Los escombros de la Terminal

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0. Hoy es un día de reflexión y de rabia…  

Quienes pueden matar porque carecen de escrúpulos y porque disponen de armas han acabado por accionar su perfecto detonador. Los demás asistimos con decepción al déjà-vu, a algo ya visto. Los bárbaros del Norte sólo parecen entonar un lenguaje prepolítico: los vemos incapaces de articular un discurso auténticamente político. En marzo de 2006 hubo un momento de esperanza en aquellas palabras que se pronunciaron ante las cámaras con txapela y pasamontañas. Sabíamos de la pobre retórica expresiva de la que son capaces, pero queríamos apreciar un cambio de vocablos, unas voces duras pero negociadoras. Una negociación es una cesión o transacción en la que cada una de las partes espera obtener algo, sólo excepcionalmente todo.  Esas partes presionan, farolean, amenazan con retirarse, estratagemas o movimientos de los que sacar provecho. Pero uno no va a esta o a aquella  negociación con la expectativa de practicar un juego de suma cero, con la esperanza de ganar todo para derrotar completamente al adversario. Si espera tal cosa, entonces debe mantener la contienda: es cuando se dan las circunstancias para eliminarlo o, al menos, para desarmarlo (que es lo que recomendaba Von Clausewitz).  

Si se negocia, entonces el provecho de ese juego será sólo una suma variable. Pero cabe otra posibilidad: que la violencia sea sólo el capital de que valerse, que los atentados no sean su guerra particular sino el único aval. Éste parece ser el caso: no es que no se sepa negociar, es que sólo se cuenta con ese recurso y, por tanto, tarde o temprano se hará uso de él. Rodríguez Zapatero hizo una declaración fantasiosamente optimista el 29 de diciembre y al día siguiente estallaban los explosivos en la Terminal de Barajas. Todas las posibilidades son desoladoras: o tenía poca información sobre lo que podía ocurrir; o sabía qué podía ocurrir pero quería frenar al enemigo con unas palabras que comprometen. ¿Inconsciencia, huida hacia adelante, estrategias y retóricas de una negociación que no ha acabado? La efigie del Presidente no sale bien parada, pero de cara a la ciudadanía el sermón  de Rajoy no queda mucho mejor: ¿no decía una y otra vez que el Gobierno había cedido? Tiene razón el líder de la Oposición cuando dice que con gente así no se puede negociar verdaderamente: son poco fiables (en cualquier momento pueden accionar sus detonadores). Pero si ha habido un atentado es porque el Gobierno no ha hecho abdicación de sus responsabilidades.   

José Antonio Zarzalejos firmaba el domingo pasado una Tercera de Abc en el que arremetía contra Rodríguez Zapatero. Le reprochaba –como viene siendo habitual— el inicio del proceso de paz, sus conversaciones con los terroristas, su disposición a negociar. Todo ello, para Zarzalejos, es ejemplo de dejación moral, de desarme frente a unos violentos que no han pedido perdón, que no han entregado las armas, que no han hecho muestra ostensible de hacer propósito de enmienda. No está nada claro que en un proceso de estas características deban cumplirse previamente esos requisitos: perdón, entrega de armas y contrición. Ojalá se cumplieran, pero si así fuera, entonces no haría falta sentarse a hablar de nada. Lo principal lo habríamos conseguido: que se desarmaran y que no volvieran a amenazarnos. Los grupos que emplean la violencia intimidan mientras pueden y, desde luego, no se conoce caso alguno en que se lleve a cabo un armisticio o paz negociada entregando previamente lo que sirve a esa parte para envalentonarse y amenazar. Eso, sin embargo, no significa que deba cederse a lo que éstos piden. La prueba de que la negociación no ha significado la entrega o sumisión del Gobierno es que los violentos no están contentos. Nada contentos. Si a los pocos meses de empezar se hubieran puesto a tirar cohetes de alegría, quizá eso habría significado que habían conseguido lo que querían. Por lo que parece no es  así.  

Paso a reproducirles el artículo que firmé en Levante-EMV cuando se proclamó el alto el fuego.  

