La insidiosa actualidad

prensa.jpg   Hace semanas fui entrevistado por Víctor Romero para El boletín de las Empresas. Me interrogaba por ser yo un blogger y un historiador. Fue muy amable y cortés. Cortés: algún día deberemos escribir sobre la cortesía, esa virtud tan necesaria en todo tiempo y más… en épocas convulsas. Pensaba que una parte de lo que en aquella interviú respondí ya no interesaba, pero echándole  un vistazo al cuestionario y a las respuestas, me he dado cuenta de la actualidad de los asuntos abordados y sobre todo de la insidiosa permanencia de ciertos problemas. No hay manera de desprendernos de lo que ya es pasado y aún nos incomoda… Desde luego, no quiero reproducir toda la entrevista, sino regresar a los asuntos que más convienen a este blog. En nuestra bitácora hablamos de historia, de política, de cultura, de medios de comunicación, entre otras cosas. Algunas de las observaciones que Víctor Romero me hacía y algunos de los diagnósticos que yo aventuraba siguen en pie y se relacionan con nuestras preocupaciones ordinarias. O eso creo. Juzguen ustedes.  

¿La historia es una ciencia exacta?

¿Una ciencia exacta? ¡Ni pensarlo! Es una disciplina sometida a reglas, rigurosa. O al menos aspira a serlo. Quiero decir: es un saber fruto de la investigación, desempeñado por profesionales, no por amateurs, un saber que a la postre tiene como principio la búsqueda de la verdad. Afirmar que puede ser una ciencia exacta me parece una exageración. 

Según Pío Moa, la guerra civil fue producto de una reacción a una revolución marxista en España. ¿Podría ofrecer una opinión sobre el punto de vista que tienen estos revisionistas de la historia como Moa o César Vidal?

Están Pío Moa y estos historiadores amateurs, aunque César Vidal no sea un historiador amateur, sino alguien graduado en historia… Pero al margen de la titulación la particularidad de todos ellos es que convierten el pasado en objeto de disputa contemporánea, una exhumación política. Establecen analogías apresuradas entre lo que son hechos históricos –que nos afectan y cuyos efectos todavía llegan hasta nosotros– y el presente. Operan de tal modo que proclaman una relación inmediata o una identificación estrecha entre el pasado y nuestro tiempo. Hasta tal punto es así, que si leemos el último libro de Pío Moa, el dedicado a Franco, bien pronto podemos advertir cuál es el objetivo del libro: no es evaluar al anterior Jefe de Estado, sino denostar a Rodríguez Zapatero, criticarlo radicalmente mostrando las lagunas o las insuficiencias del Gobierno actual. Obrar así contraviene los preceptos del buen historiador. 

¿España ha restañado sus heridas internas?

En todo país que ha pasado por una guerra civil o por una serie de guerras civiles es difícil que lo pretérito no sea objeto de forcejeo. Lo que ocurre es que ahora en particular y desde mediados de los noventa, desde que José María Aznar decidiera convertir el pasado en objeto de revisión y por tanto de querella, ciertos sectores de la derecha y de la izquierda han entrado al trapo y una nueva generación de gente más joven está convirtiendo los tiempos pasados y los hechos históricos en elementos de controversia actual, como si lo ocurrido varias décadas atrás pudiera ser restituido, enmendado o reparado.  

¿A qué atribuye el auge de los nacionalismos?

En principio, el nacionalismo no es un fenómeno carente de fundamentos. En el caso de España, las diferencias culturales que nos distinguen a unos y a otros se basan en las diversas lenguas que hay. Esas diferencias culturales y lingüísticas no son una impostura, no son algo artificioso, sino que están bien fundamentadas y han tenido un largo proceso y desarrollo. Lo que ocurre es que desde finales del XIX, desde el 98, desde que entra en crisis el Estado-nación decimonónico, el modelo político se ha convertido en objeto de disputa y lo español ha tendido a identificarse con una anomalía, con un fracaso. El franquismo agravó ese proceso al convertir todo lo español, o una parte fundamental de las tradiciones y del imaginario español, en la identidad antiliberal y antidemocrática del propio régimen.  

¿El PP es también un partido nacionalista?

Digamos que los partidos estatales, el PSOE o el Partido Popular, tienen una concepción del Estado-nación, de lo que es la nación española y de lo que puedan ser las naciones periféricas. El hecho de que se tenga un concepto de nación, como espacio hospitalario en el que hacerse copartícipes, no significa que se sea exactamente nacionalista. Lo que ocurre es que el Partido Popular de un tiempo a esta parte está convirtiendo su discurso, de controversia con el Partido Socialista, en un discurso efectivamente nacionalista, de exaltación de la identidad española, por oposición a la fiebre periférica. ¿Eso es bueno o es malo? El Partido Popular cree encontrar réditos electorales en ese tipo de disputa subrayando las hipotecas que el Partido Socialista podría tener con sus socios de Gobierno. 

En esa línea que comenta sobre los discursos de los partidos políticos, diríase que vivimos en tiempos de crispación, en tiempos de confusión. ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en esta especie de circo político?

A mi juicio, la crispación en España es un fenómeno político realmente llamativo, sobre todo por lo artificioso que es, que llega a ser. Hay una relación evidente, una vinculación explícita entre medios de comunicación y partidos políticos. En ese sentido, yo creo que el objeto principal o el factor que genera la mayor crispación política en los últimos años no son exactamente los partidos, sino los medios de comunicación. Es una disputa mediática por el control de la información, de la opinión y de la difusión, y en definitiva por la expansión de los propios medios. A partir de ahí, justamente porque hay una vinculación política entre los distintos medios y los partidos, este hecho agrava las cosas. Insisto: no es tanto un problema político (que se suele resolver en las elecciones y en la aritmética parlamentaria) como un problema mediático. De lo que se trata es de abatir al rival, de vender más periódicos o de tener más oyentes, o en definitiva, de tener más espectadores. Creo que eso se puede ir retroalimentando y generando una situación ciertamente perversa que poco tiene que ver además con la percepción, más calmada, de la gente. 

¿Los periodistas, por tanto, diría que somos fabricantes de realidades?

