Umberto Eco. Lecciones póstumas 

El 19 de febrero de 2026 se cumplieron diez años de la muerte de Umberto Eco. Una década después, sus reflexiones sobre la interpretación siguen siendo una de las herramientas intelectuales más precisas para pensar el arte, la literatura y, en general, cualquier forma de creación.

¿Cómo interpretamos una obra? ¿Cuenta la intención del autor? ¿Y la del destinatario? ¿Existe algo así como las intenciones de la obra? ¿Todas las interpretaciones son posibles? ¿Hay algunas interpretaciones mejores que otras?

Todo son preguntas.

Para introducir estas cuestiones, tan características de Umberto Eco, permítaseme recurrir a una pequeña paradoja que me es muy querida y que podría llamar el misterio del destornillador. Me valgo de las propias cavilaciones del Professore.

Veamos. ¿Qué es un destornillador? Un destornillador es, en principio, un instrumento utilitario: sirve para atornillar y desatornillar. ¿Y ya está? No, hay más.

Fuera de su contexto, esa herramienta utilitaria puede adquirir otros usos y, por tanto, otros significados. Por ejemplo, puede exhibirse como un objeto técnico, como muestra del ingenio humano. Más aún, podría exponerse incluso como pieza digna de contemplación estética.

Si la Fuente (1917), de Marcel Duchamp, pudo alcanzar un estatus estético no veo por qué no podría ocurrir lo mismo con un destornillador. ¿Se imaginan?

Punto y aparte.

Que algo pueda usarse e interpretarse de muchas maneras no significa que todos los usos y todas las interpretaciones sean igualmente plausibles. Eco ya nos lo advirtió en La estructura ausente, libro publicado originariamente en 1968.

Más adelante volvió sobre estas cuestiones replanteándolas con fina ironía: un destornillador puede servir, en teoría, para hurgarse el oído, pero sería una pertinencia absurda y hasta peligrosa, nada recomendable; y aunque un vaso de papel podría usarse como cenicero, nunca funcionará como destornillador.

Con ejemplos como este, aparentemente triviales, Eco nos recordaba algo esencial: interpretar no es lo mismo que sobreinterpretar. Las obras admiten lecturas, pero también imponen límites.

Con motivo de este décimo aniversario he escrito para MAKMA, para los amigos de MAKMA, un artículo. Lo titulo “Umberto Eco. Lecciones póstumas”.

En dicha pieza reviso algunas de sus ideas más fértiles sobre la interpretación, sobre el sentido de las obras y sobre la responsabilidad del lector y espectador en una época saturada de signos.

Si me hacen la caridad de leerme, pueden hacerlo en la revista, en una publicación a la que se le concedió el Premio Nacional a la Excelencia en Comunicación (2024).

Aquí: https://www.makma.net/umberto-eco-lecciones-postumas/

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