El Partido de Savater

1. Empecemos con cuatro trivialidades bien sabidas, pero que ahora –justamente ahora– merecen ser recordadas.

¿Qué es un partido político?

Un partido es una organización, es decir, una estructura y una jerarquía concebidas para la lucha electoral, para hacerse con el poder.

Debe aunar voluntades y, por tanto, sus militantes, simpatizantes o simples votantes deben ser convencidos para que empujen en una misma dirección.

Esto es, todo se concibe para obtener ese triunfo electoral que aupará a los dirigentes de la organización.

Porque, en efecto, un partido no es sólo (o principalmente) la suma de sus miembros: es sobre todo un liderazgo que congrega y dirige, que representa y vela por los intereses que la organización dice encarnar.

Su funcionamiento interno y sus luchas externas tienen ese fin y, por tanto, no es necesariamente una comunidad de individuos iguales, sino una asociación en la que hay un reparto desigual del poder y de la influencia.

Precisamente por eso, no es extraño que los partidos –que son un instrumento esencial de la democracia parlamentaria, del sistema representativo– tengan las tensiones características de toda sociedad.

En los grupos humanos, hay ambición, egoísmo, rivalidad, altruismo, entrega, abnegación, soberbia, estulticia y laboriosidad.

Nada de eso puede ser extirpado sin amputar la condición humana y, nos guste o nos disguste, esas virtudes y esos vicios acompañarán a quienes militen en un partido: no son su segunda piel, sino su misma condición humana.

¿Hay modo de frenar lo peor que puede darse o hallarse en un partido? 

En un sistema democrático, el partido no puede profesarse como antidemocrático y, por tanto, los estatutos que regulan su funcionamiento imponen una forma institucional que no contradiga los principios constitucionales básicos.

Ahora bien, en el seno de la organización no hay sólo estructuras: hay individuos que trabajan por el partido y éstos, lógicamente, tienen intereses a veces comunes, a veces dispares, y, por ello, alientan colusiones y colisiones, ambiciones y servicios. 

De lo que se trata es que esas ambiciones y servicios no se empleen para perpetuar a los dirigentes que se han alzado a dicho puesto gracias a sus cualidades o a sus manejos.

De lo que se trata, en fin, es de que el funcionamiento interno sea lo más democrático posible: que su concurrencia a las urnas sea lo más transparente posible y que, por tanto, los cargos sean efectivamente revocables.

Punto y aparte.

Pasemos a recordar otra cosa archisabida.

¿Qué es un intelectual? 

Es un individuo al que se le reconocen ciertas habilidades en el pensamiento, en el arte o en la escritura: ahora bien, lo que lo hace intelectual no son esas capacidades creativas, sino su voluntad de intervenir en la sociedad para corregir vicios o enderezar entuertos políticos.

Se vale del reconocimiento que su obra ha logrado, de la fama que ha cosechado, para salirse de su competencia denunciando en la prensa, en la televisión, en la radio lo que que cree que debe ser denunciado.

Levanta la voz («yo acuso»), publica o firma manifiestos, escribe artículos, concede entrevistas, expresa posiciones  y hace precisamente de la moral, de los principios, su vara de medir.

La suya no es una tarea política u organizativa propiamente: su papel es el de ser referencia.

Es conocido, es valorado, es apreciado y, por eso, una palabra suya bastará para que sus lectores o seguidores atiendan  lo que dice o proclama.

Ahora bien, para que tal cosa sea posible, el intelectual necesita los mass media: necesita que esa voz que se alza –que postula o que critica– se haga oír.

Esto es, no será nadie si no cuenta con unos medios que le den respaldo o le hagan eco.

Habitualmente, los intelectuales han sido distantes del poder, severísimos críticos que denuncian desde la convicción aquello que los gobernantes hacen o dicen hacer por responsabilidad.

Eso significa que el político obra con diplomacia, con mesura, con presupuesto; el intelectual, por el contrario, critica armado de principios.

El dominio de los primeros se basa en la gestión de las instituciones, en su control; el poder de los segundos se fundamenta en su capacidad de influencia.

Hasta aquí las cosas archisabidas.

¿Pero qué pasa cuando los intelectuales que intervienen en los medios se arriman al poder gubernamental, le dan su apoyo, legitiman su gestión, se hacen valedores de sus intereses políticos?

¿No estarían contradiciendo el cometido al que clásicamente se han entregado, la crítica de las instituciones?

En realidad, los intelectuales no son tipos que vuelen sin ataduras y en la España de hoy, por ejemplo, suelen formar parte de grupos de comunicación que son también instrumentos de un poder informal.

Por tanto, la imagen romántica del crítico aislado, insobornable y frecuentemente errado es un resto del pasado: es Jean-Paul Sartre.

Hoy, la prensa acumula un inmenso poder de intervención, de fiscalización, un poder que no es sólo el de la influencia, sino también el de sus interes materiales.

Fernando Savater es un intelectual sobradamente conocido, alguien que ha sido crítico del poder, pero también fiel aliado de ciertos Gobiernos.

Sabedor que es preferible un intelectual sensato a un utopista peligroso, el filósofo vasco ha apoyado distintas opciones políticas.

Por ejemplo, según parece depositó su confianza en Rodríguez Zapatero, sobre todo porque, al parecer, esperaba un resultado positivo del giro antiterrorista adoptado por el Gobierno socialista.

Eso le supuso severas críticas de antiguos correligionarios suyos, entre ellos vascos y víctimas de la barbarie que recelaban del nuevo Gabinete.

O bien porque desconfiaban de dicha estrategia, o bien porque suscribían la política del Partido Popular, férreamente contraria a ese nuevo giro.

Meses después, Savater ha dicho basta ya. Es decir, ha abandonado a Rodríguez Zapatero, a quien ha acusado de adanista,  entreguista y debelador de consensos.

Ese alejamiento del Gobierno socialista no parece que le haya llevado al PP: Savater dice desconfiar de la política clerical, confesional de los populares.

Por eso, con otros correligionarios suyos de ¡Basta ya! (la organización cívica antiterrorista) ha dado los primeros pasos para formar un partido político que habría de presentarse a las elecciones de 2008.

Esta postura ha sido alabada y avalada por El Mundo y por Arcadi Espada, columnista  de dicho periódico.

El diario califica la operación como el principio de una izquierda que va a disputarle al PSOE su hegemonía.

Por su parte, Abc ni la aprueba ni la celebra: pide sin más que los antiguos intelectuales de izquierdas descontentos con los socialistas apoyen las listas electorales del PP, como André Glucksmann y otros han hecho en Francia con la opción de Nicolas Sarkozy.

