La lucha por el significado

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1. La lucha por el significado.

Joseph Conrad escribió sus admirables novelas marineras esperando sacar del arte «la auténtica verdad de la existencia». Quiso explorar lo real, echarle un vistazo significativo, y para ello no halló mejor instrumento que la narración. Con sus ficciones no quería entretener únicamente. Deseaba interrogarse sobre tantos, tantísimos actos humanos que tienen un equívoco sentido. Hacemos algo y muy probablemente los demás nos observan: en ese hecho, los significados que le atribuyen el emisor o del receptor no tienen por qué coincidir. Buena parte de las novelas de Conrad son relatos de equívocos, de actos contradictorios, aparentemente incongruentes: de acciones que sus personajes emprenden con una intención, acciones que provocan reacciones y que, por ello, luego se refuerzan, se corrigen, se alteran…, con nuevos significados que seguramente distan de lo que el personaje pretendió en origen. Las intenciones primeras mudan casi siempre en sus novelas y sus protagonistas viven con mayor o menor angustia, con mayor o menor empeño, esos motivos cambiantes. Es lo que hacemos en vida: tenemos intenciones, emprendemos nuestros actos –que no siempre se acomodan a los que deseábamos o nos impulsaba–  y finalmente, cuando las cosas se tuercen o nada tienen que ver con lo esperábamos, reinvestimos con nuevo significado el arranque, el curso y la consumación de nuestras acciones.

En las novelas de Joseph Conrad hay, sin embargo, algo aún más importante que los propios personajes o que los mismos actos: el narrador. En toda novela de cualquier autor hay siempre, por supuesto, un narrador: el punto de vista a partir del cual se cuentan las cosas, se administra la información. Pero con Conrad –y con otros grandes autores de la tradición anglosajona–, el narrador cobra unas características especiales: deja de ser aquel relator omnisciente que todo lo sabe para convertirse en alguien que evoca unos hechos ocurridos por haber sido testigo o por haber sido depositario de lo que otros vieron. Por tanto, quien cuenta en sus novelas sabe mucho y a la vez sabe poco –aquello a lo que los lectores accedemos–, pero eso que nos relata no son hechos sin significado: son acontecimientos investidos con algún sentido. ¿Cuál? En Conrad, la realidad narrada es siempre extraordinariamente ambigua porque quien cuenta no tiene todos los datos o ignora qué significado cabe atribuirle a unos hechos que merecen interpretaciones tan contradictorias.

Acabo de leer de regresar a Conrad y esa felicidad motiva esta confesión. Leer o releer El negro del Narcissus. En poco tiempo, dos editoriales españolas han vuelto a publicar esta novela de 1898. Como en otras narraciones marineras, también en ésta la acción transcurre en un navío mercante, en este caso un velero que emprende viaje de regreso  desde Bombay hasta Inglaterra. Están en esta novela las aguas tempestuosas y  la calma chicha. Pero sobre todo está la tripulación, con viejos lobos de mar, con gentes nobles y pendencieras, con marinos abnegados, desconfiados y brutales, con oficiales silenciosos, corajudos y cumplidores. Todo en este relato gira en torno a un hecho enigmático, de difícil significado,  la agonía –¿ficticia?– que padecería un tripulante enrolado a última hora: John Wait, nigger, según el apelativo y el título de la narración. Es un tipo corpulento al que vamos a ver… ¿fingir?, pero a quien vamos a ver consumirse contando la solidaridad creciente de sus compañeros, apenados. Wait espera, ciertamente: espera su muerte y toda la vida del navío gira en torno a su lenta desaparición. Un posible fingimiento tiene efectos bien reales y, por tanto, una predicción dudosa (vivo unas dolencias que me llevarán a la muerte)  acaba provocando hechos ciertos y palpables. ¿Cuál ha de ser el significado de esos actos?

¿Cómo han de ser interpretadas las predicciones aventuradas que acaban cumpliéndose? ¿Son falsas o erróneas, y ya está? El comportamiento de Wait  y de quienes le rodean se acomoda a esa posible ficción y de ella surge una consecuencia bien cierta que acaba siendo real. ¿Qué significado le damos a la previsión incumplida o errónea  de un individuo cuando quienes observan le atribuyen intenciones que aquél no contempló? La tripulación y los oficiales viven en la realidad o en la ficción voluntariamente: ¿miente John Wait? Si, al final, muere, no podemos decir exactamente que invente o fabule.

Leyendo El negro del Narcissus creo entender mejor cómo funciona la sociedad de los individuos, los sobreentendidos con que funcionamos y las imágenes que esperamos dar de nosotros mismos. Siempre hay espectadores que se aprestan a dar sentido a lo que uno hace o dice, y los efectos y las distorsiones de eso que uno hace o dice se multiplican exponencialmente en la sociedad de masas.  Todo lo que nos está pasando ahora –justamente ahora– es resultado del significado  contradictorio con que ciertos actos se interpretan, una liza periodística que es, a la vez, un combate político. ¿Son mentirosos esos actos que se juzgan? En la sociedad de la representación, en la sociedad de la comunicación, la verdad o la mentira sólo son  una pequeña parte de la liza. En la democracia televisiva, radiofónica, electrónica, no son  la mentira o la verdad lo único que se ventila: lo realmente importante es dominar el efecto de lo que se hace o dice provocando consensos interpretativos.

Siento ponerme tan nietzscheano, pero la disputa mediática sobre el significado me ha hecho recordar al negro del Narcissus: ese actor que dice padecer una dolencia  que le está matando, una representación de la que los espectadores son sus principales valedores. ¿Creen ustedes que estoy hablando  metafóricamente de Rodríguez Zapatero? No, no hablo de Rodríguez Zapatero. Contrariamente al personaje de Conrad, que se esfuerza por representar su papel con convicción ante sus potenciales enemigos, el presidente del Gobierno  ha confiado en el efecto de sus actos como si su sola acción fuera capaz de imponer una designación de las cosas uniformemente válida. No ha contado con la hostilidad de ciertos espectadores que saben que la lucha se libra cuando se da significado y cuando se impone una interpretación. Los actos humanos no son  tan evidentes y de sentido tan claro como el de esa placa que anuncia un peligro de muerte. Una señal de esa índole hace una predicción verdadera que se incumple justamente porque evitamos tocar el tendido de alta tensión.

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2. Metáforas peligrosas, imágenes manipuladoras

(domingo, 10 de junio)

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Fotografías con que Abc ilustra el artículo de Ignacio Camacho

«Zapatero. El hundimiento». Así titula Ignacio Camacho  su reportaje dominical en Abc (Véase abajo, reproducido en la sección de comentarios). Es una larga valoración del columnista sobre los deseos y la realidad, sobre la política y sus resultados. No es preciso estar en acuerdo o en  desacuerdo con lo que Camacho sostiene para echar un vistazo a su texto sintiendo que tiene algo de escandaloso. Las metáforas las carga el diablo y, por supuesto, hacer una analogía directa o indirecta entre Rodríguez Zapatero y Adolf Hitler es simplemente ignominioso. ¿Han visto ustedes El hundimiento, el film que interpretara Bruno Ganz? El papel está admirablemente encarnado y el gran actor suizo da credibilidad y fiabilidad a un tipo odioso al que vemos efectivamente hundirse en su insania. Estamos en los últimos días del III Reich, el Führer se aloja en el búnker esperando una circunstancia milagrosa, un golpe de mano que a su régimen le permita sobrevivir en medio de esa derrota previsible. Si no es posible, Alemania entera se hundirá con él, en medio de una fiesta violenta que carbonice el porvenir. Por los corredores y dependencias de la cancillería vemos deambular a personajes terminales y dementes, pero sobre todo vemos consumirse a un Hitler envejecido, cargado de hombros, con gigantescas bolsas en los ojos que muestran su acabamiento. El tembleque de su mano es irrefrenable y la barbilla se hinca en su pecho: no sabemos si humillando la cerviz o simplemente deprimido ante lo inevitable.

