¿Dónde está Dios?

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Hace unos meses me preguntaba sobre Dios y las  catástrofes. La pregunta me la planteaba viendo en la televisión las calamidades públicas y los cataclismos de Pakistán y de Guatemala. Los hechos, vistos en televisión, nos perturban y nos hacen interrogarnos sobre el propio medio, sobre la pequeña pantalla, un discurso que, por una parte, retrata nuestro hedonismo (al menos, el deseado), nuestra ligereza existencial; y, por otra, sin interrupción, nos contraría y nos trastorna con las imágenes de un mundo rebosante de dolor y de catástrofes, de guerras y de muertos civiles, un mundo en el que no siempre podemos responsabilizarnos del mal que contemplamos y ante el que muchos sentimos estupor e impotencia: los ateos, también.

 Los ateos –que estamos condenados ya de antemano– somos, sin embargo, gente sensible y nos preguntamos, con todo respeto, por Dios, por el Dios de los pakistaníes y por el Dios de los guatemaltecos y, hoy, por el Dios de los israelíes y el Dios de los libaneses. ¿Dónde está el Sumo Hacedor cuando los cataclismos aumentan el daño o la muerte de los inocentes?  Me lo preguntaba y no pretendía ser original, desde luego que no. Luego, en los últimos meses y semanas he visto que también desde el lado confesional repiten una pregunta muy antigua, en ocasiones incluso formulada en segunda persona, tuteando a la Providencia. El Papa, el Arzobispo de Valencia, José Bono… son algunos de los últimos que se han atrevido a interpelar a Dios preguntándole sobre el Holocausto, sobre los muertos de Metro valenciano o sobre el horror infligido en el 36. 

En los siglos XVII y XVIII, en un ambiente originariamente jansenista, al Ser Supremo se le tenía por un dieu caché: así tituló Lucien Goldmann su célebre obra, que en castellano se tradujo como El hombre y lo absoluto. Se le tenía como a ese Sumo Hacedor que dejaría a los hombres actuar, equivocarse o acertar, obrar piadosamente o incurrir en el pecado. La libertad (trágica) no sería incompatible con la distante vigilancia de un Dios que ya no sería tan irascible como el bíblico. En fin, un avance. Los hombres vivirían bajo el principio de la libertad y la Providencia no sería ese Ser entrometido e indignado de otros tiempos. Resulta, como digo, un avance que los individuos pudieran hacer así las cosas, sin verse gobernados bajo la férula tiránica del Dios veterotestamentario. Sin embargo, ya para entonces lo que no resultaba fácilmente explicable era el silencio de Dios ante los desastres que infligen daño gratuito a cientos, a miles de seres humanos, desastres que, incluso, podían imputarse a quienes lo invocan o a él mismo, a la Naturaleza desatada. Ya sé que éste es un viejo argumento de los ateos. Ya lo sé: un argumento que se remonta al desastre de Lisboa en 1755 y a la pregunta clásica de Voltaire sobre si los lisboetas merecían mayor castigo por sus vicios que los parisinos o los londinenses. ¿Qué Dios es ese que permitía dicho horror?  

Pero esa pregunta voltairiana que hacemos nuestra los carentes de toda fe es, si la pensamos bien, la demanda que Jesús formula a Dios cuando agoniza en la Cruz, cuando no se explica su silencio o aparente apatía: Padre, ¿por qué me has abandonado?  Para los teólogos el presunto abandono prueba la grandeza de Dios, que quiere compartir con los hombres su dolor, el daño que ocasiona ver el sufrimiento y la pérdida del hijo. Y prueba también la libertad que deja a los individuos para obrar el bien o el mal. La cuestión que formula Cristo expresa, sin embargo, el horror de la humanidad doliente y lo que parece su mal tono, su primera incomprensión, es desde el punto de vista confesional una especie de arrogancia frente a Dios, cuyos designios serían en efecto inescrutables. Por eso, me extraña que los creyentes (con el Papa a la cabeza) signa formulando esta pregunta, que es la de quien parece sentirse incómodo con la libertad humana para dañar, para matar, para destruir. Prefiero, por el contrario, olvidar a Dios (al menos en este punto) y preguntarme  sobre la acción de los hombres sobre sus metas y sus pesadillas.

