La felicidad de leer

 

 8786.jpg 8, 9 y 10 de septiembre. 

Ana Martínez Medina, de la Universitat Autònoma de Barcelona, quiso hacerme una entrevista sobre los libros, sobre la lectura y sobre los jóvenes para alguna publicación académica. En mis respuestas creo que traté de ser reflexivo. Creo que traté de mostrar mi entusiasmo por las novelas, por la dicha que nos procuran los relatos. Quise pensar en la ficción como espacio imaginario de aprendizaje. Podría parafrasear a Maurice Blanchot  cuando señalaba: debo dejar algo claro: no he dicho nada extraordinario ni tampoco sorprendente. Lo extraordinario comienza en el instante en que yo dejo de escribir. Pero entonces ya no soy capaz de hablar de ello: entonces sólo soy capaz de leer, que es cuando comienza mi verdadera felicidad.  

Pregunta. La sociedad en general se queja de la falta de interés de lectura de las nuevas generaciones. ¿Cree usted que realmente es un hecho tan reciente? 

Respuesta. Definitivamente no. Cada generación lamenta el estado de abandono o de incuria con que llegan sus jóvenes a la edad adulta. Es algo natural: nos morimos y quienes nos suceden están mejor preparados que nosotros. No creo que se lea menos que en otras épocas, los jóvenes de hoy, lo veo en mis hijos, leen mucho más en diferentes formatos, en diferentes soportes, mucho más de lo que yo leía a su edad. Ahora bien, si por mi parte quisiera idealizar el pasado, podría decir que yo era a los nueve, un lector acérrimo. En realidad, lo fui después, a una edad en la que mis hijos ya llevan mucho leído. Por tanto, creo que no debemos sublimar el propio pasado. Hace generaciones, el analfabetismo real era mayor que ahora y, sobre todo, los muchachos que accedían al mercado laboral no tenían la inquietud formativa de hoy. Las chicas y los chicos se sabían insertos en un mercado laboral y sin grandes sofisticaciones se podía tener empleo. Hoy, por el contrario, la formación de los jóvenes tiende a ser integral y la lectura, es una práctica imprescindible.  

Pregunta.  Muchos achacan el escaso interés por la lectura a la llegada masiva de los medios audiovisuales. ¿De qué manera cree que ha influido el mundo audiovisual en la lectura?  

Respuesta. Los medios audiovisuales no son necesariamente un freno a la lectura, al contrario, nunca se ha escrito o se ha leído tanto como ahora gracias a los ‘blogs’ y a los ‘chats’.  La televisión, el cine o Internet son canales cuyos contenidos pueden ser buenos, malos o regulares. Exactamente como sucede con la letra impresa. Verá, yo creo ser un lector consumado de libros-basura o de obras perecederas. Es un vicio que me consiento. ¿Un nuevo libro de Alfredo Urdaci? Inmediatamente lo compro y lo leo. Después de este acto pecador, ¿qué podría reprocharles a mis hijos? Mi hija, por ejemplo, está leyendo ahora Las crónicas de Narnia, de C. S. Lewis. Si no me equivoco es un volumen de un confesionalismo bastante fastidioso. Ella vio la película y eso le despertó el interés por leer dicho volumen. ¿Cree que podría reprocharle algo?    

Pregunta. ¿Considera que la lectura está sobre valorada y que el arte audiovisual está infravalorado? 

Respuesta. Tenemos que estar por encima de esas catalogaciones radicales. Lo que debemos transmitir a nuestros hijos es la instrucción, o mejor aún, la inquietud cultural, el inconformismo analítico, la búsqueda intelectual. Yo no creo que sean incompatibles la lectura y el arte audiovisual, como usted lo llama, al contrario, creo que hacer coherentes ambas elaboraciones, ambas creaciones, es tarea sumamente enriquecedora. Porque leer también es una forma de crear lo que en principio estaba inerte o sólo en disposición de ser actualizado. La televisión, por ejemplo, no es sólo imagen, es texto, es entonación, es cromatismo, es actitud corporal y es relación humana. En definitiva, es un campo de intervención para el espectador. Lo que los televidentes deberían comprender es que para interpretar adecuadamente esos mensajes, para no dejarse manipular o para reclamar programaciones más exigentes (con mayor entretenimiento maduro), tendríamos que leer sobre la televisión, incluso libros sobre la cultura basura que nos dicen cómo afrontar lo que nos llega. Hay que conocer el ámbito para tener las herramientas con que juzgarlo y afrontarlo. 