Los responsables de El País guardan silencio de momento, sumidos  probablemente en un embarazosa incomodidad.

Por un lado, no suscriben en público esta operación (e incluso no publican algún artículo suyo: así, el ya famoso Casa tomada).

¿Por qué razón?

Porque esa operación –como la de Ciutadans— acabará teniendo una función básicamente partidista, quiero decir: antisocialista. 

Por otro lado, en El País no pueden desprenderse de uno de sus principales articulistas.

Fernando Savater aprovecha sus últimas colaboraciones en dicho periódico para preparar políticamente ese nuevo partido que ya se divisa en lontanza, es decir, está sembrando entre su audiencia para abonar la idea.

¿Cuál es el problema?

En realidad, hay dos problemas. Por un lado, Savater y sus correligionarios –que han hecho público un manifiesto bienintencionado— parecen desconocer la lógica inevitablemente oligárquica de los partidos.

Parecen ignorar que decir organización es decir oligarquía, como apuntara Robert Michels a principios del siglo XX.

Demuestran gran inenuidad —adanista, precisamente– proponiendo un nuevo partido prístino, incontaminado,  que según añaden estaría por encima del actual enfrentamiento PSOE-PP y de las viejas inercias.

El caso de Ciutadans –con alguna colisión interna– prueba que esta idea es, como mínimo, ingenua, pues cuando se empieza de nuevo, cuando se funda o se refunda un partido, suelen reproducirse vicios semejantes.

Pero, por otro lado, Fernando Savater –que es un filósofo agudo y entretenido, que es generalmente un articulista perspicaz y persuasivo– ha tomado decisiones políticas legítimas y discutibles a lo largo de su carrera de intelectual.

Fue ácrata –es decir, acérrimo enemigo del Estado– y fue nietzscheano para después apoyar los Gobiernos de Felipe González durante años y, más tarde, acercarse a Rodríguez Zapatero.

¿Es eso un problema?  

Desde luego que no: a ello tiene perfecto derecho.

El asunto está en que el intelectual Fernando Savater confunde sus avances personales, probablemente justificados, con los avances generales a que estaría obligada la humanidad.

Es posible que hasta tenga razón en sus opciones y en sus cambios de postura: lo que no creo es que esos saltos estén cronológicamente justificados.

Quiero decir, ¿tantos meses le ha costado a Savater descubrir el presunto adanismo de Rodríguez Zapatero?

Como Sartre, el intelectual vasco prefiere equivocarse a destiempo defendiendo principios y apoyando políticas que justifica ante sus lectores.  

Así, los  votantes que leemos sus artículos deberíamos estar justo en el lugar en que él dice estar en dicho momento.

Por eso, habría que ser ácrata cuando él lo fue o zapaterista cuando él lo era. Ahora, para las elecciones municipales y autonómicas, propone votar en blanco para castigar al Partido Socialista.

En 2008, supongo que habrá que votar la candidatura de ese nuevo partido que se está gestando.

Pues no.

Y esto lo digo siendo un seguidor antiguo de Savater; habiendo leído ¿veinte, treinta, cuarenta? libros suyos; habiendo hecho reseñas generalmente elogiosas de sus obras cuando de literatura se trata, pero críticas cuando confunde sus posiciones políticas con la lógica universal o con lo obligado.

Tiene derecho a acertar o a equivocarse, pero no a presentar sus posiciones como si fueran evidentes.

Sé que es una persona perseguida por los bárbaros y sé que ha defendido la rectitud moral con coraje.

Pero ser víctima no da la razón política necesariamente y sobre todo no la da en el momento o en el tiempo en que uno decide estar aquí o cambiar o apoyar a este o a aquel partido.

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2. Hemeroteca. Algunas informaciones en el editorial de El País sobre la plataforma para constitución del nuevo partido:

El País.com, 22 de mayo de 2007

  1. El artículo de Fernando Savater no publicado en El País, luego publicado en El Correo

    http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20070519/articulos_opi_viz/casa-tomada_20070519.html

  2. Indios y sociólogos

    Fernando Savater

    El País, 22/05/2007

    No sé si a ustedes les pasará igual: si a mí me tomasen por tonto Habermas o Vargas Llosa, por ejemplo, lo aceptaría con resignación puesto que a su lado probablemente lo soy; pero que me consideren idiota Conde Pumpido o López Garrido, por no hablar de Pepe Blanco… vaya, es algo que le humilla a uno. Y mi impresión general es que este Gobierno ha decidido que lo mejor es tratar a la clientela levantisca como si no tuviese demasiadas luces -«¡pero qué sabrá usted!»- incluso cuando se les está intentando dar en vez de liebre ya no gato, sino rata disecada. El truco empleado es elemental aunque repetido con renovado énfasis: consiste en decir que en modo alguno se va a hacer o a consentir algo y luego hacerlo o consentirlo pero llamándolo de otro modo. Por tanto, el Gobierno nunca pactará con ETA un precio político del final de la violencia, pero ofrece una mesa política en cuanto acabe la violencia o si se suspende un rato suficientemente largo; no excarcelará a De Juana Chaos, pero se complacerá en verlo paseando fuera de la cárcel, que no es lo mismo; no absolverá de apología del terrorismo a Otegi, aunque no se extrañará de que no se le condene; no permitirá a Batasuna presentarse a las elecciones, pero autorizará decenas de listas de ANV que son «pacíficas y legales» aunque funcionen a todos los efectos como si fueran de Batasuna y por tanto parezcan de Batasuna, qué desconfiada es la gente; y por supuesto no se han reunido últimamente con los delegados etarras con fines de mercadeo, digan estos lo que digan, aunque de vez en cuando se les acerquen a buscar información, que no todo lo resuelve Google. Siguiendo así, el día que ETA pegue un tiro a alguien no se tratará de un asesinato propiamente dicho, sino todo lo más de otro afortunado que pasa a mejor vida…

