8, 9 y 10 de septiembre.
Ana Martínez Medina, de la Universitat Autònoma de Barcelona, quiso hacerme una entrevista sobre los libros, sobre la lectura y sobre los jóvenes para alguna publicación académica. En mis respuestas creo que traté de ser reflexivo. Creo que traté de mostrar mi entusiasmo por las novelas, por la dicha que nos procuran los relatos. Quise pensar en la ficción como espacio imaginario de aprendizaje. Podría parafrasear a Maurice Blanchot cuando señalaba: debo dejar algo claro: no he dicho nada extraordinario ni tampoco sorprendente. Lo extraordinario comienza en el instante en que yo dejo de escribir. Pero entonces ya no soy capaz de hablar de ello: entonces sólo soy capaz de leer, que es cuando comienza mi verdadera felicidad.
Pregunta. La sociedad en general se queja de la falta de interés de lectura de las nuevas generaciones. ¿Cree usted que realmente es un hecho tan reciente?
Respuesta. Definitivamente no. Cada generación lamenta el estado de abandono o de incuria con que llegan sus jóvenes a la edad adulta. Es algo natural: nos morimos y quienes nos suceden están mejor preparados que nosotros. No creo que se lea menos que en otras épocas, los jóvenes de hoy, lo veo en mis hijos, leen mucho más en diferentes formatos, en diferentes soportes, mucho más de lo que yo leía a su edad. Ahora bien, si por mi parte quisiera idealizar el pasado, podría decir que yo era a los nueve, un lector acérrimo. En realidad, lo fui después, a una edad en la que mis hijos ya llevan mucho leído. Por tanto, creo que no debemos sublimar el propio pasado. Hace generaciones, el analfabetismo real era mayor que ahora y, sobre todo, los muchachos que accedían al mercado laboral no tenían la inquietud formativa de hoy. Las chicas y los chicos se sabían insertos en un mercado laboral y sin grandes sofisticaciones se podía tener empleo. Hoy, por el contrario, la formación de los jóvenes tiende a ser integral y la lectura, es una práctica imprescindible.
Pregunta. Muchos achacan el escaso interés por la lectura a la llegada masiva de los medios audiovisuales. ¿De qué manera cree que ha influido el mundo audiovisual en la lectura?
Respuesta. Los medios audiovisuales no son necesariamente un freno a la lectura, al contrario, nunca se ha escrito o se ha leído tanto como ahora gracias a los ‘blogs’ y a los ‘chats’. La televisión, el cine o Internet son canales cuyos contenidos pueden ser buenos, malos o regulares. Exactamente como sucede con la letra impresa. Verá, yo creo ser un lector consumado de libros-basura o de obras perecederas. Es un vicio que me consiento. ¿Un nuevo libro de Alfredo Urdaci? Inmediatamente lo compro y lo leo. Después de este acto pecador, ¿qué podría reprocharles a mis hijos? Mi hija, por ejemplo, está leyendo ahora Las crónicas de Narnia, de C. S. Lewis. Si no me equivoco es un volumen de un confesionalismo bastante fastidioso. Ella vio la película y eso le despertó el interés por leer dicho volumen. ¿Cree que podría reprocharle algo?
Pregunta. ¿Considera que la lectura está sobre valorada y que el arte audiovisual está infravalorado?
Respuesta. Tenemos que estar por encima de esas catalogaciones radicales. Lo que debemos transmitir a nuestros hijos es la instrucción, o mejor aún, la inquietud cultural, el inconformismo analítico, la búsqueda intelectual. Yo no creo que sean incompatibles la lectura y el arte audiovisual, como usted lo llama, al contrario, creo que hacer coherentes ambas elaboraciones, ambas creaciones, es tarea sumamente enriquecedora. Porque leer también es una forma de crear lo que en principio estaba inerte o sólo en disposición de ser actualizado. La televisión, por ejemplo, no es sólo imagen, es texto, es entonación, es cromatismo, es actitud corporal y es relación humana. En definitiva, es un campo de intervención para el espectador. Lo que los televidentes deberían comprender es que para interpretar adecuadamente esos mensajes, para no dejarse manipular o para reclamar programaciones más exigentes (con mayor entretenimiento maduro), tendríamos que leer sobre la televisión, incluso libros sobre la cultura basura que nos dicen cómo afrontar lo que nos llega. Hay que conocer el ámbito para tener las herramientas con que juzgarlo y afrontarlo.