Pregunta. ¿Cómo podría fomentarse el interés por la lectura a las nuevas generaciones? 

Respuesta. Haciendo evidente la necesidad de leer para poder afrontar la descodificación de su propio mundo. En otras palabras, de lo que se trata es de provocar el entusiasmo por una literatura que no nos haga desistir, hacer ver que hay un mundo de referencias compartidos entre niños y adultos, que tus hijos te vean leer y que te vean reírte, disfrutar, incluso con volúmenes desconcertantes que a ellos les despierten el interés, justamente por no ser lo que ellos esperan de sus padres. Pero hay, además, otro aspecto importante, la escritura. De lo que se trata es de que tus hijos escriban, que escriban sobre lo que leen o ven en televisión, que lleven un diario, por ejemplo, que dibujen y que rotulen lo que dibujan… Hay tantas manera de fomenta el aprecio por la letra… 

Pregunta. ¿Qué buscan los niños cuando se sientan a leer un libro? 

Respuesta. Sólo puedo intentar recordar lo que yo mismo sentía cuando era niño. Y, en ese sentido, lo que yo experimentaba era una compensación de mi aburrida vida y una ordenación de un mundo que veía hostil, amenazante. Por muy divertida que sea la existencia de uno, siempre la rutina, la repetición o las circunstancias le limitan. Por eso, coincido con lo que decía Freud: “El arte, el instante creador, es un acto de reparación”. Esto se puede aplicar también a la lectura. “Los instintos insatisfechos son las fuerzas impulsoras de las fantasías y cada fantasía es una satisfacción de deseos, una rectificación de la realidad insatisfactoria”. Si me imagino otras vidas  no es sólo porque aspire a enderezar fantasiosamente una realidad insatisfactoria, sino porque esas vidas imaginadas y examinadas me sirven para evaluar la justeza de mis decisiones, el acierto moral y personal de mis elecciones. La ficción multiplica las vidas, según la propia expresión de Freud nos da una “pluralidad de vidas”  como modo de ensanchar la existencia, de dilatarnos. Crecemos y maduramos buscando seguridad, protegiéndonos del riesgo. Una vida así en la que hemos reducido las empresas más peligrosas, llega a limitarnos o, al menos, nos deja con la duda de cómo pudo ser una existencia con riesgo o con otras opciones. Lo bueno de la ficción que leemos es que nos presenta la muerte, el peligro, la pérdida, la rutina, lo que no fuimos y lo que no somos, el paralelo de nuestro devenir, pero a la vez nos permite distanciarnos y sobrevivir a los personajes con quienes nos identificamos. De la ficción solemos salir indemnes; de la muerte real, lamentablemente no.  

Pregunta. ¿Cree que Harry Potter ha ayudado a fomentar la lectura a las nuevas generaciones? 