 Pues bien, una de los sueños más justificados que ha alumbrado la experiencia humana es la necesidad  un Estado de Israel, después de siglos de persecución y muerte. ¿Dónde estaban Dios o Yahvé?  En Basilea, hacia 1897, los asistentes a un congreso del sionismo nombraban a Theodor Herzl líder de dicho movimiento.  Theodor Herzl había nacido en Budapest en 1860, aunque bien pronto vivirá en Viena, dedicándose a la literatura y en general a la escritura y el pensamiento. Ejerció como corresponsal para el Neue Freie Presse cubriendo los avatares y la crisis del caso Dreyfus. Fue este hecho el que le llevó a forjar una idea sencilla pero decisiva: la creación de un Estado Judío. ¿Correspondía este objetivo, el de un Estado Judío con la vieja aspiración de recuperar Sión para los israelitas? No exactamente. La meta de Herzl no recibió el apoyo unánime y, por eso, no extraña la acusación de herético y de soberbio que le dirigieron numerosos judíos ortodoxos. Pese a que nuestro autor creía estar desarrollando una idea antigua, incluso aceptable para los creyentes, en realidad su opción política, su meta, era un objetivo reciente que no se remontaba más que a la segunda mitad del siglo XIX. Les propongo la lectura de su obra más famosa, aparecida en 1896: El Estado Judío (Buenos Aires, Prometeo Libros, 2005). En este pasaje, el autor quiere condensar y en parte anticipar no la historia sagrada, sino la historia profana de esa parte del mundo y, al final, de nosotros mismos. Les reproduzco uno de los párrafos más señaladamente significativos. 

“Palestina es nuestra inolvidable patria histórica. Su solo nombre ejercería un poder de convocatoria fuertemente evocador para nuestro pueblo. Si Su Majestad el Sultán nos concediese Palestina, nosotros podríamos comprometernos a poner completo orden en las finanzas turcas. A favor de Europa construiríamos allí una parte de la fortificación que la defendería de Asia, haríamos de avanzada de la cultura frente a la barbarie. Como Estado neutral mantendríamos relaciones con toda Europa, que estaría en la obligación de garantizar nuestra existencia. Respecto de los santos lugares de la Cristiandad cabría buscar una fórmula de derecho internacional que estableciese su extraterritorialidad. Conformaríamos la guardia de honor en torno a los santos lugares, y nuestra propia existencia sería el garante del cumplimiento de dicho deber. Esa guardia de honor sería el gran símbolo para la solución de la cuestión judía, tras dieciocho siglos de penalidades”. 

Si se fijan bien, en estas palabras no hay una presencia explícita de la Providencia y, en todo caso, ésta no estaría aquí para salvar o para condenar a quienes hacen y emprenden ideas nobles o desacertadas. Somos los seres humanos los que optamos por la cultura o por la barbarie. Aun así, todavía preguntamos: ¿Dónde, pues, está Dios?

 

34 comments

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  1. marpop

    Leí en algún lugar que Herzl también escribió comedias para teatro, ¿es cierto?.
    Es un personaje interesante, agrego aquí una de sus citas:
    “No nos dejemos abatir por el odio que nos rodea. Somos un pueblo y contamos millones. El mundo no puede desinteresarse de nosotros si tomamos nuestra suerte en las propias manos. Ya que somos perseguidos y se nos aparta de los demás, trabajemos para lograr una existencia nacional, libre y normal. Proclamemos en voz alta que queremos un Estado judío, y creemos el movimiento que lo realice”.

  2. Miguel Veyrat

    Esa es, tienes razón Justo, la máxima expresión de libertad, la libertad de opción: ¿Cultura o barbarie? Recuerdo el indepscriptible malestar que me causó la frívola pregunta del papa Ratzinger en Auschwitz: ¿Dónde estabas Dios mío? Alguien ha respondido que dentro de las cámaras de gas, probablemente, junto a los judíos, comunistas, gitanos y homosexuales que estaban siendo asesinados. Pero quiero ir más lejos: La pregunta de Ratzinger ocultaba, y de ahí el malestar que he expresado anteriormente, la ausencia de dios en los “Autos de Fe” medievales que presididos por las jeraquías eclesiásticas quemaban públicamente a supuestos herejes en la hoguera, incluídos los cadáveres desenterrados para la ocasión de los judíos o “judaizantes” —también de homosexuales, brujas y demás “antisociales”— fallecidos sin poder esperar la llegada del Santo Tribunal de la Inquisición con toda su parafernalia. Seguramente, ese dios en cuya existencia tampoco creo, si hubiese podido estar presente hubiese confortado piadosamente a las víctimas que se retorcían entre inmensos dolores en las llamas. En aquellas ocasiones, la Iglesia del crucificado que clamaba su angustia en el cadalso por el abandono de quien creía ser su Padre, escogió la barbarie. Como lo ha seguido haciendo siempre que la Historia la ha puesto en la opción de escoger.

