Blog de Campaña de El País (Comunidad Valenciana)
Uno. «Ciudadanos normales». Señores, qué quieren, nos gusta la simplificación, reducir las cosas a su vertiente más sencilla y esquemática. ¿Cuál es la alternativa? ¿Apocalípticos o integrados, según la distinción que estableciera Umberto Eco? El semiótico la empleaba para hacer más complejas las cosas, pero la marcha del mundo tiende a
la simplificación de lo que la gente ve o afirma o cree.
Según lo que dicen ciertos periódicos, El Mundo por ejemplo, parece como si la política sólo pudiera definirse a partir de dos alternativas. En ambos casos serían algo así como muchedumbres creativas.
Por un lado, estaría la gente molesta, incluso muy molesta, que habría decidido abstenerse y que actuaría movida por impulsos, convocada a través de las redes sociales. Damnificadas por la crisis, esas personas concentradas el domingo pasado en algunas ciudades españolas gritan y gritarán consignas antisistema. A algunos de esos manifestantes, de pronto extremo y estilo radical, El Mundo les concede toda su simpatía.
Por otro lado, estaría la gente de orden, una multitud de simpatizantes y militantes del Partido Popular que demuestran y demostrarán su fuerza numérica en un coso taurino o en las urnas y cuyo triunfo parece incuestionable. Son la encarnación del sistema, dispuestos a expresar su oposición a José Luis Rodríguez Zapatero votando el próximo domingo como un solo hombre.
Repito. Si hemos de creer lo que ciertos comentaristas y editorialistas dicen, algo nuevo, muy bonito y muy grande estaría surgiendo: un movimiento espontáneo de españoles airados, de jóvenes sin perspectiva y de mayores laboralmente desahuciados. Sería algo así como la sociedad en movimiento. Todos ellos habrían dicho basta decidiendo salir a las calles para protestar festivamente contra los polítcos, los banqueros. Serían así, en general, los corruptos. He percibido entusiasmo en algunos editoriales –ya digo–, que ven con esperanza, un movimiento aparentemente espontáneo de una sociedad civil musculosa. En El Mundo del 16 de mayo no pueden reprimir la simpatía que el movimiento les despierta:
Internet alienta el brío de la sociedad civil
«Ayer comprobamos por qué los ciudadanos ven a los políticos como uno de los principales problemas sociales, según reflejan tenazmente las encuestas del CIS. Miles de españoles salieron a la calle en varias ciudades convocados -sobre todo a través de las redes sociales- por Democracia real ya, un movimiento formado por «ciudadanos normales» preocupados por la corrupción política y la indefensión ante la crisis económica y social. Deberían hacer caso los dirigentes a estas manifestaciones de malestar ciudadano. Internet hace que movimientos que antes era casi imposible que se estructuraran, ahora sea fácil que lleguen a muchas personas, que se pueden organizar sin demasiado esfuerzo. Ayer, por ejemplo, Democracia real ya fue trending topic en Twitter. Esta pujanza de la sociedad civil debe servir para que reaccione una clase política cada vez más enrocada en sí misma».
Entiendo que haya mucho malestar por la crisis económica y por el mal ejemplo que algunos responsables políticos están dando. Entiendo que las instituciones democráticas sean mejorables, pero no comparto un cartel que tenga como lema «Democracia real ya» y no acepto que los convocantes se comparen con los revoltosos de Egipto, por ejemplo. ¿Es que acaso una dictadura bien engrasada y una democracia defectuosa son lo mismo? Me resulta muy desazonador que la rebeldía se exprese así, sin distingos.
Convocados a través de las redes sociales, los manifestantes de estos días habrían acudido a las concentraciones en distintas ciudades españolas. Llevaban una cartelería muy apañada. Como de manifestación norteamericana. No eran sábanas o banderas. Eran cartones bien ensartados en palos de madera con eslóganes muy medidos para rimar y entonarse. Todo muy aseado, ya digo. Resultaba difícil creer que esos carteles, tan parecidos, surgieran como por ensalmo. Pero, en fin, lo aceptaré.
Pude ver la concentración de Valencia, junto a la Glorieta. Había un tono festivo, ruidoso, con ese tam-tam antisistema que enardece o cansa, según. Y he podido escuchar declaraciones de algunos de sus líderes espontáneos. ¿Qué quieren que les diga? Creo que es intolerable condenar a los políticos, a todos, como corruptos. Las manifestaciones de estos líderes son generalizaciones, afirmaciones nada precisas y un síntoma.
¿Pero por qué he de creer que un movimiento espontáneo resolverá los problemas de los partidos? En una concentración, en un ejercicio de democracia directa o asamblearia de «ciudadanos normales», siempre puede surgir un demagogo que aproveche los humores, los malos humores, a ritmo de tam-tam. ¿Y el entusiasmo que muestran los convocantes? La verdad es que el entusiasmo en política siempre me deja frío o sencillamente me inquieta.
“Sólo es posible mantener charlas enjundiosas con los entusiastas que han dejado de serlo”, dijo en cierta ocasión E. M. Cioran. Es con esos con quienes se puede hablar. “Serenados al fin, han dado, por gusto o por fuerza, el paso decisivo hacia el Conocimiento, esa versión de la decepción”. Lo siento. Pero pienso exactamente lo mismo. Yo soy una persona de orden (¿un integrado?) que no sabe hablar con entusiastas, con gentes arrebatadas que entonan cánticos antipolíticos. El resultado es francamente dudoso. Espero a que se serenen. Sus líderes espontáneos los decepcionarán. Y la crisis seguirá.