Respuesta. Decididamente sí. O, como dijera George Steiner, “hay esperanza: en estos momentos millones de adolescentes leen en el   mundo  a Harry Potter, libros difíciles y gordos. Esos niños necesitan silencio y  les   dicen a sus padres que apaguen el televisor”.  Me parece muy interesante esa referencia de Steiner al silencio. Yo creo que la principal lección que hay que enseñar a los hijos es a guardar silencio. En silencio se lee y en silencio se piensa. En silencio se observa y en silencio se ama. Es una escena maravillosa ver a un jovencito que lee y que se concentra en lo que hace. No siempre se ha leído así. En el pasado, la lectura se hacía en voz alta y, muy frecuentemente, se hacía para una colectividad de oyentes. Leer en silencio es una acción que preserva esa intimidad que es la comprensión y la asimilación. Pero es mejor aún si cabe es ese momento en que un libro nos provoca hasta un punto en que debemos decirlo en voz alta. Una de las mejores sensaciones que  provoca leer es contar a otro lo que se ha leído. Estamos tan encantados o tan irritados con lo que leemos que debemos comunicarlo. Los niños han leído o leen a Harry Potter, pero sobre todo lo cuentan, se lo cuentan unos a otros. Ocurre exactamente como con los programas preferidos de la televisión, al día siguiente hay que compartir las sensaciones que la visión de aquel espacio nos provocó. Con Harry Potter los jóvenes han llegado a hacerse un temario que compartir.  

Pregunta. Harry Potter está provocando un fenómeno sin precedentes. ¿Qué considera que tiene ésta colección para haber alcanzado tanto éxito? 

Respuesta. Cuando de niños nos cuentan un cuento, el timbre de voz es una especie de narcótico que inmediata o lentamente va provocando efectos. Pero Harry Potter es también la Palabra, la Ley, el Sentido, una vía de ingreso del ser humano en la humanidad que le rodea. Recibe una lección y un repertorio de significados simbólicos sobre el valor, sobre lo que hay que hacer. Con Harry Potter, los muchachos aprenden a comportarse con coraje y, además, se divierten. 

Pregunta. ¿Cómo definiría la saga de libros de Harry Potter? ¿Qué rasgos destacaría? 

Respuesta. Lo principal de esta saga es el aprendizaje del valor, del heroísmo sensato, que no temerario. A Potter lo veo muy semejante a ese personaje de la tradición anglosajona que es el niño huérfano y valeroso, desde los niñitos dickensianos hasta el Jim Hawkins de Stevenson. Es siempre alguien que, por la fuerza de las circunstancias, se ve obligado a comportarse como un héroe, faltándole justamente recursos y temeridad. Ahora bien, la bondad y la belleza, que son al final lo mismo le llevan y con él al lector a ser recto, honorable, avispado, valiente, frente a las asechanzas del mundo, de ese mundo adulto que amenaza con destruirle. 

Pregunta. Algunos analistas consideran que Harry Potter es la suma de muchas obras literarias y mitos. ¿Está de acuerdo? 

Respuesta. Es un centón. Hay ecos de toda la literatura infantil y juvenil.  

Pregunta. ¿Cree qué es una virtud o un defecto? 

Respuesta. Ojalá supiera hacer yo mismo una cosa así. Como decía Fernando Savater al principio de La infancia recuperada (cito de memoria): “si supiera contaros una buena historia os la contaría. Como no sé, hablaré de las que otros han contado”. 

Pregunta. En Harry Potter ensalzan algunos valores que parecen infravalorados en la sociedad actual tales como compañerismo, valor, amistad ¿Por qué cree usted que han calado con fuerza estos valores si nuestra sociedad parece dirigida cada vez más a la ausencia de ellos? 

Respuesta. Los libros valen para aplazarse, para agrandarse, para darnos conocimientos que nunca disfrutaremos por nosotros mismos, para extender nuestra existencia y para convencernos de que nuestra presencia fugaz se prolonga indirectamente y a cada momento en otros personajes y en otras realidades incluso ficticias. La lectura retrasa fantasiosamente la expiración y, en algunos casos, nos sirve para domar el miedo o para aplacar el dolor, la amenaza de la muerte, sus traidoras intimidaciones. Harry Potter es un compendio de todo ello. J. K. Rowling habla de muchachos y muchachas que habiendo sido tímidos y taciturnos, pendencieros o arrogantes, acaban sobreponiéndose, arrostrando peligros, dando pruebas de generosidad, de eficacia e inteligencia, demostrando músculo, nervio, olfato y camaradería. Habla de esas cualidades que fortalecen a quienes sólo son mozalbetes tiernos. 