En su comparecencia tras el comunicado de Eta, a Rodríguez Zapatero se le veía abatido, lógicamente abatido, con gestos humanos de desolación, pero también con una puesta en escena que afectaba entereza. ¿Recuerda su pose, aunque sea vagamente, a la de un Hitler terminal? Recuerda a la de todo humano que expresa algún tipo de desolación. Llamar a eso «El hundimiento», como hace Ignacio Camacho, es una manera artera, indigna, de imponer un significado torcido a las cosas: cualquier observador no podrá dejar de distinguir la analogía que el autor hace entre Rodríguez Zapatero y Hitler. No es preciso estar de acuerdo con el actual presidente del Gobierno para deplorar la operación que emprende Camacho. Simplemente, el sectarismo de que se sirve invalida cualquier análisis aceptable que pudiera haber en su artículo.

 Esa operación se remonta a muchos meses atrás: en este columnista de Abc y en otros de su perfil o de su misma cuerda. Camacho es muy dado a analogías inmediatas: no es que utilice las metáforas como un medio remoto y tentativo de acceder a la realidad. No: lo que suele hacer el articulista, lo que normalmente hace, es leer la realidad con la falsilla plana de una metáfora siempre evidente, algo que permita asombrar a sus seguidores menos exigentes dándoles un sentido igualmente plano. Por ejemplo, meses atrás, en la anterior etapa de este blog, pude mostrar la banal analogía que Camacho establecía entre Mariano Rajoy y Gary Cooper. Oh, qué gran columnista –dirán sus lectores entregados–, qué habilidades retóricas demuestra –añadirán.

De eso se trata, precisamente: buena parte de lo que nos acaece –al menos desde 2004– es una lucha retórica revestida con el ropaje ideológico de los principios y de la convicción. Que sea retórica no le resta contundencia y estridencia, pues ciertos sectores de la prensa –y parece que este mal se extiende– han tomado por asalto la realidad: los hechos son maleables según el  significado  que quiera dárseles. La única condición es que dicho sentido erosione la evidencia común de las cosas. Esto es, hay sectores de la oposición mediática que, con una porfía sorprendente, con una militancia incansable, no sólo dicen lo que creen que es cierto, sino también lo que ha de recalcarse para destruir el significado que otros proponen. No es una deliberación, sino un combate con ciertos columnistas rebosantes de convicciones que atacan a los relativistas y a los flojos. Hay que ponerse a cubierto. 

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3. Artículo de JS sobre los jóvenes, sobre ciertos jóvenes:

Qué jóvenes, Levante-EMV,  8 de junio de 2007.

  1. Justo Serna escribe: «… el presidente del Gobierno ha confiado en el efecto de sus actos como si su sola acción fuera capaz de imponer una designación de las cosas uniformemente válida. No ha contado con la hostilidad de ciertos espectadores que saben que la lucha se libra cuando se da significado y cuando se impone una interpretación.»

    Más bien al contrario. Los actos han sido los que no han respaldado, en absoluto, al presidente Rodríguez en este asunto de la negociación con ETA. Desde el mantenimiento de la extorsión o la «kale borroka» hasta el atentado de la T-4. Precisamente ha sido el PSOE y su aparato mediático los que han intentando mirar para otro lado, ante la evidencia de los hechos, y pretender encalomar al país entero en una nebulosa de paz que nunca existió realmente.

    Saludos.

  2. Los exploradores como síntoma

    Jesús Civera
    Levante-EMV, 8 de junio de 2007

    Al diputado Ricard Torres siempre le quedará el orgullo seminal de los exploradores, ese estado del alma entre la suficiencia y la satisfacción que proporciona cualquier aventura inaugural marcada por una conquista. Torres ha sido el primero en reunir, y exhi­bir, a dirigentes y militantes del PSPV para principiar la fase original del congreso, aunque falten muchos meses para el congreso y la originalidad esté muy devalua­da: tampoco importa, hay que hacer gimnasia. Esa gloria ya es suya, y las glorias sólo acuden de vez en cuando, y por el procedimiento de trabajarse la virtud. (En todo caso, estas manifestaciones, no personalicemos, a unos días de los comicios, todavía humeantes los cadáveres de los compañeros, no hace sino expresar que los exploradores poseen mucho furor y muy pocas tripas, aunque amasen honores anticipados: las conspiraciones en el PSPV son como el agua al arroz, la leche a la teta, la multa a la Guardia Civil de Tráfico. Y encierran, además, el privilegio de desterrar la renovación de las ideas, porque las ideas no importan. Lo esencial es el tesoro: alquilar una parcelita al sol del poder. Una deriva moral como cualquier otra, querido compañero de fatigas.)

    JERARQUÍA O ANARQUÍA El único partido leninista es el PP. Lo subraya un dirigente de esa formación, y acierta. El PSPV se mece en la anarquía. Cualquier mensaje o línea estratégica es derribado por los segundos escalones directivos, cruzando opiniones diversas, de modo que nadie fija posición. En el mejor de los casos, la ambigüedad reina en todos los campos o se contradicen las propuestas (moratoria urbanística). El PP, pese a su división interna y sus disensiones, actúa como un partido monolítico, hermético, vertical, jerarquizado: los argumentarios descienden desde Rajoy o Camps hacia el último militante sin aparentes fisuras. «Como un solo hombre», se decía antes (con perdón).

    EL AVE DEL PP En la sociedad de la propaganda, el Gobierno de Zapatero ha decidido liquidar o rebajar las campañas de publicidad. Al parecer, se esgrime el ahorro como factor determinante. Se empieza por ahí y se acaba entregando el AVE al PP. El AVE va a ser el paradigma último del juego virtual. Lo ha construido Zapatero y se lo apropiará el PP.

  3. Informe de situación

    Soledad Gallego-Díaz

    El País, 8 de junio de 2007

    Cuando unas negociaciones fracasan y se reinicia la violencia, los expertos en este tipo de trances suelen hacer, con datos y análisis objetivos, un status report, es decir un informe sobre la situación en la que se encuentra cada cual y las opciones que han quedado abiertas. Las preguntas más clásicas son del tipo: ¿cómo ha evolucionado la situación política en el tiempo en el que el proceso estuvo vivo?, ¿se ha creado masa crítica a favor de ese proceso?, ¿se cometieron errores a la hora de establecer los mecanismos? ¿se interpretaron correctamente las señales? ¿se enviaron las adecuadas?

    A la vista de los últimos 14 meses, y a falta de ese balance formal, se podrían avanzar algunas respuestas. Por ejemplo, parece evidente que la situación política en el País Vasco ha experimentado un cambio significativo, sobre todo por la actitud de Josu Jon Imaz. El reposicionamiento de los nacionalistas vascos (incluida EA) es una de las consecuencias más importantes de todo este proceso, aun teniendo en cuenta que Imaz tiene todavía que afianzarse en el próximo congreso del PNV, en diciembre. Pero las cosas han discurrido ya de tal manera que hasta Ibarretxe parece obligado a replantearse su tantas veces anunciado referéndum.

