La democracia mediática

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El domingo 3 de junio de 2007 leí varios editoriales de distintos periódicos. Dos de ellos coincidían en tratar el mismo asunto empleando para ello el mismo verbo. No es raro que esto suceda: cuando se impone un objeto como motivo de discusión pública, lo normal es que la prensa coincida presentando los hechos, aunque este o aquel diario acaben discrepando en sus valoraciones. ¿Por qué razón se dan estas coincidencias aparentemente asombrosas? Si repiten el mismo verbo o incluso oraciones enteras, no es por plagio, sino porque las imágenes colectivas circulan, así como el sentido común. Los periodistas traducen por escrito lo que son expresiones corrientes sirviéndose también de metáforas que abrevian y dan sentido. Permítanme un nuevo didactismo.

Los editoriales son esos artículos de fondo que por expresar colectivamente la opinión del periódico van sin firma. Imaginemos a un lector habituado a los libros que ignorara qué es un periódico, que desconociera absolutamente los códigos expresivos de los diarios. Casi podemos ver la escena: acomodado en su sillón orejero,  iría pasando las páginas hasta llegar al editorial, corrientemente sin la firma que acredite la autoría.  ¿Qué deberíamos decirle a nuestro insólito lector? ¿Cómo podríamos justificar ese hecho asombroso? Podríamos hacerlo con un breve texto de Karl Marx, fechado en 1843, en el que habla del anonimato en la prensa. “…el anonimato’ forma parte de la esencia de la prensa periódica, por ser lo que ‘convierte’ a un periódico, de lugar de reunión de muchas opiniones individuales, en órgano de ‘un espíritu’. El ‘nombre’ separaría tan firmemente a un artículo del otro como el cuerpo separa a las personas unas de otras, anularía, por tanto, su destino de ser un todo complementario. Por último, el anonimato hace que se sienta más natural y libre no sólo el locutor, sino también el público, al no ver al hombre ‘que’ habla, sino la cosa de la que habla, al convertir a la personalidad espiritual en medida exclusiva de su juicio, sin ser molestado por la persona empírica”.

Exacto, exacto. Cuando un periódico se pronuncia sobre un hecho de actualidad y lo hace bajo la rúbrica de un editorial expresa colectivamente una opinión y, por tanto, sus redactores y, por supuesto, el director comparten la línea básica de esos juicios. Porque un editorial sirve para eso, para enjuiciar: el editorialista –idealmente, el director del periódico— no escribe de lo que se le antoja, sino de lo que el diario juzga relevante, central, de la esfera pública en la que interviene. Decía Hannah Arendt en La condición humana que el auténtico espacio de libertad para el individuo que se constituye como ciudadano es la esfera pública, precisamente. La casa es el ámbito de la pertenencia, no el de la participación; el trabajo es el lugar el homo faber; sólo la esfera pública es el espacio adecuado del discurso y de la acción, de la acción y del discurso políticos en libertad. Idealmente, la plaza pública es el sitio del debate y el ámbito de la acción. Por eso, un editorialista sería algo así como ese atento, despierto interlocutor del ágora que, aupado a una tarima (¿o quizá a un balcón?), sabe de lo que hay que hablar, sabe cuáles son los datos básicos de los que hay que hablar, y sabe cómo hablar para persuadir a su audiencia. No se sube al pedestal para perorar de lo que se le antoja, sino para alertar a sus conciudadanos sobre lo que juzga actual y perentorio. 

Una semana después de las elecciones, Abc vuelve a editorializar sobre los resultados: El PP gana y aclara su futuro [Reproducido abajo, en la sección de Comentarios]. Bien mirado, es algo extraño. No eran los primeros editoriales que dicho diario dedicaba a los comicios. Más aún, entre sus páginas, ese periódicohabía acogido día tras día una larga serie de artículos firmados por  columnistas o colaboradores habituales. ¿A qué se debe la necesidad de pontificar sobre los resultados una semana después? ¿Qué revela ese hecho?  