Todo discurso acerca de lo real es una construcción de la realidad, evidentemente. No hay un mundo transparente y obvio que se imponga, que pueda ser mostrado sin comentario, sin atribuirle algún sentido particular. En la medida en que traducimos la realidad a un discurso le conferimos un significado u otro. Ahora bien, pensar que todo discurso es una mera construcción, y por tanto que lo que hay es sólo una controversia de discursos, más aún, que cualquier periodista que diga cualquier cosa tiene idéntica legitimidad que cualquier otro, me parece una exageración, porque entonces no se puede establecer una jerarquía de discursos en función de la verdad. 

Tendría que haber una conexión con la realidad real, por explicarlo de alguna manera…

En efecto, debe haber algún tipo de correspondencia. Lo veo semejante a lo que hacemos los historiadores. Los discursos de los historiadores sobre la realidad histórica se fundamentan en una serie de fuentes, de documentos, por ejemplo albergados en los archivos. No puedes arrogarte el derecho de inventarte hechos históricos que jamás han existido. Como tampoco puedes hacer conjeturas sobre hechos si esas hipótesis carecen de fundamento documental y en definitiva histórico. A partir de ahí el sentido que le atribuyas a las cosas dependerá de la percepción y de los esquemas teóricos con los que las analizas. Pensar que cualquier discurso periodístico o histórico acerca de la realidad es una mera construcción entraña un riesgo muy grave: nos hace caer en la irrelevancia o en la equidistancia. 

¿Federico Jiménez Losantos es el Walter Winchell de la derecha española?

(Ríe) No. Como tampoco es Thomas Mann, que desde el exilio alertaba a sus compatriotas contra el diabólico Hitler valiéndose de un discurso exaltado. Jiménez Losantos es un personaje al que le gusta ser retador, algo de lo que extrae réditos: alguien que está siendo devorado por su éxito. Es un portavoz, creo, de sus propios intereses empresariales, intereses que hacen de la crispación su capital económico y simbólico. Es, además, portavoz de ciertos intereses ideológicos, que no sé si identificar con la extrema derecha, pero sí con ciertos sectores de la extrema derecha… sin complejos, unos sectores que se revisten de un aparatoso envoltorio ideológico presuntamente liberal. Sin embargo, el liberalismo ha sido históricamente tolerante, no ha generado crispación, ni ha hecho un discurso bravucón. El liberalismo español, el que arranca del doceañismo de las Cortes de Cádiz, ha tenido poco que ver con lo que dice representar Jiménez Losantos.  

Usted también ha discrepado públicamente con Arcadi Espada. Sin embargo, hay quien dice que en el interior ambos comparten ciertas dosis de jacobinismo.

No sé si discrepo de Arcadi Espada, porque hace tiempo que no nos comunicamos y su blog multitudinario ha dejado de interesarme intelectualmente. Arcadi Espada vive una circunstancia política difícil en Cataluña. Defiende una tesis y unos presupuestos, defiende unas posiciones, abiertamente antinacionalistas que no le generan ningún tipo de comodidad. Ahora bien, esa incomodidad digamos valerosamente defendida, esas posiciones críticas del nacionalismo valerosamente proclamadas, a veces le han llevado a extremar su posición negando cualquier tipo de acierto o de legitimidad a los sectores nacionalistas o próximos al nacionalismo. Por tanto, creo que si se le dijera a Arcadi Espada que tiene posiciones jacobinas como si eso fuera un insulto se carcajearía muchísimo. 

¿Y si se lo dijeran a usted también?

Francamente, no me importa en absoluto (ríe). 

¿Pero usted sí que tiene un concepto del Estado, de cómo deberían ser las cosas para que se alcance un cierto grado de convivencia?

Creo que la Transición política en España ha ido razonablemente bien, que el Estado de las autonomías ha construido una estructura estatal adecuada, acertada, mejorable por supuesto, pero que ha resuelto bastantes problemas que históricamente habían acarreado los españoles. Sobre esa concepción por la que me pregunta yo no puedo decirle nada que no sea mi aprobación de lo que fue una modélica transición política en España. Incluso diría más: cuando hoy en día se revisa la Transición pensando que ha sido un conjunto de abdicaciones por parte de unos y de otros, me parece un error, un riesgo, plantearlo así. O por ejemplo, cuando se supone que la Constitución está lastrada por el ruido de sables me parece un error de planteamiento. De algún modo, la amenaza del golpismo, y sobre todo, el recuerdo de la guerra civil fueron precisamente lo que llevaron al consenso, pero no por el miedo, sino por la intención de evitar la repetición de los mismos errores. 

¿Qué ve detrás de Zapatero?

He de confesar que me desconcierta. En ocasiones me parece una mente verdaderamente perspicaz y en otros momentos me parece portavoz de evidencias tan simples…, que no me lo puedo creer. En ocasiones resulta conmovedor y obvio el fundamento en el que dice basarse Rodríguez Zapatero, pues…, ¿quién no suscribiría parte de ese programa radical? Insisto, es desconcertante: suele hacer declaraciones enfáticas en las que proclama la ética de la convicción como base de sus decisiones políticas, pero a la vez no nos lleva hasta el límite de esas consecuencias y por tanto administra sus disposiciones y providencias con gran realismo, con maquiavelismo incluso. Al menos de momento. ¿Hasta cuándo? 

¿Y de Rajoy?

De Rajoy se alaba habitualmente la fina ironía gallega, incluso el sarcasmo sutil. Creo que Rajoy es una persona lastrada básicamente por dos pesos heredados, que son Acebes y Zaplana. Ante sus correligionarios, ante los conmilitones que le supervisan, Mariano Rajoy ha dicho varias veces que es libre, que es libre y que se siente libre para tomar decisiones y para reorganizar la estructura de mando de su partido. Qué énfasis, qué insistencia en proclamarse horro de dependencias. ¿No será acaso que es justamente al revés? ¿Que Mariano Rajoy está condicionado por Aznar, vigilado por el ex presidente, determinado por su herencia? De hecho, Acebes y Zaplana son la clave de futuro de Rajoy, pero no en el sentido que se quiere transmitir, sino en el sentido de que el candidato gallego remontará sus hipotecas cuando se desprenda de ambos. 

