¿Qué decir?

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0. Palabras de ayer y palabras de hoy.

Me pregunto qué decir, qué decir en estas circunstancias que no sea injusto o cobarde, que no sea electoralmente aprovechable o manipulador. Leo y releo editoriales y conforme vuelvo sobre ellos me sorprendo por la distinta vara de medir, por el dominio de la imagen y de las percepciones. Decía en el post anterior que estamos ante una democracia mediática: son o forman parte del sistema actual en España y en Occidente la imágenes que cada personaje público desprende y también la declaración que pueda hacer. Pero las imágenes y las declaraciones no siempre son dominio de aquel que habla o de quien se retrata. Buena parte del choque electoral  que padecemos permanentemente es una lucha por la imagen y por la declaración. Los ciudadanos acabamos discutiendo no sobre lo que hace o deja de hacer este o aquel Gobierno, sino sobre lo que este o aquel Gobierno consigue transmitir en medio de una furia mediática. Cuando eso que se transmite está perturbado constantemente por interferencias de los medios, éstos se convierten en ruido que desazona o en guardia pretoriana. Desde hace años, una parte de la prensa española ha adoptado el perfil del periodismo doctrinal, que no institucional. Lejos de examinar los aciertos y los errores, los logros o los fracasos, de este o del otro Gobierno, hay  editorialistas que se expresan como militantes encastillados. Y hay opinadores que con sensatez y buen tino piden la unidad en esta circunstancia. Entre  los editoriales que hoy  se publican (y reproduzco en la sección de comentarios) y los que se publicaron en 1999 hay diferencias. Unos pedían unidad entonces y hoy sólo la consideran como expediente retórico. Adivinen quiénes…  Leo la portada en papel de Abc (6 de junio de 2007): «Eta le revienta la legislatura a Zapatero».

Punto y aparte.

Lean otra vez la cubierta del diario conservador: «Eta le revienta la legislatura a Zapatero». No doy crédito y, sorteando a los columnistas principales del periódico (esos cuya opinión es previsible) avanzo hasta llegar a las páginas interiores. El titular de la primera plana  de la sección de España aclara lo dicho para gran alivio mío: «Eta embarranca el ‘proceso’ y arruina la apuesta clave de Zapatero en la legislatura». Revienta y embarranca. Parecen dos verbos compatibles pero no lo son. Reventar es estallar: la explosión que se produce tras una bomba. Embarrancar es, por el contrario, atorarse, atascarse en el fondo.

Qué pena, qué confusión metafórica. Cómo iba a pensar yo que la prensa culta iba a manejar tan torpemente imágenes incompatibles y tendencialmente realizativas (o ‘performativas’). Desde John Austin sabemos que los enunciados realizativos son aquellos que ejecutan un acto por el hecho de pronunciarse. En principio, yo no creo, obviamente, que emplear ese verbo (‘reventar’) sirva para dar ideas, pero cuando los ‘reventadores’ tienen pocas ideas (como es el caso), cualquier ayuda que reciban será bienvenida.  Hay predicciones falsas que se cumplen, precisamente porque se hacen públicas; y hay predicciones ciertas que por el hecho de comunicarse se incumplen. Fíjense: el titular rotundo y amenazante de Abc tal vez sea una enseñanza que la oposición le presta al Gobierno.  En ese caso, las instituciones se salvan gracias a la clarividencia de una cubierta periodística que equivocadamente yo creía extremista.  

Si las miro desde otro ángulo, sin embargo, las cosas no las veo claras. El Abc es un  periódico de gran tradición y preocupante deriva, tanto es así que alguno de sus principales opositores, como por ejemplo Federico Jiménez Losantos, lo tildan de diario inane. De ser cierta esa acusación, la inanidad habría empezado tiempo atrás. ¿Cuándo? Yo creo que la acusación de Jiménez Losantos es una maldad: que Abc se desangre perdiendo tirada, según apostilla FJL; que esté lejos de sus momentos de esplendor, aquella época en que Rafael Anson repartía abeceína; que su primavera centrista se marchite (según vemos algunos de sus lectores)…, todo ello no es motivo para desesperar. Quizá llegue un día en que, recobrando el pulso literario, sus editorialistas sepan poner las metáforas. De momento, no.

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1. Editoriales y artículos de ayer. La ruptura de la tregua en 1999

 A. El País

Sólo hay un culpable

Editorial, El País, 29/11/1999

LA ORGANIZACIÓN terrorista ETA ha hecho suyo el peor de los pronósticos: la tregua no era una oferta de paz. Su propio comunicado desmiente que hubiera aceptado entrar en un proceso de pacificación; era sólo otra forma de imponer su programa de «construcción nacional» vasca. Y visto que no lo conseguía ni en las urnas ni en las instituciones, ha vuelto al único territorio que conoce: al terrorismo. Menos mal que, ante este lamentable anuncio, todas las fuerzas democráticas, nacionalistas o no, han coincidido al menos en señalar a la propia ETA como la única responsable de la vuelta a la violencia. En contra de la voluntad casi unánime de los ciudadanos, especialmente de los vascos, que han podido al fin vivir año y medio sin atentados.

LA ORGANIZACIÓN terrorista ETA ha hecho suyo el peor de los pronósticos: la tregua no era una oferta de paz. Su propio comunicado desmiente que hubiera aceptado entrar en un proceso de pacificación; era sólo otra forma de imponer su programa de «construcción nacional» vasca. Y visto que no lo conseguía ni en las urnas ni en las instituciones, ha vuelto al único territorio que conoce: al terrorismo. Menos mal que, ante este lamentable anuncio, todas las fuerzas democráticas, nacionalistas o no, han coincidido al menos en señalar a la propia ETA como la única responsable de la vuelta a la violencia. En contra de la voluntad casi unánime de los ciudadanos, especialmente de los vascos, que han podido al fin vivir año y medio sin atentados.

Al error de volver donde solía ETA añade el de pensar que las cosas pueden ser como antes. Año y medio sin atentados ha roto la inercia social que consideraba inevitable la presencia de los terroristas. Si se consideraba improbable su vuelta era precisamente por la imposibilidad de imaginar un pretexto que la justificara. Ante la población en general, pero sobre todo ante sus aliados nacionalistas. Ayer, tanto el PNV como EA dejaron claro que las divergencias sobre el proceso de paz no justifican el asesinato.

