Kant, Rajoy y Zapatero

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El filósofo norteamericano Richard J. Berstein rotula uno de sus libros con este título: El abuso del mal (Katz editores). Dedica el volumen a analizar lo que entiende que es “la corrupción de la política y la religión desde el 11/9”. Sostiene una tesis fuerte: la peligrosa conversión de la ética en referente político. ¿Algo que reprochar? En principio, que las relaciones internacionales se supediten a unas normas morales parece inobjetable: los actores se someterían al bien y, por tanto,  obrarían de acuerdo con bases  innegociables. Imaginemos un escenario ideado por Kant: una acción es moral cuando se somete a los principios del imperativo categórico: es un acto autónomo, universalizable, racional, a priori; un acto que no persigue el bien por los efectos, sino que se ejecuta en función de un discernimiento que es previo. Las acciones morales toman a cada ser como fin en sí mismo y no como medio y, desde luego, excluyen la heteronomía…

 ¿Se imaginan un mundo gobernado así, regido según esos principios? Sin duda sería un planeta formalmente moral, pero a la vez sería una especie de infierno real: si obramos sin atender a las consecuencias de nuestros actos, si aparentemente –al menos– pensamos el mundo al margen de sus consecuencias, el egoísmo no rige, pero la presunta benevolencia nos destruiría. Lo que se pide a los gobernantes es que obren con la mayor decencia posible, pero –por favor– que no conciban sus acciones de acuerdo con la rigidez formal de un presunto kantismo. En realidad, las acciones de Gobierno o las relaciones internacionales o la política exterior no se ciñen a esta forma de concebir el acto moral. ¿Por qué razón? Porque moral y política no coinciden.  Sin embargo, desde que sucedieron los atentados del 11 de septiembre de 2001, parece como si la política internacional norteamericana tuviera que hacerse ateniéndose a la moral. “Hubo otros períodos en la historia reciente” dice Bernstein, “en que los políticos, en especial en los Estados Unidos, utilizaron la retórica del bien y del mal para ganar el apoyo de sus electores. Ronald Reagan llamó a la Unión Soviética ‘El imperio del mal’…”

En apariencia, algo semejante a lo que George W. Bush dice hoy cuando habla del eje del mal. Eje y mal son dos palabras de evidente resonancia histórica, pero son sobre todo dos términos que parecen supeditar la visión de las cosas a un enfoque estrictamente moral. Ahora bien, entre Bush y Reagan hay diferencias. En el ganador de la Guerra Fría, la retórica moral se concebía como parte de un programa propagandístico, como instrumento de un conflicto concebido al modo clásico: en una guerra, si se puede, al enemigo hay que quitarle la capacidad para hacernos daño, logro que será la derrota de dicho adversario. En Bush, por el contrario,  la moral parece ser una creencia firme, no una argucia: más que impedirle hacernos daño, al enemigo hay que derrotarlo. Así, sin más, aunque eso provoque un cataclismo, aunque de ello se deriven consecuencias peores.  No parece importar… En Reagan sí que importaba. “A pesar de esta retórica, Reagan se mostró flexible y pragmático en sus negociaciones diplomáticas cuando Gorbachov se convirtió en el líder del Kremlin”. En cambio, ahora, la política norteamericana tiene un lado más inquietante: la aparente (o real) convicción sin diplomacia, la defensa de los principios sin dejar abierta negociación alguna. 

Piénsese, por ejemplo, en el reproche dirigido a la posición española con respecto a Cuba. Se dice: los españoles gozaron de la libertad tras la muerte de Franco; también los habitantes de la Isla tienen ese derecho. Por supuesto, pero la transición en España se hizo negociando entre los herederos del antiguo régimen y los opositores, no basándose en principios inamovibles, ni tampoco en una idea del bien innegociable del que una parte sería exclusiva portadora. La debilidad o el daño previsible obligan a negociar: pero no porque se tenga razón, sino porque se sabe que el pacto es la fórmula que menos daños ocasiona. En cambio, predicar el absoluto moral impide cualqier transacción. “Lo más inquietante acerca del discurso sobre el mal posterior al 11 de septiembre”, dice Bernstein, “es su rigidez y su atractivo popular”, algo que se ha extendido entre muchos analistas. ¿Estamos o no estamos dispuestos a derrotar a nuestros malvados enemigos? ¿Quién podría estar en contra de luchar contra el mal? Ésas parecen ser las ideas determinantes.