————— 

El observatorio del historiador, artículo de JS, hoy viernes 6 de octubre en Levante-Posdata.

  1. Me parece Serna que eres un izquierdista más. Porque en què dices algo no dicho?

  2. Decía André Comte-Sponville que una idea nueva, verdaderamente nueva, que no haya sido pensada ni escrita jamás, tiene muchas probabilidades de ser una estupidez.

  3. Veo a alguien ahí que parece utilizar contra ti el bello vocablo izquierdista (al igual que lo hacía Lenin) como insulto. Bueno. Yo no soy izquierdista pero me considero –¿aún?– de izquierdas, si es que la socialdemocracia atea ilustrada puede serlo.
    .
    Lo de hoy es (como casi siempre lo tuyo) es muy interesante, izquierdista o no… si la aparente simpatía que parece traslucir (o translucir) tu entrevista respecto de los nacionalismos puede ser de izquierdas. Que yo creo que no: entiendo que nacionalista de izquierdas es el oxímoron (rindámosle homenaje a nuestro común amigo Arcadi) absoluto, perfecto: contradictio in terminis.

    Lo digo porque dices que en España las diferencias se basan en las distintas lenguas que hay (cito de memoria). Sí, que hay: esta y aquella, aquí y allá. Yo vivo en una comunidad como mínimo bilingüe, Cataluña. Cuyo estatuto (no ya el de ahora, sino incluso el de 1979) declara que la lengua «propia» de Cataluña es el catallán, cuando la «propia», materna, primera, familiar o como quieras llamarla de los dos tercios de sus habitantes (por más que en la escuela solo exista el catalán) es el castellano o español. Y cada día más, gracias a la creciente inmigración americana hispanohablante. ¿Tienen lengua los territorios (las patrias) como decían los fascistas (Hitler, Stalin) o la tienen solo las personas, como pensamos los humanistas (con perdón)?

    Pero como sobre esto ira mi artículo del martes próximo, lo dejo aquí. Salud.

  4. ¿Qué diferencia hay, Justo Serna, entre el miedo al rumor de sables a la hora de consensuar una Constitución, y la «intención de no repetir los errores del pasado»?
    ¿Qué errores? Sólo hubo, en el pasado al que nos referimos, un error, un inmenso error irreparable, que fue el Golpe de Estado de un general felón que terminó con el gobierno legal de la República e inició una masacre de tres años de duración, más los coletazos añadidos en forma de sentencias de muerte, judiciales y extrajudiciales.
    Hace días hablábamos de futuribles, ¿Has pensado de verdad lo que hubiese sido una Ruptura, un empezar de nuevo juzgando —aunque después se aministiaran— a los criminales golpistas y a los actores de la sangrienta guerra y represión posteriores? Gracias a esa exitosa Transición que a ti te merece opinión tan benévola, tenemos ahora una restauración monárquica, en la figura del sucesor de Franco «a título de Rey» por ley orgánica de la dictadura. Consolidado en la corona, eso sí, por el golpe bufo del 23-F.

  5. Avatar de Juan Moreno...ex-charnego impertinente.
    Juan Moreno…ex-charnego impertinente.

    Pués sí, ser nacionalista y de izquierdas es un oximorón. Pero aplicándole el pensamiento ciéntifico, a mayor nación mayor oximorón.

    Vamos que el amigo Arcadio es nacionalista español. Lo sigo en su blog desde que lo abrió y por las diversas plazas de toros en las que defiende la llamada «Fiesta Nacional».

  6. Recuerdo haber leído tiempo atrás un libro sensato. No sé si su autor lo seguirá siendo. Supongo que sí. Se trataba de un volumen de Albert Branchadell. Defendía el uso del catalán no desde el concepto de lengua propia –que implica una comunidad y un territorio–, sino desde el derecho del hablante. Como es el caso de mi mujer: originaria de La Marina, de Alicante. No sé: debería volver a leerlo. En todo caso, no creo ser nada original: pienso que el nacionalismo es, entre otras cosas, el narcisismo de la pequeña diferencia (Freud dixit) y creo que los territorios carecen de lengua. Yo me expreso habitualmente en castellano, pero no creo compartir gran cosa con muchos miembros de mi comunidad lingüística. Es más: me separan otros vínculos primarios o secundarios. Aún más: me dan pánico, en general, los vínculos primarios, los que hacen comunidad. Prefiero, como decía Ferdinand Tönnies (y recogió Max Weber) los lazos secundarios: los propios de la asociación revocable, los típicos de la sociedad. ¿Existe algo más cómico que llamar Comunidad Valenciana al País Valenciano? País es territorio, un paisaje (sí, ya sé que para algunos eso significa ser espacio de los Países Catalanes, una fantasía muy interesante), algo que te resulta a la vez próximo y externo. En cambio, Comunidad parece aludir a aquello de lo que no puedes desprenderte. En fin, Ivan, gracias.

  7. Señor Serna, interesante comentario el de hoy.
    Lo de Comunidad me llega al alma. Es como un vecindario, como la comunidad de vecinos, con un presidente que cambia las bombillas y se ocupa de hablar con el administrador. No voy a decir nada de nuestro honorable.
    Yo nací castellanohablante. Y en esa lengua escribo. Sin embargo, aprendí valenciano por puro placer, por cultura. Porque siempre me he preguntado que si soy capaz de hablar y escribir en otros idiomas, por qué no en el mío. Echo de menos un cierto respeto de los nacionalistas castellanos por lo que son esas diferencias lingüísticas, al fin y al cabo, cultura que han dado magníficas obras escritas.
    No creo ni en símbolos ni en banderas. Están ahí, pero todo me recuerda al ejército. No me gustan, ni me gusta inclinarme ante ellos.
    Uno de los comentarios que me han llamado la atención es el que ha hecho sobre Zapatero, quizás porque a mí me pasa como a usted. Hay días que me parece sensato, magnífico y otros … qué quiere que le diga, me despista, no sé si es maquiavelismo, porque no puede ser tontuna, no es creíble. Algunas veces, en sus respuestas, pues resulta …. mono.
    Y no soy de derechas, sólo incrédula y agnóstica gracias a dios.

