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Uno. Hay libros perecederos que uno debe leer en el momento de su
aparición. Meses después, esos volúmenes, de hoja caduca, carecerán de todo interés. Con la literatura política me ocurre eso: los libros de memorias de nuestros representantes suelen ser autojustificaciones, textos que me gusta analizar para ver qué dicen, para comprobar cómo relatan, para verificar cómo argumentan.
Pero esas cosas que dicen, esas cosas que relatan y esas cosas que argumentan tienen un propósito directo: aupar al candidato, presentar su mejor cara, asearlo ante los lectores y los electores. Son libros groseramente instrumentales: textos de circunstancias.
Precisamente porque hay que sacar provecho inmediato, ese aseo del candidato se hace con urgencia, con prisas, y a veces se le nota la roña política.
Acostumbrado como estoy a libros convulsos, a volúmenes que me agitan y me conmocionan, la lectura de En confianza (2011), de Mariano Rajoy me enfría.
Tiene doscientas cincuenta y tantas páginas. Es igual: podría tener el doble. Al leer dicha obra, uno tiene la impresión de que en lo esencial no ocurren grandes cosas. No hay picos que remontar, ni situaciones verdaderamente entretenidas. En fin, uno tiene la sensación de que nunca pasa nada. Permítaseme una metáfora socorrida: su lectura no es una travesía que depare alguna sorpresa, no. Es es la calma chicha del capitán que espera el viento favorable en el muelle. Cuando llegue, partiremos, se dice el marino. Mientras tanto, podemos matar el tiempo contando historias sencillas e incluso aburridas.
Dos. Mariano Rajoy cuenta historias sencillas y algunas de ellas bastante aburridas, la suya principalmente: la de un hombre cualquiera que sin hacer ruido ni aspavientos es candidato presidencial. Así empieza el candidato:
«Soy Mariano Rajoy, español y gallego nacido en Santiago hace cincuenta y seis años. Estudié en un colegio público y en otro privado, en pueblos de Galicia y en León, aunque mi pequeña patria y la de mi mujer, Elvira –Viri–, está en Pontevedra y la zona de Sanxenxo. Nos casamos en la isla de la Toja, y de allí me fascinan sobre todo la inmensidad azul del mar y las mañanas con nubes y luego tan diáfanas».
¿Le fascinan sobre todo la inmensidad azul del mar y las mañanas con nubes y luego tan diáfanas? ¿Y la lluvia frecuente de Galicia también? ¿Acaso el marisco?
De joven, Mariano Rajoy se fue a Ibiza, nada menos que en autostop. Iba con unos amigos. ¿Y? Rajoy relata dicho episodio para subrayar la tolerancia de su progenitor: a pesar de que no le hacía gracia, su señor padre le permitió ese correría juvenil.
¿Y qué pasó allí? ¿Pasar, pasar? Nada, si hemos de creer lo que no dice. Mariano Rajoy va al trote abandonando rápidamente muchos episodios cuyo recuerdo podría haber sido revelador. Se limita a enumerar sin decir nada de provecho. Aunque algo se le escapa, claro.
Tres. Una de las cosas más chocantes del libro En confianza es el autor tan cachazudo que tiene. Es prolijo en cosas que no tienen mayor interés y que cualquiera podría obtener en una enciclopedia. Así, se empeña en hablar de lo obvio (la caída del Muro de Berlín es un acontecimiento histórico, por ejemplo). Y es roñoso a la hora de dar informaciones relevantes.
¿Y cuando se extiende y encima se equivoca? Hablar del sistema político de la Restauración borbónica para decir que había dos partidos relevantes, el Conservador y Progresista (sic), es pura ganga verbal. Y esa sensación se repite en este apartado y en aquél.
En el capítulo dedicado a la educación, por ejemplo, no dice más que trivialidades: que si hay que premiar el esfuerzo, que si hay que valorar a los docentes, que si hay que exigir respeto. Muy bien, muy bien, aceptado.
Inmediatamente, Mariano Rajoy nos da un ejemplo de lo que quiere decir y de la circunstancia educativa que quiere implantar: el modelo imperante en su infancia y primera juventud, cuando los profesores mandaban y los alumnos obedecían. ¿Menciona el franquismo como marco político de aquella escuela? No, el autor no repara en ello y por tanto idealiza un sistema educativo que tenía detrás una dictadura.