En el fondo, las razones esgrimidas por ETA podrían reducirse a una: la gente se estaba acostumbrando a vivir sin violencia, pero también sin concesiones a ETA. Se trata, pues, del reconocimiento de una impotencia. Sin la coacción de los atentados, los ciudadanos se resisten a obedecer: no votan como ETA esperaba e incluso cuestionan la necesidad de esa organización. Y aunque el PNV y EA han hecho grandes concesiones, justificándolas en nombre del proceso de paz, ya no pueden ir mucho más allá sin renunciar a su condición de partidos democráticos. ETA lo sabe y por eso ha dado por cancelado este periodo.

Otras veces, el comunicado ha llegado por carta bomba. En esta ocasión ha elegido una forma más alambicada, tal vez para dejar a sus aliados nacionalistas alguna duda acerca de si deben romper ya toda relación, como se comprometieron si volvía la violencia, o pueden seguir confraternizando a la espera de que ocurra algo. Pero ya se ha visto que la llamada apuesta inequívoca por las vías políticas tenía límites: ETA aceptaba circular por ellas siempre que se le garantizase que lo que perseguía a tiros podría alcanzarlo ahora sólo con la amenaza de volver a disparar.

Tal vez la escasa resistencia con que los nacionalistas se adaptaron al lenguaje y los tópicos del mundo radical -sobre el nuevo marco que supere el estatuto, el ámbito vasco de decisión, la construcción nacional, la territorialidad- convencieron a Mikel Antza de que en dos años el lehendakari sería él. Pero los ciudadanos, en tanto que electores, desmintieron esa fantasía. No hay motivos para no creer a Arzalluz cuando desmiente que su partido firmara un compromiso con ETA. Pero, una vez más, el problema es que los nacionalistas no violentos actuaron de manera que ETA pudiera interpretarlo así. Como ocurrió en su día con los polimilis, que interpretaron que les animaban a seguir, o como en la famosa parábola de los que mueven el árbol y los que recogen las nueces.

En su última propuesta, desvelada ahora, ETA proponía a los demás nacionalistas la convocatoria unilateral de unas elecciones constituyentes a celebrar simultáneamente en las actuales comunidades vasca y navarra y en los territorios vascos del sur de Francia, que conformarían una circunscripción única. Así de fácil; pasando por encima de siglos de historia y por la evidencia de que la mayoría de los habitantes de esos territorios no tiene una identificación única con ese marco. De hecho, no hace mucho, en las europeas de junio, hubo elecciones simultáneas en ellos: las fuerzas nacionalistas fueron ligeramente mayoritarias en Euskadi, pero no superaron el 20% en Navarra ni alcanzaron el 10% en el País Vasco francés.

Por ello hay cierta confusión en la argumentación que ayer expuso Arzalluz citando a Ibarretxe: no es que los resultados electorales alarmasen a Madrid sobre la existencia de una mayoría abertzale. Lo que demostraron es que no resulta posible un consenso sobre bases diferentes a las de la autonomía. La idea de una paz sobre premisas soberanistas fue desautorizada por los electores. Y eso explica seguramente la decisión de boicotear las elecciones legislativas. El brazo político de ETA consiguió, tras la tregua, los mejores resultados de su historia, pero no sólo no pudo imponer un nuevo marco político creíble, sino que se vio obligado a dar su apoyo a la investidura de Ibarretxe. Tuvo que hacerlo porque su abstención hubiera abierto paso a la elección de un lehendakari no nacionalista. Ahora evita someterse a escrutinio electoral tras la ruptura de la tregua.

ETA ha mantenido el alto el fuego más tiempo de los cuatro meses previstos. Lo que ha conseguido en este plazo es que su agenda -presos, soberanismo, territorialidad- sea asumida como normal por todo el nacionalismo: como si fuera su propio programa. Pero le han fallado los electores. La idea de que el pluralismo reflejado una y otra vez en las elecciones es una anormalidad a superar evidencia una visión no democrática e ilusoria: la cosa no cambiará en un horizonte previsible. ETA intenta de nuevo cambiarla a tiros.

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B. El Mundo

El final de un espejismo  La paranoia de ETA pone en evidencia a Arzalluz  

Editorial, El Mundo, 3 de diciembre de 1999

Tras 14 meses de tregua, ETA vuelve a poner fecha al terror, como ya lo hiciera en aquellos fatídicos días de julio de 1997. Hace dos años y medio, las movilizaciones populares no lograron salvar la vida de Miguel Angel Blanco. Hoy, la sociedad española contiene el aliento a la espera del próximo viernes.

Nada y todo volverá a ser lo mismo: la muerte, el dolor, la incertidumbre que la banda armada está dispuesta a traer de nuevo a los vascos y al resto de los españoles.

En un estremecedor relato, titulado Queremos informarle de que mañana seremos asesinados con nuestras familias, el periodista Philip Gourevitch describe los odios ancestrales que desencadenan cíclicamente las matanzas de los Grandes Lagos africanos. La paranoica acción de ETA parece también enmarcada en el mismo contexto de fatalidad y fanatismo que conduce inexorablemente al crimen como método político.

Ante la declaración de guerra de ETA al Estado de Derecho, las Fuerzas de Seguridad deben redoblar su celo y poner todos los medios para evitar el derramamiento de sangre que la banda anuncia eufemísticamente en su comunicado como «más iniciativas concretas».

Pero ETA no sólo anticipa en este comunicado el final de la tregua. Hace un análisis de por qué decidió abandonar temporalmente la lucha armada y de por qué vuelve ahora a la violencia para lograr sus fines políticos. Las palabras de la organización son altamente esclarecedoras de sus propósitos y demuestran que lo que hemos dado en llamar «proceso de paz» no era más que un espejismo. Lo dice la propia ETA al acusar al PNV y EA de «vender insistentemente ante la sociedad un proceso dirigido a la construcción nacional como un proceso de paz». La banda armada veía la tregua como un instrumento para avanzar hacia la independencia de Euskadi a través de un pacto secreto con PNV y EA, que un encapuchado muestra a la cámara en la fotografía que hoy reproducimos en nuestra portada. El precio de la tregua -que no de la paz- era la complicidad de los dos partidos nacionalistas con ETA, relegando a EH a un mero papel de comparsa, para romper con el actual marco constitucional.

Así se explica el tajante desmentido, teñido de falsa indignación, del PNV y EA cuando EL MUNDO reveló estos acuerdos secretos, suscritos en agosto de 1998 y ocultados por los dirigentes de ambas formaciones no sólo a las instituciones y a la opinion pública sino a sus propias bases. No podían sino negar la realidad, ya que el espíritu y la letra de esos pactos ponían en evidencia el doble juego de esos dirigentes, comprometidos a asumir el papel de caballo de Troya de ETA en las instituciones democráticas.