  8. De nada, Justo.
    Derecho del hablante: el que se conculca en Cataluña si el hablante lo es del castellano, en Alicante si lo es del valenciano. Arcadii, mi amigo: es españolista –lo ha afirmado públicamente–, cosa que de ningún modo soy yo. Ni fan de las corridas de toros, como lo son él y Boadella. Yo las considero una barbaridad, como lanzar cabras preñadas vivas desde un campanario o hacer castells humanos con una niñita –que a veces al caer se mata– en la cúspide (antes solo eran varoncitos pero las feministas del género han conquistaido para las niñas el derecho a morir así).
    Branchadell: nos respetamos. Él es un nacionalista inteligente, cosa bien rara, yo no (no soy nacionalista, oiga: ni catalán ni español).

  9. Avatar de Juan Moreno...ex-charnego impertinente.
    Juan Moreno…ex-charnego impertinente.

    Ivan te sigo desde los tiempos de Tele-Exprés con tus comentarios sobre cine.

    Como sé que eres un «tío legal» como dicen los jóvenes, reconoce de una puta vez lo que es tu amigo, un nacionalista español.
    No pasa ná, eso es una tara como otra cualquiera……
    Yo admiro mucho al capi…a pesar de eso.

  10. ivan said,
    Octubre 6, 2006 at 16:20
    (…)
    Yo las considero una barbaridad, como lanzar cabras preñadas vivas desde un campanario o hacer castells humanos con una niñita –que a veces al caer se mata– en la cúspide (antes solo eran varoncitos pero las feministas del género han conquistaido para las niñas el derecho a morir así).
    (…)

    Me ha encantado. Literalmente encantado.

  11. Miguel dice: «¿Has pensado de verdad lo que hubiese sido una Ruptura, un empezar de nuevo juzgando —aunque después se amnistiaran— a los criminales golpistas y a los actores de la sangrienta guerra y represión posteriores? Gracias a esa exitosa Transición que a ti te merece opinión tan benévola, tenemos ahora una restauración monárquica, en la figura del sucesor de Franco “a título de Rey” por ley orgánica de la dictadura. Consolidado en la corona, eso sí, por el golpe bufo del 23-F».

    1. Resulta difícil juzgar estrictamente (con tribunales de justicia) a los golpistas del 36, treinta y tantos años después. El dictador murió en la cama… Es más: lo que los españoles deseábamos en aquel momento (al menos yo como joven que se incorporaba a la vida pública y adulta) era alcanzar una democracia equiparable a las que había en Europa. Yo no soñaba con una justicia histórica que aseara el país: en mi familia había franquistas y no franquistas. Alguno de mis familiares franquistas había participado tiempo atrás en la represión. ¿Habría que haberlo juzgado? Aunque nos duela hay que admitirlo: la dictadura no se derrumbó y aun en el caso de haber sucedido esto, a esas alturas las responsabilidades estaban repartidas y entreveradas. Yo no soñaba con la patria del socialismo ni con el tercermundismo ni con los no alineados: yo quería vivir en un país normal (eso me decía). Y, dentro del antifranquismo de entonces, el PCE adoptó una postura reformista y sensata: los comunistas tenían muchas víctimas por las que exigir y, sin embargo, los dirigentes del PCE optaron por el objetivo mejor y más deseable: alcanzar la democracia. ¿Por qué? ¿Porque había un sable a punto de seccionarles el cuello?

    2. Los actores de la sangrienta guerra no fueron exclusivamente los franquistas. Es más: atrocidades repugnantes se cometieron en el bando republicano. Los estalinistas, por ejemplo, se ensañaron con los militantes del POUM. Pese a haber padecido una dictadura tan larga y tan atroz, las responsabilidades de la sangrienta guerra no eran exclusivamente franquistas… ¿Qué debería haberse hecho? ¿Juzgar al PSUC por lo hecho al POUM? Recordemos, ya que tratamos aquí de literatura, el ‘Enterrar a los muertos’, de Ignacio Martínez de Pisón.

    3. No es que la Transición me merezca una opinión benévola: es que gracias a la Transición pude vivir como un joven en democracia en vez de prolongar el Régimen en el que había nacido. El golpe «bufo» del 23F quizá lo fuera por los actores tan desastrosos que tuvo, felizmente: pero aquella astracanada nos puso los pelos de punta (me recuerdo chillando en mi casa aquella tarde-noche del 23F, en la Valencia sitiada, lamentando mi suerte de joven al que hacían regresar a la dictadura). Por otra parte, meses después el PSOE llegaba al poder.

    4. La dictadura de Franco contrajo gravísimas responsabilidades, primero y principalmente por la represión tan atroz a que sometió al país: en y después de una Guerra que los militares alzados habían provocado. Pero haber sido franquista no es sinónimo de haber contraído esas responsabilidades. Había, por supuesto, un franquismo sociológico (que yo podía apreciar entre bastantes miembros de mi familia) y había una gavilla de antiguos falangistas o franquistas que dejaron de serlo para unirse a la oposición. Ya que hablábamos el otro día de Dionisio Ridruejo (y de los otros Laínes), que tantas y tan importantes tareas desempeñaron en la época más extrema y dura de la dictadura…: ¿qué debería haberse hecho con ellos? ¿Someterlos judicialmente por su pasado, por haber callado ante la represión o por haber inducido a la violencia de la España nacional? Las cosas son muy complejas, cosa que no significa que todo dé igual: treinta y tantos años de dictadura hacen que muchas responsabilidades se entreveren. Creo que las víctimas merecen nuestro reconocimiento y ventajas legales, claro que sí, que no es lo mismo que considerarnos todos víctimas para convertir a todos los franquistas en verdugos. La familia Pradera tuvo representantes muy significados en el fascismo español. De ese linaje procede Javier Pradera, que ya en 1956 se convirtió en joven universitario antifranquista. ¿Qué debería exigir Javier Pradera? ¿Una causa general en la que incluir a alguno de sus ancestros? Creo que hay que honrar expresamente a las víctimas. Creo que hay que señalar a los verdugos. Pero no olvidemos que la crueldad no se ciñó al bando franquista. ¿Equidistancia, pues? No, por supuesto: el Régimen franquista fue una dictadura oprobiosa y sus víctimas reales y bien contadas (que son numerosas) se merecen nuestro reconocimiento y el respaldo de la democracia española.

