Manuel Fraga, treinta años después

fraga.jpg  Es extraordinariamente interesante el repaso que ayer domingo le daba la prensa al estado de nuestra derecha. Por ejemplo, Abc se tomaba en serio el análisis de esa derecha reformista de la que el periódico se siente emisario o portavoz. De una parte, el director del diario, José Antonio Zarzalejos recordaba a aquel José María Aznar del año 2000, cuando el centrismo  sin complejos parecía la palabra de orden del partido, cuando los principales dirigentes no estaban condicionados por el discurso extremista que ahora les viene de fuera –dice– y que tanto beneficia a José Luis Rodríguez Zapatero. De otra parte, una entrevista en Abc a Alberto Ruiz Gallardón le permitía al entrevistado buscar ese reformismo, esa moderación  que consigna entre sus correligionarios y que peligra por el estrépito de la derecha extrema y externa (a la que, por cierto, Fraga también ha criticado recientemente). Hoy lunes, el periódico conservador vuelve a tratar este grave asunto en uno de sus editoriales. Celebra, otra vez, el liderazgo de Mariano Rajoy, auténtico heredero de aquella derecha centrista o reformista que habrían encarnado Manuel Fraga y el primer Aznar, y acaba diciendo: “las condiciones son, por tanto, muy favorables al PP, y lo seguirán siendo siempre que sea capaz de centrar el debate social y político sobre estos asuntos y no secundar la estrategia de crispación que, al alimón, están ejecutando tanto quienes, diciéndose afines a los populares, buscan anular su capacidad de maniobra e instalarlos en la radicalidad, como el Gobierno, para asegurarse una participación similar a la del 14-M y, por tanto, el voto del electorado de la izquierda más extremista”. 

Por otro lado, El País evocaba ayer domingo la fundación de Alianza Popular, de la que hoy se cumplen treinta años.  En el reportaje el diario reproducía unas palabras de Fraga pronunciadas justamente en 1976. Confiaba agrupar a la derecha reformista, decía: «Lo que estamos haciendo en AP es aislar a la extrema derecha y traer las fuerzas conservadoras hacia el centro». Fue, qué duda cabe, una tarea interesante, de supervivencia personal y de reordenación del espacio político, cosa que se prolongó años después con la refundación del partido, con la creación del PP. A la vez, en el mismo diario, Karmentxu Marín le hacía una de sus entrevistas guasonas a Manuel Fraga. En una parte de la interviú, Marin hacía mención de una cita empleada alguna vez por el ex presidente de la Xunta de Galicia para alegrarse de haber promocionado a José María Aznar: “Si no vencí reyes moros, engendré quien los venciera”, reproduce Marín para preguntar inmediatamente: “¿Aznar es su engendro?”. La respuesta de Fraga es contundente y previsible: “No. La palabra engendro tiene dos significados. Yo le designé, y me alegro de haberlo hecho”.  

Estas palabras me han hecho recordar ciertas cosas… He releído el capítulo que José María Aznar dedica a su mentor, a Manuel Fraga, en su libro Retratos y perfiles. Justamente allí habla de la oportunidad que le dio permitiéndole encabezar el paso de Alianza Popular al nuevo Partido Popular. Y he releído también mis papeles, lo que escribí para mí… Es curioso: si atendemos a los esbozos que Aznar hizo en su último libro, el capítulo que dedica a Fraga es seguramente muy certero y a la vez bastante inmisericorde. Le tiene respeto, claro, le tiene admiración, una admiración debida, contenida, algo roñosa (como parece corresponder al carácter del ex presidente del Gobierno). Tal vez por eso hay también en sus palabras algo de reproche o de reconvención indirecta, el reparo de quien se ve justamente como el contraejemplo del retratado, el pero de quien valora la quietud y el sosiego en la toma de decisiones.  