    El cambio del PNV ha provocado, además, la normalización de relaciones con el PSOE, con lo que ello supone cara a nuevas opciones de gobierno, y con el plus de legitimación que ello aporta en el País Vasco a la política antiterrorista. Es también evidente que en estos catorce meses Batasuna ha sufrido una pérdida de credibilidad importante, si no frente a su propio electorado, cosa difícil de calibrar, sí, al menos, como efectivo instrumento político cara al PNV y a EA. Es realmente una importante novedad que el PNV no considere ya a Batasuna como interlocutor político válido.

    El informe de situación del Gobierno no debería limitarse, sin embargo, a analizar las consecuencias en el País Vasco, sino que debería ampliar su mirada hacia el conjunto de España, donde las conclusiones políticas son, quizás, menos claras. Sobre todo si se intenta responder a la pregunta «¿se ha creado masa crítica a favor de una negociación en Euskadi?». Es probable que exista una mayoría favorable al diálogo, pero también que a lo largo de estos meses se haya despertado un importante movimiento de opinión contrario a la negociación, lo suficientemente fuerte como para que requiera más atención de la que se le ha prestado hasta ahora. El colmo sería que un Gobierno dedicado a atemperar y a racionalizar sus relaciones con el potente nacionalismo vasco (y catalán) viera cómo se le levanta por detrás un potente e irracional movimiento nacionalista español, sin que le haya hecho el menor caso.

    Los expertos suelen dar también mucha importancia a haber formulado correctamente lo que llaman Best Alternative To a Negociated Agreement. La BATNA se formula antes de la negociaciones y se procura que sea conocida por todos. Su importancia radica en que considera la negociación como una opción más y permite visualizar el fracaso de la misma. Tiene que quedar claro que el fracaso tendrá para tu oponente un coste muy superior al que tendrá para ti.

    Ésta es la razón, precisamente, por la que hubiera resultado tan importante que el presidente del Gobierno hubiera contado con el apoyo del jefe de la oposición. ETA debió saber desde el primer momento que el fracaso de la negociación no tendría ningún coste político para Zapatero, mientras que a ella misma le acarrearía muy serios problemas. Las cosas no han discurrido así y lo justo sería que el Partido Popular no saliera indemne moralmente de esta situación. Su decisión de debilitar políticamente al Gobierno, pese a saber que debilitaba al mismo tiempo su baza negociadora, debería formar parte de cualquier análisis para el futuro.

    La obligación, ahora, es asegurarse de que ETA perciba que su estrategia del órdago constante tiene un coste elevado, que el Gobierno dispone de todos los recursos para mantener su respuesta en el tiempo y que no será posible abrir un proceso semejante en el futuro, sin garantías previas muy superiores a las que ha dado en esta ocasión. ETA se ha cerrado el camino a las treguas permanentes y a las mesas paralelas. A partir de ahora, lo lógico sería recordar que, a cada cosa, por sus pasos contados.

  4. No se cómo interpretar el texto de J. Serna pero no estoy de acuerdo con Paquitor. Alguien me puede explicar de qué va la discusión? Si la culpa la tiene el Psoe?

  5. Independientemente de que continúen uds. e incluso yo me sume posteriormente al tema que nos propone, en esta, el señor Serna y del que don Jaime exige concreción – aunque tampoco sin alejarme demasiado de ello – me choca la aportación de don Pakithor, no por el trasfondo de lo que afirma, que es muy libre (¡faltaría más!) de opinar como mejor creyera y le alcanzaren las entendederas, sino por los datos que aporta para argumentar: son falsos y sesgados.

    Me apresuro a confiarles que no se lo achaco a él personalmente – no podría considerarlo ni un mentiroso ni un fanático – pues, esta misma mañana, he oído en la radio manejar datos similares si no iguales, estos sí, expresados por líderes del PP. Datos perfectamente inexactos, descontextualizados y, como se delataba, expuestos sin asomo de preocupación por un análisis crítico y sensato de las circunstancias y del fracaso de la negociación para resolver el conflicto vasco. Sencillamente, datos empecinados en intereses partidistas (del PP, por supuesto) muy por encima del de las personas ya se consideren vascas o españolas, seres humanos al final todos.

    ¿Mentiras?… sí, dos, vean el texto de don Pakithor: “Los actos han sido los que no han respaldado, en absoluto, al presidente Rodríguez en este asunto de la negociación con ETA. Desde el mantenimiento de la extorsión o la “kale borroka” (…)” (sic). Mentira 1: la extorsión a los empresarios vascos cesó en el mismo momento que el gobierno se comprometió al diálogo. De igual forma, la extorsión ha vuelto cuando la organización armada vasca ha roto su tregua unilateral. Y, mentira 2: la lucha callejera (que eso quiere decir “kale borroka”) había cesado en el mismo momento antedicho y sólo reaparece cuando el Gobierno decide impulsar la idea de que el Poder Judicial no está sujeto a las negociaciones “de Estado” que está manteniendo el Poder Ejecutivo (!) y la Policía realiza más detenciones los seis primeros meses de la negociación que igual plazo anterior a la tregua de ETA. Ambas afirmaciones son fácilmente comprobables en la propia prensa española.

    Les insisto, no considero que este señor sea malintencionado, entiendo que, inconscientemente, ha asumido unas ideas que considera válidas – por ser reales – y que le han impactado vivamente. Es la concreción práctica de esa política ponzoñosa y alicorta, sin sentido ni de Estado ni de Humanidad, que lleva adelante el PP. Ya conocemos el proceso: fase 1, tomado un tema cualquiera (da igual que sea este u otro con tal de ser susceptible de resultar conflictivo, “verbi gratia”, fumar en locales públicos), lanzar al foro público mentiras objetivas, malintencionadas y capciosas sobre el asunto con capacidad de – fase 2 – conmover lo más pasional e irracional de la sociedad – comenzando por sus mismos simpatizantes – hasta llevarla a la crispación más feroz. La fase 3, obviamente, es presentarse así mismos como “las personas sensatas que saben lo que hacen”. En fin, es lo que se llama la estrategia del “bombero pirómano”

    Es la actitud que, en el pasado “post” les indicaba, de inmadurez pues apela a los sentimientos no a la razón, por ello distorsiona la realidad y de ahí que llegue incluso a negarse a si misma un contundente ataque contra el Gobierno fundamentado en su impericia, torpeza u errores reales. El resultado es que pudiendo, el PP, hacer una labor constructiva de crítica al Gobierno, incluso de mayor calado que el que proporciona las burdas mentiras que esgrime, su esfuerzo sólo se concentra en avivar la furia de la sinrazón que lanza el emponzoñamiento la convivencia de los ciudadanos y hace inviable la paz.

    Don Pakithor: espero que sabrá entenderme que no he personalizado en ud. ninguna de estas actitudes incívicas, lo he tomado sólo como producto, no como productor.