  12. Bien, está claro lo que piensas. Es lo que quería saber. Gracias. No discutiré.

  13. Lo lamento enormemente. Quiero decir que lamento discrepar con usted, Justo, alguien de quien siempre he alabado y alabo su mesura y a quien respeto profundamente.

    No voy a argumentar nada, solamente que la ilusión de los jóvenes por una vida «normal» no puede ni debe invalidar la razón y la justicia de otro tanto por ciento enorme de la población y que una democracia real no se puede alimentar de cadáveres. Para cerrar heridas, deben limpiarse bien antes.

  14. Cuando se produjo la Transición yo estaba, más o menos, con las mismas ganas de Justo de ser partícipe de una democracia.
    Es cierto que no se limpiaron las heridas a tiempo. No se produjo en este país la limpieza que se ha producido en otros. ¿Se tenía que haber hecho? ¿cuándo? creo que si se hubiera intentado hacer, hubiera resultado muy difícil. Éramos muchos aquellos que teníamos ganas de sentirnos libres, de votar, de ser parte de una Europa que veíamos lejana, pero, al mismo tiempo, había también una importante masa de gente atemorizada de que las cosas no salieran bien.
    Había muchos políticos reticentes a la democracia. Regresamos a la hipotésis, ¿qué hubiera pasado si se hubiera producido esa limpieza?

    Estoy de acuerdo con Justo. En mi familia ha habido de los dos bandos. Mi padre, republicano y sus hermanos franquistas con bigote. Se abogó por la reconciliación. No se restañaron las heridas, que siguen abiertas. Y aquéllos que heredaron las ideas, jamás pidieron perdón por lo que hicieron.
    En la guerra se dice que todo está permitido, pero no en la paz. Y uno de los problemas, desde mi punto de vista, es que los «vencedores» fueron feroces después del fin de la guerra. Eso es más imperdonable.
    Los muertos que están en las tumbas desconocidas deben ser reconocidos como personas, con nombre y apellidos. Como les corresponde por humanidad. La ley de la Memoria histórica debería servir para conceder al bando que perdió la legalidad que siempre tuvo, la honradez en sus ideas y el sitio en la historia que hace setenta años que no tiene.
    No creo que nos deba servir ahora para reproducir las heridas. De esa forma, como siempre, les seguimos el juego a la derecha que es quien tiene la pelota entre los pies. Los herederos de los perdedores podríamos perdonar, nunca olvidar, y los herederos de los vencedores que nunca pidieron perdón, lo podrían hacer. Quizás con ese gesto se aliviarían muchos sufrimientos.

  15. Nunca pedirán perdón. Nadie reconoce su culpa si no es coaccionado por la razón moral y colectiva que suponen las leyes. El error de la Transición, la gran laguna que lleva dentro es que la buena voluntad y buenos deseos de «pasar página» no pueden jamás restaurar la legalidad brutalmente derribada a sangre y fuego. Lo demás sólo son buenas palabras que intentan, bondadosamente, que se den la mano los «enemigos irreconciliables». Aquí sólo cedieron, claro, los perdedores. La Transición fue un «lo tomas o lo dejas», pero si lo dejas habrá más muertos.¿Estarían tan chulos los neofranquistas del PP si una Ruptura democrática, como planteaba una parte muy importante de la Oposición agrupada en la Junta Democrática antes de crearse la «Plataforma», hubiera puesto las cosas en su sitio tanto en el bando de Tirios como de los Troyanos? Los tiempos que vivimos son una consecuencia de aquellos de finales de los setenta, donde «lo atado y bien atado» tomó la forma de una Constitución pactada y de una Restauración Monárquica impuesta, repito, y me reafirmo, porque lo viví de cerca, bajo la amenaza, bajo el miedo. El mismo miedo que el Régimen de Franco había alentado brutalmente al principio y después de modo solapado durante cuarenta años.

  16. ¿Quién ha pedido otra cosa, Russafa?

    Todos tenemos a los dos bandos en casa ¿Y? Simplemente esta conversación es la prueba palpable del daño irreparable de aquella guerra y de esos inicuos cuarenta años.

    Perdón, no puedo, tengo que dejarlo estar.

    Feliz fin de semana a todos.

  17. En fin, menester sería que no se formaran demasiados bandos para no acabar como el rosario de la aurora.

    Buen fin de semana.

  18. Es cierto que todos tenemos dos bandos en casa, también casi todos tenemos dos lenguas, y resulta chocante cómo en una reunión familiar o amistosa se entremezclan ambas con toda naturalidad, las lenguas y también las ideologías. Gracias a nuestra sensatez y nuestra generosidad son posibles ambas cosas, convivir con dos lenguas y con dos, o más, concepciones distintas del mundo.
    Hay quien se empeña últimamente en que esto no siga así, no alcanzo a entender las razones.
    Considero mis dos lenguas como un tesoro magnífico (ambas por igual pero con cierta querencia por la más débil) y espero ser capaz de respetar a las personas que piensan el mundo de manera distinta a como lo pienso yo, siempre que me permitan pensar lo que quiera y en la lengua que desee.
    Soy nueva en esto. Me parece muy interesante, espero acertar en el funcionamiento.