En palabras de Aznar, Fraga siempre habría sido expeditivo, “un vendaval”: como esos individuos a los que les cuesta disfrutar de la lentitud y de la demora, de esa parsimonia en la que la vida se expresa y en la que están los mejores detalles de la existencia. Cuenta el autor que, siendo joven, veía a don Manuel, entonces ministro de Información y Turismo, acudir a un piscina de mucho ringorrango del Madrid más distinguido, la misma balsa a la que concurrían quien hace la semblanza y sus hermanos. “Aparecía con un bañador grande”, nadaba, tomaba el sol y se iba. “En total, venían a ser unos cinco o seis minutos”. Siempre las prisas, esas perentorias urgencias del que está muy ocupado y no dedica más que unos minutos al solaz o al descanso: siempre ese vendaval…, un ventarrón que, sin llegar a ser temporal, amenaza con arrastrar todo lo que encuentra a su paso, siempre esos apremios de quienes se jactan de trabajar más que nadie o de quienes llegan los primeros y se retiran los últimos.  

Cuando casi está por acabar el capítulo que le dedica, José María Aznar traza un perfil de Fraga de una precisión verdaderamente asombrosa. “Fraga es la encarnación misma de la pasión política. Vive por la política, para la política y de la política. Es su elemento, el único horizonte donde está cómodo, la única atmósfera donde puede respirar. No he conocido a nadie con una vocación política tan arraigada en su propia naturaleza, tan indiscernible de su identidad y de su carácter. Eso le ha proporcionado una increíble capacidad para sacrificarse por lo que él consideraba una causa justa o adecuada a los intereses generales, y también ese rasgo de carácter tan propio de Fraga que consiste en empeñarse en ser siempre el primero y marcharse el último. Fraga ha padecido más que nadie las consecuencias de esa ansiedad, que podía conducir a la precipitación, en algunos casos a la dispersión, en otros a una sobreactuación no siempre necesaria. El ritmo vertiginoso que imprimía Fraga a su actividad le llevaba a elaborar y articular proyectos sumamente valiosos, pero también a pasar demasiado de prisa sobre muchas cosas y a no rentabilizar como era posible hacerlo el ingente esfuerzo que estaba desplegando. Ahora bien, a esa energía le debemos nuestro partido. Fraga es el creador del Partido Popular y consiguió articular un proyecto en torno a esa gran visión”.

 Repasemos esos enunciados, los verbos que definen la actividad del retratado.

1. Vivir la política como pasión y ser ésta “el único horizonte donde está cómodo, la única atmósfera donde puede respirar” hasta el punto de ser “indiscernible de su identidad y de su carácter”. ¿Cuál ha sido, pues, la vida de don Manuel más allá de la política? Si hemos de hacer caso al autor de esta semblanza no hay atmósfera ni horizonte que no sea esa actividad. 

2. “Sacrificarse por lo que él consideraba una causa justa o adecuada a los intereses generales”. Capacidad de sacrificio por lo que uno mismo juzga adecuado o pertinente no significa necesariamente esfuerzo generoso, sino una visión cerrada, autosuficiente, incluso intolerante.

3.  «Empeñarse en ser siempre elprimero y marcharse el último». Quien llega el primero y se marcha el último demuestra empeño, laboriosidad, dedicación, pero quien destaca en otra persona esa obstinación diagnostica también un desmedido afán de protagonismo.  

4. Padecer “esa ansiedad, que podía conducir a la precipitación, en algunos casos a la dispersión, en otros a una sobreactuación no siempre necesaria”. La ansiedad es congoja, es desazón, es falta de sosiego que lleva, en efecto, a la premura, a la multiplicación improductiva y sobre todo a un exceso. Decir de Fraga que sobreactúa no tiene lectura positiva alguna.

5. “Elaborar y articular proyectos sumamente valiosos, pero también a pasar demasiado de prisa sobre muchas cosas y a no rentabilizar como era posible hacerlo el ingente esfuerzo que estaba desplegando”. Nuevamente, los apremios de quien carece de sosiego, de quien no sabe sacar un provecho razonable del empeño, del “ingente esfuerzo”, sólo pueden revelar a una persona que es incapaz de medir con lógica y mesura la tarea que realiza.  