    Lo de las listas de ANV, sobre todo, está convirtiéndose en un auténtico máster de cómo tomar el pelo desde el Gobierno a la resignada grey de los gobernados. A cada telediario apretamos el cinturón de los embelecos un punto más. No sólo hay que creer que Batasuna no se presenta ni poco ni mucho a las elecciones gracias a la firme diligencia gubernamental, no sólo la parte autorizada de ANV nada tiene que ver con ETA pese a los apoyos que recibe de y brinda a los proetarras, sino que según el Fiscal General hasta se ha ido demasiado lejos en el celo prohibitivo. ¡Y aún hay quien pretende encerrar a la sufrida gente abertzale en un Guantánamo electoral! Es lo que viene a explicarnos a los duros de entendederas Javier Pérez Royo en Liquidación electoral de una minoría (EL PAÍS, 19 de mayo de 2007). Con la misma elocuente vehemencia con que otrora justificó a quienes iban a las puertas de la cárcel de Guadalajara para hacer la ola a los condenados del GAL, hoy denuncia que se está intentando ante nuestros ojos nada menos que la liquidación electoral de 150.000 o 200.000 ciudadanos españoles del País Vasco a los que se priva en la práctica del derecho de sufragio. Y así será, si se les impide votar de la manera que cada uno de ellos considere individualmente apropiada y se vean obligados a ejercerlo de la manera que los demás le imponen. A esos perseguidos solamente se les deja la opción de apoyar las candidaturas de los partidos que no les gustan o de abstenerse, es decir que se les condena al limbo electoral. ¡Menudo atropello! Por lo visto, no basta que haya candidaturas nacionalistas, nacionalistas radicales o francamente independentistas. Si el público lo demanda, es imprescindible que se autoricen también otras que no se desliguen de la violencia terrorista, que apoyen la estrategia de ETA y que recauden para ella financiamiento y audiencia política, abierta o encubiertamente. El derecho fundamental de elegir debe primar sobre la condición democrática o no de lo elegido, sea lo que sea. …Pues fíjense, yo no me lo creo. Puede que el derecho, sea constitucional o de otro tipo, no siempre coincida punto por punto con el sentido común del lego pero tampoco es una pieza absurda como las del teatro de Ionesco. Y hay argumentaciones jurídicas que corroboran en este caso el escepticismo ante los razonamientos de Pérez Royo: remito al lector a la obra de otro catedrático de derecho, Carlos Fernández de Casadevante, La nación sin ciudadanos (ed. Dilex) cap. VIII, titulado «Ni todas las ideas, ni todos los proyectos políticos».

    Pero si por un momento acepto el planteamiento de Pérez Royo, entonces yo también temo formar parte de la minoría electoral liquidada. Porque yo tampoco tengo un partido a mi gusto al que votar. Yo quisiera votar a un partido socialista con una firme posición de rechazo tanto ante el terrorismo de ETA como ante sus pretensiones políticas, un partido socialista que se atuviese al espíritu y la letra del Pacto Antiterrorista tal como fue redactado en su día, un partido socialista que buscara en este punto político fundamental el apoyo del resto de los constitucionalistas y que no debilitara el diseño unitario del Estado de Derecho para conseguir apoyos de los nacionalistas periféricos que no creen en él por mucho que tales concesiones garantizasen su hegemonía en el Congreso. Y como tal partido socialista de mi ideal no existe y por otra parte no puedo inclinarme por una derecha empeñada en el terreno educativo en preferir feligreses obedientes a ciudadanos conscientes, me veo obligado al limbo del voto en blanco. ¡Ay, que zapatética situación la mía! ¡Arnaldo, Pernando, cómo os comprendo y compadezco!

    En una de las historietas del genial Fontanarrosa, el gaucho don Inodoro Pereyra se enfrenta a los indios que llegan en destructivo malón. «¿Qué pretendéis?», les pregunta y el jefe responde: «Vamos a arrasar vuestros campos, quemar vuestras casas y violar a vuestras mujeres». «Pero… ¡eso es una barbaridad!», comenta don Inodoro y el otro responde: «Ah, no lo sé, yo soy indio, no sociólogo». En el País Vasco, los indios del malón abertzale siguen manteniendo sus pretensiones tradicionales, pero ahora renovadas y reforzadas: intimidar a los oponentes políticos, extorsionar a la población social y económicamente, convertir su ideario de máximos en un trágala obligatorio para todos del que sólo están dispuestos como mucho a negociar los plazos de cumplimiento. Ya lo están demostrando en la campaña electoral en el País Vasco y hasta el ministro de Justicia lo ha experimentado en carne propia (como no hay mal que por bien no venga, al menos tras los incidentes de Sestao seguro que Fernández Bermejo no necesitó recurrir ese día a ningún laxante). Y después de las elecciones, podemos prepararnos para lo peor. Pero claro, los indios no tienen por qué ser sociólogos. Ese papel lo cumplen otros, que nos explican sus intenciones fundamentalmente pacíficas, su deseo de renunciar a la violencia aún no del todo maduro, las posibilidades futuras de entenderse con ellos porque entre gente de izquierda todo acaba arreglándose, sus derechos vulnerados por la inicua Ley de Partidos y los intolerables caprichos de la derecha montaraz que se empeña en hablar de terrorismo para que la gente no se pasme como es debido ante los logros económicos y sociales del Gobierno. Nunca les habían faltado a nuestros indios proetarras voces sociológicas de elucidación y encomio, pero nunca antes las habían tenido tan abundantes y situadas a tan alto nivel en el ordenamiento estatal.

    Ya sé que estas elecciones municipales no son ni debieran ser unas primarias, pero me temo que en gran medida van a funcionar como tales. Porque algunos estamos preocupados sin duda por la corrupción urbanística y temas afines, pero por mero instinto de conservación sentimos otras cuestiones como prioritarias. Y no podemos dejar pasar esta oportunidad de mostrar con la ocasión de voto que se nos ofrece nuestro rechazo ante la explicación sociológica y la ambigüedad gubernamental que refuerza en lugar de impedir el peligro que corren nuestras cabelleras.

  3. me parece Savater tiene razón y Serna lo único que quiere es apoyar a los socialistas.

  4. Tengo que releer el artículo de J. Serna. La verdad es que no se si estoy de acuerdo.

  5. Señor Serna yo creo que lleva razón. Los bandazos de savater son famosos! Un saludo.

  6. Hombre serna. Hasta ahora no criticabas a F. Savater. Ahora a saco.

  7. Olvida el indeseable Savater que fueron los gauchos los que desalojaron a los nativos, los masacraron, y los llevaron a sus reservas para poder explotar las grandes llanura de la Pampa.

    Y luego quiere se comporten como seres civilizados. ¡ Cuanto cinismo e hipocresía !
    Lo mismo que el hierático Ratzinger, que niega las matanzas en nombre de Cristo sobre el continente americano.

  8. Yo le recomendaría a Savater que emigre a Letonia ó Estonia. En estos países no tienen la ciudadanía letona el 42 % y estoniana el 35 %.

    Y son países de la CE, democráticos y de ideología savateriana.

    No pueden ni votar en las municipales. De momento Batasuna no tiene en su programa quitar la ciudadanía vasca a tanta gente.

    ¡ Cuanta hipocresía hay en los occidentales !