Pregunta. La fantasía es sin duda uno de los géneros más exitosos en los últimos tiempos. ¿Cree qué éste hecho tiene relación con la cada vez más creciente ausencia de ella en nuestra rutina?  

Respuesta. Quienes leen narraciones, novelas, logran acrecentar sus breves vidas. Quienes leen dialogan con los muertos y con los vivos, con las personas reales y con ciertos personajes fantaseados, conversan con coetáneos y con antecesores, sin que el tiempo o el espacio les frenen. Quienes leen emprenden viajes para los que no hay barreras ni nacionalidades y gracias a ello visitan mundos posibles que son más dilatados y más recónditos que el que les circunda, porque ese planeta de ficción está enormemente poblado.  

Pregunta. ¿Añoramos un mundo más impredecible e incalculable? 

Respuesta. Creemos posible hacernos un destino y de repente descubrimos que todo designio sólo es un privilegio fortuito o una chiripa menuda. Todo aquello que importa, como el amor, como la democracia, como la mejora personal, tarda en llegar, hay que acarrearlo y, una vez logrado, puede perderse. No sabemos qué nos espera y ese hecho trivial cobra retrospectivamente un dramatismo fatal, un augurio de desastre. Por eso, la literatura nos devuelve esa impresión que nos negamos a ver en la realidad. 

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  1. Miguel Veyrat

    Para aprender a descodificar nuestro mundo, como bien dices, hay que aprender a leer (no a descifrar letras y palabras), pero para entrar en contacto con nuestro mundo, la televisión, no el “arte televisivo” que no sé en qué consiste, es un instrumento de información imprescindible: a través de ella tenemos acceso a películas de otras culturas, a informativos que nos hablan de las desgracias o la felicidad de otras civilizaciones, de nuestro pasado, nos hacen profundizar en los abismos marinos o ascender a las cumbres más altas, nos presentan héroes o villanos a los que no pudimos tener acceso en nuestros años mozos, Justo, porque la televisión no existía: solamente Conrad o Salgari, siempre limitados en cuanto a información. O los “tebeos” que sorbíamos con ansiedad de saber. Pero no me refiero solamente a los informativos, el cine o los documentales, también las tertulias de la telebasura, los programas de “sociedad” y los concursos son una fuente inagotable de conocimiento acerca de la sociedad española y las familias de individuos que la componen, sus retorcimientos y lacras abisales, la falsedad, hipocresía, cinismo y capacidad de traición o corrupción de las que somos capaces. Ese conocimiento, impagable no puede ser, en efecto, “descodificado”, masticado, deglutido y digerido sin el aprendizaje de la lectura de cada uno de los medios que se nos ofrecen, desde la sabiduría que dan los libros hasta los medios audiovisuales y los diálogos de Internet. Tan importante como leer libros es “leer” la televisión. Como leer las películas de Almodóvar, por ejemplo, es para mí una de las fuentes más ricas que existen para saber quiénes somos ahora mismo España y los españoles.