¿Se puede decir más en menor espacio, con menos palabras y con una crítica más explícita? ¿Se puede reprochar de una manera más expresa? Con este perfil trazado, José María Aznar demuestra tener una maña increíble de retratista, pues le saca al personaje los claroscuros…

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Lo he recordado ahora que la prensa se apresura a esbozar la imagen de Fraga, treinta años después de que fundara Alianza Popular.

0 comentarios

  1. Sr. Serna siguiendo el anterior tema sobre el historicismo y la inalcanzable «verdad histórica» cuelgo este artículo de «El País» sobre el «suicidio» de Water Benjamín:

    LOLA HUETE MACHADO
    EL PAIS SEMANAL – 02-10-2005

    “Será en un pueblo de los Pirineos en el que nadie me conoce donde mi vida se acabará. Le ruego lo transmita a mi amigo Adorno”
    “Iba con mi madre y vi pasar la camilla con el muerto; se le caía el brazo, estaba aún fresco”Nacido en 1892 en Berlín, la vida del pensador judío alemán Walter Benjamin se extendió, entre literatura, filosofía, traducciones, ensayos artísticos y viajes, hasta el 26 de septiembre de 1940. Ese día murió. Estaba solo. Huía. Sucedió en Portbou (Girona), un pueblo de la frontera franco-española que apenas un año antes parecía un cementerio; que había vivido la salida masiva de republicanos camino al exilio; que había sufrido la última batalla, el asedio y los bombardeos de las tropas franquistas sublevadas a punto ya de cuadrar su círculo victorioso.

    “Perderse en una ciudad como se pierde uno en un bosque requiere de una educación”, dejó escrito Benjamin. Y en su Libro de los pasajes reflexiona sobre la figura, tan parisiense, del flâneur, ese flanear, vagar por las calles, callejear sin rumbo, sin objetivo, y sumirse en un estado inexpresable, salpicado de sentimientos y emociones imprecisas. Y eso es lo que hace el director bonaerense David Mauas, de 37 años, en su primer largometraje, titulado Quién mató a Walter Benjamin…, que se estrena ahora: perderse en Portbou sin más. Mauas coge la cámara, y rueda, y rueda. Deja hablar a los que escucharon un día la historia en boca de otros, a los que la vivieron en aquel tiempo y la recuerdan.

    Graba por y entre sus calles y sus plazas, a lo largo de la carretera serpenteante que desemboca en lo que bien podría haber sido sólo una cala de pescadores, a través de los despachos de aduana vacíos (cerraron en 1993) que cambiaron su fisonomía y su destino. Muestra Mauas la playa, la costa, las gaviotas, el mar, los rostros de este pueblo catalán que apenas suma hoy 1.500 habitantes (antaño rondó los 5.000). El primer lugar habitado tras la frontera, crecido al calor del ferrocarril que conecta con Francia, pero al que Benjamin no llegaría en tren; que se convirtió en sitio de paso, pero que el filósofo berlinés nunca conseguiría traspasar.

    Collados y montañas enmarañados de senderos clandestinos; un campo de fortificaciones republicanas, franquistas, alemanas, nacidas del miedo y el ardor totalitario de la época. Un paisaje sobre el cual, sin embargo, el filósofo nunca podría escribir. Y si lo hizo Benjamin fue en unas pocas frases y a través de terceros. “En una situación sin salida no tengo más opción que ponerle fin. Será en un pequeño pueblo de los Pirineos en el que nadie me conoce donde mi vida se acabará. Le ruego que transmita mis pensamientos a mi amigo [el filósofo Theodor] Adorno y le explique la situación en la que me ha encontrado. No me queda tiempo suficiente para escribir todas las cartas que me hubiera gustado”. Esto es lo que dejó escrito para la historia una mujer, Henny Gurland. Esto es lo que ella afirma que le dijo Benjamin en sus últimos instantes (¿enfermo del corazón?, ¿exhausto?, ¿vigilado, quizá?). “Benjamin me confesó que la víspera por la noche, hacia las diez, había ingerido grandes cantidades de morfina y que yo debía tratar el asunto como una enfermedad. Me entregó una carta para mí y para Adorno, y luego perdió el conocimiento… Llamé a un médico, que hizo constar derrame cerebral”, lee el historiador Rolf Tiedemann. Así, ella es el único testigo de la agonía de Walter Benjamin. De su testimonio, y del hecho de que el pensador alemán mostrase su deseo de morir en 1932, nació la versión oficial, la del suicidio. Versión que no todos comparten.