Abc editorializaba a partir de un sondeo. ¿Un sondeo electoral? No, a partir de una encuesta encargado por el diario en la que se le interroga a los electores sobre quiénes creen que han ganado las elecciones. Como el mismo periódico afirma, estamos en el centro de una democracia mediática en la que hay que representar las victorias, hacerlas explícitas en un editorial e incluso en un balcón. Los balcones son un proscenio muy querido por nuestra derecha… también mediática: creas en la calle un acontecimiento que reúne a un público determinado, un público evidentemente afín, vocinglero, que corea las consignas o eslóganes del partido. Pero ese mismo hecho –la reunión de la multitud frente al balcón (improvisado) de una sede– se convierte en noticia, pues nadie sale a ese palco provisional si no hay nada que festejar. Por tanto, los balcones en política son espacios de representación enfática del triunfo y del poder: son escenarios públicos en los que los líderes se hacen cercanos y distantes  a un tiempo; permiten la comunión de esos dirigentes con los seguidores que los aclaman y no es raro que los gritos de contento que se corean cobren un tono plebiscitario. En el balcón, los líderes componen gestos o proclamas y saltan de alegría, próximos y remotos a un tiempo: vociferan, hacen aspavientos y celebran. Pero, sobre todo, eso lo hacen para que lo transmitan las televisiones: hemos ganado y no hay mejor prueba que este acontecimiento, que es sobre todo una imagen que queda en la retina, en la memoria de los espectadores, que refuerza una impresión. No sólo ocurre lo que ocurre, sino lo que la gente cree que ocurre, dado que ajusta su comportamiento a esa creencia. La percepción es, de acuerdo con ese sondeo de Abc y de acuerdo con el balcón, que el PP ha ganado y punto. ¿Y punto? No, el propio editorialista precisa quién es el ganador.   

“El PP que ha ganado las elecciones es el que ofrece un planteamiento de centro-derecha, liberal y reformista, que defiende la sociedad abierta y el Estado eficaz y presenta un balance muy positivo en la gestión de los asuntos públicos en aquellos ayuntamientos y comunidades donde ya estaba gobernando. No es la imagen agria ni la mirada al pasado lo que los ciudadanos han premiado en las urnas, sino el proyecto ilusionante dispuesto a superar una etapa marcada por las aventuras irresponsables de el Gobierno. El 27-M ha demostrado que las elecciones generales no son sólo una posibilidad de triunfo para el PP, sino ya, claramente, una probabilidad. Ahora, el PP está en condiciones de demostrar que realmente está dispuesto a mirar al futuro con decisión, con ánimo de renovación y valentía. No con complejos ni con reservas propias de etapas pasadas y mensajes amortizados”, concluye el editorialista, como si de un coach del PP se tratara.  

Si después de una semana, el diario Abc tiene que aclarar en su editorial quién ha ganado, entonces es que la confusión ha sido mayor de lo que el periódico quiere admitir. Si después de una semana, la prensa conservadora tiene que salir en defensa de los populares, es porque quizá ni la victoria ha sido tan clara ni las consecuencias tan positivas. En realidad, el principal problema que el diario quiere liquidar es el conflicto entre Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre, dando a entender que, en ningún caso, ganaría Eduardo Zaplana, otro líder popular que se postula como sucesor de Mariano Rajoy. Cuando se emplea el verbo ganar, en realidad los editorialistas emplean metáforas de conflicto, de guerra, de juegos de suma cero: lo que nosotros ganamos, vosotros lo perdéis. Pero las elecciones no son ese juego de suma cero que el editorialista quisiera creer.

Primero, porque no son guerras: son batallas –choques que duran y que se plasman en sucesivos lances, precedidos por informaciones estratégicas, por guerras psicológicas–, batallas características de una democracia mediática. Segundo, porque las elecciones se ganan si se tiene capacidad para sumar, para captar indecisos, para cooptar aliados. El Partido Socialista tiene hoy un problema serio de estrategia informativa, de contundencia expresiva: no despierta el entusiasmo de sus potenciales votantes porque durante meses y meses ha estado sometido al temario que el PP le ha dictado desde su balcón… ¿Conseguirán los socialistas rehacer su orden y su programa? Quizá ello suceda si reaparecen ministros desaparecidos, si se explican una y otra vez, si detallan sus acciones de Gobierno aprovechando el periodismo de declaraciones, si se adelantan a lo que populares traman, si lanzan sus torpedos verbales a la línea de flotación del partido adversario, agravando con ello sus contradicciones: el conflicto entre Ruiz-Gallardón y Aguirre, la colocación incómoda de Eduardo Zaplana, el miedo paralizante de Mariano Rajoy a ser rebasado por sus sucesores ambiciosos. No es un juego de suma cero lo que nos espera a todos: es un juego de paciencia en el que la victoria exige triunfos, faroles y… balcones.

