Browse by:

Armado hasta los dientes

Cuando niño –justo cuando apenas sobrepasaba los tres, los cuatro, los cinco o los seis años–, Melchor, Gaspar y Baltasar fueron generosos conmigo. Conforme fui creciendo, los obsequios reflejaban apetencias masculinas e influencias televisivas: todo muy fálico y viril. Resultaba chocante: yo me tenía por un pertinaz pecador y un malevo. Y, sin embargo, llegaban…