    “Podemos pensar que ella reconstruyó los hechos correctamente, pero no podemos estar seguros”, afirma Bernd Witte, historiador de la Universidad de Düsseldorf. Gurland y su hijo Josep, de 17 años, formaban parte del grupo (unas siete personas) que acompañó a Benjamin en su viaje de huida a través de los Pirineos, por la llamada ruta Lister. Judío asimilado, de familia comerciante acomodada, pensador ecléctico, inclasificable, antiacadémico, izquierdista, amigo de los pensadores de la Escuela de Francfort, filósofo de los extremos; que se ocupó del marxismo, del arte, de Goethe, de los medios de comunicación; considerado una “de las personalidades más fascinantes del siglo XX”, Benjamin había perdido la nacionalidad alemana en 1939, había estado internado dos meses en un campo, buscaba el modo de salir hacia EE UU… Dejó París, buscó embarcar en Marsella. Sin éxito. “Llevaba siete años de exilio. Y aquel 1940, cuando el ejército alemán rondaba por todas partes, cuando sólo Gran Bretaña resistía y Estados Unidos aún era neutral… Las democracias estaban desamparadas, y eso para él, que era un demócrata, representaba una profunda sensación de desconfianza. Benjamin sintió que tenía razón cuando dijo que la historia va hacia atrás como el ángel de Paul Klee”, asegura Stephane Hessel, amigo del filósofo, uno de los testimonios (incluidos los de expertos como Tiedemann, Narciso Alba, Gary Smith, Witte, Stephane Moses…) que aparecen en el filme.

    Tenía Benjamin visados de paso para España y Portugal. “Le faltaba el permiso para salir de Francia, por eso lo hizo ilegalmente”, afirma Tiedemann. Poseía otro para trasladarse a Estados Unidos; saldría en barco desde Lisboa. Pero nunca lo logró. ¿Dinero, chantaje, un hombre enfermo que impide al grupo seguir camino? Al parecer, una nueva legislación en España le impide continuar. Y todo terminó ahí para el gran teórico de la modernidad, en una fonda del centro de Portbou llamada hotel de Francia, hoy Casa Alejandro; especializado en paellas, según reza el cartel. Del resto de viajeros no hay rastro. “Si Benjamin cayó en Portbou no fue por ser importante, sino porque cayó dentro de la maquinaria”, dice David Mauas.

    El director argentino investiga la muerte de Benjamin desde 2001. “Cualquiera que haya estudiado comunicación, arte, cine, traducción, lenguaje o pensamiento filosófico se topó alguna vez con Benjamin. Mi primera incursión, en la Academia de Artes de Jerusalén, fue a través de La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica, texto obligado y clave a la hora de intentar aprehender el destino de la realización artística como resultado del progreso tecnológico”, dice. Cuando se traslada a vivir a Barcelona y descubre que el filósofo está enterrado unos kilómetros al norte, nace su obsesión por saber lo que realmente sucedió.