  9. Señor Moreno, me permitirá no compartir con usted las recomendaciones que le hace a Fernando Savater. No entiendo por qué lo trata así y menos aún entiendo la saña con que lo repudia. Creo que Savater tiene perfecto derecho a formar un partido, a criticar a Rodríguez Zapatero y a hacer bromas con los gauchos. Como él dijo en cierta ocasión, se muere por un buen chiste: por lo que los chistes tienen de condensación e ironía, claro. Podemos bromear, pero pedirle a alguien que se vaya o que emigre, no. Permítame no coincidir con usted.Y fíjese que en mi texto he procurado ser muy crítico con la cronología de sus cambios políticos…

  10. Avatar de Fernández del Río
    Fernández del Río

    Justo, no sé si ya has tratado este tema que llevan adelante algunos colegas tuyos. Creo que viene al caso del artículo de hoy, en lo referente a la función del intelectual.
    Solo pido que esta iniciativa se mantenga gobierne el partido que gobierne.
    Saludos.

    http://www.verificar.net/

  11. Este asunto es muy poliédrico.Por una lado,Fernando Savater, que tiene todo el derecho a cambiar de opinión y a expresar sus cambios de opinión.Si coincide con más personas que opinan lo mismo, todas ellas tienen el derecho de asociarse,a constituir un partido político y , lógicamente, a presentarse a unas elecciones.
    Por otro lado,lo que tambien une a todas estas personas es el miedo que les produce la vida en Euskadi.No parece cómodo,por decirlo de una manera suave,pensar,expresarse y vivir de manera diferente a un vegetal.
    Hay otra faceta. Parece,eso dicen,que solo bajo el manto del P. Popular se puede salir de esa situación.Solo el P.P. ,dicen,asegura firmeza ante la violencia.Es mucho decir.
    Si Sarkozy compartiese la filosofía política de Aznar me haría pensar que el mundo deriva,otra vez, hacia posiciones que fueron barridas por unos millones de muertos y por el desastre político que culminó con la desaparición de la URSS.

  12. Avatar de David Montesinos
    David Montesinos

    Coincido con el autor en algunas cuestiones básicas. En primer lugar, el adanismo de fundar un partido junto a Rosa Díez, presentado como una especie de «respiro moral» para una ciudadanía presuntamente asfixiada por los partidos existentes; en segundo lugar, la incapacidad del intelectual donostiarra para asumir la discrepancia. En cuanto a lo primero, no acabo de ver otra intención que la de perjudicar al PSOE, que presuntamente les ha traicionado a ellos, que parecen tener muy clara su condición de «autoridades morales». Sin duda, el zapaterismo merece muchos votos de castigo, pero es tan sencillo como seguir publicando artículos en su contra y votar a otros en las elecciones. Parece mentira que un anarquista de origen -o al menos así se presentó durante décadas- tenga tantas dificultades para entender que la partitocracia es el territorio que los Estados neoliberales han abonado para secuestrar la democracia y separar a los ciudadanos de su capacidad de participación en el ágora. El problema no es pues Zapatero, sino el modelo partitocrático en cuya lógica él lleva tiempo enfangado, ora dejándose querer por unos y peleándose con los otros, ora haciendo lo propio con los otros o fundando nuevos partidos.

    En cuanto a lo segundo, creo que tiene que ver con la arrogancia intelectual de Savater. Cada uno de sus giros, cada jalón en su evolución ideológica -tan condicionada por la compleja evolución sociopolítica de nuestro país como la de cualquier otro intelectual- parece llevar pegada la etiqueta del «sígame que soy genial o me enfado». Savater envió a la mierda, textualmente, a Haro Tecglen porque éste criticó su postura enemiga de cualquier negociación -del tipo que fuera- cara a la resolución del conflicto vasco. Quizá sea muy nietzschano este tipo de «cojonudismo» con que a veces se emplea Don Fernando, quien parece creerse infalible, pero su voluntad de parecerse al superhombre del Zaratustra me recuerda a la de Woody Allen cuando imita a Bogart para intentar ligar haciéndose el macho…

    Dicho todo lo cual, y asumiendo lo mucho que le cuesta a algunas estrellas mediáticas pasar más de un par de meses sin máximo protagonismo, o dejar que el protagonismo sea de otros, debo hacer dos matizaciones, porque yo tampoco acepto la actitud de algún tertuliano respecto a un personaje como Savater que, pese a todo, me sigue pareciendo muy valioso.

    Creo que el día en que Savater decidió atacar frontalmente a los nacionalistas vascos, abertzales o no, asumió que el resto de su vida se encontrarían en peligro él y su familia. Cuidado, a veces somos duros con alguien que, antes que cualquiera de nosotros, decidió llevar hasta las últimas consecuencias la obligación moral de oponerse al fascismo con la que todos decimos comulgar. Llamo fascista a aquél que, por ejemplo, amenaza a quien presenta candidatura por un partido que no le gusta, o quien acude a un ayuntamiento para proferir alaridos para evitar que se escuche a los concejales que no comulgan con sus ideas o a quien llama «preso político» a un carnicero. Una mañana, años ha, un reducido grupo de personas decidieron salir a manifestarse a la plaza de Donosti contra el enésimo asesinato que acababa de producirse y ante el que la ciudadanía guardaba silencio. Así empezaron las Madres de Mayo. Y el gesto me parece comparable, porque quienes así exigían su derecho a la libertad y a la justicia sabían que, en el peor de los casos, les esperaba un tiro en la nuca de un sicario a la vuelta de la esquina, y en el peor aparecer como unos apestados. Sólo por eso ya es merecedor este personaje de mi respeto.

    Finalmente, creo que la polémica en torno a Savater y su más o menos estrambótica iniciativa no debería alejarnos de la urgencia de preguntarle al gobierno por algunas cuestiones que, con toda lógica, tienen preocupada a una mayoría de ciudadanos.

    1. ¿Somos conscientes de que ETA y su entorno jamás han entendido la palabra «diálogo» en el sentido en que la entendemos quienes no creemos que el conflicto vasco consista en una guerra entre España y Euzkadi? En otras palabras, ¿continúa el PSOE pensando que se puede negociar con los terroristas en las actuales circunstancias?

    2. La idea de que De Juana Chaos iendo de compras con su novia es un insulto a la ciudadanía, ¿es de verdad como parece creer Pepe Blanco un problema creado arbitrariamente por la prensa afecta al PP?

    3. ¿Hay alguien dentro del gobierno con complejo de culpa ante la acusación de que la ilegalización de Batasuna supone el genocidio político de un sector de la ciudadanía vasca?

    Planteémonos estas cuestiones con o sin Fernando Savater.