  2. Russafa

    ¡Menudo tema nos ha dejado hoy!
    Por lo que yo veo entre la juventud a la que tengo acceso — amigos de mis hijas, los músicos de mi banda, los hijos de mis compañeros de trabajo, mis sobrinos — hay de todo, como siempre. Jóvenes que leen mucho, que lentamente van adquiriendo un criterio sobre sus gustos, otros que leen menos a los que hay que llevar de la mano influyéndoles poco a poco y otros que abominan de la lectura por considerarla aburrida.
    Mi hija mayor, por ejemplo, lee muchas cosas relacionadas con su carrera de música. Mi pequeña se aburre con las novelas, prefiere leer cosas “reales” como ella dice: biografías.
    Yo, como usted y muchos de aquella generación, a temprana edad, para deshacer el aburrimiento y la grisura de nuestras vidas jóvenes, leía muchísimo. Hoy día es más complicado. La televisión les absorbe, prefieren ver imágenes más que imaginarlas por sí mismos, es mucho más fácil. Yo, como usted, tampoco puedo corregir a mi hija si lee algo, digamos poco conveniente, puesto que yo hago lo mismo. Cuando llega el verano devoro libros de consumo, ¡qué le voy a hacer!
    Coincido con usted en que debemos transmitir la instrucción, la inquietud intelectual, el inconformismo ante lo que nos venden, aunque no sé si lo logramos. No siempre nuestros ejemplos son seguidos por nuestros hijos como buenos. Ellos también tienen que encontrar su camino y el nuestro puede estar alejado de sus pasos.
    Para mí es un inmenso placer ver los chavales con un libro entre las manos, es como escuchar la más hermosa música, leyendo, en silencio, concentrados en el mundo que tienen ante sus ojos.
    Es indudable que la televisión o el cine te muestran un claro reflejo de la sociedad actual, no hay duda, y ese aspecto es atractivo no sólo para los jóvenes, también para gente como nosotros. Es increíble la variedad de personajes que conforman nuestra sociedad. ¡Hay material de escritura para rato!

  3. Ana Serrano

    Nada me ha ayudado más a educar a mis hijos, a despertar en ellos un sentido crítico y de justicia, de lo que “debe ser y no” que la llamada tele-basura. Sentada junto a ellos (siempre con ellos, eso sí), hemos reído, criticado y analizado lo que ocurre en ese mundo rosa y extraño, o en el violento y dramático a los que jamás tendrían acceso (como ocurre con la lectura) si no fuera por la televisión. Ahí está todo, pero de modo exagerado en grado sumo. Es como un ejemplo jocoso de lo que es la vida y así lo analizábamos. Muchas veces he oído de mis hijos algo que me llenaba de satisfacción; en el fragor de la conversación, del quitarse la palabra para dar la opinión de cada uno decían: “Apaga la tele, que no se puede hablar”. Eso, aunque pueda parecer un contrasentido, les ha hecho amar más la lectura, el acto íntimo y enriquecedor de leer y la maravilla que señala Justo de comentar lo que se lee.

    Justo nos estimula con sus propuestas aquí, como un buen libro.

    Gracias.

  4. Jesús

    Creo que fue Muñoz Molina el que dijo algo así como que lo que más lamenta en esta vida es no poder llegar a leer todo lo que desee.

    El lector pienso que siempre está en plena evolución. Se puede empezar con TBOS, Collodi, Salgari, El Código da Vinci, lo que sea….y se puede seguir con Cannetti, Borges, Proust, etc. Lo importante es empezar, seguir y evolucionar.

    Saludos.

  5. marpop

    Uhm..bueno, bueno, “Cazón en adobo”…Aún así, mire cómo sus comentarios son leídos, aún no siendo ello la felicidad de leer, aumenta los contenidos del blog, si no da para más los demás ya no podemos salvarlo.
    No he leído nada de Harry Potter aunque reconozco que por pereza, aún así, sí han servido para potenciar la literatura juvenil. Supongo que lo mejor de todo eso es que esos niños y no tan niños tienen otras posibilidades de lectura qur otros no hemos tenido (bueno, yo tampoco soy tan vieja, jajaja, pero todos aquellos libros heredados de mi hermana de Los cinco eran sumamente aburridos, como de otros tiempos…al menos con Harry Potter hay novedad, frescura y una adaptación a lo que estos tiempos sí demandan).
    Harían falta lecturas menos anquilosadas, los niños leerían más, y tampoco creo que lo audiovisual perjudique, es otro medio de cultura más sí se sabe elegir qué ver. Lo importante es tener criterio, supongo.

  6. jserna

    Por favor, Cazón siga aquí. Decida usted qué quiere ser aquí, si Pepito Grillo o un mosca cojonera. Le da color pintoresco a la sección.