0 comentarios

  1. El PP gana y aclara su futuro

    Abc, 3 de junio de 2007

    EL sondeo elaborado por Metroscopia para ABC demuestra que la opinión pública tiene las cosas muy claras: la mitad de los españoles considera que el PP ganó las elecciones del pasado domingo, frente al 31 por ciento que otorga la victoria al PSOE y a un reducido porcentaje que opina que ganaron los dos o ninguno de ellos. La democracia mediática funciona según una lógica implacable. Mientras los populares celebraban el resultado en el balcón de Génova ante el entusiasmo de miles de seguidores, en la sede de Ferraz todo eran caras largas y el presidente del Gobierno se escondía una vez más en el momento en que más necesaria era su presencia. Sin embargo, no sólo se trata de imagen. El hecho irrefutable es que el PP obtuvo 160.000 votos más que su adversario en unos comicios que el mismo Zapatero había presentado como unas «primarias», aunque después el PSOE pretenda desviar la atención hacia otros factores que le benefician, como el número de concejales o el reparto del poder territorial. Si los ciudadanos piensan que ganó el partido que lidera Mariano Rajoy es porque efectivamente fue así.

    Suele decirse que, en estos casos, todo el mundo se atribuye el éxito. No obstante, algunos portavoces deberían entender que la gente sabe distinguir y que no es fácil manipular las sensaciones avaladas por datos objetivos. Otra cosa es que algunos prefieran no verlo porque reconocer la derrota les obligaría a rectificar una política mal orientada. A juzgar por la reacción tardía de Zapatero o por las intenciones del socialismo navarro, el PSOE no quiere enterarse del mensaje. En todo caso, el fracaso está mucho mejor reflejado en la triste despedida de Miguel Sebastián que en los esfuerzos de José Blanco por aparentar que todo va bien, buscando el apoyo desafortunado de una encuesta muy anterior del CIS.

    También el PP tiene motivos para reflexionar a la vista de los datos que ofrece este «clima de opinión». Casi dos de cada tres ciudadanos estima que la presencia de Alberto Ruiz-Gallardón en las listas del PP al Congreso podría ayudar a los populares a ganar las elecciones generales. El falso escándalo suscitado por algunos sectores tras la intervención del alcalde en el Foro ABC choca contra la opinión generalizada. Ruiz-Gallardón es conocido por el 94 por ciento de los españoles a pesar de que su carrera política ha transcurrido en la comunidad autónoma y en el ayuntamiento de la capital y es, según el sondeo, el líder más valorado. Está claro que aporta un perfil de moderación a su partido, que es precisamente el caladero de votos que la oposición debe explorar para dar el salto definitivo.

    Tal como están las cosas, plantear debates internos para conservar posiciones de poder es hacer el juego a un adversario que busca pretextos para lamer sus heridas. Como es notorio, hay muchos y buenos líderes en el PP, pero nadie duda -y así lo confirma la encuesta- que Ruiz-Gallardón podría sumar, en su caso, apoyos imprescindibles allí donde otros rostros suscitan más rechazo que entusiasmo. Una lectura inteligente de la realidad social y política exige combinar los principios con la habilidad estratégica, dejando a un lado la rigidez y el dogmatismo. El PP que ha ganado las elecciones es el que ofrece un planteamiento de centro-derecha, liberal y reformista, que defiende la sociedad abierta y el Estado eficaz y presenta un balance muy positivo en la gestión de los asuntos públicos en aquellos ayuntamientos y comunidades donde ya estaba gobernando. No es la imagen agria ni la mirada al pasado lo que los ciudadanos han premiado en las urnas, sino el proyecto ilusionante dispuesto a superar una etapa marcada por las aventuras irresponsables de el Gobierno. El 27-M ha demostrado que las elecciones generales no son sólo una posibilidad de triunfo para el PP, sino ya, claramente, una probabilidad. Ahora, el PP está en condiciones de demostrar que realmente está dispuesto a mirar al futuro con decisión, con ánimo de renovación y valentía. No con complejos ni con reservas propias de etapas pasadas y mensajes amortizados.