  6. Avatar de Miguel Veyrat
    Miguel Veyrat

    Justo Serna escribe: “… el presidente del Gobierno ha confiado en el efecto de sus actos como si su sola acción fuera capaz de imponer una designación de las cosas uniformemente válida. No ha contado con la hostilidad de ciertos espectadores que saben que la lucha se libra cuando se da significado y cuando se impone una interpretación.”
    Y también, un poco antes: «ese actor que dice padecer una dolencia que le está matando, una representación de la que los espectadores son sus principales valedores». Y en esa frase está la esencia del significado que yo atribuyo a la magnífica lección de análisis de textos que, una vez má, nos ha dado el amable anfitrión gracias a su deleite confesado en la lectura:
    El PP ha escenificado con gran aparato wagneriano una representación en la que el joven Sigfrido de la agonizante España bajaba por el Rhin entre los llantos de falsos patriotas airados. Nunca sabrán los fascinados por el flautista Rajoy en su Hamelín mediático, si su patriótico nigger iba a a morir o no, porque ni Navarra se ha vendido, ni España se ha partido, ni el PSOE era el socio de ETA en el 11 M, ni Zapatero traicionaba a los muertos, ni elácido bórico era un explosivo… ¿Seguimos? Nigger ha muerto, la realidad sigue y el narrador, que ignora por donde irán los nuevos retos de la acción, aguarda los resultados electorales. ¿Votarán de nuevo los sucios progres a un Presidente que ha demostrardo ser honrado y decente, a pesar de sus errores? ¿Premiarán la mentira,el fingimiento, la simulación virtual de la realidad en el espectáculo circense que nos ha ofrecido el PP?
    Veremos, no es la primera vez que los rojos de mierda votamos tapándonos la nariz para evitar un mal mayor: En este caso, está claro, yo canto ya mi voto. Votaré la decencia política de Rodríguez Zapatero, tapándome la nariz porque en la misma lista de Madrid estarán Pepe Blanco, Simancas y Ruth Porta… y quizás alguno o alguna más que no excita precisamente mis feromonas…

  7. Es interantísimo lo que se está pasando en torno al PP: Mariano Rajoy tiene vigilantes que le marcan el paso, que se atreven a decirle públicamente qué debe hacer o qué debe evitar en su acuerdo con Rodríguez Zapatero. El artículo más significativo que he leído es el que ayer viernes publicara Jon Juaristi: “Las condiciones del pacto”.

    http://www.abc.es/hemeroteca/historico-08-06-2007/abc/Opinion/las-condiciones-del-pacto_1633581751491.html

    En dicho texto dicta la estrategia que Rajoy debería seguir si no quiere perder las elecciones o si no quiere ser embaucado por Rodríguez Zapatero, “un personaje indigno de la mínima confianza, un inepto y un traidor compulsivo”. Llama la atención la preocupación de Juaristi por salvar a Rajoy: si el líder del PP es un tipo fino y sutil sabrá evitar el embeleco del socialista y no necesitará, por tanto, las recomendaciones y admoniciones del intelectual de guardia. En realidad, lo que está en juego es el programa del aznarismo. Más aún, Jon Juaristi y Edurne Uriarte –víctimas, efectivamente, de una odiosa persecución por los bárbaros del norte— son entre otros los creadores de lo que para entendernos llamaremos el intelectualismo-aznarismo. ¿En qué consiste?

    En efecto, podemos llamarlo, pues, intelectualismo-aznarismo: antiguos simpatizantes o militantes o tontos útiles de la izquierda intelectual han cambiado (cosa a la que tienen perfecto derecho) y creen posible ejercer una enfática y universal defensa de su nuevo credo porque su líder político (José María Aznar, entre otros, pero también George W. Bush) dice supeditar su acción o sus decisiones o sus estrategias a las ideas, a las concepciones. Con ello, parece como si fuera efectivamente factible el triunfo de lo intelectual sobre lo político, como si los estadistas o ex estadistas pudieran predicar (asesorados por ellos) una buena nueva basada en las convicciones. Aznar, por ejemplo, puede así hacer proclamas universales fundamentadas en principios, presentándose como político que no negocia ni transige ni se aviene a pactar con sus adversarios. Los intelectuales que le rodean parecen sentir una enorme animadversión hacia esos otros colegas que no comparten dichos principios, a los que tachan de débiles y relativistas y sienten también un reparo creciente por las traiciones posibles de los políticos pactistas. Un Rajoy capaz de pactar algo con el PSOE –que sería una organización absolutamente repudiable– es un mandatario igualmente débil y tendencialmente peligroso. Por ello, al decir lo que dice, Juaristi espera imponer el significado de las cosas, espera implantar su percepción en Rajoy y espera determinar qué representación de la realidad es o no aceptable. Yo, por mi parte, espero que Rajoy no se deje persuadir por los intelectuales de guardia, espero que obre con sensatez… Dije lo mismo cuando a Nicolas Sarkozy le salieron intelectuales-vigías…: que gobierne sin escuchar las convicciones de los puros.

  8. Ya sé que lo que voy a escribir no va a ser compartido con ninguna de las personas que participan en este blog, aunque sé que algunas que lo leen sí suscribirían mis palabras.

    Del PP y sus dirigentes no voy a hablar, ya sé que no son fascistas pero, bueno, si les llamo “neofascistas, entrecomillando la palabra, todos entenderemos lo que quiero decir.

    Quería hablar del PSOE y de lo mal que lo están haciendo en este tema de la negociación? con los terroristas, en el intento? de conseguir la paz definitiva en el País Vasco. Ya escribía en un post anterior que tenían que ser valientes, que no se tenían que acobardar por el griterío del PP y sus amenazas, que en una negociación había que ser flexibles… Pero no, no aprendieron de otros países en los que el conflicto se resolvió después de muchos años de negociaciones, donde ambas partes tuvieron que ceder, donde la razón se tuvo que imponer a los sentimientos de dolor y rencor de muchos… En fin, que aquí tenemos conflicto para largo. ETA da fin a su tregua, el PP se alegra de que sus premoniciones se cumplan, el PSOE se cabrea y manda a De Juana a una cárcel de Madrid (¡qué culpa tendrán sus familiares! ¿por qué no a una cárcel de Euzkadi?), Otegui entra también en la cárcel, seguramente no pactarán en Navarra con Nafarroa Bai y la comunidad seguirá en manos de la derecha, lo mismo que algunas alcaldías…

    En conclusión, que, a diferencia de Miguel Veyrat, muchas personas de la izquierda periférica no votaremos al PSOE ni con las narices tapadas, desde luego ese partido no será nuestro mal menor. Cómo no rectifique su política, cómo el PSOE siga mirando más a sus enemigos de la derecha que a sus votantes, lo tiene difícil en las elecciones de 2008. Aún está a tiempo de rectificar.

    Ps. Por cierto, Justo Serna, si discutiéramos sobre tu artículo sobre los jóvenes, sobre ciertos jóvenes, ahí sí que estaríamos de acuerdo. Me gustó lo que escribiste sobre ellos, yo también estoy rodeada de muchos mozos parecidos.

  9. Querida Fuca, estoy de acuerdo contigo. Yo, sí. Pero disiento, naturalmente en lo que antaño se llamó «política de campanario» de la izquierda periférica. Gracias al maldito sistema d’Hont, en la democracia representativa española, no mayoritaria, para vencer a un gran «partido nacional» como el PP, es preciso que se le oponga una fuerza del mismo calado. Esa es la razón de mi voto a nariz tapada. A nivel local, que es de donde parte tu análisis, te diré que he votado con todas mis feromonas abiertas y alerta, en Madrid, donde no hay partidos «nacionalistas» si no son los de extrema derecha, a Izquierda Unida. Ojalá pudiese hacer lo mismo a nivel nacional. Me lo impiden ciertas políticas del señor Llamazares y/o alguno de sus barones.

