Volvemos el 3 de septiembre…
0. Hemeroteca del verano
FEN
artículo de JS en Levante-EMV, 20 de julio de 2007
——————–
Abuelos
artículo de JS en Levante-EMV, 27 de julio de 2007
——————
Ciutadans
anticipada en este blog hace un año (julio de 2006)
————–
Umbral
–La vida de Francisco Umbral. Su muerte (agosto de 2007).
Conversación con Anna Caballé, su biógrafa (febrero de 2005)
——————
1. Fiesta, vacación y colación
En la mesa redonda que compartí el jueves 12 de julio en Gandía, los comparecientes hablamos de Ciudadanía, de lo que significa y de lo que implica. Un asunto colateral que despertó gran interés fue el de las normas. Lo planteó expresamente Marina Subirats. Otros de los temas abordados que, igualmente, suscitó atención entre el multitudinario público presente fue el de los ritos, los ritos civiles que facilitan y ordenan la integración del individuo en la sociedad. Lo desarrolló Fernando Delgado. Entre normas y ritos, los presentes acabamos hablando de la fiesta. Las fiestas populares son una manifestación periódica en la que los ciudadanos expresan su contento y su deseo de colectividad, de continuidad, de proximidad. En su sentido más extremo y antiguo, el regocijo público –que así se llamaba tiempo atrás– es un alivio del orden, del trabajo, de la obligación. En efecto, las fiestas populares son inversión y burla, farsa y humor: sátiras contra los poderosos y celebración de lo material, de lo carnal y, a la postre, también de lo espiritual. El Carnaval, por ejemplo, era eso: un modo expresivo y excesivo de dar la vuelta a las cosas, de invertir el mundo; una manera periódica y breve de alterar los valores, de aceptar provisionalmente el caos, de multiplicar la comunicación y el ruido. Todo a una.
Cuando los poderes perseguían, restringían, oprimían, internaban o ejecutaban, las fiestas populares eran un paréntesis de alivio en el que se consentían algunos excesos, un tiempo breve en el que hacer manifiestas la alegría vecinal o la furia, la risa satírica y el poder corrosivo de los menesterosos. En teoría, el único precepto que se seguía en una manifestación reglada por ritos era éste: fuera normas… ¿Qué es lo que sucede hoy, en nuestros tiempos permisivos e hipermodernos? En muchos casos, las fiestas populares se han convertido en la excusa para que el exceso injustificado se exprese, para que algunos brutos se manifiesten rompiendo materialmente lo propio y lo ajeno, para que algunos se entreguen a un libramiento destructivo con desenfreno impenitente. Por supuesto, en las fiestas siempre estuvo ese sentido de brutalidad: eran incluso bestiales, pues el vandalismo es una forma de expresar lo reprimido, lo que necesita escape o paliativo. Sin embargo, en la sociedad permisiva y democrática de nuestros días, el vandalismo no es necesariamente la manifestación de los humildes: muy frecuentemente es la licencia que se da el individuo bronco y ordinario.
Vienen las vacaciones y, con ellas, vienen las fiestas populares. ¿Hay algo que deteste más? Me refiero, claro, a las fiestas populares, esas que se organizan en homenaje a un santo patrón al que se invoca. Verbenas atronadoras con orquestas humildes que empiezan a la 1:30 de la madrugada. Clavarios y festeros entregándose a la detonación, al estruendo del petardo universal, del pólvora para todos. Y, después, al día siguiente, una arrogante brutalidad de cristales astillados, de papeleras carbonizadas, de orines, botes y botellas… La fiesta patronal sin norma es, seguramente, lo peor que le puede suceder al ciudadano silencioso. Decía Marina Subirats que el espacio público está lleno, que sólo hay que pasearse por las calles de Barcelona para comprobar la densidad que rebasa las aceras. No es sólo una realidad tangible: es una metáfora de nuestro tiempo. Ya Ortega y Gasset dijo en una página de su obra que el hecho de las aglomeraciones es el fenómeno más importante de la vida pública europea de la hora actual. «La aglomeración, el lleno, no era antes frecuente», reconocía Ortega. Ahora lo es y su evidencia se ha hecho presente bajo la forma de la masa físicamente reunida, de las muchedumbres apiñadas en veredas y calzadas. ¿Alguien imagina a esa multitud agitada, con un estrépito de petardos y de decibelios verbeneros? Lo normal es que la minoría silenciosa se proteja en el interior, sellando puertas, atrancando ventanas, esperando, pues, el fin del ruido municipal. Siento acabar la temporada así, con este malhumor individualista y tan poco jaranero…, que nada tiene que ver con el fin de curso de 2006, cuando me despedía sin hosquedad.
Para mí, lo deseable no es la murga non stop que nos prometen, sino la fiesta privada y silenciosa. Lo siento, pero no me convencerán: espero y anhelo la vacación non stop, el relax, esos desayunos largos y fresquitos. Ya sé que esto no es posible y que hay un septiembre de regreso y obligación, pero el Infierno es lo más parecido a un largo domingo de invierno o, mejor, a una fiesta municipal inacabable. Aquí, yo no les prometo fiesta atronadora: sólo confraternización y debate y comensalismo intelectual. Decía Albert O. Hirschman que cuando preparamos un piscolabis entre amigos el esfuerzo se confunde con el placer, la dedicación con el resultado, la ventaja con el empeño y los prolegómenos. Una vez nos hemos zampado las galletitas y los zumos queda una sensación de hartazón, de hastío…, pero todos recordamos lo bien que lo pasábamos cuando no estaba la mesa puesta, cuando los cubiertos no estaban dispuestos, cuando las tazas no estaban alineadas. Es nuestra fiesta particular, sin estrépito de verbenas ni pólvora de agresión. Aquí, en este blog, nos sentamos a una mesa en cuyo centro se exponen las viandas, unas viandas más o menos apetitosas y frescas que cada uno elaborará a su antojo. Hay exquisiteces, frutas de estación y hay refritos; hay platos sencillos y hay bocados deliciosos y alguno indigesto (recuerden a Curri Valenzuela). Ustedes, los lectores fieles y minuciosos, no se limitan a comer, sino que también cocinan lo suyo. No nos merecemos otra cosa: nos dispensamos mutuamente una pequeña colación intelectual. Buen provecho y gracias…
Como dicen los italianos: ci vediamo el 3 de septiembre.
——————-
2. Lecturas y relecturas de verano
–Relectura de Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)
Ojos de Papel, 4 de julio de 2007
—Lectura de Días de diario (Antonio Muñoz Molina)
Ojos de Papel, 1 de junio de 2007
–Lectura de Hoy, Júpiter (Luis Landero)
Ojos de Papel, 1 de mayo de 2007






Deja un comentario