¿Qué fue del rey Juan Carlos I?

Sabemos que el rey emérito permanece en Abu Dabi, en una especie de exilio consentido, con vistas al golfo y con regreso opcional. De cuando en cuando lo interrumpe para venir a España, preferentemente a Sanxenxo y preferentemente en temporada de regatas.

Sabemos que pasa allí sus últimos días, meses o años con una vida confortable, que no es poco para un exiliado. Lo hace lejos del centro de la escena y del escrutinio de los medios, ese escrutinio que durante décadas fue liviano. Y sabemos que procura no dañar a su hijo, es decir, que sus actuaciones públicas, pasadas o presentes, afecten lo menos posible al reinado de Felipe VI.

A Juan Carlos se le atribuyen logros notables. Entre otros, haber facilitado una transición “de la ley a la ley”, según la célebre fórmula de Torcuato Fernández-Miranda: del régimen franquista a un sistema democrático, de las Leyes Fundamentales del Reino a una Constitución democrática.

Por supuesto, no lo hizo solo. Aquello lo emprendió en compañía de otros. En efecto, no fue el único que lo ideó ni el piloto exclusivo, por mucho que la iconografía y la hagiografía oficial lo pusieran siempre al mando. Pide grado y por fuerza tuvo que apoyarse en muchos actores políticos del momento, que podían favorecer o entorpecer la marcha hacia la democracia.

Durante décadas fue algo más que una persona: fue un personaje simbólico. La Constitución lo define como símbolo de la unidad y permanencia del Estado. Lo de la permanencia lo cumplió con creces, aunque fuera en el extranjero.

La noche del 23-F lo erigió en héroe inesperado, en garante de la democracia. Y un consenso tácito de políticos y periodistas protegió esa imagen con celo. El rey fue un relato compartido, casi un mito fundacional. Por eso su caída no ha sido solo la de un hombre, sino la de una figura en la que muchos españoles se habían reconocido. Hasta que, en Botsuana, apareció posando junto a un elefante.

Su vida privada, desde muy pronto, fue poco edificante. Y no se trata solo de una cuestión moral, de lealtades o fidelidades conyugales. Está también la cuestión del patrimonio, con sus regalos generosos de monarquías amigas y sus regularizaciones fiscales a toro pasado.

Concebirse y obrar como un rey negociante era un riesgo y una temeridad. Y no por falta de precedentes. Un rey negociante había sido, precisamente, su abuelo, Alfonso XIII, y ya sabemos cómo acabó aquello.

Esta tarde, en la Librería Gaia, de Lola Samper, vamos a asistir a una discusión interesantísima. Ocurrirá en el club de lectura que llevamos Carmen Garcia Monerris y yo.

Juan Cerdán presentará su libro Juan Carlos I. El personaje para que los miembros del club podamos debatir sobre la figura del rey emérito y su papel histórico. También para que podamos discutir cómo se construyó el personaje y cómo lo analiza el propio libro de Cerdán. Será, creo, una sesión entretenidísima y muy productiva.

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Asistencia:

Librería Gaia, Valencia, 26 de octubre de 2026,
19:30 horas

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Asistencia virtual:

https://meet.jit.si/clubdelecturasobrejuancarlosi

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