  10. Estimado Justo y estimados lectores:

    Acabo de terminar un volúmen de Noam Chomsky, titulado
    «La (des)educación» (Ed. Crítica), una recopilación de artículos suyos en torno a la forma en que se educa también desde los medios de comunicación de masas. Rescata acontecimientos en torno a la política internacional de los Estados Unidos y revisa el tratamiento informativo que tuvieron en su momento a través de la prensa. Pues bien, el fenómeno ha sido, desde mi punto de vista, francamente paralelo a lo que ha ocurrido en España desde que ETA abriese esa tregua. Ha habido un bombardeo sistemático por parte de muchos medios de comunicación y por parte del PP lanzando mensajes que han calado, mensajes absurdos y catastrofistas, populistas y claramente antigubernamentales, que han ido minando la política antiterrorista del gobierno, hasta tal punto que cierta prensa se ha colgado una medalla por el fracaso estrepitoso del proceso.

    Efectivamente, esa es la medalla que no se han podido colgar quienes defendían que era también ETA quien estaba detrás de los atentados del 11M, y también quienes ahora se están frotando las manos con vistas a las próximas elecciones generales. El propio ZP en la entrevista realizada por Gabilondo el jueves pasado afirmó que algunos medios de comunicación abrían sus informativos con noticias sobre ETA, el mismo día que el Gobierno aprobaba la «Ley de Igualdad», aduciendo a que se le está sometiendo a la población española a un claro ejemplo de manipulación informativa, que los españoles parecemos no percibir.

    Asimismo, baste con añadir que al ser preguntado por Gabilondo por las razones por las que el Gobierno no ha sabido «vender» sus logros a la población española ZP, afirmó que su gobierno lo que no hacía era «propaganda». Radicalmente cierto. Quienes vivimos en la Comunidad de Madrid, hemos visto el bombardeo sistemático de publicidad institucional (pagada por todos) en torno al Metro, a la puta carretera M-30, absolutamente inútil y que ha costado 5.000 millones de euros, parquímetros, falsos hospitales públicos (gestionados por empresas privadas), revisión de las listas de espera (menguadas manipulando el momento desde el que se cuentan los días), en radio, prensa y televisión autonómica (que en Madrid, resulta más apestosa que la del propio Urdaci en tiempos del ce, ce, o, o). Es decir… que la derecha ha sabido seleccionar su punto de vista, ha sabido colgarlo en internet, anunciarlo en la televisión, radiarlo e incluso bombardearnos con folletos publicitarios en nuestros propios buzones (os sugiero que busquéis el CD-Rom enviado casa por casa de todos los madrileños sobre el proyecto M-30 que Gallardón ha enviado contando las moneditas de los madrileños y empleando nuestro dinero en limpiar su imagen).

    El punto de vista del narrador ha sido ese: focalizar el interés partidista, poner en marcha toda una maquinaria al servicio de intereses particulares, y aprovecharse de una TVE que por primera vez en muchos años puede verse sin manipulaciones insoportables.

    Perdón, por haberme extendido. Pero hacía mucho tiempo.
    Salud, para todos.

  11. ¡Salud y Fraternidad, Luis Quiñones!

  12. Los muchachos de los que habla Justo… si no fuera por las profesiones que han escogido y porque son cinco, diría que son mis hijos; enteramente clónicos. Pero como esos cinco chicos estimulados y atentos, como mis dos hijos, hay miles, que no se hacen notar, en todas las disciplinas, pero, fundamentalmente, en las deportivas, en la música, en todas a quellas que para desarrollarlas limpia y brillantemente, no se puede uno desmandar. Hay realmente una juventud luminosa y que ha saltado con bien nuestra falta de preparación, nuestra improvisación y la enorme pemisividad con que hoy se trata a casi todos.

    Yo tengo mi esperanza puesta en ellos, sí. Es que, lo que es si no…

  13. Don Luis Quiñones, salud, por supuesto.

    Don Miguel, don Miguel… ¿qué hace ud. en Madrid? ¡¡pero si es compatriota mío!! ¡¡¡¡pero si es ciudadano del mundo!!!!… (además, allí no hay playa)

    Doña Francisca (Fuca para uds), téngame a mi por seguro a su lado en su argumentación política y, también, en la visión compartida con doña Ana Pavlova respecto a la juventud de la que nos habla don Justo y que fehacientemente existe más allá de los pavos estereotipados que nos ofrecen los medios de información de masas. Mis dos hijos (ella 21, él 29) están alineados con esa generación de gente sensata, inmersa en la contemporaneidad social, educada en la laicidad hogareña y la enseñanza pública, luchando por su lugar en el mundo, a la que repugna la mentira y la violencia y que, sin duda, son críticos con lo que ven y no les gusta.

  14. ¡Ah, los dioses me llevaron lejos de ese jardín del mediterráneo por donde entró toda la cultura en el erial hispano! ¡Aquí no hay playa, en efecto, pero la habrá si don Gallardón cumple su amenaza de crear una junto al Manzanares en imitación de la que serpentea Paris en las orilla del Sena!… Cerca del lugar donde se suicidó Paul Celan en el año 72, a pocos metros de mi casa, se embadurnan hoy de grasas antisolares diversas las bellas hijas e hijos de Lutecia. Pero el fatum, ya se sabe, le lleva a uno de acá para allá sin parar mientes de a donde la mente iría de por suyo, micer Kant. Le felicito por la sensatez de sus hijos, también tengo uno en edad de merecer que responde a los patrones que tan orgullosos nos ponen. Han tenido la inmensa suerte de nacer en familias de talante progresista, aunque a veces lamento que no hayan tenido que batir el cobre en el crisol del clima franquista, decantando toda la porquería que las superestructuras de siglos han depositado sobre determinados conceptos «nacionales». Salutem plurimam.

  15. Zapatero. El hundimiento

    Ignacio Camacho

    Abc, 10 de junio de 2007

    En nueve días, de la derrota electoral a la ruptura de ETA, el proyecto del presidente se ha desmoronado de golpe hasta trocar su iluminado optimismo en el retrato de un perdedor cercado por el fracaso

    «Todo en ti fue naufragio»
    Pablo Neruda

    Por el bulevar de los sueños rotos que cantaba Sabina pasea estos días el fantasma destemplado de un fracaso. No va envuelto en sábanas blancas, sino en un moderno traje negro, y no destila la melancolía de un alma en pena sino el contrariado rencor de un político en sus horas más bajas. El ángulo circunflejo de sus cejas dibuja más que nunca un semblante de desconcertada amargura, y la magnética sonrisa que iluminaba la fachada de sus mejores días se ha trocado en un rictus apretado de rabia. Hosco, seco, intratable y defensivo, perplejo como un niño caprichoso ante el castillo desmoronado de su arquitectura política, rodeado de descrédito y soledad, el presidente Rodríguez Zapatero es hoy el retrato vivo de un perdedor zarandeado por la deriva incontrolable de la derrota.

