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Por fin, Antonio Gramsci. Por fin aparece este volumen, con selección, traducción e introducción que firmamos Anaclet Pons y yo mismo. El ensayo que hemos escrito y que precede al texto de Gramsci tiene unas cuarenta páginas, creo recordar. Y está datado en septiembre de 2008. Por fin aparece, sí, tras una demora de tres años. Como puede leerse en el texto que la editorial pone en la contracubierta:
Este libro recoge una nueva selección y traducción de los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci, una selección sobre la cultura popular: el folklore, la religión, el teatro, el periodismo, la novela, etcétera. Agitador y revolucionario, de frágil y enfermiza constitución, Gramsci, líder político italiano y el principal intelectual del marxismo en Occidente, vio consumirse poco a poco su quebradiza salud en aquel encierro. Pero sus reflexiones aún tienen vigor. Todavía nos queda una gran obra que leer o releer. Varias décadas después, sus cavilaciones son actuales; sus preocupaciones son presentes; sus especulaciones son agudas. El presente libro, a cargo de Anaclet Pons y Justo Serna, cuenta con una documentada introducción que justifica la vigencia de Gramsci, que tanto meditó sobre la cultura popular del siglo xx.
¿Leer a un marxista en 2011? ¿Tiene sentido leer a alguien muerto en 1937? Vaya si lo tiene. Es precisamente el sentido lo que mantiene sus atinadas observaciones, la búsqueda del significado. Gramsci escribió estas notas mientras estuvo recluido en prisión, solo, aislado, como un Robinson cualquiera (una imagen literaria que él apreciaba). Era capaz de traspasar los muros de la cárcel con su mente, con su imaginación, con su discernimiento. Fue milagroso que no le afectara la prosa estalinista que era común entre sus correligionarios.
En plena sociedad de masas, lo que el pensador italiano dijo sobre la cultura popular es sencillamente perspicaz: supo poner las obras en contexto, supo analizar qué hacen los destinatarios; supo expresarlo breve, sintéticamente. Algún día presentaremos en sociedad este libro. Si alguien nos lo propone, haremos un acto de homenaje a este líder menudo, jorobadito y de izquierdas.
Las cuñas de Rubalcaba. ¿Quién es el responsable de la cuñas televisivas
de Alfredo Pérez Rubalcaba? Son simplemente espléndidas: de la mejor televisión comercial que he visto en años. No lo digo desde el punto de vista político, sino narrativo.
Son historias conmovedoras, con un toque retro incluso, en las que sólo al final descubres al candidato. No sé si estas piezas servirán para ganar votos o para convencer a indecisos, pero la factura del relato me parece soberbia.
Al Rubalcaba que aparece en estas cuñas le va a faltar más tiempo de campaña. Ya sé que la liza electoral es obligatoriamente corta, pero si estos spots se hubieran emitido desde hace meses, la circunstancia emocional quizá habría sido otra: tal vez mejor para sus aspiraciones políticas.
Añado otra cosa. Estas cuñas están tan bien hechas, con una fotografía tan cuidada, que puedes olvidar a qué candidato promocionan. Lo dije hace unos años y lo vuelvo a repetir: un exceso de ingenio no es exactamente adecuado para la publicidad. O para la propaganda política, podríamos añadir. Con frecuencia quedamos deslumbrados por las imágenes aunque no siempre recordemos las mercancías a las que están asociadas. En ese caso, el marketing sólo cumple a medias su meta: define nuestras percepciones, nuestras concepciones y, por supuesto, nuestras adquisiciones, aunque no siempre con el producto que paga al creativo.



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