    ¿Se suicidó? ¿Enfermó? ¿Fue asesinado por ser judío en una época en que los nazis campaban también por España? “Lentamente fue cristalizando una figura clara. La muerte de Benjamin en Portbou no era sólo el fracaso de un personaje ilustre, sino la representación de toda una generación de refugiados que intenta salvarse del nazismo. Pero también eran las heridas de una guerra fratricida, la ocupación, las represalias, la corrupción… Tenía ante mí la posibilidad de trazar la confluencia de dos encuentros violentos que marcaron el siglo XX: la II Guerra Mundial y la Guerra Civil”. Así, el equipo de Medianimación y Milagros Producciones se puso en marcha. Ruedan en Berlín, en París…, y en Portbou durante 20 días de septiembre de 2004: “Colaboró todo el pueblo”. Hicieron la película como “en piezas de un rompecabezas que van coincidiendo…”. Y en un momento dado, Mauas se da cuenta de que no hay documentos tangibles que prueben nada: “Nadie ha visto nunca ninguna carta de suicidio, aunque la señora Gurland le diga a Adorno: ‘He aquí lo que Benjamin me entregó”. ¿Existe algún original que lo demuestre?, va preguntando Mauas a unos y a otros. “No, no”, responden otros y unos.

    “Y comprendo que es igual de valioso el testimonio oral de un vecino que el de un investigador que se basa en un documento… inexistente”. Nace el título de la película, Quién mató a Walter Benjamin… “Sabemos que no hay respuesta, que no se trata sólo de reconstruir una muerte; que el juego es ver qué pasa en el camino, qué es lo que descubrimos, retratar el escenario del crimen…”. Portbou se convierte así en protagonista del filme.

    Por boca del médico Santiago Vancells, del forense Narcís Bardalet, del aduanero Francesc Rosa –“¿nazis en Portbou?, ¡noooo!”–, del historiador Alfons Romero –“investigar el pasado sigue siendo difícil; abundan los expedientes desaparecidos, las puertas de instituciones cerradas…”–, de vecinos como Lluís Novel, Marian Roman, Nati Peral, Anna Caixas, Simò Granollers o Pere Calderer, sabemos de la existencia de algunas personas fundamentales en esta historia. En el Portbou de antaño vivió Juan Suñer, dueño del hotel de Francia –“preparaba las mejores patatas fritas de Girona”–, quien tras la derrota nazi partió a Venezuela; de un cura franquista, mossèn Freixa, que cobra 93 pesetas por cinco años de alquiler de un nicho para Benjamin, el 563 –“si hubiera sido suicidio no lo habría dejado enterrar en tierra sagrada, sino al otro lado con los apóstatas y proscritos…”–; de alemanes que pululan aquí y allá –“camuflados como agencia de transporte o aduanas”–; de dos médicos, Pedro Gorgot y Vila Moreno –“coincidían a comer en el hotel Comercio y se insultaban, siempre a la greña…”–. Se sustituían uno al otro. Benjamin murió en jueves. Y el doctor Vila Moreno se marchaba a Figueres cada jueves. ¿Se encargó entonces Gorgot del extranjero enfermo? Sí. “El doctor Gorgot era hombre de mucho carácter”, recuerdan dos jubilados, Josep Valls y Pere Roura. “Era jefe de la Falange”, dice otro. “Había al menos un funcionario de la Gestapo en Portbou, controlaba e informaba sobre los que pasaban”, señala un historiador. “Había control férreo de todo el que llegaba”.

    Una factura de hotel a nombre de Benjamin resume los gastos de su trágico paso por Portbou: un total de 166,95 pesetas. Así desgranado: “Cuatro días de habitación, cinco gaseosas con limón, cuatro conferencias telefónicas, farmacia, vestir difunto, desinfectar, lavar colchón, blanquear”. El doctor Vila firma el acta de defunción, el 27 de septiembre. Hay también un recibo médico: “75 pesetas por cuatro visitas, inyección, toma de presión arterial y sangría al viajero don Benjamin Walter”.

    “Yo iba con mi madre al mercado y vi pasar una camilla. El muerto iba tapado con una manta y se le caía el brazo, estaba aún fresco; se paraban, metían el brazo dentro y seguían camino al cementerio”, recuerda Calderer. Todo, concluye la película de Mauas, se hizo rápido, sin seguir los procedimientos, como si se quisiera tapar o blanquear lo sucedido. Suñer muere en 1981; Vila Moreno, en 1962; Freixa, en 1949; Gorgot, en 1972. El hijo de Gurland no recuerda. Los que podrían aclarar la muerte no lo hicieron. “Quisiera ver con los ojos que vieron”, asegura Mauas. “Pero buscar y no encontrar también es una respuesta”, concluye.