  13. ¿Qué quieren que les diga? a mi este individuo me da tedio. Es esa aburridísima actitud de niñito malcriado que ya les comenté de Glucksmann en otro post y que el señor Savater, pobre provinciano, imita… imita a su nivel, obvio: la imagen de Allen/Bogart que nos propone el señor Montesinos no puede ser más acertada.

    De alguien que, cuando se autotitulaba anarquista (ah, aquellos viejos, buenos, tiempos…), añadía la coletilla de “pero de derechas”, bueno, pues tampoco se podía esperar más. Eran los primeros síntomas del fuste intelectual que ahora se confirma. Si no me llamaran exagerado les diría que él, como María, guarda en lo más profundo de su corazón un secreto anhelo, el de su santificación, vía martirio, gracias a que algún descerebrado le meta una onza de plomo en la cabeza. Pero no lo diré. No tanto por su protesta, más que nada, por no dar ideas.

    En consecuencia, aparco a la persona (o personaje, que poco a poco se ha convertido en una caricatura de si mismo) y paso a su partido. ¡Otro tedio! Que es público y notorio que no soy sociademócrata me exime de cualquier sospecha de opinión interesada o partidista. Pero en esta ocasión he de coincidir con los contertulios de dicha ideología en que es una burda maniobra contra el PSOE. Pero burda, burda, zafia. Tampoco se puede esperar más de mentes tan preclaras como la de Rosa Díez y sus adláteres.

    El momento elegido y los medios utilizados los delatan. La guinda, el toque ideológico. Eso de considerarlo una alternativa “de izquierda” es, cuando menos, idiota. Claro que sus hipotéticos votantes deben rondar ese tipo encefalograma, porque, vamos a ver, si uno es vasco y de izquierdas, comienza mirar de Esquer Batua hacia la zurda, si uno es vasco y socialdemócrata, ya tiene el PSOE (inverosímilmente llamado PSE) y si uno es de derechas, bueno, o es nacionalista vasco o es nacionalista español. Ya no hay sitio para más.

    Como en el caso de Ciutadans, no se trata tanto de lijar electoralmente al PSOE por su derecha (los votos conseguidos son ridículos), como el de impactar en los medios. Se trata de ofrecer una imagen de disolución de dicho partido, de crear esa percepción pública. Se trata de insistir en la vía fatalista, tremendista y pesimista que el PP quiere imponer para crear un ambiente depresivo a pesar de que todos los indicadores económicos digan lo contrario. El pobre Savater se ha convertido, definitivamente, en un “tonto útil” del PP… ¡valiente intelectual!

    El estrambote de Diez, Savater & company concluirá – como Ciutadans – cuando al PP le apetezca (a no ser que se produzca el “Efecto Frankenstein”, claro, y sean alternativas electorales que acaben seduciendo a los votantes de derechas hartos de las majaderías del PP-FAES… que cosas más raras se han visto) Tal vez el meollo del asunto está en lo que apuntan los señores Montesinos (sesgadamente) y Moreno (apasionadamente): el conflicto vasco. La secular impericia del estado español para resolver sus problemas territoriales desde el caso del Virreinato del Río de la Plata, en el tránsito de los siglos XVIII al XIX, al caso del Sahara en 1975, pasando por las torpezas de Cuba y Filipinas del tránsito del XIX al XX, siempre dieron un mismo resultado: el fracaso. España, desde el advenimiento Borbón, es un estado permanentemente fracasado, con una frustración abrumadora expresada en forma de intransigencia nacionalista que, secularmente, repite sus mismos errores: altanería y soberbia, negación de la realidad e incapacidad de diálogo. Es ese nacionalismo el que embadurna y da sentido al partido de Savater, el que da alas al PP, el que aprisiona al PSOE y el que se ve en una buena porción de esa izquierda que aún no ha superado el jacobinismo robespierrano, el nacionalismo español que se asegura otro fracaso más.

  14. Otra vez vuelve la pasión por los toros, si es que verdaderamente había bajado algo, de nuevo veo en las aceras de Barcelona propaganda de actos de boxeo, deporte, ¿, -que al parecer también se daba por periclitado, las manifestaciones públicas de religiosidad fetichista aumentan y toman las calles de Andalucía.
    Otra vez avanza la España más cainista y negra de los años 40-50. De nuevo llaman al pueblo español para que saque sus pasiones más ancestrales y acaben con los heterodoxos.
    Mire D. Justo, llevo cuarenta años que me quieren exilar de mis lares. Me han dicho unos: ¡ pués marchate a Andalucía ! , otros márchate a Catalunya, algunas veces a Cuba, otras a Venezuela, y otras a algún país árabe ó de Africa.
    También alguna vez yo cometo errores por la pasión que me invade.

    Nunca he leido que Savater ni la mayoría de los cronistas españoles hablen del ostracismo que padecen los rusos en las ex-repúblicas soviéticas bálticas que no tienen ni la ciudadanía para poder votar. Y son centenares de miles de seres humanos despreciados por occidente.

  15. Bueno, ya sabéis lo que pienso de Savater, así que no voy a repetirme; no me extraña que su afán de protagonismo lo lleve a inventarse un nuevo partido, así puede intentar hacernos creer que su deriva ideológica lo conduce hacia nuevos derroteros y no hacia el PP, partido con el que coincide en muchos de sus planteamientos actuales. Coincido con todo lo que dice Kant, incluso en lo de Savater como “tonto útil” del PP.

    Con quien discrepo es con David Montesinos. Acaba su escrito con tres preguntas.

    1. Creo que el problema de Euskadi es un problema político que sólo se podrá resolver mediante el diálogo; por lo tanto, pienso que el PSOE debería negociar con ETA en las actuales circunstancias, dejar de temer los ataques del PP y ser más osado, más valiente; sólo así algún día podrá conseguirse la paz que todos deseamos.

    2. De Juana Chaos está cumpliendo prisión por un delito de opinión, no por asesinato (esa pena ya la saldó, según la ley española). Otra persona, en su lugar, ya estaría en régimen abierto, así que no entiendo esas protestas ante su situación.

    3. Y sí, David Montesinos, muchas personas vascas se quedarán sin votar en estas elecciones porque las candidaturas que los representan fueron anuladas; son candidaturas presentadas por un partido legal que ha condenado la violencia. Parece que en este Estado en el que vivimos quieren reducir las opciones a un bipartidismo PP-PSOE y los que no comulguemos con esas ideas somos una especie de apestados a los que no nos queda más opción que quedarnos en casa. ¡Pues no lo van a conseguir! Nos queda la palabra, como decía aquel viejo poeta en “Pido la paz y la palabra”.

