Rita o Rorty…

  ritabarbera.jpg    rorty.gif  Vivo en Valencia, en esta ciudad repentinamente levítica, repleta como está de capellanes que esperan al Papa, de clérigos ajetreados, de gentes piadosas y acaloradas que oran, por nosotros y por los otros. El vuelo de las sotanas no ondea, claro: estamos en verano, el bochorno es insoportable y la sofocación, también; no hay viento que sople y que nos alivie de la canícula. Para hoy viernes siete de julio, para esta misma noche, hay previsto un rezo multitudinario del Rosario, el Rosario de las Familias. Leo en la página oficial del evento que los participantes en el acto llevarán cirios que iluminen la playa de la Malvarrosa. ¿Y cómo se suministrarán? Los fieles recibirán a su llegada una vela y un rosario para que puedan participar de forma activa en el acontecimiento, según fuentes de la organización. Dicho acto es una de las novedades de esta quinta edición del Encuentro Mundial de las Familias del que es sede Valencia. A las diez y media de la noche es cuando está previsto el comienzo del evento, que se localizará exactamente en el tramo de la playa situado frente al Hospital del Carmen.

Qué lejos me queda todo esto, la playa de los Misterios iluminada por cirios, la playa de los cantos devotos, la playa de las procesiones, de las cofradías y de las hermandades, la playa de las familias. Qué lejos nos queda a quienes carecemos de “oído musical para la religión”  o a quienes nos profesamos anticlericales. “El anticlericalismo es una visión política, no epistemológica o metafísica”, dice sensatamente Richard Rorty en ‘El futuro de la religión’, un libro del que es coautor con Gianni Vattimo. “Es la idea de que las instituciones eclesiásticas, a pesar de todo el bien que hacen –a pesar del consuelo que ofrecen a los que están en situación de necesidad o hasta de desesperación–, son peligrosas para la salud de las sociedades democráticas”, añade. “Según nuestro punto de vista, la religión resulta inobjetable en la medida en que se privatice, en la medida en que las instituciones eclesiásticas no pretendan convocar a los fieles en pos de propuestas políticas y en la medida en que tanto creyentes como no creyentes estén de acuerdo en seguir una política de vivir y dejar vivir”.

Un Rosario gigantesco o la toma de la ciudad para exaltación de la Iglesia romana me parecen actos asfixiantes y demostraciones “peligrosas para la salud de las sociedades democráticas”, por decirlo con Rorty. Acabo de escribir esto, acabo de reproducir esta expresión del filósofo norteamericano y me  doy cuenta de que parece una respuesta al reproche formulado por la alcaldesa de Valencia. Por lo que parece, Rita Barberá ha reprendido a José Luis Rodríguez Zapatero y a María Teresa Fernández de la Vega tras enterarse de que el presidente y la vicepresidenta del Gobierno español no asistirán a la Misa oficiada por el Papa, prevista para el domingo 9 de julio. Resulta  desolador que nuestra munícipe haga ostentación de beatería afeándoles la conducta.

Los creyentes tienen derecho a manifestar su contento tumultuoso, escribí días atrás en un artículo en ‘Levante’. Pero lo que la Iglesia no debe olvidar es que  su referencia moral no puede imponerse a toda la ciudadanía con cánticos, con estrépito, con actos de fuerza mediática; lo que nuestras autoridades no deben ignorar –y doña Rita Barberá entre ellas– es que hay una parte de la población que tiene un oído “religiosamente no musical” –que decía Max Weber”. Que hay una parte de la población que es agnóstica o atea. “Los que son indiferentes a la cuestión de la existencia de Dios”, apostillaba Rorty no tienen derecho a despreciar a los que creen apasionadamente en su existencia”, pero de igual modo los que creen apasionadamente en la Providencia no tienen derecho alguno a reprenderlos por no acudir a un Rosario o a una Misa. Sonroja tener que decir esto y tener que decirlo bien alto.

15 comments

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  1. Javier

    Gracias por regresar y por avisar del regreso.
    De acuerdo en todo salvo en algo que observé en un viaje a Roma, dentro de los lí­mites
    de la Ciudad del Vaticano, donde está la cúpula de la institución eclesiá¡stica que
    estos dias nos visita, no vi ni un solo pobre, indigente, o persona en situación de
    necesidad, alli poco consuelo les ofrecen o dejan que les ofrezcan los visitantes y turistas; y
    no es que no hayan, pues en el resto de las calles de Roma es habitual ver personas
    pidiendo. Y me viene una pregunta a la mente: ¿ dejará Rita a los gorrillas de Valencia que
    colaboren en el aparcamiento de tantos peregrinos o por tres dias esta ciudad parecerá el
    Vaticano?, me temo que no sabré la respuesta pues no tengo la mas mí­nima intención de
    alejarme de casa, si acaso a mojarme en agua salada y limpia y no en agua bendita.
    Un saludo Don Justo y que el regreso le haga feliz.

  2. majno

    Un saludo Don Justo.

    Me alegra mucho que vuelva usted a las andadas. Cuando se dio de baja de PD se
    perdió una voz “discordante”, un globo de oxígeno entre tanto despropósito. Seguiré con
    interés sus escritos pues siempre fue un placer el hacerlo.