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1. El lenguaje de Eta

Justo Serna

Levante-Emv, 24 de marzo de 2006

Hay algo de cruelmente folletinesco en el terrorismo y en su lenguaje, con esos héroes aclamados por su pueblo y con esos villanos que siempre vienen de fuera, ajenos, auténticamente forasteros que pretenden usurpar lo nuestro, lo propio, lo que siendo de la tierra es objeto de latrocinio. En La estrategia de la ilusión, Umberto Eco mostró con minucia y reflexión cuáles eran las toscas incongruencias, el delirante ejercicio, en que incurrían las Brigate Rosse para justificar sus actos violentos forzando la lógica y quebrantando cualquier sentido. Mostró también en qué se basaban sus presuntuosos y burdos manifiestos, unos conceptos cuyo significado original había sido expropiado hasta volver irreconocible su semántica universal. Mostró, en fin, lo cercano que estaba el discurso de los terroristas italianos a los códigos del folletín. Los brigadistas se revestían de un lenguaje leninista, se dotaban de un léxico aparatosamente marxista, salpimentado con vocablos modernos. Bien mirado, todo era muy antiguo: sus declaraciones y sus justificaciones tenían la forma de un cuento viejo y sangriento. Se asemejaban, concluía Eco, a un folletín de justicieros venidos para reparar antiguas heridas, un romance malogrado y mil veces leído del que podríamos carcajearnos si esa fábula no hubiese sido escrita con tanto padecimiento, con tantas laceraciones.   

Durante mucho tiempo, los etarras se han valido de un lenguaje tercermundista y anticolonial, un léxico que mezclaba el izquierdismo más extremado y un etnicismo arcádico, un vocabulario entre delirante y juvenil. Durante mucho tiempo, nuestros bárbaros del norte se supieron jóvenes y no les faltaba el sentimiento del júbilo porque el cataclismo que provocaban les robustecía. Al destruir lo que juzgaban secundario, su quirúrgica amputación simplificaba el mundo mal hecho, el mundo que les tocaba vivir, ese por el que sentían un gran desengaño. Estaban convencidos, en fin, de que dicho desastre devolvería a la sociedad su primitiva o su oculta o su futura armonía. No se preguntaban sobre lo que fuera a reemplazar lo destruido y se exaltaban con el goce del abismo, con el vacío que producían. No se dolían ni se lamentaban ni se explicaban verdaderamente, porque sabían que no les incomodaban ni la conciencia ni el razonamiento: simplemente, practicaban la violencia, esa quirúrgica amputación, de manera grandiosa y expresiva, dispuestos a sacrificarse bajo las llamas humeantes de una fiesta destructiva. 

Ahora, los terroristas decretan un alto el fuego permanente. Nos perdonan la vida, vaya. Es nauseabunda esa actitud, pero les pido que no se dejen llevar por el lógico repudio. Lean el comunicado y observen el nuevo léxico. Junto a enunciados etnicistas, tan característicos de la fase prepolítica de los movimientos anticoloniales, hay un lenguaje político: democracia, justicia, etcétera. Ya sé que pronunciados por estos gudaris, esos vocablos pierden todo sentido recto. Pero que se valgan de un léxico institucional para justificar su alto el fuego o, mejor, su derrota militar, es un avance considerable. Nadie que se sienta fuerte y armado abandona la violencia. Nadie que no esté moral, ideológica y políticamente derribado acepta pronunciarse así. Las concesiones al etnicismo, los llamamientos a los Estados español y francés, la petición de que cese la persecución policial, son debilidades o faroles. Ojalá nuestros representantes, del Gobierno y de la Oposición, sepan enfrentar la nueva situación y sepan administrar sus recursos. Los ciudadanos lo exigimos.

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 2. Desolador, la Tercera que hoy firma José Antonio Zarzalejos en  Abc. Pide, reclama otra vez una moción de censura. Resultan significativos los epítetos que le dedica. Extractos: A. Rodríguez Zapatero obra… «como si de un autista  se tratara», «con un rostro marmóreo»,  «inconmovible»,  «pecando de altivez», actuando como «un político temible, poseído de una soberbia cegadora e inabordable intelectualmente desde los más elementales argumentos de conservación de la integridad del sistema democrático. Todas sus iniciativas -ésta del proceso es la más grave- surgen como ocurrencias geniales, como grandes hallazgos, para derivar después en gravísimos problemas políticos que le restan todo margen de maniobra».