Si hay un responsable de este gran engaño, esa persona se llama Xabier Arzalluz, que, pretendiendo cabalgar a lomos del tigre, lleva camino de acabar devorado por la fiera. El PNV estampó su sello, como muestra el encapuchado de ETA, en un documento en el que se comprometía a romper con los partidos democráticos, a burlar la Constitución y a crear unas nuevas instituciones vascas. Arzalluz, que acusó ayer a ETA de «mentir» sobre las razones que le han llevado a romper la tregua, asegura que el documento exhibido por la banda está manipulado y que el PNV nunca asumió los compromisos que invoca ETA. Pero el dirigente vasco ha perdido su credibilidad. Desgraciadamente, es mucho más verosímil la explicación de la organización armada, que coincide con lo que desveló EL MUNDO y la lógica de los acontecimientos posteriores. Si alguien ha engañado a la sociedad vasca, ha sido el presidente del PNV.

Arzalluz creyó probablemente que podía ser más listo que nadie y que lograría rentabilizar electoralmente la tregua de ETA. Hizo creer a la opinión pública que la banda buscaba una salida digna y que estaba dispuesta a negociar con el Gobierno de Madrid una paz razonable. Y le hizo creer a ETA que el PNV apostaba en serio por la «construcción nacional» de esa mítica Euskal Herria.

Como un jugador de naipes que se lleva el dinero de la caja de su empresa, el líder nacionalista esperaba que las futuras ganancias le permitieran devolver lo sustraído y quedarse con un notable capital. En este caso, el suficiente para convertirse en el árbitro de la situación política en el País Vasco y pasar a la historia como el hombre que convenció a ETA de la necesidad de abandonar las armas.

Pero ha perdido la partida. Sus bazas han quedado al descubierto. La insistencia de los dirigentes del PNV en culpar al Gobierno, durante las pasadas semanas, de una posible ruptura de la tregua se explica ahora: los nacionalistas querían descargar sobre el PP y Aznar sus propios errores. Sabían ya que el anuncio de ETA era cuestión de días, porque la banda había presentado, hace cuatro meses, al PNV y a EA otro documento en el que amenazaba con volver a las armas si no se celebraban elecciones para elegir un Parlamento que representara a las provincias de Euskadi a uno y otro lado de la frontera. PNV y EA no contestaron esta vez a la descabellada pretensión de ETA pero tampoco la desvelaron ni ante la opinión pública ni ante las instituciones del Estado.  

Consciente de que la ruptura de la tregua era inminente, Carlos Garaikoetxea decidió dimitir hace ocho días en un rasgo de coherencia. Ayer supimos las verdaderas causas de su renuncia. Arzalluz, que no ha podido reponer el dinero que se llevó de la caja -la lealtad del PNV hacia el Estatuto de Gernika- y ha dejado en quiebra la empresa de la paz, debe seguir el ejemplo de su antiguo compañero de partido.

Pero, con ser importante una correcta comprensión de por qué han sucedido las cosas, lo esencial es ahora la unidad de las fuerzas políticas democráticas ante los negros augurios de la banda. Ojalá no se cumplan y haya todavía un margen para la paz. Si ETA no recapacita, los que aprietan el gatillo, y sólo ellos, serán los responsables de unas acciones criminales cuya finalidad está condenada de antemano al fracaso. El Estado nunca se va a poner de rodillas ante ETA, lo que convertirá en inutil cualquier derramamiento de sangre.

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  1. Si dijera lo que pienso,rompería el tono educado y politicamnete correcto de este blog.
    Solo quiero recordar que los nazis empezaron así,que en 1993 ganaron las elecciones, y que empezó la aniquilación de judíos,gitanos,comunistas,católicos,democratas,librepensadores,sindicalistas,miltares críticos…….
    ¡Que no se olvide!

  2. Unidad y firmeza, la única respuesta posible

    Editorial, Levante-EMV, 6 de junio de 2007

    El anuncio, por parte de la propia organización terrorista, de que ETA abandonaría el «alto el fuego permanente» a partir de la pasada medianoche no constituye, por desgracia, una sorpresa. Desde 1988, ETA ha anunciado hasta diez veces otras tantas interrupciones de su actividad terrorista y todas han terminado igual: con el regreso a la extorsión y el crimen. Además, no puede hablarse de 439 días de cese de la violencia desde que fue anunciado por ETA el 22 de marzo de 2006, porque en medio se produjo el brutal atentado de Barajas del 30 de diciembre de 2006, con dos víctimas mortales, y se había reanudado la extorsión a los empresarios vascos.

    La violencia etarra es, desde todas las perspectivas que se quiera, la mayor anomalía de la España actual, prácticamente la única realmente grave, porque niega de raíz los derechos fundamentales de la persona, comenzando por el más sagrado de todos, que es el de la propia vida. Hasta que no se extirpe ese mal, no podrá decirse que en España funciona una democracia plena, aunque lo sea en sus leyes.

    La democracia española ha sido inmensamente generosa a la hora de abordar el problema vasco, cuya peculiaridad era, precisamente, la existencia de una organización terrorista sanguinariamente activa. Se tiende a olvidar, por ejemplo, que una de las primeras decisiones de las Cortes surgidas de las elecciones de 1977 fue aprobar una generosísima ley de amnistía, de la que se beneficiaron numerosos etarras encarcelados. Pero ETA, como respuesta, se instaló en el delirio de que todo seguía igual que durante el franquismo y siguió matando y extorsionando. Pese a ello, y acuciados por la enorme trascendencia del problema, todos los gobiernos españoles han intentado, de una forma u otra, buscar, a través de un final negociado, que ETA dejara las armas.

    Uno tras otro acabaron fracasando, pero esos fracasos no restaron a sus intentos una legitimidad que asiste también al realizado por el Gobierno actual y en el que se ha implicado de forma personal su presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. Si en este caso la sensación de fracaso parece mayor, es, seguramente, porque la ruptura llega después de que el propio presidente hubiera despertado unas esperanzas tan excesivas como desproporcionadas. Al final se ha constatado lo que ya se sabía: que es una quimera esperar de ETA un comportamiento leal y que el mundo del radicalismo abertzale carece de autonomía política y no representa otro papel que el de muñecos de guiñol movidos por la misma mano que empuña la metralleta o coloca la bomba.