  16. Tiempo atrás, cuando se desencantó por primera vez de los socialistas, Fernando Savater dijo apoyar al Partido Radical italiano, precisamente cuando iniciaba dicha organización una aventura supranacional que tuvo escasa repercusión. El Partido Radical –como el Partido de Los Verdes, en Alemania– es un experimento interesante de democracia, pero las organizaciones política, se adjetiven como se adjetiven, no pueden ser esas estructuras perfectamente democráticas al que el ideal aspira. Échese un vistazo a ‘Los partidos políticos’, de Robert Michels. Él estudiaba a comienzos del siglo XX la degeneración del Partido Socialdemócrata alemán, su oligarquización, sus redes de influencia interna. Michels acabó celebrando a Mussolini, por lo que a cambio recibió una cátedra en Italia. Fernando Savater no es un Michels local, por supuesto, ni hay los peligros de entonces, pero cada vez que cualquiera de nosotros se desencanta de los partidos realmente existentes concibiendo nuevas formas de organización no oligárquicas, pienso en una enfermedad infantil: la del adanismo.

  17. Avatar de David Montesinos
    David Montesinos

    No voy a pronunciarme sobre cuestiones de procedimiento jurídico para las cuales no estoy preparado. Tampoco hablaré en favor de la Ley de Partidos. Pero sí quiero expresarme contundentemente sobre el llamado «conflicto vasco», en el cual, gran parte de la izquierda vuelve a mostrar una inconsistencia preocupante, tan preocupante como que no entiendo como algunos de mis amigos más afectos al psoe defendían o al menos eran tibios con una trama tan siniestra como la de los GAL y ahora parecen convencidos de que la «vía zapatero» -si es que tal cosa está definida, lo cual dudo- es incuestionable. Lo que pretendo no es una enmienda a la totalidad de la labor del Gobierno del Estado, sino plantear sus puntos débiles sin dejarme arrastrar por las necedades de Faes, el Foro de Érmua o la AVT, con cuyas posiciones no comulgo en absoluto:

    1. Estoy de acuerdo con Fuca en la hipótesis de que es necesaria una negociación. Pero creo que hemos de definir el contenido de ese término. Veo a los etarras como a esos asaltantes de bancos que tienen rehenes a los que amenazan con matar si no les dan lo que piden. Es estratégico enviar entonces negociadores, pero para negociar la rendición con la menor sangre posible y con la perspectiva del cumplimiento de la ley siempre en el horizonte. A partir de aquí cualquier ambigüedad me parece peligrosa. No se puede negociar nada, repito, nada, en el terreno político con los etarras porque además de su conocida trayectoria vital carecen de la capacidad que se autoatribuyen para representar al «pueblo vasco», el cual no acepta más que muy minoritariamente su estrategia de conquista de la independencia de Euzkalerría a través de la lucha armada. Cada vez que se asocia «la paz» al hecho de atender a ciertas reclamaciones políticas se traiciona gravemente el espíritu del sistema democrático. Lo único negociable son las condiciones de la rendición, pero el juego democrático, con o sin autodeterminación, debe derrotar a los violentos.

    2. De Juana, que yo sepa, cumple pena por amenazas y no por opinión. Puedo coincidir con Fuca en que, de acuerdo con las leyes con las que fue juzgado, aunque ya no estén en vigor, debería estar en régimen abierto, puesto que no hay retroactividad en dichas leyes, y tampoco creo que haya una evidencia probada de contenidos amenazadores en la carta que yo leí. Lo que yo digo es que entiendo que si el señor De Juana está en prisión, aunque sea dentro de un hospital y por razones de salud, y se le puede ver tranquilamente por la calle, los ciudadanos se intranquilicen y le pregunten al gobierno por qué sucede tal cosa. Esto produce tantas dudas como el hecho de que personas acusadas de un delito tan grave como la apología del terrorismo eludan sistemáticamente cualquier tipo de pena. Seguramente no lo entiendo porque soy corto de entendederas, pero a veces creo que no me lo saben explicar.

    3 Ya he mostrado mi desconfianza respecto a la Ley de Partidos, pero los jueces han demostrado que la trama de la violencia se articula no sólo desde ETA. Pensar otra cosa sería una ingenuidad. Batasuna -y podemos hablar de Jarrai, las herrikotabernas o las llamadas Gestoras pro amnistía- constituyen una estructura de apoyo al terrorismo. Es falso que se les persiga judicialmente por sus ideas independentistas. Yo puedo declararme en este blog como nacionalista radical -cosa que no soy ni remotamente- y no voy a ser fichado por la policía por ello. Este -el de la «lucha armada»- es un problema que los Países Catalanes resolvieron ya hace décadas, por eso el Señor Carod -con el que no simpatizo- puede afirmar lo que le apetezca respecto a la opresión del Estado central sin que le encarcelen por ello. No es cierto que la opción independentista sea perseguida por los jueces y la policía. Cuando se habla de «listas contaminadas» no se refieren a «contaminación ideológica», sino a la presencia de elementos provenientes de grupos cuya vinculación a la violencia ya ha sido demostrada. El PNV está repleto de independentistas, de hecho fue el lehendakari quien lanzó la propuesta del Estado Libre Asociado, con la que no comulgo pero que considero perfectamente legítima, y Aralar es un partido declaradamente independentista. Es cierto que muchos abertzales no tienen la posibilidad de figurar en listas, pero ha habido una enorme falta de valentía -por no decir de integridad moral- cuando han hecho falta voces desde el mismo círculo del nacionalismo para separarse tajantamente de los violentos. Mientras el independentismo vasco no se libere definitivamente de ese lastre, mientras no se alce como una propuesta tajantemente democrática, siempre será sospechoso de vivir como el mejillón cebra, es decir, como una especie que, para sobrevivir, necesita destruir a los otros. Y eso puede valer también para partidos de extrema derecha que concurren a elecciones y contienen sin embargo gran cantidad de elementos que protagonizan episodios frecuentes de violencia,por ejemplo contra los inmigrantes. No es un problema de izquierda o derecha -suponiendo que Batasuna sea «izquierda», suponiendo que algún nacionalismo sea tal cosa-, es un problema de salud democrática y de respeto a las reglas del juego.

    4. No es la gente como Fernando Savater quien hace que la mayoría de los vascos tengan miedo de exponer públicamente su opinión. Esa opción, la del intercambio libre de ideas y la deliberación, es la que verdaderamente se está estrangulando. Y ya hace treinta años que se promulgó la Constitución. Basta ya de violencia.

  18. No puedo evitar recordar la obra de Max Weber «El político por vocación», ¿existe política por vocación en el partido de Savater? Por política, Weber entendía «la aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder entre los distintos Estados o, dentro de un mismo Estado, entre los distintos grupos de hombres que lo componen.» No sé, quizá, me desvíe del tema, pero creo que falta en la figura de muchos políticos esa ética de convicción.