    Salut

  3. Liberto

    Justo, dudo entre darte la bienvenida a ti­ por haber vuelto a mi pantalla o esperar la
    tuya por haber vuelto yo a tu blog. Bienvenido a secas.

  4. Ana Serrano

    Copio, pego y me lo llevo tan campante a mi foro.

    Yo voy a acabar mal, lo estoy viendo.

    Gracias efusivas.

  5. John Constantine

    La verdad es que la religión, cuando sirve para llevar felicidad y/o esperanza a la gente, ya sea este felicidad irreal o no, me parece perfecta.
    Pero cuando se utiliza para decir a quienes no la profesan lo que se tiene que hacer, me resulta abominable.

    Discrepo de muchas ideas de la iglesia, pero me parece perfecto que quienes profesan cualquier tipo de fé vivan de acuerdo con ellas. Y yo no tengo porqué hacerles cambiar de idea, ni lo voy a intentar. Por lo tanto, me gustaría que los creyentes obraran de igual manera con los demás.

  6. marpop

    “Gracias a Dios, no soy creyente”…Algunos tenemos la suerte de no vivir en la capital y esos “acontecimientos” nos quedan como un poquito más lejos, pero tanta efusividad hace que los gritos de “Viva el Papa oe oe oe” (el “oe” queda bien con cada lema…siempre que sea gritando a modo de coral popular,jajaja) retumben hasta aquí. Vale, cierto es que la libertad de expresión ha de existir, pero sin poner en tela de juicio la libertad de todos aquellos que no compartimos esas ideas, que ellos mismos (no sé cómo llamarlos, dejémoslo en un “ellos”, como venidos de otro mundo) ponen en tela de juicio: ¿dónde quedan esos ideales de austeridad y los votos de pobreza?, entre otros, tampoco enumeremos aquí ahora ese largo listado de contrariedades.
    Lo peor de todo es la imagen que se está creando a nivel mundial…Ya no somos sólo la sangría, las fallas, los toros y olé, sino también papistas…cada uno es libre de defender sus ideas, pero sin afectar a los que somos individualistas por naturaleza. Un saludo y gracias por el nuevo blog!

  7. jserna

    Agradezco estas expresiones de apoyo por mi vuelta. Mañana, hablaré de la desmesura papista –más que papal– que ha registrado Valencia durante este fin de semana. Permítanme reflexionar sobre todo ello…

  8. Ana Serrano

    Es que el respeto siempre es esencial, pero también el de ellos a nosotros. Los valencianos no han podido sustraerse a la invasión, la misma de las procesiones y de tantas cosas. No debemos olvidar que ellos tienen La Verdad y La Razón.

    Veraneo en un pueblecito de la costa murciana. La iglesia es muy pequeña y, en agosto, los domingos se queda escasa. Han puesto un alta voz en la puerta y la gente oye la misa desde la calle. La gente y todos los que vivimos en la zona que tenemos misa a domicilio. Además han templado la campana en plata para que reververe más y, cada hora y cada cuarto, las campanadas impiden hasta la conversación en casa. Durante la noche era igual y literalmente no se podía dormir en un gran radio de al rededor de la iglesia. Recogida de firmas, varias visitas al párroco (que tiene insonorizada su vivienda), al alcalde y al obispo, notas y entrevistas en la prensa local nos permiten ahora descansar a hora fija. Corremos a la cama a las doce (último toque) porque sabemos que a las 8 llaman a misa con 62 toques (todos los vecinos los tenemos contados) y se acabó el sueño.

    Ese párroco exhibicionista y prepotente, vino a mi casa a pedirme que quitara algo que pongo el la terraza cuando llego y que “Hería sus sentimiemtos y los de muchos fieles”: un mastil pequeñito con una banderita tricolor que mis hijos me compraron en el Rastro de Madrid. Cuando estaba decidida a quitarla, pese a todo, porque, realmente, no es más que un capricho y un pequeño homenaje a mi padre, que fundó la Juventud Republicana de Aragón, me dijo que, de no quitarla, me denunciaría por colocar en una esquina de mi terraza una bandera anti constitucional. No la he quitado y ando buscando una de medidas más apropiadas para una casa.

    Son pequeños ejemplos, constantes, de la actitud de la Iglesia Católica. No, yo no puedo respetarlos.

  9. jserna

    Apreciado blogger: en primer lugar, le agradezco el interés que dedica a mi texto “Rita o Rorty…”, un post de mi blog que escribí en pleno frenesí levítico y pontificio de nuestras autoridades municipales. Yo no estoy completamente de acuerdo con Richard Rorty ni con su colega Gianni Vattimo (reconociendo el valor de sus palabras), entre otras cosas porque dicen cosas muy extrañas sobre la pertinencia de un cristianismo liberal y tolerante como ética de nuestro tiempo. Yo no comparto esas cosas. Comprenderá, pues, que no me reconozca en la frase que me adjudica: “Pero lo importante ahora es que Rorty y Justo Serna vienen a sugerir que hay que convencer al fundacionalista de que debe dejar sus fanatismos para su vida privada”. Simplemente, no se me ocurriría tal cosa: los fundacionalistas (o llamémosles fundamentalistas) me dan pánico. Con todo, le agradezco el interés vicario que mis palabras le han despertado. Un saludo cordial.

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