    Es esa constatación la que indica el único camino posible por parte de un Estado de derecho como el español: la de la lucha implacable, con todas las armas que permite la ley, para derrotar a quienes, teniendo a su alcance todas las posibilidades y todas las garantías para defender sus ideas, optan por la violencia terrorista.

    Esa lucha, por su trascendencia y sus características, reclama una unidad sin fisuras de las fuerzas políticas. No hay ahora en España un asunto de Estado más importante que éste. Los partidos, y de modo especialísimo los dos mayoritarios -PSOE y PP-, deben adoptar una posición común, sin margen para la ambigüedad, que se base en la renuncia inmediata a utilizar la lucha contra el terrorismo, y en particular contra ETA, como elemento de desgaste al adversario político y, mucho menos, como arma electoral. Si ETA, suministrando pretextos, había logrado meter una cuña entre los dos grandes partidos españoles, es preciso extraerla cuando antes y soldar esa rotura con tanta firmeza como notoriedad.

    Los reproches mutuos deben quedar aparcados ante el objetivo principal de presentar al desafío de ETA la respuesta más fuerte posible. Algunas declaraciones de ayer, con los grandes partidos respirando por las heridas frescas de su susceptibilidad, no resultaron demasiado alentadoras. Habrá que esperar que apliquen los remedios para que cicatricen de inmediato. El principal, el sentido de la responsabilidad. Zapatero y Rajoy han adelantado a la próxima semana la reunión que habían previsto para el 21 de este mes. Tienen que ser muy graves los problemas de agenda para que no se reúnan antes. Del encuentro sólo puede salir un acuerdo tan firme como inequívoco de hacer frente a ETA codo con codo. Cualquier otra salida constituiría una enorme decepción para la sociedad española, que, cuando se dispone de nuevo a hacer frente a la barbarie terrorista -y nadie duda de que, como siempre, lo hará de forma ejemplar- tiene derecho a exigir como mínimo de sus instituciones y sus fuerzas políticas, unidad, firmeza y esperanza

  3. Unidad y altura de miras

    Editorial, El Periódico de Catalunya, 6 de junio de 2007

    La banda terrorista ETA ha anunciado, sin decirlo así, que va a volver a matar, y los demócratas debemos estar preparados para ello. La declaración de alto el fuego permanente hecha por ETA el 22 de marzo del 2006 se vio ya bruscamente truncada el pasado 30 de diciembre, cuando estalló un coche bomba en la T-4 de Barajas, que causó dos muertos. Con su habitual cinismo, los estrategas de la banda trataron entonces de hacer creer que la tregua continuaba y que el proceso de diálogo emprendido con el Gobierno español seguía adelante. Pero, lógicamente, y pese a algunos titubeos iniciales, los contactos se rompieron y el proceso fracasó. La novedad ahora es que ETA vuelve al punto en el que estaba antes de marzo del 2006, es decir, con «todos los frentes abiertos», según la siniestra expresión utilizada en el comunicado.

    No hay que perder ni cinco minutos en discutir quién es el culpable de este regreso a la pesadilla terrorista. Solo quienes empuñan pistolas y ponen bombas son los responsables de que exista un anacronismo como es un fenómeno de violencia política en un país plenamente democrático y en el que el País Vasco goza de un extraordinario grado de autonomía. Por lo tanto, lo que toca ahora es la unidad frente a los asesinos y la aplicación sin fisuras del Estado de derecho.

    El error de Rajoy

    Por eso cabe hacer una apelación a los dirigentes del PP, los únicos que han estado en contra del proceso intentado por Zapatero, para que no traten de sacar ventajas electorales de esta pésima noticia. Las primeras declaraciones de ayer del presidente del PP, Mariano Rajoy, en las que fue más crítico con el Gobierno español que con ETA, resultan por ello muy descorazonadoras.
    Se equivocarán los populares si piensan que machacar a Zapatero a propósito de la lucha antiterrorista les garantiza un billete para la Moncloa. Buena parte de la opinión pública sabe que el PP ha exagerado al señalar las supuestas concesiones del Estado a ETA y su entorno. El mismo comunicado de los terroristas demuestra que el Gobierno no ha cedido a las pretensiones políticas de los etarras.
    La situación actual requiere una altura de miras más allá de la batalla diaria y de la estrategia de la crispación. La altura que mostró el PSOE cuando fracasaron los intentos negociadores de UCD y del PP, y también la exhibida por los populares con la tentativa de Felipe González en Argel.

    También los medios de comunicación tienen su parte de responsabilidad en no contribuir a la estrategia de la tensión. Un tratamiento sensacionalista del terrorismo o un empeño en convertir el drama vasco en el centro de la vida política española solo aviva la fractura social frente a ETA. Deberíamos evitar entre todos que la formación democrática de mayorías en ayuntamientos vascos y en la comunidad foral de Navarra se viera interferida por la desastrosa decisión de ETA.

    Defensa del proceso

    Dicho todo lo anterior, es evidente que el Gobierno ha sufrido un fuerte desgaste con su decisión de abrir el diálogo con ETA y que esa erosión se incrementará si los terroristas logran sus infames objetivos. El presidente del Gobierno debe más que nunca ponerse, sin complejos y sin miedo a la oposición del PP, al frente de la mayoría social para resistir la embestida de los asesinos. El Ejecutivo cumplió con su deber cuando creyó, una vez confirmado que ETA había hecho efectivo el alto el fuego, que la paz sin concesiones políticas era un horizonte difícil, pero posible. También lo entendieron grupos políticos, desde Izquierda Unida al PNV, desde Esquerra a Coalición Canaria, que apoyaron la apertura del diálogo.

    El proceso, que este diario apoyó, siempre en los términos aprobados por el Congreso de los Diputados, fracasó en realidad con el atentado de la T-4. Pero desde aquí mantenemos que Zapatero hizo bien en intentarlo, como hicieron bien los anteriores presidentes democráticos. Ha cometido algunos errores concretos que merecen una crítica sosegada. Por ejemplo, transmitir un exceso de optimismo tras los primeros contactos con los etarras o no hablar más claro a los ciudadanos en los momentos críticos del proceso. Pero el PP no se lo ha puesto fácil. La crítica frontal a la política antiterrorista del Gobierno, como nunca se había visto en la España democrática, puede hacer doblar las rodillas del presidente, pero ha introducido un cáncer que este país no se merecía.