El problema, si se fijan, no es que a quienes se nos oponen les llamemos enemigos, sino que a los fieros adversarios que hay que reducir los identifiquemos sin más con el mal, con un simplificación traquilizadora. No me malinterpreten. Eso no significa que yo quiera comprenderlos ni justificarlos: significa que la tipificación del mal no puede confundirse con los medios que tenemos para oponernos. Según esta perspectiva radical, el mal es un acto heterónomo, irracional, no universalizable, consecuencialista y, por tanto, egoísta. En cambio, el bien no se  mide por sus efectos. Concebir así la política nos deja en el lado bueno –qué duda cabe–, pero no nos ayuda mucho a arreglar problemas concretos. La gestión internacional y nacional no implica  necesariamente hacer el bien, sino evitar los daños directos e indirectos, intencionales e inintencionales que se siguen de determinadas medidas. Los pragmatistas norteamericanos nos enseñaron a pensar así las cosas, nos recuerda Bernstein, y ello es aplicable al gobierno diario y a las disputas internacionales. 

Aquí, en España y entre nosotros, entre los principales columnistas de la derecha, ese principio liberal ha sido olvidado para reivindicar el bien como convicción absoluta. Durante meses, nuestros articulistas más acérrimos han mostrado la mayor fiereza ideológica, sabiéndose ubicados en el bien. La política de Rodríguez Zapatero puede fracasar, como no prosperaron los tanteos  ordenados por Aznar. Sin embargo, esa política del actual presidente ero no ha de medirse por el bien que predica, sino por las gestiones que emprende. Pero no ha sido ésa la vara de medir. A Rodríguez Zapatero le han juzgado a partir de aprioris…, acusándole de relativismo, de nihilismo, alguien sin principios que habría cejado en el empeño de todo estadista: hacer el bien. Es, desde luego, un error grave. El de esta idea, me refiero. El problema no es que algunos columnistas emplearan esta concepción formalista y originariamente kantiana como artimaña, sino que muchos parecieron creer en ella. Si la política se concibe a priori, confundida con la moral, como un imperativo categórico que no puede evaluarse por sus consecuencias, entonces la radicalidad se impone. Y así ha sido. Por eso, antes de la reunión de Rodríguez Zapatero y Rajoy, un Jon Juaristi enrabietado advertía contra la tentación del pacto y de la negociación, mero pragmatismo condenable. Por eso, después de dicha reunión, Ignacio Camacho deplora que todo esto sólo sea la representación vaporosa de unidad, mero maquillaje electoral. Digan lo que quieran, pero –por favor– no interfieran la negociación de estos actores políticos: aunque, quién sabe, quizá antes alguno de los contendientes-negociadores sacará la moralidad  para romper enfáticamente pactos tan frágiles.

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  1. Pedro

    No se si la retórica de la moral es una posición kantiana pero la verdad es que las posiciones de los comentaristas es “a priori” cada vez más. Y la política de nuestros gobernantes pragmáticos?