    Walter Benjamin está siempre presente en el filme, aunque su imagen apenas aparece. Habita en otros, en sus recuerdos o su imaginación; en el deseo de los visitantes que llegan hoy a Portbou y preguntan por el monumento al filósofo. Se titula Passages. El artista judío Dani Karavan lo construyó en su memoria: unas escaleras que van a dar al mar y hablan de horizontes y viaje. “En un buen cuento siempre encontramos algo que pueda servirnos”, dejó escrito Benjamin para la posteridad.

    ‘Quién mató a Walter Benjamin…’, 6 de octubre. Institut Français, Barcelona.

  2. Ya lo dije (amigos). Donde estàn Cafeina y sus amigos? Aqui Serna se queda solo. Te abandona la izquierda Serna!

  3. Cafeína, por favor, repórtese. Tómeselo a broma. No me gusta lo que dice pedete, pero su solo nombre ya sirve para desternillarse…

  4. Mire Justo, Cafeíana es joven y apasionada y se está hartando de esta gente. La paciencia que las canas y la vida nos han dado a nosotros, ya la irá adquiriendo ella.

    Voy volada hoy y no puedo comentar nada a su, como siempre, estupendo artículo, sí felicitarlo y mandarle un abrazo y el deseo del mejor día para usted. Igual comento a las doce de la noche, como tantas otras veces y me quedo ahí, como última voz. El caso es que el blog sigue creciendo. Eso es lo que importa.

    Lo dicho, un abrazo.

  5. Como siempre atinadísimo. Sólo una cuestión, ¿por qué utilizar la expresión «derecha extrema»?, ¿acaso no sería más exacto referirinos a esa extrema derecha que cohabita en el PP? Por cierto, sería interesante debatir si es más «beneficioso» que la extrema derecha esté integrada en el PP o que se separe y se presente como un partido político más, una vez salvado el escollo de aceptar las reglas democráticas.

    Saludos

  6. Para regresar hay que haberse ido. Que yo recuerde, nunca me he ido de aquí. Para mí es un privilegio este lugar de encuentro y de reflexión que nos regala el señor Serna.

  7. Inteligente comentario, Júcaro. El PP bien centrado sería un referente que haría quizás recuperar por entero al PSOE que en estos momentos suple en parte al centro— su identidad de izquierdas . Por otra parte, la extrema derecha, representada por una siglas concretas produciría una transmigración en masa desde las filas del PP. Sería un experimento interesante, pero que acaso redujera este último partido, Ley d’Hondt mediante, a la mirad de escaños con que cuenta ahora.

  8. yo tampoco me he ido, a pesar de mi ausencia unos días, Granada sigue tan bonita como siempre y no podía no visitarla a la entrada del otoño (sí, es una cursilada pero estoy tan melancólica…jajaja). La única Tercera Vía que conozco yo es la cinematográfica, lo siento, y pido dsiculpas por eso, pero se que también estuvo relacionado con Fraga por los asuntos de gobierno y tal entonces, ya que cine y gobierno andaban de la mano (así estamos hoy por hoy…).

  9. Miguel, si el PP se centrara, ¿el PSOE podría recuperar su identidad de izquierdas? Creo que la dinámica electoral no va en esa dirección. Ambos partidos refuerzan su retórica radical,pero buscan el centro.

  10. Quizá tengas razón, porque el PSOE tiene un tapón a la izquierda, IU, y le va bien en la actual tesitura rosa, pero sí que se produciría una fuga de la extrema derecha hacia ese hipotético nuevo partido que a mí me parece posible viendo la proliferación de plataformas y organizaciones de ese signo, que jalean las actuales posiciones del cuarteto Acebes-Zaplana-Losantos-Ramírez. Un partido de extrema derecha, como parece que se configura en la derecha extrema del PP, con un discurso xenófobo, cambiaría todo el equilibro actual.