  7. RODERICK GUZMAN MEZA

    Cazón en adobo o en picantes especias del trópico de cáncer, usted debería establecer su propio blog para alentar sus propias incoherencias. ¿Por qué se dedica al parasitismo virtual para lograr algo de nutrición de su vulnerada autoestima? Tenga fe en si mismo y aliente la obra, escriba en su bitácora para poder entender sus verdaderas motivaciones. Aquí lo que hace es replicar y eso trasluce intenciones e intenciones. Asuma la viril postura de poner su rostro donde ha colocado el guiso, eso sí, con su real nombre. No tome nada de esto a mal, pero si tiene tanto cacumen suéltelo. Saludos.

  8. Julia Puig

    Naturalmente que los jóvenes leen. Hemos ampliado el abanico de posibilidades tanto de lectura como de aprendizaje. Estamos en la sociedad de la Información en la que han irrumpido toda una variedad de lenguajes y formas de comunicación que ha hecho que el libro en formato de papel pierda la centralidad que mantuvo hasta hace unos años. Sin duda, hoy podríamos incluso hablar de un nuevo tipo de analfabeto no sólo el que no sabe leer o escribir en una página, sino, cada vez más, el que queda fuera de la alfabetización digital. Nuestros jóvenes y, no tan jóvenes, llegan a la lectura a través de Internet. Detectar el acercamiento entre literatura e informática, es una nueva forma de lectura. Si leer es, actualizar el potencial de sentido que tiene un texto, lo que hacen estos jóvenes lectores de Internet es apropiarse del sentido del texto, releyendo y recreando los episodios que más les han gustado y, a menudo, con el simple deseo de compartir ese “universo de ficción”, llámese Harry Potter, El señor de los Anillos o cualquier otra obra. Como dice Adolfo Estaella es el fenónemo del fan fiction, que desde luego encubre algo más que una moda juvenil.

    Por su parte, el movimiento hacia la lectura y la escritura se motiva cada vez más gracias a estas nuevas herramientas de Internet, lo cierto es que los internautas no sólo descargan libros, discos o películas, sino que se están lanzando incluso a escribir sus propios libros; valoran la interactividad, el poder participar de algún modo en aquello que recibe, en línea.

    Sin duda, estoy hablando del potencial de un nuevo universo de lectura, como el que podemos utilizar en el blog. Creo que hoy en día, el placer a la lectura tiene más rutas y cuenta con muchos lectores, quizás, por trabajar en una biblioteca virtual, piense de este modo, pero estoy convencida de ello. Los libros nos enseñan a vivir, ensanchan nuestro espíritu y, el acceso al acervo cultural de la humanidad, ahora también puede hacerse a través de bibliotecas digitales.

  9. Miguel Veyrat

    Me parece ejemplar en todos los sentidos manejados en el blog de hoy, la historia de Natalia Kampusch. Esa que debió ser una “niña salvaje”, secuestrada y aislada, tuvo la ventaja de acceder a los medios de comunicación y a los libros. Y esa fue la perdición de su secuestrador. Sus ocho años de enclaustramiento quedan en parte invalidados por su “presencia” en la vida de su país, en las emociones compartidas con sus coetáneos y compatriotas. Eso que ha causado admiración en los psicólogos que la atienden, su desparpajo, su fuerza, su seguridad, se debe a ese nexo nada sutil sino real, carnal, palpable, obtenido por la “lectura” de la realidad exterior a su trágico encierro. Natacha pudo así “ser más fuerte que él”. Pudo ser.

  10. RODERICK GUZMAN MEZA

    Los jóvenes de esta generación leen, me consta. Tal vez padecen de alergia a los clásicos, pero no dejan de dedicar algo de energía al consumo de material de lectura. Como bien ha dicho el profesor Serna en su entrega de hoy, palabras más, palabras menos, este amplio universo les ha proporcionado herramientas diferentes para nutrir sus apetencias culturales. La red y los medios masivos sirven para propósitos que nosotros no sospechábamos en nuestra mocedad; sin embargo, hoy somos igualmente sus beneficiarios.