  2. Francesc

    Estic totalment d\’acord amb la diferenciació que ha fet el senyor Serna sobre la política que va seguir Reagan i la que està desenvolupant actualment l\’administració Bush, és clar que eixa divisió simplista entre el bé i el mal no condueix a solucions clares. Ara bé, la meua pregunta seria: fins a quin punt la política de l\’administració bush segueiex unes línies d\’acció predeterminades o bé, seria producte de la improvisació, una resposta fàcil davant d\’una situació internacional caòtica, marcada per la multiplicitat dels conflictes i problemes: inmigració, terrorisme, fundamentalisme, contaminció… En definitiva, pense que, eixe mecanisme de diferenciació entre bé i mal el que està fent és crear una cortina de fum i amagar una situació que és molt més complexa i que actualment desborda la capacitat d\’actuació dels Estas, i la única solució que veuen és tancar files, i optar per una postura conservadora, de defensa…

  3. jserna

    Aunque parezca un asunto privado, no lo es: Antonio Gálvez Alcaide (alias PVL) escribe aquí recordándome un compromiso: la lectura de su novela (en la que salgo) y mi posible comentario. Quizá aún pueda quedar como un caballero si encuentro la novela que escribió y que tuvo la gentileza de mandarme. El problema es que últimamente he perdido libros (incluso subrayados), dado mi desorden… La pérdida no es síntoma de desinterés: hay obras que busco y no encuentro. Haré por encontrar su novela. Creo saber en qué pila de libros la tengo.

    En cuanto a lo lúgubre…: no crea que he acabado. He releído por ‘Frankenstein’ recientemente y creo que volveré sobre los cadáveres…

  4. Kant

    A renglón de lo comentado por don Justo, aún resuenan en mis oídos la expresión del señor Rajoy cuando hablaba de su particular “abrazo de Vergara antiterrorista” con el señor Zapatero: “vamos a derrotar a ETA juntos”, dijo… ¡Atenea nos asista!… Esa alegría que recorre al Grupo Prisa, a los medios conservadores y reaccionarios, a sus sendos correlatos políticos, españolistas de cualquier color, ¿es porqué pasamos de “negociar la paz con el enemigo” a “buscar la rendición del enemigo”? ¿del diálogo político a la represión policial y, por ende, a la lucha armada revolucionaria? ¿volvemos a poner los testículos en el lugar del cerebro?…

    Tras 47 años de un conflicto armado con ETA, perfectamente estéril, salvo para acumular cadáveres, lisiados y afectados por la lucha (en ambos bandos), más unos daños económicos monstruosos y cerciorarnos que, casi medio siglo después, ni ETA puede ganar, ni el Estado español tampoco, con el agravante de que su represión sólo ha consolidado un segmento nada desdeñable de la población vasca de, al menos, tres generaciones, que se ha criado en la intolerancia y el miedo, hemos dispuesto de 14 meses para darle una oportunidad a la paz. De acuerdo, se fracasó. Se hizo mal (ya expliqué en otro “post” el catálogo de necedades – conocidas – cometidas en la negociación) algo se habrá aprendido, ¿no?… ¿no se pueden corregir los errores?, ¿no podemos volver a empezar, aunque sólo sea para tratar de equilibrar esas décadas de mutuo encono con algunos meses más para que hablen las palabras en vez de las pistolas? Pues parece que no.

    Los puentes que se crearon se rompen, los integrismos kantianos afloran, los socialdemócratas flaquean, los conservadores se crecen, los demócrata-cristianos vascos se frotan las manos y los lelos esperan ansiosos el primer atentado de ETA para sacar su sempiterno discursito de rencor e hipocresía (v. g. Irene Villa… “los perdono a todos, yo sólo quiero que esto no vuelva nunca a pasarle a nadie…” y luego nos la encontramos encabezando las manifestaciones de rechazo a las negociaciones)… testosterona. Y el presidente del Gobierno, asiente.

    En Gran Bretaña e Irlanda les costó más de diez años encontrar una vía factible para la paz en el conflicto del Eire, ¿nosotros con catorce meses ya tenemos suficiente? ¿o es que es cuestión de “poner muertos sobre la mesa” para volver a concienciarse del bloqueo de la situación y volver a negociar?. Sí, sí, me preocupa la actitud del señor Zapatero, en tres años ha traicionado a los saharauis, ha decepcionado a los españoles de paz dejando las tropas en Afganistán y ahora… ¿le da la razón al señor Rajoy? ¿se crea el bloque de “los buenos” (el nacionalismo español más los oportunistas del PNV)? ¿volvemos a ver el conflicto con valores absolutos e intransigentes, en blanco y negro?