  19. Creo que no, doña Julia, al revés es muy oportuna su cita (aunque el señor Weber no sea dios de mi devoción) siempre que entendamos que crear un partido nuevo, ahora, dentro del sistema actual, o es obra de un iluso o de un sinvergüenza. O sea, o es una obra tan encomiable como estéril pues conducirá irremediablemente a repetir los vicios de los ya existentes puesto que el sistema no se toca (véanse los casos del Partito Radicale o de Die Grunen), o es una labor conducente a emborronar el paisaje electoral sin aportar más de positivo que las neurastenias de un grupúsculo de iluminados (los poseedores de alguna Verdad Absoluta, como es el caso que nos ocupa). Por eso trataba de no darle más importancia de la que tiene y adentrarme en lo que aflora con este tema.

    Les proponía un par de asuntos y, en efecto, asumo que con ello nos vamos del tema original, pero, por el contrario, dejamos de aventar la majadería.

    Así, podríamos encontrarnos con (1) el papel social de los partidos. Visto lo visto, o sea, el lamentable espectáculo de estas elecciones locales en las que los partidos parlamentarios han decidido hablar de temas ajenos a las realidades municipales, la ciudadanía debería comenzar a cuestionarse si el sistema actual es el más adecuado para ofrecer la representación que la Constitución obliga y satisfacer sus necesidades públicas. En otras palabras ¿las prioridades de la agenda política la marcan los partidos o los ciudadanos?

    (2) Como transfondo de la movida Díez-Savater-PP-FAES, aparece nítidamente el conflicto vasco. Aportaciones como la del señor Montesinos me asustan. Si una persona a la que considero sensata es capaz de desplegarnos tal cantidad de intransigencias, pensamiento pétreo y españolismo soterrado, o sea, incapacidad absoluta para negociar con quien quiere negociar ¡qué podrá esperarse de quién le sale un sarpullido en la piel cada vez que oye la palabra “vasco”!

    Si me lo permiten, especialmente usted doña Francisca (para uds. Fuca), apostillaré alguna de las ideas de don David. Les propongo un pequeño juego. Supongamos que don David es el intermediario de – válgame la expresión – la parte española y doña Francisca – digo lo mismo sobre la expresión que sigue – la parte vasca. Veamos, me limitaré a lo qué dice en su punto 1. Resulta que, independientemente de alguna gruesa contradicción que ahora soslayaremos, los integrantes del Movimiento Vasco de Liberación Nacional (así los denominaba el señor Aznar ¿recuerdan?) son, mutans mutandis, “asaltantes de bancos”, “chantajistas”, “derrotados”, “reducibles a la ley”, “irrelevantes socialmente”, “antidemócratas” y “objetos de represión”.

    Si ese es su espíritu de diálogo, don David, vaya, ¿se extrañará usted si la lectura que de ello hace doña Francisca sea que usted, o sea, los españoles, son “chantajistas”, “derrotados”, “reducibles a la ley”, “irrelevantes socialmente”, “antidemócratas” y “objetos de represión”? Oh, ¡sapristi! pero si los adjetivos son los mismos. ¿Piensa resolver así el conflicto, incrementándolo?.

    Las condiciones democráticas de los países bálticos (indudablemente democráticos y europeos, ¿no?) han sido ya descritos por el señor Moreno ¿los imagina usted aplicados a Euzkadi, Galiza o els Països Catalans?… O sea, en Estonia sí pero en Euzkadi no… ¿democracia, dice, o dice doble moral? Antes de lanzarse a la algarada españolista de tan nefastos resultados para todos (ya lo relaté en una intervención anterior) piense en aquello de Francisco de Asís: “hasta el lobo tiene sus razones” Igual va siendo hora de dejar la testosterona y comenzar a usar el cerebro.

  20. Aquí se vota, -no se elige-, una lista cerradas de partidos políticos. los candidatos son puestos en las listas por los jerarcas de los partidos respectivos.

    El presidente del gobierno es elegido por la mayoría de la Cámara. Y éste elige al gobierno.

    El legislativo elige al ejecutivo y el ejecutivo legisla y decreta reglamentos sobre el Judicial.

    No hay pués separación de poderes.

    Y la jefatura del ESTADO es meramente ornamental. En treinta años no ha sido moderadora entre los poderes porque hay un solo poder.
    Ese poder está secuestrado por la oligarquía de partidos, es pués una PARTITOCRACIA.

    En lo fundamental están de acuerdo y es muy difícil que el sistema se autodestruya.

    No se debiera votar en ninguna elección para DESLEGITIMARLOS.
    ¡ Que ya falta poco para ello !

  21. Avatar de David Montesinos
    David Montesinos

    Seré breve, señor Kant, lo que usted dice que digo no es lo que yo digo. Ni una sola palabra.

  22. Más breve: reléase

  23. Serna que no escribes? Ya se te ha acabado la imaginación o es que estàs esperando a que gane el psoe?

  24. OK, Juan Moreno

  25. No os vayáis a enfadar, David y Kant, está claro que los contertulios de este blog no siempre coincidimos en nuestras ideas y menos mal, sino sería un aburrimiento.

    David Montesinos afirma que Kant le atribuye palabras que él no escribe y es verdad, pero cualquiera de las afirmaciones de Kant se pueden entresacar de las ideas expuestas por David, por lo menos es lo que a mí me parece, a lo mejor estoy perdiendo capacidades y ya no soy capaz de entender a la gente que no piensa lo mismo que yo.

    Comparas, David, a los etarras con asaltantes de bancos y propones que se negocie la rendición con la menor sangre posible; ¿pero de qué negociación hablas, David Montesinos? Dices que no se puede negociar nada en el terreno político con ETA, entonces ¿en qué terreno vamos a negociar? La verdad es que no te entiendo.

    En el fondo, tu mensaje me pareció un manifiesto antinacionalista, renegando de todas las personas democráticas que intentamos cambiar el mundo desde nuestras patrias, sin por ello dejar de solidarizarnos con todos los oprimidos del mundo; creo que la expresión “suponiendo que algún nacionalismo sea de izquierda” deberías retirarla de tu último comentario.

  26. Doña Francisca, yo no me enfado. Pero que se me nieguen evidencias me irrita. Voy a presentarle un pequeño ejercicio que no llega ni a análisis de texto pero que deja patente lo expuesto.

