acercaban cargados al puente para cumplir con el ritual conocido como la lapidación de las tres columnas de Satán”. 

En esta ocasión, los responsables políticos del lugar prometen mayor cuidado y atención con el fin de evitar avalanchas y muertes. “Para que no haya ningún tipo de incidentes”, precisa Efe, “las autoridades saudíes han desplegado este año un importante dispositivo de seguridad y varios agentes se encargarán de ordenar el tráfico de vehículos y personas hacia el monte Arafat. Entre las autoridades saudíes existe un especial temor de que las habituales aglomeraciones que se ocasionan en la subida a este famoso monte ocasionen alguna tragedia. Por eso el Gobierno saudí ha elaborado un plan de acción que prevé la presencia de noventa ambulancias y numeroso personal especializado en casos de emergencia” 

Lamentablemente, tarde o temprano, avalanchas y muertes se producirán. El propio sentido cíclico de la celebración parece forzar los hechos, unas aglomeraciones que desde antiguo reúnen a millones de personas para las que aquel roce físico es o forma parte de la expresión de su religiosidad. ¿Podría interpretarse lo que ocurre en La Meca a partir de Elias Canetti? ¿Podemos leer ese comportamiento multitudinario con el auxilio de Masa y poder?, me preguntaba hace doce meses. El sentido cíclico de la celebración religiosa invita a volver sobre los mismos argumentos.  

Propia de la muchedumbre es la descarga, ese alivio de los diferentes que así pueden sentirse iguales, ataviados incluso con prendas del mismo color. Característica de la multitud es también la densidad, ese apretujamiento en el que apenas queda espacio libre entre los cuerpos. No es excepcional: es lo deseable de la masa concentrada, una masa en la que cada uno se encuentra tan próximo al otro como a sí mismo, lo que produce un gran descanso emocional, esos momentos de felicidad en que la identidad se descarga en los otros indiferenciados. Pero la muchedumbre puede alborotarse, inducida por ejemplo por un clérigo levantisco que reclama obediencia o lucha (la marcha al frente o el regreso a la guerra), o simplemente puede alterarse hasta el delirio provocada por un obstáculo, por un estallido eventual, por el pánico.

“El pánico es una desintegración de la masa ‘dentro’ de la masa”, dice Canetti. “El individuo quiere abandonarla y escapar de ella, que está amenazada en cuanto totalidad. Pero como aún se halla físicamente en su interior, debe arremeter contra ella. Entregársele entonces sería su perdición, ya que la masa misma está amenazada. En un momento así, nunca podrá acentuar suficientemente su individualidad. Sus golpes y empellones tienen su réplica en otros golpes y empellones”. De ese modo, lo que antes fue comunión de los cuerpos y préstamo gozoso de fluidos es ahora literalmente pánico, “la lucha de cada uno contra todos los que se interpongan en su camino”, una lucha en la que el individuo vive cualquier contacto con una parte de su cuerpo como algo hostil que lo lacera, que lo mata. 

Elias Canetti tiene páginas muy esclarecedoras sobre la peregrinación a La Meca, sobre las formas que adopta la muchedumbre en la ciudad santa. “En este caso se trata de una masa ‘lenta’, que se va formando gradualmente por la afluencia de fieles de todos los países del mundo. Según la distancia que el fiel deba recorrer para llegar a La Meca, tardará semanas, meses o incluso años. La obligación de hacer este viaje al menos una vez en la vida repercute sobre toda la existencia terrenal del hombre”. La muchedumbre de los peregrinos es pacífica y se empeña única y exclusivamente en conseguir dicha meta. “No es tarea suya someter infieles, sólo debe llegar al lugar señalado y haber estado allí”. 

“Se considera un milagro muy especial el que una ciudad del tamaño de La Meca pueda acoger a los innumerables grupos de peregrinos”, señala Canetti. Siempre se ha hablado con admiración o con duda del peculiar “ensanchamiento” que registraría la ciudad y sus llanuras para albergar masas tan gigantescas. Cabría incluso compararla con un útero, añade Canetti, pues “puede hacerse más pequeño o más grande según el tamaño del embrión que contenga”. El momento más significativo de la peregrinación es la jornada en la llanura de Arafat: setecientos mil hombres han de estar allí reunidos. “Lo que falte para completar dicho número es completado por ángeles que se mezclan entre la gente sin ser vistos”. 