Pregunta. ¿Cómo podría fomentarse el interés por la lectura a las nuevas generaciones?
Respuesta. Haciendo evidente la necesidad de leer para poder afrontar la descodificación de su propio mundo. En otras palabras, de lo que se trata es de provocar el entusiasmo por una literatura que no nos haga desistir, hacer ver que hay un mundo de referencias compartidos entre niños y adultos, que tus hijos te vean leer y que te vean reírte, disfrutar, incluso con volúmenes desconcertantes que a ellos les despierten el interés, justamente por no ser lo que ellos esperan de sus padres. Pero hay, además, otro aspecto importante, la escritura. De lo que se trata es de que tus hijos escriban, que escriban sobre lo que leen o ven en televisión, que lleven un diario, por ejemplo, que dibujen y que rotulen lo que dibujan… Hay tantas manera de fomenta el aprecio por la letra…
Pregunta. ¿Qué buscan los niños cuando se sientan a leer un libro?
Respuesta. Sólo puedo intentar recordar lo que yo mismo sentía cuando era niño. Y, en ese sentido, lo que yo experimentaba era una compensación de mi aburrida vida y una ordenación de un mundo que veía hostil, amenazante. Por muy divertida que sea la existencia de uno, siempre la rutina, la repetición o las circunstancias le limitan. Por eso, coincido con lo que decía Freud: “El arte, el instante creador, es un acto de reparación”. Esto se puede aplicar también a la lectura. “Los instintos insatisfechos son las fuerzas impulsoras de las fantasías y cada fantasía es una satisfacción de deseos, una rectificación de la realidad insatisfactoria”. Si me imagino otras vidas no es sólo porque aspire a enderezar fantasiosamente una realidad insatisfactoria, sino porque esas vidas imaginadas y examinadas me sirven para evaluar la justeza de mis decisiones, el acierto moral y personal de mis elecciones. La ficción multiplica las vidas, según la propia expresión de Freud nos da una «pluralidad de vidas» como modo de ensanchar la existencia, de dilatarnos. Crecemos y maduramos buscando seguridad, protegiéndonos del riesgo. Una vida así en la que hemos reducido las empresas más peligrosas, llega a limitarnos o, al menos, nos deja con la duda de cómo pudo ser una existencia con riesgo o con otras opciones. Lo bueno de la ficción que leemos es que nos presenta la muerte, el peligro, la pérdida, la rutina, lo que no fuimos y lo que no somos, el paralelo de nuestro devenir, pero a la vez nos permite distanciarnos y sobrevivir a los personajes con quienes nos identificamos. De la ficción solemos salir indemnes; de la muerte real, lamentablemente no.
Pregunta. ¿Cree que Harry Potter ha ayudado a fomentar la lectura a las nuevas generaciones?
Respuesta. Decididamente sí. O, como dijera George Steiner, “hay esperanza: en estos momentos millones de adolescentes leen en el mundo a Harry Potter, libros difíciles y gordos. Esos niños necesitan silencio y les dicen a sus padres que apaguen el televisor». Me parece muy interesante esa referencia de Steiner al silencio. Yo creo que la principal lección que hay que enseñar a los hijos es a guardar silencio. En silencio se lee y en silencio se piensa. En silencio se observa y en silencio se ama. Es una escena maravillosa ver a un jovencito que lee y que se concentra en lo que hace. No siempre se ha leído así. En el pasado, la lectura se hacía en voz alta y, muy frecuentemente, se hacía para una colectividad de oyentes. Leer en silencio es una acción que preserva esa intimidad que es la comprensión y la asimilación. Pero es mejor aún si cabe es ese momento en que un libro nos provoca hasta un punto en que debemos decirlo en voz alta. Una de las mejores sensaciones que provoca leer es contar a otro lo que se ha leído. Estamos tan encantados o tan irritados con lo que leemos que debemos comunicarlo. Los niños han leído o leen a Harry Potter, pero sobre todo lo cuentan, se lo cuentan unos a otros. Ocurre exactamente como con los programas preferidos de la televisión, al día siguiente hay que compartir las sensaciones que la visión de aquel espacio nos provocó. Con Harry Potter los jóvenes han llegado a hacerse un temario que compartir.
Pregunta. Harry Potter está provocando un fenómeno sin precedentes. ¿Qué considera que tiene ésta colección para haber alcanzado tanto éxito?