  19. Miguel, ¿realmente crees que la Oposición estaba en condiciones de imponer la Ruptura, «una Ruptura democrática, como planteaba una parte muy importante de la Oposición agrupada en la Junta Democrática antes de crearse la ‘Plataforma’…”? Entonces, si la ruptura no fue posible, la responsabilidad no habría que atribuírsela a la Plataforma (PSOE), sino a la Junta Democrática (PCE), que cedió ante los socialistas. Pero los socialistas eran una opción muy débil frente a la fortaleza del PCE, eso se decía al menos. Y si el PCE era tan fuerte…, ¿por qué no logró imponerse al PSOE y a los reformistas del franquismo? ¿Por la amenaza del ejército? Pero si el ejército era tan fuerte, ¿por qué no se excluyó sin más al PCE? ¿Qué es lo que triunfó? ¿El neofranquismo? Pero si triunfó el neofranquismo coronado, ¿cómo es posible que nuestra democracia formal sea perfectamente equiparable a las democracias europeas? El ‘deber de memoria’, como bien plantea Enzo Traverso en ‘Le passé. Mode d’emploi’, es una corriente que se impone en Europa a mediados de los ochenta (el debate de los historiadores alemanes, por ejemplo) y ya en los noventa (como consecuencia entre otras cosas de la caída del Muro). Por otra parte, el espanto que mayores escalofríos nos produce (la Shoah) no empezó a ser considerado digno de memoria, la memoria de las víctimas, hasta fecha bien tardía: prácticamente hasta la llegada de los años ochenta. Hasta entonces, Occidente pasaba rápidamente por un genocidio al que no solía mirar directamente. Es decir, achacar a los políticos de la Transición que no ajustaron cuentas con el pasado es casi un anacronismo. Es el estado de ánimo de hoy, no de ayer.

  20. Mira Justo, como decía Cándido, el personaje de Voltaire que seguramente conoces, «tout est pour le mieux dans le meilleur des mondes», todo está bien en el mejor de los mundos. Que seas muy feliz. Buen fin semana, me adhiero a la moción de Ana Serrano.

  21. Se acabó la discusión, por lo que veo… ¿Hay cosas que no se pueden tocar? Me quedo en un estado dichoso y bobalicón, pues. Como el personaje de Voltaire: Pangloss. Buen fin de semana, Miguel.

  22. Señor Veyrat, quizás es que no estamos. O que como el asunto es con el Señor Serna, educadamente, nos abstenemos.

    Yo no sé lo que dijeron los grandes pensadores, pero sé que es normal que haya discrepancias.

    No se me enfaden, por favor.

    Y, discúlpeme, pero estado bobalicon en usted, me sorprendería tanto que sería yo la bobalicona.

  23. Perdón, me he hecho un lio con los señores, como siempre.

    Quería decir diego donde digo digo. Bueno, disculpen.

    pero no se me queden bobalicones.

  24. Avatar de Juan Moreno...ex-charnego impertinente.
    Juan Moreno…ex-charnego impertinente.

    No he querido intervenir antes para no usar un lenguaje violento con el S. Serna.
    Tergiversar la historia antigua es muy frecuente, pero la transición no es que la tergiversen es que la manipulan descaradamente. Yo la viví con gran pasión e interés por que en aquel tiempo fuí militante del PSUC. Era un comunista muy heterodoxo y siempre quise la ruptura y me daba cunta de la manipulación que hubo en todo el proceso. Era imposible el triunfo de movimientos militares para una nueva dictadura por las condiciones sociopolíticas del país y las del entorno europeo al cual pertenecemos.
    Hasta Portugal había efectuado su ruptura con el régimen salazarista.
    Sr. Serna ud. debe saber que el PSOE abandonó la Junta Democrática a instancias del Gobierno alemán y la Casa Blanca, los cuales le ofrecieron ayuda económica cuantiosa; recuerde los carísimos carteles de propaganda de la época y el poco dinero del que disponían debido a su insignificante militancia.
    El PCE siguió al PSOE en el posiblilismo y los demás partidos hicieron lo mismo.
    Quedó en el ostracismo más absoluto el verdadero aglutinador y teórico de la Ruptura, el Sr. García Trevijano.
    La ruptura no hubiese traído grandes problemas al país. Se habría condenado solemnemente al franquismo, ilegalizar su apología y a los franquistas se les hubiesen hecho actos de agravio simbólicos.

    Como en Portugal queridos….como en Portugal.

    Alemania, Italia, Portugal, el régimen de Vichy y todo el colaboracionismo europeo con el fascismo, tubo su final, el español sigue incrustado en el presente con la anuencia de todos los hipócritas, cínicos y estultos manipuladores de la Historia.

  25. Conprenderá señor Moreno porqué me he retirado de la discusión. En su panglossiana actitud —que no sé si habrá entendido del todo—, Justo Serna comete errores de documentación verdaderamente imperdonables en un historiador. Porque no creo que sean voluntarios. La discusión sería pues inútil y sólo llevaría a un enfrentamiento personal. Coincido pues con su análisis, injustísimo resumen de los miles de páginas que hubieran podido escribirse sobre el tema si no contara una consiperación del silencio posibilista por parte de todos los partidos que hicieron «posible» la Transición. Yo también lo viví, precisamente como miembro de la Junta Democrática en París. De todas formas, la realidad es tozuda y algún día se publicarán todos los papeles y correspondencias secretas que desembocaron en ese inmenso montaje de servicios secretos «occidentales», que operaron en la época en torno a España y al cadáver muy poco exquisito de Francisco Franco.

  26. Yo no creo cometer “errores de documentación verdaderamente imperdonables en un historiador”. Es justamente lo contrario: si nos atenemos a la historiografía corriente que hay sobre la Transición y la nueva que está llegando, las pruebas de ese inmenso montaje de servicios secretos no aparecen por ningún lado:

    Javier Tusell y Álvaro de Soto (eds.), ‘Historia de la transición (1975-1986)’. Madrid, Alianza, 1996.

    Cristina Palomares, ‘Sobrevivir después de Franco. Evolución y triunfo del reformismo, 1964-1977. Madrid, Alianza, 2006.