Dos. No lo pongo en duda: entre los indignados de este movimiento llamado 15-M, que pretende tomar la calle, hay gente sinceramente irritada. Con motivo. Pero estoy seguro de que hay otra gente gente que aprovecha la ocasión para enredar, para despistar y confundir aún más a los votantes de izquierdas. Como sospecho que hay gente antisistema que ve una oportunidad para hacerse oír. Leo el Manifiesto titulado Democracia real ya y su mismo arranque me produce estupefacción. Dice así:
«Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.
«Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.
Etcétera, etcétera. Aumenta mi estupor al leer ahora una nota que ha hecho pública Europa Press el día 17 de mayo a propósito de dicho movimiento en Valencia. ¿Cuál es el titular? “Simpatizantes del movimiento 15-M acampan frente al Ayuntamiento de Valencia”. La noticia recoge las intenciones, los objetivos, las declaraciones de los acampados. La releo y no salgo de mi asombro. Entre otras cosas dice esto:
«Una veintena de simpatizantes del colectivo ‘Democracia real YA’ (DRY) están acampados frente a la plaza del Ayuntamiento de Valencia, donde permanecerán hasta las elecciones autonómicas y municipales del próximo 22 de mayo, con el objetivo de mostrar su rechazo a la gestión económica puesta en marcha para superar la crisis y reivindicar un nuevo modelo político, económico y social. Según han comentado uno de los portavoces de esta iniciativa a Europa Press, «el sistema tiene que cambiar», ya que en este momento «no existe ninguna opción por la vía democrática». Por este motivo, ha emplazado a «cambiar las leyes electorales»…»
Según esa nota, los simpatizantes «permanecerán hasta las elecciones autonómicas y municipales del próximo 22 de mayo». ¿Y por qué sólo estarán hasta el día de las elecciones? ¿Es que acaso el 23 respiraremos con alivio? Si se trata de mostrar rechazo a la gestión económica de la crisis y de reivindicar un nuevo modelo, no entiendo por qué se retirarán al día siguiente? Escaso aguante para tan grandes objetivos, dirá el quisquilloso. ¿O es que sólo hay metas inmediatamente electorales? Por otro lado eso de cambiar «el sistema» es un propósito bien intencionado pero muy abstracto, la verdad. Además, la palabra «sistema» tiene tan mala prensa que, si se dice, inmediatamente provoca adhesiones.
Ustedes me perdonarán, pero dicho así, el sistema, me evoca el título de una obra homónima de Mario Conde. ¿La recuerdan? Se llamaba precisamente El sistema. Qué curioso: un banquero que casi revienta el orden financiero español publicaba un volumen incendiario cuando lo pillaron con las manos en la masa. Lo dicho, no hay mejor enemigo que «el sistema».
Los parados, los subempleados y los jóvenes precarios se merecen algo mejor. ¿Una utopía de segundo orden? Creo que no. Creo que nos hace falta una dosis mayor de realidad. La circunstancia es grave y tomar las calles provoca efectos muy teatrales. En todo caso, si las causas estaban antes del 22 de mayo, no sé por qué han de desacampar cuando acaben las elecciones. Piénsenlo los simpatizantes valencianos del 15-M: quizá deban seguir frente al Ayuntamiento y frente a la Generalitat; quizá deban mantener la tienda de campaña. El día 23, ambas instituciones aún formarán parte del sistema…
Blogosfera del día
David Montesinos, «Votar. O no», La cueva del gigante, 13 de mayo de 2011
«…No me gustan muchas de las cosas que han hecho los dos gobiernos socialistas que ha tenido la nación, y, si pensamos en lo que se nos viene inmediatamente encima, las elecciones autonómicas y municipales, no me siento en condiciones de garantizarme a mí mismo que votarles es lo más adecuado. Sí sé que no quiero una sociedad sometida a la servidumbre de las corporaciones, los especuladores, el odio a los inmigrantes… Una sociedad, en suma, donde las instituciones se hayan debilitado tanto que la condición de ciudadano valga tan poco que ser un «idiotés» ya no sea una elección reprochable, sino el irremediable destino de impotencia en el que todos vivamos sin remedio.
Piénsenlo».
Hemeroteca del día
Justo Serna, Los liberales y la calle», Levante-Emv, 11 de marzo de 2006
«…Cuando [Ralf] Dahrendorf se interroga cómo combatir la abulia democrática se contesta: «hemos de crear instituciones. A los liberales podrá sorprenderles esta máxima, pero lo cierto es que la libertad sólo es real si cuenta con una base institucional», con «instituciones que encaucen los antagonismos existentes» y esto no se logra con un activismo callejero que dará bien en televisión, pero que deteriora la democracia. La paradoja de la manifestación permanente, del estrépito mediático de la política, es la de que provoca una actitud pasiva: un grueso de población que asiste al espectáculo televisivo de la calle convulsa y que no participa en la edificación de la democracia y de las instituciones. En efecto, «la otra cara del nuevo autoritarismo -concluía Dahrendorf-, es la sociedad de los couch potatoes, esto es, de los televidentes que pasan sus días sentados en el sofá comiendo patatas fritas, viendo pasar por la pantalla un mundo en el que ya no participan y en el que pronto ya no podrán participar». Tomen buena nota».

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