Respuesta. Cuando de niños nos cuentan un cuento, el timbre de voz es una especie de narcótico que inmediata o lentamente va provocando efectos. Pero Harry Potter es también la Palabra, la Ley, el Sentido, una vía de ingreso del ser humano en la humanidad que le rodea. Recibe una lección y un repertorio de significados simbólicos sobre el valor, sobre lo que hay que hacer. Con Harry Potter, los muchachos aprenden a comportarse con coraje y, además, se divierten.
Pregunta. ¿Cómo definiría la saga de libros de Harry Potter? ¿Qué rasgos destacaría?
Respuesta. Lo principal de esta saga es el aprendizaje del valor, del heroísmo sensato, que no temerario. A Potter lo veo muy semejante a ese personaje de la tradición anglosajona que es el niño huérfano y valeroso, desde los niñitos dickensianos hasta el Jim Hawkins de Stevenson. Es siempre alguien que, por la fuerza de las circunstancias, se ve obligado a comportarse como un héroe, faltándole justamente recursos y temeridad. Ahora bien, la bondad y la belleza, que son al final lo mismo le llevan y con él al lector a ser recto, honorable, avispado, valiente, frente a las asechanzas del mundo, de ese mundo adulto que amenaza con destruirle.
Pregunta. Algunos analistas consideran que Harry Potter es la suma de muchas obras literarias y mitos. ¿Está de acuerdo?
Respuesta. Es un centón. Hay ecos de toda la literatura infantil y juvenil.
Pregunta. ¿Cree qué es una virtud o un defecto?
Respuesta. Ojalá supiera hacer yo mismo una cosa así. Como decía Fernando Savater al principio de La infancia recuperada (cito de memoria): “si supiera contaros una buena historia os la contaría. Como no sé, hablaré de las que otros han contado”.
Pregunta. En Harry Potter ensalzan algunos valores que parecen infravalorados en la sociedad actual tales como compañerismo, valor, amistad ¿Por qué cree usted que han calado con fuerza estos valores si nuestra sociedad parece dirigida cada vez más a la ausencia de ellos?
Respuesta. Los libros valen para aplazarse, para agrandarse, para darnos conocimientos que nunca disfrutaremos por nosotros mismos, para extender nuestra existencia y para convencernos de que nuestra presencia fugaz se prolonga indirectamente y a cada momento en otros personajes y en otras realidades incluso ficticias. La lectura retrasa fantasiosamente la expiración y, en algunos casos, nos sirve para domar el miedo o para aplacar el dolor, la amenaza de la muerte, sus traidoras intimidaciones. Harry Potter es un compendio de todo ello. J. K. Rowling habla de muchachos y muchachas que habiendo sido tímidos y taciturnos, pendencieros o arrogantes, acaban sobreponiéndose, arrostrando peligros, dando pruebas de generosidad, de eficacia e inteligencia, demostrando músculo, nervio, olfato y camaradería. Habla de esas cualidades que fortalecen a quienes sólo son mozalbetes tiernos.
Pregunta. La fantasía es sin duda uno de los géneros más exitosos en los últimos tiempos. ¿Cree qué éste hecho tiene relación con la cada vez más creciente ausencia de ella en nuestra rutina?
Respuesta. Quienes leen narraciones, novelas, logran acrecentar sus breves vidas. Quienes leen dialogan con los muertos y con los vivos, con las personas reales y con ciertos personajes fantaseados, conversan con coetáneos y con antecesores, sin que el tiempo o el espacio les frenen. Quienes leen emprenden viajes para los que no hay barreras ni nacionalidades y gracias a ello visitan mundos posibles que son más dilatados y más recónditos que el que les circunda, porque ese planeta de ficción está enormemente poblado.
Pregunta. ¿Añoramos un mundo más impredecible e incalculable?
Respuesta. Creemos posible hacernos un destino y de repente descubrimos que todo designio sólo es un privilegio fortuito o una chiripa menuda. Todo aquello que importa, como el amor, como la democracia, como la mejora personal, tarda en llegar, hay que acarrearlo y, una vez logrado, puede perderse. No sabemos qué nos espera y ese hecho trivial cobra retrospectivamente un dramatismo fatal, un augurio de desastre. Por eso, la literatura nos devuelve esa impresión que nos negamos a ver en la realidad.

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