    En sólo nueve días, el espectro iluminado que caminaba incólume sobre las aguas revueltas del poder y sus miserias ha zozobrado hasta convertirse en un náufrago engullido por el oleaje de una realidad tormentosa. El arcángel del optimismo que se creía intacto y blindado ante los reveses de la contrariedad ha resultado sacudido por una revuelta de evidencias. Con la credibilidad agujereada, el liderazgo cuestionado y la confianza destruida, se enfrenta por primera vez como gobernante a la posibilidad cierta de un revés electoral que siembra de dudas a los suyos y envuelve a los adversarios en una indisimulada esperanza.

    Fue una cadena de golpes enlazados con una recurrencia letal. La ruptura unilateral por ETA del alto el fuego propiciado por el acercamiento del presidente; la derrota socialista en las elecciones municipales; el descalabro local y autonómico en Madrid y la subsiguiente crisis en el partido; la desafección inmediata de algunos dirigentes críticos y el sentimiento general de decepción e irritación ante un Gobierno con la agenda tachada de fracasos, han generado en tiempo record un halo inconfundible de fin de ciclo. De repente, el eufórico y proverbial entusiasmo zapaterista ha dejado de resultar contagioso y toda su gestión, salpicada de reveses parciales, adquiere el sentido global de un inmenso y rapidísimo fiasco. Rodríguez Zapatero ha sido el primer presidente de la nueva democracia española que pierde unas elecciones a sólo tres años de ganar el poder. Y con la economía a pleno rendimiento.

    A la luz de esa secuencia de decepciones, el resto de los tropiezos del mandato se agiganta como un acantilado cubierto por la niebla tras un naufragio. El balance de frentes abiertos y mal cerrados es estremecedor. En sólo tres años, el Gobierno ha roto los consensos de la Transición en política antiterrorista e internacional, y abierto las heridas de la memoria colectiva sobre la Guerra Civil; ha propiciado una desquiciada diáspora territorial en connivencia con los nacionalismos radicales; ha convertido el Estatuto catalán en una fuente de conflictos cruzados que han liquidado a Pasqual Maragall, encabritado a los nacionalistas moderados, insatisfecho a ERC, inquietado a los empresarios y alarmado a la inmensa mayoría de los ciudadanos del resto de España; ha provocado una secuela de reformas estatutarias a la que el electorado ha dado significativamente la espalda en los referendos catalán y andaluz; ha incendiado las estructuras territoriales del PSOE; ha abrazado prematuramente una Constitución Europea que acabó abandonada por el resto de los Estados de la UE; se ha distanciado con graves meteduras de pata diplomáticas de los emergentes líderes de Alemania y Francia; ha diseñado con torpeza el enrevesado culebrón de la OPA de Endesa y otras operaciones de ingeniería económica que destruyen su crédito en los medios financieros; se ha mostrado impotente ante la crisis de los cayucos en Canarias; ha perdido el apoyo de la mayor parte de los intelectuales que recibieron al presidente con una saludable expectativa regeneracionista y ha ocasionado el probable surgimiento de un grupo de disidentes dispuestos a crear un nuevo partido.

    Suicida optimismo

    Todo ese balance calamitoso, agrandado por el eco amenazador del comunicado etarra, se desplomó sobre ZP como un mecano al que le hubiesen aflojado las tuercas a partir de que la derrota municipal generase en el seno de la organización socialista la seria alarma por un futuro más que comprometido al que el líder sigue empeñado en encerrar en la caja de su optimismo sin fundamentos ni límites.

    Hasta el domingo 27 de mayo, Zapatero era un presidente muy cuestionado por quienes no le votaban y puesto en duda por muchos de los que le apoyaron en las trágicas jornadas del 11 al 14 de marzo de 2003, pero respaldado aún por una clara mayoría de sus propios seguidores, aunque los correligionarios más veteranos lo contemplasen con una distante y descreída desconfianza. Vendía con vehemencia autosatisfecha un optimismo casi suicida, basado en su capacidad para salir mediante fintas improvisadas de los atolladeros de su impremeditación y de su audacia. Ganaba tiempo, aunque apenas ganase batallas, y se escapaba de los arrecifes en que embarrancaba su alborotada y dispersa agenda con un serio desgaste de sus propias fuerzas. Se dejaba jirones de prestigio en cada puerta que abría, y empezaba a acumular una silenciosa pero temible fama de que nada le salía nunca bien, mientras él se miraba en el espejo de la autocomplacencia. Pero, de golpe, asomó antes sus ojos, sin tapujos ni engaños, el descarnado fantasma del fracaso.

    Sencillamente, el PP ganó las elecciones municipales. Se las ganó a él, que se había comprometido personalmente en la campaña con la determinación de echarse a las espaldas el desafío y recomponer el crédito perdido con los tropiezos sucesivos y clamorosos de su cuestionadísima política antiterrorista. Sufrió un descalabro abismal, rotundo, demoledor en Madrid, donde había apostado en solitario por un candidato imposible, y tuvo que ver cómo la silueta paseante de De Juana Chaos aplastaba su inalterable discurso sobre el urbanismo sostenible, la calidad de vida o las reformas sociales. De pronto comprobó con estupor reticente que el mantra de la pazzzzzzz, su asidero recurrente, su vagoroso talismán dialéctico, dejaba de funcionar ante la irritación de una sociedad crispada por la crecida filoterrorista y ampliamente movilizada alrededor de una oposición que, pese a la durísima estrategia de aislamiento a que ha sido sometida, ha sabido reencontrar el camino olvidado del éxito.

    Zapatero quedó preso del shock, hasta el punto de que apenas salió a digerir en público la derrota. No lo hizo la noche de las elecciones, ni al día siguiente, ni en los otros, salvo una breve declaración sesgada en medio de otras actividades públicas. Se agarró a las visitas de mandatarios extranjeros -Sarkozy, Condoleezza Rice-para aparecer como un gobernante implicado en los mecanismos de la alta política internacional. Pero las bases localistas y los cuadros del partido reclamaban una explicación, una arenga que les galvanizase minimizando la derrota, mientras en el PP se desataba una euforia sólo trastocada por las disputas internas de los vencedores Aguirre y Gallardón. «Sí, pero ellos disputan a ver quién nos ha metido más goles», comentaba desconsolado un diputado andaluz, «y nosotros ni siquiera hemos sabido decirle a la gente dónde hemos ganado».

    Agazapado en Moncloa, el presidente esperaba. Tenía la atención puesta en otra parte, en los teléfonos que transmitían la información de los contactos a la desesperada con ETA para evitar que diese por terminada la frágil tregua que mantenía desde marzo de 2006. La información fue pesimista: los terroristas cancelaban sus compromisos. A duras penas habían aceptado esperar a las municipales, a cambio de la presencia de listas mal camufladas en numerosos ayuntamientos vascos. Los duros se imponían, y el último sueño presidencial se venía abajo en plena madrugada. La mañana del 5 de marzo fue muy dura en Moncloa. Los colaboradores del cinturón pretoriano del presidente, despertados a horas intempestivas, tuvieron que enfrentarse a su lado menos amable. Y sólo había comenzado a llover lo que se preveía como un torrencial diluvio. El último clavo del que colgaban en precario los restos de la legislatura se desprendió ante el seco martillazo propinado por la banda terrorista.