  4. Frente al terror

    Editorial, El País, 6 de junio de 2007

    Gobierno y oposición están obligados a dar una respuesta unitaria, sin fisuras y contundente al nuevo intento de ETA de condicionar la vida política española, incluidas las elecciones, mediante la administración selectiva del terror. El comunicado por el que la banda daba ayer por finalizada la tregua de marzo de 2006 (falazmente calificada de permanente) es un desafío intolerable a la ciudadanía y, en particular, a sus representantes políticos. No es momento de rencillas. Sólo la unidad de todos los partidos en torno al Gobierno, máximo responsable de la lucha antiterrorista, puede hacer frente a la voluntad de la banda de destrozar, una vez más, cualquier esperanza de paz. Así lo reclamó el presidente José Luis Rodríguez Zapatero en su declaración institucional.

    Por ello, resultaron especialmente negativas y desalentadoras las palabras del líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, que sólo supo expresar reproches y exigencias de rectificación. Los ciudadanos habrían agradecido del jefe de la oposición una palabra de respaldo a quien gobierna, una sola, en un momento tan desgraciado para todos. Zapatero tenía todo el derecho del mundo a intentar la paz. Recibió el mandato del Parlamento para ello, pero Rajoy no quiso apoyarle. Ni entonces, ni ayer, en una actitud lamentable. Las dudas de muchos ciudadanos honestos están justificadas. Entre la paz y la vuelta al poder, ¿a qué daría prioridad el líder de los conservadores españoles?; ¿mantendrá ahora Rajoy su reiterada acusación de que Zapatero se ha rendido ante la organización terrorista? Zapatero depositó buena parte de su capital político en el diálogo con ETA para intentar lograr la paz. Sin embargo, la banda, con la ruptura del alto el fuego, no sólo machaca las aspiraciones legítimas de un presidente del Gobierno, sino también los anhelos de miles de ciudadanos cansados de la violencia, hartos del terror.

    Tras la ruptura, Zapatero y sus colaboradores deben mirar adelante, trabajar los consensos necesarios con todas las fuerzas políticas y trasladar a la ciudadanía que en La Moncloa hay iniciativa, caudal político y energía suficientes para hacer frente sin dudas al nuevo desafío de los asesinos. Para ello, nada mejor que la actuación firme y decidida de los instrumentos de que dispone el Ejecutivo: los fiscales y las fuerzas y cuerpos de la Seguridad del Estado, quienes, con la fortaleza de la ley, deben actuar con todo el rigor necesario. No es mirando hacia atrás, a los posibles errores cometidos o a las buenas voluntades insatisfechas, como los poderes públicos podrán hacer frente a lo que se avecina. No es descartable que ETA se lance a una fase de atentados continuados, preferentemente contra políticos y cargos electos, como la que siguió al fin de la tregua de 1998-1999. A juzgar por el estilo agresivo del comunicado con el que anunció el fin del alto el fuego (llama fascista a Zapatero y dice que lo único que mueve al PNV es su «hambre de dinero») y por su referencia a que reabre «todos los frentes» (ni tregua en Cataluña, ni indulto de cargos electos), cabe esperar lo peor.

    La banda ha elegido para oficializar su ruptura un momento situado inmediatamente después de las elecciones municipales y a menos de un año para las legislativas. No ha desdeñado la posibilidad de colocar a unos cientos de fieles en los ayuntamientos, pero ni siquiera ha esperado a que se constituyan las nuevas corporaciones municipales. Porque lo prioritario para los terroristas es tratar de demostrar que con la lucha armada y el terror se pueden alcanzar objetivos imposibles sin ella: desde modificar una autovía a la creación de una autonomía vasco-navarra con derecho de autodeterminación.

    En su comparecencia, Otegi admitió que la responsabilidad de la ruptura de la tregua correspondía a ETA, pero añadió que los culpables del «colapso» del proceso habían sido el Gobierno y el PNV. El portavoz habitual de la formación ilegalizada sigue prestándose a avalar las razones de la banda para no retirarse. Es un sarcasmo hablar de falta de igualdad de condiciones democráticas cuando su partido se ha negado a condenar la coacción terrorista. Viene a completarlo la descalificación por el comunicado etarra de las elecciones del 27-M como «antidemocráticas».

    Para desactivar ese intento de condicionar la vida política es condición necesaria la recomposición de la unidad democrática. Ello pasa por el compromiso de la oposición de no utilizar los eventuales atentados de ETA como arma de confrontación. Al Gobierno corresponde tejer las complicidades necesarias para alcanzar un nuevo Pacto Antiterrorista abierto a todas las fuerzas democráticas. Sólo desde la convicción de que unidos somos más fuertes podemos recorrer el duro camino que se abre ante nosotros.

    Ahora, tras la ruptura de la tregua, el único programa antiterrorista es el de la eficacia policial, la utilización de todos los medios del Estado de derecho y la movilización ciudadana. Y en el País Vasco en especial, es el momento de una reacción cívica contra ETA.

  5. ETA y el colapso de la legislatura

    Editorial, Abc, 6 de junio de 2007

    LA razón principal por la que ETA ha revocado el «alto el fuego» anunciado en marzo de 2006 es que considera alcanzados los objetivos que se propuso con su nueva falsa tregua. Los etarras nunca han suspendido su actividad terrorista para dar una oportunidad a la paz, sino para darse una oportunidad a sí mismos, a sus pretensiones y a sus necesidades operativas. ETA ha logrado remontar en buena medida la tendencia de derrota que estableció la segunda legislatura de Aznar y, por eso, diez días después de volver a los ayuntamientos vascos ha hecho público lo que siempre tuvo decidido: que reactivaría la violencia terrorista en cuanto le resultara oportuno. La organización etarra es hoy más fuerte que en marzo de 2004. No es un diagnóstico especulativo. Se trata de una dramática constatación que resulta, simplemente, de contabilizar sus avances logísticos y políticos. Su rearme ha sido incesante, tanto de explosivos como de armas; cuenta con miles de placas de matrículas y de documentación francesa de identidad; ha reorganizado «comandos» en el interior del territorio español. Igualmente, ha conseguido cohesionar a la izquierda abertzale mediante una burla constante a la ilegalización de Batasuna; ha vuelto a las instituciones municipales, desde donde creará plataformas de propaganda, captación, financiación y acoso a los no nacionalistas. ETA ha revocado el alto el fuego porque ya no necesita mantener el engaño de este aparente cese de la violencia. Tiene lo que buscaba.