    Por otra parte, quisiera darle la bienvenida a don Francesc, lo supongo un lector que se ha decidido a participar y eso siempre es una buena noticia, especialmente si tiene aportaciones tan interesantes como las que nos ofrece. Me extraña, no obstante, que use el catalán para expresarse. Tal vez no sepa ud, don Francesc, que, por acuerdo tácito de los contertulios, optamos por usar el castellano como lengua internacional vehicular. La presencia habitual de lectores de otras naciones ibéricas que se expresan en su propia lengua – pero que renuncian a la suya en aras de la fluidez del discurso común – así como la de amigos latinoamericanos que sólo tienen como segunda lengua el portugués y/o el inglés, hizo que concluyéramos en dicha decisión. Sin ir más lejos, yo mismo, Manel Cantarell i Recatalà (a) “Kant” también soy, indudablemente, catalanófono. Le ruego, pues, que sus sucesivas intervenciones las haga en esa lengua que, seguro, es tan extraña para ud. como para mí.

  5. Miguel Veyrat

    Pocas veces he podido estar tan de acuerdo con la intervención de mi buen amigo Cantarell i Recatalá, alias Kant, para este blog, y por partida doble. Me ahorro pues intervenir, por ahora, no sin envidiar su juvenil ardor. En este blog, todo está tan meridianamente claro que hasta los trolls malignos hubieron de huir más por la fuerza de la razón que por irracionales medidas de fuerza.
    Mucho temo que la aplicación de los “imperativos categóricos” de las “razones” electoralistas jueguen de nuevo una mala pasada a los estrategas de la Moncloa: los escenarios que se dibujan me convencen más y más de la bondad de mi decisión, en las locales y autonómicas, que tomarán también miles y miles de españoles, de castigar al PSOE y reforzar a nivel nacional a la izquierda que mejor está tratando el tema del terrorismo etarra: IU.

  6. Fuca

    Esto debe de ser un oasis porque parece que todos estamos de acuerdo; Kant, el nuestro, no el filósofo, escribe con brillantez lo que a mí me hubiera gustado expresar; es una pena que no se presente a las elecciones, yo lo votaría para presidente de Gobierno, sin ninguna duda.

  7. jserna

    Señor Kant, yo no estoy completamente de acuerdo con sus tesis, pero me alegra poder discrepar con personas que tienen este nivelazo. Tómese en serio lo dicho por el señor Veyrat y por las señoras Fuca y Pavlova. Enhorabuena.

    Por cierto, hace escasamente una hora regresaba de Requena. Iba por la carretera y volvía escuchando un Greatest Hits de Bob Dylan sin tener ni idea del galardón que se le acaba de conceder. Vaya, qué casualidad: todo rueda, like a rolling stone…

    No quiero pecar de sofisticado ni de refinado: el CD que me había puesto inmediatamente antes era Saturday Night Fever ¿Treinta años ya desde que Tony Manero bailaba?

  8. Pavlova

    Pues a Pedro Iturralde el Príncipe de Viana, y antes el de a toda una vida, de la SGAE y es nuestro y no es negro, ni tiene consonantes inpronunciables en su apellido y suena como nadie; no es por nada ¿eh?

  9. Miguel Veyrat

    Bien, Justo, esperamos tus argumentos frente a los de Kant. Será muy, muy interesante. Avanzo que creo que sería un error histórico un final del terrorismo nacionalista vasco con vencedores y vencidos. Sin violencia, ETA estará un día desnuda frente al 10 por ciento de población vasca que la votaría en una situación de plenitud democrática en su Euzkalherría, Shangri-La soñado. Pero ese diez por ciento debe votar ese día no frente al odio de quienes aplastaron a sangre y fuego esa expresión violenta de sus deseos, sino frente a unos adversarios políticos que enseñaron el camino de la razón, la negociación, la paz y la reconcialición.

