Uno. A este blog se llega por los caminos más variados o insólitos. Me dicen lectores de Valencia y de otros lugares que aquí hemos formado un equipo selecto, un círculo de personas que dialogan con respeto y con interés, con
conocimiento. Con conocimiento, en la acepción popular, venerable, de la expresión: con sentido, con prudencia. Por supuesto, ése es el principal atractivo que esta bitácora tiene: cosas interesantes que decir, que compartir, expresadas con sensatez y buen estilo. Esa
moderación verbal hacen de este blog un espacio de reflexión sin estridencias, una tertulia.
Eso mismo experimenté cuando acudí a una tertulia literaria organizada por el grupo valenciano de Amnistía Internacional. Celebrábamos el Tercer Martes Negro de Amnistía Internacional en el Cosecha Roja, de Valencia. En la sesión, con un público preparado, motivado y documentado, discutimos sobre La excepción (2088), la novela que Christian Jungersen publicó originariamente en 2004. En la fotografía de Isabel Zarzuela podemos ver un momento del acto.
Me siento muy complacido y honrado de haber estado allí colaborando con Amnistía y hablando en una librería-café cuyo motivo gráfico reproduce la cubierta que Daniel Gil hizo para la primera edición española de Cosecha roja (1929), de Dashiell Hammett, en El Libro de Bolsillo de Alianza.
Soy un sentimental: esa obra fue la primera novela negra que leí, cuando cursaba el primer año de carrera. Aún recuerdo el impacto que este libro me ocasionó. Y aún recuerdo, claro, el diseño de Daniel Gil. Qué tiempos.
Dos. Luego, al acabar el acto, estuve cenando con unos amigos que habían tenido la gentileza de acudir al Martes Negro. Nos fuimos de picaeta, vaya. Para alegrarnos la velada estuvimos disputando sobre
Los enamoramientos, de Javier Marías. ¿La razón? Tres de las personas presentes en la cena habían leído la novela y no terminábamos de estar de acuerdo en su méritos o deméritos.
Acabo de publicar una reseña en Ojos de Papel y pronto he de remitir otra recensión de esta misma obra a la revista Mercurio: nueva, distinta, con énfasis diferentes.
Allí, sobre la mesa, entre sorbo y sorbo de cerveza, los presentes nos dedicamos a componer el mundo y a debatir sobre esta novela de Marías: sobre la digresión y los guiños del novelista, sobre la muerte y el secreto, sobre la lenta o abrupta difuminación de las cosas.
Y yo quise detenerme en un personaje secundario de la obra, en Ruibérriz de la Torre. Es éste un tipo patoso, achulapado y atolondrado que ya aparecía, como protagonista y narrador, en Mala índole (1998). No pude extenderme pero después fui a buscar lo que yo mismo había escrito de esta historia en una página de Héroes alfabéticos. Se trata –me decía– de un disparate, cómico, trágico, absurdo, increíble, pero a la postre perfectamente verosímil, algo en lo que es especialmente habilidoso Javier Marías.
¿Alguien se imagina el relato de un autor español en el que aquello que se nos narra sea la confesión de un traductor y preceptor de español [Ruibérriz de la Torre] ocasionalmente contratado para asesorar en fonética castellana a Elvis Presley durante el rodaje de Diversión en Acapulco? ¿Alguien se imagina, además, por si lo anterior fuera poco, que ese profesor acabe matando a un gángster mexicano con un pico, exactamente con un pico? Sorprende la localización de la nouvelle, pero sorprende que cosas así pasen»
Voy a releer Mala índole. Y algo diré aquí, en esta tertulia…
Hemeroteca
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Nuevo número de Ojos de Papel, con colaboraciones de Miguel Veyrat, Justo Serna, Alejandro Lillo y Francisco Fuster. Aparte, hay reflexiones muy interesantes de Carlos Malamud, Bernabé Sarabia o Carlos Abascal.
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Nuevo número de Mercurio, núm. 131. Páginas centrales dedicadas a «Teatro, palabra en acción«. Numerosos artículos sobre el teatro –como el de Manuel Alberca dedicado a Valle-Inclán— y una entrevista de Rosana Torres a Nuria Espert. Con reseñas de Alejandro Lillo y Justo Serna, entre otros.

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