B. «La intervención de ayer del presidente -cuando todos los ciudadanos sensatos hubiéramos querido que así no fuese- resultó aflictiva, es decir, desoladora, porque provocó una inquietante sensación de orfandad política».

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3.  Arcadi Espada hace hermenéutica de un editorial. Es frecuente que el profesor de periodismo de la Universitat Pompeu Fabra dedique su blog a hacer publicidad semántica de El País («que hablen de mí aunque hablen bien», dirán en Miguel Yuste), a examinar las palabras del diario socialdemócrata. Así lo llama corrientemente.  Habla también de Rodríguez Zapatero.  Una de las cosas más significativas del periodismo de nuestros días es la designación con la que los columnistas se refieren al Presidente del Gobierno. Unos, como Jon Juaristi,  le suelen llamar Rodríguez; otros, como Arcadi Espada, le llaman el Adolescente. Esto es lo que pasa: hay prisa, faltan lecturas y, por eso, sin  informaciones suficientes (¿»queremos saber»?),  algunos columnistas hacen  de hermeneutas y de Bautistas…

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4. Jon Juaristi

A Jon Juaristi lo conocí en Valencia hacia 1998, justamente cuando el escritor vasco estaba pasando una estancia en nuestra Universidad bajo el amparo de la Fundación Cañada-Blanch, una estancia en la que impartía docencia sobre los nacionalismos. Se hospedaba en el Colegio Mayor Rector Peset y en aquel recinto empezó, creo, su devoción por nuestra ciudad. Fueron unos encuentros cálidos. En repetidas ocasiones, varios compañeros quedábamos con Jon para ir a cenar o para tomar copas, pero sobre todo para debatir, para reflexionar o para bromear, para hablar de naciones o de libertades personales, para declarar nuestro amor inextinguible a la literatura… de Borges.

Recuerdo aquellas veladas con una sensación muy agradable: yo descubría a una persona algo tímida (uno de los míos, pues), pero sobre todo llena de ternura, de sensibilidad, de inteligencia y de inacabable cultura. Me impresionaba, claro, la odiosa, la criminal persecución de la que era objeto. Él y otros profesores vascos habían abandonado o lo estaban haciendo en ese momento la docencia en su propia Universidad. Se les hostigaba, pero sobre todo se les amenazaba, y la vida en Euskadi simplemente se les había vuelto insoportable, imposible. ¿Cómo regresar a una tierra de la que te has alejado durante meses para impartir clases en Valencia, una Valencia benigna, agradable? ¿Cómo regresar a un país en el que todo es arisco y amenazante, en donde hay muerte, extorsión e infidencia?

Recuerdo que nosotros le transmitíamos nuestra solidaridad, algo bien sencillo, claro, en una tierra, la nuestra, en la que la dulzura de vivir nos hacía cómodo, muy cómodo, nuestro respaldo, nuestro aval: no es una chifladura defender lo que defiendes, le decíamos: es de justicia, de razón. Evidentemente no necesitaba que nosotros le recordáramos eso, pero oír que los amigos de Valencia te prestaban dicho apoyo era un lenitivo para seguir. Como también lo fue y en grado superlativo la concesión del Premio Nacional a El bucle melancólico, un volumen editado meses antes. Recuerdo la felicidad personal, incluso egoísta, que yo mismo sentí cuando fuimos a festejar con Jon esa recompensa: era uno de los nuestros, reconocido bajo mandato del Partido Popular.

La estancia académica acabó y Jon Juaristi tuvo que regresar. Poco tiempo después aceptaba ser director de la Biblioteca Nacional  para escándalo y repudio de ciertos intelectuales y políticos de izquierda que le reprochaban su colaboración con los populares. Él argumentó que ese empleo no era exactamente político y que, en todo caso, era un cargo de alta gestión cultural, un puesto de enorme responsabilidad… En nuestra ciudad hubo gente que nos reprochó, a quienes consideraban los camaradas valencianos de Jon, su trayectoria. Recuerdo que una amiga tuvo el coraje de publicar en El País una tribuna en la que defendía con ardor y con discernimiento  la legitimidad y la oportunidad de que Juaristi accediera a dicho empleo. “Lo que merece atención y satisfacción”, decía en su artículo, “es, precisamente, el hecho de que gente que no somos de derechas, ni lo seremos nunca, podamos reconocernos vital e intelectualmente en el nuevo director de esta biblioteca nacional y que, además, ese director sea un investigador especialmente capacitado para el cargo que ocupa”. Tenía toda la razón.