¿Es que acaso Mariano Rajoy es partidario de la tiranía política? No, por supuesto. Simplemente no cae en ello o sencillamente evita el peliagudo asunto de que la educación de antaño estuviera amparada por el nacional-catolicismo y por un régimen castizo y militar.
Colofón. Entre las afirmaciones categóricas de Mariano Rajoy escojo tres que me han impresionado. Tienen la misma naturaleza. El autor pone el énfasis en lo obvio, en la repetición o en el enunciado huero: una descripción de lo evidente con la que no podríamos estar en desacuerdo. Como indicaba más arriba, traten de darle la vuelta a estas declaraciones. No podrán…
Primera:
«Mi diseño del Estado es el de un Estado moderno, que garantiza la seguridad jurídica y la confianza de los ciudadanos…»
¿Hay alguien que postule una vuelta a las instituciones premodernas, con inseguridad jurídica y desconfianza ciudadana?
Segunda:
«Soy un buen lector, en especial de historia y de ensayo, me gusta el cine y soy apasionado de los deportes. Disfruto leyendo ensayo y novela histórica, sobre todo relacionados con la historia de España o de Europa…»
Si es un buen lector de historia y ensayo, ¿por qué inmediatamente después dice que disfruta leyendo ensayo y novela histórica? En el primer caso, repite el mismo género (ensayo); en el segundo hace sinónimos lo que son escrituras distintas: la historia y la novela histórica.
Tercera:
«Mi posición respecto al 11-M no puede ser hoy distinta a la que ya manifesté en su día. Se resume en el acatamiento de la sentencia judicial que recayó sobre el sumario de los atentados de Atocha; en el apoyo total a las víctimas, que fueron los verdaderos damnificados por el atentado, las 192 personas fallecidas, los heridos y sus familiares; y en el compromiso de poner todos los esfuerzos que estén en nuestras manos para que un acontecimiento similar no se repita en el futuro…»
He leído varias veces este extracto: en el libro y luego una vez escrito. No doy crédito. ¿Qué significa «las víctimas, que fueron los verdaderos damnificados por el atentado»? ¿Es que acaso hay otras víctimas que no sean los verdaderos damnificados? Por otra parte, hemos de suponer que todo candidato a presidir el Gobierno de España pondrá «todos los esfuerzos» que estén en sus manos «para que un acontecimiento similar no se repita en el futuro». Entonces, ¿hay algún candidato que diga expresamente que no pondrá todos los esfuerzos para que no se repita un 11-M?
En fin.
Imágenes
En Facebook, Juan Pablo Trénor Gomis me hace llegar tres imágenes que pueden haber servido de inspiración para realizar la fotografía de sobrecubierta del libro de Rajoy. Una se emplea como ilustración en un volumen de Albert Camus; la otra es la de Corto Maltés; la tercera es una célebre pintura de Caspar David Friedrich.
«Echo de menos una descripción más profunda de la cubierta del libro de Rajoy, Justo. Te pongo aquí imágenes en las que el fotografo ¿se inspiró?», añade Juan Pablo. Las reproduzco:
La imagen de un observador que otea el horizonte es un motivo recurrente de la tradición pictórica, un tópico gráfico. Un individuo solitario distingue algo. Hace un esfuerzo de percepción y de intelección. Pero eso no garantiza nada. Es probable que la pose de la tradición pictórica exprese desconcierto y un punto de aturdimiento. O serenidad. Uno mira pero no atisba con precisión.
Mariano Rajoy otea y pone buena cara, pero no sabemos si ve algo. El cielo está encapotado, la mar está tranquila, en una calma chicha que dice bien poco de las convulsiones reales. ¿Se trataba de presentarnos a un candidato tranquilo? Una de las cosas que me llaman la atención es la inexpresividad de Rajoy. Lo tengo muy visto: cuando esboza una sonrisa es que está incómodo, seguramente ajeno a la escena.
Hemeroteca
Justo Serna, «La fantasía de Rajoy», El País, 19 de octubre de 2011










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