  10. jserna

    Miguel, no puedo desarrollar ahora todos esos argumentos que se supone que tengo frente a la posición del señor Kant. Yo no quiero entender nacionalismo alguno: me aburren mortalmente. De todos modos, que no detalle ahora mi discrepancia no significa que no piense sobre ello y que no le guarde respeto al señor Kant. Es más, quiero reflexionar acerca de esto y quiero tomarme en serio, por ejemplo, las posiciones del PP para ver en qué coincido y en qué me alejo (que creo que es mucho). No sé cuándo podré escribirlo, pero le prometo que lo haré: quizá no respondiendo directamente al señor Kant, aunque sí teniendo en cuenta sus inteligentes peros.

    Por otra parte, pensaba sobre ello, con agradecimiento y responsabilidad, y pensaba también en algo aparentemente banal: hace treinta años quien se embosca tras ese nick (Kant) me prestaba su ejemplar de Frankenstein, cosa que me permitió leerlo por primera vez (yo ya había visto la película). Ahora acabo de terminar la… ¿cuarta, quinta? relectura de la novela de Mary W. Shelley. Podría precisar la escena ocurrida en presencia de Kant: yo, en justa correspondencia, le hablaba con delectación y deslumbramiento de Cien años de soledad. Aún lo recuerdo: una tarde, valiéndonos de un atlas de bachillerato, ambos escrutábamos el mapa tratando de averiguar dónde estaba Macondo.

  11. Kant

    Sólo tres cuestiones y un “post scriptum” íntimo. ¿Cuestiones?…

    … Una, que me tienen uds abrumado… gracias, gracias por sus palabras que las calibro a partir del cariño que se genera entre contertulios, no por ningún especial valor propio. No es falsa modestia, palabra, es que no he creído opinar tanto a partir de mis propias convicciones personales como las de un cierto, si se me permite la expresión, sentido común que debería obligarnos, a los humanos, a preferir la palabra a la violencia, la razón a la creencia, el respeto a la imposición y el diálogo antes que cualquier ideario. Aunque, sinceramente, yo mismo dude de la existencia de ese “sentido común” como una realidad prioritaria en la vida de todas las personas; demasiadas, demasiadas de ellas continúan razonando al revés de lo que yo entiendo como óptimo. En fin…

    … Dos, que como hoy es un día que parece musicalmente mágico, esta mañana, camino de Ontinyent – una pequeña ciudad que dista 80 kilómetros de València – como no tengo coche y la comunicación con dicha población por medios públicos es nefasta, me trasladé en mi moto – Aprilia, Pegaso 650, para los amigos del dato pormenorizado – y dado que ese vehículo no tiene radio, claro, fui tarareando reiteradamente una canción, “Mozambique”, de don Bob Dylan. Hacía años que no la recordaba y de pronto, hop, me surgió inesperadamente y se me clavó en la cabeza sin saber porqué. Ignoraba lo del premio. Pero el LP en que estaba grabada – “Desiré” (1976) – fue para mí, un disco fundamental, fronterizo, un antes-y-después en mi propia vida.

    Lo cual, obvio, no es ningún menoscabo para el excelente don Pedro Iturralde cuyo elegantísimo jazz me ha regalado horas de evidente placer maduro. Pero el señor Dylan, señora Pavlova, ay, fue la BSO de mi primera juventud… En fin, que desde diversos ángulos de mi vida, me alegro tanto del premio al trovador gringo como el otorgado al músico navarro. Una alegría, por otra parte, sólo comparable a la preocupación que me genera la presencia del señor Ferran Adrià en la Documenta de Kassel. Desde que los sastres y los cocineros ocupan el lugar de los filósofos y los artistas creativos (no de los postmodernos, faltaría más, que de esos no nos deshacemos ni con agua caliente), ¿qué quieren?, veo a Occidente mal, muy mal… pero, bueno, supongo que esto sería materia para otro “post” de don Justo.