    De entrada, en la mía, ya advertí que extraía las ideas del señor Montesinos “mutans mutandis” y entrecomilladas, lo cual ya exigiría de él una comprensión laxa de lo que le sintetizaba de su párrafo y, por ende, una respuesta más razonable. Creo.

    Considerando esto, considere lo siguiente:

    Él dice: ‘Veo a los etarras como a esos asaltantes de bancos’. Yo digo: “asaltantes de bancos”.

    Él dice: ‘(…) que tienen rehenes a los que amenazan con matar si no les dan lo que piden’. Yo digo: “chantajistas”.

    Él dice: ‘enviar entonces negociadores, pero para negociar la rendición’. Yo digo: “derrotados”.

    Él dice: ‘y con la perspectiva del cumplimiento de la ley siempre’. Yo digo: “reducibles a la ley”.

    Él dice: ‘carecen de la capacidad que se autoatribuyen para representar al “pueblo vasco”(sic)’ (con ese curiosísimo entrecomillado, como si el concepto “pueblo vasco” fuera un sarcasmo). Yo digo: “irrelevantes socialmente”.

    Él dice: ‘Cada vez que se asocia “la paz” al hecho de atender a ciertas reclamaciones políticas se traiciona gravemente el espíritu del sistema democrático’. Yo digo: “antidemócratas”.

    Él dice (insisto, él, no el señor Aznar): ‘lo único negociable son las condiciones de la rendición, pero el juego democrático, con o sin autodeterminación, debe derrotar a los violentos’. Yo digo: “objetos de represión”.

    ¿Cree usted aceptable que por todo razonamiento, uno se encuentra con “señor Kant, lo que usted dice que digo no es lo que yo digo. Ni una sola palabra.”? De ahí mi irritación. Aunque, con la misma sinceridad, le diré que mis irritaciones me duran tanto como un flan de café, nada. Especialmente cuando son de tan poca entidad.

    Por otra parte, ruego al resto de los contertulios me dispensen por este ex-curso de enseñanza primaria. Saben – quienes me conocen por mis intervenciones – que aborrezco personalizar las disputas. Al mismo tiempo, les invito a que continúen con el/los tema/s que la propuesta de don Justo nos ha hecho aflorar. A mi, si me lo permiten y si no hay ninguna alusión directa, me dejarán retirarme. Lo que tenía que decir, lo he dicho. Les seguiré leyendo, eso sí, porque sus aportaciones me resultan muy interesantes, algo, hoy día, en que mequetrefes y botarates convierten la democracia en un simulacro, difícil de encontrar.

  27. Mire Sr. Serna lo que escribe sobre Savater en LD el columnista García Domínguez. Un tipo que sigo por su sagacidad y que milita en el más anticatalanismo posible, -como comprenderá algo alejado de mis preferencias-, pero digno de ser leído por su sinceridad.
    Todas las vivencias que cuenta éste sujeto, antigüo militante izquierdista, son recuerdos que mi memoria confirma.
    El apodo de Reina Madre del «EL País» a Savater era vox populi en los ambientes progres de la época.
    Él está en la otra orilla, pero lo sigo con admiración hasta que se lo trague el mar:

    José García Domínguez

    El rebelde, iconoclasta, libertario incorruptible Fernando Savater, que entonces consideró urgente allegarse a Barcelona con tal de dar el tiro de gracia retórico a los apestados que militaban en la minúscula disidencia a la nueva religión obligatoria. Josep Bargalló, el mejor prosista en lengua no inglesa del término municipal de Torredembarra y comisario literario de Pepe Montilla en la Feria de Frankfurt, quería poner las cosas claras. Los escritores catalanes que escriben en castellano son escritores y catalanes, pero no escritores catalanes, aclaró el Víctor Hugo de la comarca del Tarragonés. En hastiada réplica, el novelista González Ledesma ha preferido ponerlas –las cosas– en su sitio. “Que Bargalló se meta la lengua donde le quepa”, aconsejó ayer al prócer. Por lo demás, sépase que este Bargalló viene de borrar pizarras en la escuela de su pueblo. Pero que lo otro, lo de exigir certificados de pureza de sangre gramática para poder decirse escritor catalán, procede de más arriba. Y de más lejos.

    De tan lejos como 1977. Y de tan arriba como el consejo de administración de La Identidad Nacional Catalana S.L., sociedad con ánimo de lucro participada en un cincuenta por ciento por Jordi Pujol & asociados, y en la otra mitad de su capital por el PSUC (en aquel entonces, el bisoño catalanista avant la lettre Montilla sólo fantaseaba con poner multas por rotular en español a los economatos de Iznájar). Así, de una de las innumerables filiales de la Sociedad, la revista Taula de Canvi, surgiría la famosa encuesta con la famosa pregunta: “¿A los catalanes (de origen o radicación) que se expresen literariamente en lengua castellana hay que considerarlos como un fenómeno de conjunto que hay que liquidar a medida que Cataluña asuma sus propios órganos de gestión política y cultural?”

    El resto de nuestra particular adaptación de La Historia universal de la infamia es de sobras conocida. La respuesta más que unánime de la crema de intelectualidad abajofirmante fue: “Sí, wuana, liquídalos”. Y escribo “más que unánime” porque, como éramos pocos, parió la abuela. O sea, la Reina Madre, la muy venerable matriarca del clan de El País que ya respondía en el siglo por Fernando Savater. El rebelde, iconoclasta, libertario incorruptible Fernando Savater, que entonces consideró urgente allegarse a Barcelona con tal de dar el tiro de gracia retórico a los apestados que militaban en la minúscula disidencia a la nueva religión obligatoria. “Son iguales que los que defienden a Tejero en El Alcázar”, sentenció, sólo bajar del avión, el gran heterodoxo. Se refería, por supuesto, a los firmantes del Manifiesto de los 2.300 en defensa del bilingüismo, no a los padres putativos de Bargalló.

    En fin, que se vaya preparando González Ledesma. Recuérdese para el caso la famosa respuesta de Manuel de Pedrolo a la famosa pregunta de los liquidadores: “En la película de Costa Gavras Section spéciale, alguien, miembro de un grupo dispuesto a atentar contra los soldados alemanes, plantea la siguiente cuestión: ‘¿Y si la víctima es un antifascista?’ El capitoste le contesta: ‘Lo será en su casa; aquí es un soldado del ejército de ocupación’. Y añade: ‘Pueden ser antifascistas, pero cuando forman parte de un piquete de ejecución disparan’.”

    Verde y con asas, que dicen al otro lado del Ebro.

  28. «Tiene derecho a acertar o a equivocarse, pero no a presentar sus posiciones como si fueran evidentes.»

    Es filósofo. Sí tiene derecho. En realidad Sartre hacía lo mismo.

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