    Golpe de gracia de ETA

    Lo que ETA canceló esa madrugada no sólo fue un alto el fuego que ya no existía de hecho. Que nunca existió, triturado desde el principio por la violencia callejera, la extorsión a empresarios, el robo y aprovisionamiento de armas y explosivos, los comunicados amenazantes y chulescos y, finalmente, la traca siniestra de la T-4 de Barajas. El 5 de junio, a las tres de la mañana, ETA reventó lo que no había logrado destruir el 30 de diciembre con la bomba en el parking del aeropuerto: la última nube del «pensamiento mágico» de un presidente agarrado al adanismo iluminista de su propio optimismo histórico. Con el farragoso y delirante escrito que anunciaba la vuelta a los atentados, los terroristas le compraban unos rudos pantalones largos a la conciencia del Peter Pan de la Moncloa.

    Finito

    Con la anhelada pazzzzzz sostenida en la respiración artificial de su terco espejismo autoconfiado, se volatilizaron de golpe las últimas posibilidades de sacar algo en claro de este mandato que Zapatero empezó poseído de una euforia rayana en el narcisismo. Se acabó. Finito. Sin posibilidades de camuflar el revés ni de restar importancia al fracaso. Todo quedó de golpe en evidencia: el empeño en avanzar solo hacia un proceso que hacía aguas, las concesiones penales a los batasunos, la humillación del fiscal del Estado y algunos ministros, los gestos verbales hacia el mundo etarra, la debilidad y los oídos sordos a los indicios de rearme terrorista, las negociaciones bajo cuerda incluso en plena vigencia del Pacto por las Libertades, la ruptura del consenso nacional, y finalmente la vergonzosa continuidad de los contactos más allá del atentado mortal de la T-4. Más la semilibertad del asesino De Juana, que indignaba con su prepotencia victoriosa la sensibilidad de los electores y tiraba en cada paseo un saco de votos socialistas por el sumidero. Todo ello se quedó de golpe sin sentido, si es que alguna vez lo tuvo: ni había servido para ganar las elecciones, ni para llegar al final de la legislatura sin más atentados, sin muertos ni ataques.

    La gran apuesta del hombre de la Moncloa, el órdago de osadía con que proyectaba pasar a la Historia como el pacificador de nuestro mayor drama moderno, se deshizo con triste sordidez entre las palabras en euskera colgadas en la web de una publicación filoterrorista. El pensamiento mágico del presidente, el célebre «pensamiento Alicia» con que lo definió el filósofo Gustavo Bueno, quedó desnudo ante la terquedad de los acontecimientos. Ya ni siquiera podía apelar a la «doctrina Humpty Dumpty», aquella por la que las palabras significan lo que el que manda quiere que signifiquen. Había entregado a ETA la iniciativa, y ETA se la devolvía hecha pedazos a sabiendas de que lo colocaba contra las cuerdas de una opinión pública irritada por sus concesiones. Que las había hecho, sí: bastantes para encrespar a la ciudadanía española pero insuficientes para seguir el ritmo de las expectativas de los asesinos.

    Aferrado a sus fantasías

    Las fotos que aparecían en las portadas de los periódicos del 6 de junio eran el elocuente retrato de una derrota mal asimilada. Había rabia, perplejidad, incomprensión en la expresión contrariada del hombre que, incluso en esa tesitura terminal, se resistió a cancelar sus propias fantasías para refugiarse en la ambigüedad de un discurso sin altura moral ni coraje político. Horas después, el ex presidente Felipe González, que había dejado dicho con acerba maldad que en materia de terrorismo «hay que apoyar siempre al Gobierno, aunque se equivoque», le asestó una estocada de soberbio desprecio al declarar que se había vuelto a equivocar «al responder a ETA con un discurso». Desde Vitoria, el líder del PP Mariano Rajoy apuntalaba su fracaso al pronunciar las palabras que tantos españoles deseaban oír en esas circunstancias: decisión, firmeza ante el chantaje, abandono de la negociación.

    Atrapado en las telarañas de su estructura interior, acaso incapaz de asimilar el fracaso de sus políticas de «consensos ciudadanos» que le han llevado a cancelar todos los consensos institucionales, Zapatero se enfrenta ahora por ende a otro problema de enorme gravedad, que es la desconfianza abierta en el seno del propio Partido Socialista. Los suyos le han seguido en la aventura del diálogo con ETA como la tripulación de «Pequod» perseguía a Moby Dick: atribulados por la insensata determinación de un capitán que va directo al desastre.

    Error tras error, revés tras revés, el líder socialista persiste en una deriva errática de la que sólo le puede salvar una victoria en las próximas elecciones generales. Los cuchillos se afilan en el interior de las baronías —Bono está en abierta campaña electoral interna— para la eventualidad de una derrota, y el PP sabe que si le gana, aunque sea por un voto, le habrá entregado a una trama de conspiradores que lo apuñalarán sin perder un instante. «Hemos perdido las municipales con la economía a todo trapo, creciendo al 4 por 100; eso prueba que la responsabilidad es sólo suya», analiza un antiguo dirigente felipista, que cifra con meridiana claridad los dos ámbitos que engloban el fracaso de la legislatura: «el caos autonómico y el diálogo con ETA: eso es lo que nos está triturando».

    La flauta mágica de Hamelin

    Lo que queda es una batalla a cara de perro y dientes apretados en un pulso a muerte con su torcido destino. Con la misma certeza iluminada e idéntica confianza en su método político, el presidente aborda la última recta dispuesto a convocar el «consenso ciudadano» con su flauta mágica de Hamelin, que ahora va a tocar la melodía de un hombre bienintencionado cercado por las incomprensiones. Ése será el discurso: a un lado, la cerrazón asesina de ETA, y al otro el nihilismo calculado y egoísta del PP. En medio, el Príncipe de la Pazzzzzzz, , incomprendido y solitario, reconvertido por la fuerza de las circunstancias, como el Dustin Hoffmann de «Perros de paja», en un implacable hombre de piedra. Falta por ver si, dilapidados todos los recursos del buenismo, la magnanimidad y el apaciguamiento, le funciona la máscara de un Joker con la sonrisa congelada pertinazmente convencido de que caminará, de derrota en derrota, hasta la victoria final.

  16. Lo peor es que el muchacho también es un ex «intelectual de izquierdas», exactamente del PCE. Pero eso casi sería le de menos, también Ramiro de Maeztu fue de izquierdas antes de entregarse al fascio. Por otra parte, el artículo, que habrá hecho las delicias de los lectores de ABC es pura bazofia.

  17. Otrosí, lo peor de todo es que intenta reavivar el enfrentamiento. En la parte de la pinza sobre ZP que podría ser proclive a aflojar algo cara a las elecciones. La de ETA, ANV, Batasuná, etceterá, permanece activa. No hacve falta que nadie la refuerce.

  18. Siempre se ha tenido “el celo del novicio” por mal consejero para quien afirma tener una creencia fuerte. O la derecha – como idea – ya no es una creencia fuerte – es el espacio de los arribistas – o, como movimiento desorientado, acepta como bueno el consejo que alumbran esos novicios ex rojos. ¿Tan mal, tan postrada, tan acéfala, está nuestra derecha que es incapaz de generar pensadores propios?

