Calendario. El presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha anunciado oficialmente que no se presentará como candidato del partido socialista en las elecciones generales previstas para el año que viene. Es una decisión que se esperaba pero que se ha tomado y de la que se ha informado cuando el interesado ha creído oportuno. ¿Por qué lo ha hecho? ¿Qué se sigue de esa decisión? ¿Quién lo reemplazará?
Dadas las previsiones tan poco halagüeñas para las inmediatas elecciones municipales y autonómicas, la retirada de Rodríguez Zapatero puede interpretarse como una huida anticipada. Supongo que una parte de la prensa más hostil lo presentará así. Abandona el barco antes de que se hunda, deja en la estacada a sus conmilitones, olvida sus responsabilidades, teme perder. Etcétera. La derecha pondrá el ejemplo de Felipe González: éste, como un mandatario responsable, tuvo el coraje de enfrentarse y perder ante José María Aznar. Etcétera.
Creo, más bien, que el anuncio de retirada de Rodríguez Zapatero es un gesto corajudo y arriesgado. Y es de agradecer. Sobre todo por el valor de anunciarlo ahora, pues no abandona el barco. Antes al contrario: hace recaer sobre él la responsabilidad de un mal resultado electoral inmediato, que es lo predecible. No hipoteca, pues, a quien le suceda, dado que el nuevo líder del partido socialista saldrá de un proceso interno y previo. De ese modo quizá no se repita la agónica sustitución de Felipe González con aquella fase de transición. No sé.
Rodríguez Zapatero ha hecho un favor a su partido y, por ende, ha hecho un servicio a los ciudadanos. Pero hay una incógnita mayor: ¿podrá mantenerse la legislatura con un resultado socialista negativo, con un presidente ya retirado pero aún en funciones? ¿Cuándo se convocarán elecciones? En este asunto, el calendario es la clave. En eso, Rodríguez Zapatero está dominando bien la cronología de los hechos y además, como dicen los anglosajones, logra imponer el orden de la agenda: el temario socialista se convierte en centro del debate político. Se adelanta, pues, a sus rivales. En todo caso, será interesante leer las interpretaciones que glosen su decisión. Nos toca un fin de semana de mucha lectura. Cada español, prácticamente, es un zapaterólogo.
Las interpretaciones. Aparte de las tribunas y columnas, el mejor modo de sondear las interpretaciones es examinar las portadas de los periódicos, esas primeras planas que enuncian hechos o datos o que expresan deseos. Rodríguez Zapatero anuncia que no se presentará como candidato a las elecciones generales. ¿Qué nos encontramos en las portadas de los diarios? Una exégesis formal ya nos diría mucho de la posición y de las expectativas. Repasémoslas primero…
En Abc, el titular es desiderativo: “Elecciones ya” es la meta que el diario comparte con el Partido Popular. No hay tregua; no hay respiro. El enunciado tiene un fondo obvio, explícito: aparece un José Luis Rodríguez Zapatero con sonrisa inexplicable, parecen decirnos. Con sonrisa incongruente. Esa persona que sonríe y que tiene las manos cruzadas parece ajena a los males del país y se obstina en agotar la legislatura, en permanecer en la Moncloa hasta el último día. ¿Cabe mayor daño a la patria? ¿Cabe mayor irresponsabilidad? Hay un equipo de gentes del Partido Popular encabezados por Mariano Rajoy que sacarían a España de la crisis. No hay más. Mientras tanto, al actual presidente parece incomprensiblemente relajado.
En La Razón, el titular es contundente, muy expresivo: “Adiós, Zapatero”. Es aparentemente descriptivo, pero es sobre todo un desprecio: el castizo diría que es semejante a un corte de mangas. Rodríguez Zapatero parece mirar al objetivo de la cámara pero con el ánimo ausente. ¿Y José Blanco? Mira para otro lado. O se equivocó de objetivo o no quiere saber nada. Alfredo Pérez Rubalcaba se tapa los ojos, se restriega las cuencas, y no sabemos si con ello el periódico nos dice que tenemos a un ciego como posible candidato. O a un tipo que no quiere ver. Y a Carme Chacón la vemos sonriente. Pero la suya es casi una mueca: entre el miedo y la irresponsabilidad. Como si la posible candidata no supiera muy bien qué hacer ante lo que se avecina.
En El Mundo, el titular tiene dobles lecturas. Reza así: “Zapatero deja el futuro del PSOE en manos de sus 220.000 mil militantes”. ¿Qué parece decirnos? No que abandona la lucha electoral, sino que abandona el partido que lidera. No nos dice que se retira de la liza política, sino que deja el porvenir de su organización a una militancia huérfana. La interpretación parece igualmente obvia. ¿Quizá que las ratas son las primera en abandonar el barco? Mientras Rodríguez Zapatero sonríe a la cámara, ajeno a todo, al fondo vemos a Pérez Rubalcaba y a Carme Chacón conversando, dialogando o cuchicheando. Pero no: la fotografía de El Mundo tiene un pequeño detalle: Chacón levanta la mano izquierda, quizá el dedo. Tiene un aspecto enérgico. En realidad, Pérez Rubalcaba –el posible candidato que el periódico detesta— calla ante la resuelta Carme. De ahí que Casimiro García-Abadillo inicie su artículo de fondo con un epígrafe igualmente desiderativo: “Rubalcaba parte sin ventajas”.
En El País, el titular es el más descriptivo de estos cuatro periódicos. A cinco columnas, la frase enuncia dos hechos: “Zapatero abre paso a un nuevo liderazgo en el PSOE tras renunciar a ser candidato”. Por un lado, pone primero la consecuencia y luego la causa. Lo relevante, pues, no es su incomparecencia, sino el relevo que viene: esto es lo que podría inferirse. Por otro, la palabra que llama la atención es liderazgo: se trata de un vocablo espeso y extenso que no tiene su equivalente en la segunda parte de la oración. Si decimos liderazgo, la última palabra debería haber sido candidatura: “Zapatero abre paso a un nuevo liderazgo en el PSOE tras renunciar a la candidatura”. Pero entonces la frase habría sido aún más compleja. Mejor habría ido si finalmente el titular hubiera sido éste: “Zapatero abre paso a un nuevo líder en el PSOE tras renunciar a ser candidato”. ¿Nada más? ¿No puedo añadir nada más? La fotografía que acompaña es semejante a la de El Mundo, pero con una diferencia. El primer plano de Rodríguez Zapatero nos lo deja borroso, desenfocado, desleído prácticamente: toda una metáfora visual para mostrarnos a un Alfredo Pérez Rubalcaba sonriente y expectante, y a una Carme Chacón que habla ayudándose de su mano izquierda.
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