    Es decir, el historiador no da pábulo a las tesis conspirativas sin un respaldo documental que avale. La historia es una disciplina fundada en una operación racional, no en la especulación: no busca las fuentes según le convengan al investigador, no selecciona arbitrariamente lo que le confirma, no descarta lo que le incomoda. El historiador, aquel que es respetuoso con las técnicas depuradas de su oficio, somete sus ideas previas al contraste con los documentos y establece una especie de diálogo con los testimonios. No se fía enteramente de lo que cada uno de esos testigos le dicen o dejaron dicho, sabe que hay contradicciones (incluso falsedades) y racionalizaciones equivocadas. O fantasías de servicios secretos que creyeron dominar la política, cuando ésta, en realidad, funcionó como un complejísimo sistema de equilibrios y de fuerzas. Por eso, la operación histórica exige el contraste entre las fuentes con el fin de apreciar la verdad y su forma de enunciarse en esos documentos. No se trata sólo de alcanzar el testimonio más fidedigno, sino también de examinar de qué modo fue expresado, con qué procedimientos retóricos, con qué recursos de exposición. La historia es, en efecto, una tarea complicada, una labor compleja que exige años de consulta documental y de aprendizaje de sus técnicas.

    En todos los grandes procesos históricos –y la Transición lo es–, claro que aparecen los servicios secretos (esos “papeles y correspondencias secretas”), deseosos de conducir dicho proceso según la dirección deseada o esperada. Lo que está por ver es que los designios se cumplan según el esquema previsto y lo que está por ver es que la realidad se acomode a nuestros sueños de Rupturas democráticas sin adherencia franquista, sin contaminación posible. Por otra parte, si a partir de lo que yo he dicho la discusión es imposible, ¿entonces es que el debate intelectual no puede ni siquiera plantearse y sólo podrá argumentarse ad hominem? Pero bueno, vamos a ver, mi descripción de la transición no es una fantasía mía. Lo siento: está fundamentada en lo que los historiadores más prestigiosos (Paul Preston, incluido) han escrito y publicado hasta ahora. ¿Que están equivocados? ¿Que han cometido errores de documentación verdaderamente imperdonables en un historiador? Bien, esperamos a aquellos que desmientan documentalmente lo sostenido. La escritura de la historia, decía Michel de Certeau, se manifiesta bajo la forma de una frase que recorre un espacio supuestamente en blanco, la página. Pero esa frase tiene alguna relación con lo dado, con los vestigios materiales exhumados. Mientras esos vestigios sean los que son no podemos basarnos en otros documentos aún virtuales o sepultos que algún día –según creemos– cambiarán el sentido de la historia y de las cosas. Imaginemos a un historiador que hablara de la Transición como un gran montaje o complot de servicios secretos sin aportar pruebas, ¿qué pensaríamos de él?

  27. Sí, esperaremos a que se desclasifiquen los documentos de los servicios de inteligencia, fundamentalmente los norteamericanos y/o (tanto monta) alemanes de la época, porque de los españoles poco cabe esperar, aunque el por entonces llamado SECD se movió activamente , incluído el mítico Congreso de Suresnes, reconstituyendo el PSOE e inventando al dúo González-Guerra. Son cosas que conoce cualquier militante o ex-militante de los partidos que actuaron en la Transición, pero que, evidentemente, numerosos historiadores, e incluyo al demócrata cristiano Tussell y al socialista Preston, documentados por exhaustivas lecturas de la prensa, como tú mismo, o informaciones procedentes de sus propios partidos o «movimientos ideológicos», ignoran o fingen ignorar. Una ruptura impulsada por los comunistas, por muy tibios o «eurocomunistas» que fueran entonces, no va en el sentido «políticamente correcto» de la historia. Al menos de algunas de las historias escritas y publicadas. Existen libros, como los de Gregorio Morán, que despejan con claridad meridiana muchas de las incógnitas que te planteas, estimado Justo Serna. Lástima que el Limbo sea puesto en duda actualemente por la Iglesia católica, resultaría un lugar muy adecuado para mantener tu mente en cómodas vacaciones. ¡Busca, coño! ¡Entérate y busca pruebas, exígelas «a las autoridades competentes»!

  28. Post-data: Y, sobre todo, ahí tienes la micro-historia de miles de españoles que no pudieron escribir la historia, ni la publicada ni la vivida en forma de democracia, de Estado de las Autonomías bajo una Corona, después de 1978, pues la Historia no solamente la pueden escribir los vencedores, también la «construyen». ¿Que la Constitución de 1978 está construída y escrita sobre los restos de una derrota? Creo que el tema no merece más discusión. Sé honesto —que sé que lo eres, y mucho— y busca. Que el que busca, lo dice un texto escrito hace al menos dos mil años, encuentra.

  29. Rupturistas….¿Dónde coño estaban todos los rupturistas en el 75?.
    Menos llorar ahora y haber tenido más huevos tras la muerte de Franco.
    Pasaran otros 30 años y seguiremos con la misma historia: la desligitimazión del actual sistema porque los rupturistas se comportaron como unas niñatas. Los franquistas como Suarez y Martin Villa si dieron la talla y se la jugaron al máximo de sus posibilidades y creo que el resultado ha sido positivo.

  30. ¿Democristiano Tusell y socialista Preston? ¿Y yo qué soy? ¿Un cochino reformista? No suelo estar de acuerdo con lo que decía Manuel Vázquez Montalbán. Pero sí lo que estuve una vez: aquella en la que dijo que gracias a los cochinos reformistas que, como él, habían votado la Constitución del 78, teníamos un régimen de libertades. Eso es un argumento ad hominen. Yo acepto la honestidad profesional de todos mis colegas mientras respeten las reglas, entre otras hablar apoyándose en documentos y no conjeturar a partir de fuentes invisibles o aún invisibles. La historia es un investigación laica y no puede remitir sus enunciados a una instancia trascendente o a un documento intangible. De aceptar un debate sobre procesos que sólo podríamos documentar con papeles reservados de los servicios secretos, entonces deberíamos convenir con Louis-Ferdinand Céline: «Tout ce qui intéressant se passe dans l’ombre… On ne sait rien de la véritable histoire des hommes». Si la verdadera historia de los hombres sólo pasa en la sombra, todo lo que los historiadores puedan exhumar será siempre insatisfactorio: nada de lo que digan iluminará completamente las sombras que nublan sus sueños. Por otra parte, cuando se desclasifiquen esos papeles secretos, sólo accederemos a una parte mínima de aquella producción escrita.