  3. Júcaro

    Estimado profesor; dios, para algunos Dios, está en ninguna parte.

    ¿La cultua o la barbarie? Imaginemos un mundo sin barbarie, sin sufrimientos ni penalidades; en ese paraiso imposible, ¿para qué idear un dios?

    Saludos

  4. Ventura

    Siempre me ha parecido una contradicción creer en un Dios todopoderoso y en el libre albedrío del hombre al mismo tiempo. Todavía no sé exactamente cómo las doctrinas religiosas han conjugado ambos conceptos. Si existe la divinidad, me parece impensable que cualquier cosa que acontezca en el mundo, incluso la más ridícula e insignificante, no responda a su voluntad. Yo siempre he dicho que mientras los creyentes colocaban a Dios como el hacedor de sus destinos, yo -como ateo- creía en el Azar. Y la diferencia básica entre Dios y Azar sería, en teoría, la existencia y no existencia, respectivamente, del destino. Dios guiaría al hombre a un fin predeterminado, mientras que el Azar no es más que lo aleatorio, la irracionalidad. Pero sobre esa irracionalidad sí que se puede concebir la libertad humana, ya que el Azar no es un ser que conscientemente nos guíe.

    Por último, citaré una frase que en una ocasión pronunció uno de mis profesores de la facultad, y que se me quedó grabada: “A los que no creemos en Dios nos afecta mucho más que nos decepcionen las personas”.

    Aprovecho también para recomendar a quien no lo haya leído un magnífico ensayo de Carl Gustav Jung: Respuesta a Job, FCE, 1952. Resulta interesante conocer las opiniones de un científico (famoso psicólogo) sobre la “amoralidad” de Dios.

  5. En nombre de Gregorio Martín

    Gregorio Martín, catedrático de Robótica de la Universidad de Valencia, y que ayer participó en este blog, me ha remitido este correo matinal a propósito del tema de hoy. Lo reproduzco bajo su autorización. Añadiré después el coloquio a que ha dado lugar:

    “Creo que Dios no existe. Por tanto puede que lo que escribes solo sea especulación frente a determinadas contradicciones de lo humano: finitud frente eternidad, ignorancia frente a compresión plena,…

    NOTA: Un tema como el de ayer no puede terminar con juicios y descalificaciones literarias. Sigo con mi crítica al blog”.

    Con la crítica al blog, Gregorio Martín se refiere al formato ‘bitácora’, que no le acaba de convencer.

  6. Justo Serna

    Me parece muy interesante el primer enunciado de tu correo (le digo a Gregorio Martín): “Creo que Dios no existe”. Es espléndida la frase pues expresa creencia sobre algo inverificable. No es lo mismo decir “Dios no existe” que “Creo que Dios no existe”. Adivina por qué. Esa frase me recuerda, dicha de modo inverso, lo que sostenía Vattimo en uno de sus últimos libros: “creer que se cree”. Yo no especulo, estimado colega, sino que me valgo de recursos culturales e históricos (por erróneos que sean) que sirven para reflexionar. Wittgenstein creía, ya sabes, que no debía hablarse de lo que no puede enunciarse en perfecta correspondencia con el mundo, que no podía hablarse de los valores, de Dios o del misticismo. Y, sin embargo, Wittgenstein siempre aceptó la importancia crucial de los valores, de la ética, de la propia religión, y, finalmente, acabó aceptando que más que analizar enunciados hay que analizar los juegos de lenguaje, esos con los que con acierto o con error creemos describir el mundo.
    Entre otras cosas, porque las descripciones (aun siendo erróneas) producen efectos (algunos dirían: efectos de verdad).

    Otra cosa: los temas en los blogs acaban frecuentente así. Es quizá el signo de los tiempos, pero que los profesores se retraigan de su uso no va a mejorar un medio que crece y que amenaza con anegar de palabras el mundo. Nos guste o no nos guste.