    Sólo ETA es responsable de cada atentado que cometa a partir de hoy. Nunca una organización terrorista puede encontrar excusa en las decisiones, por erróneas que sean, de un Gobierno democrático. Ni siquiera en las que ha tomado Rodríguez Zapatero. Ahora bien, de la misma manera que sólo ETA debe responder de sus actos, el Gobierno socialista debe asumir las responsabilidades por los suyos. Sin duda, este es el momento de la unidad de los demócratas y del apoyo a las instituciones del Estado en la lucha contra ETA. Pero también es el momento de que, como en toda democracia que se precie, el presidente del Gobierno responda ante los ciudadanos, porque afirmar que Rodríguez Zapatero ha demostrado no tener autoridad moral ni política para liderar la lucha contra ETA no sólo no es debilitar al Estado, sino que es una necesidad democrática y el presupuesto imprescindible para reiniciar una estrategia de derrota de los terroristas.

    La declaración institucional que el jefe del Ejecutivo leyó a media mañana de ayer ratificó sin paliativos que se encuentra en una huida hacia delante. Sus palabras fueron decepcionantes y no se corresponden con las que cabía esperar de un presidente de Gobierno que debe afrontar un desafío terrorista inmediato y a gran escala. Más bien parecieron una reformulación simulada de su obcecación con el proceso de negociación con ETA. Zapatero dio la impresión de que, en efecto, no da más de sí políticamente y ha tocado suelo. Un ejemplo más de su grado de desorientación, de su pérdida de perspectiva y de su incapacidad para reaccionar es el hecho de que ayer, tras haber decidido que por la noche acudiría a dar explicaciones en TVE, decidió a última hora no hacerlo, posiblemente por temor a un deterioro mayor de su imagen, dada su probada insolvencia para dar respuestas convincentes. De hecho, si ETA ha reventado la legislatura se debe exclusivamente a que Zapatero la ha puesto en manos de los etarras. Por eso, el intento desesperado de endosar la culpa al PP por la revocación del alto el fuego, además de un recurso político inmoral, conlleva un ejercicio de cobardía muy revelador de la falta de principios con los que el PSOE abordó la negociación con ETA. El PSOE y el Gobierno montaron el diálogo con los etarras y los batasunos sobre la premisa de la exclusión del PP, tanto cuando los populares estaban en el poder, como cuando pasaron a la oposición. Pedir ahora a Rajoy que apoye a un Gobierno que lo ha marginado siempre que ha podido es, simplemente, un nuevo engaño a la opinión pública.

    Zapatero se debe a la democracia, aunque se haya comportado como si estuviera por encima de ella. Ocultó a los españoles en las elecciones de 2004 que su partido llevaba dos años negociando con Batasuna, pero no dudó en pedir a los ciudadanos que lo apoyaran a ciegas en su aventura pactista con los etarras. Ahora ha llegado el tiempo de que el presidente del Gobierno se someta a las urnas que no pudieron reflejar el parecer de los españoles sobre el proceso de negociación con ETA. Esta era la gran apuesta política de Zapatero para este mandato: una tregua bilateral, pactada por el Gobierno y los terroristas, para desarrollar una negociación de carácter político sobre la autodeterminación y la territorialidad. Nunca fue una ocasión para derrotar a los terroristas y, a pesar de esto, Zapatero la propició y la mantuvo. El fracaso político de la negociación es el fracaso de la legislatura socialista. Pero no hay que engañarse. Si ETA ha roto el alto el fuego se debe no a la firmeza de Zapatero, sino al incumplimiento de esos pactos inconfesos que jalonaron una crónica de deslealtad y ocultación a la sociedad española. La disolución de las Cortes y la convocatoria inmediata de elecciones generales es el único gesto de dignidad que puede realizar el presidente del Gobierno.

    Por supuesto, es tiempo de unidad democrática. Rajoy la ofreció en reiteradas ocasiones. Tantas como Zapatero la rechazó o jugó con ella. Es imprescindible una rectificación estructural de la política antiterrorista, sin perjuicio del llamamiento a las urnas. Y esa rectificación tiene una condición: la de que las personas que han protagonizado y provocado este fracaso que compromete al Estado en su conjunto, asuman sus responsabilidades. Tales son todos los dirigentes del socialismo vasco que actuaron como visionarios y legitimaron políticamente a Batasuna y ETA; es también el fiscal general del Estado, responsable de haber inoculado en lucha judicial contra ETA el virus del oportunismo y la servidumbre política; son los dirigentes del PSOE que durante años han faltado a la verdad, negando contactos con Batasuna, descalificando a los escépticos con el proceso, imputando al PP viles deseos de reanudación del terror; son los responsables políticos del Ministerio del Interior, que «verificaron» que el alto el fuego era «completo y real» mientras ETA metía armas en el País Vasco. Es, por supuesto, Zapatero, incapaz en su alocución de ayer de pronunciar las palabras derrota, Constitución y Partido Popular, prescindiendo de los tres conceptos básicos de cualquier política digna de llamarse antiterrorista. La convocatoria de elecciones generales es inaplazable.

  6. 1. Última esperanza. Tiempo atrás dijimos esto…

    http://www.uv.es/jserna/LevanteEllenguajedeeta.htm

    Levante-EMV, 24 de marzo de 2006

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    2. ‘Lasciate ogni speranza’. Esto dijimos cuando los escombros de la Terminal

    http://blogs.epi.es/jserna/2006/12/31/los-escombros-de-la-terminal/

    Los archivos…, 31 de diciembre de 2006

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    3. El Príncipe de Rodríguez Zapatero