Y, sin embargo, lo que vino después me fue desconcertando progresivamente. Y no me refiero a la colaboración de Jon Juaristi con el PP, a su cerrado apoyo a José María Aznar, apadrinando, por ejemplo, el libro que el ex Presidente firmara después de dejar el Gobierno. No me refiero al respaldo que diera a la colaboración de los ‘constitucionalistas’ en el País Vasco. A lo que aludo es a algo más extraño: al deterioro progresivo de su buen humor. Cuando estuvo en Valencia, ya estaba amenazado y perseguido, pero lo que yo le leía rezumaba guasa e ironía.

Jon Juaristi, que siempre fue un maestro de la socarronería culta, lo veo cada vez más como víctima de un sarcasmo desgarrado que no anuncia nada bueno. ¿Atribuible a la odiosa persecución de que es objeto por los terroristas? Yo creo más bien que el humor se le ha avinagrado por completo pero no por esto, sino por su cercanía intelectual a José María Aznar. En realidad, lo que le leo de un tiempo a esta parte es una defensa explícita o implícita del ex Presidente, defensa a la que tiene perfecto derecho habiendo sido él mismo director de la Biblioteca Nacional y del Instituto Cervantes. Pero es también un repudio a veces insultante del nuevo Gobierno, de su actual Presidente, de sus ministros, bromeando con desgarro y haciendo gracias con los nombres y  las personas de los mandatarios. Es evidente que la guasa punzante y zumbona forma parte de la escritura y que en ese ejercicio de estilo que Jon Juaristi practica no hay nada que no dicte alguna de las tradiciones periodísticas. Lo leo cada domingo en Abc y la decepción es creciente, pero no tanto por sus ideas, alguna de las cuales puedo suscribir, sino sobre todo por su entrega frecuente a la chirigota ofensiva.

Yo había leído con placer y con reparos El bucle melancólico, como leí después Sacra Némesis, su continuación, creyendo ver en ambos libros un género híbrido muy bien resuelto: algo de historia, algo de biografía, algo de filología, algo de antropología y, por qué no, algo de psicopatología de lo vasco. Tiempo después devoré La tribu atribulada y ya quedé desagradablemente impresionado. Todo el libro tenía un gran deje de amargura, un dolor incurable, un reproche infinito, un rencor inextinguible hacia un país, una gente, un par de generaciones que habrían doblegado moralmente a unos y a otros. Pero lo que me desagradó no era ese dictamen, sino  el sentimiento de impotencia con que Jon expresaba esa crítica, un sentimiento que podemos compartir pero que a él le llevaba a proferir insultos innecesarios y poco efectivos, casi infantiles, como llamar a ‘Ana Sagasti’ a Iñaki Anasagasti o ‘Guardaovejas’ a Arzallus, etcétera.

Lo que en La tribu atribulada era un rasgo de estilo, algo que en volúmenes anteriores sólo estaba levemente apuntado, es ahora en sus colaboraciones en Abc un tic constante. Leo sus artículos, de los que siempre aprendo algo, y no creo reconocer a aquel Jon Juaristi que se entregaba a la broma y a la socarronería sutil. Y la verdad es que lo lamento, y lo lamento porque lo que en el escritor vasco aún es el escarnio medido, en sus seguidores más brutos es ya insulto. Y es eso, el estrépito verbal, la deriva retórica más lamentable que está teniendo la democracia de nuestros días. ¿Es posible la crítica política sin ultraje? Jon, tú puedes hacer pedagogía sofisticada entre tus lectores y no abandonarte a apelativos injuriosos o a sarcasmos agraviados. Ya sabes que Borges defendió el refinamiento en el ultraje verbal: lo que no postuló fue una literatura del insulto.