    Un saludo, JS

  7. En nombre de Gregorio Martín

    Contesta Gregorio Martín:

    Mi palabra “creo” obedece exactamente a tu argumentación. Esto es yo no puedo demostrar que Dios no existe y en consecuencia, trato de ser prudente en mis juicios. Sin embargo en mi visión de la existencia (y espero que en mi conducta) he decidido no introducir la hipotesis DIOS.

    Esto se llamaba Agnosticismo, en mis tiempos que trataba de discutir aquella corriente que se llamada el silencio de Dios y que ahora parace que se redescubre (creo que el libro básico que leí hace cuarenta años era “Honest to God” de Robinson). Esto me llevo a tener un cierto debate con un Obispo cuyo nombre no recuerdo (hablo de 1966-67).

    En consecuencia mi “creo” significa que no introduzco la hipotesis Dios a la hora de vivir las contradicciones de mi existencia humana.

  8. Portnoy

    Creo que Dios no existe porque no puedo demostrar su existencia.
    Creo que Dios existe pero no puedo demostar su existencia.

    Mi sincera creencia es que no existe NADA aparte de este breve periodo de conciencia biológica que llamamos vida. El hecho de que “no podamos demostrar su existencia” es lo que desata las especulaciones sobre la posibilidad de su existencia.

    No hay Dios. Dios es una invencion humana que persisitirá como idea mientras sea útil para subyugar o imponerse a los demás. Dios es la razón de los que no tienen otra razón.

  9. Despistado

    Siento decirles, señores, que Dios existe para todos ustedes. Que sepan, quieran o puedan ponerle o quitarle cara no es sino la prueba de ello.

  10. Miguel Veyrat

    De acuerdo, Portnoy. Es una invención cómoda. Para mí, no creyente en ningún dios ni religión que lo exprima, ordeñe o sustente para obtener beneficios, ese concepto está representado por la Naturaleza cuyos ciclos previsibles se ven interrumpidos por el Azar —como quería Ventura, con quien también coincido— más imprevisible. Amo la Naturaleza de la que vengo y a la que iré, su ritmo y su esencia, en Ella creo porque noto su pálpito en mis venas, pero jamás construiré una religión en torno a ella, ni para enseñarla a otros ni para matar en su nombre.
    En otro sentido, y a cuenta de un comentario de Gregorio Martín, con quien comparto su incomodidad acerca de los cócteles molotov arrojados de vez en cuendo contra este blog: He acabado pensando que la irrupción de esos locos de las bitácoras, con temas que nada tienen que ver —Hoy Zaplana, ayer Umbral o Javier Cercas, insultos, incoherencias— y que solamente representan, a menudo, sus propias fobias, hasta le dan cierto encanto callejero. Como se decía esta mañana en el blog de ayer, lo mejor será ignorarlos.

  11. Julia Puig

    Las formas más dispares de pensamiento están en el hombre, en buscar la verdad y en justificarse a través de sus ideas o como diría Unamuno: “aun a sabiendas que la verdad no ha de encontrarla mientras viva”.

    El sentimiento por parte del hombre de la conciencia de su culpa constante y su aspiración a la felicidad engendran en él la fe en un dios que castiga y ama. La razón y la experiencia histórica demuestran que el prejuicio religioso constituye un serio obstáculo para el pleno desarrollo de la libertad y la felicidad de los individuos. Escapar
    de la presión ejercida por las religiones sería un paso imprescindible para el pleno desarrollo de los derechos y libertades civiles en los sistemas políticos, además de formar una sociedad más crítica, consciente, libre y autónoma, capaz de enfrentarse colectiva y coherentemente a los complejos problemas actuales. En estos momentos, un buen ejemplo, y de triste actualidad, es el sangrante conflicto desatado en Oriente Medio, entre Israel y los estados islámicos, en el que la religión monopoliza el delicado status quo de la zona.

  12. RODERICK GUZMAN MEZA

    !Que mordaz e irónica la imaginación humana! Ha creado fantasmagorías para enfrentar su aterradora soledad, la lacerante ignorancia sobre su presencia y destino. Decir que se cree o no en Dios es entrar en un laberinto del cual no se podrá salir. O somos nosotros y nuestras torpes iras e insanias, nuestros afanes hedonísticos y nuestros recónditos e inconfesables secretos los que hemos torcido el rumbo y hemos hecho ficción o esa entidad Creadora es una forma de irresponsabilidad suprema al alentar una supuesta libertad de la que tan solo cabe esperar la violencia, la traición y la mentira. Si Ratzinger se preguntó en Auswitz dónde se había metido Dios durante la Shoa, era parte de un libreto para soterrar su condición de arcaico nazi y lanzar la pelota de la culpa a algo tan intangible como improbable. Hoy

  13. Despistado

    Oiga Guzman, a no ser que nos retrotraigamos al tomismo, el hombre sólo es capaz de ver por sus sentidos y de dar existencia a través de su intelecto. Asumiendo esto, su argumentación es tan trivial como maniquea.