Este espectáculo, ahora retransmitido al mundo entero, lo constituye una masa aparentemente retenida. La retención móvil forma una multitud compacta en la que cualquier acto libre es del todo imposible. Su estado tiene algo de pasivo, de espera… Los fieles esperan a un predicador que les dirija un sermón en el que alabar ininterrumpidamente a Dios. Antes que nada, en dicha masa importa la densidad, esa presión que se siente por todos los lados, ese leve pero irrefrenable oleaje, que es físico, pero también interior, gracias al cual el fiel se disuelve y su cuerpo entra en comunión con los fluidos y con las epidermis de los otros peregrinos. Los fieles allí reunidos forman también una masa lenta. La muchedumbre avanza con perseverancia hacia un objetivo que es inamovible, y en el trayecto todos han de permanecer juntos bajo cualquier circunstancia. O, podríamos decirlo en términos metafóricos, los propios de Canetti: ese lento avance es una marcha alimentada por los arroyos humanos que han desembocado allí hasta formar “un gran cauce, cuya meta es el mar (…), esa llanura de La Meca. 

Por eso, cualquier dique produce fatales consecuencias. O, como precisaba el viejo despacho de Efe, “algunos equipajes cayeron al suelo –según los testigos y las autoridades saudíes– y los peregrinos, al detener su marcha para recogerlos, hicieron tropezar a los que venían detrás, y éstos a los siguientes, convirtiendo el puente en una trampa mortal”. Es decir, aquella confluencia de arroyos que llevaban a La Meca acabó por convertirse en una red fluvial de torrentes bravíos que anegaba al individuo. En este caso, las metáforas no sirven más que para dar significado a lo que de entrada carece de sentido: la muerte, la muerte multitudinaria, el fin colectivo. 

¿Dónde estaban los ángeles que se mezclaban entre la gente sin ser vistos? Esperemos que este año los espíritus celestiales y los agentes terrenales tengan mayor cuidado de la feligresía.

La noticia en El Mundo, en El País.

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                              Condena a muerte de Sadam Husseim                   

              Ejecutado (Léalo en el despacho de Efe aquí) 30 de diciembre 

                                      Qué decir.    Léalo en este blog

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La tetera de Irak

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Artículo de Justo Serna “Vacía tu mente”, en Levante-EMV.

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La Meca, 3 de enero de 2007:  Un alivio, al parecer…

  1. Todas las muchedumbres católicas o islamicas son lo mismo. Se juntan, se pegan y sudan. Yo las evito

  2. Sobre el artículo del Sr. Serna en el Levante de hoy, «Vacía tu mente»:
    El mayor prescrisbe y el menor, o reescribe o acata. Cuanto más difusa sea esa prescripción, cuanto más amistosa, cuanto más consista en enseñar códigos de interpretación de la realidad, menor rebelión y más sumisión le queda al menor.
    La transmisión de sentido por parte de un adulto -de la que habla Serna en su artículo- de los mensajes e imágenes que un menor ve en la televisión, implica formar los mecanismos de percepción de la realidad que está aprendiendo ese joven y, por tanto, de interpretación de la misma. Esa transmisión de sentido como mecanismo educativo supuestamente moderno o ‘igualitario’ (mayor-menor = colegas) es la mayor reducción de libertad que puede tener, puesto que en la formación personal de la percepción e interpretación radica el territorio más propio del individuo en formación.
    Por eso es que la rebelión juvenil tiende a la baja, al estar en santo acuerdo con los valores sociales imperantes del ‘buenismo’.
    Para evitar tener que echar de menos a las dictaduras como fábricas de rebeldes, evitemos transmitir sentido a los jóvenes. Ellos se valen y se sobran para interpretar -a trompicones, como siempre- la realidad que ellos mismos irán construyendo.
    Feliz y liberal Año a todos los paseantes de este blog, con el Sr. Serna a la cabeza.

  3. La Meca y las muchedumbres. Cuándo veremos esa concentración sin miedo?

  4. Bartleby, gracias por su felicitación. La hago extensiva a quienes leen este blog.

  5. Hussein ha muerto y todos los civiles y no civiles desaparecidos por sus ordenes también.

    Bush vive y todos los civiles y no civiles muertos por sus ordenes claman

  6. […] hay algo de carnal y placentero, de comportamiento hedonista, de mutuo libramiento. Lo dijo Elias Canetti (y me lo recuerda Francisco Fuster). Colectivamente, reunidos en un espacio físico y sometidos a […]

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