    Ya lo dije: Yo estuve en un Servicio de Información Militar. Hace de esto más de veinte años. Clasificaba, archivaba expedientes secretos que debía ordenar en pliegos. Me recuerdo archivando recortes de periódico, pegados con engrudos vastos en carpetillas de cartulina. Hablo, claro, de un mundo muy antiguo, cuando los Servicios de Información más corrientes no operaban con recursos electrónicos ni con computadoras, artefactos sofisticados que sólo habíamos visto en el cine. Me recuerdo también leyendo extensos informes sobre los grupos políticos más peligrosos o más violentos o más desafectos. Eran laboriosos estudios escritos con máquinas humildes, ruidosas. Me recuerdo, en fin, destruyendo documentos: justo cuando el cambio electoral se avecinaba (el partido socialista), los jefes de aquel Servicio me encargaron expresamente triturar numerosos expedientes, muchas de las carpetillas más comprometedoras. No convenía que se supiera a quién se había espiado, qué se había subrayado de su actuación pública o privada o en qué se consideraba delicado este o aquel comportamiento.

    Esa historia permanecerá para siempre en la sombra.

  31. La niñata será usted, estimado Inquisidor. No vuelva por sus fueros, que ya sabemos quién es usted en este blog, aparte de un emboscado que no da la cara. Y en cuanto a tí, Justo, lo de «cochino reformista», te lo has llamado a tí mismo, yo no te he insultado, eso queda para los trolls como Inquisitor. Conozco a Preston desde que era un oscuro profesor de Historia en la Universidad de Londres donde estaba matriculada mi mujer. He almorzado y cenado numnerosas veces en su casa y él en la mía, su primer hijo paseó con el cochecito que yo le regalé al crecer demasiado el último mío. Paul Preston, hijo de un minero de Liverpool, ha sido y es socialista. Y en cuanto a Tussell, a quien también conmocí y traté en mi condición de periodista … paz a los muertos. Por otra parte, caes en una contradicción flagrante: Tú mismo confiesas haber destruído numerosos documentos cuando trabajaste en el servicio de información militar: «no convenía que se supiera a quién se había espiado», pero ¿y «lo espiado», la información obtenida de ese espionaje? ¿No tuviste la curiosidad, al menos, de leerla? Por los clavos de Cristo, como tú dices…

  32. Post-data-2: Si esa información permanece para siempre en la sombra, será porque tú y otros como tú lo habréis permitido.

  33. Cochino reformista era un simpático insulto que se endosaba Vázquez Montalbán a sí mismo…, y yo con él. «¿No tuviste la curiosidad, al menos, de leerla?» Miguel, usted qué cree: tenía a un supervisor o vigilante impidiendo mi lectura. Sin embargo, no creo que aquellos documentos modificaran sustancialmente nada de lo que sabemos de la Transición. Archivos de Información militar o policial los había…, ¿y?

  34. Yo no creo nada, y usted tampoco debe creer o no, sino averiguar dónde están las fuentes y comprobarlas : ¿No se ha preguntado porqué se destruyeron tales documentos —y con ellos seguramente los de muchos más y diferentes archivos? ¿No siente curiosidad «científica» por su posible contenido? ¿No siente necesidad de saber porqué alguien quiso mantener «para siempre en la sombra» , como usted cree que permanecerá, una parte sustancial de la historia? ¿Hay traidores en este cuento de miedo? En fin, dije que no quería discutir, y ahora resulta bastante obvio el porqué de mi deseo. Por mí, esto se ha terminado, señor Serna. Que usted lo pase bien.

  35. Levantando el dedito, como niña buena en la escuela para pedir hablar, aunque no se me ha dado vela en este entierro, yo les rogaría que no se pelearan. Sé y me consta que se quieren y respetan ambos y por ustedes y por los virus de éste blog, que estarán frotándose las manos, les rogaría que se dieran las suyas y que echaran pelillos a la mar. Partimos todos de una izquierda amordazada y diezmada y no es bueno que nos dividamos más. Con perdón.

    Feliz día a todos.

  36. Avatar de Dentista trolero
    Dentista trolero

    A mí lo que me asombra es que todavía haya gente como Miguel Veyrat, capaz de romper con alguien -de quien en principio parece amiga- sólo por no ver compartidos sus postulados ideológicos.

    Y luego se extrañan de que haya guerras civiles.

  37. Está terminada esta discusión, no la amistad, que es muy sólida, Ana. A quien no ha dado nadie vela en este entierro es al sacamuelas ese, que se asoma por aquí y se permite descalificar a alguien sin tener ni idea de qué va. Sí, tienes razón, la sangre fresca llama a los trolls emboscados.

  38. Avatar de PDT (El Padre del Dentista Trolero
    PDT (El Padre del Dentista Trolero

    Vaya, esto està muy silencioso. Veyrat promete amistades despuès del enfado, Ana pide calma, Inquisitor no sabemos si serà «una niñata» como le han dicho y Serna està mu mudo. Estarà triste y azul, como el gato?

  39. Oiga, pedete, yo no estoy mudo, ni triste ni azul. Descanso. Mañana regreso con nueva entrada en el blog.

  40. Avatar de PDT (El Padre del Dentista Trolero)
    PDT (El Padre del Dentista Trolero)

    Pues mañana veremos si vuelven Veyrat y Serrano. Veremos!

  41. Oiga, gilipollas, ¿por qué no se va al cine y deja de tocar lo que no suena?

  42. Avatar de Juan Moreno...ex-charnego impertinente.
    Juan Moreno…ex-charnego impertinente.

    Recuerde S. Justo aquella pequeña baralla que tuvimos hace tiempo con mi comentario sobre su aseveración del suicidio de Walter Benjamín.

    Le dije entonces que a Benjamín lo suicidaron y hace unos meses la TV catalana en un reportaje sobre su desaparición, entrevistó a testigos de la época en Port Bou y relataron lo difuso del acontecimiento.

    Mi enfado vino por su aseveración del suicidio. Muchos años después todo sigue confuso.
    Muchas personas dan por zanjada, sin pruebas científicas, aquellos hechos.
    Personalmente para mí, aquello sigue abierto.

  43. Celebro su perspicacia, señor Moreno, pero lo documentado no es lo supuesto o sospechado…

Deja un comentario