  14. Grazia Deledda.

    El agnosticismo la mayoría de las veces es una forma hipócrita de no enfrentarse al oponente.

    Yo puedo ser agnóstico si se me habla de un Dios no creador, no caprichoso, no humanoide, no insatisfecho, sin voluntad, sin deseos, sin límites, intemporal, y bla bla bla.

    Lo curioso es que millones de seres humanos que poseen muy poca cultura, viven sin tener necesidad de la idea de Dios.

    Y es que Dios es un producto que cimienta muchas culturas y dá poder a sus detentadores.

  15. RODERICK GUZMAN MEZA

    Señor Despistado, supongo que usted tiene la razón última de las cosas y su palabra es más densa y contundente que la trivial afirmación que me achaca. Si piensa que es maniqueísta es precisamente porque para usted no existe otro matiz o no ha comprendido lo que he dicho. Yo no he propuesto una lucha entre el bien y el mal, yo no he insinuado una lucha en campos de batalla disímiles entre un dios y un demonio o lo que sus símbolos representan, he hablado de irresponsabilidad y de cierta dosis de hipocresía intelectual.

    Por otra parte, el fundamento no está asimilado al tomismo, si no a la anarquía y la angustia existencial de la cual creo, proviene el prurito religioso y sus fantasmas.

    El Tomismo basa su filosofía en la disciplina de la sabiduría, científicamente da respuestas a las certezas naturales del razonamiento, a los principios del conocimiento humano y al realismo integral. No sé si se ha enterado pero apuntaba más bien hacia el caos prístino con relación a las transformaciones hechas por el ser humano en su ascensión desde estadios menos evolucionados.

    Usted me tacha de trivial y no creo que este sea el tono de un foro como este. No soy nadie para criticar ni contradecir la opinión que en estos asuntos tengan los demás, tan solo quise, en espacio tan reducido, argumentar algunos sobre algunos vislumbres de lo que me parece es la actitud de la humanidad ante los fenómenos religiosos.

    Disculpe si no estoy a su ilustre nivel, en lo sucesivo intentaré tan solo leer, sobre todo sus aportes para aprender.

    Ah, si los seres humanos (que no exclusivamente los hombres) aprehendemos la realidad del universo a través de los sentidos y damos vida utilizando los recursos del intelecto, abonamos por un panorama de empirismo y en eso estoy de acuerdo con usted.

    Para nada me parece que el mundo sea un escenario para endriagos y fantasmas disputándose una presea de tan leve peso como somos los humanos.

  16. Despistado

    No hombre, Guzman, lo trivial era su argumentación y lo era porque supone de una manera bastante temeraria y, por qué no decirlo, bastante antigua, que las cosas son en sí mismas.

  17. RODERICK GUZMAN MEZA

    Estimado amigo, no sé si usted disiente de mi en estos temas por lo que ha considerado trivial y ahora antiguo; pero me pregunto si en eso arcaico, en eso aparentemente superado no existirá algún vestigio que nos acerque un poco a cierto resplandor de la verdad.

    Establezcamos la discusión partiendo de esta premisa: que soy antiguo y trivial al pensar que las cosas son en si mismas. Cuando le he dicho que aprendo en estos foros, por supuesto que lo he dicho muy en serio y es por eso que he seguido la pista de este blog de Justo Serna.

    Las cosas en si mismas, tal vez no. Pero una esencia íntima persiste en cada manifestación de la naturaleza.

    Imaginemos que podemos continuar la polémica sin interrumpir el espacio de los demás. Saludos.

  18. Miguel Veyrat

    Perdone que me insmiscuya, admirado Roderick Guzmán Meza, pero mucho me temo que su interlocutor de hoy no tiene el más mínimo interés en polemizar en pos de algún atisbo de conocimiento que les pueda enriquecer a ambos, y de paso a todos, sino en, simplemente, molestar. Son éstos, ciertos virus que recorren la red y de los que tenemos varios ejemplos en este foro. Advierta el profundo sentido de angustia existencial que emana el llamado “nick” de su “oponente”.

