Fernando Savater se despide de ustedes

José Luis Ibáñez Salas reproduce en su blog un post de David Pablo Montesinos. Este texto tiene un título bien significativo.

“Adiós, Savater”, dice Montesinos en el escrito, en donde el autor nos anuncia su despedida definitiva del filósofo donostiarra.

Yo creo que a Savater lo perdimos hace tiempo

Dice Montesinos que se ha convertido en algo muy feo: en un fascista o un falangista. No sé si se ha convertido en tal cosa. Tengo para mí que no.

Imagen: Saúl Ruiz

Yo no lo adjetivaría así. Esa calificación es lo que él podría estar deseando para ser o sentirse completa, gozosa o desdichadamente incorrecto.

Ser o sentirse completamente incorrecto es un sueño infantil de Savater, que está debidamente reseñado en sus memorias (‘Mira por dónde’).

Esa aspiración le hizo ser un ‘enfant terrible’. O en un ‘anarquista moderado’ que durante un tiempo se acercó a los socialistas.

Ahora, tiene maneras de viejo enfadado, malos modos de señor mayor que se encabrita con quienes fueron sus correligionarios, su público originario, sus lectores afines.

ETA le hizo mucho daño. Sus equívocas ensoñaciones con el aznarismo (“el aznarismo no es nacionalismo o españolismo; es constitucionalismo”) acabaron por entumecerlo o entontecerlo. Eso sí, con rabia.

Frente a lo que dice Montesinos (lo de falangista, etcétera), creo, más bien, que se ha convertido en un ser irreconocible.

O, peor, en un individuo en quien se han exacerbado sus rasgos de carácter, siempre exagerados.

Esos rasgos pudieron sernos simpáticos, pero ahora son vicios o estridencias insoportables.

Siempre quiso ser el primero de la clase. Tenía merecimientos.

Pero cuando el mundo y su propio público se le volvió ajeno o distante, cuando sus opciones políticas fracasaron estrepitosa o ridículamente, entonces se le exacerbó su enojo, su irritación y hasta su rencor.

Ahora está a muchas cuadras de donde estuvo, totalmente desnortado. A su juicio, ha evolucionado. No, no. Se encuentra paciendo al calor de un establo de viejos alazanes.

Se trata de una cofradía de antiguos progres que viven ese pasado, su pasado, como un baldón por el que culpan a quienes no les siguieron en su deriva.

Para los que siempre fuimos moderados (ni siquiera terriblemente incorrectos), tanta verbosidad y estridencia es una pésima es lección, un enfurruñamiento, una jubilación sin júbilo ni jubileo.

Una respuesta a «Fernando Savater se despide de ustedes»

  1. Buenas noches, señor Serna, le agradezco las alusiones a mi escrito y elogio, como siempre, la brillantez de su quehacer literario, incluyendo algún chispazo genial como el de los alazanes. Ya me han corregido otras personas por los improperios, «fascista»/ «falangista», que he propinado a don Fernando. Quizá a él le agradaran, pero es que Savater ha participado en manifiestos en los que se denuncian las actitudes dogmáticas y la presunción de cancelar o desautorizar cualquier opinión discrepante. ¿De verdad he de explicarle yo a un señor tan leído y experto como don Fernando que eso -insultar, ridiculizar, desautorizar a todo aquél que no comparta a pies juntillas su visión de las cosas- es exactamente lo que él hace en sus artículos? Dice usted que es irreconocible, quizá sea como el Dorian Grey del retrato, cuya creciente deformidad moral va secretamente reflejándose en la pintura escondida. Le llamo fascista porque su intervención excluye de entrada al interlocutor, por ejemplo a mí, al que descalifica por no votar al mismo partido que él, no pensar lo mismo que él respecto a infinidad de cosas o no aceptar que el hecho de haber batallado valientemente contra los bárbaros -cosa que siempre le he elogiado- no le otorga la posesión de la verdad respecto a todo lo que tenga que ver con terrorismo, nacionalismo o violencia.

    Hubo un tiempo en que defendí mucho a Savater. Era ingenioso, locuaz… parecía vivir en una atmósfera hedonista, tan dispuesto a gozar de la vida y tan lejos de aquel clericalismo tan atorrante de los intelectuales de los setenta. Sospecho que era mentira entonces, y, desde luego, afirmo que ahora está muy cerca de los Savonarola e inquisidores de toda ralea de los que tanto abjuró en su juventud. Se presenta como víctima de una supuesta dictadura… ¿qué dictadura? Se diría que el aire que permite respirar a Savater siempre ha de ser el de una supuesta tiranía contra la que alzarse cual Capitán Trueno. Primero fue Franco, después los etarras… y ahora la corrección política, las feministas, los progres, Podemos… ¿de verdad? ¿de verdad se siente usted oprimido y silenciado, señor Savater? Una columna en El País cada semana para cagarse en todos los rojos del mundo más legiones de editoriales dispuestas a publicarle cualquier cosa… Y dice el payo que es víctima de una dictadura, cuando hace dos décadas que no ha hilado un argumento ingenioso y que, probablemente, ha dejado de leer cosas relevantes.

    Usted tiene razón en lo esencial si soy capaz de entenderlo. Su tiempo pasó, ya no le hacemos caso. Y eso lo lleva mal, muy mal don Fernando.

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