    http://blogs.epi.es/jserna/2007/01/03/el-principe-de-rodriguez-zapatero/

    Los archivos…, 3 de enero de 2007

  7. Esto está feo y el pp no ayuda. Todos con el gobierno de España

  8. ¿¿Qué decir? ¿Qué hacer? Primero, como se dice en catalán, no «atabalarse» porque ante el magma mediático lo que puede pasar es que nos confundamos, trastabillemos y nuestra opinión se caiga rompiéndose la crisma (o el crisma frontal). Segundo, verlo como es debido, desde la radicalización globalizada que hace que FAES, por ejemplo, organice en Praga un acto teatral a Bush donde se propone «la democratización de Oriente Medio y el norte de Africa» al mismo tiempo que se bautiza con el santo crisma de aliados en la nueva Guerra Fría contra el maligno ruso, la nueva Guerra de las Galaxias siguiendo la vía reagano-thatcheriana, nada menos que a Chequia y Polonia, con quienes ya se codea Aznar en un plano gran estadista ante «neocons» compañeros de pupitre europeos:
    La radicalización también es global: Nadie puede esperar que el PP reflexione y cambie de táctica ahora: la cantinela, la letanía, el mot de passe dictado por el emperador es leña al mono hasta que cante, y si no hay terroristas se inventan, como sucedió en Irak. Nada de procesos de paz. Bush quiere desviar su fracaso en Irak y Afganistán inventando un Irán terrorista (que no dispone de missiles de largo alcance) provocando a Rusia con un Escudo nuclear que pretende prevenir un imposible ataque nuclear iraní: Toda la prensa Neocon americana se ha lanzado en picado en defensa del nuevo traje del Emperador. Y aquí, toda la prensa ultraneocon, por no decir fascista, se ha lanzado a pedir elecciones anticipadas haciendo responsable al malo rojo de Zapatero de la ruptura de la tregua de ETA, como antes le responsabilizaban de mantener la negociación: Los mismos absurdos, las mismas insensateces, las mismas posturas ultramontanas dictadas por el fundamentalismo de raíz religiosa que alimenta las políticas del Imperio y sus aspirantes a satélites que intentan ser más aventajados en el servicio que el propio maestro.Todo ello repetido el número de veces preciso «para que sea verdad».
    ¿Qué hacer? Seguir pensando con sensatez, leer cada vez más a los medios con la sana desconfianza del que sabe que están pagados por las grandes empresas globales, las mismas que sostienen económicamente a los partidos políticos, de acá y de allá, y abandonar para siempre el «buenismo» consensualizante de la Transición. De ese modo se perciben claramente las groseras mentiras de unos y otros: Rajoy pactando con los nacionalistas «ahora», olvidando —o queriendo que los olviden los demás—sus dislates pasados, el cutre presidente navarro apoyando «ahora» con pataletas de ahogado a Zapatero en el momento que se juega seguir en la poltrona, Bush dando lecciones de democracia a Putin (que sí las necesita, pero no de él) tras pisotear los derechos civiles en su país y perder estrepitosamente unas elecciones… ¿De qué estamos hablando? De lo de siempre: Ya somos una democracia, el peor sistema de todos salvo todos los demás. Una democracia además pobre y coja, a la que falta la pierna de Montesquieu. Casi como en todas partes, con matices.

  9. Lean éste trabajo colgado en la RED sobre la política del Imperio.

    http://verstrynge.googlepages.com/usa%3Ahaciastalingrado

  10. Me gustaría que Veyrat explicase la relación entre «neocon» y «fascista», ya que la ve tan clara. No sé me huele a la clásica percepción cortocircuitada que pretende hacer ver que los malos de ahora son más de lo mismo. La típica identificación de todos los malos malísimos con Hitler y Stalin. Esquemas repetidísimos de la Guerra Fría.

    Igual me equivoco, pero Neocon tiene una resonancia a estado mínimo y fascismo tiene una identificación con el medio estatal… Quizás es que conviene desdibujar al enemigo, presentarlo sin matices, para que no tengamos dudas de nuestra ¿lucha contra el pensamiento único? Lo cierto es que repetir consignas y lugares comunes, reafirma las conviciones y afianza la conciencia de grupo. Paradigma durkheimiano: la regularidad crea pautas de sociabilidad, es decir, sujeto social.

    ¿Por qué la democracia ha de ser perfecta si está formada por seres imperfectos? ¿No ha repetido Justo hasta la saciedad su materia prima de condición humana? Cada vez me aburre más leer a los comentaristas de este blog, por su previsibilidad y por su falta de imaginación. Sin duda prestemos la atención mínima a los virtuosos que quieren enderezar nuestro fuste torcido. Tenemos derecho a expresar nuestra opinión; pero el derecho a prestar atención es personalísimo e irreductible.

    No sé si volveré a intervenir; Supongo que no me echareis de menos.

  11. Deslumbrado por su imaginación e imprevisibilidad, no puedo, por menos, señor Bonociudad, que desearle “bon vent i barca nova”. Por mi no se prive.

    Pasando a otros asuntos más interesantes, la colección de editoriales que nos propone el señor Serna no deja de ser inquietante: cuando la hipocresía se plasma en un incontrovertible negro sobre blanco – o sea, cuando las palabras no se las lleva el viento – adquieren una contundencia aplastante. Y cuando la torpeza se reitera es aún más doliente.

    Esa doble vara de medir que tiene la prensa conservadora tiene un elemento a abundar y que comparte con la… con la otra: sea cual fuere el sentido de la editorial, siempre se vuelve a los lugares comunes. Ni una idea nueva. Sea para salvar la cara del fracaso del señor Aznar en su momento, sea para atacar o defender al señor Zapatero en el presente, el argumentario siempre es el mismo. He aquí otro de los rasgos de la política española: su incapacidad de “pensar de otra manera”.

    Ante tal esclerosis, me viene a la cabeza las palabras de Tony Blaire “¿cuántos muertos necesita sobre la mesa para ponerse a negociar?”.

    Y es que, conociendo lo que conocemos de la fracasada negociación – que es bien poco, aunque parece que los gacetilleros de este país han estado sentados en la misma mesa que los negociadores – se aprecian todos los posibles errores que pueden darse en una negociación. Lourdes Munduate – que a pesar de su apellido, da clases en la Universidad de Sevilla – tuvo la paciencia de enseñarme, hace unos años, esas técnicas, bastante comunes en los países anglosajones y que en España se desprecian generosamente. Pero esto, vaya, no es del interés de esos periodistas. Ni unos, probos defensores de las torpezas del gobierno, y otros, miserables apesebrados al sueldo de la oposición, plantean en ningún momento dudas o críticas sobre el proceso de negociación. ¡Mucho menos autocríticas! Se repite la cancioncilla que llevo oyendo desde la primera acción de ETA (sólo que ahora maquillada de democracia) y con ella, y con ello, el alma se serena. Como ya sabemos quien son los malos y quienes los buenos ¿para qué más?.

    Don Sebastià García Martínez (q.e.p.d.), excelente catedrático de Moderna en las universidades de València y Murcia, nos indicaba, con su socarrona ironía, que tras las jugadas de Fernando II (de Aragón, por supuesto) que descompusieron las políticas europeas de hegemonía a favor de la Monarquía Hispánica, sus sucesores, hasta nuestros días, convirtieron la política internacional española en un ejemplo: la impericia secular de sus negociadores no ha tenido parangón en el mundo. Y ahora, cuando ya se dirimen los asuntos que requieren especial sagacidad, de fronteras peninsulares hacia adentro, la tónica no cambia.