  19. Ana Serrano

    Estoy de acuerdo con Ventura; también a mí me parece “una contradicción creer en un Dios todopoderoso y en el libre albedrío del hombre al mismo tiempo. Todavía no sé exactamente cómo las doctrinas religiosas han conjugado ambos conceptos”.

    Hasta el padre más inepto, más incapacitado, más cabestro, tiene el instinto de siglos de cuidar, de proteger a sus crías. Quien nos ama, quien nos crea, quiere cuidar de que crezcamos hermosos, sanos, brillantes y felices, y no sólo por amor, por instinto de conservación de aquello que siente como parte y continuación de sí mismo. Un padre nunca deja un cuchillo en las manos de su hijo pequeño y trata, infructuosamente en general, de que sus cachorros aprovechen su experiencia, no hierren en lo que él herró y sean cautos y prudentes, pero jamás, hasta estar muy seguro o no tener más remedio, dejaría a su hijo a su libre albedrío, a riesgo de que falle y menos aún si, como dicen de Dios, él sabe que sus criaturas van a equivocarse, dónde y cuando. Ahí, el libre albedrío sería una suerte de sadismo incomprensible.

    Si un Dios todopoderoso nos ha creado y permite todo lo que han enumerado aquí y tantas otras cosas; aún más, nos da la opción del dichoso libre albedrío, o no es todopoderoso o no es bueno. No creo en la existencia de nadie así. No me interesa alguien así ni las explicaciones que las distintas religiones nos dan a su crueldad. No me sirve. Por eso, cada día y cada cosa, me demuestra la no existencia de Dios, del único Dios que tendría sentido. Por eso no soy agnóstica. Por eso soy atea, o mi agnosticismo me ha llevado a ser atea.

    Es una reflexión muy simple. Es la reflexión de una niña de ocho años, la reflexión de Anacrusa a los ocho años ¡tras ver una película de romanos! El gesto del César decidiendo la vida o la muerte de un hombre en el circo, con su dedo pulgar, me hizo preguntar si eso “pasaba de verdad”. Confirmado el horror, Anacrusa pequeñita, por extrañas asociaciones de ideas, sintió el espanto de su propia desaparición, de la de sus padres y comprendió que Dios no podía existir.

    Tras mil años, lecturas múltiples y la vida, Anacrusa mayor, la que esto escribe, ha dejado de preguntarse dónde está Dios y ya sabe que somos fruto del azar. A Anacrusa, a mí, me sigue sirviendo aquella reflexión, aterrada y trémula de mis ocho años.

  20. RODERICK GUZMAN MEZA

    Mi respetado amigo Miguel Veyrat, mi gratitud por sus palabras. Estoy de acuerdo con usted en todo lo manifestado. Creo que debo contener cierto resabio de efervescencia en mi temperamento, al momento de enfrentar ciertos comentarios como los leídos con anterioridad. Es cierto, hay una gran angustia en ese seudónimo, debo comprenderle.

    Me suscribo como un amigo de todos los participantes.

    Ah, gracias por lo de admirado, es recíproco. Saludos.

  21. Grazia Deledda.

    Tenía 11 años, mi madre muere en muy pocos días, la muerte de mi padre no hubiera cambiado mi infancia mucho.
    La de mi madre fué determinante en el cataclismo que me invadió. Ruina económica, soledad absoluta y descreimiento en la solidaridad humana.
    Y el nacimiento de casi un dogma: las condiciones económicas determinan la psicología y la naturaleza humana.
    Niño educado en los salesianos le grité a Dios ¿ Qué he hecho para sufrir tanto ? Comenzó mi adversión hacia Él.
    Empecé a encontrar las contradiciones en los profesores de religión.
    Cuando pasaba el de geografía y explicaba: Inglaterra ..capital Londres..religión protestante..30 millones de habitantes.
    Aparecía el de Religión hablando del amor de Dios, de su grandeza, de su infinita sabiduría y que la Iglesia Católica era la única verdadera. Solo había salvación dentro de ella.
    Luego en casa pensaba en suecos, holandeses, ingleses, rusos..etc. Y no me cuadraba su infinita bondad con la maldad de enviar al infierno a millones de seres humanos.