    Además, creo que el inteligente aporte de mi apreciado Don Miguel Veyrat, nos permite otra visión del tema tratado hoy día. La niña secuestrada logra mantener contacto con su mundo a través de la lectura. Esto se me antoja una necesidad psicológica inconmovible y propia de los seres humanos. Quizás lo puede demostrar la iniciativa que tuvo durante su confinamiento, como un método de supervivencia de la pisque y de su identidad.

  11. Testimonios, personajes y obras

    Dejo aquí lo que acabo de leer en el blog de Arcadi Espada sobre el tal Cazón en adobo.
    ——————-

    LA CAÍDA DE ANTONIO ALLEN

    Ayer, con motivo del repaso que le propinó el Atleta Sexual, más de uno se dio cuenta de que, tras la máscara de Althusser / Adrede / Hombre de paz y tantos y tantos, se esconde alguien mentalmente inestable.

    Primero, trató de mostrarse cínico, como si todo fuera un juego. Oh, Atleta, fustígame, gracias…

    Al cabo de siete minutos que para él debieron de resultar un infierno, quiso explicarse, aunque era obvio que se encontraba nervioso, puesto que no le salían los argumentos (ya, argumentar no es lo suyo, pero ayer lo era aún menos).

    Veinte minutos después (veinte minutos en los que no pudo menos que devanarse los sesos, al punto de olvidarse de comer), volvió a emprenderla con todo tipo de justificaciones. Que si leo a Cela, que si voto al Psoe. Todo lo cual a él debe de antojársele el colmo de la lógica y de la amplitud de miras… Pero es que el resto de los blogueros ya nos partíamos de risa.

    Por último, se le escapó el lloriqueo que había estado aguantándose durante media hora y se puso a insultar al Atleta, lo cual demuestra que, desde el principio, le molestó el certero diagnóstico y, sobre todo, que no sabe dominarse a sí mismo.

    Ahora comprendo por qué se esconde tras un nick, por qué no se atreve a dar la cara. Si lo hiciera, se llevaría muchas como la que se llevó ayer, pero multiplicadas por mil. Y él no está preparado para eso.

    Hay quien dice que Adrede es un provocador, pero no estoy de acuerdo. Si de verdad lo fuera, actuaría a cuerpo gentil. Así, al goce de provocar se sumaría el goce de fustigar y ser fustigado en igualdad de condiciones (cuando uno insulta, lo menos que debe esperar es que lo insulten a él, o, si no que lo insulten, sí al menos que le respondan acerbamente, a fin de proseguir el juego). Pero Adrede no es lo bastante valiente para pelear con las mismas armas. Él no es un provocador, sino un chafardero. Es un chismoso que, con estos lances indecorosos y furtivos, da rienda suelta a quién sabe qué lamentable pulsión.

    Saber cómo se llama un bloguero, saber su profesión o dónde vive, haberlo visto en foto, y hurgar en esos pormenores, caricaturizarlos, airearlos, hacer mofa de ellos, es muy sencillo, y no entraña el menor riesgo si los adversarios no pueden replicar en los mismos términos. Y tiene tanto de provocación como llamar a un telefonillo y salir corriendo.

    Estoy seguro de que… Estoy seguro que -como diría el ágrafo Fedeguico- si Adrede hubiese acudido a alguna reunión de nicks no osaría denigrar a nadie por su aspecto físico, ni siquiera a Muñoz Molina. Si todos supiésemos quién es Adrede, si cupiera la posibilidad de decirle cuatro cosas sin nebulosidades cibernéticas de por medio, él no sería capaz de enfrentarse a nadie, y su único papel en el blog sería el de pontificar sobre escritores muertos a los que nunca ha leído. Claro que eso lo abocaría al psicólogo o a buscar otros cauces por los que dejar salir sus destructivas taras.

    No seáis muy duros con Adrede, ya que, en el fondo, todo se reduce a un asunto de cobardía y timoratez.

  12. Ana Serrano

    Con asco, entre las otras gentes, nombro
    al que de su persona, sin decoro,
    más quiere nota dar, que dar asombro.

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