 

  1. Serna: para criticar a ETA tienes que meterte con Espada y Juaristi? Y encima hablas de ellos como amigos!

  2. Pues yo no veo el problema en el texto de Serna.Es usted Paco, el que tiene el problema.

  3. Ha empezado la carga. O estás conmigo o estás contra mi.

  4. Señor Serna: Felicidades. A pesar de las muertes.

  5. Hay que reconocer que el cese definitivo de las armas era muy suculento bocado. El único culpable aquí es ETA. Pese a que desde el PP y su apéndice, Asociación de víctimas del terrorismo (hay que reconocer que esta organización se ha convertido en simple cuenco de resonancia del PP), no se ha hecho esfuerzo alguno. Zapatero pudo pecar de ingénuo, pero el baboseo medíatico exhibido por Rajoy y su pandilla, era verdaderamente irritante. Creo que todo esto, desgraciadamente va a perjudicar al PSOE inmerecidamente, lo justo sería que perjudicara por igual a ambos partidos

  6. “No está nada claro que en un proceso de estas características deban cumplirse previamente esos requisitos: perdón, entrega de armas y contrición. Ojalá se cumplieran, pero si así fuera, entonces no haría falta sentarse a hablar de nada. Lo principal lo habríamos conseguido.”

    Cuando aún no se encontraron los cuerpos de las víctimas no quisiera hacer otra valoración política distinta que la de agradecer al Presidente el intento de buscar la paz y expresar el deseo de que continúe explorando todas las posibilidades.

    Estimado profesor, usted razona magníficamente, pero sus razonamientos como tantos otros, ¿serán inútiles? Cerramos otro año en el que la guerra venció a la paz, así fue históricamente. La historia de la humanidad está jalonada de enfrentamientos bélicos. Suponía, en mi ignorancia, que estamos en una época nueva y en la que la paz era una valor. Sin embargo acabamos de despedir el año en el que hablar de paz era suficiente para ser descalificado.

    Feliz año de paz para usted y todos sus lectores.

  7. Avatar de Gertraud Tilemann
    Gertraud Tilemann

    En todo ese horror, mi deseo de un magnífico 2007 y de que la paz llegue a todos de una vez por todas.

  8. ¡Enhorabuena¡, La mesura y prudencia de su comentario es ejemplar. He hecho referencia de esto en el blog de Royo-Vilanova.
    En cuanto al diálogo con ETA yo no soy optimista. Para los violentos, y apunto a ETA y a los políticos del PP, y no sólo del PP, que sólo aceptan la derrota por la fuerza del contrario no es útil dialogar.
    Pero afortunadamente estamos en una sociedad democrática donde la mayoría no es violenta.
    Creo que el ÚNICO modo de que ETA abandone las armas es una posición firme y clara de la sociedad vasca.

  9. Gracias por sus palabras en medio de esta circunstancia.

  10. «Para los violentos, y apunto a ETA y a los políticos del PP, y no sólo del PP, que sólo aceptan la derrota por la fuerza del contrario…»

    Sólo puedo interpretar sus palabras, Cash Andra, en el sentido de que ETA y el PP son igualmente violentos. Iguales, pues, la violencia criminal terrorista que la violencia legítima del Estado en la represión del delito.

  11. Mis mejores deseos para este año recién estrenado, aunque ¡vaya manera de estrenarlo!

    Espero ahora a los Reyes Magos, en los que sigo creyendo, porque presumo, Señor Serna, que me van a traer su libro (no me han dejado que lo compre)

    Recibí la noticia del atentado con rabia pero casi con la desagradable certeza de que algún día iba a suceder.
    Zapatero no sé si ha pecado de ingénuo, o fue un acto suicida de confianza ante los etarras, no lo sé, pero entre todos la mataron y ella sola se murió.

    Desconfío de los AVT, perdón, de su presidente, que nada más acuden a los juicios en los que las víctimas son del PP. Ese buen hombre no me merece confianza.

    Quizás algun día se respirará la paz.

    Señor Serna, yo que soy también ingénua. ¿por qué no hacen ningún referendúm en el País Vasco y les preguntan que puñetas quieren?