    Te decían que era una puebra que me ponía el Altísimo para hacerme fuerte, con la muerte de mi madre.

    He tenido que sacarme la idea de Dios con un calzador. Hasta la edad de 24-28 años no lo conseguí del todo tras leer a Freud, Sade, Marx, Nietzsche, Schopenhauer, Sacristán, Castilla del Pino…etc…hasta quitármelo por completo.
    En estos momentos: Sereno, sin fiebre, sin dolor,sin sed ni hambre y presiones externas afirmo rotundamente no creer en ningún Dios hacedor y chafardero.

  22. stormfront

    Creo que en el debate se pasa por alto que el ateísmo, tomado en serio, lo que discute -y niega- es la idea de un Dios concebido desde una plataforma de creencias monotesita, con atributos que, desde una perspectiva humana, no cabe sino considerarlos como sobrenaturales y que son de todos conocidos: omnisciente, omnipresente, todopoderoso, bondadoso, etc, y que, al parecer, en su acto de creación, ha dotado el hombre de libre albedrío no sólo para regir autónomamente su vida sino también para “religarse” con ese Dios que le ha creado. En definitiva, lo que se combate es una idea que ha dado pie a la formación de constructos ideológicos basados en sistemas de creencias que no soportan el conocimiento racional, científico, la empiria y que encuentran en la fe su último reducto, como no pocos teólogos admiten, luego de verse abocados a admitir su fracaso en obtener la evidencia de la existencia de un Dios por procedimientos lógicos. Es en ese campo donde se libra la batalla. La única batalla posible, en definitiva.

  23. RODERICK GUZMAN MEZA

    No me queda más que insistir en el miedo como estímulo eficiente para el aliento de la fantasía cuyo producto ha sido la divinidad. Las noches de la infancia de la humanidad hilvanaron todos los procesos creadores a partir de la propia naturaleza y la incapacidad de dominarla en esos primeros estadios. Determinadas características, primero sueltas y luego homologadas en la estructura de la conciencia, han permitido el surgimiento de la especulación sobre el el origen y el destino del ser. Antes no había más remedio que imaginar a alguien por encima de nuestra realidad, capaz de transgredirla y también de controlarla. Ahora, también el miedo se entroniza en la arquitectura psicológica e impide la disolución total del mito.

  24. Ana Serrano

    Grazia Deledda, mi madre decía siempre que, tan contrasentido, tan cruel y tan duro es el perder a un hijo como el perder a la madre siendo niño. Ella perdió a la suya a los 8 años y la convencieron de lo de la prueba, pero ella sentía el íntimo convencimiento de que alguna culpa había tenido, cuando Dios la castigaba así. Al cumplir los doce años, se enteró de que había sido su padre el que había matado a su madre y dejó de sentirse culpable y dejó de creer en Dios; no debió pasar la prueba. Usted tampoco. Esa es una prueba que nadie un poco lúcido, puede pasar. Que unos niños como usted, como mi madre, como tantos otros niños sufran de ese modo, sufran así es la demostración, al menos, de la maldad de Dios o de su impotencia. A los que se inventaron a Dios para salvar el miedo que dice Roderick Guzmán Meza les salió un poco desastroso. Posiblemente no había otro modo. No hay modo alguno de explicar el horror desde un ser superior que, pudiendo impedirlo, no sólo no lo impide, lo crea.

  25. Miranda

    Ana, que imponente es todo lo que cuentas.

    Yo nunca he sido instruída en la necesidad de dios. Pese a que estudiara en colegio de monjas, de donde enlazo con lo de que la educación la dan los padres o la familia.

    Hablando sobre este meme de dios me decía un biólogo molecular amigo que él está convencido de que se acabará descubriendo un gen del crédulo.
    Y me parece un asunto muy cabal. Así que no le doy más vueltas ni le visto de filosofías.

    M.

  26. Ana Serrano

    A mí tampoco me instruyeron en ninguna creencia. Mi padre estuvo interno diez años en los Escolapios de Zaragoza y salió ateo, claro. No fui a un colegio de monjas. No fui a ningún colegio y tenía un remoto y extraño miedo a Dios del que nada sabía más que lo que me habían contado en casa que pensaba la gente que era, o lo que me enseñaban cuando me instruían para que fuera buena. Lo que leía y lo que veía en el cine. No Dios exactamente, la Religión Católica era el ejemplo de mentira y de maldad, de espantosas tropelías a lo largo de la historia, pero algo había y hay en nuestro país que parece que llevamos en la frente. Parece que tenemos ese miedo apreendido en los genes. No se, quizás los jóvenes de ahora ya no. Ojalá.