  11. Seguir rezando. Poned velitas a la virgen. Bajo las actuales circunstancias no hay ninguna posibilidad de crear un partido de extrema derecha en España, porque sencillamente no hay mercado. Todos los intentos de Felipe de imitar la estrategia de Miterrand fracasaron. Es más, si en España hubiese un partido de derecha extrema, terminaría recogiendo la mayoría de los votos en los feudos habituales de la izquierda.

    “…TRANSMIGRACIÓN EN MASA DESDE LAS FILAS DEL PP……”
    ¡ ¡ ¡Qué poco conocéis al electorado del PP!!!
    Los “hijoputas” que votamos al PP no nos dejamos engañar…. Los electores del PP somos los mejor informados. No tenemos reparos en comprar EP y oír la SER y contrastar opiniones.

  12. Bueno, eso quiere decir que la extrema derecha está cómoda en las filas del PP y no necesita transmigrar. Emhorabuena, señor inquisidor, pero está muy feo eso de llamarse hijueputa a sí mismo y a sus camaradas….Además debería usted poner «seguid rezando» y no «seguir». Es un imperativo. Usted debería saberlo.

  13. Para que el sistema siga sin contratiempos su andadura hasta el desastre final de una manera lenta, no puede ir acompañado en el gobierno todavía por la extrema derecha.
    Eso ocurrira cuando la globalización cumpla sus objetivos expansionistas en al menos varias décadas.
    Para reprimir los deseos de bienestar a los que se les ha abierto las puertas del paraíso, se necesitarán exterminadores de toda calaña.
    Y los exterminadores acaban por eliminar a sus propios instigadores.
    El General Franco acabó con la CEDA, Falange, Requetés, Estat Catalá, Vidal y Barraquer, la Lliga y Cambó, D. Juan…..

  14. Mis queridos ¿amigos?.Les leo,me asombro y me confundo.Siempre estoy confundido y asombrado,como saben los pocos que me leen.Es mi sino.Algunos no creen en el sino de la gente, en el sinsaber.Yo si.
    Fraga fundó A.P. creyendo ( no sin razón) que su España era de derechas.Pero Fraga no sabía (con lo mucho que creía saber), que en España también existía la izquierda y que era (éramos) mucha gente.Y no lo sabía porque pensaba (Fraga pensaba) que la izquierda la había aplastado su Gran Mentor.Ni su Gran Mentor ,ni el mismo Fraga sabían ni de la misa,la mitad.La izquierda existía.Suárez lo supo y por eso fue arrojado a las tinieblas exteriores de la política española,en cuanto ya no les sirvió para lo que le querían los de siempre.Felipe González le sucedió en ese sinvivir de la política española y fue aplastado por algo que la derecha española conoce muy bien y practica mejor:la corrupción.
    Aznar se apropió del discurso que inició Fraga en A.P. y que le sirvió en bandeja el fundador.El P.P. no es más que la A.P. de Fraga puesta al día.Le faltan los siete magníficos, (los dinosaurios se extinguieron en el Cretácico o vete a saber cuando).
    A ZP, que es un radical, no un socialista,le viene grande el Estado,con un gobierno que reina pero no manda como exigen los cánones.Es un intelectual y acabará sus días como Kerenski.¿Quién le sucederá,Kornilov,Lenin o Putin?

  15. Sr. Serna He leido,ahora,parte de sus respuestas en el comentario del 6/10/06.Veo que coincido con usted en considerar a Zapatero un radical.No es un socialista y si lo es,no lo parece, lo que no sé si es peor o mejor,quizás sea igual.Claro que, en este momento, a muchisima gente le da igual que sea radical,socialista o vendedor de periódicos.Lo que quiere es que no le aumenten la hipoteca,tener un empleo más o menos fijo,un sueldo por encima de los mil euros,irse de puente,beberse dos tragos,fumarse tres porros y que no le haga soplar la poli.¿Vive (si,vive) la revolución?.No sé, no sé.

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