  12. Siento no haberme explicado mejor.
    Le aclaro que mi valoración se refiere a los políticos, sean del PP o de otro partido, que sólo creen en la solución violenta del terrorismo.
    Creo que era más fácil interprtarlo así que forzar la interpretación que Ud le dió.
    Y SI. Es igualmente rechazable la violencia del terrorista y del estado. El estado debe usar la fuerza, y no es lo mismo.
    Mire, la agresividad está en la naturaleza y es aficaz. Pera la violencia es una desviación de la agresividad. Y es una constante histórica sin excepciones que ningún conflicto social se ha resuelto por la violencia.

  13. Disculpe mi torpeza, pero no entiendo, Cash Andra. Si distingue ahora entre fuerza y violencia y reniega de \

  14. Perdonen, error cibernético.

    Decía…

    Disculpe mi torpeza, pero no entiendo, Cash Andra. Si distingue ahora entre fuerza y violencia y reniega de «la solución violenta», ¿por qué en su texto anterior lo que rechazaba era la «derrota por la fuerza»?

    Y, por lo demás, gracias. Me ha hecho sonreír al leer lo de «desviación». Me ha recordado aquello que decían los curas en el colegio. Ya sabe, la distinción entre libertad y libertinaje…

  15. Para Catón.
    Creo que confunde las churras con las merinas, disculpe esta entrada y a continuacioón le explico:
    La distinción entre fuerza y violencia no tiene nada que que ver con la aserción de que a ETA no se la vence por la fuerza. Son dos ideas sobre temas distintos.
    Rechazo en cualquier caso la respuesta violenta, y por otro lado digo que el uso de la fuerza legal del estado de derecho ni ha sido ni será eficaz para acabar con ETA. No tengo tiempo ahora de extenderme en argumentar esto, sólo le propongo que recorra la historia de ETA desde su comienzo y los medios que se han empleado, incluido el estado de excepción dentro de una dictadura.
    Sobre este mismo tema hay abierta una discusión en el blog de Imperialista. En él se intenta defender posturas diferentes a la que yo propongo. Se lo ofrezco.
    Lo que le pueda recordar el término «desviación» supongo que es un asunto muy personal sin ninguna importancia con el tema de mi nota. Pero si lo prefiere puede sustituirlo por drerivación patológica.

  16. ¿Cómo es posible que la presión del terrorismo enlute la alegría? Su reflexiones parecieran estar montadas en una diferencia sustancial dentro de España: la existencia de paises (en el sentido medieval de la palabra) en donde la vida pareciera ser digan de experimentarse y otras donde No. Basicamente estoy de acuerdo con sus reflexiones, pero me preocupa una suerte de alteridad irresuelta en sus planteo. Ahí estan los \

  17. continuo el comentario……

    «…los hombres del norte y su irracionalidad, aquí los que han entendido minimamente el sentido de la existencia. Pero más allá de ello, nunca nos preguntamos cómo es posible la persistencia de los Gudaris y los Comando. Eta siempre está por morir, pero finalmente ataca.¿ Qué es lo que sucede en Euzkadi (otra invención nacionalista para referirse al País Vasco), que sigue dando materia prima para el terror? ¿ Que misteriosos mecanismo se cierne sobre esa sociedad, prospera y desarrollada, para que ETA pueda seguir reclutando?. Mucho más al sur de Valencia, en la Argentina existe un inexplicabe respeto por la portación de apellidos vascos. A pesar de los nefastos personajes que los portaron (Aramburu, Uriburu, Ongania), y la recurrente vinculación con la prosapia oligárquica, existe entre nosostros una arcaica admiración por lo vasco. ¿Tanta fuerza pueden desarrollar los simbolos? ¿Tan fuerte es el nacionalismo?
    Son algunas reflexiones que quería compartir con Ud., ya que es disfrutado mucho su análisis

  18. El diario ABC dirigido por Jose Antonio Zarzalejos Nieto, hijo de Jose Antonio Zarzalejos Altares ha publicado la noticia siguiente: Amigo de Sharon dice que Bush dio permiso para asesinar Arafat

  19. «Los totalitarismos, no buscan oprimir a los hombres, sino hacerlos superfluos» *Hanna Arendt». No me gusta la palabra proceso, que es una palabra coja con la que no se puede alcanzar una paz verdadera. Los totalitarismos

    Para no enrollarme, lo explico aqui
    Bombas, hachas, serpientes

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