  2. Como estudiante de periodismo creo que deberiamos reflexionar sobre ese concepto de democracia mediática que nos propone J. Serna. El partido socialista parece haber perdido el control de la imagen. En Madrid Simancas dimite. Si no controlan el partido las malas noticias pueden destruirlo

  3. Lo que dice Jaime es muy interesante y deberia oblogarle a Justo a reflexionar: Simancas dimite. Què espectáculo el del Psoe! Algo habrá que hacer.

  4. No hay salvación dentro de los cánones establecidos por la Constitución del 78. No se puede seguir con esa disyuntiva. Se está llegando a una situación que retardarla, es llegar a pagar un precio muy alto de consecuencias imprevisibles.

  5. Señor Moreno ¿pero qué espera: la revolución? Hombre yo creo que a pesar de todo la democracia parlamentaria es el mejor sistema.

  6. De pronto, leyendo al Sr. Serna, ha surgido ante mí la vieja imagen de un cura en un púlpito,arengando a los fieles.La imagen de un demagogo en un balcón es muy sugerente
    La diferencia está en que los fieles no aplauden.Acatan. Los militantes no solo acatan, sino que aplauden.
    Si un partido político quiere ser algo,tiene que tener un buen aparato de comunicación mediática.No es nuevo.Es tan viejo, como es que lo que no se consigue con las palabras,se ejecuta con las armas.Es una vieja táctica de ese totalitarismo del que se ocupaba el anterior blog.
    El P.P. ha aprendido de sus ancestros que no se puede llegar al poder, ni mantenerse en él sino se posee el poder mediático.De ahí su sorpresa y su zafio comportamiento después del 14-M.Les falló la jugada.¿Porqué?. A mi criterio por que se pasaron de vueltas y por que no valoraron los nuevos fenómenos que se han desarrollado para informarse:los teléfonos móviles e Internet.
    Los USA y otros países, ya lo han comprendido y se esfuerzan en controlar ambos medios.El día que lo consigan, un grueso pilar del castillo de la libertad habrá caido.

  7. La política como traición

    Andrés Ortega

    “…Los relevos no suelen ser pacíficos. Es rara, y a menudo infructuosa cuando se trata de cargos de tal importancia (no de alcaldes o presidentes de comunidades autónomas), la sucesión dócil, como la de Felipe González por Joaquín Almunia al frente del PSOE, o la de José María Aznar -que no está ya en el cargo, lo que no significa que no conserve poder (not in office, but still in power, como se dice a menudo en Estados Unidos)- por Mariano Rajoy en el Partido Popular. Y ya se divisan las posibles traiciones para suceder a Rajoy si éste no gana las siguientes generales (no digamos ya lo que pasaría en el PSOE si Zapatero perdiera).

    La foto en el balcón de la madrileña calle de Génova del domingo de las últimas elecciones es una imagen muy gráfica de las traiciones que se urden en el PP y algunos de cuyos destellos ya empiezan a verse. Rajoy, en el fondo, tiene suerte no sólo porque en las municipales el PP haya sacado más votos que el PSOE, sino sobre todo porque el Partido Popular haya tenido antes más piedad que los conservadores británicos. Éstos se quitaron de en medio a Margaret Thatcher de un plumazo (entonces mediante un simple voto entre los diputados conservadores) simplemente por la sospecha de que iba a perder los comicios (estuvieron a punto de hacerlo antes, pero le salvó la guerra de las Malvinas)…”

    El País, 4 de junio de 2006

  8. Un silencio sepulcrar invade la RED…..

    Un fantasma recorre España, el fantasma de que de nuevo los “martillos de herejes” están preparando sus aniquiladoras herramientas, para hacer del vencido una más humillante agonía.

    Siempre aquello de Gil de Biedma… De todas las historias de la Historia
    la más triste sin duda es la de España
    porque termina mal.

  9. Estimado Justo, no quiero pecar de adulón nuevamente pero su erudición es digna de reconocimiento. No estaba al tanto de que Marx se hubiese ocupado del rol de la prensa, pero usted siempre esta atento a rescatar esos detalles. ¿Sería tan amable de enviarme la referencia del texto citado?
    Saludos cordiales.

  10. Polifemo, le indico la referencia que me pide: Karl Marx y Friedrich Engels, ‘Sobre prensa, periodismo y comunicación’. Madrid, Taurus, 1987.

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