  27. Ana Serrano

    Mis disculpas de nuevo. Habrá quien diga: “Se nota que nunca fue al colegio”, pero no es eso (no en este caso) es un problema serio de mecanografía y la dichosa manía de no releer lo que escribo hasta que lo cuelgo. He querido escribir:

    “No Dios exactamente, la Religión Católica, era el ejemplo para mis padres…”

    Y, claro, donde pone apreendido, debe poner aprendido. No es que me haya comido la hache, es que me refería a aprender, no a aprehender. Qué desastre. Prometo releer antes de publicar.

  28. Pedro L. Angosto

    Viví durante la niñez aterrorizado por el fuego del infierno, así lo veía, como me lo contaban. Tuve miedo a la muerte desde infante. Hoy eso ha pasado a la historia. Después de muchos vaivenes me importa un bledo la existencia de Dios, no creo siquiera que merezca un debate, en todo caso ese es un problema de él, no nuestro, no, al menos mío. Él que se preocupe de su existencia, y los que estamos aquí abajo de la nuestra sin contar con él para nada. Se llegó a votar en el Ateneo la existencia de Dios, han sidos muchos los debates en torno a su persona, hoy lo veo como algo del pasado, algo a lo que se aferran desesperados por algún mal vital, y sobre todo aquellos que quieren tener una vida maravillosa en este mundo y otra no menos estupenda en el otro, por si existe.
    Dios es un problema de Dios, no de los hombres, aunque existan hombres que lo sigan utilizando para dominar y matar. El hombre justo y ético de mañana lo será sin Dios.

  29. RODERICK GUZMAN MEZA

    Interesante su planteamiento Pedro L. Angosto: “El hombre justo y ético de mañana lo será sin Dios”. Esta será una aceptación abierta, creo. Pero en estos momentos, para mí, ya es así. No tengo necesidad de creer en ese dios de altares, sacrílego y falaz, para ataviarme con la misericordia y la bondad. También coincido en que Dios es un problema de Dios y no de nosotros los humanos. En mi infancia nos aterrorizaban con burdos espantajos y penurias infernales eternas. ¿Que mente perversa inventa estas cosas para aconductar a los niños? ¿Qué civilización o cultura utiliza esta base para conducir el carro de su destino hacia despejados parajes? Creo que Miguel Veyrat ha dicho la frase que más me ha causado motivo de reflexión en este tema, algo como: provengo de la naturaleza y hacia ella iré…

  30. Raquel Fonseca

    La cuestión de la existencia o la no existencia de Dios no es importante para el hombre político. Cómo los seres humanos afrontan la vida, sus miedos, sus impotencias, sus soledades, debe ser una elección libre. La religión existe desde que el hombre tiene conciencia de ser hombre, con lo cual tiene que ser algo que de una forma u otra el hombre necesita. La libertad de religión tiene que ser garantizado en cualquier sociedad, siempre y cuando se base en el respeto a las otras creencias. Ser ateo también puede ser un sentimiento, aunque algunos crean que es la base de un razonamiento. Para mí, el debate es un poco tautológico, aunque siempre útil y evocador de nuestras necesidades, ya que desconocemos unos porque hay gente que no cree en el Dios evidente y otros porque hay gente que cree en un Dios construido por la necesidad del ser humano a afrontar lo que no sabe y lo que sufre.
    Pero el verdadero debate es lo que parecía ya claro en años atrás. La separación de la religión y creencias de lo que es la vida política, que es la base de la regulación de la convivencia entre personas que piensan diferente. Aquí creyentes, agnósticos y no creyentes podemos estar de acuerdo. En construir una sociedad donde cada uno pueda ejercer su religión pero siempre desde el respeto a las leyes, desde el conocimiento para poder discernir de lo que queremos creer y de lo que nos quieren hacer que creamos.

  31. peralfem

    El tema de compatibilizar el sufrimiento humano y la existencia de Dios ha generado diversas explicaciones por parte de filósofos y teólogos. No hay una respuesta contundente ni convincente, simplemente te remito a H. Küng y su libro “¿Dios Existe?” donde quizás puedas encontrar pistas de Dónde està Dios.

    Una idea oriental, el pez no ve el agua del mar donde vive.

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