0. ¿Dónde está el frente? Asisto a la proyección de En tierra hostil (2009), con recogimiento, impresionado.
Es una historia bélica mil veces contada —como otras que también me gustaron–, pero ahora Kathryn Bigelow te la muestra de otro modo, en una circunstancia nueva: la vida arriesgada de unos artificieros en Irak.
Una chica dirige un film en el que los personajes son varones machos y dañados. Sorprende su exactitud psicológica. Esperas que estalle el artefacto en cualquier momento.
Ochocientas y pico bombas ha desactivado el jefe, pero eso no le salva o no le protege ahora, cada vez que ha de impedir la detonación. Es un tipo con mucho arrojo, incluso temerario. Ni él mismo sabe por qué se expone tanto y a tanto. Tiene algo por lo que sobrevivir, pero le excita el peligro.
Dirige un grupo de técnicos, con habilidades asombrosas que no les evitan el riesgo de morir. Justamente por eso, sus hombres no observan el entorno: lo escrutan. No miran: simplemente sospechan.
Sospechan de todo lo que se mueve. Desconfían. Están en tierra extraña, un sitio en el que se les hostiga permanentemente, un lugar del que no esperan nada bueno. ¿Quién es el enemigo? ¿Dónde está el frente?
1. El reparto y el cálculo. Asisto a los últimos momentos de una lucha electoral en la Unive rsitat de València.
Es la que enfrenta a María Antonia García Benau y Esteban Morcillo para acceder al Gobierno de la institución, el Rectorado, con Antoni Furió y Vicent Soler como combatientes aún en liza…
Decir que esto es una guerra es simplemente una exageración. No es una contienda ni hay metáfora bélica de la que servirse para analizar una confrontación institucional. Al fin y al cabo, esto no se resuelve a mamporros o a cañonazos.
Pero hay algo que he visto en la película de Kathryn Bigelow que también observo en estas elecciones, en esta segunda vuelta: la desconfianza generalizada, la sospecha de que cualquier movimiento en falso produce efectos imprevistos, la impresión de que un descuido puede provocar la derrota.
El escenario es una ratonera, un lugar lleno de trampas en el que cada uno ha de mirar para salvarse. En la película de los artificieros, los muchachos se la juegan en cada acto: no esperan nada del futuro. En cambio, para los contendientes de la Universitat, la cosa es muy distinta. Entre quienes se juzgan ganadores hay gentes que ya reparten: ofrecen lo tangible, lo inmediato, con optimismo material, no sé si clientelar. Entre quienes se saben perdedores observo un cálculo: no ofrecemos nada porque esperamos el porvenir, cómo ganaremos dentro de cuatro u ocho años.
Está por ver...: lo que veo ya, inmediatamente, si algo no lo remedia, es un territorio hostil. Tal es la fractura. El martes 9 de marzo, a las 9 de la noche, los reproches serán más que previsibles. Habrá gente que ajuste cuentas, que pase factura. Ojalá me equivoque. Ya me gustaría, ya, que hubiera generosidad. ¿Y qué votaré yo? ¿Me pedirán cuentas por mi elección? Ahora después diré el sentido de mi voto, pero tampoco tiene tanta importancia: tampoco vale tanto un sufragio…
Los candidatos derrotados en la primera vuelta no recomiendan ninguna opción, dado que no ha fructificado ninguna alianza. Por eso, según leo en la Carta a la Comunitat Universitària que ha publicado la candidatura de Antoni Furió, «pensem que la millor decisió que podem prendre en aquests moments és recomanar que cadascú vote en consciència, pensant en el millor per a la nostra universitat».
A ver: leamos otra vez. Si se me permite discrepar, esa frase es una maldad o una banalidad: o no dice lo que debe decir. No hay voto cautivo. Es más, hemos de pensar que los universitarios votan siempre en conciencia. Si alguien elige irreflexivamente, no se le va a despertar con este tipo de recomendaciones.
2. ¿Qué será de nosotros cuando hayamos votado? A lo que parece, unos negociadores se plantan como si ya fueran ganadores y otros como si lo fueran a ser en un plazo corto. Desconfian mutuamente.
Mi crítica no es al mercadeo (por Dios, no soy tan purista), sino a la ceguera de quienes se sienten dueños de un triunfo inmediato o venidero. Unos se ponen puros y calculadores; y otros se congratulan con una victoria pírrica y provisional.
Por su parte, quienes se saben con probabilidades ciertas de ganar prometen lo que estando en el poder no han mejorado (o incluso han empeorado). Desconfío abiertamente.
¿Qué será de nosotros cuando hayamos votado? Porque yo voy a votar. No soy tan divino como para abstenerme ahora o como para pretextar que esto ya no va conmigo.
3. Y voy a votar a María Antonia García Benau. Sé que me voy a granjear la admonición de algún colega, que me indicará las debilidades de su candidatura. O incluso alguna incongruencia o mala experiencia.
Lo siento, pero yo voto en conciencia. Siempre: siempre he participado en las elecciones y ahora no voy a dejar de hacerlo. Doy mi apoyo a la candidatura de María Antonia García Benau en esta segunda vuelta.
Su principal adversaria sólo es la abstención: hay que participar y hay que votar. El Rectorado necesita un cambio. Un cambio de verdad.
¿Y si ganan sus rivales? Por favor, lleguen quienes lleguen, gobiernen para todos. Sin hostigamientos.
¿Es posible hacerlo? Como antes decía, en la película de Kathryn Bigelow los hombres no observaban el entorno: lo escrutaban. No miraban: simplemente sospechaban. Sospechaban de todo lo que se movía. Desconfiaban. Estaban en tierra extraña, un sitio en el que se les amenazaba permanentemente, un lugar del que no esperaban nada bueno. Eso es lo que decía…
Gane quien gane en la Universitat no repitamos, por favor, la metáfora guerrera.
Resultados finales:
Número total de mesas, 69
Mesas escrutadas, 69
Resultado:
María Antonia García Benau, 42.77%
Esteban Morcillo, 57.23%
Participación por colegios:
PDI Doctor/Vinc.Permanente: 86.75%
PDI No Doctor/Vinc.No Permanente: 50.58%
Estudiants: 10.18%
PAS: 73.21%
Investigador en Formació: 33.98%
Carta a María Antonia García Benau
Estimada María Antonia, quiero felicitarte por tu campaña y por tu esfuerzo, por la forma en que has conducido una lucha electoral dura y larga. Ha sido una pena que finalmente no pudieras acceder al Rectorado. Habrías hecho una gestión brillante, estoy seguro. Y eficacísima. Lamento que tantos potenciales votantes del pdi no te hayan votado. Te habrían llevado al gobierno de la Universidad.
Recibe todo mi ánimo y solidaridad, Justo Serna


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