    Tozudez, falta de ductilidad, de ideas, apriorismos, descalificaciones, crispaciones. En resumen, no saben pactar. Y las negociaciones son para encontrar pactos. Y en ese pacto nos va la paz y el derecho, las bases de la Democracia. Pues no, aquí, los expertos plumillas de la prensa (y la televisión, y la radio, e internet), a lo suyo, a defender lo indefendible y a soslayar lo que se quebró con el fin de la tregua unilateral de ETA: el proceso negociador.

    En Irlanda les costó 2.200 muertos, aquí vamos por 800. ¿Necesitaremos 1.400 más para que nuestra mediocre clase política aparque sus alicortos intereses y comience a trabajar en algo que justifique su número y soldada?

  12. Me parece un analisis muy interesante y lúcido el de Kant sobre los muertos que parece que hacen falta. El periodismo español está mal muy mal y como usted dice se repite la cancioncilla y el alma se serena. Pero debemos preguntarnos la izquierda aberzale cuàndo hará alguna autocritica. Solo Nafarroa bai y Aralar merecen ser escuchadas

  13. Avatar de Miguel Veyrat
    Miguel Veyrat

    «No saben pactar», querido Kant: no «pueden» pactar. Su fundamentalismo se lo impide. Desde esas posiciones sólo se puede imponer el propio criterio, cuanta más batería de gritos —no opiniones—, o de cañones, missiles o napalm, para el caso en que los gritos fallen, muchísimo mejor. Entre ese griterío se van configurando posiciones políticas que tienden al totalitarismo. Quizás para nuestro ex amigo Bonociudad —que con buen viento navegue—, hubiese debido emplear el nombre de neofascistas en lugar de neocons. Aunque desde el punto de vista de la Ciencia Política no puede haber fascismo sin un partido fascista hegemónico, se están configurando en el ámbito global dos grandes bloques neofascitas inspirados por religiones fundamentalistas. Que se conviertan en partidos hegemónicos locales, como en Polonia o Arabia Saudita, el antiguo (o quizás actual) Irán o la antigua España, es cuestión de tiempo. Los historiadores pondrán nombre al fenómeno. La palabra fascismo quizás sea obsoleta para la enormidad que se prepara.

  14. ES que un conocedor del idioma no puede confundir fascismo con nazismo.
    Sabido es que en matemáticas se dice que dos y dos son cuatro, pero solamente eso, se dice; pero un matemático tendría que decir: dos y dos suman cuatro.
    El nazismo fué la ideología y la praxis del PN-SOA y la del facismo ´pués la del Partido Fascista Italiano.

    En España no hubo fascismo en su sentido etimológico, aunque sí influencias y adaptaciones. ¿Se le hubiese ocurrido a Partido Nazi nombrar capitán general de La Coruña a un islámico del norte de Africa como Mizzián aunque les superara en crueldad ?

    Se pueden mezclar las cosas pero sin diluírlas dentro del envase.

    Al amigo Bonociudad le diría que cuando el final del acto dramático se acerca, los espectadores se posicionan, predispuestos por los actores del evento.

  15. Amigo Bonociudad:

    ¡ Vaya estado de ánimo el que les lleva a los denominados neocom eliminar cientosde miles de seres humanos, mantener varios frentes de batalla, intentar hegemonizar el planeta tierra en una sola cultura con el Gran Garrote Vigilando!

    No, eso no es facismo, eso es mucho peor que el facismo, porque la maquinaria de guerra es la mayor de la Historia y esperemos que no el mayor genocidio.

  16. No escribo pero hoy si. Señor Veyrat un periodista como usted sabe que los neocons no son fascistas y que el fascismo es otra cosa. No? Por qué vamos a llamarlo fascismo? Sobre el terrorismo: estoy de acuerdo con el señor Kant sobre la necesidad de explorar las vias para evitar muertos. ya veremos

  17. Verá, don Pedro, los patriotas (que eso quiere decir “abertzales”) los patriotas vascos, decía, ya están haciendo esa autocrítica que lógicamente reclama. Lo hacen, precisamente, a través de Aralar y Nafarroa Bai de manera pública y, probablemente, también existe ya, ahora, dentro del propio ámbito del Movimiento Vasco de Liberación Nacional. Pero, caramba, los políticos españoles (y entiéndase bajo este epígrafe a los que viven de la “res publica”: partidos, diputados, ministros, jueces mediáticos, periodistas, algunas víctimas del terrorismo…) no coadyuvan precisamente el que aquellos puedan dejar sin argumentos a los violentos. Justo al revés. Parece como si cada declaración, acción y propuesta política española estuviera pensada para dejar en ridículo a los patriotas vascos dispuestos al diálogo y reforzara, al mismo tiempo, a sus compatriotas violentos.

    El gobierno se ha sentado a negociar sin ofrecer un frente cohesionado en la vertiente nacionalista española del conflicto, ni contar con más apoyo que los demócratas cristianos en su vertiente vasca. La oposición conservadora ha demostrado un interés ciego y bastardo por recuperar el poder aún contraviniendo todos los principios consuetudinarios sobre los que había funcionado el régimen democrático desde su advenimiento. Mientras unos jueces han obrado de una manera indisimuladamente partidista, otros, cuando han querido ser ecuánimes, se les ha descalificado en su propio bando. La prensa ha actuado despreciando cualquier tipo de independencia y rigor, al dictado de intereses políticos diáfanos. Y, lo peor, algunas víctimas del terrorismo, motor – en otras sociedades y otros conflictos – de sensatez, perdón y reconciliación, han actuado aquí como combustible emocional en la hoguera de inquina y rencor que ha azuzado permanentemente el Partido Popular; a las otras, sencillamente, ni se les ha dado voz.

    Precipitación, miserabilismo político, instrumentalización de las instituciones del Estado, corsariado mediático, indecencia moral… ¿así se sienta ud a negociar con alguien? Esa es la inmadurez que delata esa política y es la que debería ser objeto de revisión.

  18. Justo inicia el texto preguntando “qué decir”, así es, que podemos añadir ante tanta locura. Efectivamente, como apuntaba el 24 de marzo Justo en su artículo: “Ojalá nuestros representantes, del Gobierno y de la Oposición, sepan enfrentar la nueva situación y sepan administrar sus recursos. Tristemente hemos podido comprobar su resultado.

    La verdad, la objetividad y la libertad de expresión responsables fueron por mucho tiempo las piedras angulares de la ética informativa. Pero en los últimos tiempos, bajo el impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación social mal utilizadas ha provocado un giro copernicano hacia la manipulación de la veracidad, el ejercicio irresponsable de la libertad de expresión, el mundo virtual y de las apariencias.

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