Entiendo la fijación que Abc tiene por salvar a Mariano Rajoy. Es un periódico moderado, de orden, que aprecia el valor de políticos conservadores, de fuste y con sentido. Por eso, a los responsables de Abc no les gusta el estilo bravucón y jactancioso que algunos correligionarios de la derecha se gastan. El problema de Mariano Rajoy es que está entre Vocento –contenidos, católicos prudentes–, y la COPE –enervadamente confesional–, entre José Antonio Zarzalejos y Federico Jiménez Losantos.
El líder del PP es un político severamente vigilado por el radiopredicador y a la vez aupado y sostenido por una prensa seria y afín que decae al tiempo que se alza el estrépito del rival derechista. Rajoy está en sazón, en circunstancia: o triunfa o sus conmilitones se redimirán apeándolo. Es difícil, sí. Por eso, entiendo la posición incómoda y equívoca de Abc. En un par de ocasiones he tenido la oportunidad de analizar el trato que le dispensan. En 2004 publiqué un artículo titulado Elogios de Rajoy en donde examinaba las aclamaciones que se hacían al líder de la oposición en un editorial de Abc. Si los leemos atentamente, esos elogios que el editorialista [del diario monárquico] dedicaba al actual Jefe de la Oposición podían interpretarse como un desafío: más como un aviso que como una celebración, me decía. Si lo parafraseamos, sería algo así como: eres prudente, respetable, notable orador, gestor eficaz, tienes sentido común, pero te la juegas, pues aún tienes que demostrar que eres capaz de ejercer un liderazgo opositor que concite el entusiasmo, la adhesión. Se le pedía, en definitiva, que fuera menos gallego, que dejara su sutil ironía y que se empleara con contundencia, con la claridad de ideas que siempre mostró Aznar a la hora de ejercer el liderazgo.
Once meses después, seguían, por supuesto, los elogios de Rajoy en Abc. Pero quien entonces era su director, Ignacio Camacho, hablaba de la necesidad de conseguir votos, unos votos, una mayoría absoluta que, al parecer, se le resiste y que, de no conseguirla, le impediría acceder al Gobierno. Seguíamos, pues, con la sensación de que había y hay algo que política o electoralmente ha hecho mal Rajoy, alguna estrategia errónea que le lleva a fracasar en sus intentos por rebasar a Rodríguez Zapatero valiéndose de la aritmética parlamentaria. ¿Hasta cuándo? El líder del Partido Popular “es, de largo, el mejor parlamentario español del momento”, leíamos en la ‘Carta del director’ que firmaba Ignacio Camacho en Abc (6 de noviembre de 2005). “Es brillante, sólido, inteligente, y tiene una pegada implacable frente a un Zapatero al que se le empieza a consumir el capital de sonrisas y buen talante, y que pasa un mal rato cada vez que tiene que acudir a un cara a cara. Pero las elecciones no se ganan sólo en la tribuna del Parlamento”.
Se ganan, claro, triunfando en las elecciones o pactando con rivales a los que convertir en socios. Es por eso por lo que Rajoy “se enfrenta a una aritmética cerrada de la que Zapatero ha construido un burladero, añadía Camacho. “Éste es un aspecto esencial, porque Rajoy puede ganar las próximas elecciones –desde luego, Zapatero está en el mejor camino para perderlas–, pero es casi imposible que lo haga por mayoría absoluta a menos que se produzca una improbable crisis de pánico nacional ante el rumbo de los acontecimientos”, insistía Camacho. Con lo cual sería la suya una victoria pírrica. ¿Hasta cuándo podrá tolerar el PP una circunstancia electoral tan adversa?
Medio año después, Abc ha cambiado a su director, regresando José Antonio Zarzalejos a la máxima responsabilidad. Desde hace semanas, dicho periódico es objeto de la burla casi diaria de Jiménez Losantos. Tal vez por el rencor que le despiertan al radiopredicador su venida e ida de sus páginas: estuvo y ya no está en Abc. Tal vez por la moderación del periódico… ¿Por su moderación? O tal vez por intentar definir la suerte futura del liderazgo popular. La verdad es que en ocasiones los editorialistas de Abc hacen profesión de fe secular: la necesidad de que la derecha española deje de ser confesional e impostadamente santurrona es algo que le tengo leído a Zarzalejos. Pero la tensión en la que vive ese diario –azuzado ordinariamente por la emisora de los Obispos— le hace llevar un curso errático.
Una veces para salvar a Rajoy de sus aliados radiofónicos arremete contra la emisora eclesiástica diciendo que “Los Obispos tienen un problema”, en clara alusión a Jiménez Losantos. Y otras veces elevan lo confesional y lo electoral al mismo rango. ¿Que a qué me refiero? Pues a la primera plana que Abc publicó el pasado lunes 10 de julio. La portada del periódico del día posterior a la visita del Papa tenía una fotografía grande de la familia Rajoy en el momento de ser recibida por el Pontífice, una visita de escasos diez minutos y, sobre todo, de cortesía protocolaria. ¿Ésa es la imagen con la que Abc resume políticamente el evento católico? El electoralismo es evidente y la acusación, también: es la incriminación in absentia de Rodríguez Zapatero. Decía ese editorial reciente de Abc que los Obispos tienen un problema, refiriéndose al estilo bronco de FJL. Empiezo a pensar que Rajoy tiene un grave obstáculo que salvar: zafarse de esos amigos y de esos próximos que se lo apropian como carnaza en sazón…
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En recuerdo de los muertos de Bombay.

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