    Qué patético espectáculo… la Reacción incapaz de generar una idea propia – a duras penas, fotocopiar lo que le envían por fax desde los Estados Unidos… ni para Internet tienen – el Conservadurismo, alelado, expresándose por boca de pensadores (?) arrepentidos de la izquierda montaraz, los Monárquicos, mudos ante el evidente desprecio del ciudadano Borbón y su real familia hacia el señor Aznar y toda su patulea, los Liberales, enclavados en las alcantarillas de ¿su? propio partido… Y estos macacos, chillones y apesebrados, brincando entre las columnas de una prensa que otrora fue respetable y ahora, apenas, una gacetilla para la irracionalidad, la mentira y la provocación… ay, si quedara en la derecha gente de orden y de bien…

  19. Resulta increible hasta donde se puede llegar con tal de destruir a Zapatero. Esta derecha impide hacerle la oposición crítica al PSOE. Pero de todas maneras sr. kant, yo no llamaria macacos, chillones y apresebrados a estos columnistas. Creen en lo que dicen. Lo que no acabo de entender es la insistencia de J. serna en criticar y analizar ABC

  20. ¿Creen en lo que dicen, Pedro? ¿O hacen méritos para alcanzar migajas del poder? ¿Cree de verdad que esos oportunistas responden a una creencia, ideología o actitud política? El señor Camacho fue desplazado de la dirección de ABC por elseñor Zarzalejos a quien a su vez había sustituído. Está intentando volver, o acreditar su sueldo actual como columnista mas el de las tertulias en las que participa, o queriendo que cuando los suyos ganen las elecciones piensen en él para la Presidencia de Efe o alguna de las gabelas que conlleva el acceso a la dirección del Estado. Y son macacos, chillones y apesebrados quienes chillan a la orden de quien paga. ¿Cree usted que es gratuita la afirmación del nuevo presidente de la CEOE de que la mejor empresa pública es la que no existe? Alguien está intentando convertir Europa, y la parte de España correspondiente en la sucursal neocon, y usted no acaba de entender la insistencia de J. Serna en criticar a ABC….

  21. Más sobre Abc (Cortesía de Miguel Veyrat):

    http://www.elplural.com/politica/detail.php?id=12131

  22. En efecto, don Pedro, creo que acierta ud. plenamente: es en la convicción en lo que se dice donde estriba la decencia de quien habla. Maldigo, sin pudo alguno, a esas gentes por indecentes. ¿Cómo voy a confiar en su convicción si hace bien poco clamaban por la Dictadura del Proletariado como panacea universal? ¡pero si alguno de ellos me llamó “revisionista” como un escupitajo o “pequeño burgués nacionalista” como si ellos no lo fuesen! ¿Mentían antes o mienten ahora? ¿Cuándo son sinceros? ¿Engañaron a la izquierda o engañan a la derecha?… ¿Por qué cree ud, que los romanos acuñaron la frase “Roma no paga traidores”?… un dicho popular se lo indica: “quien traiciona una vez, traiciona ciento” Ergo ¿creen en lo que dicen, o dicen lo que dicen para tener su propia, inmoral, notoriedad mediática?

    Sin lugar a dudas, corregir una forma de pensar, modificarla hasta alcanzar su opuesto, es un derecho inalienable de cualquier persona pero, convendrá conmigo, que para producirse esa mutación, una persona íntegra requiere de un más o menos largo proceso de maduración. ¿A ud. no le parece sorprendente que un determinado grupo de individuos, de un corte sociológico bien definido, sufran, todos, a la vez, una espectacular transmutación que le lleva del marxismo leninismo (stalisnista en la mayor parte de estos casos) a abrazar la fe reaccionaria con más empeño que los propios conservadores, milagro que se produce, precisamente, cuando el PP parece ser “el caballo ganador”?

    Le ruego que recapacite sobre estos dos párrafos anteriores y no tema en dudar hasta de sus propias convicciones… y cuando lo haga, se dará cuenta de que esos milagrosos conversos no pasan de ser unos zascandiles.

    Por otra parte, piense, además, que mi clamor no viene por la presencia de esos homúnculos indignos (que sinvergüenzas los hay en todos los bandos), mi queja llega por no encontrar en la derecha personas decentes, íntegras, con unas convicciones definidas, principios y valores fuera de toda duda que escriban públicamente, al menos, con la misma notoriedad de aquellos. Parece que sólo en la extrema derecha hay personas de este fuste, consecuentes con sus ideas y dispuestos a defenderlas sin sonrojo. Pero, la derecha es mucho más… Yo quiero que algún conservador me argumente cómo puede negar que el anterior régimen fuera golpista, el “Alzamiento”, un vulgar golpe de Estado y su represión la más salvaje que se recuerda en la edad contemporánea española, consecuentemente, con qué argumentos democráticos – no pasionales e interesados – trata de evitar que la memoria de aquel pasado aflore. ¿¡Y me sacan al terrorista Pío Moa para razonarlo!? ¿o es que, tras su conversión, ya no lo es?…

    Quiero que algún demócrata cristiano, devenido “neocons” por contaminación de ideas estadounidenses, me explique cómo se puede negar la ciencia, en beneficio de la creencia, contraviniendo desde Tomas de Aquino a Teilhard de Chardin y aplicándose al repudio a la investigación genética (¡o el apoyo al creacionismo!… al “diseño inteligente”). Yo quiero leer a monárquicos que reflexionen sobre la incompatibilidad entre la Casa Real y FAES; y a liberales que presenten sus propuestas de sensatez económica y progresismo social… pero sólo me encuentro con aquellos vociferantes personajes. Vea, por ejemplo, cómo el señor Herrero de Miñón, nacido y criado en el franquismo, miembro de UCD, AP y PP e irremediablemente monárquico, es una figura de esa derecha digna que extraño. ¿No le da a ud. la sensación que don Miguel es más una excepción que la regla? ¿dónde están los otros? ¿porqué sólo conocemos a los botarates? Eso es lo que me preocupa.

  23. Serna no dice nada del pacto Pp Psoe. Tampoco dice nada de la retirada de apoyo a Nafarro bai. Serna mójate

  24. Pero, pero, pero… ¿Cómo se puede escribir lo que escribe Paco después de leer lo que ha dicho Kant? Paco es la pureza misma, todo pasa por él «sin romperlo ni mancharlo». Yo me pregunto ¿Paco lee lo que se escribe aquí, o entra al buen tun tún, dice su cosa y se larga?

    Es maravilloso esto de Internet. Yo no conozco a nadie como Paco y dudo que hubiera llegado a conocerlo sin venir por aquí; ¡lástima no ser antropóloga!

  25. Aunque me incorporo un poco tarde al debate, después de leer el texto de Justo Serna y los comentarios tan nutridos que siempre se exponen, como los de Veyrat, Kant, Fuca o Pavlova, poco tengo que añadir. La manipulación de la imagen o, como dice Justo, “han tomado por asalto la realidad los hechos son maleables según el significado que quiera dárseles”, creo que, tristemente, la derecha siempre sabe manejar muy bien el arte de la manipulación mediática. Actualmente con las nuevas formas tecnológicas, con la llegada a nuestra retina de todo o casi todo lo que rodea a nuestros políticos, todavía les resulta más fácil. Es muy sencillo captar un gesto, una mirada y extraerla de contexto para luego dar largos razonamientos de interés propio.

    Sin embargo, coincido con la opinión de Justo Serna sobre las futuras generaciones, yo también lanzo mi ilusión en esos jóvenes educados en los últimos tiempos en “colegios públicos, esos que tan roñosamente sostiene la Generalitat” y, que mal que les pese a algunos, también está creando una buenas filas de luchadores inconformistas.

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