    … Y tres, que entiendo perfectamente la argumentación del señor Serna a la invitación de don Miguel. Más aún, les brindo un pronóstico: producto de la reflexión a la que se compromete don Justo, seguro, seguro que podemos gozar de otras aportaciones suyas que nos permitirán, retroalimentariamente a nosotros mismos, pensar y repensar sobre las mil facetas del tema que nos ocupa ahora. Todos salimos ganando.

    El “post scriptum” íntimo hace referencia a la escena que el señor Serna les propone, la de ambos, él y yo, en temprana edad, intercambiándonos las lecturas que cita. Uno de los regalos más espléndidos que he recibido nunca de nadie ha sido su recomendación de leer al señor García Márquez. Si bien ahora tengo toda su obra leída, aquella primera lectura de “Cien años de soledad” me dejó un poso inolvidable que presagiaba otras posteriores de la misma novela, con el mismo co-lector, en las que ya se transgredía el puro placer literario. Así nació aquella infructuosa búsqueda cartográfica, o el ímprobo árbol genealógico de los Buendía que osé dibujar a boli en el papel cuadriculado de los “blokcs” del colegio, o la de crear una imprecación original (“¡voto al coronel Aureliano Buendía!”), o las risas de ambos al maldecir a alguien con aquello del “rabito de cerdo”, o la mutua preocupación cuando pensábamos en la realidad-e-irrealidad del tren de Macondo cargado de muertos reales-e-imaginados, bueno y mil imágenes más, juntos, teniendo esa novela como eje. Creo que, a la postre, el regalo no fue descubrir al autor colombiano, fue compartir con don Justo su lectura.

  12. Miguel Veyrat

    Tanto a don Justo como a don Kant recomiendo encarecidamente que se hagan ahora mismo con un ejemplar de la “Guía de lugares imaginarios” de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi, publicada en 1980 por Alianza Editorial. Me lo agradecerán eternamente, incorregibles soñadores.

  13. jserna

    Haré por encontrar ese volumen: un libro que, si los hados no lo remedian, quizá sea ya inencontrable…

    Se lo agradeceré.

  14. Kant

    Gracias, señor Veyrat. Como puede adivinar – y bien sabe don Justo – amen de abundante literatura fantástica, tengo una respetable serie de trabajos sobre fantasía en mi biblioteca. Su sugerencia es muy bien recibida.

    Don Justo: el libro que nos propone don Miguel aún es encontrable en esa librería en la que la que don David Montesinos presentó su libro… bueno… ¡¿qué mandangas?!… en “La Casa del LLibre” de València (no sé porqué me iba a abstener de citar a una librería que tan buen servicio hace a esta mediocre ciudad… Obtusia la llama un buen amigo, diferenciándola de Vetusta sólo por la “modernidad” de la nuestra)

  15. Miguel Veyrat

    Sabía que acogerían sus mercedes con entusiasmo la noticia de tal compendio. En efecto, puede hallarse todavía en La Casa del Libro, no sólo en la de Valencia u Obtusia. Y en caso de apuro, siempre se puede recurrir a la propia casa editorial, que como todas las importantes guardan muchos años en sus almacenes los ejemplares desclasificados: Sólo hay que escribirles para obtenerlos. También circulan ejemplares entre los trujimanes de libros de segunda mano que circulan por Internet. Es, en efecto, un libro precioso para los amantes de la fantasía y de la buena literatura, un Mapa-Mundi escrito con pasión y amor, que recopila todos los lugares e ínsulas extrañas que ha inventado —más bien descubierto— la imaginación humana a lo largo de la Historia de la escritura.

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